El investigador mexicano creó un biofungicida en un laboratorio del Instituto de Biotecnología de la UNAM y, poco después, dio paso a una pequeña empresa manejada por algunos docentes universitarios, quienes han incursionado en el emprendimiento. ">

Enrique Galindo: "Este premio reconoce la actividad innovadora y empresarial de los docentes"



Publicado: 30-11-2014

Por Silvia Coral
Periodista de Relaciones Públicas

A principios de noviembre se llevó a cabo la Gira 2014 del Premio Innovadores de América, con la cual se cerró la segunda versión de este importante reconocimiento latinoamericano. Los seis galardonados, cuatro de ellos colombianos, un mexicano y un boliviano, visitaron Paraguay, Bolivia y Ecuador.

La Universidad Andina Simón Bolívar, a través del Observatorio de la PyME, recibió a los ganadores del concurso, quienes compartieron sus experiencias con relación a la innovación y el emprendimiento.

Spondylus aprovechó esta oportunidad para conversar con el destacado investigador mexicano, Enrique Galindo, sobre la creación de un biofungicida desarrollado a partir de los mismos microorganismos que atacan a ciertas frutas, y sobre cómo la ciencia puede estar al servicio del emprendimiento.

Cuéntenos cómo fue el procedimiento para obtener el biofungicida que ha sido merecedor de un importante reconocimiento a nivel de Latinoamérica.
Este es un desarrollo que iniciamos en el año 2000, en conjunto con colegas de otra institución de investigación, además del instituto de Biotecnología donde yo colaboro en el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo en Sinaloa, en el norte de la república mexicana.

Surgió para tratar de resolver un problema muy concreto. Sinaloa es un Estado de la República de México, el que más exporta mango y tiene un problema muy importante, una enfermedad que se llama antracnosis que causa manchas en los frutos y que para controlar se requiere del uso de fungicidas. Normalmente se fumiga con fungicidas de sustancias químicas lo cual les permite controlar -en cierta medida- esta enfermedad; sin embargo, el problema sobre todo para el mercado de exportación aunque logre la calidad del mango tiene limitaciones para exportarlo por la residualidad de los químicos. Entonces, los exportadores de mango tienen un dilema muy importante, si no usaban el fungicida no lograban la calidad y, si lo usaban, lograban la calidad pero no lograban exportar por la residualidad y la toxicidad de los productos químicos, por las regulaciones de los países que importan mango.

Entonces decidimos hacer una estrategia biológica. Yo soy biotecnólogo y decidimos hacer una estrategia basada en la propia naturaleza, donde hay antagonismos en los diferentes microorganismos, por ejemplo en el caso del hongo que causa la enfermedad antracnosis sucede naturalmente en el árbol, pero también en el follaje de los árboles hay otros microorganismos que son antagónicos y que compiten por espacio y que producen compuestos que limitan el crecimiento del hongo fitopatógeno.

Lo que hicimos fue aislar microorganismos del follaje de los árboles del mango y seleccionamos aquellos microorganismos que eran más antagónicos con el hongo que causa la antracnosis. Durante 3 o 4 años desarrollamos una investigación básica de aislamiento de microorganismos hasta que logramos obtener un microorganismo, aislamos cientos de ellos, probamos varios prototipos y finalmente nos quedamos con un microorganismo que fue el que demostraba el más alto antagonismo contra el hongo fitopatógeno.

Se dice que el Premio Innovadores de América es como un Óscar o como el Globo de Oro. ¿Qué significa para usted haber obtenido este galardón?
Sin duda es un reconocimiento de suma importancia, debo decirlo, lo obtuvimos en la categoría de Empresa Industria y cuando terminamos la investigación básica tratamos de licenciar la tecnología; es una tecnología que es propiedad de la Universidad Nacional Autónoma de México, tenemos una patente al respecto, sin embargo no tuvimos éxito en este licenciamiento de la tecnología. Entonces, algunos investigadores que desarrollamos este proyecto decidimos crear una empresa para hacer realidad la comercialización de este producto. Esta empresa es pequeña, fue fundada en 2008, se llama Agro&biotécnica, en la que estamos como socios dos profesores universitarios, un colega de la industria, Leobardo Serrano, y el biólogo Carlos Roberto Gutiérrez.

Esta empresa logró escalar el proceso de producción que lo teníamos a nivel de laboratorio piloto, lo escalamos a nivel industrial, hicimos pruebas extensivas de campo para demostrar que el producto era eficaz y para darle una idea de la efectividad del producto. Un productor que usa el fungicida químico obtiene un 30 % de su producción con calidad de exportación, con nuestro biofungicida puede llegar hasta un 70% u 80% de su cosecha con calidad de exportación, lo cual le reditúa beneficios muy importantes y obviamente produce frutos inocuos y sanos.

