Gestión Cultural: y eso ¿con qué se come?


Por: Paola de la Vega

Edición: Sofía Tinajero Romero

 

La gestión cultural en Latinoamérica es un campo en plena emergencia. En los debates contemporáneos, aparecen cuatro elementos clave: una aproximación a sus comprensiones y definiciones polisémicas; las rutas posibles para una educación en gestión cultural en Latinoamérica, en el presente; las transformaciones en el tablero político, social y económico y en los paradigmas de la gestión cultural en la pandemia de la COVID-19; y, finalmente, el estado actual de las investigaciones sobre este campo de conocimiento en construcción.

Sobre estos temas, Paola de la Vega, coordinadora de la Maestría en Gestión Cultural y Políticas Culturales, entrevista a José Luis Mariscal Orozco, de la Universidad de Guadalajara. Es Sociólogo de formación, Antropólogo por deformación y Gestor Cultural por vocación, tal como él se autodefine. Coordina la Maestría-Doctorado en Gestión Cultural de la Universidad de Guadalajara, México. Es, además, uno de los pilares de la Red Latinoamericana de Gestión Cultural.

José Luis, fuiste parte del coloquio inaugural de la segunda promoción de la Maestría de Gestión Cultural y de Políticas Culturales de la Universidad Andina, en el que hablamos de educación y gestión cultural. Para quienes nos leen -y nos lee mucha gente- y no comprende con claridad qué es la gestión cultural- te voy a hacer la pregunta más difícil que nos suelen hacer a los profesionales de este campo: ¿Qué es la gestión cultural? ¿Te atreves a dar una pequeña definición?

Es como preguntar qué es cultura. Y es en serio, porque justo, dependiendo de lo que se entiende por cultura, es lo que vamos a entender por gestión cultural. Más bien dicho, y especificando, lo que vamos a entender por cultura y el para qué de la cultura, es lo que se suele entender del para qué de la gestión cultural. De ahí que hay diferentes visiones y entendimientos de lo que es la cultura. Hay quienes visualizan que la cultura son solamente actividades artísticas o elementos del patrimonio cultural; por lo tanto, la visión de la gestión cultural se relaciona a aquella persona que organiza actividades o servicios culturales para acercar el arte y el patrimonio.

En cambio, hay personas que visualizan la cultura en una visión mucho más amplia como parte de los elementos de la vida cotidiana, del sentido que le dan, es decir, la forma en cómo nos vestimos, cómo socializamos, cómo amamos, cómo nos relacionamos, etc. Entonces, ahí es donde la cultura va a jugar un papel fundamental en cómo se organiza la sociedad y cómo se concibe la sociedad. Por lo tanto, desde esa perspectiva, el gestor cultural es un experto en hacer posible que suceda esa vida cultural; en potencializar esa vida cultural.

En ese sentido, y bajo ese tono, es que nosotros consideramos que el gestor cultural es aquella persona que es capaz de identificar necesidades y problemáticas culturales, y poder implementar estrategias para su solución; ¿a través de qué? De la utilización de diferentes conceptos, métodos y herramientas que le permitan hacer esa transformación de esa sociedad.

Parte del coloquio intentaba reflexionar sobre la necesidad de desaprender, reaprender, y también de tejer presentes y futuros a través de la gestión cultural, y específicamente de la educación. ¿Cómo ves tú esos retos, esas rutas de la educación en gestión cultural actualmente en América Latina?

Los retos fundamentales van en diferentes niveles. Uno tiene que ver en que cambiemos el chip de ver la cultura más que como un gasto o una inversión, como un derecho. Y eso no solamente en términos de políticas culturales, sino también del actuar del gestor cultural. Y, por lo tanto, un gran reto de la formación es justo avanzar hacia allá, tener claro en todas las rutas de formación que de lo que estamos hablando es de la cultura como derecho.

Y eso va a implicar una forma diferente de visualizar y actuar sobre ello. Si es un derecho, y es un derecho compartido, en vez de sensibilizar hacia el arte o acercar el patrimonio, se deben generar las condiciones para que las personas puedan ejercer su ciudadanía. ¿Para qué? Para poder hacer uso de su derecho a la cultura. Por lo tanto, la formación del gestor cultural tiene que estar definida con respecto a conceptos y métodos en los que debe estar capacitado, fortalecido, para poder llevar a cabo ese ejercicio.

Por otro lado, otro de los grandes retos tiene que ver con la cuestión de la tecnología, no solamente en términos de ofimática o de videoconferencias -esas cosas ya son parte de la vida cotidiana-, sino también de elementos que ya se están utilizando en otras áreas que tienen que ver más con la generación de sistemas de información y de gestión de conocimiento, de la inteligencia colectiva, del big data, una serie de información y manejo de sistemas para la toma de decisiones. Cosas que actualmente en gestión cultural todavía estamos muy en pañales.

