Billy Navarrete: "Deberíamos pensar en un mundo sin cárceles"


Publicado: 02-03-2017

Billy Navarrete forma parte del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos. Al momento, esta ONG trabaja, especialmente, con población migrante. En particular, con la población refugiada y por ello, han podido documentar el tema carcelario.

Billy Navarrete participó en la XVI Conferencia Internacional por la abolición penal (ICOPA) Encuentro por una justicia sin cárceles que se realizó del 16 al 18 de junio de 2016 y Spondylus lo entrevistó.

¿Cuáles son los cambios que ha tenido, desde la perspectiva de la infraestructura, el sistema penitenciario en Guayaquil?

Efectivamente, ese ha sido el factor que más visiblemente, vemos como nuevo, como transformado: la penitenciaría que albergaba a miles de prisioneros ha sido un escenario de violaciones a derechos humanos muy fuertes. La acción, por ejemplo, de bandas armadas que dominaban territorios al interior de la Penitenciaría era una cosa muy normal; los cambios reiterativos de los directivos de este centro era, también, muy normal; la corrupción, la violencia era el pan de cada día. Hacia los años 2008 y 2009 se desarrolla un cambio significativo: nunca antes se había registrado tanto en la inversión económica -200 millones, dice la cifra oficial del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos-; además, se empieza la construcción de al menos tres grandes, mega cárceles en el Ecuador.

No habíamos tenido lugares tan grandes como los que tenemos ahora en Guayaquil, que es el centro más grande, todo un complejo; en Turí, en Cuenca, y luego en Latacunga. Son megacárceles bajo un régimen, también, bastante nuevo que es el de máxima seguridad. Son, también, modelos que vienen desde fuera, probados desde fuera y, también, con bemoles desde fuera, sobretodo hay aislamiento progresivo que es uno de los primeros problemas a propósito del poco contacto que tiene el prisionero con el mundo exterior, incluida su familia, su abogado, los médicos. Hay un hermetismo marcado en cuanto al acceso de los de afuera, incluso organismos de derechos humanos como el Comité al que yo represento. Yo mismo he sido restringido de ingresar a hacer el trabajo que tenemos como misión, que es reconocido por el protocolo facultativo contra la tortura que otorga atribuciones a organismos de la sociedad civil para ingresar a hacer vigilancia ciudadana del tema de derechos humanos en cárceles. El tema de la incomunicación es uno. Pero, luego sumaría otros en cuanto a estas amenazas, estos problemas que vemos y que ha acarreado este cambio en la infraestructura y en la implementación del modelo es un trato vejatorio a las mujeres, sobre todo las familias, las mujeres familiares de los internos y, también, las abogadas que ahí brindan su trabajo. Al rato de ingresar son sometidas a dedo -esto es subjetividad del guardia- a revisiones de sus cavidades.

Este es un tema absolutamente grave. Vemos que la calificación de tortura cabe claramente: trato cruel, inhumano y degradante que se practica en la cárcel de Guayaquil, especialmente, en la cárcel regional.

¿Y qué otros problemas nos puedes describir?

Hay uno en particular que está -a propósito del aislamiento que mencionaba al inicio- afectando a la población extranjera porque ellos están fuera de su lugar nacional, han venido de lugares muy lejanos muchas veces y con dificultades para comunicarse con su familia, con lugares, incluso con su representación diplomática, que en el mejor de los casos se tiene acá en el Ecuador. Creemos que ahí hay un problema particular. El tema de los migrantes extranjeros incluye a los refugiados y con relación a los refugiados que es un tema que gracias a ICOPA 16 podemos conversarlo, se trata de una tendencia nueva.

¿Te refieres a las salas de tránsito?

Efectivamente. Este no es, propiamente, un centro oficial de prisioneros. Las salas de tránsito existen en los aeropuertos y son estancias en la que, quien no es admitido al país, puede permanecer indefinidamente. Tenemos casos de personas que han estado meses en estas salas de tránsito porque no son admitidos en el Ecuador por la policía migratoria y, tampoco, pueden ser deportados porque no tienen quién pague el pasaje de avión. Las compañías aéreas, que se encargan la alimentación y dan acceso a baños, son las que atienden a estas personas. Esta es una tendencia marcada y en expansión, en condiciones bastante precarias porque, por ejemplo, las personas no tienen acceso a su equipaje y, entonces, pueden permanecer meses con la misma ropa y sin poder ducharse y en un área que aunque sea de 200 metros, como en Guayaquil (esa sala de tránsito tiene esa dimensión) no deja de ser un lugar de privación de libertad donde no hay autoridad sobre ella, no hay una acusación clara, no hay ni siquiera la calificación de detenido, no hay un trámite judicial: es un limbo jurídico que no es solamente particularidad de Ecuador. En realidad, esta situación de detención migratoria en salas de tránsito es una nueva tendencia preocupante en derechos humanos que existe en varios países del mundo.

¿Cuál sería el organismo en este caso que podría, de alguna manera, plantear una acción frente a estas salas de tránsito?

El principal ente encargado es el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana aunque formalmente la persona no haya ingresado al Ecuador. Pese a no tener en su pasaporte el sello de ingreso, esa persona está en territorio nacional. La formalidad -y eso lo dice la Constitución- no debe de impedir el garantizar derechos y acá, el Ministerio de Relaciones Exteriores debe preocuparse por sobre todo el diseño de un protocolo para que, por ejemplo, el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio del Interior -que juega un papel importante porque los policías de Migración que son parte del Ministerio- las líneas aéreas, sociedad civil, incluso, Defensoría del Pueblo, Defensoría Pública puedan combinarse en un mecanismo idóneo. Estos problemas son cada vez mayores porque estamos en el siglo de los desplazamientos, hay una movilidad creciente del mundo por temas de violencia y económicos. El asunto se va a ir extendiendo y el transporte aéreo es uno de los grandes canales de movilidad humana.

Retomando el tema ICOPA, ¿cuál es un mensaje final al respecto?

ICOPA nos trae una buena nueva: el hecho de pensar en algo que de repente lo habíamos olvidado y que es el hecho de pensar en un mundo sin cárceles. Podría parecer utópico, podría parecer un disparate, también. Pero no, creemos que es necesario caminar en ese sentido.

Hay todo un trabajo que del lado de la sociedad civil, del lado de la Academia, del lado de las instituciones públicas debemos procurar porque lo que tenemos actualmente no nos sirve: es un sistema caduco, anacrónico y no nos lleva a nada. En realidad, la justicia criminal es utópica. Esto, a propósito de separar entre buenos y malos y los malos encerrarlos y ahí castigarlos porque de rehabilitación ni en el mejor país del mundo. 

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