|
|
|
"APUESTA
HACIA UNA REFORMA DEL PENSAMIENTO:
Pensando desde Lipman, Morin y Accorinti"
Por
Isabel Pavez Guzmán
ipavez@hotmail.com
Fuente:
http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=10
Junio, 2003
"Las noches están encinta y nadie puede
decir qué día será el día que
va a venir"
-Proverbio Turco-
Los seres humanos de este lado del mundo - y también
los de otros lados - históricamente, hemos habitado
y habitamos lugares donde por doquier están presente
las persecuciones, los exterminios, las indiferencias y las
soledades. Se margina y castiga a quien es distinto, piensa
y balbucea, siente y ama diferente; y así sucede porque
no se le entiende, o porque no se puede o no se lo quiere
entender.
¿Por
qué razón el ser humano es un exterminador de
su especie y de las otras especies del planeta? ¿Es
un problema connatural al ser humano?, ¿ un problema
ético?, ¿ un problema del pensamiento?
Y junto
a esta historia de destrucción, también hemos
vivido y vivimos una de nacimientos permanentes. En un momento
de la historia nos humanizamos e iniciamos el desarrollo del
pensamiento y del afecto; conquistamos el fuego, creamos la
técnica, el lenguaje, el arte, la ciencia, las religiones,
la filosofía, los mitos, entre tantas otras. Transmitimos
la compleja cultura y hoy, sin embargo, estamos destruyendo
el mundo natural y queriendo expulsarnos o expulsando a otros
del mundo social. La mirada se nos fue tornando blanquinegra
y lo que no está en las polaridades pareciera condenado
a morir por hambre, por pena o por desamor.
El ser
humano piensa y desarrolla mundos imaginarios, de dioses,
de genios, de espíritus, de ideas, por los que puede
morir y puede matar. Se imagina y piensa una multiplicidad
de futuros posibles; el cómo sean estos mundos - avasalladores
o liberadores - tiene mucha relación con el cómo
se los piense.
Hemos
vivido- desde nuestros orígenes - una aventura desconocida,
peligrosa e incierta. En algunos momentos de la historia nos
hemos sentido seguros en supuestas certezas que hoy se desmoronan
y dejan, temporalmente, desvalidos, o peor aun, nos dejan
defendiéndolas en su simplicidad y rigidez anquilosante
que no da cuenta de transformaciones ni complejidades.
Sin embargo,
seguimos estando. Hay algo que nos permite vivir, pensar y
soñar en mundos mejores
¿cual habría
de ser éste?, yo sólo lo pienso y lo sueño.
Pienso con vehemencia, que hay que cambiar el sentido de la
aventura de estar vivos; hay que romper linealidades, horadar
y excavar aquellas brechas por las que asoma la novedad; nuestra
época puede presentarse crísica, y en esa medida,
dadora de situaciones que favorecen - y exigen el coraje que
muchos tienen - el surgimiento de un pensamiento rupturista
y propositivo.
Tal aventura de vivir me lleva a caminos del pensamiento y
del conocimiento, ya recorridos por gentes que sabe de sueños
y que me invitan- con las huellas de sus pisadas- a caminarlos.
Estoy pensando y nombrando, haciendo presentes a Lipman, Morin
y Accorinti; personas de distintos aires y años, paisajes
y colores, lenguas y palabras , que entrelazadas en un mismo
sueño y esfuerzo quieren que este mundo , que nos toco
vivir, celebre a la vida y niños y niñas tengan
la certeza- al menos que esa permanezca - que su humano futuro
existe. Ese sueño y esfuerzo habita en el mundo de
la filosofía y de la educación.
Hablar
de pensamiento y conocimiento me aproxima a un ser humano
que habita una época histórica, respira ciertos
mitos y dioses que lo acompañan desde antes que naciera
- o se le acercan al lugar que habita después - y le
dan una cierta tonalidad a su mirada y ciertas notas a sus
sones. Desde estos mitos y sus culturas, cada ser humano percibe
un mundo - natural y social - lo interpreta, lo hace su mundo;
desde sus experiencias intenta explicárselo a sí
mismo y a los demás, quienes lo traducen en una nueva
interpretación. Por ello, cuando se conversa de lo
que les sucede a los seres humanos, hay que pensarlos en situación.
