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I. La diversidad racial y cultural en Venezuela
Como la de todos los países del continente americano,
la población de Venezuela desde su génesis es enormemente
diversa desde múltiples puntos de vista. En primer lugar
deberíamos referirnos a la diversidad cultural previa a
la llegada de los conquistadores. No existen datos precisos que
nos indiquen cuantas culturas se habían desarrollado en
estas tierras hasta el final del siglo XV, pero hay razones para
suponer que en el territorio que hoy comprende Venezuela se hablarían
probablemente cerca de 100 lenguas distintas y aunque es cierto
que la mayoría de los pueblos amerindios comparten una
matriz cultural que puede descubrirse en su relación con
la naturaleza, las características de su politeísmo
y, en general, en su concepción del cosmos, se tiene certeza
de diferencias culturales importantes entre pueblo y pueblo. Indudablemente,
la convivencia entre pueblos distintos y la contigüidad geográfica
de sus asentamientos producía tensiones. Se conoce, por
ejemplo, la historia del sometimiento del pueblo Sanema por parte
de los Ye'kwana en el Amazonas siglos antes de la llegada de Colón
a las costas continentales de Sudamérica; sometimiento
que subsiste de alguna forma hasta nuestros días. Es importante
y oportuno reconocer hechos como este en cuanto nos permiten observar
que la discriminación y la exclusión por motivos
de filiación cultural son de larga data; es una constante
de quien logra un mayor poder de sometimiento físico. Así
ha sido desde tiempos inmemoriales y así sigue siendo en
el siglo XXI.
A partir de la conquista, se sumaron a la mermada población
originaria el componente racial y cultural europeo y africano.
Desde el siglo XVI y XVII el mestizaje era cosa común,
aunque formalmente no era aceptable que un europeo tuviese descendencia
con personas de otra raza; de ocurrir, los hijos era calificados
como ilegítimos, pero ello no impidió que aparecieran
nuevos sectores raciales que el orden colonial categorizó
en castas (1). El español se auto legitimó
como gobernante y dueño de las tierras conquistadas y se
estableció un régimen racista, excluyente y genocida
de tres siglos. Durante este lapso se enraizó en lo profundo
de las conciencias de la diversa población la idea de la
superioridad cultural de la raza europea. Las raíces aún
viven y se manifiestan de las más diversas formas como
lo observaremos más adelante.
II. El discurso nacionalista y la venezolanidad imaginada
Un aspecto de importancia capital es observar que el sector criollo
era el menos afectado por el régimen colonial. Los negros,
indios y mestizos, quizá en ese orden, eran quienes sufrían
de manera directa las consecuencias de un orden político
que los sometía como subhumanos, los excluía y los
eliminaba físicamente si no aceptaban su condición
"natural" de seres de segunda o tercera clase. No obstante,
en el discurso histórico oficial prevaleciente en la era
republicana, la gesta de independencia fue ideada, ejecutada y
lograda por el sector criollo, el sector europeo-americano. Las
circunstancias de los sectores negros, indios y mestizos sólo
excepcionalmente variaron y, en ocasiones, empeoraron, sobre todo
para los indios (2). En efecto, en la construcción
del discurso nacionalista de independencia y desde la primera
etapa republicana, la venezolanidad admitía al sector mestizo
pero de manera implícita se promovía el modelo criollo
como el ideal venezolano (3). Durante los siglos
XIX y XX, con el advenimiento de las ideas liberales, desde la
élite política venezolana se construyó una
retórica nacionalista que exaltaba las características
de la cultura occidental y de la modernidad. A principios del
siglo XX se pusieron en marcha programas oficiales para la industrialización
del trabajo agrícola. Con el argumento de que era preciso
modernizar la mentalidad del venezolano, se fomentaba la inmigración
europea y se afirmaba sin rubor que los inmigrantes mejorarían
la raza venezolana e impulsarían el desarrollo (4).
El ideal nacionalista imaginado por la élite política
se construyó entonces sobre la matriz cultural europea
la cual podía eventualmente aderezarse con otros elementos
pero sólo de manera superficial. Nada que fuera esencialmente
contradictorio con el proyecto civilizatorio occidental será
considerado admisible, de allí que las culturas indígenas,
desde el primer momento, resultaron marginadas del proyecto republicano
y más tarde fueron sometidas a enormes presiones para ser
transformadas o eliminadas, resultaban un estorbo para los planes
de industrialización y modernización (5).
III. Lo marginal y lo exótico
Si, como hemos afirmado, la identidad nacional se construyó
sobre la matriz cultural europea debido a que el sector criollo
heredó la tradición colonialista de los conquistadores
españoles, resulta interesante observar la manera en que
se instrumentó la realidad innegablemente diversa de la
población desde el punto de vista racial y cultural con
el objeto de sortear las potenciales contradicciones con el modelo
civilizatorio diseñado desde las élites caraqueñas.
Tal vez la manifestación más clara de la instrumentación
discriminatoria de las expresiones culturales diversas sea la
relativa a las religiones. El sustrato indígena venezolano
trae consigo tradiciones religiosas milenarias a las que no ha
sido fácil diluir en el discurso venezolanista oficialmente
católico (6). La élite de la época
colonial diseñó entonces una estrategia para atraer
a los indígenas con imágenes más cercanas
a su idiosincrasia: apareció la Virgen de Coromoto. La
leyenda de su aparición es muy similar a la de otras vírgenes
de Latinoamérica: un indígena converso y moralmente
destacado por vivir según los valores cristianos es iluminado
con la aparición de la madre de Dios y le encomienda la
difusión de la fe verdadera entre sus hermanos.
