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Sérvulo Anzola: &#34Crear un vínculo entre la actitud emprendedora y el espíritu empresarial&#34

22 de julio, 2015

Por Fernando Andrade C.
Editor del Portal

Transcripción y edición de video:
Silvia Coral
Periodista de Relaciones Públicas
 

En esta entrevista, el experto en temas de emprendimiento del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Sérvulo Anzola, nos habla sobre el trabajo académico que desarrolla en México con relación a la formación de universitarios en el tema del emprendimiento, iniciativa que se realiza con el apoyo del Gobierno y organismos internacionales.

Anzola está dedicado a la docencia desde hace más de 40 años, actividad que la ha ejercido en diferentes universidades de Colombia, México y Latinoamérica en general, en las áreas de emprendimiento, micros y pequeñas empresas.

Para crear empresas que perduren se necesita combinar el espíritu emprendedor más el espíritu empresarial, dice Anzola, y crear una plataforma bien sólida de conocimientos para ajustarla a las necesidades de cada una.

La gestión empresarial de los países latinoamericanos se origina desde una tradición familiar. ¿Cómo se puede lograr que se transforme hacia una cultura empresarial de emprendimiento?
Hay dos conceptos importantes al respecto: uno es el espíritu emprendedor y, otro, el espíritu empresarial. La estructura empresarial ha crecido, ha evolucionado y ha tenido trascendencia en la medida en que la gente que llegó a un lugar empezó a creer en cierto tipo de empresas, a partir del cual creó estructuras complejas como existen hoy en día en los países.

Todos los pueblos nacieron siendo pequeños y lo primero que se crearon fueron pequeñas empresas debido al empuje de las familias.

La estructura sigue igual, solo que ahora se necesita crear estructuras más complejas, tomando en cuenta el aspecto empresarial, social y económico. Las necesidades básicas siguen siendo las mismas: dar de comer al hambriento, de beber al sediento y de vestir al desnudo. Pero no hablamos de las 10 familias que llegaron a crear una región grande y próspera como Quito, Guayaquil, o cualquiera de las grandes ciudades de Latinoamérica. Ahora hablamos de millones de personas, con problemas sociales y económicos también diferentes.

Actualmente, ¿cómo podemos crear empresas emprendedoras para que se mantengan y generen riqueza?
Para crear esas empresas necesitamos emprendedores que hagan crecer la economía y que los problemas económicos se generen; pero para tener estos emprendedores necesitamos alguien que los apoye, los guíe. Ese es el papel del Gobierno, de las instituciones, de los organismos internacionales y de las universidades, de fomentar la cultura emprendedora coordinada con todos los sistemas existentes para que este proceso se multiplique.

Hoy en día, hay mucha cultura empresarial pero desde el punto de vista del negocio. Aquí hablamos de hacer mi empresa de vida, tu empresa de vida, para sentirse motivado y satisfecho, en lo personal y profesional; es decir, hay que unir el espíritu emprendedor con el empresarial.

El espíritu emprendedor es la base y hay que enseñarlo desde el colegio, hay que formar al joven para que lidere una empresa de cualquier tipo, sea de arte, agronomía, medicina, comunicación, en cualquier sistema; pero hay que darle un valor agregado que es crear un fundamento emprendedor, luego hay que dar rienda a esa idea y aplicarlo a la realidad. Ese es el vínculo entre la actitud emprendedora y el espíritu empresarial.

¿Cómo insertar el concepto de la cultura empresarial de emprendimiento en unas economías tan volátiles como las latinoamericanas que, si bien, han logrado estabilizarse en los últimos años todavía no logran resolver problemas graves?
Uno de nuestros grandes problemas parte del error de trabajar cada uno por su lado. El gobierno, las organizaciones empresariales, cada uno quiere dar su mejor esfuerzo, pero falta integración. Necesitamos un modelo donde se conceptualice primero el ser emprendedor y, por otra parte, la actitud de la gente emprendedora.

Adicionalmente, hay que tener recursos sociales, políticos y económicos, y coordinarlos entre sí. El gobierno, la gente, las instituciones tienen sus propios recursos, pero necesitan un modelo para aprender a hacer. Y hay otro cuadrante muy importante que es la operación, aquí viene la implementación, valoración y seguimiento, pero no lo tenemos, hay individualismo, por lo tanto las experiencias no se compartan.

En una cultura emprendedora tienen que estar inmersos todos los actores: gobiernos, ong’s, iniciativa privada, organismos intermedios, universidades, organismos internacionales, para con sus aportes crear una estructura compleja porque se necesita hacer mucho y hay que ayudar a las clases menos favorecidas. Se debe aprender haciendo, yo no doy el pescado sino que enseño a pescar. Este es un proceso donde se necesita articular alianzas estratégicas, luego, institucionalizar el modelo para que cuando llegue un gobierno nuevo no pierda lo logrado.