Los seres
humanos - unicidades bio-síquicas-antropo-socios-culturales,
para Morin - se encuentran en la narración, ella conlleva
traducción, por lo tanto, interés y atención.
Traducir al otro es estar con el otro y así entenderlo
desde su texto y contexto sostiene Lipman. Y si cada ser humano
lee el mundo según ciertas narrativas, si cada ser
humano conforma y forma una sociedad y cada sociedad conlleva
una cultura, es indudable la riqueza que existe en la unicidad
que se enriquece en la multiplicidad. Cada unicidad forma
una multiplicidad y no es fácil leer e interpretar
pensamientos y narrativas diferentes.
Los seres humanos, creadores y poseedores de mitos y creencias,
quieren saber lo que ignoran y lo sabrán desde el lugar
geográfico que ocupen en el globo terráqueo
y el lugar social que ocupen en los países que habitan.
Dioses y creencias, con distintos nombres, generalmente, hablan
de lo mismo. Forman sociedades, con tradiciones y lenguajes,
producen conocimientos para asegurar su funcionamiento y su
reproducción. Va naciendo la cultura, preguntas y respuestas
con supuestos de lo que sea la verdad del conocimiento y pensamiento,
un imaginario colectivo, una representación colectiva,
una conciencia colectiva, que está presente en cada
uno y en todos los cerebros, un "megaordenador complejo"
dice Morin.
Así, el conocimiento conforma culturas que impregnan
el pensamiento - individual y social - y condicionan la formación
de conceptos y conceptualizaciones que se manifiesta en y
cómo sea la sociedad; se establece una relación
de mutua generación. La cultura se hace inseparable
del conocimiento y pensamiento individual; cada cultura establece
las formas de alimentarse, de jugar, de pensar, y así
también serán estimulados y desarrollarán
los cerebros. Tal afirmación conduce a pensar en los
niños y las niñas, aun en procesos de adaptación
y desarrollo y en la importancia que tiene una educación
que rescate -desde y en su hacer - el sentido de lo humano.
Si el
conocimiento, emanado desde la sociedad, se entiende como
el "producto de interacciones bio-antropo-socio-culturales"
sostiene Morin, puede producir en una cultura desalójica
la perpetuación del poder de los conocedores, que defienden
su poder, no dándoselo a los demás, o utilizando
prácticas coercitivas o impidiendo que los nuevos conocedores
puedan narrar lo nuevo que traen; los acallará, los
despreciará, cerrará las puertas de centros
de poder académico e intentará enmudecerlos
para dejarlos en el silencio. Tras estos antiguos conocedores
existen sistemas que los respaldan y en los que sustentan
sus privilegios. No es curioso sean promotores y defensores
de sistemas autoritarios, política e ideológicamente,
porque se basan en la evidencia, la certeza y el dogma.
Víctimas
de la rigidez han sido desde grandes inventores- que cometieron
el error de nacer en esas épocas - a grandes revolucionarios
que pensaron el mundo podía ser más justo. Todos
innovadores que usaron un pensamiento distinto. Que se atrevieron
a adentrarse por aquellas brechas que los sistemas imperantes
querían parchar para que no se notara la disidencia
a lo lineal y estático que dejaba de ser progreso -
gran idea fuerza que perdía su razón - y evidenciaba
que algo no estaba funcionando bien y se iniciaban procesos
de involución. Ellos tienen un pensamiento que parece
contener las humanas dimensiones de un pensar, sentir y amar
humano , que por alguna razón se aleja de la humanidad.
El atreverse a pensar distinto es peligroso, duele al que
lo hace y mucho más a los sistemas que hacen todo lo
posible por acallarlos, sea ignorándolos con una pensada
indiferencia, con medidas de fuerza, o por el silencio obligado
al negarles espacios.
