ENTREVISTA | Estudiante de la Maestría en Literatura publica novela con Seix Barral y alista su segunda obra narrativa - Universidad Andina Simón Bolívar
Conoce el campus universitario

Noticias Universidad Andina

ENTREVISTA | Estudiante de la Maestría en Literatura publica novela con Seix Barral y alista su segunda obra narrativa

30 de junio, 2022

Con 29 años, Rommel Manosalvas ha publicado ya su primera novela, se encuentra escribiendo una segunda y, de forma paralela, su tesis, como culminación de la Maestría en Literatura, que cursó en el Área de Letras y Estudios Culturales de la Universidad Andina Simón Bolívar.

Heredó su profesión como arquitecto, de su padre, quien también es arquitecto. Su madre es chef, y tiene un tío político profesor de literatura, con quien ha compartido sobre textos y literatura. Su gusto por la escritura ha sido desde joven una inquietud propia, que le ha conducido a volcar su emocionalidad, sus preocupaciones y vivencias en la palabra.

En agosto de 2020 fue ganador del Mundial de escritura, con su cuento Abuelita. El jurado del certamen de ese año estuvo compuesto por Javier Cercas, Mariana Enríquez y Jonathan Lethem, además del voto del público. En esa edición hubo 5.400 participantes.

A propósito de la reciente aparición de su novela Anatomía transparente, publicado por Seix Barral, presentamos una entrevista con su autor.

¿Cómo ha sido tu proceso en la escritura? ¿Has tenido antes otro tipo de escritos?

Esta es la primera novela. Antes publiqué cuento y ensayo. De hecho, en el 2020, gané un concurso internacional con un cuento mío que se llama Abuelita, que fue mediático en el país. Fue el Mundial de escritura. Este cuento se tradujo al inglés, se publicó en la revista de la Universidad de Yale, en Estados Unidos.

Pero nunca había publicado algo de largo aliento. Siempre habían sido textos súper cortos, cuentos cortos. Y un ensayo que escribí sobre arquitectura moderna, relacionándola con literatura. Este es el primer texto largo que se publica.

¿Cómo surgió tu inquietud por la escritura?

Yo leía desde muy joven, y empecé a escribir a los 13 años, porque yo quería estudiar actuación y la única idea que se me ocurrió en ese momento, fue ponerme a escribir un guion.

Y luego ya fui enganchándome mucho en este proceso de escribir y de contar una historia, siempre desde lo empírico. Nunca tuve una formación académica literaria, a parte de las clases del colegio, y bueno ahora sin contar con la maestría. Antes de la maestría, nunca había tenido una formación literaria; siempre había sido un acercamiento más guiado por el instinto, quizá. No sabría cómo decirlo, pero nada muy metódico ni cerebral. Siempre a partir de temas que me interesaban leer o historias que me llamaban la atención.

¿Tienes escritores o textos literarios que sean importantes para ti, que hayan sido influencia importante para ti?

El año del pensamiento mágico de Didion es un texto muy importante para mí, también algunos libros de Roberto Bolaño, Hiere, negra espina de Claude Louis Combet, y muchos de los libros escritos por mujeres ecuatorianas de los últimos años, especialmente Sanguínea de Gabriela Ponce y Nefando de Mónica Ojeda.

¿Y qué te resuena de estas obras?

Las temáticas tabúes y el tratamiento que se da de ellas a través del lenguaje, como en el libro de Combet, que narra la historia de incesto entre Georg Trackl y su hermana. El duelo profundo y el espacio de sanación y entendimiento que ofrece la escritura. La potencia del cuerpo, las estructuras de que se sirven los escritores para armar sus libros, entre otras cosas.

Entonces, de eso también te nutres para escribir.

Sí, claro. De lo que leo, de lo que veo, de las cosas que me pasan. Pero estos libros tienen una influencia un poco más directa en la escritura de Anatomía.

¿Cómo surgió el interés para estudiar la Maestría de Literatura en la Universidad Andina?

Yo estaba buscando desde hace tiempo maestrías. Aquí en el Ecuador, no había encontrado ninguna parecida, a parte de la que ofrecen en la Universidad de las Artes en Guayaquil. Pero justo cayó la pandemia y hubo este descuento en los costos. Pensé que era una buena oportunidad de tener un acercamiento finalmente a la literatura desde la academia, que era algo que no había hecho nunca antes.

Coincidió con el Mundial de escritura. Pedí una beca, que a la final se me asignó, y fue sorpresa que pude entrar a estudiar la maestría. Siempre, viéndolo desde un punto de vista interdisciplinario, ya que me interesa mucho conjugar la escritura con mi otra profesión; soy arquitecto.

