Entrevista | Ricardo Schembri: “La única manera en que la universidad y su comunidad se mantengan vigentes es a través del aporte del pensamiento crítico y analítico”
19 de septiembre, 2025
El académico colombiano Ricardo Schembri Carrasquilla preside, desde 2021, el Consejo Superior de la Universidad Andina Simón Bolívar, máxima instancia de gobierno universitario que fue reconstituida tras seis años de ausencia de la misma.
Esta semana, Schembri visitó la sede nacional en Ecuador para encabezar la sesión en la que las autoridades de la Universidad recibieron a una delegación del Parlamento Europeo, conformada por parlamentarios de la Delegación para las Relaciones con los Países de la Comunidad Andina y un equipo de asesores parlamentarios.
En este marco, conversamos con él sobre su visión respecto a los retos actuales de la academia y de la educación superior, en un mundo atravesado por transformaciones sociales, políticas y tecnológicas que demandan respuestas innovadoras desde la universidad.
¿Cuáles considera que son los principales desafíos que enfrentan hoy la academia y la educación superior, en un contexto caracterizado por la inmediatez, la transformación digital y el impacto de la inteligencia artificial?
La universidad actual está ante un gran reto dada la revolución digital, que ya forma parte de nuestra vida cotidiana y ha llegado a prácticamente todos los hogares. Hoy, cada persona lleva en su mano un dispositivo móvil, y las nuevas generaciones lo utilizan aún con mayor intensidad.
Las universidades no pueden estar ajenas a esta revolución digital. La revolución digital, aparte de la interconectividad permanente y el acceso a una información casi que ilimitada, implica el cambio de muchos roles.
Antes, los profesores eran los grandes portadores de la información; eran quienes llevaban la información a los alumnos. Hoy en día, los estudiantes no necesitan un rol de profesor como portador de información, porque la tienen en segundos a la mano, y es enorme. Alguna de calidad, otra de mala calidad. Pero la tienen.
El profesor que se dedica simplemente a llevar a sus alumnos la información relativa y especial o más connotada de una materia, corre el riesgo de que se vea desbordado por estudiantes que tienen más información que él.
Más allá del conocimiento -por supuesto profundo que sí tiene de las materias, a diferencia de esa gran vaguedad de la información enorme en internet- el profesor debe mostrar a sus estudiantes que el conocimiento no se limita a un pincelazo de información, sino que requiere una profundización. Los alumnos tienen que entender que el tener acceso a una información no les hace ni mucho menos expertos en una materia. Por tanto, el primer criterio es concientizar de la necesidad de la profundización en el conocimiento.
Por otra parte, hay que enseñar a los estudiantes a establecer los criterios de búsqueda de información, precisamente para acudir a las fuentes confiables. Un profesor que maneja a fondo una materia ya sabe cuáles son las fuentes confiables de ese entorno académico. Y es allá hacia dónde debe dirigir a sus alumnos.
Ese profesor, además, tiene que ser un entrenador de los profesionales del futuro, con las visiones necesarias que deben tener en su entorno social, en el entorno de su país; con los problemas del mundo, con las transversalidades necesarias como el género, los derechos humanos, los problemas ambientales.
También, atravesar ese cúmulo de conocimientos con temas transversales de primer orden que no deben ser abandonados por los estudiantes. Y es el profesor precisamente el que debe estimular el tener en cuenta esos contenidos.
Considerando que hoy la inteligencia artificial puede elaborar trabajos académicos, ¿cómo puede el profesor agudizar su capacidad de lectura crítica para identificar el verdadero proceso de aprendizaje de sus estudiantes y, al mismo tiempo, brindarles herramientas para que usen adecuadamente estas tecnologías?
Sí, el tema es otra faceta de lo que estaba hablando. Por ejemplo, ¿cómo incide la revolución digital en la evaluación de los estudiantes? Hoy en día, cualquier persona se sienta, usa el internet y le pide a la inteligencia artificial que le redacte un trabajo, un ensayo en cualquier materia, y se lo hace muy bien hecho. Es cuestión de bajarlo y remitirlo al respectivo profesor.
Sin embargo, en primer lugar, la revolución digital también tiene muchas herramientas tecnológicas para identificar plagios, para identificar trabajos con inteligencia artificial. Entonces, la universidad debe dotar a los profesores precisamente de esas herramientas tecnológicas de detección de fraude.
Por otra parte, en atención a esa mega información con que se cuenta y esas facilidades, también hay que pensar en nuevas formas de evaluación. Por supuesto, los exámenes se mantienen vigentes, pero los exámenes desconectados.
Las formas de evaluación tienen que utilizar herramientas tecnológicas, pero al mismo tiempo preservar ciertos elementos clásicos como los exámenes en estado de desconexión de los estudiantes. Y, al mismo tiempo, otros elementos como las mesas redondas. Es decir, el diálogo entre profesores y alumnos, en el cual el profesor puede captar el criterio que van formando los estudiantes. Porque también es muy importante el criterio profesional que va creando un estudiante, ya que la información, a las velocidades de hoy en día, puede cambiar en poquísimo tiempo.
Para los profesionales del futuro, probablemente todo lo que estudiaron o la mayor parte de lo que estudiaron durante su carrera, se quede atrás. Es decir, ellos les dan las bases. Pero en todas las profesiones -las que queden, porque muchas desaparecerán- estarán obligados permanentemente a utilizar lo que les enseñaron: a buscar las fuentes adecuadas de información, a tener el criterio, a tener en cuenta las transversalidades para que su labor los haga profesionales que están al mismo tiempo actuando en consonancia con la democracia, con las políticas de género, con la igualdad, con la preservación del medioambiente, y el afrontar las crisis ambientales.
