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La Andina continúa su trabajo solidario en Canoa


Por: María Fernanda Cedeño Égüez

Las figuras de estrellas de mar, burbujas, conchas, peces y caracoles pegadas al piso reciben sonrientes a quienes ingresan al edificio Mariscal Sucre, de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador. Su colorida presencia guía a quienes, curiosos, siguen ordenadamente las pistas que brindan estos seres marinos que ahora habitan en la superficie.

Cumplido el trayecto y una vez zambullidos en la planta baja, los visitantes ingresan al mundo de Canoa “después” del terremoto del 16 de abril, porque el sismo de 7,8 en la escala de Richter que sacudió las costas del noroccidente ecuatoriano, no solo que movió los cimientos de Esmeraldas y de Manabí, sino que marcó con rojo el calendario del país entero. Desde esa tarde de terror, todos hablan del “antes” y del “después” del terremoto.

Al final del salón, una carpa celeste con cintas amarillas acoge a un oso y a otros peluches que, por Navidad, partirán rumbo a Canoa. Ellos ya conocen su misión: la primera, convertirse en los compañeros inseparables de decenas de niños y niñas quienes los esperan con ansias y la segunda, llevar un mensaje de solidaridad de otros niños y niñas de Quito quienes han decidido, voluntariamente, compartir su ternura empacada en forma de juguete.

La carpa debe llenarse hasta el 15 de diciembre. Todavía quedan muchos espacios vacíos. Así que, la misión continúa. Si usted y/o sus hijos quieren alegrar a un pequeño o a una pequeña de Canoa en estas fechas, hágalo a través de un juguete: recoléctelo, venga con su familia a la Andina, sigan juntos la ruta de los peces y antes de depositarlo, díganle al oído el mensaje que quiere que lleve en su nombre. Aprovechen la oportunidad para conocer de primera mano, a través de una exposición fotográfica, el proyecto que lleva a cabo la Andina para apoyar a quienes viven en Canoa: valientes guerreros, habitantes tenaces de un paraíso costero enmarcado en 17 kilómetros de playa, edén para los surfistas y sitio favorito de quienes disfrutan de la naturaleza en su máxima expresión.

Las fotografías cuentan la historia

Redes, un barco blanco de cartón colgado del techo y cuatro biombos con fotografías y textos cuentan, a través de una exposición fotográfica, el desarrollo de un proyecto diseñado y ejecutado por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, para apoyar la reactivación de Canoa después del terremoto.

El título de la muestra “Canoa sueña, Canoa ama, Canoa se levanta” se extrajo de una frase escrita por el profesor Antonio Dueña, oriundo de Canoa, quien apela a la fuerza de voluntad, a los sueños, a las ilusiones y al valor para seguir adelante pese a las adversidades.

La exhibición recoge algunos de los momentos vividos en el “Proyecto de reparación integral para la población de Canoa” que se ejecuta como parte del Programa Andina Solidaria.

Claudia Storini, docente del Área Académica de Derecho de la Universidad Andina y coordinadora del Proyecto, recuerda que luego del terremoto decidieron apoyar de manera sostenida a la población de Canoa. “En un primer momento, realizamos acciones puntuales y emergentes: entregamos agua y víveres. Pero, realmente, nos enfocamos en los niños. Nuestros compañeros del Área Académica de Salud nos recomendaron hacer una colecta de peluches porque cuando ocurren estas desgracias, los niños necesitan tener algo suyo que les acompañe. Entonces, reunimos decenas de muñecos de felpa, gracias a la solidaridad de la comunidad universitaria. Y fuimos a entregarlos”.

“Cuando llegamos, nos encontramos con una realidad muy dura. Y decidimos continuar: levantamos -también a través de donaciones- dos ludotecas para que los más pequeños tengan un espacio propio donde divertirse. Ellos pusieron sus reglas para compartir el tiempo juntos y entretenerse sanamente”.

La convivencia con los habitantes de Canoa les permitió a los voluntarios de la Andina detectar otra necesidad precisa: los pescadores habían perdido sus redes. El sismo les había arrebatado sus herramientas de trabajo (en el lugar, los pobladores se dedican a la pesca o al turismo). ¿Qué hacer? “Acudimos, otra vez, a la solidaridad de nuestra comunidad universitaria y armamos la campaña ‘Canoa pesca’ para recolectar dinero y comprar las redes”.

Repartieron alcancías por toda la Universidad y confeccionaron chompas de color azul con el nombre de la UASB impreso amarillo para venderlas. Las alcancías se llenaron y las chompas se vendieron rápidamente.

