Omar Rincón es investigador y profesor de Comunicación, Periodismo y Televisión. En esta entrevista analizó el manejo de los medios de comunicación colombianos en el proceso de paz entre el Gobierno y las FARC. Esta es la segunda entrevista del especial periodístico "El proceso de paz en Colombia".
 
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Omar Rincón: "En un proceso de paz o de guerra, el contexto es clave"



Publicado: 16-07-2013

Por Silvia Coral
Periodista de Relaciones Públicas

Desde Colombia vino el periodista Omar Rincón para dictar un curso sobre "Temas actuales de la comunicación", a los estudiantes de la Maestría en Comunicación de la Universidad Andina. Él es investigador y profesor de Comunicación, Periodismo y Televisión en la Universidad de los Andes, donde también dirige el posgrado en Periodismo. Complementan su formación, sus estudios de Dirección de Cine, en la Universidad de Nueva York. En la actualidad es analista del diario El Tiempo y director del Programa de Medios de Comunicación para América Latina de la Fundación Ebert.

Rincón, en esta entrevista, hizo un análisis del manejo de los medios de comunicación colombiano en el proceso de paz entre el Gobierno y las FARC. Esta es la segunda entrevista del especial periodístico "El proceso de paz en Colombia".
 
¿Cuál ha sido el papel de los medios de comunicación en la construcción de realidades alrededor del conflicto colombiano? ¿Ha habido un manejo objetivo del conflicto?
Los medios de comunicación cumplen diferentes roles dentro del conflicto. Digamos que en toda guerra, los medios son otro campo de batalla, donde se libran ideas, se luchan otros muertos y conflictos. El periodismo colombiano ha cumplido una función positiva -de alguna forma- porque ha sido el notario de la historia, de las pocas memorias que tenemos, sea mala, buena o perversa. Cuando uno investiga cómo fue el conflicto colombiano tiene que recurrir a los medios. Ese papel todo el mundo lo critica pero es el más útil porque tiene asumido una memoria del presente, de la actualidad de una guerra que se juega día a día.
 
Sin embargo, los medios siempre han sido muy institucionales, siempre a favor de las posturas del gobierno de turno; si el gobierno dice vamos a dar bala, los medios dan bala; si el gobierno - como el actual- está a favor de la paz, los medios dicen vamos detrás de la paz.
 
Y el papel que sí es negativo es el de reducir el conflicto a una solución muy simplista, ya que los medios crean ilusiones en la comunidad que no se pueden cumplir. Por ejemplo dicen: Santos y las FARC están en la Habana para una pronta negociación, pero eso no es así. Es un conflicto eterno y complejo, y el periodismo, por estar en la actualidad, tiende a simplificar y perder el horizonte histórico.
 
Ahora, el periodismo colombiano y mundial está lleno de expertos que no saben, y no saben de las FARC porque viven 50 años en el monte y no logramos conocerlas.
 
¿Y cómo describe las narrativas que se elaboran alrededor del conflicto colombiano desde el periodismo?
Las narrativas periodísticas siempre están desde el lugar común y eso es un error del periodismo a nivel académico. En una universidad como ésta donde hay estudios culturales, se estudia el poscolonialismo, estudios andinos, los medios siempre van a representar y narrar mal los conflictos porque casi siempre cuentan desde un punto de vista que es el sentido común y este sentido común es racista, clasista, excluyente; entonces, la narrativa de siempre es que hay un problema en Colombia que se llama FARC y hay unos buenos que somos el resto de colombianos, pero no hay una reflexión de qué pasa con los buenos porque sigue habiendo corrupción, no cumplimos con las leyes, trabajamos en narcotráfico. Entonces siempre hacemos una narrativa muy simplista: desaparecen las FARC y Colombia es un paraíso… eso no es cierto.
 
A su criterio, ¿cuál es el papel que deben asumir los periodistas en un conflicto armado como el colombiano?
El papel del periodismo es el de siempre, yo creo que los periodistas estamos haciendo mal nuestro trabajo. Yo me autocritico y digo básicamente no estamos haciendo lo que tenemos que hacer. Lo que debemos hacer es informar en contexto.
 
