Experiencia del docente de Educación Superior durante la emergencia por la COVID-19


Por: Miguel Herrera

Edición: Sofía Tinajero Romero

 

La pandemia de la COVID-19 ha transformado la realidad en todos los ámbitos de acción humana. La educación superior no es una excepción. Miguel Herrea, profesor del Área de Educación, entrevista a Paula Daza Navarro, profesora e investigadora de la Universidad de Sevilla en España.

A lo largo de esta conversación, Daza habla de la experiencia que, como tantos otros docentes, ha vivido durante los últimos meses en los que la pandemia ha impedido el normal desarrollo de las actividades en las instituciones de educación superior.

A través de esta entrevista, se evidencian asimismo las similitudes con las experiencias vividas en nuestro hemisferio, y el carácter global del reto al que se enfrenta la educación superior.

Paula Daza es doctora en Biología, científica y docente. Da clases en la facultad de Biología, donde desarrolla importantes trabajos de investigación sobre la célula, y en la facultad de Ciencias de la Educación, donde promueve la investigación en el campo de la Didáctica de las Ciencias experimentales con un enfoque feminista.

¿Cuáles crees tú que han sido los principales retos que hemos tenido como docentes en el contexto de la pandemia?

Ha sido realmente difícil. Al día de hoy estamos un poco más acostumbrados, y hemos aprendido. Pero cuando de repente llegó el cierre el día 13 de marzo, fue terrible. Tanto estudiantes como profesores tenemos una plataforma de enseñanza virtual que llevamos usando muchos años; básicamente lo que depositábamos en ella eran las presentaciones de los temas que damos en clase, alguna actividad, a veces cuestiones en los foros de debate. Lo que era impartir clases a través de la plataforma, no teníamos ni idea de cómo se hacía, y estaba ahí la herramienta.

 

La verdad que también quizás sea un fallo no haberse preocupado antes, tengo que decirlo, porque durante un tiempo nos habían dicho que se podía aprender, pero estábamos acostumbrados a la docencia presencial. Y ahí cometimos el error de no tener esa herramienta bien establecida.

Y los estudiantes, por su parte, pues tampoco tenían todos acceso a internet; aunque hoy en día casi todo el mundo lo tiene. Me imagino que no es fácil para toda la población; depende también de la zona donde viviera. No todos tienen un ordenador potente para estar conectados; no todos tenían la conexión suficiente, entonces eso ha sido el reto más grande, al principio.

El primer mes fue terrible, hasta que aprendimos a poder dar clase a través de la plataforma. Nos inventamos mil cosas para hacer, y también tratamos de conseguir. Yo tenía, por ejemplo, un alumno de fin de grado que no tenía ordenador, y evidentemente, tuve que luchar para conseguir un ordenador para este alumno, que además es un alumno con necesidades especiales.

Me imagino que también muchos de ellos han tenido ese problema, que se ha solventado con préstamos de la universidad. Ahora, por ejemplo, para los docentes, yo no me he enterado nada de préstamos; yo me tuve que comprar el ordenador que estoy usando actualmente, porque el mío no admitía la plataforma. Entonces, no fue fácil.

Son cuestiones bien curiosas, porque uno pensaría que podría haber más diferencias entre cómo se vivió en Ecuador y cómo se vivió en Andalucía, en el sur de España. Pero realmente las experiencias, por lo que narras, son muy similares.

Tú formaste parte de esa investigación que estuvimos trabajando, analizando qué había pasado en el mundo de la educación superior durante la primera etapa del confinamiento.

Decíamos lo que tú apuntabas: no había habido una preparación de la universidad. Pero también cuestionábamos que no había habido una reflexión. Hemos actuado como con una respuesta emergente, y hemos tratado de trasladar aquello que estamos acostumbrados a hacer en el aula presencial, como tú bien decías, a un aula que en este caso es un aula de videoconferencia, donde seguimos haciendo prácticamente las mismas cosas. Pero no ha habido un proceso reflexivo porque efectivamente, con la escasez de recursos que muchos estudiantes tenían, las fallas a conexión de internet y demás, hubiera sido a lo mejor más adecuado un modelo que no consumiera tanto ancho de banda -como la viodeconferencia-, sino un modelo que estuviera más respaldado por el texto, que consume muchos menos recursos.