Nos has hablado de esta educación en gestión cultural que entiende a la cultura como un derecho. ¿Qué pasa ahora en un contexto de pandemia? Parece que todavía va a tardar largo tiempo en apaciguarse esta difícil situación.

La pandemia va a transformar a futuro la cancha de juego, porque han salido a la luz todas estas condiciones difíciles que atraviesa el campo cultural y de crisis como la precariedad del trabajo, o también se ha venido abajo el paradigma que ha relacionado durante décadas a la cultura con desarrollo, turismo, o espectáculos masivos; eso está ahora en cuestión.

Escuchaba el otro día un análisis sobre los cambios que se han producido en los consumos culturales, en un estudio que había hecho la UNAM, desde su área de Cultura. Se veía ahí cómo la vuelta al cine, por ejemplo, ya no es una prioridad en los consumos culturales; ahora tienes Amazon, Disney, Netflix que han ido sustituyendo esos consumos. Y otros como los museos y las exposiciones, a los que, en cambio, sí se espera volver. La gente quiere volver, no se habitúa todavía -decía el estudio- a consumir exposiciones de arte o visitas a espacios patrimoniales de modo virtual.

Entonces, ahí van planteándose una serie de cambios. ¿Cómo ves tú que la pandemia transforma esta cancha de juego de la gestión cultural?

Creo que hay muchas cosas en diferentes niveles. Pero previamente a eso, habría que definir que esto es temporal, porque va a cambiar esta condición. O sea, si uno observa a lo largo de los años, va a ser una cuestión de tres años, a lo mejor, lo que vaya a durar esto, y una vez que pase, va a suceder como algo que pasó en su momento. Pero ¿qué no va a cambiar? Yo creo que la pandemia ha traído dos elementos importantes.

Uno tiene que ver con el aceleramiento del uso de la tecnología. Esto ha obligado al desarrollo tecnológico y a la apropiación de la tecnología; lo que en un momento se sabía que iba a suceder en 10 años, ahora ya está sucediendo. Justo por la gran necesidad en términos de la educación, de la familia, de la cultura, etc. Ya se está aplicando la tecnología para diversificar y modificar de cierta manera -que ya había unas semillas- las formas de consumo cultural. Eso sin duda.

Creo que lo que viene adelante no va a restar, sino que al contrario se va a hacer más complejo y se va a ampliar todavía más la oferta, porque muchos ya vivieron este encanto y desencanto con la tecnología. Hay cosas que sí permiten una mayor potencialidad, hay otras en las que no. Pero la vivencia ya la tienen, el uso lo tienen, y es probable que más adelante se vaya a pensar en la tecnología como un elemento más, por ejemplo, para la realización de actividades híbridas. Ya no va a ser, creo yo, en un futuro, muy demandada.

Por otra parte, creo que la pandemia nos ha traído una necesidad de volver a lo esencial, a ver qué es lo importante. Cuántas personas hemos pasado por esa enfermedad del coronavirus que en ese momento fue difícil salir de ello, y en algunos casos, sufrir la muerte de seres queridos, o conocidos, algunos muy cercanos, algunos no tanto. Y esto, de un modo u otro, y también el hecho de haber vivido una larga cuarentena, de estar encerrados, etc, también te lleva a ver la importancia de estas cuestiones que eran tan básicas y ahora ya no están, como salir a los parques, a una exposición, museos, cine, cosas que en su momento eran como tan cotidianas y ahora no.

Creo que esta cuestión de volver a lo esencial también va a jugar un papel importante en el sentido de que, por ejemplo, esos estudios que tú comentas, más otros que se han estado realizando, solamente enfocan su visión sobre la forma en cómo se consume y lo que se consume, pero no la significación de ello. Y, sobre todo, de los contenidos que hay. Si uno observa, tú puedes efectivamente ingresar a una plataforma Netflix, Amazon, ahora Disney plus, y sí hay una diversidad, pero qué tanto esos contenidos están cercanos a ti, a tu entorno, a tu cotidianidad. Cuáles de esas series, de esas películas, van más allá de que el personaje principal no sea un asesino, un policía, un médico o un abogado. O sea, fuera de eso no hay más.

Hay algunas series, contenidos que son muy raros, que existen, y muchas veces, muy desapegados de la realidad y de la identidad local. Creo que en ese sentido, el gran reto que vendría aunado a todo esto es que no solamente habría que fortalecer esta cuestión de las capacidades de acceso, sino también la diversidad de los contenidos, que sean más pertinentes para el entorno, para ver mi entorno, mi situación, donde la cuestión de la identidad vaya a jugar un papel importante. Eso no está ahí presente.

Creo que este proceso es probable que a lo mejor desate esto, y es una gran oportunidad para los creadores, especialmente para los creadores locales donde justo esta parte de lo comunitario vaya a tener una cabida en ese tipo de producciones de tipo masiva.

