"El mundo no se mira para mirarlo; se mira para transformarlo"


Publicado: 04-10-2017

Por: Camilo Baroja

Geógrafo/ investigador de la Unidad de Información Socio Ambiental (UISA)

Efraín León (México) es licenciado en Geografía. Posee una maestría y un doctorado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Autónoma de México (UNAM). También, un posdoctorado en el Centro de Estudios Latinoamericanos, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNAM.

Efraín León fue parte del grupo de conferencistas quienes participaron en el Congreso Internacional de Epidemiología y Geografía Críticas organizado por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Efraín, bienvenido. Quisiera iniciar esta entrevista con dos preguntas: la primera relacionada con la realidad geopolítica. Por ejemplo, la realidad geopolítica que viven Estados Unidos y México, vinculada no solamente al tema social, sino a aspectos económicos y ambientales; el problema de la migración, de las políticas de la migración respecto de la gente que va de México a Estados Unidos; el tema del Tratado de Libre Comercio que se están iniciando y que se está re-estructurando. ¿Cuál es la mirada? Y ¿cuál es el rol de la geografía crítica frente a este escenario conflictivo? La segunda pregunta está relacionada con esta afirmación que escuché en tu conferencia: “la geografía crítica se mira así misma”. Es decir, se ve desde las externalidades. Pero, también, se mira así misma como disciplina. Entonces, ¿cuál es el rol de la geografía crítica frente a la geografía? Una geografía que está más vinculada hacia la elaboración de plataformas tecnológicas/técnicas donde se inmediatiza todo, donde puedes crear un modelo espacial en minutos, puedes analizar el territorio desde un computador y generar un montón de mediciones. Pero, que se separa un poco de un análisis mucho más profundo del territorio y del espacio. ¿Cuál es el rol de la geografía crítica en estos aspectos?

Es una pregunta complicada para resumir. Sin embargo, respondiendo a tu primera pregunta respecto de cuál es la especificidad de la relación internacional que se establece entre México y Estados Unidos tendría que ver, fundamentalmente, con un interés directo de la geografía, el conjunto de modificaciones, los entornos concretos y en la estructura territorial del país que han resultado de manera no planeada; o sea, como una consecuencia de la aplicación de estas políticas de libre mercado y que, por supuesto, además sobre ellas se montan un conjunto de proyectos de ordenamiento territorial nacional e internacional muy parecidos a los que están sucediendo aquí en América Latina como en el Irsa que, de alguna manera, violentan la normalidad de los distintos territorios locales en México. Esto se vive como problemas directamente vinculados a la destrucción ambiental, problemas directamente vinculados al despojo. Entonces, al incremento de propiedad monopólica de la tierra; se ve, directamente, vinculado al incremento, a la profundización de los flujos migratorios porque hay que ver que no solamente es un despojo material sino que al mismo tiempo es un desarraigo del sujeto que deja de ser “sujeto a” y, entonces, busca sujetarse a otro lugar, que ha tenido como consecuencia terrible el crecimiento gigantesco de las principales manchas urbanas del país. Ahora mismo, la mancha urbana de la ciudad de México tiene casi 25 millones de personas solamente la megalópolis y si consideramos, además, lo que algunos autores llaman la corona de ciudades, se calcula que apenas se toquen –que pueden ser en cinco o 10 años máximo- será una megalópolis de 40 millones y, frente a eso, vaciamiento del campo, una destrucción de la producción del campo, un aumento masivo de las exportaciones de alimentos de Estados Unidos para México o de las importaciones de México para Estados Unidos, condiciones terribles, entonces, para rearticular la producción en el país, muchísimas cosas más que habría que decir en específico hablando, por ejemplo, el acceso cínico que ha permitido el actual gobierno –y los gobiernos anteriores- en el sector minero, la modificación de la ley energética y, entonces, la posibilidad del acceso del capital privado al petróleo, a la producción de energía hidroeléctrica, etcétera.

Tú hablabas del Irsa y de todos estos proyectos que se están conformando en Latinoamérica y que están vinculados a los sectores estratégicos. ¿Cuál fue esa visión de la geografía crítica con respecto a lo que está pasando, también, en Ecuador respecto de la implantación de todos estos proyectos extractivos auspiciados desde el Estado?

