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Existe la tendencia en círculos políticos y académicos
a considerar que al ser el Perú un país mestizo,
es imposible hablar de racismo y problemas étnicos. Sin
embargo, el elemento racial es permanentemente tomado en cuenta
por los peruanos.
Según la ideología del mestizaje, las identidades
originarias (española, indígena y negra) se habrían
fundido en una sociedad distinta, que no puede ser identificada
con ninguna de las tres colectividades. La verdad es que no todos
los peruanos son mestizos: la población rural de la sierra
sur es casi en su totalidad indígena, como lo son 250.000
nativos amazónicos. Existe a la vez un sector cuyos antepasados
europeos llegaron al Perú hacia finales del siglo XIX y
que se autodenominan blancos. Ni los indígenas ni los descendientes
de europeos son mestizos y sus patrones culturales y condiciones
de vida son abismalmente diferentes, como revela cualquier estadística,
desde el grado de instrucción hasta la mortalidad infantil.
1. Un pasado de dominación étnica
La independencia del Perú fue un movimiento de élites
criollas, que no representaban los intereses indígenas.
La nueva república proclamó como idioma oficial
el castellano, que sólo hablaba entonces el 10% de la población.
De igual forma, se disolvieron las comunidades indígenas,
permitiendo que los hacendados se apropiaran de las tierras comunales
y sometieran a los indígenas a un régimen similar
al feudalismo, incluyendo los castigos físicos. El control
efectivo del territorio estaba en manos de los hacendados. Sólo
éstos o las personas de su entorno podían desempeñar
cargos públicos, como Subprefecto, Gobernador y Juez de
Paz. Durante las pocas elecciones que se produjeron, la población
indígena no podía participar, porque para ser elector
era necesario tener determinados ingresos.
Esta dominación étnica explica las rebeliones indígenas,
siendo las más conocidas las de Atusparia y Rumi Maqui,
todas aplastadas violentamente por el Ejército, protegiendo
los intereses de los terratenientes.
Los indígenas amazónicos sufrieron un proceso similar
de exclusión: desde la década de 1860, su territorio
fue concedido por el Estado a empresarios peruanos y extranjeros,
para quienes los indígenas debían trabajar. Millares
murieron en las plantaciones de caucho y las expediciones para
capturar indígenas y venderlos para el servicio doméstico
duraron hasta bien entrado el siglo XX. La ocupación del
territorio y la estigmatización de los nativos como "salvajes"
reflejan la imposibilidad de reconocer que son también
peruanos con derechos.
La migración europea del siglo XIX reforzó los
patrones de segregación racial al no producirse el mestizaje
que había ocurrido en la Colonia: los europeos llegaron
con sus familias y las relaciones de parentesco se establecieron
solamente con los sectores criollos, haciéndolos menos
mestizos.
El tratamiento a los migrantes muestra una sociedad escindida
étnicamente: los europeos fueron desde un inicio incorporados
a las clases dominantes en calidad de ciudadanos: podían
ser autoridades y adquirir grandes propiedades (1).
Por su parte, los migrantes chinos eran en la práctica
considerados como esclavos, debiendo trabajar de manera forzosa
en las haciendas.
2. Cambios sociales y cambios en la identidad
La composición estamental de la sociedad fue minada por
una serie de cambios a lo largo del siglo XX, a veces bajo la
forma de procesos sociales masivos y en algunos casos decisiones
políticas.
Uno de los factores más importantes fue la migración
interna: desde los años 50, la construcción de carreteras
permitió a muchos indígenas abandonar la sierra.
Como resultado las ciudades de la costa se expandieron considerablemente,
cambiando su composición étnica (2).
Al interior de éstas, se produjo el desplazamiento de la
población blanca de sus lugares tradicionales de residencia,
trabajo, estudio, culto e inclusive cementerios, para alejarse
de los nuevos habitantes.
