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Estudiante de la Maestría en Gestión Cultural y Políticas Culturales es el presidente de la Casa de la Cultura

23 de noviembre, 2021

Hace un par de meses se realizaron las elecciones en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Fernando Cerón, estudiante egresado de la Maestría en Gestión Cultural y Políticas Culturales de la Universidad Andina Simón Bolívar, fue elegido como el nuevo presidente de esta importante institución cultural del país.

 

Presentamos a continuación una entrevista con Fernando Cerón, a propósito de su visión sobre la gestión cultural y sus proyectos para la Casa de la Cultura. 

 

¿Cómo ha sido su trayecto en la gestión cultural?  

Hace cuatro años llegué a ser el director de la Casa de la Cultura de Tungurahua. Antes, yo había sido primer vocal del Directorio.   

 

Trabajé durante varios años en la gestión cultural independiente con un centro cultural que se llama Mosaico Espacio que establecimos en Ambato y que luego se especializó como una sala de artes escénicas. Además, se convirtió en un proceso colectivo bien importante y de articulación de varias personas.  

 

¿Cómo surge el interés por el ámbito artístico cultural?  

He estado vinculado al arte y la cultura toda mi vida, por mi familia, que se ha relacionado en un contexto muy cercano a la literatura, a la escritura, a la cultura. Las amistades de mi padre son muy cercanas a la producción del arte y el teatro. Eso me inscribe en un ambiente de ese tipo y marca mi cercanía con el trabajo de la cultura, y luego ya en el desarrollo de mi vida.  

 

Siempre he trabajado muy cercano a la producción de festivales, de encuentros. Es una militancia de otro tipo, pero donde siempre el arte era una parte fundamental de lo que hacíamos y que luego ya se configura en un proceso mucho más serio en torno al trabajo del arte.  

 

¿Cómo aparece la idea de estudiar la maestría en la Universidad Andina Simón Bolívar?  

 

Estudiar la maestría es una decisión que tomé ya estando como director provincial de la Casa de la Cultura. Anteriormente, estuve trabajado algún tiempo en lo que conocemos como gestión cultural.  

 

Por otro lado, había un acompañamiento técnico que estaba haciendo Paola de la Vega al proceso de la Casa de la Cultura y a la construcción de ciertas herramientas y planteamientos que se estaban haciendo.  

 

Entonces, este acompañamiento técnico estrecha una amistad aún más profunda. En el contexto latinoamericano, es muy común que muchas de las cosas que suceden en gestión cultural se dan a través de las relaciones, los cariños, las amistades que se van generando.   

 

Me inscribí en la Maestría de Gestión Cultural y Políticas Culturales, justo en esas búsquedas que estábamos haciendo de generar estas herramientas para poder pensar lo que estábamos trabajando.  

 

¿Cómo fue la experiencia en la Universidad?  

Yo le he tomado mucho cariño a la Universidad. Lamento mucho que la pandemia nos haya cortado un proceso de clase de corte presencial, que estaba resultando bastante fructífero.  

 

Para nosotros sí ha sido un proceso muy importante de aprendizaje, de diálogos, de encuentros con otros proyectos, y de manera particular, hemos aprendido a tenerle un cariño especial y a quererle al circuito, a la gente que está en torno a la maestría.  

 

¿Cuál es su concepto sobre la gestión cultural y qué factores deben priorizarse?  

En mi concepción, la gestión cultural son las prácticas y procesos mediante los cuales se logra dar salida a proyectos de carácter cultural, tanto en términos técnicos, de proyecto, financieros, pero también en términos políticos y conceptuales.

¿Cómo entender la gestión cultural en el Ecuador? 

Me parece que el contexto ecuatoriano sobre la gestión cultural, así como en toda la región, por no decir en una gran parte del mundo, es un proceso de precariedad que se ha instaurado. Una de las grandes luchas que tenemos es cómo trazar el camino en un contexto de precariedad tan marcado.

En el caso ecuatoriano, el proceso de la producción cultural está en ciernes, en consolidación y que, por lo tanto, requiere todavía de mucho trabajo.

Una de las salidas es el rol que ha tomado la academia, no solamente la Universidad Andina, sino algunas otras universidades más que están trabajando sobre profesionalización y con conceptos en torno a la titulación. Y eso implica procesos de investigación, construcción de marcos de referencia, de procesos conceptuales.

"En el caso ecuatoriano, el proceso de la producción cultural está en ciernes, en consolidación y que, por lo tanto, requiere todavía de mucho trabajo".

Actualmente se ha instalado el debate en torno a la economía naranja. ¿Cuál es su opinión? 

Justo es uno de los debates centrales de los que tiene que traer un proceso de gestión cultural serio. La intención de la economía naranja de establecerse ha sido bastante débil en toda la región. Incluso en el contexto colombiano, de donde son sus autores; ha sido complejo poder establecer una política que tenga este tipo de lineamientos.

