Silvia Federici habla de su libro "Calibán y la Bruja"



Publicado: 30-06-2016

Por Miriam Lang
Docente del Área de Estudios Sociales y Globales

Silvia Federici es una pensadora feminista marxista de larga trayectoria que hace poco visitó la Universidad Andina Simón Bolívar para presentar su libro Calibán y La Bruja.

Esta pensadora feminista es profesora emérita y Teaching Fellow de Hofstra University de Nueva York.  Fue una de las principales animadoras de los debates internacionales sobre la la remuneración del trabajo doméstico en el marco de la división sexual del trabajo en el capitalismo.

En la década de 1980 trabajó varios años como profesora en Nigeria, donde fue testigo de la nueva oleada de ataques contra los comunes en el marco de las políticas de ajuste estructural. En su obra, combina las perspectivas de género, clase, raza y apropiación colonial. Durante su visita a esta casa de estudio dialogó con Spondylus sobre su libro.

En la presentación de Calibán y La Bruja nos contabas que tu proyecto intelectual, tu labor de investigación te llevó a regresar en el tiempo, un siglo tras otro siglo hasta el medioevo para realmente investigar esta época pre-capitalista y su organización social. El feudalismo suele presentarse como una época oscura, poco atractiva, a la que nunca hay que regresar. Yo quisiera saber de ti ¿qué encontraste al revisar las fuentes, cómo eran las relaciones sociales en esta época, cómo vivían las mujeres, cómo eran las relaciones de género entre hombres y mujeres?

Es una pregunta muy importante, porque para mí también regresar al feudalismo fue un gran descubrimiento. Ante todo descubrí la gran lucha: luchas sociales que se desarrollaron contra el poder feudal, luchas de campesinos, luchas de artesanos. Y después me di cuenta que aunque el mundo feudal fue un mundo muy jerárquico -porque claro, la tierra no pertenecía a los campesinos, estaban los patronos feudales- todavía el sistema de acceso a los recursos fue muy diferente que en la sociedad capitalista, porque los campesinos, los siervos, las siervas compartían la tierra. Trabajaban algunos días para los señores feudales, pero en la parte restante de la semana trabajaban colectivamente para su propio sustento. En este tipo de sociedad no había división, no había separación entre producción y reproducción, no estaban dos esferas separadas: la esfera de las mujeres, de la reproducción y la esfera de los hombres, de la producción de las mercancías como en la sociedad capitalista. Entonces las jerarquías sexuales todavía no fueron tan profundas como serían más tarde con el desarrollo del capitalismo.

¿Cómo reorganizó, cómo transformó el advenimiento del capitalismo estas relaciones?

Calibán y La Bruja es un intento de repensar el desarrollo del capitalismo, de pensar sobre todo su condición de existencia, los procesos más importantes que lo constituyeron. No tenemos un libro clásico como El capital de Marx, que nos da cuenta de estos procesos, de la historia de la explotación del campesinado, de la separación de los productores de la tierra, de sus medios de producción, que según Marx prepara a los ex campesinos a convertirse en trabajadores asalariados. Lo que yo he visto y lo sostengo en Calibán y La Bruja es que en realidad lo que ocurrió fueron dos separaciones, no solamente la de los productores de los medios de producción, sino también la de producción y reproducción. Como decía antes, con la sociedad capitalista el proceso de producción para el mercado se separa del proceso de reproducción de la vida,  Este ultimo se feminiza y se invisibiliza, no es reconocido como trabajo, así que las trabajadoras en las filas de la reproducción no son consideradas trabajadoras reales, no son pagadas, y para su sustento, deben ser sometidas a los hombres. Yo digo en el libro que la caza de brujas que se desarrolla en el siglo XVI y XVII fue fundamental para este proceso de desvalorización del proceso de reproducción, la desvalorización de la posición social de las mujeres. La caza de brujas fue el primer feminicidio en el proceso de la historia, un fenómeno sin precedentes porque varios gobiernos en estos siglos introdujeron este crimen nuevo, el crimen de brujería y empezaron a arrestar, torturar, matar a miles de mujeres acusándolas de ser brujas, de ser enemigas de la humanidad, de estar al servicio del demonio. Lo que pasa aquí es que con esta caza, se prepara a las mujeres a un nuevo tipo de disciplinamiento social.

En el libro tú también piensas las relaciones globales ¿cuál ha sido el papel de América Latina, del Colonialismo en esa reorganización y en esa división sexual del trabajo?

