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Entrevista | Carlos Landázuri: “La historia se la estudia, se la piensa, se la comprende, desde y para el presente”

29 de marzo, 2022

Trescientos estudiantes de todo el Ecuador, así como de Perú, Estados Unidos y España siguen el curso abierto “Nuevas reflexiones sobre la independencia ecuatoriana”, organizado por el Área de Historia de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador que se inició en enero y dura hasta junio.

Se trata de una de las actividades programadas dentro de la agenda conmemorativa del Bicentenario de Independencia. El curso cuenta con el apoyo de la Universidad de Cuenca. Algunos de cuyos profesores participan también como docentes.

Se compone de 22 clases, agrupadas en tres módulos. El primero ofrece una visión panorámica de la independencia ecuatoriana, como parte de un fenómeno global y, luego, como parte de la propia independencia latinoamericana.

El segundo módulo cubre el proceso independentista en el Ecuador: la “Revolución quiteña” (1808-2), la Independencia de Guayaquil y Cuenca (1820), la “campaña libertadora” y la Batalla de Pichincha (1820-22), el Período Colombiano y la creación del Estado ecuatoriano (1822-30).

El tercer módulo agrupa diversos temas puntuales de la independencia ecuatoriana, como, por ejemplo, la participación de los indígenas, los afroecuatorianos, las mujeres y la Iglesia; la posición asumida por las distintas regiones y provincias; la economía, la cultura y el arte, la educación.

Con este motivo, entrevistamos a Carlos Landázuri Camacho, docente del Área de Historia, presidente del Comité de Vinculación con la Colectividad y coordinador de este curso abierto.

¿Por qué es importante repensar los procesos de la Independencia?

La historia se la estudia, se la piensa, se la comprende, desde y para el presente. Por eso, aunque los hechos históricos, en sí mismos, ya no pueden cambiar, su comprensión e interpretación pueden ir variando en las diferentes épocas desde las que se los estudia. Pueden, por ejemplo, enfatizarse diversos aspectos, plantearse distintas preguntas, descubrirse otras perspectivas o relaciones entre sus “causas” o “consecuencias”, etc., aparte de que, con el descubrimiento de nuevas fuentes históricas, por ejemplo, podrían iluminarse ciertos hechos históricos imperfectamente conocidos anteriormente.

Por otra parte, la Independencia es un período especialmente importante para los ecuatorianos (y, en general, para los latinoamericanos), que lo consideran como el punto de partida de su existencia como nación y como Estado. Por eso suelen existir diversas actividades conmemorativas, como discursos, desfiles, inauguración de monumentos, etc. Creemos que las universidades pueden y deben sumarse a esas actividades, desde su propia perspectiva, que supone el estudio, la investigación, la reflexión.

¿Cómo comprender el proceso de Independencia en un contexto latinoamericano?

En general, cada país latinoamericano estudia su propia independencia desde una perspectiva patriótica, que enfatiza lo nacional, como si cada Estado fuera una isla, prescindiendo de lo que pasaba en el contexto latinoamericano y mundial. Creemos que esa perspectiva localista distorsiona la realidad.

El proceso de la Independencia latinoamericana se inscribe dentro del movimiento cultural occidental de la Ilustración y de las “revoluciones liberales” (la independencia de los Estados Unidos, la Revolución francesa, la Independencia de Latinoamérica), que transformaron, primero, Europa y América y luego influyeron poderosamente en todo el mundo.

Por ello, aunque el enfoque en determinado trabajo sea el estudio de la independencia de un país concreto, como el Ecuador, no se puede perder de vista el contexto mundial y el latinoamericano, sin los cuales se perdería la perspectiva adecuada.

¿Por qué se ha hablado de guerras civiles en los procesos de independencia?

La perspectiva tradicional ha comprendido a la independencia como una guerra internacional, entre España y sus antiguas colonias americanas. Esa perspectiva no toma en cuenta que la inmensa mayoría de los muertos en los combates, en ambos lados del conflicto, fueron americanos; así como que la mayoría de los recursos materiales indispensables para la guerra fueron provistos y pagados, a veces con deudas “eternas”, por los nuevos países americanos.