El enfoque que tiene la maestría, de abrirse a diversos campos y a diversas ramas del conocimiento y a conjugar eso con la escritura, me pareció súper chévere, y que iba justo de acuerdo con lo que yo venía pensando hacer: mezclar ambas profesiones.

En tu novela utilizas el género epistolar. El personaje está muerto y es la mamá la que busca la historia. ¿Cómo concebiste la historia?

Cuando yo empecé a escribir, no pensé en escribir novela. Yo comencé la escritura desde estos textos que conforman el libro, a finales de 2019. Y eran textos privados, eran textos que estaba haciendo, porque estaba pasando por un momento súper complicado, y necesitaba entender un poco más lo que estaba pasando en mi vida.

Con el tiempo, estos mismos textos y otros que fui escribiendo fueron pidiendo ya un formato un poco más amplio, que me permitiera una libertad diferente. La novela empezó a estructurarse a partir de estos textos que parecían cartas, entradas de diarios. Se me ocurrió continuar con esa misma estructura, y que la novela estuviera conformada por diferentes notas, diferentes cartas, que son las que, al principio del libro, la mamá del protagonista encuentra, después del suicidio del protagonista.

Es una cuestión más orgánica. No fue algo pensado a priori de querer escribir un libro en ese registro, sino que la construcción del libro sería más bien a partir de lo que ya había escrito en un principio.

¿La escritura del libro surge durante o antes de la maestría?

Antes de la maestría. El libro empecé a escribirlo a finales de 2019, y terminé el primer borrador en la pandemia, unos meses antes de empezar a estudiar la maestría. Algunas cosas que vi en la maestría me sirvieron, sobre todo, en cuanto a buscar referentes que se parecieran a lo que yo estaba escribiendo. También a pensar el lenguaje desde otros puntos, desde otras perspectivas.

¿Qué herramientas te ha dado la maestría para la escritura?

Una de las clases que más me sirvió fue la Teoría de la narrativa, que dicta Leonardo Valencia. Me permitió entender más a qué respondía la estructura de mi libro, y también Práctica de la escritura, que es otra materia que dictó Gina Saraceni, para entender cuáles son los temas que me atravesaba en este momento, que todavía me atraviesan, porque ahora estoy trabajando en la segunda novela, que ya es producto directamente de la maestría, y aun así comparte ciertas características vinculadas en cuanto a los temas que trata.

Estas clases y lo que aprendí en la maestría me ayudaron a identificar lo que hice en el primer libro, y a trabajarlo de una forma un poco más consiente en el libro que estoy escribiendo ahorita. Este segundo libro es una novela germinada directamente de la maestría.

En esta segunda novela, ¿el tema también parte de inquietudes personales?

Parte de inquietudes personales. Algunas obsesiones se comparten con la novela anterior. Son temas y cuestiones que me atraviesan y, por ende, atraviesan la escritura de ambos libros.

El tema de la primera novela es una cartografía de la enfermedad mental hasta su manifestación en el cuerpo físico. Es decir, la enfermedad mental extendiéndose hasta afectar la parte física. Esa es la temática principal. Pero, poniéndole en términos un poco más es simple, yo creería que se acerca mucho a libros de temática LGBT. En el segundo libro, es el cuerpo y la casa.

Hace poco, la maestría en Literatura invitó al escritor Adolfo Macías, quien dictó un seminario práctico de escritura terapéutica, al que llamó “Palabras que sanan”. ¿Podrían tus novelas tratarse también de un ejercicio terapéutico desde la escritura?

Yo diría que sí. La escritura es una herramienta que se utiliza muchas veces en terapia, como una manera de curar, de sanar; es un ejercicio catártico.

Y la escritura de mi primer libro fue en gran parte así. El germen mismo del libro fue una búsqueda de poder sanar y entender los procesos que estaba viviendo en ese momento. Yo suscribo completamente esa idea de que la escritura sí puede ser una forma de sanar y de entender las cosas que uno vive.

¿Además de tu segunda novela, en qué proyectos te encuentras actualmente?

Estoy escribiendo mi tesis, que tiene mucho que ver con el cuerpo, y el cuerpo en relación con el espacio, específicamente con la casa. Y a partir de eso, también la relación con el paisaje. Me interesa mucho describir el espacio de acuerdo con los procesos biológicos que sigue el cuerpo, sobre todo cuando está atravesado por la enfermedad.

STR

Descubre más

Literatura