Arroyo Picard analiza el impacto del TLC en México 20 años después



Por Fernando Andrade C.
Editor del Portal

Transcripción:
Silvia Coral

Alberto Arroyo Picard es docente e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, tiene una Maestría en Sociología de la Universidad Iberoamericana de México, y estudios doctorales en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de México. Es miembro del Consejo Ejecutivo de la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio.
 
Una de las líneas de investigación del profesor Arroyo Picard es el impacto de los Tratados de Libre Comercio (TLC), tema sobre el que ha realizado algunas publicaciones. Estuvo de visita en la Universidad Andina Simón Bolívar para dictar una conferencia sobre la “Inversión extranjera directa europea en América Latina y el Caribe”.
 
Una de sus publicaciones más difundidas es El resultado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en México, que fue publicado en 2013, en la que se realiza un análisis de los impactos de este acuerdo comercial en el país latinoamericano. ¿Cuánto ha cambiado el escenario desde entonces hasta acá?
¿Que tanto ha cambiado desde 2013 hasta acá? pues ha empeorado, pero en la misma dirección. Siempre se dijo que estos tratados dan frutos a mediano plazo. Nosotros consideramos que 20 años es suficiente tiempo para evaluar una política pública o un modelo económico estratégico y el hecho es que no solo ha sido malo para la mayoría de la población si no ha fracasado en sus objetivos. Podemos no estar de acuerdo con los objetivos que se plantearon, pero lo menos que puedes hacer para evaluar algo es que consiguieron lo que ellos pretendieron conseguir.
 
Lo que se planteaba era que México iba a volver a tener un crecimiento acelerado, con capacidad de generar empleo, con estabilidad de precios, sin devaluaciones, etc., lo más elemental de cualquier proyecto económico. El hecho es que la economía mexicana ha crecido 0,98% como tasa media anual durante 20 años, o sea prácticamente está estancada, menos del 1% del PIB por habitante, que es la tasa más baja de cualquier estrategia económica que México ha tenido después de la revolución mexicana y en toda la historia.
 
Si se compara con el resto de América Latina es el número 23 de 30 países -según información de la CEPAL-, es decir, de los que menos ha crecido, y no estamos hablando de un año bueno o un año malo, estamos hablando de la media durante 20 años. Entonces ni la más elemental tasa de crecimiento se ha logrado y, sin embargo, se empeñan en que van a hacer lo mismo.
 
La estrategia era crecer y para tener eso el motor del crecimiento era la exportación y la inversión extranjera. Es decir que creciera la demanda externa y eso jalara la economía y a su vez se empujara la inversión extranjera. Y es real, la inversión extranjera es siete veces mayor hoy que la media de los años anteriores al tratado, y la exportación se ha multiplicado por cinco. Es decir, es una realidad pero la estrategia es que ese sector empujara al conjunto de la economía y eso es lo que no se logró debido a las condiciones en las que se negociaron. Lo que sucedió es que hay un pequeño sector muy poderoso de gran empresa exportadora, que además allí llega la inversión extranjera o son extranjeras o tienen un componente de inversión extranjera. Pero eso es un enclave dentro de la economía del país porque se desconectó del conjunto de cadenas productivas nacionales, prácticamente todo lo importa. El 47% de las exportaciones mexicanas son maquiladoras, ¿sabes cuánto compran de insumos en el país? El mejor año: 3%. Ese es el grado de encadenamiento que tiene con el resto de la economía. Entonces crece sola y va la máquina pero desconectada de los carros del ferrocarril, no jala al conjunto de la economía.
 
¿Por qué se da eso? Unos dicen que la economía mexicana no era competitiva; pero eso no es real, yo no lo pude probar porque primero la empresa privada no está obligada a licitar y, segundo, porque toda la lógica de estos tratados, toda la lógica de la globalización actual, de los TLC –no es que uno se oponga a la globalización- está hecha para integrar las cadenas productivas intracorporativas, para que la empresa integre sus plantas en las distintas partes del mundo, entonces se compran a sí mismas. Hay un caso que yo seguí, es un estudio de campo, de un mediano empresario que producía piezas para los autos. De repente le dejan de comprar, él averigua por qué, finalmente le consulta a algún funcionario europeo -en este caso era con el tratado con Europa-: “Bueno es precio. Dime, negociemos. Es calidad, dime en qué están los defectos, cómo podemos mejorar. Dime qué pasa”. Le contesto: “No, las tuyas son mejores que las que actualmente compramos y es un precio similar”. Y el otro dice: “Bueno, ¿no que libre comercio’”. Y el funcionario le responde “Es que no hay mejor negocio que comprarme a mí mismo”. Eso es lo que pasó. La industria maquiladora, no es solo empleo, en realidad traes todo, lo ensamblas en México, le das muy poco valor agregado y lo vuelves a exportar con la serie de ventajas fiscales y una serie de cosas.
 
