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En un contexto de creciente iniquidad, resultado de la aplicación
de un modelo económico favorable a los sectores sociales
que se han acomodado ventajosamente a la propuesta neoliberal,
la "democracia" en la región ha acentuado sus
limitaciones históricas. Es decir, se ha tornado -a pesar
de los esfuerzos modernizadores que se han realizado en las dos
últimas décadas- aún más restrictiva,
excluyente, procedimental, delegativa.
Este tipo de democracia ha contribuido a la reemergencia, por
un lado, de gobiernos autoritarios de "derecha" y, por
otro, de gobiernos populistas de "izquierda" que tratan
de ampliar los límites de la participación ciudadana
en un horizonte semejante al de sus oponentes y detractores. El
resultado, en el primer caso, ha sido una acentuación de
la represión mezclada con nuevas formas de reconocimiento
personal de quiénes conforman el séquito del gobernante
y, por consiguiente, la exclusión y persecución
de aquellos individuos o grupos que son sus enemigos y, por ende,
enemigos de la democracia. En el segundo caso, ha sido la redituación
y propagación de toda suerte de clientelismos, caciquismos
y coptaciones de carácter semicorporativo del "pueblo"
al estado. En ambos casos se ha producido una simbiosis entre
populismo y represión, que se ha resuelto en un decisionismo
carismático de los gobernantes, que ha determinado el contenido
y los límites de la política y ha restringido el
sistema institucional.
Este tipo de democracia restringida ha sido cuestionada desde
todos los costados por la sociedad civil. Los movimientos de mujeres,
los movimientos indígenas y negros, los movimientos en
contra de la discriminación, segregación y racismo,
los movimientos de derechos humanos, los movimientos que luchan
por el reconocimiento de la diversidad cultural, entre otros,
han interpelado a la política y con ello han abierto brechas
en la democracia. Sobre todo, en la medida que han contribuido
a descentrar la política, trasladando la función
de lo público a la sociedad civil y expropiando a la política
-como espacio "exclusivo" de los sectores privilegiados-
de manos de sus detentadores tradicionales, de manera de integrar
a sectores negados y desconocidos de la sociedad.
De alguna manera este esfuerzo ha reubicado la política
en la sociedad civil y ya no solamente en el estado, en las instituciones
estatales ni en el régimen de partidos. Esta reubicación
y descentramiento ha dado paso a la emergencia de demandas diversas
y particulares que, desde los sectores subalternos, apuntan a
generar un nuevo proyecto hegemónico. Es decir, ha repolitizado
la política desde la diversidad y la particularidad en
busca de suturar la necesidad de una nueva forma de hegemonía
que sustituya a la democracia procedimental. La repolitización
de la política y la búsqueda de una nueva hegemonía
que supone radicalizar la democracia ha sido vista con temor por
las elites dominantes que, gracias a la adhesión incondicional
a los intereses de los gobiernos de los países "desarrollados",
han logrado una precaria legitimación interna.
Con la finalidad de contribuir a radicalizar la democracia, un
referente que no se resuelve en la democracia liberal burguesa,
se ha generado el Programa Andino de Derechos Humanos, PADH, y
la revista electrónica Aportes Andinos. Este número
dedicado a tratar la discriminación, exclusión y
racismo, es particularmente importante en la medida que la democracia
restrictiva es, por definición, eminentemente discriminatoria:
a nivel social, económico, político, cultural, sexual,
etc... La discriminación es consustancial a la democracia
formal, del mismo modo que la no discriminación es consustancial
al proyecto democrático radical.
La no discriminación, la lucha contra la exclusión,
segregación, racismo, es un significante universal que
forma parte de un nuevo proyecto hegemónico que ha emergido
de la lucha de los sectores excluidos y forzosamente negados en
el proyecto de homogeneización de los grupos y elites actualmente
dominantes en los diversos países del Continente. En otras
palabras, la no discriminación forma parte de los referentes
de una nueva hegemonía que, lenta y trabajosamente, están
tratando de forjar los sectores subalternos. La no discriminación
es, desde esta perspectiva, un punto de articulación de
demandas que, desde distintos frentes, apuntan a la construcción
de otra suerte de igualdades y libertades. Pero, además,
es parte de un proyecto que pretende sortear las iniquidades y
las injusticias. Esto significa que no se puede pensar una sociedad
democrática que sea discriminatoria, ni una sociedad verdaderamente
libre en que la discriminación campee. Democracia y discriminación
son términos equivalentes e intercambiables que desde referentes
de carácter universal recogen, resuelven y suturan, las
demandas particulares de los sectores subalternos.
Esperamos que los artículos de este número animen
un debate que en la región andina se levanta como complemento
y prolongación de luchas y acciones que los distintos sectores
de la sociedad civil han generado con la finalidad de interpelar
al estado, la política y la democracia. Es un referente,
insistimos, desde el cual se empieza a repolitizar la política,
para dar cabida a las demandas particulares de los sectores subalternos.
Aspiramos que estos artículos desaten otros debates y
demandas que sirvan de soporte a nuevas formas de conjunción,
en la lucha siempre renovada que supone la construcción
de la democracia radical. Hay que reiterar, se trata de una repolitización
de la política que renueva el debate del poder y la libertad,
más allá de los límites y las sujeciones
de la elites dominantes y del proyecto burgués. Se trata
de un esfuerzo innovador por crear referentes discursivos que,
desde la izquierda, no solamente aglutinen las luchas y demandas
de distintos sectores de la sociedad civil, sino que apunte a
revocar la democracia burguesa. Más que nada, el autoritarismo
y populismo que, actualmente, están vigentes en América
Latina, como una antinomia perversa.
Programa Andino de Derechos Humanos
Quito, abril 2004.

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