Derechos de la naturaleza y pueblos indígenas


Por: María Fernanda Soliz
Área de Salud
Transcripción: Sofía Tinajero Romero

Ati Quigua es una lideresa, pacifista y ecologista colombiana. Creció en Sierra Nevada, en Santa Marta. Es militante por el derecho al territorio, a la naturaleza y la soberanía de los pueblos. Ganadora del premio internacional Daniele Po 2016, que tiene tradición de reconocimiento a las mujeres y asociaciones que trabajan por el ambiente y los derechos humanos.

Venimos de países vecinos, hermanos, que tienen una tradición compartida en el que los pueblos indígenas y el movimiento ecologista han sido determinantes en la consolidación de estas conquistas históricas de los derechos a la resistencia, al territorio, al agua. Y en este caso, a propósito del simposio, en los derechos de la naturaleza.

Queríamos que nos cuentes cómo tú miras los derechos de la naturaleza, más allá de un dispositivo jurídico, como  un dispositivo ideológico y político, que permite una ruptura en estas luchas por el territorio y por la defensa de los derechos pueblos y nacionalidades

Un saludo también a la Universidad Andina. Me parece muy interesante el doctorado en Sociedad, ambiente y salud. El tema de la salud pública. Por abrir las puertas a este simposio internacional de los derechos de la naturaleza. Esta tarde tuvimos un panel, donde tuve la oportunidad de traer la visión de la Sierra Nevada de Santa Marta. Pertenezco al pueblo Iku y Sé es origen. En el camino antiguo, tenemos nuestra constitución de origen. Hay que entender que cuando nosotros hablamos de constitución, es lo que nos constituye como seres humanos.

Estamos hablando desde otro paradigma. Se refiere a ese universo de las ideas, a ese universo de las emociones, de lo que entendemos como espiritualidad y también del plano físico. La Sierra Nevada de Santa Marta acaba de dar un paso importante en la defensa de su territorio. Y es el reconocimiento por parte del Estado colombiano de la línea negra. Realmente, el nombre ancestral significa otro concepto de tiempo y espacio, y el reconocimiento a nuestros sitios sagrados, que se han hecho toda una caracterización. Es un trabajo de muchos años de nuestros pueblos. Y nos emociona mucho el aporte que han hecho los pueblos indígenas de Ecuador y también el aporte que se ha hecho desde la academia y de parte de líderes de diferentes partes de la Tierra, para que la Constitución ecuatoriana incluya esta perspectiva  de los derechos de los pueblos indígenas.

Pero escuchando algunos líderes que participaron también en el panel de Ecuador, es claro que en su Constitución, en sus leyes también están estos derechos. Entonces, el derecho natural al sustento que tienen todos los seres y especies de la Tierra hace parte de la tradición jurídica de las naciones indígenas en diferentes territorios. El argumento de lo sagrado es un argumento no solamente cultural; es un argumento jurídico y político, y desde la Sierra Nevada estamos invitando a activar la cartografía sagrada de la tierra. La defensa de todos nuestros lugares sagrados. Estamos reconstruyendo esta ruta de trabajo que va a acompañado con nuestros cantos, nuestras danzas, nuestras ceremonias. Pero también nuestro ejercicio político y todo este trabajo de las políticas públicas. De pensarnos la ciudad, por ejemplo. Santa Marta hoy avanza en un programa La ciudad del buen vivir. El avance de los derechos de la naturaleza es una perspectiva transformativa de largo aliento intercultural que se viene nutriendo también de diversas posibilidades y experiencias que se están dando en diferentes lugares.

Tú vienes, como planteabas, de Sierra Nevada. En Sierra Nevada, como en muchos espacios territoriales de Colombia, los procesos de desplazamiento forzado, de violencia política han permeado la vida de cientos de familias, de miles de familias que han sido, pues justamente, despojadas. ¿Cómo miras que el derecho al territorio y los derechos de la naturaleza han permitido estas reivindicaciones tan importantes de pueblos indígenas y campesinos?