Por ello
no es extraño que al pensamiento lo acompañen
historias de dificultades, o que los pensadores emprendan
solos su costoso andar. A contraviento y a contramundo. Y
que ellos emerjan cuando las sociedades viven situaciones
de crisis.
La seguridad de los conformismos cognitivos e intelectuales
es lo que habrá que romper y que afortunadamente es
posible, porque este mismo ser humano puede intervenir aquellas
interacciones y desencadenar transformaciones bajo ciertas
condiciones como las que entrega una cultura dialógica.
Hay momentos
en que la fuerza de normas y sistemas se debilitan y surgen
desviaciones a los lineamientos y evolucionan los conocimientos,
hay condiciones que mueven una "dialógica cultural"
donde es posible el debate de ideas, los encuentros y la comunicación
que estimulan la imaginación y la argumentación;
que invita a la polémica, al enfrentamiento de ideas,
al fortalecimiento del pluralismo y ,sin duda, a aquella posibilidad
de expresión de lo nuevo que se propone. Cuando existe
tal cultura dialógica y se desarrollan críticas
recíprocas emergen ideas nuevas.
Cultura dialógica y posibilidades de expresión
permiten la regresión de determinismos. Ellas nacen
en momentos en los que la sociedad empieza a ensordecerse
de nuevos ruidos y furores, truenan conflictos y desórdenes
sociales, que pueden aportan "libertad y progreso y también
destrucción y regresión" afirma Morin.
Las condiciones sociales, históricas, culturales, pueden
ser prescriptivas para las ideas y el pensamiento, y también
permisivas a la idea nueva del pensamiento creador. Así
las culturas pueden ser liberadoras o encarceladoras.
Surgen crisis paradigmáticas que pueden suscitar hundimientos
de normas marcadas a fuego y generar rupturas en el centro
mismo del conocimiento y del pensamiento. El conocimiento
y el pensamiento nacidos desde esa creación individual
de alguien que tiene las ganas y el coraje de enfrentarse
a tradiciones y poderes intelectuales, sociales y políticos
se levantan contra la presión social. Cuanto más
avanza el creador en la creación, menos producto de
su lugar y época es; desde su extrañeza epocal
usa sus azares, felicidades e infelicidades y expresa una
concepción nueva. Por ello la creación individual
es un acto de creación social.
En intentos
de ordenar este mundo el ser humano fue determinando paradigmas
que lo fueron deteniendo en sueños de haber encontrado
lo que era inalterable. Fue explicando su hacer científico,
histórico, social, y no se dio cuenta que el desorden
es la vida misma; la vida es caótica, es desordenada
y por ello se embaraza de ideas que permiten el avance y el
progreso social, científico, histórico, filosófico.
Aquellos
modelos, aparentemente certeros fueron derrotados por un acontecer
que lo superaba en las explicaciones y en las acciones. Ellos
no aseguraron aquel bienestar y progreso que anhelaba. Cuestión
que ha tenido consecuencias poco felices en el mundo del acontecer
histórico, donde los dogmatismos, fanatismos y fundamentalismos
han asesinado a millones de seres humanos, que han cometido
el delito de pensar diferente.
Sin duda, los levantamientos y crisis paradigmáticas
no son casuales ni milagrosas. Están los pensadores,
las personas que contribuyen a que se produzcan o quieren
razonablemente profundizarlo y tienen coraje para hacerlo.
Y no solos sino con los demás, no en soledad de solitarios
sino como seres solidarios. Los pensadores, en esas etapas
de la brecha abierta en el determinismo pueden realizar elaboración
teórica y ser escuchados y ser cuestionados, porque
la sociedad desarrolla ese espíritu crítico
que posibilita se forme ese torbellino dinámico que
permite se desarrolle una autonomía cognitiva y asome
la concepción innovadora. Siempre existirá alguien
que los escuche y los siga en sus cuestionamientos.
Es un vendaval que desordena y ordena y vuelve a desordenar.
Tal ventolera que produce debilitamientos en los determinismos
culturales, sociológicos y sociales permite asomarse
al conocimiento y pensamiento nuevo y necesita de condiciones
favorecedoras de rupturas y fallas en los lineamientos establecidos,
de pluralidades e intercambios, de conquistas y descubrimientos,
y de aquella cultura dialógica ante la incertidumbre
y complejidad.