Lo que ha pasado es que en el resto de la industria -México sí era un país con un cierto grado de desarrollo industrial que se consiguió en 50 años de luchar por eso- se ha vuelto prácticamente maquiladora. Las exportaciones de manufacturas no maquiladoras estaban -en 1982 antes del modelo neoliberal- en alrededor del 90% de integración nacional. Exportábamos poco pero ese sector realmente empujaba al conjunto de la economía. Ahora no llega al 30% incluyendo la mano de obra. Lo que pasó es que la máquina va sola.
 
Y con los empleos pasó lo mismo, porque sí generas empleos en donde llegó la inversión extranjera, en esas empresas que están creciendo fuertemente; pero se genera desempleo en los proveedores, entonces el resultado final es poquísima generación de empleo y además muy malos empleos.
 
Esto nos lleva a hablar sobre algunas de las promesas que efectivamente promovieron los analistas pro TLC. Una de ellas, y es a la que usted ha dedicado algunos análisis, afirma que los TLC y los tratados bilaterales de inversión atraen la inversión extranjera directa (IED). ¿Eso es una realidad?
Es decir, sí atraen IED. El problema es, si bajo esas reglas, es benéfica para el país. Nadie se opone a que llegue IED, tampoco nos podemos dar el lujo en ninguna de nuestras economías de decir no la necesitamos; se necesita inversión extranjera, pero ¿bajo qué reglas, con qué regulación, cómo logras que esa inversión tenga ganancia? De lo contrario no va a venir. Nadie va a venir a perder dinero, pero que colabore en un modelo de desarrollo que promueves, que sea una pieza que colabore en el plan de desarrollo que el país se ha planteado.
 
Bajo estas reglas, la inversión llega en función de su interés y no colabora con el crecimiento del país y esto tiene que ver con las reglas pactadas. Hay trato nacional es decir no hay ninguna posibilidad de poner capitales pero sobre todo hay la prohibición expresa de poner lo que se llama requisitos de desempeño, es decir reglas de funcionamiento. ¿Quieres venir a invertir aquí? Bueno, ¿con qué aportas? ¿Vas a aportar tecnología, vas a capacitar personal, vas a desarrollar proveedores nacionales? ¿Cuáles son las reglas del juego? No hay posibilidad de ponerlas, eso está prohibido por el tratado. Bajo esas condiciones, la IED es benéfica para el inversionista pero no para el conjunto del país.
 
La otra promesa fue que íbamos a ser más competitivos. México era el país que más inversión extranjera atraía. México era una economía más grande que la brasilera, tenía un volumen del PIB o el volumen del PIB por habitante más grande que Brasil, era el país más industrializado de América Latina, era el primer receptor de inversión extranjera. Aún así le ganó Brasil y no tiene ningún tratado bilateral de inversión, tiene acuerdos en la región -que tiene algunos elementos neoliberales pero no son del todo bajo esta lógica-. Entonces dónde está la mejor competitividad en México.
 
Uno de los paradigmas que han vendido los TLC es que la inversión va donde hay seguridad jurídica y de lo que usted indica, el TLC implica un cambio de marco jurídico que favorece la IED, pero esto suena contradictorio con lo que pasa al otro lado del planeta…
Efectivamente uno de los factores que atrae la inversión extranjera es la seguridad jurídica, eso es indudable; pero no basta la seguridad jurídica. Los tratados no son solamente garantías jurídicas, cualquier país democrático, civilizado debe dar garantía jurídica. El inversionista no va a invertir si no tiene cierta estabilidad en las reglas del juego, no va a venir a apostar a ver qué pasa. Una cosa son garantías jurídicas y otra cosa es súper derechos que ellos adquieren. Brasil les da garantías jurídicas pero no se comprometió a todo lo que se compromete con un TLC, es decir no están los mecanismos de solución de controversias tan leoninos, puede poner requisitos de desempeño, no limita la capacidad del Estado de regular.
 
Lo que sucede en realidad (y esa es una de las cosas que planteo en un nuevo libro sobre la IED que es sobre el conjunto de América Latina) es que hay tres grandes cosas que llevan a los inversionistas a decidir lo que invierten –también depende del sectores de la economía en fin son generalizaciones-. Una son los recursos naturales. La segunda es el tamaño del mercado y esas generalmente son inversiones en el sector industrial que vienen en busca del mercado nacional o regional y también por eso les interesa los TLC, por producir en un país y meter en la región y que la mercancía tenga libre circulación. Y, la tercera, son condiciones que le den competitividad mundial y ahí incluye tecnología, es decir la asociación con capital nacional o la presencia en ciertos países y aprovechar el entorno de un país que les garantice ciertas condiciones para la competencia como empresa global. Esas son las tres grandes razones por las que vienen, si no se da eso, así les des todas las garantías jurídicas, no es negocio, no van a venir. Y lo que ha pasado con México, con esta lógica del TLC, es que ha perdido esa esa competitividad y las inversiones están yendo a otro lado.
 
