El desarrollo de los Estudios Trans


Por: Cristina Burneo Salazar

Transcripción: Mateo Guarderas

Edición: Sofía Tinajero Romero

 

Blas Radi, docente de la Universidad de Buenos Aires, está vinculado a la Universidad Andina Simón Bolívar como profesor invitado por el Área de Letras y Estudios Culturales. Dicta la asignatura sobre diversidades sexo-genéricas, en la Maestría de Investigación en Estudios de la Cultura.

A propósito de su estancia académica, Cristina Burneo Salazar, docente del Área de Letras y Estudios Culturales, le entrevista acerca del desarrollo de los estudios trans.

Blas, a mí me da mucha alegría poder compartir estas preguntas en nuestro programa y en la Universidad, pero también en los contextos en que trabajamos nacional e internacionalmente. ¿Qué son los estudios trans?

Ante todo, gracias a vos y gracias la Universidad por la invitación y por recibirme. Con respecto a los Estudios Trans*, algo que yo hago generalmente en mis cursos es empezar por una caracterización negativa. Para ofrecer una primera aproximación, podemos decir: se trata de un campo académico en desarrollo.

Pero a mí siempre me resulta aún más conveniente empezar por pasar revista por todo aquello que no son los Estudios Trans*, y eso permite despejar algunas dudas y, sobre todo, anticipa una caracterización positiva.

 

Cuando hablamos de Estudios Trans* no hablamos de todo lo que se ha dicho en la academia acerca de personas trans*, ni tampoco de cualquier cosa que digan o hagan las personas trans*. Primero, porque las personas trans* llegaron a la academia hace muchísimos años, fundamentalmente como objetos de estudio de una gran variedad de disciplinas. Y con relación al segundo punto, porque pensar que algo tan accidental como la identidad de género define cuál es el ámbito académico o de pertenencia de una persona es sumamente violento, y por otra parte, devalúa el campo.

Hay otros aspectos negativos, que menciono rápidamente: los Estudios Trans* no se desarrollan solamente en los Estados Unidos ni en la academia angloparlante, ni son un capítulo (el último capítulo) de los estudios de género o la teoría feminista.

Para ir rápidamente a una caracterización positiva: decía que es un campo académico en desarrollo. Se caracteriza porque es interdisciplinario. Entonces, las metodologías también son interdisciplinarias, o transdisciplinarias. Comenzó a desarrollarse en los años 70 y se consolidó hacia la década del 90, en línea con (y de la mano de) las políticas trans.

De hecho, otra de las características importantes es que se trata de un campo que hace explícito su compromiso político. O sea el interés de las personas que hacen investigación en el campo de los Estudios Trans* no es meramente especulativo, sino fundamentalmente práctico. Y de hecho, muchas personas que se desarrollan en ese campo son a la vez activistas trans*.

Es un campo crítico, y esa crítica se deposita, en gran medida, en todos aquellos núcleos de sentido debidos a esa producción que hace de las personas trans* su objeto de estudio. Hay dos líneas muy importantes en las que se desarrolla esa crítica: por un lado, el saber médico y, por otro lado, la teoría feminista.

El reconocimiento de la subjetividad epistémica de las personas trans es el punto de partida. De hecho, en general se indica que la toma de la palabra por parte de las personas trans* es el punto inaugural del campo de estudios, y se hace referencia a un texto, que es el que se considera fundacional del campo, que se llama El Imperio Contraataca. Manifiesto Posttransexual, de Sandy Stone.

Se valora el conocimiento en primera persona, el conocimiento encarnado. Los estudios trans* desestabilizan la manera podríamos decir “tradicional” de entender sexo y género como la relación que se asume o que se da por sentada, desde lo que podríamos decir la perspectiva de la “actitud natural” acerca de lo que es el sexo y cuál es su relación con las categorías de género.

Incluso, entran también en tensión con lo que la teoría de género ya ha dicho sobre el género o con lo que ciertas teóricas feministas han dicho, y también sobre las subjetividades trans*. Es muy conocida la crítica a teóricas trans, a veces, intocables como Judith Butler, por ejemplo, que se han referido, que han incorporado en su elaboración teórica reflexiones sobre lo trans. ¿Cómo ves eso tú? Porque también me interesa mucho cómo los estudios trans ponen en crisis al mismo espectro de género en lo que se refiere a elaboraciones teóricas, del feminismo, de otros lugares.

Me sonreía mientras te escuchaba, porque la verdad es que, en gran medida, los Estudios Trans* se desconocen porque se ignoran (muchas veces voluntariamente) sus desarrollos. Y en ocasiones se asume que se trata de un desarrollo espontáneo de la teoría feminista o de los estudios de género. En realidad, las bases teóricas o las bases conceptuales a partir de las cuales se entiende el género (para la teoría feminista y para los Estudios Trans*) son distintas; tan distintas que podríamos pensar que son incompatibles. Entonces, esa afinidad o esa continuidad no tiene sentido; hay muchísimas tensiones. Y lo que sí tiene sentido es poner la lupa sobre esas tensiones y ver de qué se tratan, desarrollarlas.

