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Los países de América Latina y el Caribe tienen
uno de los índices de iniquidad más altos del mundo
en desarrollo. Es una región donde los ingresos, recursos
y oportunidades, sistemáticamente y en forma desproporcionada,
se concentran en un segmento de la población, en las elites
de la sociedad.
Durante mucho tiempo, la pobreza y la degradación social
que resultan de la iniquidad de la región se consideraron
problemas meramente económicos. Sólo en los últimos
años se le ha dado mayor atención y análisis
a una compleja serie de prácticas sociales, económicas
y culturales que resultan en exclusión social: en el acceso
limitado a los beneficios del desarrollo a ciertas poblaciones
con base en su raza, etnia, género y/o capacidades físicas.
En América Latina y el Caribe, la exclusión social
afecta principalmente a los grupos indígenas, a los grupos
de ascendencia africana, a las mujeres, a las personas con discapacidad
y/o a las personas VIH positivas.
La exclusión social dificulta el acceso de ciertos individuos
a acceder a trabajos formales, vivienda digna, servicios de salud
adecuados, educación de calidad, y al sistema de justicia.
La definición más común de exclusión
social es: una escasez crónica de oportunidades y de acceso
a servicios básicos de calidad, a los mercados laborales
y de crédito, a condiciones físicas y de infraestructura
adecuada, y al sistema de justicia.
La exclusión social es más fuerte para los individuos
que pertenecen a múltiples grupos excluidos. Por ejemplo,
las oportunidades de trabajo y de educación son más
limitadas para las mujeres indígenas que para los hombres
indígenas. La discriminación y el racismo pueden
ocurrir en diferentes niveles en una misma persona. Por ejemplo,
un hombre de ascendencia africana que consuma drogas intravenosas
y que sea VIH positivo puede enfrentar discriminación racial
y legal: se le puede prohibir el acceso al sistema de salud debido
a que se presume que es un criminal.
Las restricciones en el acceso a los servicios e ingresos necesarios
para tener un nivel de vida mínimo que resultan de la exclusión
social hacen que exista una alta correlación entre pobreza
y exclusión social. Aunque no siempre son la mayoría
de los pobres, los grupos tradicionalmente excluidos son los más
pobres dentro de los pobres. Estas tendencias dejan claro que
la reducción de la pobreza sólo podrá darse
si se enfrentan los complejos factores y determinantes de la exclusión
social.
Irónicamente, los excluidos nos son una parte minoritaria
de la población de América Latina y el Caribe. En
ciertos países de la Región los indígenas
y grupos de ascendencia africana constituyen la mayoría.
Los afro-descendientes son considerados como los más invisibles
de los invisibles: están ausentes en materia de liderazgo
político, económico y educativo. A pesar de su invisibilidad,
se estima que los afro-descendientes constituyen cerca del 30%
de la población de la Región. Brasil, Colombia,
Venezuela y Haití tienen las concentraciones más
grandes. Las cifras sobre la población afro-descendiente
varían significativamente de acuerdo con la forma como
se les defina, cuándo se hayan hecho las estimaciones y/o
según la calidad de las encuestas realizadas. A pesar de
estas dificultades, resulta evidente la concentración de
pobreza y el limitado acceso que tiene los afro-descendientes
a servicios básicos de calidad. Por ejemplo, más
del 80% de la población afro-colombiana vive en condiciones
de pobreza y su ingreso per capita oscila entre 500 y 600 dólares,
mientras que el PIB per cápita nacional es de 1,500 dólares.
La población indígena también tiene una
gran presencia. Cerca de 40 millones de indígenas viven
en América Latina y el Caribe, constituyendo el 10% de
la población de la Región, y 25% de la población
pobre. En Brasil, Perú, Bolivia y Guatemala, los grupos
étnicos (afro-descendientes e indígenas) constituyen
la mayoría de la población, y el 60% de la población
que vive en condiciones de pobreza.
Según UNAIDS (2000), se estima que 1.8 millones de personas
viven con VIH/SIDA en América Latina y el Caribe. Las mujeres
representan entre el 14 y el 45% de los que son VIH positivos.
La intersección entre etnicidad y SIDA es también
fuerte. Las Garifunas en Honduras presentan los índices
de infección más altos de la Región.
En cualquiera de los países de la Región, entre
5 y el 15% de la población tiene alguna discapacidad física.
Las barreras físicas para la inclusión de las personas
con discapacidad son enormes en América Latina y el Caribe.
Algunas investigaciones demuestran que las personas con discapacidad
presentan niveles más bajos en logros educativos y tienen
menor posibilidad de conseguir trabajo que lo que no tienen discapacidad.
Los desafíos de género están presentes en
cada uno de los grupos tradicionalmente excluidos. Los logros
en niveles de escolaridad y salud de las mujeres de la Región
en los últimos años, así como en la brecha
salarial entre hombres y mujeres, no tocan a los grupos excluidos.
En Guatemala, por ejemplo, las mujeres indígenas ganan
un 36% menos que las mujeres no indígenas. Las mujeres
indígenas tienen, además, niveles menores de escolaridad
que las mujeres no indígenas. En la comunidad de los discapacitados,
las mujeres tienen una menor participación en el mercado
laboral que los hombres con discapacidad.
Los beneficios de promover políticas de inclusión
son muchos. Un estudio contratado por el BID en el 2001 estimó
las ganancias en el Producto Interno Bruto (PIB) si se elimina
la discriminación de indígenas y personas de ascendencia
africana en los mercados laborales. Los resultados son dramáticos:
la economía de Bolivia, crecería un 36.7%; la de
Brasil, un 12,8%; la economía de Guatemala un 13,6%; y
la de Perú, un 4,2%. Estas estimaciones no tienen en cuenta
las mejoras en términos de cohesión social, integración
comunitaria, desarrollo educativo, entre otras, que también
resultan de una mayor inclusión. Los organismos multilaterales
como el BID buscan trabajar con los países para lograr
desarrollo económico, social e individual en la región
a través de promover políticas de inclusión
social.
Fuente: http://www.iadb.org/sds/SOC/site_3094_s.htm
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