En la región amazónica, los migrantes andinos entraron
en una confrontación territorial con los indígenas,
pero contaban con el apoyo de las instituciones estatales, que
percibían la colonización como un avance para la
integración de la región. De esta forma, la migración
incrementó la marginalidad de los indígenas, que
ahora constituyen apenas la décima parte de la población
de la Amazonía.
La migración ha tenido muchas consecuencias culturales:
se mantienen tradiciones como las fiestas religiosas, pero los
migrantes evitan hablar quechua o aymara por temor a ser menospreciados
y las nuevas generaciones ignoran dichos idiomas. Un fenómeno
similar se manifiesta en relación a la vestimenta: muchas
personas, especialmente los varones, renuncian a la vestimenta
tradicional, dada la estigmatización que implica (3).
Los cambios de vestimenta han llegado a las propias comunidades
campesinas y en menor medida a los grupos amazónicos.
Un segundo factor que aceleró los cambios sociales fue
la Reforma Agraria de 1969. Al disolverse los latifundios y entregarse
la tierra a los campesinos, se produjo una rápida expansión
de la educación formal, dado que las escuelas habían
sido prohibidas por los hacendados. A pesar de la deficiente calidad
de la educación, ha disminuido el analfabetismo y se ha
incrementado el manejo del castellano (4). El
acceso a la universidad es ahora una posibilidad para miles de
peruanos sin tomar en cuenta sus rasgos físicos o la actividad
de los padres.
El efecto más notable de estos fenómenos es que
la identidad como "indígena" desaparece. Quienes
se mantienen realizando labores agrícolas, se perciben
a sí mismos como campesinos. Quienes viven en las ciudades,
se autodenominan de acuerdo al departamento o provincia de origen.
La nueva generación asume la identidad del lugar donde
vive.
El gobierno de Velasco consideraba que "indio" e "indígena"
eran términos peyorativos, que debían ser reemplazados
por "campesino", como un vocablo con una connotación
positiva. La población andina aceptó esta nueva
identidad, porque había internalizado una percepción
negativa del término indígena. Los cambios señalados
muestran la voluntad de dar una imagen distinta. En la población
urbana, se intenta inclusive forzar cambios en la apariencia física
(5).
Los indígenas amazónicos sí han conservado
su identidad, siendo muy conscientes de que son distintos a los
foráneos. Manifiestan demandas étnicas, desde el
idioma hasta el territorio. Sin embargo, en ambos casos, se ha
mantenido la percepción despectiva hacia campesinos andinos
y nativos amazónicos, por parte de las autoridades y la
población urbana. Inclusive, debe señalarse que
la población migrante incorporó esta percepción
despectiva respecto a los campesinos.
3. La experiencia de violencia étnica
Uno de los datos más sorprendentes del Informe Final de
la Comisión de la Verdad y Reconciliación es revelar
que durante el conflicto armado murieron 40.000 personas más
de las que oficialmente se creía (6).
En realidad, para el Perú oficial la gran mayoría
de fallecidos, campesinos de habla quechua, jamás había
existido. No tenían documentos de identidad, propiedades,
vínculos con sectores urbanos. Su peso en la economía
y la política nacional eran nulos.
A diferencia de fenómenos similares producidos en Argentina
o Chile, estas víctimas no eran asesinadas por una posición
ideológica, sino por criterios étnicos. Para Sendero
Luminoso, la estructura comunal era parte del "viejo orden"
que debía ser abolido. Por ello, se produjeron numerosas
masacres entre la población más tradicional, tanto
en Ayacucho, como años después entre la población
asháninka.
En cuanto a policías y soldados, asumieron como indicios
de sospecha los rasgos físicos de los campesinos. Masacres,
ejecuciones, torturas y violaciones eran cometidas de manera sistemática
y generalizada (7), sabiendo, como los hacendados
de algunas décadas atrás, que estos crímenes
no serían sancionados. El campesino era simplemente un
ser sin derechos.
Una década después, durante el gobierno de Alberto
Fujimori, millares de las mujeres sobrevivientes fueron esterilizadas
contra su voluntad (8). Muchas personas de las
zonas urbanas lo justificaron, aduciendo que las familias indígenas
tienen pocas posibilidades para atender bien a sus hijos. La violencia
con que se llevó a cabo el proceso pasaba a un plano secundario.