Y desde
esta cultura dialógica crece el debate interno en las
sociedades y van naciendo las crisis paradigmáticas
ante la necesidad de regular nuevas síntesis, análisis
y respuestas; lo que de ella emana es, sin duda, incierto;
las reacciones pueden ser regresiones o progresiones.
Es la
nuestra una época fecunda en conocimiento y trágica
para el conocimiento y pensamiento, trágica para la
reflexión, viviendo crisis de reflexividad y crisis
de ideas. Sin embargo está la esperanza y la añoranza
en movimientos de transformación y el surgimiento de
conciencias crísicas y críticas, en un despertar
a la problematización , en nuevas formas de leer el
mundo y el pensamiento. Desde Morin en una ciencia nueva y
un paradigma de la complejidad, desde Lipman en una reforma
del pensamiento acogedor y fortalecedor de lo complejo y desde
el pensamiento multidimensional de Accorinti.
Ellos
apuestan por aquella aventura del conocimiento, dialógica
de los puntos de vista, que permite "el conocimiento
del conocimiento" en Morin "el pensamiento del pensamiento"
en Lipman y "el pensamiento multidimensional" en
Accorinti. Y lo hacen desde el conjunto complejo y rotativo
de los puntos de vista sobre el pensamiento. Se habla del
pensamiento complejo, que permite una democracia cognitiva,
al desarrollar su autonomía, la reflexión en
las personas y la reflexión acerca del pensamiento
que permite reconocer sus propios agujeros. Postulan una reforma
del pensamiento.
El conocimiento
y pensamiento tienen una limitación que es, paradójicamente,
la que les permite proseguir, reproblematizar con una visión
dialéctica: abre brechas a lo desconocido- lo imposible
de solucionar -se produce el reconocimiento y enfrentamiento
al misterio. Se pierde la certidumbre. Cuando el ser humano
descubre los límites de su conocimiento y pensamiento
ambos progresan Desde las contradicciones se gana en complejidad.
El pensamiento
tiene contradicciones y reconoce incertidumbres ¿qué
contradicciones? ¿cuáles superar y cuáles
mantener? y ¿por qué? El conocimiento es traducción
y el pensamiento es una aventura. Mientras más se complejizan
invitan al pensamiento complejo.
El pensamiento
se conoce por el lenguaje y la sociedad hace el lenguaje y
el lenguaje hace a la sociedad, y la sociedad la conforma
el ser humano. Por lo tanto un ser humano que habla da el
sentido- que nace del proceso síquico, cerebral y social-
a su vivir El lenguaje está en los seres humanos y
los seres humanos en el lenguaje. Por ello Morin habla de
racionalidad verdadera y Lipman de razonabilidad.
La razón
deja de ser aquella diosa que marcó etapas que dejaron
al ser humano separado de si mismo, y privilegiando solo una
dimensión suya , la de su pensamiento. Me refiero a
aquella dimensión multidimensional del pensamiento-
que acuña Accorinti, y que acoge más allá
de transversalidades externas para situarse en una transversalidad
que emana desde la misma unicidad - multiplicidad de un ser
humano.
Bases
para su reforma del pensamiento es esta unión de sentimientos
y razón porque "la emoción es una forma
de pensar" y "por medio de los juicios emotivos
abrimos nuestro ser al mundo de tal modo que la construcción
de la solidaridad y la tolerancia se dan como un trabajo continuo".
Morin apela a un método que apela a la complejidad,
un método dialógico que no supera contradicciones
radicales, le son insuperables; las enfrenta y asimila, así,
obedece a la complejidad de la realidad viviente. El rigor
de la lógica no vale para el mundo, y si está
también en este método, es en tanto guía
a la razón. Lipman y Accorinti apelan al método
de la mayéutica, dialógico per se, tampoco superan
contradicciones si no las acogen en el disenso donde no las
desvanecen y la lógica es una necesaria y rigurosa
isla dentro del inmenso mar de la sabiduría, recuerda
Accorinti a Carlos Fuentes.