Algo que a mí me preocupa mucho es el producir escrituras, el producir narrativas desde el hacer cultural. Suele pasar que quienes venimos del hacer, de la gestión, hemos tenido poco tiempo de ponernos a escribir o ponernos a pensar en esas metodologías o teorías que van produciéndose desde el conocimiento mismo del hacer, de la experiencia del propio gestor.

Entonces, quería preguntarte -tú, que dedicas muchas horas a investigar sobre gestión cultural, y tienes algunas publicaciones-, ¿cuáles son a tu criterio los avances fundamentales que ha tenido la investigación en gestión cultural en América Latina?

Con esa pregunta es inevitable pensar en términos de proceso. O sea, pensar en cómo se ha dado esa etapa -no evolutiva, porque no se trata de una visión peyorativa de que es mejor lo que tenemos ahora-, más bien de hacerlo más complejo. Que eso, independientemente si es bueno o malo, no importa, pero es más complejo.

¿Qué pasaba anteriormente? En una primera etapa veíamos que las primeras documentaciones que se daban con respecto a esto eran como pequeñas sistematizaciones de experiencias. Esto es, personas que tenían una experiencia en algún museo, en algún trabajo comunitario, se ponían a escribir para poder compartir con los otros y hacer como los primeros ejercicios de escritura más o menos formal sobre la práctica de cómo hacer algo.

Posteriormente, ya después con la entrada de la capacitación de gestores culturales a nivel latinoamericano, lo que se empezó a observar, era que continuaban con la sistematización, ahora ya más con un método, con una estructura, con una organización. Pero empezamos a ver una escritura -y todavía sigue estando presente- de buenos deseos -yo lo veo así-. O sea, como de ideas o reflexiones que se dan con respecto a la cultura, a las políticas culturales, al arte, al patrimonio, de lo que les gustaría que sucediera. Y son más tipo ensayos reflexivos, expositivos de buenos deseos o de reflexiones que hay alrededor, y que sirvieron en su momento, justo para dar perspectiva o reflexión de lo que se venía dando y de lo que se va a dar.

Después, ya con el desarrollo de algunas licenciaturas y algunos posgrados, lo que se comenzó a generar ya son propiamente estudios académicos que venían desde otras perspectivas, desde la antropología, desde la sociología, desde la estética, la filosofía, la administración, de diferentes disciplinas o campos académicos, que a pesar de utilizar como objeto de estudio a la gestión cultural, explicaban la gestión cultural desde este enfoque disciplinar. Eso dio mucha luz para poder conocer cómo es el campo de la gestión cultural, cómo se está construyendo, cuáles eran sus problemáticas, de avalúos en términos de datos empíricos y explicaciones de los procesos que se estaban dando en términos políticos, económicos, filosóficos, estéticos. Y no desaparecieron los otros; aún continuaban haciendo los otros.

Ahora lo que observamos, justo con la conformación de grupos académicos ya propiamente de los posgrados, de las licenciaturas, de centros de investigación que hacen gestión cultural -y que es la parte en la que creo que estamos ahora-, es el desarrollo de proyectos y de iniciativas de investigación que tratan de pensar la cuestión cultural desde la gestión cultural y para la gestión cultural. Esto es, no el sociólogo que analiza a los gestores, sino el gestor cultural que define métodos y formas de observación y análisis propios desde la gestión cultural, enfocado para la gestión cultural.

Esto creo que es un gran avance, que lo que estamos haciendo, en realidad, es la construcción de una mirada propia que se diferencia con otros campos disciplinares, pero también conlleva una reflexión de los límites e intersecciones que tiene con otras disciplinas, y poder construir lo que de un modo u otro estamos como explorando, sobre la construcción de una epistemología propia.

¿Qué es esto? Esto es, para hacer explícitos, los supuestos de observación y desde la realidad vistos desde la gestión cultural, lo cual implica tener claros cuáles son esos enriquecimientos conceptuales y metodológicos de otras disciplinas, pero también observar cuáles son los conceptos y métodos propios de la gestión cultural. Y creo que en eso andamos. No han desaparecido los otros. Siguen todavía, se siguen sumando. Creo que ahora estamos en ese contexto, en la construcción de una epistemología de diferentes enfoques de gestión cultural; de visibilizar ese tipo de observaciones, de intercambiar, de formalizar, de organizar y, sobre todo, de reconocernos a nosotros.

José Luis, muchas gracias. Ha sido una conversación súper importante que va a enriquecer los debates sobre gestión cultural aquí en Ecuador, y en la Universidad. Esperamos además tenerte pronto por acá, ojalá, con el paso de esta pandemia, finalmente nos volvamos a encontrar. Muchas gracias, José Luis.

Esperemos. Gracias a ti. 

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