¿Por qué no se hizo esta reflexión? ¿Por qué nunca se ha hecho esta reflexión?

Pues la verdad, no sabría contestarte por qué no se ha hecho esta reflexión. Yo he probado en parte, lo probé durante el período de confinamiento y ahora, actualmente en biología estoy probando también, hacer la clase de otra manera. Porque, claro, limitarte hablar a una pantalla me parece absurdo. De hecho, no conecto la cámara porque además no me gusta tener por ahí imágenes mías dando clases. Entonces simplemente hablo.

Yo hice la reflexión de qué pasaría si yo les narro los temas a los alumnos, se los envío, ellos lo escuchan y ahora me preguntan. Es lo que estoy haciendo ahora. Lo hice también en su momento en la asignatura de ciencias de la educación. Creo que es otra manera, porque si nos limitamos a traspasar el sistema de clase magistral a una pantalla, eso no es formación virtual, la verdad.

Quizás el fallo está también allí, que nosotros somos profesores de una universidad presencial, y creo que no es lo mismo que ser profesor de una universidad a distancia, donde está más acostumbrado a utilizar otras estrategias educativas. A mí me gustaría poder cambiar un poco. Me gusta la presencialidad, tengo que decirlo. Yo llevo 22 años dando clases. A mí me gusta la calidez de la presencia; ver a los alumnos. Este sistema me está costando trabajo; estoy aprendiendo muchas cosas, pero creo que limitarme a dar las clases como las daba antes, como tú dices, no es lo correcto.

Por qué no se ha hecho el cambio. Hay equipos docentes que sí saben hacerlo, y de hecho hay un montón de tutoriales actualmente en la página de la universidad para aprender a utilizar la plataforma, pero creo que las cosas no solo es aprender a utilizar la plataforma, sino a utilizar otras estrategias educativas. Y quizás pues eso se tenga que poner en marcha ahora, ya no solo por la pandemia, sino por otras circunstancias que puedan ocurrir en otros momentos de la vida. No sé si la universidad se comprometerá a esto, o si los profesores nos comprometeremos. Entonces ahí tenemos que poner todos un poquito de nuestra parte, creo yo. Y la universidad, también apoyar a los docentes.

Yo creo que una de las cuestiones clave sea justamente esa que mencionas. Porque una de las ventajas que puede tener esto que nos ha ocurrido y que ha sido una conmoción para toda la comunidad universitaria es que hemos puesto el foco en la calidad de lo que se practica. En la calidad de las clases, de esa actividad conjunta que desarrollamos con los estudiantes, cosa que creo que antes no nos planteábamos. Ahora, como nos pasamos en la virtualidad estamos empezando a cuestionar los métodos, y eso es una cosa que resulta interesante, porque claro una clase magistral a efecto del aprendizaje es exactamente igual mala o buena en presencia que por videoconferencia. Porque, al fin y al cabo, consiste en la misma estrategia.

Bueno, no sé. Porque yo, por ejemplo, soy muy expresiva. Me muevo mucho en clase, utilizo mucho la pizarra, aunque sea una clase magistral, yo pregunto mucho, yo me muevo por la clase, yo gesticulo un montón. Y aquí a veces me descubro en la cámara moviendo las manos, y no puedo pintar en la pizarra. Entonces, es una clase magistral lo que yo doy, pero no es lo mismo. Y claro, en la pantalla es muy distinto, yo no puedo hacer eso.

Claro, los recursos expresivos varían enormemente.