Mencionaste a Judith Butler. Con respecto a los textos que hacen, podríamos decir, un "uso instrumental" de las personas trans*, hay muchísimos desarrollos dentro de los Estudios Trans*, desarrollos críticos. De hecho, es interesante porque es difícil constituir y darle forma a un diálogo en términos internacionales entre intelectuales trans*. Por muchas cuestiones: por falta de reconocimiento institucional, por problemas de traducción. No se trata de una cuestión de vocabulario, pero también eso influye.

Y algo relevante es que los textos de Judith Butler fueron traducidos casi inmediatamente, y las personas que estaban discutiendo críticamente con ella -intelectuales trans* en el contexto norteamericano- no. No se tradujeron. Y en la medida en que intelectuales trans* del Sur han podido tener contacto con esas lecturas críticas, han encontrado un montón de afinidades. Las mismas críticas se replicaban en distintas latitudes y apuntaban a los problemas que tiene, los problemas que se derivan del uso instrumental que intelectuales "cis" hacen de las personas trans*: las convocan a sus textos o a sus investigaciones para cumplir un fin muy específico, con objetivos que son ajenos a los que podríamos encontrar en una agenda trans*.

Y justamente ahora que mencionaste los "cis"... -esto es muy importante también, porque como tú dices, no se reduce un problema de léxico y en la traducción, y en el viaje de los conceptos y en los itinerarios de las teorías, también hay toda una geopolítica-, justamente, el prefijo o la enunciación de lo "cis" -que a veces nos produce confusión o que también hay gente a la que le causa problemas o un poco de resistencia- ¿cómo la podríamos abordar? ¿A quién leemos en América Latina? En el campo de estudios trans* que son latinoamericanos, ¿dónde está el archivo?, ¿cómo podemos acceder a él, a partir de los contextos que tú has planteado?

Tomo la primera pregunta. "Cis" es un prefijo latino igual que "trans"; trans significa atravesar o del otro lado. Cis significa “de este lado”. Si entendemos por "persona trans*" una persona que se identifica con un género distinto al asignado al nacer, bueno, las personas cis son aquellas que no son trans*. Y sí, es muy resistido ese concepto, sobre todo por las personas cis, que son aquellas justamente que no son trans*.

Y de hecho, este epifenómeno de rechazo del concepto ha sido tematizado por intelectuales trans* que han puesto el foco, sobre todo, en la molestia o en la incomodidad que genera, digamos, el hecho de ser nombrado o nombrada y, sobre todo, por una comunidad que históricamente ha sido nombrada. Ahí hay un gesto de devolución de gentileza en ese poner el concepto, en poner una marca donde no la había, y eso es fundamental. Justamente estoy escribiendo un artículo sobre esto: cómo este rechazo se tematiza o estas tensiones se tematizan, sobre todo en notas al pie. He trabajado con bibliografía producida en Argentina y con el manejo del cisexismo en las notas al pie. Cómo se sostiene este privilegio de las identidades cis, que se consideran como más verdaderas, más auténticas, más importantes. Y, en general, no hay referencias al concepto “cis” en los trabajos sobre género en Argentina, y si hay alguna, esto se tramita en nota al pie. Y son notas al pie que muchas veces discuten esta idea de introducir el concepto "cis". Discuten al concepto mismo porque consideran que "inaugura un binario", algo que es ridículo porque el binario se instituye en el momento cuando se pone una marca sobre las personas trans* -entre trans* y no trans*- cis es la contracara lógica.

Pero muchas veces se incorpora, sin referencias, como si fuera una creación espontánea de las personas que están investigando, y sin que impregne la perspectiva del texto. Entonces, ese es un problema.

El rechazo y estas tensiones vinculadas con la emergencia de este concepto son también tematizadas por la academia trans*.

Y con respecto a su desarrollo en América Latina, una de las cosas que yo señalaba es que hay un prejuicio muy grande: hay muchas personas que consideran que los Estudios Trans* solo se desarrollan en Estados Unidos o en contextos de habla inglesa. Y la verdad es que hay un desarrollo global, es un desarrollo muy dispar, pero ese desarrollo dispar se debe a la falta de reconocimiento académico, y a la falta de acceso a presupuesto, fundamentalmente.

De todas maneras, se pueden rastrear desarrollos de Estudios Trans* en América Latina también, en distintos contextos. Yo creo que la referencia ineludible es Mauro Cabral; Mauro Cabral es un intelectual y activista trans* e intersex argentino. Sus textos son brillantes y están disponibles online; son de acceso abierto, están en español. Y (retomando) algo que decía de los Estudios Trans, que están comprometidos con procesos políticos: Mauro es signatario de Los Principios de Yogyakarta, un documento internacional que lo que hace es aplicar el derecho internacional de los derechos humanos específicamente a cuestiones de orientación sexual e identidad de género. Es un documento del año 2007. Veintinueve personas expertas participaron en su elaboración, Mauro Cabral es una de esas personas. No crean ningún derecho nuevo; hay discusiones vinculadas con el estatuto de los Principios. Pero lo que sí incorporan es una definición de identidad de género. Definen identidad de género como una vivencia interna que es independiente del sexo asignado al nacer, de los datos que consigne el documento de identidad y de las características físicas. Esa definición es clave, y ha sido clave para el desarrollo de las políticas trans a nivel global. Detrás de esos procesos políticos sin precedentes, hay un cambio conceptual sin precedentes y ahí está Mauro Cabral. O sea que ahí hay una línea directa entre ese trabajo teórico y su efectividad práctica.

