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Entrevista al autor | Santiago Cevallos relee al Grupo de Guayaquil desde otras formas “no comunes”

20 de diciembre, 2023

Sentidos no comunes. Literatura y especismo es el más reciente libro de Santiago Cevallos, y es coeditado por la Universidad Andina Simón Bolívar, La Caracola Editores y Hápax.

La pandemia por Covid-19 despertó en el autor una necesidad de acercarse al “mundo de la vida”, a la naturaleza, desde otras formas a las comunes. Ello le llevó a releer Los que se van, del Grupo de Guayaquil. Cevallos se adentra en los cuentos de Demetrio Aguilera Malta, Joaquín Gallegos Lara y Enrique Gil Gilbert, con la avidez de acercarse a esta narrativa desde otras miradas.

Revisa las características científicas que describen los sentidos de los animales, y las problemáticas que han sufrido en su relacionamiento con los humanos. Ello le lleva a repensar la humanidad, desde una perspectiva ética, política y ecológica. Construye así una crítica literaria desde la emergencia de lo animal, con un discurso antiespecista.

A propósito de esta publicación, presentamos una entrevista con su autor.

El título de tu libro –Sentidos no comunes- es una invitación a desmarcarse de lo común. ¿Cómo puede la literatura llevarnos por ese camino?

No creo que la literatura como tal te lleve inmediatamente por el camino de lo “no común”. Tampoco creo que esto sea deseable, pues se corre el riesgo de esencializar la literatura y también aquello que se entiende como fuera de lo común. Hay además muchos autores que abordan precisamente el concepto de lo común en cuanto concepto crítico de las formas de dominación. Sin embargo, lo común como concepto, sobre todo político, también presenta sus límites si lo pensamos en relación con lo animal.

En este libro en particular propongo pensar en cercanía de lo no común por varias razones: primero, porque lo escribí en medio del encierro por la pandemia de Covid-19 y era necesario para mí preguntarme por el mundo de la vida, en otros términos; segundo, porque abordo una selección de cuentos del libro Los que se van, un clásico de la literatura ecuatoriana, y era importante para mí leer este libro desde otras miradas y otros sentidos. Por esta razón, parto en mi análisis de las características biológicas de los animales representados en los cuentos. Los sentidos no comunes de estos animales, en cierta medida tan diferentes a los de los animales humanos, me permiten pensar en otros significados de los textos abordados; pensar la crisis sanitaria desde otra perspectiva; pensar la diferencia no para excluir, sino para abrir los sentidos del mundo; pensar alianzas de lo no común, con lo radicalmente Otro.

¿Qué te llevó a escoger tres relatos de autores del Grupo de Guayaquil?

Todos hemos leído muchas veces la mayoría de estos cuentos, incluso desde que éramos niños. Son en cierta medida familiares, aunque los hayamos olvidado en algún punto. Su lectura es bastante común en nuestro país. Entonces, me interesaba pensar qué pasa con la cuestión de lo animal y su relación con el ser humano en este libro canónico de nuestra literatura. Me llamaba profundamente la atención que esta problemática casi no hubiera sido abordada por la crítica especializada a pesar de que lo animal está muy presente en Los que se van del Grupo de Guayaquil.

Además, autores que trabajan la cuestión de lo animal en la literatura latinoamericana como, por ejemplo, Gabriel Gorgi en Formas comunes: animalidad, cultura, biopolítica, anota que lo animal adquiere un sentido cuestionador de la dominación sobre todo en las producciones literarias a partir de 1960. Por esta razón, me interesaba explorar en los textos literarios anteriores a esta fecha, y construir una reflexión en cierta medida en tensión con la idea de lo común de Giorgi. En diálogo con el pensamiento de Jacques Derrida se trataba para mí de multiplicar más bien la diferencia, lo no común, y pensar a partir de ahí en relaciones no jerárquicas entre lo humano y animal.

En tu libro, construyes lo que llamas “una mirada animal”, de la mano de pensadores como Malabou, Derrida, Deleuze o Echeverría. ¿Cómo confluye el pensamiento de estos autores para hablar de la mirada animal?

