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Escuelas Lectoras: con los mentores, la Universidad llega al territorio


Saber “dibujar” el abecedario y juntar letras no es escribir; reconocer signos y asignarles un sonido, no es leer. Ambos son procesos complejos que implican múltiples acciones, más aún si se toma en cuenta que se ejecutan en la primera infancia.

Soledad Mena, docente del Área de Educación y coordinadora del Programa Escuelas Lectoras de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, explica la importancia del componente socio cultural del lenguaje y por ende de la lectura y de la escritura. “Si los niños descubren la utilidad de saber leer y escribir, se involucrarán voluntariamente para resolver cualquier obstáculo que se les presente en el camino del aprendizaje”.

Bajo este precepto, en el año 2002, la Universidad Andina puso en marcha el programa Escuelas Lectoras que tiene como base la enseñanza de la lectura y la escritura de calidad, con énfasis en niños que se desenvuelven en contextos no lectores; es decir, en donde como práctica cotidiana no se lee ni se escribe o más aún, donde el uso de la palabra es escaso. “Un niño a quien sus padres suelen leerle cuentos o ven que papá y/o mamá leen habitualmente, va a aprender de forma diferente que otro que carece de estas experiencias. Asimismo, un niño quien aprende que la palabra solo se usa para dar órdenes o maltratar… no va a encontrar sentido en ‘hablar” para comunicarse, para comprender, para aprender”, asegura Soledad Mena.

Desde hace 15 años, el programa Escuelas Lectoras capacita y realiza un acompañamiento en el aula a docentes interesados en esta innovadora propuesta de enseñanza del código alfabético, de la lectura y de la escritura. Durante este tiempo, los cinco mil maestros asistentes han reportado cambios positivos en el desempeño con sus estudiantes.

Como continuación del Programa en este año, el Centro de Desarrollo y Autogestión (DYA), el Programa de Acompañamiento Pedagógico impulsado por el Ministerio de Educación y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) se unieron al esfuerzo de la Universidad Andina para desarrollar un plan de trabajo conjunto de apoyo y fortalecimiento a las capacidades del Ministerio de Educación. El propósito: responder al derecho de formación que tienen los docentes del país y ofrecerles un sistema de capacitación continua con seguimiento en el aula para afianzar sus capacidades en la enseñanza de la lectura y de la escritura.

Para ello, han creado un proceso formativo para mentores quienes serán los encargados de capacitar a los docentes del subnivel elemental; es decir, quienes dictan clases a niños de primero a cuarto de Educación Básica General (EGB) en 15 distritos prioritarios en el país ubicados en las provincias de: Sucumbíos, Imbabura, Napo, Cotopaxi Chimborazo, Pichincha y Santa Elena.

Hasta finales de este año, se habrán formado 75 mentores. Para Soledad Mena “este es un gran paso porque nos permite completar el proceso. Es decir, –por un lado- enseñamos la metodología para que los niños aprendan a leer y escribir y –por otro- formamos a los docentes quienes, a su vez, en las aulas, con sus alumnos, practicarán lo aprendido con nosotros”.

Aprender para enseñar

Desde el lunes 20 y hasta el viernes 24 de este mes, en tres aulas de la Universidad Andina se desarrollará el segundo módulo para mentores. En total son cuatro: el primero se realizó del 30 de agosto al 2 de septiembre; el tercero está previsto para enero y el cuarto, para abril.

Estas 32 horas de clases presenciales que inician el lunes son parte de las 128 que deberán completar los participantes como parte del Programa. Adicionalmente, tendrán 52 horas de asesoramiento a través del aula virtual y 100 horas de asesoramiento y acompañamiento en el aula. Es decir, habrá clases demostrativas y observación de clases.

Los asistentes, también, destinarán 50 horas para realizar un trabajo escrito en el que plasmarán las reflexiones y metodologías que realizan para transferir los aprendizajes y, de esta forma, optimizar su desempeño.

Permanentemente, presentarán tareas que se encontrarán asignadas en la plataforma virtual.

Al final de todo el proceso, los participantes habrán recibido 330 horas de capacitación de máxima calidad a cargo de capacitadores expertos formados por Escuelas Lectoras que pertenecen al Ministerio de Educación, a DYA y a la Universidad Andina.

Gabriela Mena es una de las capacitadoras del Programa. Al momento, se encuentra en Latacunga con un grupo de maestros. Para ella, esta experiencia ha sido sumamente enriquecedora “no solo por la acogida a la propuesta de Escuelas Lectoras sino por los resultados que se van obteniendo”.

De su experiencia como capacitadora, Gabriela Mena cuenta que las clases demostrativas es el proceso que más gusta a los mentores. “En el aula, ellos se sorprenden de la técnica y de su funcionamiento. Enseguida, realizan un proceso de autocrítica y van ajustando los procedimientos”.