Me parece que es una posibilidad de política pública, pero nunca puede ser toda la política pública para el sector cultural. Es importante también poner en debate las consecuencias o las condiciones de ese tipo de planteamientos si no tiene una corresponsabilidad estatal.

En muchos contextos internacionales se han evidenciado economías creativas o economías del conocimiento o el concepto de economía naranja se ha tratado de instaurar. Y realmente, los resultados a mediano plazo fueron desastrosos para el mismo sector.

Sobre la Casa de la Cultura, ¿qué rumbo piensa imprimirle? 

El rumbo que va a tener que tomar la Casa de la Cultura es un proceso de recambio general de su estructura administrativa y política. Va a ser importante tener los mecanismos para poder trabajar bajo una nueva misión de la Casa de la Cultura.

Es como un proceso de reingeniería institucional bastante importante, que va a tomar bastante tiempo. La institución está lejos de todos los diálogos y debates más cotidianos.

"El rumbo que va a tener que tomar la Casa de la Cultura es un proceso de recambio general de su estructura administrativa y política".

¿Cómo piensa esa reingeniería?  

En términos administrativos, lo que tenemos que trabajar es en el documento central que guía el trabajo de la Casa de la Cultura. Ese documento puede tardar algún tiempo en plantearse, porque tiene que pasar por niveles de aprobación no solamente dentro de la Casa de la Cultura sino externos como el Ministerio de Trabajo y el Ministerio de Finanzas.  

¿Qué es lo que debe contener una nueva estructura orgánica y administrativa de la Casa de la Cultura?

Un espacio que garantice el cumplimiento de la Ley Orgánica de Cultura, entre los que definen las funciones que deben tener la sede nacional y los núcleos provinciales.

Debe contener los elementos tan necesarios para el sector de la participación ciudadana, una participación ciudadana que sea plena y adecuada dentro del contexto del funcionamiento de la Casa de Cultura, que de por sí ya es un espacio de participación ciudadana importante en la medida en que sus procesos tienen de elecciones de los artistas culturales de cada uno de los territorios.

¿Se va a continuar con una visión de la cultura como espectáculo? 

Hay un cambio que tiene que hacerse. La visión de Benjamín Carrión es una visión que nosotros respetamos muchísimo y la reconocemos como el eslabón fundamental de lo que es la Casa de la Cultura.

Sin embargo, también es importante acercar los nuevos diálogos; hoy día -80 años después del pensamiento de Carrión-, no puede leerse sin ser contextualizado. Tenemos que contextualizar el planteamiento de Carrión para darle una salida el día de hoy.

En ese sentido, esa salida no es una visión que pueda seguir repitiendo, por ejemplo, la configuración del Estado blanco mestizo, que es un diálogo ampliamente superado. Y no puede seguir repitiendo el concepto de la difusión cultural cuando reconocemos hoy día -en presencia de todos los territorios y comunidades- los procesos propios de construcción.

Nos parece que es importante adecuar ese concepto a los nuevos debates del pensamiento de Carrión. Y, por lo tanto, hay que poner en debate los eventos que son tan concurrentes de la Casa de la Cultura, y que tienen que ser evaluados por la configuración de procesos en diálogo con los territorios y las comunidades.

Ese proceso no es fácil, porque recordemos que la sede nacional es un espacio de bisagra complejo en el cual entramos en diálogo con los diferentes núcleos provinciales. Y estos, a la vez, tienen un nivel de autonomía que les da la posibilidad de poder generar sus propios proyectos. Por lo tanto, va a ser complejo trabajar esa concepción y vamos a tener que generar diálogos y espacios de apertura para hacer esta construcción.

"Siento que los debates en torno a la economía de la cultura y las líneas en torno al desarrollo de proyectos, es lo más importante que la Maestría me aporta para poder tener una visión respecto a cómo trabajar los procesos dentro de la Casa de la Cultura".

La Casa de la Cultura cuenta con una imprenta. ¿Se piensa en potenciar una editorial?  

El problema que ha tenido la imprenta de la Casa de la Cultura es la ausencia de un Consejo Editorial que permita tomar decisiones adecuadas respecto a qué se publica y qué no, y en qué condiciones. Y ese Consejo Editorial debe tener un diálogo permanente con los procesos de producción independiente de las editoriales independientes, y creemos que la imprenta puede convertirse en un aliado fundamental para poder fortalecer la producción independiente de libros.

La Casa de la Cultura tiene la posibilidad de producción editorial bastante importante, que lamentablemente, carece de puntos de distribución. Hay que pensar los mecanismos a través de los cuales vamos a lograr consolidar formas adecuadas de distribución de los contenidos.

Estamos trabajando en la articulación con los bloques provinciales en el reconocimiento de que la mayor parte de los núcleos provinciales no tienen imprenta y no hay una producción adecuada de material bibliográfico, de libros en las provincias.

La Casa de la Cultura no puede entrar en competencia con otras editoriales, sino que debería ser una posibilidad de potenciar.

¿Qué proyectos hay para la para la cinemateca? 