Yo no conozco la realidad ecuatoriana como conozco la mexicana. Por su puesto, soy un interesado. Entonces, hablo con mucho menos conocimiento. Pero, hay un paralelismo total. Las políticas extractivistas -ni siquiera es en América Latina, es prácticamente en toda la periferia mundial, en todas las regiones donde hay concentración importante o medianamente importante de minerales- si uno revisa los paquetes jurídicos con los que se permiten son semejantes; si uno revisa los impactos directos que se tiene en ecosistemas, en comunidades, en destrucción, lo que estaba diciendo que sucede en México. Yo se, por algunas organizaciones ecuatorianas que, además, se han encargado de mantener siempre vigente la denuncia. No solo en Ecuador, sino fuera que están sucediendo cosas muy parecidas como sucede en Perú, como sucede en Colombia, como sucede en Brasil, etcétera, como sucede en Centroamérica, como sucede en Guatemala. Es un primer punto de identidad que es muy importante porque, entonces, nos habla justo de la primera pregunta que me hacías hace un momento de cuál es el papel de la geografía crítica de identificar que los problemas que nosotros vivimos comunitariamente o en términos de país nacional o multinacionalmente no son problemas que solo nos competen a nosotros. Entonces, la geografía no solamente tiene que decir algo en relación a cómo se está destruyendo ese medio ambiente o cómo poder impulsar procesos de reconstitución de lo que está siendo destruido. No solamente el recurso, la base material, sino el propio tejido social, sino aportar mucho más en relación a la comprensión de cuál es el tipo de proceso que se está construyendo en toda la región para que no se vea solo como una agresión de un sujeto/capital, perverso que está allá dirigido solo por una pulsión de acumulación de dinero, sino que tiene estrategias, que tiene necesidades, que tiene, además, formas peculiares, dinámicas que se viven localmente pero que no necesariamente son locales y que como parte del mirar crítico de una geografía crítica corresponde, además, ayudar a comprender mejor las formas en las cuales se puede enfrentar este tipo de procesos no solamente resistiendo sino buscando las maneras, incluso, de cómo disputar la posibilidad, también, de uno intervenir y proponer formas distintas de vincularse con los entornos particulares y con los entornos externos.

En tu ponencia, tú decías que con todo el bagaje histórico, con toda la memoria histórica que se ha generado con respecto a la geografía, ya tenemos el camino muy transitado de saber qué es lo que no queremos como geografía crítica. Pero, entender qué sí se quiere como geografía crítica es un proceso que está en constante construcción y que va a seguir construyéndose. A tu modo de ver, ¿qué debe ser la geografía crítica y cómo se ancla con la construcción de alternativas reales en el territorio?

La criticidad en la ciencia –lo dije en la conferencia- tiene vigencia en tres planos y cada uno de esos planos son indispensables para poder construir una ciencia crítica de la que se desprende una praxis científica-crítica: el ético, que te pone frente a una realidad y te condiciona lo que estás mirando; el epistemológico, que hace que no solo te definas como no positivista sino, que te definas como algo en específico. La necesaria y sistemática toma de conciencia de las herramientas con las que miro es un principio crítico-epistemológico y, por su puesto, un principio crítico-político de intervención. El mundo no se mira para mirarlo, el mundo se mira para transformarlo. Para mí, la crítica se constituye necesariamente en estos tres planos, hay que cultivar estos tres planos, hay que entender que ninguno se basta así mismo, sino que requiere de los otros para que, incluso, dentro de sus propios principios se fortalezca y superar, desde esta perspectiva, la idea abstracta de pluralidad como sinónimo de riqueza de lo crítico: esto me parece central, sino que, fundamentalmente, entender que hay formas distintas de pluralidad y que hay pluralidades que, reconociendo las diferencias, superan los obstáculos y construyen algo distinto y algo más poderoso que no necesariamente nos lleve a pensar en una homogeneidad. Ahora, yo trabajo geografía marxista. Pero, desde ahí me paro y desde ahí dialogo, desde ahí construyo para poder establecer el problema de la geografía crítica. Una geografía crítica tendría que decir en dónde se está parando, con qué herramientas se está pensando y para qué lo está pensando, qué es lo que está queriendo transformar.

Generar una posición política definida…

Claro. Y participar -en tu práctica individual junto con el resto de las otras prácticas- una práctica política común porque sino la pluralidad de las formas de ver con sus límites que habíamos mostrado se traduciría en la pluralidad de las formas de hacer. Al no ver que lo que hacemos no solo es riqueza sino que, también, es contradicción que, también, es tensión. El resultado de la práctica -no una o dos, sino de todas las prácticas- termina siendo cualquier otra cosa. Esa es la esencia del capital: el liberalismo, el actuar individual donde cada uno hace lo suyo y lo que termina haciendo el capitalismo es esta unidad histórica que nadie hizo, de la que nadie se responsabiliza, pero que hacemos todos.

Y que también es esta homogenización atomizadora: que te atomiza. Pero, que, también, te deja en un estado plano, no puedes decidir, no tomas partido frente a las cosas.

Exactamente.

¿Se habla un poco de militancia geográfica?

Sí. Hay que entender que uno no debe ser militante para ser crítico. Hay cosas que transformar dentro de la propia institución académica: la transformación de tu forma de pensamiento y de la forma de pensamiento de la Academia ya es transformación de la realidad. Entonces, la oposición que a veces se construye cuando se generan estos purismos entre la universidad, la investigación, el trabajo de la ciencia y la realidad es una fragmentación absolutamente ficticia. Quien defiende esta forma como: “la realidad está afuera” y “la universidad está adentro” está atomizando.

La que planteas es una realidad que se ha dado durante mucho tiempo, que es parte de una estrategia. Es decir, el hecho de diferenciar muchísimo la vida académica de lo que está ocurriendo en la realidad.

Claro. Esto desde las izquierdas y desde las derechas. Eso viene de los dos lados.

Efraín te agradecemos mucho por tu presencia y ojalá, en otra oportunidad, podamos tenerte de nuevo por aquí.

Les agradezco mucho a ustedes por la oportunidad y un saludo a todos.

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