Lo que busco es construir desde la literatura una perspectiva crítica de las formas de exclusión, violencia y dominio; y esto quiero hacerlo en cercanía y a la escucha de lo animal y sus sentidos. No solo a partir de la mirada animal, sino sobre todo de las distintas percepciones del mundo que tienen otros seres vivientes. Para ello, los cuentos “El cholo del tibrón” de Demetrio Aguilera Malta, “El guaraguao” de Joaquín Gallegos Lara y “Mardecido “Llanto”” de Enrique Gil Gilbert del libro Los que se van resultaron fundamentales. Más allá de la denuncia de la marginación del cholo, el montubio y el afrodescendiente que es central del proyecto estético político de esta literatura, encuentro que es posible rastrear unas huellas, unos sonidos en tránsito entre lo humano y lo animal en estos textos literarios. Justamente para lograr una perspectiva teórica sensible a la cuestión de lo animal pensadores como Malabou, Derrida, Deleuze y Echeverría se revelaron como sumamente importantes. Todos ellos de manera muy singular realizan una crítica muy fuerte de las distintas maneras de dominación del mundo contemporáneo, sobre todo el antropocentrismo y el especismo constitutivos del capitalismo, lo que resultó central para abordar los cuentos Los que se van y descubrir los sentidos no comunes de su escritura.

A través del murciélago, planteas la escucha afectiva y la conciencia ecológica. ¿Cómo lo podemos encontrar en la narrativa que analizas?

En el cuento “Los madereros” de Gallegos Lara del mismo libro Los que se van, aparece un murciélago que es atrapado y torturado por uno de los trabajadores que explotan el bosque. Recordemos que este libro de cuentos se publica en 1930, y se trata de un momento en el país en que se llevaba a cabo un agresivo proyecto modernizador y explotador de los recursos naturales. El murciélago aparece en el relato como una figura perseguida.

Al leer nuevamente este cuento durante la pandemia pensé que la situación del murciélago no solo que no había mejorado, sino que se había incluso empeorado. Todos leímos o escuchamos en los medios de comunicación noticias de cómo muchos habitantes en distintas partes del planeta culpaban de la pandemia al murciélago, la transmisión zoonótica de uno de sus virus al ser humano, lo perseguían y lo mataban. Entonces a mí me interesaba pensar el murciélago en otro sentido, pues él tiene un papel ecológico muy importante al ser polinizador y esparcidor de semillas, y, al ser insectívoro en un gran porcentaje de su población, ayuda a la eliminación de insectos que causan enfermedades en los humanos. Además, me interesaba pensar con el murciélago en otra forma de percibir el mundo; pensar el mundo con otro sentido como el de la ecolocalización, la emisión de sonidos que producen ecos para detectar obstáculos. Parto así de la literatura y las características singulares del murciélago para reflexionar acerca de otras formas de percibir el mundo y de construir otros sentidos en tiempos pandémicos.

Explicas los siete sentidos del tiburón, y te detienes en cómo retrotrae sus ojos cuando da el ataque final a su presa. Invitas a que el lector se plantee la posibilidad de un devenir tiburón en los seres humanos, para aplicarlos en la ética, la política y la ecología. ¿Hacia dónde podría caminar la humanidad si pudiera hacerlo?

Lo que me pregunto en el texto es qué nos puede decir a los seres humanos un animal tan temido como el tiburón, qué nos dicen sus sentidos de percepción del mundo tan diferentes y complejos, qué podemos aprender los seres humanos de otro depredador, qué significa estar en cercanía, a la escucha de un otro amenazante, de un ser radicalmente desemejante. Todo esto lo abordo a la luz de lo que sucede en “El cholo del tibrón” de Aguilera Malta, pues en el cuento asistimos a una suerte de alianza momentánea entre “un cholo” de la costa ecuatoriana y un tiburón, incluso se podría hablar en términos de devenir animal, pues en algún momento no es posible diferenciar ya a los dos personajes: dos personajes violentos que construyen una suerte de cercanía y escucha mutua en los márgenes del territorio.