Sí. Por la cara de los alumnos, yo pregunto, y ahora tardan mucho en contestar, porque en vez de conectar el micrófono, escriben y a veces digo “hola, ¿estás ahí?”, y a veces los pillo y no están. Entonces, claro te tienes que inventar estrategias para mantener la atención también del alumnado, que no es fácil, porque muchos se conectan, y ayer había dos o tres que o estaban ahí en el aula. Empecé a pasar lista, y no estaban. Ahora a ver si así, diciéndole venga, preguntarme cosas ustedes a mí y yo respondo, a ver si así los estimulo un poco más. Es un rollo estar delante de la pantalla cuatro horas seguidas si tienes cuatro asignaturas.

Es un modelo de aula invertida, flipped classroom que llamamos e inglés, y que provee los materiales, para después hacer un tipo de desarrollo diferente. En este caso, tú hablas de que sean ellos los que te preguntan. El caso es que evidentemente, como decías antes, las metodologías que podemos emplear en la educación a distancia difieren sustancialmente por esa ausencia de la presencialidad y la posibilidad de utilizar recursos expresivos de la manera en que estamos acostumbrados; difieren a la educación presencial. Algo que tiene que ir a un desarrollo distinto, y creo que la mayoría de universidades presenciales que se vieron abocadas a pasarse a la educción a distancia en esta etapa, no han sido capaces de entender.

Yo quisiera que me contaras qué tipo de aprendizajes crees tú que te llevas. Vamos a suponer que ya tenemos vacuna contra la COVID-19, y volvemos a clases. Cosa que muchos estamos anhelando. ¿Qué pasa?, ¿qué nos deja esta experiencia?

Yo creo que a esta experiencia hay que verle el lado positivo. Nos ha ayudado a aprender otras estrategias. Puede ocurrir que de nuevo pase lo mismo. Espero que no. Pues ya hemos aprendido otra manera de dar clases o de llegar al alumnado. Puede ocurrir también que lo lleves en paralelo; que para ciertas actividades lo plantees alternativo, pues no solo ir al aula y contar las clases. Puede ocurrir que tengas alumnos en circunstancias particulares. A mí, esto me ha abierto un poco los ojos con alumnos, por ejemplo, que tengan que estar hospitalizados, o que tengan que estar un tiempo en caso, por una patología, creo que puede ser una alternativa buena también. Y nunca lo había pensado antes, la verdad.

En las aulas especiales de los hospitales, la cosa no es lo mismo que si funciona con tu profesor de verdad. Entonces, podría ser una buena metodología. No solo dar una clase magistral, sino el contacto, en este caso sí que pondría la pantalla con un alumno en específico. Los trabajos de fin de grado, los trabajos de fin de máster se pueden tutorizar a lo mejor así. Eso es algo que creo que nos llevamos en positivo en la docencia. He aprendido a gestionar una pantalla, que yo la verdad era siempre reacia a usarla, porque no soy una gran tecnóloga, pero creo que eso me lo llevo, en cuestión de docencia.

Y si me preguntas, me voy a adelantar, en cuestión de gestión, me sorprende que las juntas de facultad de centro siempre hay cuatro gatos, en una facultad como Ciencias de la Educación que tiene junta de 100 personas, habitualmente no hay más de 30. Y ahora que son on line, sorprende que veo a casi todo el mundo ahí. La verdad, no cuesta tanto trabajo bajar de tu despacho al salón de actos, pero parece ser que muchas personas prefieren quedarse en su despacho con el ordenador, y me ha sorprendido que las reuniones, a la hora de la gestión, haya tantísima gente conectada a estos eventos a través de una pantalla.

Yo siempre he pensado que si perteneces a un centro, siempre tienes que estar ahí para todo, pero parece que la gente no quiere bajar al salón de actos. Y ahora sí se conecta. Eso me ha sorprendido.

Y se han agilitado algunos procesos administrativos, con firma digital y otras formas de hacer, que antes demoraba muchísimo y tenías que irte a la ventanilla, medio como a rogar. Y hoy día es más rápida. Esos son efectos rebote que son curiosos.

