El exsecretario General de la CAN, Adalid Contreras, habla sobre la comunicación para el vivir bien, tema que lo desarrolla ampliamente en su libro Sentipensamientos: de la comunicación-desarrollo a la comunicación para el vivir bien. ">

Adalid Contreras se refiere a la comunicación para el buen vivir



Publicado: 16-11-2014

Por Silvia Coral
Periodista de Relaciones Públicas

A propósito del libro Sentipensamientos: de la comunicación-desarrollo a la comunicación para el vivir bien Spondylus conversó con su autor, Adalid Contreras Baspineiro, un reconocido especialista boliviano en el ámbito de la comunicación y la sociología.

Fue director del Centro de Educación Qhana y docente del Diplomado sobre Derecho a la Información y a la Comunicación en CLACSO.

Su aporte y compromiso en la CAN y en la cancillería boliviana han sido de gran relevancia para la integración subregional y sudamericana.

Luego de haber servido como Secretario General de la CAN, en Lima, el doctor Contreras se desempeñó como profesor invitado de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Empecemos por una breve explicación de su reciente publicación Sentipensamientos: de la comunicación-desarrollo a la comunicación para el vivir bien.
Esta es una publicación que la empecé a trabajar hace unos 30 años, cuando por primera vez en comunidades indígenas de los Andes de mi natal Bolivia escucho hablar sobre el suma qamaña, expresión equivalente al suma kawsay, en el quichua de Ecuador. Eran tiempos de juventud en los que no entendía el término. Yo pensaba que los campesinos indígenas aymaras confundían el desarrollo con el vivir adecuadamente, con el vivir bien.

Sin embargo, me quedó la inquietud a lo largo de toda mi carrera académica, política, profesional y lo tuve como un tema pendiente, hasta que Evo Morales encabeza el movimiento al socialismo (MAS) y tiene como paradigma base de su política gubernamental, el buen vivir. Largos diálogos con el canciller David Choquehuanca sobre la cosmovisión andina-amazónica enriquecieron mi conocimiento sobre el tema y precisaron mis preguntas. Es decir, este desafío que yo lo había escuchado hace tantos años, luego de haberlo visto en la práctica y de los positivos cambios que genera en la sociedad tuve acá en la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, la oportunidad de reflexionar sobre el tema sistemáticamente y eso es lo que hice, entonces, abordarlo desde la comunicación.

El vivir bien es -sin duda- un paradigma de los más representativos de lo que Boaventura de Sousa Santos llama las epistemologías del sur, es decir estos modos de pensamiento generados en los movimientos sociales de nuestros países para dar respuestas a las problemáticas actuales y futuras que tenemos.

Algunos capítulos de su publicación hablan sobre Las fronteras de la comunicación para el vivir bien, otro se titula Saberse comunicar para vivir bien. ¿Cuál es el poder que tiene la comunicación en una sociedad para generar, precisamente, este buen vivir?
No hay sociedad sin comunicación, es cierto, y la experiencia latinoamericana en su recorrido que es uno de los ámbitos que toco en el libro en la primera parte nos demuestra que hay un pensamiento latinoamericano crítico, a la vez que constructivo sobre las relaciones de comunicación entendidas no tanto como la vinculación entre un mensaje de emisores y receptores, sino más bien de interacciones sociales y culturales, de encuentros entre personas, entre sociedades con un fin claro, en este caso, un fin claro es el buen vivir.

La comunicación tiene que jugar un papel fundamental y cuando escribo el libro y hablo de fronteras es porque soy consciente que lo que se habla en comunicación para el vivir bien está remando a contracorriente en un contexto no solamente continental sino mundial, donde la comunicación organizacional, la publicidad, el marketing han ganado prácticamente el estatuto de la comunicación. Entonces retornar a los sujetos, retornar a un desarrollo encaminado de otra manera es un desafío que debemos pensarlo desde esta perspectiva para el vivir bien.