Va a ser importante que la cinemateca pueda configurarse en una unidad administrativa autónoma de la Casa de la Cultura, que tenga un estatus similar a la Biblioteca Nacional.

No puede seguir siendo un espacio menor, ya que es parte de nuestro archivo, de nuestra memoria histórica, de la memoria audiovisual del país.

Este proceso de la cinemateca va a estar también atravesado por la necesidad de pensar técnicamente el espacio donde se tiene que ubicar, en las condiciones técnicas de la bóveda.

Para nosotros, en la cinemateca es fundamentalmente el archivo; no es como ha sido durante muchos años el tema central del proceso de distribución y circulación. Es parte de la cinemateca, pero no es lo más importante. Lo más importante es su archivo y tenemos que trabajar en su cuidado, por un tema bien complejo: el material con el que está configurado el archivo es altamente inflamable.

Y es altamente peligroso que el archivo no tenga un cuidado técnico adecuado, no solamente por la seguridad ciudadana, sino también lo que pueda suceder con el archivo fílmico del país, es decir la memoria histórica.

Diversos grupos de teatro han utilizado los espacios de la Casa. ¿Va a mantenerse la relación con ellos? 

Vamos a trabajar de manera inmediata un proceso de transición de la mayor parte de los bienes del Edificio de los Espejos al núcleo de Pichincha. Es el núcleo de Pichincha quien tiene la responsabilidad de manejar estos espacios en relación de sus territorios y de las actorías culturales que están en su territorio.

La Casa arrastra un déficit ya de años. ¿Cómo enfrentarlo? 

La situación presupuestaria de la Casa de la Cultura es crónica. Por lo menos desde el año 2014 arranca un proceso de recorte presupuestario de la Casa de la Cultura que no ha terminado hasta ahora, y que la ha dejado en una condición muy compleja en términos de administrativos. Hay muy pocos recursos; estamos hablando de alrededor de 14 millones de dólares que están en las cuentas de la Casa de la Cultura, que se distribuyen para todo el país, y que la dejan en una situación muy precaria. Esto dificulta, incluso un proceso de transición, que fuera mucho más efectivo hacerlo en un contexto económico de bonanza.

¿Qué se va a hacer al respecto? 

La primera vía es la configuración de proyectos de inversión de gran escala dentro del ámbito ecuatoriano. Hemos conversado con el Ministerio; hay entendimiento de aval y acompañamiento para buscar recursos para algunos proyectos que son prioritarios. Uno de esos es, por ejemplo, la cinemateca.

En segunda instancia, se piensa en proyectos que puedan tener una búsqueda de recursos en lo local, a través de empresas privadas, público-privadas del Ecuador y también a nivel internacional.

Luego es importante para nosotros el papel que tiene que cumplir el Edificio de los Espejos y, de manera particular, el Ágora del Teatro Nacional. Pueden ser espacios bastante interesantes para la recaudación de recursos y que puedan transferirse en un proceso de créditos en favor de la Casa de la Cultura, que le permitan resolver problemas de infraestructura críticos, de manera particular en las provincias de Esmeraldas, Galápagos, Manabí, entre algunas otras que tienen un tema de infraestructura deteriorada que tiene que ser resuelto.

Finalmente, sí nos parece que es importante un diálogo con el Gobierno Central para poder plantear la necesidad de financiamiento que tiene la Casa de la Cultura.

Cuando recién se creó el Ministerio de Cultura se generó un debate sobre la razón de ser de un Ministerio, cuando existe la Casa de la Cultura ¿Cuál es su visión? 

Me parece que la existencia del Misterio es un éxito y es un triunfo del sector cultural. La posibilidad de tener un Ministerio es la posibilidad de tener una institucionalidad que dialoga permanentemente con el gabinete y con el Gobierno central y que da las posibilidades de poder tener un trabajo mucho más articulado en diferentes frentes sobre el tema cultural.

Me parece que el Ministerio también tiene que pasar por un proceso de evaluación seria, de repensarse, porque las direcciones que han estado al frente del Ministerio no han sido efectivas en su trabajo. Hemos tenido ministerios bastante débiles; la regla general dentro del Ministerio ha sido la inoperancia administrativa y política por parte de quienes han estado al frente. Me parece que eso demanda una reingeniería. Pese a ello, tiene un rol importante que cumplir y tiene que ser fortalecido.

¿Qué herramientas le da la Maestría de Gestión Cultural y Políticas Culturales de la Andina para su gestión en la Casa de la Cultura? 

Creo que la Maestría ha sido un espacio importante de aprendizaje y fortalecimiento sobre varios elementos. Me parece importante por el hecho de que yo tengo una formación de sociólogo, y muchos de los debates que están en el aula vienen desde las Ciencias Sociales, la Antropología, la Sociología, entonces, de alguna manera refuerza un aprendizaje previo.

Pero de manera concreta, siento que los debates en torno a la economía de la cultura y las líneas en torno al desarrollo de proyectos, es lo más importante que la Maestría me aporta para poder tener una visión respecto a cómo trabajar los procesos dentro de la Casa de la Cultura.

STR