Yo estoy de acuerdo contigo. Yo creo que la idea del aula expandida, de esa aula como recurso para la educación especial, es muy interesante. Los estudiantes que tienen necesidades especiales asociadas a un trastorno o déficit de cualquier tipo agradecen mucho la inserción de las tecnologías y espacios virtuales porque pueden marcar sus propios ritmos de aprendizaje.

Pero si ampliamos este concepto, al conjunto de los estudiantes, resulta que todos tenemos alguna necesidad especial, estudiantes y profes. Esos espacios, donde el tiempo lo gestionamos de manera más autónoma, pues siempre son de agradecer.

Tú eres una científica que ha trabajado mucho con el tema de la bioética de las ciencias, desde una perspectiva, podemos decir, feminista, tratando de dinamizar, o de gestionar, o de potenciar, o de favorecer que las mujeres aprendan ciencia. Y claro, las asignaturas que tú trabajas, sobre todo en biología, pero también en ciencias de la educación tienen un componente práctico muy relevante. En algunos casos, que se desarrolla en laboratorio, directamente. Entonces, ¿cómo has visto limitada la actividad de laboratorio en este período, y qué alternativas has podido encontrar?; ¿es posible o realmente la educación virtual y a distancia tienen una limitación clara aquí que no se puede solventar?

Yo aquí sí que veo una limitación clara. Porque hay muchos tutoriales o películas de cómo se ven las imágenes al microscopio, por ejemplo, que es el recurso que nosotros utilizamos más, tanto en biología como en ciencias de la educación. Tenemos prácticas de laboratorio para los alumnos, orientadas dependiendo de la materia.

Y en el caso de primaria, que tenemos una práctica de lupa, una práctica de microscopio, una práctica de cacharreo en el laboratorio, de hacer prácticas sencillas para los niños, es que ahí sí que no veo que la virtualidad tiene lugar, porque creo que la competencia de aprender a usar microscopio, una lupa, no se adquiere con un video. Nos hemos visto muy limitados.

La práctica no la hemos dado; les subimos información de qué es una lupa, de qué es un microscopio, pero no les hemos examinado las competencias del uso y del manejo. Ahí sí que tenemos un problema, y bueno, en biología se solventaron con los tutoriales, y se les hicieron exámenes. Yo no estaba de acuerdo, pero bueno, fue la coordinación de la asignatura que lo decidió. Y en ciencias de la educación, como soy la coordinadora, hablé con los compañeros; decidimos no examinarles de las competencias. Eso no quiere decir que no les diéramos información. Les dimos la información, pero creo que ahí es que no sé, lo veo complicado.

Y bueno, los futuros maestros no van a ser anatomopatólogos evidentemente, y el uso de microscopios puede ser algo que no es realmente algo necesario. Pero yo me pregunto por otros estudiantes como los de medicina, o como los de enfermería, que no van a dar prácticas de su carrera; es un poquito fuerte. Nos vemos con esta limitación de la pandemia que debería solventarse de alguna manera.

Desde esta situación, y este análisis que acabas de hacer en tu departamento en ciencias de la educación, así como también en biología celular, ¿ustedes se han planteado o están planteando algún tipo de plan de contingencia para el día después de la vacuna? Porque claro, tú dices que, por ejemplo, en los maestros y las maestras no es tan fundamental la competencia del laboratorio. Pero después estos van a ser los encargados de enseñar a usar el microscopio a los niños, y si no saben usarlo, mal estamos. Entonces, va a tener una consecuencia en cadena difícil. Pero, como tú dices, para los médicos o los biólogos puede ser una cosa como mucho más aguda y más preocupante, que no estén pudiendo tener ese contacto con esa práctica. Cuando esta situación acabe, habrá que nivelar esos aprendizajes que no se pueden tener para que los estudiantes puedan ser competentes en lo que necesitan. ¿Habrá que hacer algo?, o simplemente nos olvidamos y seguimos.

