Políticas ambientales para la conservación de la Amazonía



Publicado: 11-02-2020

Por: Ana Lucía Bravo

Transcripción: Mateo Guarderas

Edición: Mariana Lima Bandeira

 

Marina Silva, líder ambientalista latinoamericana, exministra de Medio Ambiente de Brasil, y candidata a la presidencia de Brasil en 2010 y 2014, visitó la Universidad Andina Simón Bolívar, para un conversatorio con investigadores y ambientalistas ecuatorianos. La profesora Ana Lucía Bravo, del Área de Ambiente y Sustentabilidad le entrevistó acerca de su visión sobre la deforestación en la Amazonía y las posibles salidas.

 

Cuéntenos y preséntenos quién es Marina Silva y su experiencia en la defensa de la naturaleza y del Amazonas.

Soy una persona que viene de la Foresta Amazónica, de un Estado de la Amazonía Ocidental, de Brasil: el estado del Acre. Soy hija de extractores del caucho y viví hasta los dieciséis años en la foresta, y a los 16 años migré a la ciudad para cuidar de mi salud. Entonces, empecé a estudiar cuando a los dieciséis años me alfabeticé.

Después, me formé en historia; soy especialista en psicopedagogía, en teoría psicoanalítica. Toda mi trayectoria tiene que ver con la lucha socioambiental desde muy joven, cuando a los diecisiete años conocí a Chico Mendes.

A partir de ahí, pasé a tener una militancia junto con él, en la defensa de los caucheros, principalmente. Y después, esto se fue ampliando y llegó un determinado momento en el que ingresé en la lucha partidaria (desde una representación política a partir de los partidos políticos) y fui electa concejala, diputada, senadora por dos mandatos, durante 16 años, y Ministra del Medio Ambiente, durante 5 años y medio.

Las políticas que usted, como ministra aplicó, lograron efectivamente, detener la deforestación en el Brasil. También logró establecer alianzas en Brasil.

Para mí es muy difícil hablar sobre esto, en este momento de Brasil. Cuando fui Ministra de Medio Ambiente, llegué al gobierno en una situación en la que también había una tendencia de alta deforestación.

Pensamos en combatirlo de forma estructurada. Entonces, pensamos en un plan y ese plan tenía tres directrices: combatir las prácticas ilegales, hacer un ordenamiento territorial y catastro, y apoyar las actividades productivas y sostenibles.

Hicimos un plan transversal, no solamente desde el Ministerio del Ambiente, porque comprendía que los demás sectores terminaban por tener una acción contraria a nuestro trabajo. Entonces, pensamos una política ambiental transversal y articulamos con trece ministerios: Ministerio de Justicia, Ministerio de Desenvolvimiento Agrario, Ministerio de Agricultura, de Desenvolvimiento Regional, de Relaciones Exteriores, Ministerio de Defensa, trece ministerios en total. Y yo coordinaba ejecutivamente todos ellos. Y comenzamos a hacer un plan que involucraba también a la sociedad, realizando seminarios técnico-científicos con la academia, con sectores productivos, con dirigentes públicos de diferentes sectores y movimientos sociales.

Comenzamos a implementar el plan y logramos, a partir de ahí durante diez años, reducir la deforestación en más de un 80%. Para ello fue necesario un esfuerzo muy grande. Llegamos a arrestar, a poner en la cárcel a más de 700 criminales ambientales. Aplicamos más de cuatro mil millones en multas ambientales; creamos 20 millones de hectáreas de unidades de conservación. Se negaba el crédito a los ilegales, e incluíamos en un “listado gris” a todos los municipios, todas las alcaldías que tenían un gran índice de deforestación ilegal. Con eso logramos políticas ambientales estructurales.

Sin embargo, en el 2008 hubo una presión muy grande en contra del gobierno para que derogara las medidas, y en aquel contexto, el presidente Lula estaba en una posición casi de ceder ante esas presiones. Entonces, mi equipo y yo resolvimos tomar una decisión política de poner nuestra renuncia de carácter irrevocable.