Tampoco toma en cuenta que España, al menos durante los años iniciales del conflicto (1808-14), no pudo participar propiamente en la guerra, por cuanto estaba peleando su propia “Guerra de la Independencia”, contra la Francia napoleónica.

Por último, la perspectiva tradicional no alcanza a ver que –aparte de la pertenencia, o no, al Imperio español– las guerras de la independencia desataron conflictos enormemente importantes en casi todos los países americanos, que en muchos casos no fueron resueltos. Nos referimos, por ejemplo, a las reivindicaciones sociales y a los conflictos entre “centralismo” y “regionalismo”.

El caso de las reivindicaciones sociales, que se expresó de distintas maneras en muchas partes, puede ser ejemplificado por México, en donde el sacerdote Miguel Hidalgo (y después José María Morelos, también cura) lideraron una revolución social, en la cual la “independencia” era un asunto relativamente secundario. Esa revolución fue duramente combatida por los criollos mexicanos. Ellos, los criollos, proclamaron finalmente la independencia y nombraron a su principal caudillo, Agustín de Iturbide, emperador de México, cuando lograron derrotar a Hidalgo y Morelos y cuando España había iniciado el “Trienio Liberal”, contra el absolutismo de Fernando VII.

El caso de las pugnas entre tendencias “unificadoras” y “disgregadoras”, fue todavía más generalizado. La propia independencia ecuatoriana puede ser un ejemplo de ello. Lejos de resultar una idea obvia que el nuevo Estado “ecuatoriano” debía integrarse con todos los antiguos territorios del Reino de Quito, los primeros conflictos “por la independencia” fueron más un conflicto entre el “centralismo” quiteño y el “regionalismo” de las demás provincias. A la larga, como es sabido, Quito no logró integrar a las antiguas gobernaciones de Popayán o Maynas, e incluso con las que sí conformaron la República del Ecuador –Cuenca y Guayaquil– sobrevivieron largos conflictos regionales. Esos conflictos se expresaban también dentro de cada una de las Gobernaciones coloniales. Por ejemplo, Loja se resentía del “centralismo” de Cuenca, así como Manabí sentía lo propio con el de Guayaquil.

En síntesis: una comprensión actual de la Independencia no puede dejar de considerar el aspecto de “guerra civil” que sin duda tuvo el complejo proceso de la independencia.

¿Qué nuevas reflexiones puede aportarnos este curso, de cara a comprender nuestro presente?

Algunas han sido sugeridas en las respuestas a las anteriores preguntas. Pero hay varias otras, cuyo tratamiento podría resultar demasiado largo. Conviene, entonces, mencionar algunas de ellas a manera de preguntas:

  • ¿Era viable la Gran Colombia de Bolívar? ¿Qué hubiera sido necesario modificar para que lo fuera? ¿Qué sobrevive de esa idea en el contexto actual latinoamericano?
  • ¿Cómo se celebró el centenario de la independencia ecuatoriana? ¿Cómo se podría o debería conmemorar este segundo centenario?
  • ¿Cuál fue la participación de los indígenas en la independencia? ¿Y la de los afroecuatorianos? ¿Y la de las mujeres? ¿Es la sociedad ecuatoriana actual más incluyente que la de hace dos siglos?
  • ¿Cuál fue la participación de la Iglesia en la independencia?
  • ¿Cómo ha sido estudiada la independencia en el sistema educativo ecuatoriano?
  • ¿Cómo contribuyó la Independencia a la formación de la nación ecuatoriana?
  • ¿Cómo era la economía ecuatoriana hace dos siglos? ¿Y el arte? ¿Y la vida cotidiana?
  • ¿Qué impacto tuvo la Constitución de Cádiz de 1812 en el actual Ecuador?
  • ¿Cómo se vivió la Independencia en las distintas provincias ecuatorianas?

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