En el año 90, masacraron los mamos del pueblo Arhuaco que estaban llevando la defensa de la línea negra de nuestros sitios sagrados. Y han asesinado más de 2.700 dirigentes indígenas en la última década. En lo que va de este año, se han asesinado a más de 312 líderes en nuestros país, de los cuales, la mitad pertenece a pueblos originarios. Tenemos que claramente decir que este sistema extractivo es responsable del etnocidio. En Colombia hay más de 34 pueblos indígenas en vías de extinción. Pero también de los ecocidios; Caso Guajira, Cerrejón.

Tres empresas británicas gastan 17 millones de metros cúbicos diarios de agua. Son responsables de  la hidropolítica, la sed, el hambre. Allá los niños no se mueren de hambre; los matan. Y esto es genocidio. Esto hay que tipificarlo. Lo mismo pasa en algunas regiones campesinas como La Jagua, o Cerro Matoso. Qué hemos visto. Que el extractivismo realmente arranca con la llegada de los españoles que vinieron por el oro, y no hemos pasado de eso. Es más, hemos pasado del extractivismo minero-energético, al extractivismo agrícola. Todo lo que son los monocultivos. En el Caso de Colombia, todo los que es cidres que va para la Orinoquía y la Amazonía colombiana, es cambiar nuestros bosques nuestras selvas por desiertos verdes que son los monocultivos.

Desde la Sierra Nevada, nosotros hemos dicho que el país más biodiverso del mundo, que es Colombina, -somos el  primer país en aves; el segundo, en frutas. Un país con dos mares, la mitad son ecosistemas marinos- debería alzar las banderas de la biodiversidad. Entonces, la base de la paz, por supuesto, tiene que ver con el diálogo. Hay que superar no solamente la violencia directa, sino la violencia estructural. Hay racismo ecológico, pero también hay un Estado colonial que perpetúa unas relaciones de servidumbre, de esclavitud, casi. Es necesario transformar estas relaciones, pero también hay una violencia simbólica cultural. Una violencia cognitiva, epistémica que se reproduce. En el sistema de educación formal escolarizada, en la educación superior que excluye de manera sistemática los saberes indígenas. Nosotros tenemos nuestras propias escuelas filosóficas.

El pueblo arhuaco fue el primer pueblo indígena en Colombia en expulsar la misión capuchina, en los años 70, cuando el Estado dejó la educación de los indígenas a manos de la Iglesia, y asumir su propia educación. Consideramos muy importante también que pueda darse un diálogo de saberes y puedan haber experiencias que faciliten los convivires, como esas experiencias extramurales de poder, integrar en una ética transcultural estas posibilidades también para todos.

Creo que la paz necesita una economía más solidaria. Necesita reconocer las economías indígenas, las economías de subsistencia. Necesita reconocer las economías de la naturaleza, las economías campesinas. Creo que no se puede seguir sacrificando la economía indígena para satisfacer la economía de la naturaleza.

Yo he recorrido la Amazonía. He tenido el honor de representar a la organización de pueblos indígenas de la Amazonía colombiana que ha dado una lucha incansable, por ejemplo, en contra del glifosato. Porque hemos visto lo que las fumigaciones han hecho a la Amazonía. Que se han ganado tutelas, y es un tema que está vigente todavía. Es un tema de salud pública. La Sierra la fumigaron desde los años 70. El impacto en el sistema respiratorio de los animales, de los niños lo tiene que contar. Esa evidencia científica, son temas de salud pública, y nos parece increíble que vuelva otra vez el tema a la agenda: vamos a volver a fumigar. Esto ha sido un fracaso para una política de controlar las drogas ilícitas. Sin embargo, se insiste en eso a pesar de sus repercusiones en salud pública.

