Los archivos son la memoria viva de un país


Publicado: 05-07-2017

Por: Katerinne Orquera

Asistente académica del Área de Historia

Matteo Manfredi es doctor en Historia por la Universidad del País Vasco. Su trabajo se basa en la organización de archivos fotográficos y audiovisuales. Sobre estos temas, el profesor Manfredi imparte clases en la Universidad Andina Simón Bolívar. Sin embargo, su trabajo en Ecuador no se restringe a la docencia: durante varios años ha sido parte del proyecto de inventario de patrimonio cultural que realizó entre los años 2008 y 2009.

Matteo, bienvenido. Queremos iniciar preguntándole ¿cuál es su diagnóstico respecto de los archivos fotográficos y audiovisuales que existen en Ecuador? Esto, una vez que ha pasado, prácticamente una década del proyecto que inició con el registro de los archivos fotográficos y audiovisuales en el país.

Es un placer estar aquí en la Universidad Andina. Hemos realizado un censo de todos los archivos históricos del país y, en noviembre de 2015, dimos a conocer los resultados de ese trabajo. Fue una experiencia muy importante que llevó a conocer el real estado de cómo se encuentran los archivos históricos y, dentro de estos, tenemos todo tipo de archivos: eclesiásticos, patrimoniales, notariales y, por supuesto, fotográficos y audiovisuales. El estado es bastante crítico. Es decir, todavía falta profesionalizar a quienes trabajan, actualmente, en la mayor parte de los archivos históricos del país. En cierta medida, todavía rige una idea antigua del archivero como alguien que está castigado y debe ir al archivo. Esta es una idea vieja, antigua. En realidad, la profesión del archivero está reconocida. Es más, internacionalmente, la archivística está reconocida como ciencia académica. Lo que destacamos en este momento fue la necesidad de formar a las personas que hacen su trabajo con pasión. Pero, que tal vez les falta la formación para entender cómo poder hacer un tratamiento integral de la documentación. Con respecto al tema fotográfico, la situación es un poco bipolar. Por un lado, tenemos excelencias y, por otro, puntos críticos. Por ejemplo, considero muy buena la labor que se ha hecho en el Instituto Nacional de Patrimonio con la creación del Archivo Nacional de Fotografía, que ha tenido la posibilidad de recaudar fondos documentales en todo el país y, realmente, el trabajo que están haciendo es muy bueno, excelente diría yo porque, también, pueden contar con tipologías documentales que se han perdido a lo largo del tiempo. Entonces, tenemos daguerrotipos, ferrotipos, ambrotipos que ya de por sí tienen un valor de patrimonio por tipología documental porque han desaparecido y son técnicas que muy pocos profesionales pueden manejar y por el otro, tenemos situaciones un poco más críticas como la que pude averiguar en Guayaquil con el archivo fotográfico y hemerográfico del diario El Telégrafo. Estábamos realizando un inventario para trasladar este archivo de la vieja sede de El Telégrafo a la Universidad de las Artes y, como ustedes bien saben, Guayaquil tiene un clima muy húmedo y cálido y no es el clima ideal para poder conservar una documentación fotográfica -sobre todo histórica- porque se pueden crear y generar hongos y otro tipo de afectaciones a la documentación fotográfica. Estábamos trabajando muy bien en ello pero, lamentablemente, todo el país fue sacudido por el terremoto y, desde entonces, la verdad no sé cómo ha terminado este tema. Lo que sé es que, tal como estaba el archivo fotográfico por aquel entonces, no cumplía ningún requerimiento para la conservación del archivo. Entonces, aprovecho para hacer un llamado porque se trata de una parte importante del patrimonio fotográfico ecuatoriano que precisa una intervención urgente.

Justamente por las razones expuestas, la Universidad Andina ofrece estudios de especialización y maestría en Archivística que han formado, profesionalmente, a varias personas quienes ya laboraban en este campo. A su criterio, ¿qué se ha logrado en estos cursos y qué está pendiente por hacer en cuanto a la profesionalización archivística?