Por pensar en otros nombres: Camilo Losada -que es magíster de esta Maestría- hizo un trabajo imprescindible sobre masculinidad y militarización en Colombia. En Colombia, Nikita Dupuis Vargas; en Chile, Karine Espineira, que es mitad chilena, mitad francesa; en Brasil, Erik Seger, Fran Demetrio, Viviane Vergueiro. En México, Rebeca Garza, Jessica Mariane. En cada contexto se puede localizar un desarrollo entre personas trans* que en muchos casos están dialogando entre sí y detectando problemas institucionales sobre los que están trabajando desde perspectivas académicas, perspectivas teóricas comprometidas con una serie de problemas prácticos relevantes.

Blas, y aquí me hiciste pensar también en el trabajo de Brigitte Baptiste, a quien yo había seguido, porque me interesa mucho cómo ella ha vinculado biodiversidad desde las ciencias que llamamos duras y los estudios trans*. También tú tienes un trabajo que a mí me ha parecido muy relevante en epistemología, en el campo del conocimiento en sí. Y, por supuesto, los estudios trans* también vienen a cuestionar qué concebimos como conocimiento. ¿Cómo vinculas tú el trabajo más específico en estudios trans* y lo que estás haciendo ahora, por ejemplo, con tu investigación doctoral? 

Efectivamente, estoy trabajando sobre epistemología, un campo al que podríamos llamar epistemología social, que atiende, entre otras cosas, a los procesos de producción de conocimiento y no lo hacen pensando en individuos que no tienen cuerpo, que son homogéneos, de manera tal que cualquier individuo que haga el mismo proceso va a llegar a los mismos resultados. Sino que consideran o les dan mucha relevancia en los procesos de producción de conocimiento a las identidades de los sujetos. En virtud de su identidad muchos sujetos son devaluados en tanto sujetos epistémicos.

Entonces, el vínculo ahí con los Estudios Trans* es directo, porque el hecho de identificarse con un género distinto al asignado al nacer hace que, inmediatamente, la credibilidad de las personas se vea devaluada. Y su estatuto en tanto sujetos que producen conocimiento, también. Sobre todo, porque hay un estigma vinculado con la patologización, con la identificación de estas experiencias trans* con patologías de salud mental, que convierten a las personas inmediatamente en incapaces. Ahí hay como un registro vinculado con la incapacidad que se hace sentir. Entonces, el puente con mi investigación doctoral es bastante directo.

Hay un campo que se refiere al conocimiento en sí mismo, y tú dices dependiendo de la posición, incluso de la existencia del cuerpo de algunos sujetos. También yo miro ahí a las mujeres, personas con discapacidad, comunidades, pueblos, culturas ancestrales, migrantes; son devaluados en tanto sujetos epistémicos. Y esto tiene que ver con la política de estos campos, en épocas donde renunciamos a la argumentación que, desde la ignorancia organizada o ilustrada, se llama ideología de género a estos campos. ¿Cómo relacionas tú el trabajo teórico con su aterrizaje en lo político y en estos momentos de fundamentalismos religiosos, vivimos en sociedades del desprecio, donde se desprecia al otro, justamente, porque no nos hacemos preguntas, o sea, renunciamos a pensar? Entonces, ¿cómo relacionas tú esto con el campo político concreto?

Señalas algo acerca de la ignorancia, y la ignorancia no como una mera falta de conocimiento, sino como una acción deliberada: esa voluntad de desconocer. Algo en lo que me quedé pensando es en cómo, en muchos casos, estos fundamentalismos apelan a nociones que se suponen ahistóricas, de comunidad, de familia, de sexo y género. Y hay una referencia, un recurso a la biología que funciona de manera directa entendiendo siempre a la biología como si fuera el manual de instrucciones del mundo. Uno que justo dice lo que queremos que diga. Entonces, "la biología nos hizo de esta manera".

En muchos casos se asocia esa biología a un "plan divino", y eso demuestra, entre otras cosas, no solamente un desconocimiento de la diversidad de las experiencias humanas, sino un desconocimiento absoluto de la biología.

El concepto de género se acuña, por ejemplo, en el ámbito médico y para dar sentido a las experiencias de las personas trans e intersex y hoy se desmienten, y se desmienten haciendo referencia a la medicina y a la biología. Eso no tiene ningún sentido; me parece que ahí la referencia de la ignorancia voluntaria va perfecta.

Gracias, porque así construimos argumentos para pensar. Esperamos que puedan ver esto también para introducir preguntas en el campo y agradecemos otra vez a nuestro colega Blas Radi por haber venido a la Universidad, a la maestría, y por haber compartido su trabajo en esta entrevista.

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