Entonces, el despojo, el desplazamiento hacen parte de una economía criminal, centralista, virreinal. Bueno, capitalista, también colonial que se viene expandiendo. Y también los megaproyectos. Por ejemplo, claramente uno tiene que ver la declaración de los pueblos indígenas de la cuenca amazónica Coica, Opiac, y todos los que hacen parte de la cuenca del río Amazonas, para reflexionar sobre lo que es la interconexión fluvial para Sudamérica. El principal río que es nuestra boa del origen, convertido en la principal hidrovía donde se trafica con la diversidad. Eso es Irsa, y no estamos de acuerdo con eso. Vemos que en Colombia hemos dado un paso importante en la defensa de los derechos bioculturales. Es decir, los ecosistemas no solamente son biológicos; los ecosistemas también son culturales.

En esa perspectiva, yo creo que el reconocimiento del río Atrato, por ejemplo, el reconocimiento de la Amazonía como sujeto de derechos son avances importantes. Sin embargo, nosotros vamos avanzando con un proyecto referéndum, para reconocer los derechos de la naturaleza, y que haya un pluralismo jurídico. Realmente, un reconocimiento de nuestras constituciones de origen.

Justo, como lo planteaba Galeano, la necesidad de además recuperar la paz entre los pueblos, reparar la paz entre los pueblos y la naturaleza. Tú propones en “Colombia con sentido”, tres pilares esenciales para un cambio de modelo: democracia viva, economía, y cultura para la vida. Y en estas propuestas reivindicas sobre todo el derecho de la autodeterminación de los pueblos, la soberanía alimentaria, el derecho al territorio, al agua.

¿Cómo caminar en esa dirección cuando incluso en el país de los derechos de la naturaleza -que es como siempre nos referimos a Ecuador- se acaba de permitir el ingreso de cultivos transgénicos? El presidente anterior subastó el 85% del territorio shuar para megaminería, es decir el 16% del territorio nacional. Se acaba de abrir la décimo primera ronda petrolea. Y, como bien lo planteabas, se acaban además de permitir nuevamente las fumigaciones aéreas, las aspersiones aéreas de glifosato en nuestra frontera compartida. En un panorama tan desalentador, ¿cómo seguir caminando?

Primero necesitamos una ciudadanía. Tenemos que ejercer una ciudadanía activa. Creo que para eso necesitamos una cultura también nueva. Necesitamos reconstruir el sujeto colectivo. Creo que eso va mucho más allá de un concepto de democracia liberal. Cuando me refiero a una democracia viva es que son ciudadanos vibrantes, son ciudadanos activos. Son ciudadanos colectivos. Estamos promoviendo los círculos ciudadanos. Cómo reconstruimos el tejido social. Porque las transformaciones son colectivas. En ese sentido, nosotros impulsamos una escuela con pedagogías muy antiguas. No es nada nuevo que nos estamos inventando, sino una forma muy práctica de vivir, de cómo en comunidad construimos soluciones colectivas. Estamos también como parte de una transición, invitando a las ciudades a repensarse.

Yo tuve la oportunidad de ser concejal de Bogotá. Dejar políticas públicas como el agua. Queremos que el ciclo del agua sea la base del nuevo sistema de la vida.

Entonces, el derecho al agua limpia, el derecho a decidir entre el río que fluye libre por mi territorio o el que se me contamina. Entre el aire que respiro en una ciudad y el que se me contamina. Entre el suelo vivo que garantiza mis alimentos, o el que se me contamina. Son decisiones fundamentales de un ciudadano que hace parte de una democracia viva. Cuando estos derechos se cercenan, cuando estos derechos no son posibles, de qué democracia estamos hablando. Entonces, a eso me refiero con una democracia ambiental intercultural. Ahora, esto tiene que ser visto en la perspectiva de los derechos bioculturales, es decir, de las particularidades culturales de cada territorio. El territorio no es uniforme. Por ejemplo, si hablamos de línea negra, nos referimos a toda una visión del mundo. Y creo que en esa perspectiva debemos avanzar.