Si el
pensamiento se habla y la interpretación se narra,
se necesita de narradores que narren desde si e intenten construir
un discurso de disensos y consensos, que acojan lo diferente
y lo múltiple y lo complejo, y que lo hagan desde los
niños y niñas que aprenden a celebrar su vida
,junto a los demás, mientras disienten, cuestionan,
critican, abren brechas con sus propuestas. Es propio a todos
los cachorros de los seres vivos - y de los seres humanos-
la curiosidad y asombro desenfrenado, que en su desenfado
muchas veces molesta al mundo adulto. Sin embargo es una característica
que hay que cautelar en un mundo que mucho intenta adormecerlos.
¿Acaso no son los niños y niñas cuestionadores
desde sus saberes?, ¿no levantan una lectura propia
y propositiva? ¿No dejan al mundo adulto encerrado
en respuestas que ellos y ellas no piden, porque quiere más
preguntas?. Y ¿acaso no es este desenfado enojoso a
la escuela y a los académicos anquilosados en sapiencias
que no dan preguntas a los tiempos que corren?¿Por
qué negarles a su rasgo de filósofos y filosofas?.
Me aproximo
a pensar en niños filósofos y niñas filósofas
que habitan en este mundo que poco los acoge. Ellos y ellas
quieren vivir en una cultura dialógica que atienda
lo distinto, y lo complejo, a sus preguntas con nuevas preguntas,
quieren que los dejen pensar y los dejen ser, que los dejen
crecer y vivir en sus fantasías gozosas del descubrimiento.
Estoy
pensando en filosofía para niños y en los niños
y niñas grandes que lo crearon y lo viven hoy. Pienso
en Lipman y Accorinti y lo hago desde tantas preguntas. Estoy
pensando en el programa de un soñador que lo pensó
y vivió - en momentos de crisis cuando jóvenes
franceses, por allá por los 68, deseaban que se los
dejara pensar - y que lo sigue pensando y viviendo hoy, mientras
cuestiona su pensamiento. Lipman -filósofo estadounidense-
en su momento se levantó contra la Universidad de Columbia
y se quedó solo, y siguió en su porfía,
encontró gentes que acogieron su pensar y su sentir
y su amar. Su programa bien conlleva el planteamiento de aquella
estrategia de Morin, acogedora de la innovación porque
no se encierra en respuestas de largo plazo, sino es capaz
de responder autocorrectivamente.
Y puede
hacerlo porque es el pensamiento que se piensa a si mismo.
Desde Lipman han nacido niños y niñas grandes
que están también por América latina,
que posee mundos de gran riqueza étnica; pero los sistemas
educacionales se confunden al querer integrarlos a una forma
de pensar que irrespetuosamente busca acallar cosmogonías
que matizan el mundo con sus propios jolgorios. En nuestros
países viven etnias variadas, tan variadas como los
colores de la piel son las lenguas que se hablan, son los
complejos mundos que se piensan. Se piensa diferente lo mismo,
las respuestas serán distintas, mas las preguntas son
las mismas. Los niños de esta América latina
se asombran desde sus ojitos que mira ansiosos como el mundo
adulto parece no dar respuesta a lo que está cambiando,
y que insiste en leer con ojos cansados.
Me traslado a Argentina, al sur del mundo, donde Stella Accorinti
vive su desafío de hacer que los niños sean
pensantes y razonables, intentando que los filósofos
y filósofas estén en la escuela y también
en las calles y en las plazas. Cómo no recordar a Sócrates
cuando se pasea por el mercado. También ella vive un
caminar en solitario. En ese país Filosofía
para niños nació en momentos en que la dictadura
militar llegaba a su fin, para dar paso a una naciente democracia.
Hay momentos históricos donde una brecha favorece.