Entonces es importante este premio porque es una empresa pequeña nacida en la universidad, es un spin off de la universidad y creo que es muy reconfortante que una empresa tan pequeña como la nuestra, pero de base tecnológica, reciba este premio porque reconoce esta actividad innovadora y empresarial que pueden tener los profesores universitarios.

A la hora de emprender con este producto hubo quienes lo apoyaron, quizá la empresa privada, o se encontró con dificultades.
Bueno, en un camino de 12 años hubo muchas dificultades, pero debo decir que una vez que decidimos crear la empresa recibimos apoyo del gobierno local, de mi estado de Morelos, que tiene una incubadora de empresas de alta tecnología. Nuestra empresa se incubó en esa incubadora durante dos años y tuvimos apoyo y las recomendaciones de asesores para los asuntos de registro y propiedad intelectual. Recibimos un apoyo muy importante del Estado de Morelos, donde vivo yo y está mi instituto, para poder consolidar la empresa y poder lograr sobre todo los registros ante el Ministerio de Agricultura, en el caso de efectividad, y en el Ministerio de Salud, en el caso de la inocuidad. De no haber sido por esos apoyos estatales difícilmente hubiéramos podido lograr lo que hemos logrado, pero creo que ese fue uno de los pasos críticos para llegar donde estamos.

En la actualidad, ¿este nuevo biofungicida qué significa para el mercado mexicano y para el mercado internacional? ¿Cuál ha sido la respuesta del sector del agro?
Muy positiva, el producto fue desarrollado originalmente para mango, el registro original que obtuvimos fue para antracnosis en mango; sin embargo, en el último año, en vista de que es una bacteria que produce compuestos antifúngicos de forma genérica es eficaz contra otras enfermedades o contra antracnosis que afecta a otros cultivos, por ejemplo, actualmente tenemos registrado el producto para 15 diferentes cultivos incluyendo la papaya, el aguacate, los cítricos, la sandía, el melón, la berenjena, la frambuesa, 15 cultivos en total que han sido aprobados en México.

Tenemos los registros en México y obviamente nosotros queremos expandir el mercado sobre todo a Latinoamérica, hemos iniciado ya los procedimientos porque en cada país se tienen que cumplir los requisitos regulatorios particulares y se tiene que obtener los registros en cada uno de ellos para poder comercializarlos. Desde luego que nos interesa pero tenemos que desarrollar y obtener los registros que es un proceso lento y también costoso.

¿La innovación de este producto puede significar el impulso para nuevas creaciones, para nuevos descubrimientos de fungicidas o productos biotecnológicos?
Nuestra empresa comercializó Fungifree AB como su primer producto, de hecho nuestra empresa está pagando regalías a la Universidad Nacional Autónoma de México por el uso de la patente y por el uso de este principio activo; pero nuestra empresa es una empresa de tecnología y está desarrollando nuevos productos, de hecho tenemos nueve prototipos de otros productos biológicos para atacar otras enfermedades que ocasionan problemas en cultivos diferentes a los 15 que ya tenemos registrados.

Además, Fungifree AB ha sido probado como inoculante y como estimulador de crecimiento, es decir que en lugar de aplicarse en el follaje, como está destinado originalmente para el caso de la antracnosis, lo podemos aplicar en la raíz con extraordinarios resultados en términos de crecimiento, entonces será otro uso que va a tener el mismo producto más el desarrollo de otros productos. Nuestra empresa quiere ser líder en el desarrollo de productos para el control de fitopatógenos en la agricultura.

¿Cómo ha podido compaginar el tema científico con el empresarial? ¿En cuál de estas dos actividades ha encontrado mayor respaldo y una mejor respuesta?
Yo soy investigador del Instituto de Biotecnología desde hace 30 años y desde hace 6 años soy empresario además, entonces son experiencias diferentes pero muy alagadoras las dos y creo que soy afortunado de haber tenido la oportunidad de experimentar ambas. Como empresario tengo mucho menos tiempo pero creo que se complementan muy bien y creo que las investigaciones que llevamos a cabo en la academia tienen un altísimo potencial y estas empresas de base tecnología, spin offs, de universidades jugarán un papel fundamental. En nuestro caso, el papel fue tan fundamental que de no haber creado esta empresa probablemente no hubiéramos logrado producir este biofungicida y ponerlo en el mercado.

Entonces podríamos concluir que la ciencia sí es un motor impulsador para el emprendimiento.
Sin duda. Yo siempre he dicho que hay dos clases de ciencia: la aplicada y la que todavía no se aplica.



El investigador mexicano creó un biofungicida en un laboratorio del Instituto de Biotecnología de la UNAM y, poco después, dio paso a una pequeña empresa manejada por algunos docentes universitarios, quienes han incursionado en el emprendimiento. " addthis:media="https://www.uasb.edu.ec/image/image_gallery?img_id=411436">
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