Muy, muy importante, porque desde los primeros momentos del siglo XVI, con la colonización de la Región Andina hasta México, los misionarios, los colonizadores trajeron no solamente nuevas formas de opresión y de despojo, sino también una nueva jerarquía sexual, muchas investigadoras latinoamericanas han demostrado estas nuevas formas de relaciones patriarcales. En muchos países de América Latina la relación antes de la colonización, la relación entre hombres y mujeres no era completamente igualitaria; pero lo que pasó es que con la colonización se exportó y se impuso un modelo patriarcal muy agudo, único, un modelo que se ha expandido por toda América Latina y a nivel global.

Regresemos un poco a la cuestión de la separación de la esfera productiva de la reproductiva. Tú también en tu trayectoria te has destacado por luchar por la remuneración del trabajo doméstico desde los años 70 y entiendo que en este momento era muy importante señalar que las labores de las mujeres en la casa, en las labores reproductivas producían valor, estaban conformando la base de la acumulación capitalista aunque esta base era invisibilizada. Pero hoy en día, frente a las múltiples crisis de reproducción que atraviesa el mundo, el capitalismo se expande entre otras cosas mediante la comercialización, la mercantilización de la esfera del cuidado. En las estrategias anticapitalistas, la noción de defensa de los comunes también es importante y en tu trabajo ha cobrado importancia. Entonces yo me pregunto, desde la perspectiva de hoy, ¿tiene sentido realmente postular la remuneración del trabajo de cuidado, o no hay que defender más bien esa esfera de relaciones sociales no mercantilizadas que son un ámbito de producción de lo común? ¿Cómo lo ves?

Yo siempre me inspiro en mi teoría a la lucha en lo que las mujeres están haciendo, en la práctica real, porque me da el sentido de las posibilidades reales. Me parece que las mujeres están luchando, se están moviendo entre el salario y la producción común.  Entonces todavía hoy las mujeres cumplen la parte más grande del trabajo no pagado en el mundo, lo hacen en el trabajo de la reproducción, sobre todo en el trabajo de cuidado de los niños y el cuidado de los mayores. Esto es un trabajo que no da ninguna remuneración, lo que obliga a las mujeres a tomar otros trabajos, así sea uno o dos para sustentarse o para lograr un poco de autonomía. Esto hace que las mujeres afronten una crisis existencial profunda, porque sufren una carga laboral de muy fuerte y no tienen nada de tiempo para sí mismas, para descansar, para hacer actividades recreativas. Pienso que hay que luchar para mostrar que estos trabajos no son un servicio personal que se hace a las personas de nuestra familia, pero que es un trabajo del cual disfruta toda la sociedad, del cual disfrutan; todos los empleadores que deberían ofrecer servicios sociales sin importar si son hombres o mujeres que hacen el trabajo de reproducción. Esto es importante sea por dar más autonomía a las mujeres, sea para visibilizar ese trabajo. Todavía creo que no es suficiente y por eso hablamos de los comunes, crear comunes comunitarios. Yo creo que es muy importante hoy empezar a transformar el trabajo de la reproducción que ha sido organizado de una manera que ha aislado a las mujeres.

Yo siento que lo que está sucediendo es que en lugar de subvertir las relaciones de poder en la comunidad, involucrando más a los hombres en el trabajo de cuidado, hay una cuestión de clase que se está sobreponiendo. Las mujeres más pudientes económicamente delegan el trabajo de cuidado a las mujeres más pobres, por ejemplo aquí a las mujeres indígenas o negras, en el norte a las mujeres migrantes. ¿Entonces qué hacer de esto?

Esto ha creado una división entre las mujeres, yo creo que es importante subrayar que hoy el trabajo de cuidado pagado es tan desvalorizado porque millones de mujeres lo hacen gratis, porque siempre ha sido considerado un no trabajo. En los Estados Unidos, por ejemplo, solo a partir del 2010 el trabajo de cuidado remunerado ha sido reconocido oficialmente como trabajo. Entonces para mí sería muy importante ver un movimiento de mujeres, de todas las mujeres que hacen trabajo de cuidado, que se puedan juntar para cambiar la concepción social de estos trabajos. Empezar un proceso de revalorización que puede ser capaz de poner el trabajo de la reproducción al centro de la vida social. Esto no significa que las mujeres deben ser confinadas al trabajo de reproducción, significa expandir sus posibilidades de vida, significa que pueden decidir dónde quieran trabajar, adonde quieren poner su energía, su creatividad - lo que hoy no es posible para la gran mayoria de las mujeres.

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