Ese es el profesional que se quiere. No el profesional lleno de información, porque el profesional lleno de información se pierde. En muy poco tiempo, esa información ya no es válida.
En esta realidad, donde se ha priorizado también la practicidad de muchas cosas, ¿cuál es el futuro de las Humanidades y del estudio de posgrado?
Las Humanidades deben seguir. Las ciencias humanas no van a desaparecer. Hay ya muchos escritos o entrevistas de futurología diciendo que va a desaparecer una gran cantidad de carreras. No se trata tampoco de desdecir o de afirmar lo que se está señalando. Eso requiere de estudios un poco más profundos que una simple afirmación.
Pero, claramente, y no solo en el campo de las ciencias humanas, sino en general en todo el universo académico, en las universidades hay que estar verificando, proyectando a futuro qué áreas académicas o qué profesiones van a tener crisis con la inteligencia artificial, por ejemplo. Y tratar de reorientar esos programas.
Otro aspecto a tener en cuenta para la adecuación y la inmersión en la nueva era digital es visualizar qué áreas académicas, o qué profesiones van a entrar en crisis, para no seguir impartiendo esos programas académicos.
En este replanteamiento que involucra el debate entre distintas carreras, profesiones y posgrados, ¿cómo se proyecta la relación de la universidad con la sociedad? ¿Se requiere un enfoque más orientado a la educación funcional y práctica, o se debe mantener una formación centrada más en el pensamiento crítico?
En primer lugar, por supuesto, todas las proyecciones y todas las adecuaciones a la era digital, deben partir de equipos de trabajo, del debate de la comunidad universitaria, de la reflexión colectiva. Y sin ello, es muy difícil lograr avanzar. Como he dicho, si simplemente los estudios se limitan a manejar información, si ese fuese sólo el objetivo de los estudios, casi que podríamos pensar en que los profesores y las universidades perderían su razón de ser.
Porque la persona directamente puede entrar a las áreas académicas o del conocimiento que le interesan, y llenarse de información. Las grandes empresas digitales, de hecho, están manejando temas académicos, y se ha planteado que podrían directamente asumir las funciones de educación. No es algo que estamos aquí especulando; ya se ha dicho.
Por supuesto, las universidades reaccionan y dicen que eso no puede ser. Pero la única manera en que la universidad y su comunidad universitaria -sus profesores, sus académicos, sus investigadores- se mantengan vigentes, es precisamente a través del aporte de cuál es la visión para entender correctamente la información y el cúmulo de conocimiento; cuál es el pensamiento crítico; cuál es el pensamiento analítico; cuál es la visión que se debe tener sobre esa información.
A la vez, ¿cómo las personas deben ser formadas con unos criterios en los que no se maneja solamente la información, sino toda una serie de temas transversales que implican también formarlos como ciudadanos responsables, ciudadanos preocupados por los temas de la igualdad, democracia, tolerancia social; por los temas ambientales, de igualdad y de género.
Finalmente, ¿Cómo mira usted a la Universidad Andina, frente a los retos que se plantean en la sociedad actual?
La Universidad Andina Simón Bolívar es el órgano académico de la Comunidad Andina. Somos un organismo internacional perteneciente al Sistema Andino de Integración, junto con otros organismos como el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores; el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, antigua CAF; la Secretaría General de la Comunidad Andina; el Tribunal, etc.
Somos uno más de los organismos del Sistema Andino de Integración como organismo internacional. Entonces, hay que tener en cuenta esa dimensión, primero.
En este momento, tenemos dos sedes: la sede central que queda en Sucre, Bolivia, que tiene también sedes en otras ciudades. Y la sede nacional Ecuador. Lo primero en cuanto a esto es que se evidencia que es necesario hacer presencia en los otros países de la Comunidad Andina: Colombia y Perú.
Así que estamos involucrados en una serie de contactos a nivel de gobiernos nacionales para abrir las sedes nacionales de Colombia y Perú. Ese es un primer paso para tener una cobertura geográfica plena dentro de los cuatro países andinos, siendo la universidad de la Comunidad Andina.
En las sedes nacionales ya existentes, lo importante es preservar la calidad que se ha logrado. La sede nacional en Ecuador es una sede prestigiosísima, acreditada nacional e internacionalmente, con una comunidad universitaria muy activa, con unas instalaciones académicamente maravillosas. Pero además de eso, con una presencia admirable de arte y cultura; prácticamente es un museo, al mismo tiempo que es una universidad. Lo cual enaltece lo que nuestro estatuto dice en cuanto a que la Universidad buscará la extensión de la cultura andina. Entonces, lo están cumpliendo con creces.
Eso no quiere decir que no haya que hacer al mismo tiempo los ajustes necesarios para que la Universidad vaya acompasando su evolución institucional con los retos actuales: la empleabilidad de los egresados; los desafíos ante la revolución digital, el manejo de la información, y ante la oferta de programas acordes con las necesidades nacionales.
De manera tal que, saliendo de la burbuja académica, busquemos, por ejemplo, con el gobierno, con los empresarios, con los empleadores, qué es lo que necesitan. Y no dentro de la burbuja académica, inventando programas que de pronto están completamente desconectados de la realidad y de las necesidades que tienen los empleadores públicos, privados e internacionales.
Por ello, hay que mantener esa vigilancia permanente de llevar a la Universidad por el buen camino. De asumir los retos, no en saltos únicos, sino paulatinos, tranquilos, pero sí tenerlos presentes permanentemente.
CBG/STR