Se asume que la población andina-campesina no sabe lo que
es bueno para ellos mismos, como si fueran niños o menores
de edad.
En todo caso, crímenes como la violación sexual,
el genocidio o la esterilización forzada, no parecen tan
graves si se cometen contra la población andina y amazónica
y esta percepción mantiene una tradición de impunidad.
Ni el Ministerio Público, ni el Poder Judicial, ni los
medios de comunicación brindaron atención a lo que
ocurría a la población.
El Informe Final reiteró la indiferencia de la población
urbana, blanca y mestiza, frente al sufrimiento de las víctimas.
El psicólogo Jorge Bruce declaró hace poco que,
en el fondo, los blancos abrigan la fantasía de que el
Perú sería mejor si la población indígena
simplemente desapareciera. Normalmente no se llega a verbalizar,
pero los hechos demuestran que es un sentimiento más generalizado
de lo que se quiere admitir.
La propia violencia política incrementó los prejuicios
negativos hacia los habitantes de la sierra, generalizándose
la sospecha de que podían ser terroristas, que eran de
seres violentos y "resentidos", es decir personas que
desconocen su ubicación social y atribuyen al otro la responsabilidad
por sus propios problemas.
Este último prejuicio muestra las relaciones que los blancos
establecen con el resto de la población. Al tiempo que
se niega toda vinculación a la pobreza de los indígenas,
se considera que éstos les deben una actitud de respeto
y sumisión, a la cual puede corresponderse con un trato
benevolente. Cuando un peruano de ascendencia indígena
exige un trato horizontal o señala una situación
de injusticia, la percepción de los blancos es sentirse
agredidos y desconcertados.
4. Exclusión étnica en el Perú actual
Actualmente, para muchos peruanos de rasgos mestizos y andinos,
las mayores posibilidades económicas, un elevado nivel
de educación u ocupar un determinado cargo público
garantizan un trato respetuoso y el pleno ejercicio de sus derechos,
generando que los rasgos físicos terminen invisibilizándose.
Sin embargo, en caso que no sean evidentes estos elementos, la
persona puede todavía sufrir maltrato y discriminación,
dado que se le atribuirá una condición social inferior
(y en el Perú, esta condición justifica el maltrato).
Por ello las personas que tienen las mencionadas características
deben permanentemente enfatizarlas.
A un desconocido indígena o de rasgos similares todavía
se le atribuye falta de educación, ineficiencia, irracionalidad,
suciedad o propensión al delito. Estos prejuicios, junto
con el criterio estético, se esgrimen para mantener prácticas
segregacionistas en discotecas y otros centros de diversión,
donde la selección racial de los clientes se realiza de
manera abierta y ninguna autoridad interviene. La segregación
racial tiene una explicación económica: un sector
de blancos adinerados está dispuesto a pagar por espacios
a los que sólo ellos tengan acceso (9).
En cuanto a la problemática laboral, subsiste la percepción
de que los blancos brindan una imagen de eficiencia y modernidad.
Es posible que a largo plazo varias de estas restricciones disminuyan,
si aumenta el nivel económico y educativo de la población
mestiza y andina urbana. Los patrones de consumo de estos sectores
podrían generar inclusive cambios en materia de publicidad
y empleo, como se produjo con la población de ascendencia
oriental.
Sin embargo, para los indígenas andinos y amazónicos
en las zonas rurales, la experiencia continua siendo de permanente
segregación. El Estado y el resto de la sociedad actúan
como si ellos no existieran. Ninguna norma estatal se traduce
a sus idiomas. No se ha planteado ningún mecanismo de inclusión
hacia ellos por parte del Estado. Esta población se encuentra
totalmente excluida de la toma de decisiones. La política
estatal y regional asume intereses políticos partidarios
en los cuales no existe mayor prioridad por las necesidades básicas
de estos sectores (10).
