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Entrevista al autor | Christian León profundiza en el lenguaje y la producción del cine documental

9 de marzo, 2023

Con el título de La pulsión documental. Audiovisual, subjetividad y memoria, Christian León, director del Área de Comunicación de la Universidad Andina Simón Bolívar, dedica cerca de 300 páginas, organizadas en tres partes, para adentrarse al cine documental.

Es el resultado de una edición cuidadosa de su producción ensayística y de análisis a lo largo de años dedicado al género documental. Al igual que en el cine, León realiza un montaje adaptando y actualizando sus propios textos, para darles una unidad en este libro, una coedición de la Universidad con Editorial El Conejo.

Es el sexto volumen de la serie Tokapu, y lleva el prólogo de Josep M. Català Domènech, profesor de Estética de la Imagen y Dirección Cinematográfica en la Universidad Autónoma de Barcelona y director académico del Máster de Documental Creativo que se imparte en la misma.

A continuación, presentamos una entrevista con el autor Christian León.

¿Cómo surge tu interés por el cine documental?

Inicialmente, mi interés en el cine documental viene de mi trabajo como investigador en la Cinemateca Nacional. Esta experiencia me llevó a realizar mi tesis doctoral sobre la representación de pueblos indígenas en el documental ecuatoriano del siglo XX. Posteriormente, he investigado sobre el auge de las formas documentales en la cultura visual contemporánea. A mi modo de ver, los discursos documentales tienen un papel central en la disputa por la verdad, la política, la memoria, la subjetividad. Por esta razón, estudiarlos es fundamental para comprender el mundo actual.

¿Es diferente el documental concebido para televisión que el que es hecho para cine?

En principio, el documental surge como un género cinematográfico modelado por la tecnología, el lenguaje y la estética del cine. Sin embargo, en la actualidad, el documental ha sufrido una serie de expansiones en las tecnologías, los lenguajes, las formas de autoría, los lugares de enunciación, las disciplinas, los espacios sociales, y las formas de eco-organización. Lo que denomino en mi libro como “la pulsión documental” o “la documentalidad de las imágenes” es una forma de tratar de entender la omnipresencia de forma documental en la cultura actual, en donde los formatos de cine y televisión están rebasados. La documentalidad es una condición omnipresente que tienen las imágenes y existe más allá de los formatos, las tecnologías y los medios.

Al iniciar el primer capítulo, mencionas que los lenguajes de no ficción en el cine están en una prolongada edad de oro. ¿A qué responde este fenómeno?

A partir de los años 90, se habla de un boom del cine documental, porque este empieza a ocupar un lugar central en el campo de la comunicación, de la ciencia, del entretenimiento y del arte. Esta centralidad se ha incrementado en las últimas décadas generando un despliegue inusitado de creatividad, renovación y ampliación de límites. Filmes autobiográficos, ensayísticos, experimentales, los falsos documentales, el found footage, así como documentales interactivos, el webdoc, películas de realidad virtual y aumentada dan cuenta de esa explosión. Los factores que explican esta larga edad de oro tiene que ver con las tecnologías digitales, la vuelta a la realidad después del posmodernismo, la expansión de la cultura visual, la consolidación de la industria de no ficción, la crisis de las narrativas de ficción y la emergencia de un nuevo tipo de espectador que desconfía de la imagen.

Una de las características que señalas de las representaciones de lo real en el mundo es lo que llamas “la pulsión hacia la realidad”. ¿Cómo entender esta pulsión –término que además da nombre a esta publicación-?

La pulsión es un concepto del psicoanálisis freudiano que me sirve para caracterizar la incesante atracción de las imágenes hacia la realidad. Lo que mueve a la imagen es un deseo de realidad que nunca puede ser colmado o satisfecho. La imagen documental busca representar de la forma más fiel posible el mundo real, pero por el solo hecho de su carácter representacional nunca puede dar cuenta de la totalidad del mundo representado. Por esta razón, definimos a la pulsión documental como un deseo incesante de realidad que produce la imaginación documental, con la finalidad de conjurar el objeto perdido que nunca se alcanza.

¿Cómo se ha desarrollado la producción documental en el Ecuador?

En el Ecuador el cine documental ocupa un papel central a lo largo de la historia. Desde sus orígenes la producción de cine de ficción fue escasa e intermitente. Durante muchas décadas no se dejó de realizar cine argumental, mientras que el cine documental ha sido una constante desde la llegada del cine al país. En la actualidad, a pesar de que la producción de películas de ficción ha aumentado considerablemente a partir de la promulgación de la primera ley de cine, considero que los logros más altos de nuestra cinematografía son filmes documentales. El hecho de tener una industria audiovisual emergente en un país lleno de problemas históricos, sociales y culturales irresueltos, hace la forma que mejor se adapta a nuestra situación sea el relato documental. Basta pensar en filmes como La muerte de Jaime Roldós, de Manolo Sarmiento y Lisandra Rivera, o Con mi corazón en Yambo, de María Fernanda Restrepo, para darnos cuenta de ello.

¿A qué obedece el giro subjetivo hacia la presencia de la vida privada sobre la vida social, del que hablas en la segunda parte del libro?

Desde los años noventa, vivimos un boom de los discursos biográficos, las literaturas de la experiencia o los relatos yoicos. Esta exposición de la intimidad y la vida privada en la cultura contemporánea ha generado lo que algunos críticos denominan como el giro subjetivo en el cine documental. Este giro está caracterizado por la presencia de la historia privada sobre la vida social, la narración visual y sonora en primera persona, la coincidencia entre enunciación y enunciado, el pacto autobiográfico y el carácter performativo de la narración. La enorme producción de formatos audiovisuales como el diario, las memorias, las biografías o autobiografías son expresión de este cambio. El giro subjetivo está relacionado con la crisis de los grandes relatos, la emergencia de las pequeñas historias explicada por el posmodernismo, el fin de las utopías colectivas, el repliegue sobre la vida privada, el efecto democratizador de las tecnologías que permitió que muchos sujetos puedan autoexpresarse y la necesidad de identidades individuales en respuesta a la homogeneización de la sociedad industrial de masas.

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