Filosofía para niños y niñas "apuesta
fuerte por la filosofía como programa para lograr un
pensamiento crítico, creativo y cuidadoso del otro
que pueda ser desarrollado por los niños y jóvenes
en el marco de una comunidad de indagación "
"es un programa que apuesta por las preguntas y no las
respuestas" dice Accorinti. Es un programa - vivido por
personas con ganas de jugar en un trabajo serio y comprometido
con los niños - apoyador de la creación; y lo
es por ser generador de diálogos, disensos, debates,
prácticas de una cultura dialógica y democrática
vivida en comunidades de indagación que buscan preguntas
y repreguntas, no respuestas y es así porque la pregunta
filosófica es "la manifestación de la sabiduría
que los niños atesoran quizás sin saberlo, que
invita al maestro a dar a luz su propio sombro ante la maravilla
del mundo de una niñez filosofante" plantea Accorinti.
Por ello, filosofía para niños es aquel programa
que se ocupa por reformar al pensamiento en su hacer, uniendo
dimensiones cognitivas, éticas y estéticas que
posee cada ser humano, sea niño o adulto. Es un cambio
propuesto para el pensamiento y la educación que apuesta
por lo complejo y multidimensional, por lo diverso en el caos.
Desde
Lipman y Accorinti pienso que reformar el pensamiento exige
pensar cómo hacer para que los niños aprendan
a pensarlo. Y así llego a filosofía para niños
y ese pensamiento critico, creativo y cuidadoso, que conlleva
dudas, preguntas y cuestionamientos, acción y teoría,
juego y pensamiento, amor y gozo, y que necesita de un terreno
adecuado, de una atmósfera nutricia que le permita
nacer y de personas que practiquen esta cultura dialógica
acogedora de la diferencia y de lo complejo, por lo tanto,
de una pedagogía y currículo adecuado. Pedagogía
de la pregunta y aprendizaje de la conversación, sostienen
Lipman y Accorinti.
Me sitúo en las prácticas en una sala de clase,
donde se encuentran profesores y niños, que aprenden
juntos mientras dialogan. Nadie es dueño de la verdad,
porque se instala la pregunta que cuestiona; y se instala
la pregunta filosófica que es la que busca sentidos,
que se preguntará del bien y del mal, de la razón
y el significado.
Aquí se entiende al aprendizaje como un hacer social,
un acto de creación social; cada ser humano creador
necesita la presencia del otro. Similar al arte que rescata
su sentido en el otro. La música no nace en una partitura
en un papel, nace cuando los músicos la tocan y las
gentes la escuchan. El público es importante. Así
sucede con la pregunta filosófica, y el pensamiento
que está en ella.
La pregunta filosófica es aquella ave que ha sido lanzada
o liberada al viento para que su vuelo no se detenga, o si
se detiene sea para que otros la tomen y la respiren y la
transformen en una nueva pregunta. Las aves vuelan en bandadas.
Y está allí aquella comunidad de indagación
que les permite un vuelo libre, donde habitarán el
silencio y el hablar, el diálogo y la participación,
el pensar propositivo. Joyas valiosas en nuestras sociedades
que tanto les cuesta dialogar, participar y pensar.
La concepción de pensamiento que propicia -sostiene
Lipman- es la de "uno crítico y creativo consciente
de sus propias limitaciones y supuestos, de las razones y
evidencias en que apoya sus supuesto"
"Capaz
de examinar sus procedimientos y metodologías en los
que apoya sus perspectivas para distinguir los factores que
lo conducen a un autoengaño, o a prejuicios mutilantes
y aniquilantes del desarrollo". Pensamiento reflexivo-
no solo reflejo - que se autocorrige, tras examinarse, imaginativo,
social y comunitario, porque nace en comunidades de indagación.
La investigación e indagación es autocorrectiva,
ya que pone en ejercicio la racionalidad que establece redes
de significados al organizar narrativamente, uniendo aspectos
cognitivos y afectivos. Cuidando los significados, pone en
ejercicio la razonabilidad.
Por todo lo anterior para Lipman el conocimiento es generativo
y el pensamiento es aquella internalización de lo que
sucede y ha sucedido en un grupo . El pensamiento es un hecho
social - indagatorio, investigativo, que sucede en una comunidad
de indagación. La existencia de dialogo en su interior,
la incentivación de aquellas ganas de dialogar contribuyen
a la inexistencia de dogmatismos, al disenso razonado y a
la necesidad del conflictos. Es desde el conflicto donde emergen
los más ricos pensamientos y las más ricas relaciones.