Hubo una gran movilización de la opinión pública nacional e internacional, y el presidente Lula se sintió respaldado para mantener las acciones.  Designó otro Ministro del Medio Ambiente, que era ambientalista también, que dio continuidad a las políticas. En el primer período de gobierno de la presidenta Dilma, también una ministra ambientalista y que dio continuidad. Pero a partir del 2012, la presidenta Dilma, muy debilitada políticamente, empezó a ceder a las muchas presiones. Y comenzó a incrementar la deforestación. Ahí vino el gobierno del Temer, que también incrementó (la deforestación). Y ahora, con el gobierno de Bolsonaro, está fuera de control.

¿Cuáles son las amenazas directas que enfrenta la Amazonía brasileña?

La Amazonía enfrenta amenazas de un modelo equivocado de desarrollo, del que ya tenemos resultados en los lugares donde fue plenamente implementada. En la Amazonía no fue todavía plenamente implementado. Tenemos un cambio en la conformación forestal de 18%; tenemos una deforestación del 18% en la Amazonía brasileña. Pero tenemos más de 80% de forestas.

Entonces, no podemos repetir un modelo equivocado en una región que podemos hacer diferente. Cuando pienso, el gran desafío para la Amazonía es cambiar el modelo de desarrollo; mudar para un modelo sustentable que sería capaz de generar prosperidad, justicia social, pero que sea también capaz de respetar la diversidad cultural; que sea capaz de fortalecer procedimientos democráticos en la gestión de estos recursos.

Para ello, tenemos que comprender que la Amazonía no puede tener la misma densidad demográfica, sino no continuará como Amazonía. No puede tener una misma forma de ocupación económica con grandes proyectos homogéneos, de soya o de caña. Ella necesita  una economía diversificada. La baja  densidad demográfica con la economía diversificada es lo que permitirá a la Amazonía seguir siendo la Amazonía, con la comprensión de que nuestro mayor activo es la foresta, porque la foresta genera beneficios para el equilibrio del planeta. Ella genera beneficios para nosotros brasileños; para nosotros peruanos, ecuatorianos, directamente. Porque las lluvias de Brasil son gracias a la foresta amazónica.  Entonces, solo somos una potencia agrícola, porque somos una potencia hídrica. Y sólo somos una potencia hídrica, porque somos una potencia forestal. Sin la foresta, no tenemos cómo tener una producción agrícola en Brasil.

¿Podríamos explicar sobre este rol importante que tiene la Amazonía para Brasil, para el mundo, en este contexto de cambio climático?

La Amazonía tiene una importancia de equilibrio del planeta, porque ella es un estabilizador. Preservada, ella ayuda a estabilizar; destruida, toda la materia orgánica que existe en la Amazonía es suficiente para un desequilibrio climático que acciona otros gatillos: el calentamiento de las aguas de los océanos que se puede conllevar una gran mortandad de las especies vivas con una gran capacidad de la emisión de gases con el efecto estufa, que a la vez aumenta el derretimiento de los grandes glaciales, que también tiene como consecuencia elevar el efecto estufa. Y con eso, llegamos a una desorganización sistémica del equilibrio de la Terra.

Entonces, la Amazonia tiene la capacidad de ser un vector de equilibrio pero también puede ser de desequilibrio. La Amazonía produce más de 17 mil millones de toneladas de agua que ella lanza a los océanos, que aseguran que no haya una saturación a punto de eliminar la vida marina. Asimismo, produce 20 mil millones de toneladas de agua en forma de vapor, que es responsable por nuestras lluvias. Mucha gente no tiene ni idea de lo que eso significa. Pero para transportar 20 mil millones de toneladas de agua, necesitaríamos de 50 mil grandes hidroeléctricas, de las más grandes que existen en el mundo. Y si fuera solamente una de las más grandes que existen, sería necesario que ella trabajara ininterrumpidamente por 150 años para hacer lo que la foresta y el sol hacen. Es un regulador del equilibrio del planeta; es un regulador del sistema hídrico. Es un regulador de la vida marina, en función de la gran cantidad de agua dulce que produce y maneja.  

Y cómo hacemos ahora, en este contexto, con estas amenazas, con el gobierno que tenemos, y con la responsabilidad también de los otros países de la cuenca amazónica, para proteger y cuidar esa Amazonía.