¿Cómo en el cuento “El guaraguao”, de Joaquín Gallegos Lara, representa mediante el gallinazo el progreso del capitalismo?

Terminaba la anterior respuesta refiriéndome a esta suerte de alianza entre dos seres marginados del proyecto nacional. Algo similar, pero con características muy particulares, tenemos también en el cuento de Gallegos Lara. En “El guaraguao” se narra la alianza entre un gallinazo y un afrodescendiente, Chancho-rengo, que vive apartado de la sociedad y se dedica a la venta de plumas para sobrevivir. Este personaje ha domesticado un gallinazo, Arfonso, el guaraguao. Un día unos ladrones hieren mortalmente a Chancho-rengo, el guaraguao ahuyenta a los asesinos y luego defiende el cuerpo inerte de “su amo” de los otros gallinazos que quieren devorarlo. El cuento termina con el descubrimiento de ambos cadáveres en vías de descomposición, el cuerpo del animal humano no tiene un solo picotazo. En este capítulo me pregunto así acerca de la idea misma de domesticación y su relación con el capitalismo: ¿qué pasa con estos dos seres abandonados en los márgenes del territorio nacional y que comparten un mismo destino, qué nos dice su relación acerca de cómo tratamos a los animales, qué nos dice el relato acerca de lo animal y su autonomía?

En este capítulo me centro además en el olfato extraordinario del guaraguao que le permite descubrir los desechos del capitalismo; en este sentido esta ave sería funcional a la forma hegemónica de organización del mundo, sin embargo, el final del cuento permite pensar en otra manera de entender al gallinazo que ha ido en contra de sus propios instintos de sobrevivencia y ha optado por no comer el cuerpo del humano muerto. Se trata así de una figura sumamente compleja que yo la abordo a partir de un nuevo concepto que propongo en cercanía de Bolívar Echeverría, que es el de blanquitud especista, pues el racismo y el especismo serían, desde mi perspectiva, dos pilares fundamentales del sistema de exclusión del capitalismo.

A través de la visión del caballo también hablas de la libertad y de la soberanía de la vida de los seres vivientes no humanos. ¿Cómo los cuentos que analizas muestran esta tensión de la domesticación que priva de la libertad?

Como anotaba en mi anterior respuesta, el especismo, al considerar a la especie humana como superior a las demás especies, está en la base del capitalismo y sus formas de dominio y violencia. Aunque su historia es muy anterior, la domesticación es parte del tipo de organización del mundo actual y de la idea que hemos construido de lo humano en tanto discurso de dominación. Es por esto que me resulta muy interesante la figura del caballo que la despliego en el último capítulo de mi libro. Parto de la mirada monocular del caballo, su mirada de presa atenta al peligro, para cuestionar la mirada de depredador del ser humano. Para esta reflexión “Mardecido “Llanto”” de Gil Gilbert es muy útil, pues encuentro una suerte de perspectiva monocular en el relato, una narrativa que busca dar cuenta del dominio desde la mirada del animal. Es un relato que deja planteada la posibilidad de resistencia a la domesticación y aboga por la libertad. Los artefactos de la domesticación no pueden ser impuestos al caballo en el cuento, él se resiste y esto lo conduce a la muerte. El domador mata al caballo. Se trata entonces de pensar en el dominio y la liberación hasta sus últimas consecuencias, y también de deconstruir el concepto mismo de soberanía que ha sido pensado siempre en relación con lo humano y sus formas de poder.

Sobre el autor

Santiago Cevallos es docente del Área de Letras y Estudios Culturales, y es el coordinador de la Maestría en Estudios de la Cultura.

Sus campos de investigación son el Barroco iberoamericano, la narrativa latinoamericana de los siglos XX y XXI, el ensayo latinoamericano, el trabajo intelectual, la violencia y el totalitarismo. En su actual proyecto de investigación aborda la relación entre lo humano y lo animal en las representaciones literarias y culturales de los siglos XX y XXI.

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