En un proceso de paz o de guerra, el contexto es clave. Un muerto significa distinto en el contexto en el que se lee el asunto. Si estamos informando sin contexto, sin diversidad de fuentes o las fuentes son todas de un solo sector, estamos informando a punta de declaraciones mas no de investigaciones, de documentos, de reportería bien hecha, no estamos ofreciendo a la sociedad criterios de interpretación de la realidad.
 
El periodismo que se debe hacer es aquel que ubique en los hechos, en un contexto, que narre bien, que ofrezca documentos y no se convierta en: él dijo, tú dijiste, el otro dijo. Pero sobre todo, el periodismo en un proceso de paz debe ofrecer criterios para entender y creo que el periodismo colombiano está ofreciendo más criterios para confundir, y esa es una debilidad. Hoy se ha vuelto un periodismo emocional sin investigación, sin contexto y sin criterios de comprensión.
 
Desde luego que no hay un manual para hacer una buena reportería, pero ¿cuáles son las recomendaciones que usted daría a los reporteros que están ante un conflicto?
De alguna forma es no creer en todo lo que le dicen. En periodismo nos enseñaron a dudar de todo lo que nos digan y los periodistas están informando como verdades cualquier declaración.
 
El periodista transmite las cosas como si fuera un transmisor de información y no se detiene a pensar lo que significa una declaración, cómo se debe interpretar… Más bien, como está el periodismo salimos sobrando los periodistas, mejor habrá que poner una conexión directa entre la persona que manda los tweets y la página del periódico o la televisión…
 
¿Cuáles son los criterios metodológicos que deben asumir propiamente los periodistas a la hora de realizar la cobertura del conflicto armado?
Hay tres puntos básicos e históricos que no se pueden cambiar: primero, debe contar una historia, porque así la gente va entender lo que le vamos a contar; ahora, el 90% de lo que se informa no cuenta historias.
Segundo, debe procurar ganar el máximo nivel de verdad. Si bien, la verdad no existe, hay que saber ganar el máximo nivel, si en lugar de un entrevistado hay cinco habrá más posibilidades de que gane la verdad, si hay siete documentos más, se gana más verdad, si encuentro marcos de interpretación para enfocar la información voy a tener más posibilidades de verdad.
 
Y, finalmente, que el periodista vuelva a lo de antes. Cuando uno entrevista a mucha gente tiene que construir un criterio propio para saber qué pienso de esto, que vale la pena que sepa la ciudadanía. Los periodistas estamos desconectados de la gente, no sabemos lo que realmente le interesa y estamos más enlazados al poder.
 
La ciudadanía quiere saber cómo va el proceso de paz, bien o mal, va bien en el sentido de que se está negociando, que los secuestros han disminuido, que hay voluntad de paz de ambos lados. Mal en el sentido de que cuando hay procesos de paz, las guerras recrudecen porque cada sector se vuelve más fuerte y hay que explicar que eso es normal. El periodista debe poder construir y explicar qué está pasando.
 
¿Con qué garantías y limitaciones cuentan los reporteros a la hora de informar desde el lugar de los hechos?
Con las mismas que existen en toda América Latina. Los límites para el periodista en Colombia son varios: la existencia de pocos medios es un límite para la libertad de expresión porque no hay dónde trabajar y no hay posibilidad de tener diversos enfoques. Es bueno que haya muchos medios para que haya muchas versiones de la realidad. Segundo, los medios se volvieron un negocio, se preocupan más de la pauta y se olvidaron de la calidad de la información. Tercero, en Colombia al haber tantos actores violentos como narcotráfico, paramilitares, bandas criminales, fuerzas militares, políticos corruptos, el periodista recibe demasiadas amenazas y no sabe de quién viene. También se ha puesto de moda, así como en Ecuador, judicializar la labor del periodista. Ahora, uno piensa antes de informar porque le pueden poner un juicio. Cuarto, el límite más grande y el que más me preocupa es que somos perezosos, uno va al lugar de los hechos y espera sentado a que la realidad venga a uno, espera a que salga el fiscal y diga qué es lo que tengo que decir, en lugar de ir a investigar y construir la realidad.
 