Necesitamos tener una acción integrada y liderar con el ejemplo. Y hay algunas cuestiones que sólo son posibles por medio de alianzas. No hay cómo proteger la biodiversidad brasileña y los saberes ancestrales y tradicionales, sin que tengamos una ley común.

Yo fui autora del primer proyecto de ley de acceso a los recursos de la biodiversidad, reconociendo la autonomía de los pueblos originarios por sus saberes y sus recursos naturales, y buscando una remuneración por el uso de estos saberes, en conformidad con la voluntad y la autonomía de los pueblos indígenas. Entonces, en ese caso, si usted no tiene una legislación conjunta para la región, no hay cómo proteger la biodiversidad y los conocimientos tradicionales.

Por otro lado, los grandes proyectos de infraestructura en la Amazonía, en cualesquiera de nuestros países, tiene que ser una infraestructura enfocada hacia el desarrollo sostenible. No puede más ser para una economía del siglo XXI. Tenemos que sustituir las grandes hidroeléctricas por otras fuentes de generación de energía. Y saber que las carreteras, que se construyen causan grandes impactos ambientales a lo largo de sus orillas (márgenes). No pueden ser construidas si no se asegura que a lo largo de sus orillas tengan unidades de conservación (preservación), para que se protejan las tierras indígenas y, en algunos puntos, se puedan tener actividades  de manejo forestal sustentable o, hasta para actividades agrícolas, siempre y cuando que no sea para pecuaria extensiva ni agricultura extensiva. Pero hacia un aumento de producción con actividades agrícolas que sean sostenibles.

Entonces, el desafío de proteger la Amazonía es grande, pero lo bueno es que ya existen buenas alternativas, que ya están listas. Siempre digo que nuestro problema no es un problema técnico; es un problema ético, es un problema político. Pero ya tenemos las respuestas  técnicas, lo que falta es un compromiso ético, de movilizar los recursos, las prioridades, los medios para que esas buenas ideas puedan ganar visibilidad y hacer la diferencia en el cambio del modelo de desarrollo.

Y en esta puesta en práctica de estas alternativas que ya están, ¿cuál sería el papel de la sociedad civil? Específicamente, en este caso, le pregunto ¿el papel de las universidades en el apoyo y en la búsqueda de este modelo sustentable para la Amazonía?

El papel de la sociedad civil y de las universidades es muy importante. No tenemos grandes cambios sin el fuerte control y participación social. Por eso, es fundamental, desde la propuesta de un modelo sostenible de desarrollo, entender que la democracia es parte del proceso. Las universidades aportan conocimiento, aportan tecnología, aportan innovación. Y cuanto más producen conocimiento, más nos dan la posibilidad de hacer un uso correcto y sabio de los recursos de la foresta.

Cuántos productos, cuántos materiales que podemos producir a partir de la ingeniería ya existente; los árboles, los insectos, los animales que son fuente de inspiración incluso para una nueva rama del conocimiento que llaman de biomimetismo.

Las universidades tienen un papel estratégico, inclusive incómodo, de hacer el encuentro de los saberes, como dice Edgar Morin: los saberes científicos del mundo académico, los postulados denotativos de lo que es cierto y errado y el saber narrativo de los pueblos tradicionales, de la cultura milenaria, y que también de una forma de ciencia, pero es una ciencia de la vivencia, la ciencia de la experiencia, por la propia vida. El laboratorio de los pueblos tradicionales es su propia vida, su propia labor y la foresta. Y ellos saben escuchar, ellos saben ver y percibir.

Y, principalmente, saben hacer la integración de estos conocimientos, de estos saberes, y es muy potente para la economía del siglo XXI, para la resiliencia que vamos necesitar en el siglo XXI, para las nuevas formas de relacionarnos unos con otros, con nosotros mismos y con la naturaleza.

Marina, muchas gracias por esta entrevista, por su conocimiento y por estar aquí compartiendo estas experiencias tan importantes para todos.

Muchas gracias, estoy muy feliz de estar aquí con ustedes.

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