El vivir bien, cuando hablo de las fronteras no es una doctrina para recitarla sino que es un desafío para construirlo cotidianamente en las culturas constituidas por nuestras sociedades. Es en este sentido que en la primera parte del libro conceptualizo lo que es la comunicación para el vivir bien y digo que es un proceso de construcción y reconstrucción de sentidos sociales, culturales, políticos y espirituales. Esta es una definición que podría parecer una verdad de Perogrullo pero tiene dos incorporaciones claras en relación a las tradicionales definiciones de la comunicación: el elemento político y la espiritualidad, es decir la vida cósmica que para el vivir bien es fundamental.

Destaco también la definición que se realiza en un campo de interculturalidades, es decir, de encuentros constructivos entre distintas culturas y con un sentido comunitario de la vida colectiva, que es fundamental para entender el vivir bien, porque es una de las raíces de explicación que tiene y sobre esto también explico que es multidiscursiva, hecha por múltiples medios, y lo digo porque mucha gente cree que porque hablamos del vivir bien deberíamos remitirnos a la comunicación cara a cara, comunitaria, solamente indígena, cuando es un paradigma de vida y debe penetrar todos los sectores sociales, las más altas tecnologías y todos los medios que se pueda para poder expresarse. Es decir, que hay fronteras abiertas pero también hay limitaciones en el contexto que hacen pensar en esta propuesta teórica.

La comunicación reconocida en la Constitución ecuatoriana de 2008 como un derecho dentro del buen vivir, ¿qué implicaciones tiene en la estructura social, política, económica y en el elemento espiritual que usted ha mencionado ahora, entendiendo que la comunicación no puede estar subordinada a un modelo mercantilista?
Hay dos elementos que yo planteo en el libro, en uno de ellos hablo que la comunicación para el vivir se realiza en dos campos políticos: el de la ciudadanía y el del Estado, cosa que en realidad representa una ventaja para los procesos de integración y de comunicación, porque normalmente la comunicación hecha desde la ciudadanía tenía el carácter contestatario frente al Estado. En cambio en estos tiempos, con legislaciones como las que usted menciona tenemos la posibilidad de una articulación entre políticas de Estado y reivindicaciones ciudadanas, y la comunicación para el vivir bien debe situarse en esa posición articuladora, no dejar nunca el origen, el momento constitutivo y la propuesta que está en la ciudadanía y que debe hacerse política pública.

En legislaciones como la de Ecuador, y esto también lo planteo en el libro como una de las condiciones, es decir hacer comunicación para el vivir bien, requiere de una estructura que permita hacerlo, esto significa tener políticas de comunicación, legislaciones de comunicación, políticas culturales y sobre el derecho a la comunicación, que en el Ecuador lo tenemos. Lo tenemos porque con este carácter distributivo, equitativo de la frecuencia radioeléctrica que hace que los medios comunitarios tengan a la par de los privados y los públicos un espacio, estamos dando posibilidades que la ciudadanía pueda expresarse para entrar en diálogo con los otros. La característica de la comunicación para el vivir bien, con o sin legislación, es que no buscamos oposiciones sino más bien complementariedades en función de una vida digna.

Entonces el buen vivir, apoyándose en el derecho de la comunicación ¿puede ayudar a reconstruir la cosmovisión andina de nuestras comunidades ancestrales?
En realidad son varias fuentes de constitución del buen vivir: una y la más importante como dice René Zavaleta Mercado, sociólogo boliviano, que habla del momento constitutivo es decir la importancia de tener en cuenta el origen de un pensamiento y el origen del buen vivir indudablemente están las comunidades indígenas, andino-amazónicas y debemos recuperar de su experiencia de vida comunitaria –así como promoverlo y profundizarlo- el paradigma del buen vivir. Pero no se detiene en los pueblos indígenas amazónicos, se nutre y se enriquece con propuestas más bien del campo de la política, de los movimientos antisistémicos, anticapitalistas, anticoloniales, los movimientos afro, los movimientos de mujeres, de derechos humanos, los ambientalistas.

Las políticas de Estado de Ecuador y de Bolivia nutren de otra manera el vivir bien, por supuesto, reconociendo positivamente el aporte de los pueblos indígenas pero haciéndolo -a la vez- un paradigma de carácter universal, una política que nos permita una forma de vida distinta de los tiempos que estamos viviendo y a futuro, como países y como planeta.