Garantías también hay. El periodismo es un oficio bonito porque está hecho para molestar al poder, y éste siempre se va a defender. El periodista tiene que ser tan agudo, tan buen narrador de historias, tan buen reportero que debe ser capaz de contar más verdades a pesar de los límites existentes.

Desde los medios de comunicación, ¿cómo se puede contribuir a crear una cultura de paz y estructuras democráticas, tomando en cuenta que desde Colombia se exportan producciones televisivas alusivas al narcotráfico, a las pandillas, a la violencia en general?
Colombia es famosa en el mundo entero porque lo que ha exportado es violencia en todos los sentidos. Violencia humana porque donde llegan muchos colombianos también llega un factor de delincuencia, hemos exportado violencia simbólica con las narcotelenovelas, cine violento… Pero a mí me parece que está bien porque al ser un país violento necesita hacer catarsis y la única forma es contando esas historias.
 
Alemania hasta hoy, 60 años después sigue contando historias de Hitler, fascismo, nacismo porque quiere lavar esa culpa; los argentinos siguen hablando de desaparecidos, los gringos de Vietnam, los colombianos tenemos que seguir hablando de violencia porque llevamos 60 años con las FARC, 40 años de narcotráfico, 20 años de paramilitarismo, 100 años de violencia cotidiana.
 
Pero sí me parece que debe haber más versiones, el problema es cuando nos quedamos con una sola, y lo más peligroso es que en la versión actual los que salen bien son los victimarios y no las víctimas, es decir, se vuelve héroe a Pablo Escobar, a los narcotraficantes, a las chicas prepago, a lo ilegal, y se necesitan otras versiones donde los buenos sean héroes. Necesitamos ampliar el rango del relato y diversificar las versiones.
 
¿Por qué no se lo ha hecho entonces?
Yo creo que va a llegar el momento. Ahorita estamos en un momento de fascinación con los malos pero eso llevará a que tengamos fascinación por los buenos y por las víctimas. De una investigación que leí sobre una masacre, la versión completa se construyó en 10 años. Los primeros dos hablaban de las fuerzas del orden, después salió la versión de los victimarios y al final salió una versión de las víctimas.
 
No es fácil hacer la versión de una historia en simultáneo cuando hay tantos actores de conflicto involucrados. Hacer buen periodismo sería preguntar a la guerrilla, a los paramilitares, al ex presidente Uribe, al militante de izquierda, a cada uno ¿usted qué piensa? Pero cómo hace uno para ir donde los paramilitares o la guerrilla. Es supervivencia, no es fácil hacer ese periodismo ni hacer esa constatación de fuentes en un país en guerra.
 
Por último, de darse una posible firma de paz entre el gobierno y las FARC, ¿cuál debe ser el escenario posterior en el que deben trabajar los medios de comunicación? ¿Y cuál la agenda periodística que se debe armar en torno a la construcción de la memoria y al relato de los hechos?
Yo creo que el periodismo tiene ahí una función muy interesante y es armar el relato del nuevo país que vendrá, y me temo que el periodismo no está listo para eso sino para el relato del fracaso del nuevo país. Me temo que el periodismo informará: las FARC prometieron no matar a nadie, pero están matando. Las FARC dijeron que se desmovilizarán y han aparecido otras guerrillas, es decir, llamará la atención de lo malo que pasa, cuando lo importante en un proceso de paz es que como figura política dejarán de existir.
 
Habrá que asumir el papel de un país que es capaz de imaginarse un nuevo relato de nación, una nueva forma de pensar.
 
Que ese día se acabe la guerra, no, pero formalmente la firma de la paz significaría el fin de la guerrilla colombiana, lo cual ya es un acto simbólico importante, como cuando se firma una nueva Constitución, es dar comienzo a un nuevo país, pero ese país no aparece al otro día sino que se va construyendo poco a poco.



Omar Rincón es investigador y profesor de Comunicación, Periodismo y Televisión. En esta entrevista analizó el manejo de los medios de comunicación colombianos en el proceso de paz entre el Gobierno y las FARC. Esta es la segunda entrevista del especial periodístico "El proceso de paz en Colombia".
 
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