Los voluntarios partieron, nuevamente, rumbo a Canoa. Allí, el presidente de la Asociación de Pescadores y Afines Canoa (Asopecano), Ermito Elías Gilce, recibió 10 redes y cabos que ahora se utilizan sabiamente.

Listo. Y con eso, ¿tarea cumplida? “No”, responde Claudia Storini quien nació en Italia pero tiene su corazón en Ecuador. “No podíamos abandonar Canoa de esa forma. Es decir, llegar, dar unas cuantas cosas y cumplir con nuestra ‘dosis de bondad’”. No. Nosotros decidimos ir más allá, acorde con nuestras convicciones”.

En Canoa, explica Storini, los habitantes tienen un problema grave de legalización de las tierras en las que viven. “Esto se da por muchas razones: la falta de conocimiento, el costo de los trámites y la gestión en sí. Para escriturar sus terrenos, las personas deben desplazarse largos tramos hasta llegar a poblaciones más grandes como San Vicente o Bahía de Caráquez. Esto implica dejar de trabajar. Pero, resulta que si ellos no trabajan, no comen porque su economía es al día. Sobre eso deben invertir en el pasaje, pagar al notario, hacer todos los papeles. En fin… No lo hacen”.

Ante esto, los docentes y los alumnos del Área de Derecho de la Andina, decidieron cooperar en la regularización de los terrenos de los pobladores de Canoa para que puedan, una vez enmarcados en la ley, acceder a otros servicios.

Pero, ¿cómo hacerlo desde Quito? El obstáculo de la distancia había que superarlo de alguna forma. Así que se construyó un puente estratégico con la Facultad de Derecho de la Universidad San Gregorio de Portoviejo con la que se firmó un convenio. Sus docentes y sus estudiantes, se sumaron a la causa.

“Al momento, estamos en la etapa final. Estamos resolviendo 60 casos”, asegura Claudia Storini quien cuenta que, mientras trabajaban en la legalización de las tierras, el Club Rotario de Quito se acercó a la Universidad Andina para, también, ofrecer su contingente para Canoa.

“Estábamos muy contentos por las muestras de confianza en nuestra gestión que se visualizaría en acciones concretas. Compartimos con los presidentes de los barrios de Canoa esta nueva oferta y ellos expresaron su deseo de contar con un centro de acopio para los productos del mar”.

“El Club Rotario ofreció donar las máquinas de frío y un camión. Pero, necesitábamos el espacio y la construcción”.

Claudia Storini, dueña de una energía envidiable, tendió de nuevo, los puentes: “la Facultad de Arquitectura de la San Gregorio ofreció su asistencia técnica y presentaron cuatro prototipos. La comunidad eligió uno y la Universidad Politécnica Salesiana (UPS) se encargará de la edificación no solo del centro de acopio, sino de un restaurante que será administrado por las mujeres de Canoa. Posteriormente, y si todo sale bien, habrá, también, una camaronera y un observatorio ambiental. La UPS levantará todo esto sobre un terreno donado por el Gobierno Municipal de San Vicente y con financiamiento proveniente de instituciones europeas. El proyecto contempla una serie de cursos de capacitación para todos los involucrados”.

Entre tanto, los docentes y los estudiantes de la maestría en Derecho de la Andina se han embarcado en otra tarea: fusionar las dos asociaciones de pescadores y convertirlas en una cooperativa. “De esta manera, el centro de acopio podrá funcionar adecuadamente. La idea es crear un fondo de ganancias cuyo porcentaje se reinvierta en la población de Canoa. Nuestro objetivo es facilitar un proceso social en común, que funcione y que tenga repercusiones en beneficio de todos”.

“La tarea no ha sido fácil y sabemos que no lo será”, dice Claudia Storini. Pero, ella no baja los brazos. Todo lo contrario. “Estamos demostrando que la Universidad puede vincularse efectivamente con la población. Ese es nuestro trabajo y lo tenemos claro. Todas las universidades que estamos involucradas en el Proyecto hemos puesto a disposición de la comunidad, nuestros conocimientos para los utilicen en su beneficio”.

Para Storini “lo más importante es no fallarle a la gente porque están viviendo un desamparo muy grande. Nuestra relación con Canoa ha sido franca y saben que cuentan con nosotros”.

Toda esta historia se narra a través de las fotografías expuestas en “Canoa sueña, Canoa ama, Canoa se levanta”. Allí, están los rostros, los lugares, los momentos de lo que Claudia Storni llama “una reconstrucción diferente basada en la solidaridad y en una reparación integral porque nuestro deseo es que Canoa esté mejor que antes del terremoto. Esa es nuestra esperanza”.

MFC/KR

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