La labor que se ha desarrollado en la Universidad Andina es realmente muy buena porque -como tú dices- ya llevamos varias generaciones de nuevos archiveros que ya pueden contar con un título. Hasta ahora, se ha otorgado el título de Especialización y en este año, después de mucho esfuerzo, hemos arrancado con la maestría. Evidentemente, ya contamos con una serie de profesionales quienes han podido actualizar sus conocimientos, ampliarlos, sobre todo conociendo más profundamente lo que es el sentido de un archivo. Es decir, un archivo nunca es un depósito, un repositorio de la memoria, sino que es algo mucho más vivo que un simple repositorio en donde la memoria descansa. La memoria no descansa, la memoria es algo vivo y la tenemos que saber interrogar en cierta medida y, evidentemente, conservarla y para esto se ha desarrollado una disciplina específica como la archivística.

Volviendo a lo anterior: el problema que tenemos es que en todo el país hay muchos archiveros que sí precisan formación, pero que tal vez no pueden llegar a apuntarse a un curso de especialización o maestría porque no tienen un título de licenciatura, por ejemplo. Entonces, lo que considero muy útil para el país -para los que ya trabajan pero que no tienen un título para poder acceder a la maestría- es poderles favorecer con cursos de formación profesional. Por lo menos para que sepan qué es un cuadro de clasificación documental, cómo se aplican las normativas internacionales ISO de calidad o, por ejemplo, la normativa internacional de descripción documental de la ISG. Estas son cosas que tal vez precisarían un poco más atención, no solo por parte de la Universidad Andina sino, también, por parte de una política pública del país.

Profesor, ¿cuál es la diferencia entre la administración de un archivo general (documental) y la administración de otros archivos como los fotográficos o audiovisuales?

La diferencia está, principalmente, en la tipología. Es decir, en las características mismas de la documentación. En líneas generales, podemos demarcar el hecho de que tenemos archivos de documentos textuales, que serían los tradicionales, y podemos llamar archivos de documentos no textuales a todo lo que conllevan los archivos fotográficos, audiovisuales, gráficos, de dibujo arquitectónico. Todo tipo de documento es un soporte que conlleva a una información pero, evidentemente, estamos hablando de lenguajes completamente diferentes: el lenguaje textual, el lenguaje de la imagen fija (si es una imagen fija) si es una imagen en movimiento, si es una imagen audiovisual (con sonido) Se trata de lenguajes distintos y, frente al problema de comunicación entre el emisor del mensaje y el receptor del mismo, ya tenemos un problema de tipología documental, por un lado y por otro, los documentos de archivos administrativos siguen un proceso que determina la seriación de la producción documental. En cambio, la documentación fotográfica audiovisual o también de grabados, incisiones, estampas, son objetos que tienen un valor comercial. Entonces, teniendo un valor comercial pueden ser sometidos a procesos de compra o de venta y no siempre se puede respetar el orden originario. En Ecuador, en general, el patrimonio fotográfico -como en cualquier otro país- puede estar conservado en archivos: museos, bibliotecas, hemerotecas, centros de documentación y cada una de estas instituciones conservará este tipo de documentación según sus propios fines. Nosotros, como archiveros, siempre estamos preocupados por el principio de orden originario -de principios de procedencia- para tener la documentación con cuanta más información originaria del contexto de producción. No nos interesa la fotografía tan solo como imagen, sino como documento complejo en toda su estructura porque cualquier otro elemento que caracteriza la estructura de un documento fotográfico -bien sea un documento antiguo como un derotipo o una fotografía digital con sus propios metadatos- añade información a lo que es la simple información visual. Entonces, eso nos obliga a desarrollar metodologías específicas que se diferencian de la típica serie de conservación de archivos administrativos.

Precisamente pensando en ese tema nos gustaría preguntarle, ¿cuál es el sentido que tiene la archivística para el registro de nuestra historia y para mantener esa memoria viva de la que usted hablaba hace un momento?

La archivística nos favorece todas las herramientas para poder tener una memoria viva porque los archivos nunca han de ser lugares cerrados sino que se tienen que abrir a la sociedad, al igual que un museo. Entonces, el usuario del archivo no es tan solo el archivero que trabaja o el administrativo que necesita un expediente. Cuando hablamos de patrimonio documental, estamos hablando de documentación histórica y la historia tiene que estar al alcance de todo ciudadano. Todo ciudadano tiene derecho a llegar a la información, a crearse una conciencia propia de la historia de su propio país. Entonces, los archivos han de ser -y en cierta medida ya son- lugares privilegiados para poder no solo conservar, sino hacer vivir la memoria del país.

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