Mira, yo no quería decir que no sea importante para los maestros. A mí me parece súper importante, pero como soy de ciencias en una facultad de ciencias de la educación, a veces me acusan de que parece que la bióloga de turno quiere nada más que biología. Y no es verdad. Yo creo que el aprendizaje de las ciencias es fundamental.

Nosotros nos planteamos, ya que esos alumnos no habían tenido la posibilidad de las prácticas, de recuperarlas este año, pero es que no hemos podido. No nos han dado horario, no nos han dado aulas, o laboratorio, porque está ocupada con otras asignaturas. Era algo como impensable en la facultad. A mí me da mucha pena, pero esos alumnos solo ven el microscopio, la lupa, y el laboratorio de ciencias naturales, y eso lo han perdido.

En biología no se ha planteado recuperar prácticas, que a mí eso me parece un error. Porque los alumnos de segundo de biología, en la asignatura de biología celular e histología es donde realmente aprenden a manejar el microscopio. Y han pasado a tercero, sin tocarlo. Entonces ese plan de contingencia no se ha llevado a cabo, que para mí creo es un error. Es mi opinión.

Podemos afirmarlo con seguridad, sin riesgo de equivocarnos de que es un error, porque hay unas competencias no adquiridas que pasarán factura posteriormente en la titulación. Entonces, el corolario aquí sería que efectivamente se necesita el apoyo institucional para poder desarrollar planes de contingencia que permitan nivelar a nuestros estudiantes en el aspecto práctico.

Yo creo que sí, y otro aspecto -ya no solo las prácticas de laboratorio- y nos referimos a ciencias de la educación, los alumnos se han ido de la carrera sin haber pisado un colegio, sin haber hecho una práctica de verdad. Eso ha sido muy duro este año. Ahí tampoco ha hecho nada el centro para tratar de recuperar esa carencia y de hacerles unas buenas prácticas de enseñanza. Se han ido con su especialidad, sin pisar el colegio.

Nos pasará factura en el futuro, con total seguridad. Tendremos que ver cómo lo atajamos en su momento. Yo creo que una de las cosas que en Ecuador realmente nos planteamos es que las brechas que ya existían en este sentido que acabamos de conversar, y en otros muchos, se han ampliado bastante, porque las personas más desfavorecidas, aquellas que tienen menos recursos, son las que más están sufriendo las consecuencias de esta situación en el ámbito educativo, y en muchos otros. Esa esa la realidad.

A mí me daría pena que en ese sentido -y lo estoy viendo en las universidades privadas- aprovecharon las circunstancias. Hay universidades privadas muy buenas, y el que quiere, que se las pague, pero hay otras universidades privadas que no, y se están apuntando al carro, con esto de la virtualidad. Sobre todo, parece que ofertan una enseñanza de mayor calidad, porque son privadas y las pagan, y bueno, alguna lo será, y otras no. Pero no todo el mundo tiene el dinero para acceder a la privada, y están surgiendo como champiñones en España.

Sí, yo creo que es un fenómeno que podemos apreciar también a nivel global, y por supuesto en Ecuador. Y los entes reguladores tendrían que tener algo que decir, y no solo el nacimiento de nuevas universidades, sino el nacimiento de nuevos programas al amparo de la emergencia, que igual tienen que ser revisados.

Te agradezco mucho por este rato que hemos podido compartir conversando sobre la experiencia que se ha tenido en España. Como te decía, creo que hay muchas similitudes con la nuestra en Ecuador. Esperemos que podamos conversar una vez  que pase esta pandemia, y podamos mirar el futuro de manera más positiva. Cosa que ahora es un poco más compleja.

Sí, y si nos podemos ver en Ecuador, mejor, que no lo conozco.

Mejor, ahí te vamos a invitar a que des clases en uno de nuestros programas.

Muchas gracias, Paula, un placer.

Gracias a ti, Miguel.

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