Desde su apreciación, los actores sociales de Ecuador ven a la comunicación como un elemento democrático, para buscar un cambio social enfocado en equidad, justicia, respeto, o aún es un elemento invisibilizado.
Tenemos que trabajar en la construcción de una utopía. En realidad, el buen vivir es una propuesta que existe localmente en comunidades indígenas, pero como norma, como forma de sociedad tenemos que construirla con base en ciertos principios que usted ha mencionado y los específicamente del vivir bien: la complementariedad y la reciprocidad, que junto con la solidaridad y la equidad hacen principios que deberían guiar en forma comunitaria la forma de vida en la sociedad, y debemos generar movimientos para esto con una característica que nos da el vivir bien: la comunidad y la armonía.

El buen vivir es tener armonía consigo mismo, en el ámbito espiritual o cósmico; armonía con la sociedad, con las relaciones socioculturales y políticas; y armonía también con la naturaleza a la cual pertenecemos. Entonces esta trilogía es fundamental para tener un paradigma de forma de vida que recoja la energía de los movimientos sociales, pero que no solamente los recoja sino que desafíe a que sigamos construyendo una sociedad del buen vivir.

Ahora, Bolivia también adoptó esta definición del buen vivir en su Constitución de 2009. ¿Cuáles han sido los resultados alcanzados en términos de mejoramiento de la calidad de vida, la convivencia con la naturaleza, la equidad en el sistema económico, entre otros aspectos?
Sin duda que los cambios son positivos, pero debemos tomar en cuenta una cosa cuando hablamos de Estados y el buen vivir. El buen vivir se hizo política de Estado muy rápidamente, sin darse el tiempo para un desarrollo teórico y metodológico suficiente del paradigma, entonces está obligado a construirse en la práctica midiendo resultados con un elemento difícil de trabajar y es que el buen vivir en la percepción ciudadana se hace rápidamente “oficialista”. Y todo lo que es oficialista lastimosamente se pone en la mira de la crítica de distintos sectores sociales, eso pasa en el Ecuador y eso pasa en Bolivia; y aparte de esto el vivir bien al ser una filosofía de vida nueva se hace exigente en los propósitos que se persiguen. Entonces todo lo que podamos evaluar como resultados desde la percepción ciudadana y desde los sectores que tienden a oponerse al buen vivir serán siempre resultados muy grandes, sino sobredimensionados.

De todas maneras debemos valorar los grandes resultados que se están logrando en Bolivia, en el ámbito de la reducción de la pobreza de más del 25% se ha reducido aproximadamente un 11%, en menos de 10 años, lo que es un logro realmente espectacular. En la inclusión ciudadana tenemos un presidente indígena que es consecuente en sus actos con lo que piensa, la inclusión ciudadana es un elemento vital, las políticas sociales reflejan la necesidad de una política que muestra en la armonía la reciprocidad que requiere el buen vivir.

Yo diría que Bolivia está bien encaminada para la conformación interna de una sociedad equitativa, pero también para su proyección a otras fronteras del mundo desde esta perspectiva.

Finalmente sabemos que usted deberá ausentarse por un periodo largo y dejar las aulas de la Universidad Andina. ¿Cuál es la gestión que va a realizar próximamente en el ámbito de la integración sudamericana?
Aprovecho la oportunidad para expresar mi agradecimiento a la Universidad Andina, expresar mi agradecimiento especial a su rector, Enrique Ayala, que de manera tan generosa me ofreció venir un tiempo acá a tomarme un “año sabático”, que me permitió escribir y reflexionar sobre distintos temas que los tenía pendientes trabajar.

Debo decir que la Universidad Andina es una universidad de altísima excelencia de la que me siento honrado ser parte. De acá hacia adelante, la ventaja que yo tengo es no solamente ya una práctica de integración sino una reflexión sobre la integración y la voy a volcar donde vaya. Estoy decidiendo en este momento mi futuro destino laboral, pero sin duda que estará relacionado con la integración latinoamericana, que es parte de la utopía de vida que tenemos.




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