Programa Andino
de Derechos Humanos

 

 

Revista
Aportes Andinos
Abril 2004

Discriminación, exclusión y racismo

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EDITORIAL

Democracia y discriminación

 

En un contexto de creciente iniquidad, resultado de la aplicación de un modelo económico favorable a los sectores sociales que se han acomodado ventajosamente a la propuesta neoliberal, la "democracia" en la región ha acentuado sus limitaciones históricas. Es decir, se ha tornado -a pesar de los esfuerzos modernizadores que se han realizado en las dos últimas décadas- aún más restrictiva, excluyente, procedimental, delegativa.

Este tipo de democracia ha contribuido a la reemergencia, por un lado, de gobiernos autoritarios de "derecha" y, por otro, de gobiernos populistas de "izquierda" que tratan de ampliar los límites de la participación ciudadana en un horizonte semejante al de sus oponentes y detractores. El resultado, en el primer caso, ha sido una acentuación de la represión mezclada con nuevas formas de reconocimiento personal de quiénes conforman el séquito del gobernante y, por consiguiente, la exclusión y persecución de aquellos individuos o grupos que son sus enemigos y, por ende, enemigos de la democracia. En el segundo caso, ha sido la redituación y propagación de toda suerte de clientelismos, caciquismos y coptaciones de carácter semicorporativo del "pueblo" al estado. En ambos casos se ha producido una simbiosis entre populismo y represión, que se ha resuelto en un decisionismo carismático de los gobernantes, que ha determinado el contenido y los límites de la política y ha restringido el sistema institucional.

Este tipo de democracia restringida ha sido cuestionada desde todos los costados por la sociedad civil. Los movimientos de mujeres, los movimientos indígenas y negros, los movimientos en contra de la discriminación, segregación y racismo, los movimientos de derechos humanos, los movimientos que luchan por el reconocimiento de la diversidad cultural, entre otros, han interpelado a la política y con ello han abierto brechas en la democracia. Sobre todo, en la medida que han contribuido a descentrar la política, trasladando la función de lo público a la sociedad civil y expropiando a la política -como espacio "exclusivo" de los sectores privilegiados- de manos de sus detentadores tradicionales, de manera de integrar a sectores negados y desconocidos de la sociedad.

De alguna manera este esfuerzo ha reubicado la política en la sociedad civil y ya no solamente en el estado, en las instituciones estatales ni en el régimen de partidos. Esta reubicación y descentramiento ha dado paso a la emergencia de demandas diversas y particulares que, desde los sectores subalternos, apuntan a generar un nuevo proyecto hegemónico. Es decir, ha repolitizado la política desde la diversidad y la particularidad en busca de suturar la necesidad de una nueva forma de hegemonía que sustituya a la democracia procedimental. La repolitización de la política y la búsqueda de una nueva hegemonía que supone radicalizar la democracia ha sido vista con temor por las elites dominantes que, gracias a la adhesión incondicional a los intereses de los gobiernos de los países "desarrollados", han logrado una precaria legitimación interna.

Con la finalidad de contribuir a radicalizar la democracia, un referente que no se resuelve en la democracia liberal burguesa, se ha generado el Programa Andino de Derechos Humanos, PADH, y la revista electrónica Aportes Andinos. Este número dedicado a tratar la discriminación, exclusión y racismo, es particularmente importante en la medida que la democracia restrictiva es, por definición, eminentemente discriminatoria: a nivel social, económico, político, cultural, sexual, etc... La discriminación es consustancial a la democracia formal, del mismo modo que la no discriminación es consustancial al proyecto democrático radical.

La no discriminación, la lucha contra la exclusión, segregación, racismo, es un significante universal que forma parte de un nuevo proyecto hegemónico que ha emergido de la lucha de los sectores excluidos y forzosamente negados en el proyecto de homogeneización de los grupos y elites actualmente dominantes en los diversos países del Continente. En otras palabras, la no discriminación forma parte de los referentes de una nueva hegemonía que, lenta y trabajosamente, están tratando de forjar los sectores subalternos. La no discriminación es, desde esta perspectiva, un punto de articulación de demandas que, desde distintos frentes, apuntan a la construcción de otra suerte de igualdades y libertades. Pero, además, es parte de un proyecto que pretende sortear las iniquidades y las injusticias. Esto significa que no se puede pensar una sociedad democrática que sea discriminatoria, ni una sociedad verdaderamente libre en que la discriminación campee. Democracia y discriminación son términos equivalentes e intercambiables que desde referentes de carácter universal recogen, resuelven y suturan, las demandas particulares de los sectores subalternos.

Esperamos que los artículos de este número animen un debate que en la región andina se levanta como complemento y prolongación de luchas y acciones que los distintos sectores de la sociedad civil han generado con la finalidad de interpelar al estado, la política y la democracia. Es un referente, insistimos, desde el cual se empieza a repolitizar la política, para dar cabida a las demandas particulares de los sectores subalternos.

Aspiramos que estos artículos desaten otros debates y demandas que sirvan de soporte a nuevas formas de conjunción, en la lucha siempre renovada que supone la construcción de la democracia radical. Hay que reiterar, se trata de una repolitización de la política que renueva el debate del poder y la libertad, más allá de los límites y las sujeciones de la elites dominantes y del proyecto burgués. Se trata de un esfuerzo innovador por crear referentes discursivos que, desde la izquierda, no solamente aglutinen las luchas y demandas de distintos sectores de la sociedad civil, sino que apunte a revocar la democracia burguesa. Más que nada, el autoritarismo y populismo que, actualmente, están vigentes en América Latina, como una antinomia perversa.

Programa Andino de Derechos Humanos
Quito, abril 2004.

 

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