Conclusiones
Pese a las muchas experiencias de movilidad social producidas
en el Perú en los últimos cincuenta años,
el factor étnico es una frecuente causal de restricción
o violación de derechos fundamentales.
Hace veinte años, Sendero Luminoso captó la frustración
de centenares de jóvenes quienes sentían que, a
pesar de tener mayor educación, seguían sufriendo
el rechazo y la discriminación de los grupos de poder.
Actualmente, las pandillas y otras formas de violencia son la
manera como se canaliza esta frustración. Reconocer a los
peruanos indígenas como ciudadanos con derechos es una
necesidad fundamental, no sólo por justicia hacia las víctimas
de la exclusión, sino para garantizar nuestra viabilidad
como país.
Bibliografía
- Ardito Vega, Wilfredo, 2003 I diritti culturali e una democracia
fatta di tante etnie, Missione Oggi, marzo, Turín.
- Bruce Mitranes, Jorge, 2003, La CVR, la Discriminación,
el Racismo y la Exclusión social: Una Perspectiva psicoanalítica.
Lima, no publicado
- Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2003,
Informe Final, (disponible sólo en internet: www.cverdad.org.pe),
Lima
- Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, 1999 Informe sobre
la Discriminación Racial en el Perú. Lima, (no publicado).
- Manrique, Nelson, 2003, Sendero Luminoso y las Zonas Liberadas.
Wilfredo Ardito (ed.), Justicia y Violencia en las Zonas Rurales.
La Experiencia de la Región Andina, pp. 75-90
Notas
1. Los principales héroes de la Guerra
del Pacífico son hijos de inmigrantes europeos: Miguel
Grau (alemán) y Francisco Bolognesi (italiano).
2. Hubo congresistas que plantearon la construcción
de un muro o un sistema de peajes para disuadir a los migrantes
andinos.
3. Las mujeres suelen conservar más su
vestimenta tradicional, pero lo normal es que la deje si pretende
estudiar en la universidad o acceder a un empleo remunerado, inclusive
como empleada doméstica.
4. La escuela es percibida como un instrumento
para adquirir rasgos culturales diferentes, especialmente el manejo
del castellano. Por ello, muchos padres rechazan la educación
bilingüe intercultural. Dado el alto grado de deserción
escolar, se piensa que los pocos años que los niños
estén en el colegio, deben ser en castellano. Aprender
a leer y escribir en lengua materna no parece tener mucho sentido,
porque no existe una producción gráfica significativa
en estos idiomas.
5. Son frecuentes prácticas como teñirse
el pelo en las mujeres y raparse el cabello en los varones (ocultando
el carácter lacio, propio de la raza andina).
6. Informe Final, Conclusión 2. Se destaca
que la mortalidad de este período es mayor que la suma
de todas las guerras internas y externas padecidas por el Perú
desde 1821.
7. Informe Final, Conclusión 55. El gobierno
de Belaúnde concentra la mayor cantidad de víctimas.
8. Las huestes del Ministerio de Salud tuvieron
un accionar mucho más amplio que el conflicto armado, extendiéndose
a todas las zonas rurales.
9. Una compañía de tarjetas de crédito
que ofrece a sus clientes preferenciales un lobby especial en
el aeropuerto dispuso que no se entreguen dichas tarjetas a empresarios
de rasgos andinos, aunque tuvieran la solvencia necesaria, dado
que su presencia en el lobby podría molestar a los clientes
blancos.
10. En el Cusco, uno de los departamentos con
esperanza de vida más baja y mortalidad infantil más
alta, el dinero originariamente destinado para ayuda social ha
sido derivado a la construcción de palcos en el principal
estadio de la ciudad.
*Wilfrido Ardito Vega.
Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Master en Derecho Internacional de los Derechos Humanos por la
Universidad de Essex. Catedrático universitario. Miembro
de la Mesa para la No Discriminación de la Coordinadora
Nacional de Derechos Humanos. Actualmente es el Responsable del
Programa de Jueces de Paz del Instituto de Defensa Legal. Profesor
universitario.
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