La comunidad
de indagación establece las condiciones para que se
de un pensamiento crítico y creativo, cuidadoso y dialogante,
complejo y multidimensional - es ella una sociedad deliberadora
- de diálogos lógicamente disciplinados que
están implicados en pensamientos complejos. La comunidad
de indagación es aquel hacer compartido y dialogado
en un aprender conversado- en tanto narrado - de formas multiculturales
que favorece el desarrollo de aquel pensamiento critico, cuidadoso
y creativo , que puede ser definido como complejo, multidimensional,
en tanto se caracteriza por la sensibilidad al texto y contexto,
capaz de autocorregirse y que orientado por criterios lleva
al juicio; para que así suceda es fundamental la deliberación
e investigación, que se establecen como metodologías
a vivirse en la sala de clase , ellas se levantan desde la
racionalidad y creatividad que forman la llamada razonabilidad.
Sostiene Dewey que la "educación es el intercambio
de ideas que se produce en la conversación". Y
la comunidad de indagación, en la sala de clases, en
las calles y en las plazas, capta los propios intereses, direcciona
y posibilita surgimientos y retroalimentan desde la pregunta
filosófica; y es así porque el diálogo
es cooperativo, potenciador de contradiálogos, de exploraciones,
razonado y disciplinado, favorecedor de preguntas filosóficas.
Por ello se aprende juntos.
La educación
en una sociedad democrática prepara para vivir en sociedades
indagadoras, ella misma debe ser indagadora, y allí
esta la sala de clase, con la fundamental practica de la deliberación.
Y es la filosofía la que favorece el pensar al interior
de las disciplinas, y favorece el pensamiento entre las disciplinas,
cuestión que deberían recordar la propuestas
de reformas educacionales en nuestros países.
Una educación debe ser indagadora, proveedora de significados;
y lo logra mediante esa deliberación que favorece la
investigación, la corregibilidad del pensamiento, porque
conlleva el emitir juicios desde la incertidumbre.
Por ello se necesita de una pedagogía del juicio y
de un aprendizaje de la conversación, de un pensamiento
de calidad y no de una educación instruccionista que
supone a los niños como cabezas a llenar por pensamientos
pensados.
Lipman
dice que "la excelencia" cognitiva, siendo ella
multidimensional, requiere, por tanto, de un currículo
adecuado y de una pedagogía adecuada. "La luz
solar no es suficiente".
Este filósofo entiende por excelencia cognitiva a un
pensamiento de orden superior que incorpora al critico y al
creativo, entendiendo no son dos cosas diferentes, sino ellos
cambian según las circunstancias. Tal intercambio sucede
en la sala de clases, en la comunidad de indagación,
en el diálogo vivo - en palabras y en silencios- porque
es de estilos, de pensamientos, de métodos en sus análisis,
de perspectivas.
Lo que sucede con el pensamiento es lo que sucede con el arte,
también es funcional y creativo, se necesita saber
leer una partitura y se necesita leerla y narrarla con la
máxima originalidad. Y ello sucede en situaciones concretas.
En el pensamiento se parte desde un razonamiento, desde aquella
partitura, con él y en él se implica, se infiere,
se extraen conclusiones, se determinan relaciones. Un ejemplo
de ello es la lectura de textos dada en la comunidad de indagación.
Allí se argumenta, y eso es una forma de investigar,
de indagar. La comunidad de indagación va cumpliendo
etapas que favorecen sus logros, desde el ser cooperativa
y participativa se va haciendo creativa uniendo en trabajos
coherentes la racionalidad y creatividad. Y entre los juicios
están los juicios estéticos, que permitirán
-a los niños - admirar, producir y celebrar la belleza
,desde los sentidos y los sentimientos; desde la experiencia
estética se van entendiendo las relaciones de multilinelinealidad,
multidimensionalidad que conlleva la bellezas, presente en
una forma de narrar, de leer, de interpretar que plantea Accorinti.