Otro tema que ponderan, dice Gabriela Mena, es el manejo adecuado del clima en el aula. “Es muy importante mantener un ambiente de tranquilidad y apertura para el aprendizaje. No es fácil lograr auto-control en los niños porque están en una edad en la que tienen mucha energía y se distraen con facilidad. Pero, sí es posible. Nosotros trabajamos en eso y los mentores se fascinan al descubrir que sus alumnos logran concentrase, razonar, expresarse adecuadamente. En resumen, aprender”.

Con este criterio coincide Lorena Soria, una maestra con 31 años de experiencia. Ella es mentora y tiene bajo su responsabilidad a 21 maestros de dos instituciones educativas de Latacunga: ocho de la Unidad Educativa La Inmaculada (sección matutina) y 13 de la Unidad Educativa Victoria Vásconez Cuvi (sección vespertina)

“La metodología que aprendemos es fascinante porque rompe con todos los esquemas a los que hemos estado acostumbrados. Y porque vemos en la práctica que sí funciona”.

Lorena Soria admite que al comienzo tuvo miedo. “Yo no me atrevía a hablar frente a otros compañeros maestros. No podía. Estaba muy asustada. Pero, luego, yo miraba a las capacitadoras cómo lo hacían, veía su seguridad, su confianza, su convicción. Y fui aprendiendo. Antes, capacitaba a mis compañeros en grupos de tres. Ahora no, yo capacito en grupo: a ocho de una sola”, dice con solvencia.

Para Lorena Soria esta es una oportunidad de enorme valor porque “nos permite compartir experiencias. Aquí nadie sabe más ni sabe menos. Aquí todos sabemos algo y lo que hacemos es sumar esfuerzos para aprender unos de otros”.

“Aprender con la Universidad Andina ha sido una experiencia única. Yo, en todos mis años de experiencia, jamás tuve una oportunidad como esta donde sentimos que somos importantes. Los capacitadores están siempre con nosotros, acompañándonos, guiándonos. No vienen a dictar una clase y se van. No. Todo lo contrario. Nos impulsan a participar, a pensar, a ser críticos. Y eso es lo yo replico cuando capacito a mis compañeros: es maravilloso ver cómo vamos avanzando juntos”.

Lorena Soria hace una invitación a sus colegas: “arriésguense. Salgan de las cuatro paredes en las que hemos estado acostumbrados a vivir porque creíamos que eso era la escuela, que eso era enseñar. No. El mundo está afuera y podemos verlo con otros ojos. Eso depende de nosotros. Súmense al grupo de mentores y sigamos cambiando el mundo de nuestros niños”.

Nuevos saberes. Listos para compartir

Una vez culminado el proceso de capacitación de 330 horas que incluye clases presenciales y virtuales, realización de tareas, prácticas en el aula y un ensayo, los 75 mentores estarán listos para:

  • Reconocer las ventajas y beneficios que aportan la lectura y la escritura. Además, la relación que ambas tienen con la lengua oral para promover la participación en la sociedad. “Esperamos que los tutores re-signifiquen los conceptos de lectura y escritura desde el sentido y el uso que las personas hacen de estas destrezas”, dice Soledad Mena.
  • Comprender que la enseñanza de la lengua escrita exige diferenciar la enseñanza de la lectura, de la escritura y del sistema de la lengua. Aunque están interrelacionados, estos tres contenidos tienen objetivos diferentes.
  • Aplicar estrategias y actividades que guíen a los estudiantes y docentes al “descubrimiento” de la relación fonema-grafema. “Cuando descomponemos las palabras para escribir y no para leer asignamos significado a las palabras y no sonido. Entonces, la comunicación toma forma y se comprende como un vehículo para expresar ideas. ‘Mamá’ no es solo un sonido de dos letras con dos vocales: tiene un significado que, además, se relaciona con la cultura y las experiencias”.
  • Crear estrategias que incrementen la capacidad de expresión oral y escrita, para expresar y comunicar sus ideas, emociones, vivencias y necesidades, mediante un manejo adecuado del vocabulario, la comprensión progresiva del significado de las palabras y el uso de la coherencia sintáctica, para expresar con claridad sus ideas.
  • Guiar a los docentes en la construcción de los nuevos conocimientos mediante la recuperación de los saberes previos de sus pares y guiar una reflexión crítica sobre los mismos.
  • Acompañar a sus pares en la aplicación de los nuevos saberes con capacidad para validar, comunicar y demostrar aquellas comprensiones que han ido adquiriendo.
  • Realizar clases demostrativas que modelen cómo se aplica en el aula lo que se ha trabajado en los talleres presenciales de capacitación.
  • Observar las clases de los docentes aplicando lo aprendido en el taller, propiciando espacios de reflexión y guiando a sus pares para que analicen, ellos mismos, su práctica identificando sus fortalezas y debilidades.