Ahora, una economía viva va a surgir desde la tierra, desde las comunidades rurales. Por ejemplo, en Colombia, Bogotá produce 7.500 toneladas diarias de residuos, de los cuales, el 50% son deshechos de cocina, orgánicos. Estos desechos de cocina deberían volver a la tierra, producirse abonos. Es decir, tenemos que recuperar los ciclos en la economía. Volver a la tierra. Hay que pensar en una red de hábitat que responda a las dinámicas de la naturaleza, los ciclos de la naturaleza. También a la geografía y los ecosistemas. Tenemos ciudades pensadas desde el diseño europeo, con una memoria de reclusión punitiva que no responden a nuestras dinámicas geográficas.

Tenemos retos en muchos campos, y pensarnos una economía viva. Yo creo que las ciudades se siguen imponiendo política, culturalmente sobre las comunidades rurales, pero lo que hay que aportar también desde el campo en la innovación social, en la innovación ambiental es mucho. Y, por supuesto, una cultura viva.

Un tema que para nosotros ha sido importante y que lo compartimos es el genocidio cultural. Tú lo mencionas con insistencia. Este genocidio cultural va de la mano de la imposición de modelos de extractivismos que inician con la Colonia pero que se han sostenido durante siglos. En este sentido, ¿cuál es la importancia de exigir reparación integral y, especialmente, garantías de no repetición?

Nosotros justamente en este momento, en Ecuador, enfrentamos un caso muy complejo, que es el caso Texaco. La Texaco fue la responsable del exterminio de varios pueblos y nacionalidades indígenas y construyó un pequeño Chernóbil en nuestro país. Dejó unos saldos de desechos tóxicos impresionantes. Es responsable, diría yo, de crímenes de lesa humanidad. Y así como esta multinacional, nuestros territorios están concesionados a muchas otras. Los derechos de la naturaleza, ciertamente han sido una herramienta de disputa. Pero más allá de ellos, ¿cómo continuamos denunciando, demandando, resistiendo, cuando la impunidad ha sido la que ha reinado en nuestros territorios, con gobiernos de izquierda y de derecha?

La organización social y la movilización social realmente es la fuerza de exigibilidad política del cumplimiento de estos derechos. La fuerza más grande es la voluntad, y la voluntad política. Pero nosotros debemos ser capaces de generar esa voluntad. En Colombia viene creciendo el movimiento, y hacia allá avanzamos. Y tienes razón. Hay que trascender justamente esta mirada de la Guerra Fría, de derechas e izquierdas polarizadas. Yo creo que el pensamiento ancestral trascendió esta mirada hace muchos años. Es una mirada integral; somos agua, somos tierra, somos aire, y esto va mucho más allá del tema de las ideologías políticas. Los derechos de la naturaleza son parte de esa agenda política emergente que los movimientos sociales, culturales, ambientales debemos en este momento exigir. Y para esto necesitamos en el orden local, en el orden nacional, en los espacios de decisión, gente comprometida realmente con estas agendas. Yo creo que esas son decisiones políticas responsables que en el mediano y largo plazo tenemos que construir. En el caso de Colombia, pues esperamos que en el mediano plazo lo logremos y avanzamos hacia allá.

Justamente eso lo hemos planteado. La revolución será de clase o no será, será ecologista o no será. Será feminista o no será, y será indigenista o no será. Ati, queremos agradecer tu presencia, tus palabras, tu experiencia. Nos alegra mucho tenerte en este simposio a 10 años en la declaratoria de los derechos de la naturaleza en nuestra Constitución de Montecristi, y pues esperemos que podamos seguir convergiendo en estas luchas por justicia social y ecológica. Por la justicia indígena.

Muchas gracias. Para despedirme, les comparto un saludo, que significa “somos uno”.

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