Los niños y las niñas son descubridores , establecen
sus criterios, y se hacen seres relacionales, capaces de recorrer
los tiempos y así romper con linealidades. Ellos y
ellas pueden aprender que el poder del pensamiento no radica
en ser una herramienta de manipulación de los demás
, e incluso de si mismo, sino en un pensamiento que se piensa
a si mismo; por ello es en la sala de clase donde el pensamiento
-mediante el lenguaje- apunta a desarrollar un razonamiento
que evita las dificultades que viven en transiciones de un
lenguaje oral a uno escrito, y más aun de un lenguaje
de diferentes áreas. No se habla de una megahabilidad,
sino de un entenderlos en su complejidad, mediante el hacer
constante de la investigación, sostiene Lipman. Y así
la educación captura el interés y la curiosidad
infantil que anda en el aire, y que le permite pensar en lo
difícil, ambiguo, misterioso. El mundo es misterioso.
Si los niños crecen en el clima adecuado- pedagógico
y social - practicarán la razonabilidad y llegaran
a ser personas razonables, juiciosas y creativas. La educación
tiene las exigencias de ser asumida como un compromiso -que
conlleva responsabilidad- y a su vez levantarse desde el supuesto
de un estado democrático. Ella será un hacer
razonable cuando se encamine a la complejidad, se encante
con lo dificultoso, lo complicado, lo complejo, se aleje de
lo simple y entregue - en su currículo- coherencia
y viva aquel desorden coherente, aquella turbulencia creativa
dice Lipman.
Tales planteamiento no se dan hoy en la escuela, ella se presenta
no pertinente y contenidista, de allí la necesidad
de reformar el pensamiento, y con ello el hacer en la educación.
La finalidad de la educación es "la enseñanza
del pensamiento", que es posible si él se hace
crítico, y mediante el uso de juicios, de razones -
en tanto instrumentos - puede superar la ignorancia y servidumbre
cognitiva. Ello sucede cuando las personas son "capaces
de filosofar por sí mismas", recuerdan Lipman
y Accorinti.
Lipman compara el proceso del pensamiento vivido en una comunidad
de indagación con lo que sucede en una sesión
de Jazz: bailando juntos el pensamiento critico y el creativo,
la racionalidad y la creatividad, lo lógico y lo dialógico,
en una sesión que es una comunidad, la cultura, la
forma de mirar, de vivir, de sentir y respirar, están
allí presentes en aquella comunicación interna,
en lo reflexivo, generador de autonomías.
El pensamiento complejo y sustantivo, superior y de calidad,
reflexivo y multidimensional, obedece a estrategias pedagógicas,
poseedoras de la dinámica innovadora, superadora de
programas que corren el riesgo de la detención e imposibilidad
de autocorrección. Desde estas estrategias investiga
la incertidumbre, favorece la creatividad al enfrentarse a
los hechos asombrosos que suceden en las voladoras comunidades
de indagación. Da cuenta de la complejidad, enfrenta
las incertidumbres, tanto como ellas se lo permiten, cultiva
el desorden organizado de lo multidimensional.
Sin duda
se esta hablando de un reforma del pensamiento que permita
una verdadera reforma curricular, que enseñe, aprenda
y viva el pensar creativo y razonable, aquel que considera
dimensiones éticas, cognitivas y estéticas.
Aquel que nos permite vivir inquietos y en paz en la incertidumbre
y fascinación del caos
Desde Lipman, Morin y Accorinti, me he aproximado a pensar
en la necesidad de reformar el pensamiento y en cómo
hacerlo mediante filosofía para niños y niñas
en nuestras escuelas, calles y plazas.
Yo soy de Chile, un país sísmico donde la tierra
se cierra después que deja nacer la brecha, y antes
que la grieta desaparezca muestra lo que encierra en su corazón.
En ella hay semillas, que no todos alcanzan a ver, pero que
sí existen y esperan para germinar y nacer en árboles.
El
pensar filosófico es aquel pequeño manantial
que hace florecer al desierto.
Santiago
de Chile, Primavera 2001.
|