Pensando al revés, aquí en Ecuador se renegociaron los contratos petroleros, en Venezuela se renegociaron los contratos petroleros, es decir se cambiaron las reglas del juego. ¿Se fueron? Patalearon, gritaron porque a nadie le dan pan para que llore, si les estabas dando el 80% de la renta petrolera pues estaban felices; pero si les das el 40% es negocio y se quedaron, ninguno se fue.
 
Lo que creo que en México falló es que lo dejas todo a las fuerzas del mercado, ya no hay planeación, y finalmente la fuerza del mercado es la ley del más fuerte, así es la competencia y ésta sin reglas es la ley de la selva. Entonces, ellos funcionan según sus ganancias como empresa. No les importa el entorno del país mientras ellos ganen.
 
Se dan cosas muy paradójicas cuando estudias la dinámica de la inversión europea, que además es de interés aquí en Ecuador. México también era el principal receptor de IED europea. En los años 90 fue el boom de la inversión europea hacia América Latina porque vino y aprovecho las privatizaciones, la desregulación, se metió al sector estratégico, etc. Curiosamente el primer TLC de Europa fue con México. En 1998, México perdió ser el primer receptor de IED y uno piensa que si firma el tratado se va a recuperar. Pues no, cada vez está más atrás de Brasil. Entonces por qué es eso cuando le diste garantía, era el único que tenía firmado el TLC, se suponía que eso le daba una ventaja frente a todos los demás. Es decir no es la condición, nadie niega que sea un factor. Lo fundamental para el inversionista es que sea negocio y para el país es que, siendo negocio para el inversionista, sea un puntal que ayude al modelo de desarrollo y eso implica que el Estado tenga capacidad de cierta regulación. 
 
Esto nos plantea un escenario teórico en el que ya reflexionaban pensadores como Robert Cox, Robert Gilpin y Susan Strange que es la disputa entre el mercado y el Estado. ¿Estamos en ese momento en que esta disputa se ha vuelto más dura?
Estamos en el momento en que el capitalismo no funciona sin Estado. Hay mucho discurso en que hay que dejarlo todo al mercado, pero cada vez que hay crisis, “papá Estado”, pasó con la crisis de Estados Unidos. A confesión de parte te relevan de pruebas. Cuando Alan Greespan va al Congreso de Estados Unidos y le preguntan qué pasó, ¿no que el mercado se autorregulaba? “Perdón, me equivoqué, el mercado no se autoreguló”. Así de simple, él mismo lo reconoce, hay una avalancha de intentos de volver a regular, las discusiones en Europa, las nuevas reglas para los bancos, etc. Y, sin embargo, se ha avanzado poco, porque el Estado ha perdido el poder para hacerlo, ha llegado a ser tan débil que no tiene capacidad; en cambio los grandes capitalistas tienen cada vez mayor capacidad.
 
La unidad económica necesita de esa regulación, pero estos grandes capitales, sobre todo el capital financiero, vive de que no haya regulación y ellos son los que tienen el poder, entonces a la empresa en particular o al grupo en particular le conviene una economía desregulada, pero no al país o a la región. El capital financiero lo que menos quiere es regulación y es que la falta de regulación los lleva a tales grados de especulación que un día explota y se llevó al traste al conjunto de la economía mundial, Europa todavía no logra salir. Entonces está bien que el capital busque ganar, pero el Estado tiene que pensar en el equilibro económico, tiene que pensar en la economía como conjunto.
 
Si volvemos a las antiguas teorías de los abuelos, que vuelven a tener importancia, el papel del Estado en una economía capitalista es garantizar la reproducción del sistema, que gana la clase dominante sí porque es el sistema el que gana, pero su papel es garantizar la estabilidad y la reproducción a largo plazo y eso implica dos cosas: disminuir las contradicciones sociales para que no explote y eso implica políticas sociales, y por otra parte, garantizar que la competencia -porque la clase dominante vive de la competencia entre sí- no lleve a tal grado que ponga en riesgo la reproducción del Estado, eso en cierta armonización de la competencia intercapitalista.
 