No se trata de hacer empresas por hacerlas sino de hacer una función social, no vendo por vender, no produzco por producir, cumplo una función social con un producto o un servicio. En una empresa tengo que desarrollar, dar mi aporte sin que me lo digan, mientras más me incluyo en el proceso hay muchos agentes que me van a ayudar a desarrollar.

De su análisis realizado a las empresas mexicanas, ¿cuál es la situación actual del pequeño emprendimiento?
Hay muchos problemas en las micros y pequeñas empresas, lo que hemos vivido en México lo hemos vivido en Ecuador, Colombia, Perú, Chile, Argentina, estamos cortados con la misma tijera, el comportamiento de la pequeña empresa y de la microempresa es aún de subsistencia, pues siguen operando bajo los mismos parámetros y prácticas añejas.

El otro problema es que no tienen herramientas para trabajar por falta de recursos, tiempo y conocimientos, no hay capacitación. Vivimos en una economía todavía mercantilista, la generación del conocimiento no se da, las pequeñas empresas sufren mucho, aún el dueño es quien dice lo que hay que hacer con o sin errores, pues lo que le importa es que su empresa se conserve para sostener a su familia. Tampoco cuenta con el apoyo de la banca privada, comercial o de fomento, no son sujetos de crédito.

El pequeño empresario todavía trabaja basándose en una administración empírica, pero necesitamos que la nueva generación de muchachos que se ha preparado tome las riendas y aplique sus conocimientos para construir empresas productivas.

Las pequeñas empresas se enfrentan a problemas con el medioambiente, creen que el gobierno mexicano tiene que apoyarlas en todo, el dinero nunca es suficiente y es lo que más demandan. Cuando se pregunta a una microempresa qué necesita, responde que dinero aunque no sabe para qué.

La estructura familiar persiste en el rol de las pequeñas empresas…
La estructura de la empresa pequeña típicamente es familiar, pero si no se separa empresa de familia, las situaciones y conflictos estarán a la orden del día. Las universidades y las instituciones deben ofrecer herramientas y conocimientos a los estudiantes para aplicarlos a su propia empresa. Si hay un lugar donde se gesta la mística es en la pequeña empresa, lástima que hay un rezago impresionante.

A parte de los problemas internos que hemos abordado, vale mencionar que hay una gran deserción. De 100 empresas que se gestan a inicios del año, al finalizar, el 60% ha desaparecido.

Existe un debate sobre el efecto de las políticas de apertura de libre comercio sobre el emprendimiento. En el caso mexicano, ¿cuál ha sido el efecto de NAFTA y de los TLC?
NAFTA ha llevado su modelo y estructuras para apoyar la importación y exportación. Las empresas que logran pasar de pequeñas a medianas y luego a grandes pueden cumplir con todos los requisitos que se piden para la comercialización. Las microempresas, no. México y Latinoamérica son países de microempresas y pequeñas empresas en un 95% y si no tienen la capacidad para establecerse mucho menos para las exigencias de un tratado internacional.
 
Para mí, México es el país que más está trabajando en emprendimiento, en la parte profesional, aunque a algunas universidades les falta impulsar un modelo sólido. Yo diría que un 60% de universidades trabaja con emprendimiento.
 
El segundo país que le sigue es Colombia, luego Chile, Argentina, Brasil y los demás países están dentro de una estructura pareja. Sin embargo, hay un rezago cultural, todavía preparan al joven para ocupar puestos directivos, la planta productiva no puede generar los empleos que necesita, el índice de jóvenes egresados que no consigue trabajo llega al 30% en México, al 40% en España y al 50% en Nicaragua.

¿Cuál ha sido el logro académico del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey en el tema del emprendimiento?
Su slogan es ‘vive la cultura emprendedora’, todo lo que se respira en él huele a emprendimiento. Existe un programa transversal donde todos los alumnos tienen que vivir el emprendimiento sin importar la carrera que esté estudiando, y que se va extendiendo a otras áreas como la modalidad emprendedora, la carrera de emprendimiento y el emprendedor social. La base fundamental está en crear conciencia en el joven de que él tiene un compromiso muy fuerte con la sociedad, este es el emprendedor social.

Actualmente, más del 68% de nuestros egresados de hace 20 años tiene su propia empresa y buscamos que eso se multiplique. Para ello hay un modelo de transferencia donde le decimos el qué, el cómo, el cuánto, con quién implantar y operar programas emprendedores y, simultáneamente, trabajamos con el Gobierno en el programa México Emprende, para apoyar a las comunidades, instituciones, universidades y organizaciones para que puedan desarrollar un proyecto de emprendimiento y las incubadoras son el laboratorio. Adicionalmente trabajamos con muchos organismos internacionales como BID, OEA, Banco Mundial y otros que apoyan este tipo de programas.