Si adicionas a eso el componente ambiental, el capitalismo está llegando a los límites. Por un lado el predominio de la especulación que pone en riesgo la posibilidad de reproducción del conjunto, porque además la especulación lo único que hace es concentrar la riqueza, no está generando riqueza; pero por otra parte, la otra área donde se refugia es el extractivismo y eso está poniendo en riesgo la sobrevivencia de la vida, a mediano plazo eso es real, no es alarmismo, el cambio climático es real y ahí qué se puede hacer, cuál es la esencia del capital, maximizar sus ganancias. El libre comercio es muy benéfico para una pequeña porción ni siquiera para el conjunto del capital.

Bajo el argumento de generación de la riqueza y de reducción de las asimetrías globales se produjo esta ola de TLC y TBI que tienen que ver mucho con la crisis del multilateralismo. ¿Cómo entender este cambiante escenario global?
La economía ha llegado a un grado que sí necesitaba algún grado de gobernanza global y esa gobernanza global no necesariamente es un estado global, pero sí ciertas reglas del juego global porque el capital ya no es nacional.
 
Ahora, en lugar de generar ciertas reglas del juego que garantizaban la reproducción global del sistema lo que se hizo es desregular y eso es lo que está generando problemas. Ahora hay un regreso en América del Sur porque –en México siguen pensando como si no pasara nada- a principios de este siglo hubo un esfuerzo de buscar un camino propio y jamás se planteó aislarse del mundo. Es decir, si la economía es global cómo nos integramos a esa dinámica global de una forma benéfica para el país y empezar un proceso de recuperar el papel del Estado. En algunos mejor que en otros; pero lo que había en común de los llamados gobiernos progresistas era buscar un camino propio para integrarse en la economía global. El hecho es que con todos los límites que eso ha tenido (uno de los países es Brasil y que también está enfrentando presiones sociales), con todo están mejor que los países que no han hecho nada que son los de la Alianza del Pacífico (México, Centroamérica, Perú y Colombia), sobre todo a México que ha sido al que peor le ha ido porque ha sido de los más fanáticos en seguir el modelo.
 
Entonces, la globalización trajo ciertas ventajas, pero el problema es una globalización dejada a la ley del más fuerte, una globalización que no tiene un mínimo de regularización y la crisis de 2008 fue la llamada de alerta más grande que algunos sectores de la clase dominante sí entendieron y que no han podido. El G-20 se autonombra que va a resolver la crisis y empieza un cierto proceso más o menos crítico, entienden que esto hay que modificar, así como va el sistema esto va a provocar crisis recurrentes y cíclicas típicas del capitalismo. Pero qué sucede, la construcción del G20 y dentro de este grupo está el llamado Business 20, porque ya todos estos mecanismos de gobernanza global de la economía son público-privados y en el Business 20 las empresas que están ahí el 80 o el 90% son del sector financiero, que son los que no quieren regulación y el poder está ahí. En un momento que hay un cambio de correlación de fuerzas, los que tiene el poder lograron mantener el modelo neoliberal y los Estados que están viendo el conjunto y la reproducción del sistema no tienen el poder para poner en orden el mismo modelo de desarrollo económico porque el poder está concentrado en el poder financiero.
 
Hay un fortalecimiento muy grande del Estado en términos de correlación de fuerzas de poder y en la mayoría de los casos se ha logrado con una fuerte base social. Ahora, eso está empezando a tener sus límites, todos los países llamados progresistas -es mi impresión- están en un círculo: después de una curva en ascenso, de reformas importantes, de crecimiento importante de su economía, de mejoras sustanciales en la forma como vivía la gente, aquí en Ecuador no pueden negar que la gente vive mejor que antes, pero están llegando a sus límites. Entonces después de un ascenso se ve una meseta, no se ve mucho avance en casi ninguno de los países; ahí es donde está otra vez el problema, es decir necesitamos no reproducir el sistema anterior, necesitamos una economía que tenga un mínimo de regulación adaptada a las condiciones actuales que garantice la estabilidad y la reproducción del sistema y además una cierta distribución de la riqueza, porque otro de los límites es que el neoliberalismo es una fábrica eficientísima de pobres. ¿A quién le van a vender?
 
Aquel keynesianismo que estudiamos -no es que sea la maravilla- buscaba la posibilidad de que la economía puede crecer; si no crece la economía, no crece el consumo. Cuando se concentra de tal manera la riqueza a quién le vendes. No puedes seguir concentrando de tal manera la riqueza porque no puedes vender y, por otra parte, si se dedica entonces a la especulación tarde o temprano va a explotar porque son países inflados. Si te refugias en el extractivismo esto tiene un impacto ambiental, no puedes llevar las cosas a ese extremo.



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Pablo Andrade, profesor del Área de Estudios Sociales y Globales, e investigador del Pribel analiza el papel del Estado en Latinoaméricia, y un análisis de la actuación de los Estados con respecto a la emergencia sanitaria mundial....