Hasta hoy, socialmente se considera que las creencias que no pertenecen
a alguna de las grandes religiones conocidas (7),
pertenecen al campo de la superstición, de la magia, de
los cultos. Los indígenas y los negros que conservan parte
de sus creencias religiosas, se dice entonces, no tienen religiones
sino cultos, mitos y supersticiones.
El campo de la expresión artística es otro buen
ejemplo de la manera como se han instrumentalizado las manifestaciones
culturales para servir, en el mejor caso, de ornamento exótico
de la matriz cultural de génesis occidental. Se parte de
la premisa de que las culturas no-occidentales, no han desarrollado
verdaderas expresiones artísticas. El arte es algo propio
de la cultura occidental y de quienes la han aprendido. Así
se define lo culto. Alguien es culto o no lo es, según
domine conocimientos y habilidades propios de la cultura occidental.
Bajo este dogma, la danza y la escultura indígenas y negras,
por citar dos casos, se convierten en bailes folclóricos
y artesanía. El criollo (entiéndase el venezolano)
ocasionalmente baila tambor o visita el mercado a regatear
en la compra de curiosidades artesanales, pero ni el tambor
ni las curiosidades artesanales son elementos de su cultura. La
vida del criollo está en la ciudad y se desarrolla entre
automóviles, ropa de marca, celulares y el empleo; el arte
es un consumible y se le encuentra en el cine, en las salas de
teatro, en los conciertos o en las exposiciones de la obra de
artistas de buen gusto; lo demás son excentricidades,
exotiqueces.
IV. Expresiones contemporáneas del racismo y la exclusión
cultural
Se afirma con frecuencia que ser negro o tener rasgos indígenas
hoy en día no implica necesariamente que se sufrirá
de discriminación o exclusión de algún tipo;
algunos negros o indígenas han logrado en base a su esfuerzo
personal escalar las más altas posiciones en los negocios,
la política, las ciencias, el arte, etc. (8)
Así tenemos, por ejemplo, que un indígena Warao
llegó a ser miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
(9); por supuesto, no podemos pasar por alto
el hecho de que el actual primer mandatario de la República
Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, es un mestizo con
rasgos negroides e indígenas. Pero el hecho de que haya
casos excepcionales no debe conducir a conclusiones precipitadas;
obsérvese que argumentar la inexistencia del racismo a
través de casos más o menos aislados resultaría
contradictorio. Posiblemente la exclusión hoy no está
directamente ligada al color de la piel o a otras características
fenotípicas, pero socialmente es motivo para dudar de la
venezolanidad (entiéndase criollidad o modernidad
cultural) de una persona. Esta es probablemente la razón
por la que, aunque la piel blanca es minoritaria en Venezuela,
la mayoría de los miembros de la élite social corresponden
a ese sector; en la selección para contratar personal en
una empresa, por ejemplo, habrá una tendencia a preferir
a personas que se ajusten al fenotipo del hombre europeo; si un
estudiante con rasgos indígenas aspira a ingresar a una
universidad en Caracas se le exigirá una serie de condiciones
que garanticen que ha adoptado la identidad cultural criolla;
si se trata de un político negro, habrá que cerciorarse
que no traiga en su propuesta los resentimientos del pasado...
En suma, considerando que la mayoría de la población
venezolana es descendiente de negros o de indígenas, la
exclusión no se produce por motivos netamente raciales,
sino por el hecho de no compartir los criterios civilizatorios
de la élite social inspirados en cultura occidental moderna
y en las sociedades de consumo; se configura así, una exclusión
cultural de génesis racista que ha permeado en todos los
sectores sociales; el mestizo niega la parte de sí mismo
que no es socialmente aceptada y hasta el negro y el indígena
intentan adoptar una identidad ajena. La exclusión, entonces,
toma la forma de una negación de la propia personalidad,
es también autoexclusión.
Ahora veremos cómo se manifiesta y reproduce el racismo
y la exclusión cultural en algunos aspectos de la vida
social en Venezuela:
La televisión y otros medios masivos de comunicación
La televisión es seguramente el vehículo principal
para la creación y difusión del racismo y la exclusión
cultural en el mundo contemporáneo. Es evidente la promoción
que se hace de un modo de vida fundamentalmente ajeno a la población
mayoritaria a través de modelos de piel blanca. Los conceptos
de belleza y calidad de vida que se promueven desde este medio
masivo de comunicación determinan de manera importante
las manifestaciones discriminatorias en la sociedad. Es importante
anotar que los medios masivos de comunicación son un recurso
informativo en poder de las élites económicas de
Venezuela, de manera que su carácter es instrumental, es
decir, es instrumento de difusión de los valores y forma
de vida de ese sector social. Los medios de comunicación
no son medios realmente, no comunican la realidad sino que intentan
crearla. A través de la televisión se exaltan los
valores de la sociedad de consumo y se destacan las amenazas que
penden sobre ella. Los movimientos y sectores sociales críticos
de los valores que se promueven desde los medios masivos de comunicación
a menudo son considerados peligrosos, premodernos, terroristas
o simplemente son ignorados, como si no existieran. En este sentido
es interesante observar la manera como se manejó en los
medios el movimiento reivindicatorio de los pueblos indígenas
que en 1999 logró el reconocimiento constitucional de sus
derechos territoriales. No hubo información del movimiento
sino hasta que en la Asamblea Constituyente algunos especialistas
alertaron sobre el peligro que significaba el artículo
119 para la integridad territorial de Venezuela (10).
Tendencias políticas que no sean compatibles con el modelo
de una sociedad de consumo también son frecuentemente excluidas
en los medios de comunicación o descalificadas con epítetos
que pretenden ser denigratorios: comunistas, tercermundistas,
marxistas, populistas, anarquistas.
Algunas veces se observan manifestaciones claramente racistas
en la televisión haciendo mofa sobre las características
fenotípicas de personas de color negro o indígenas;
el caso más reciente que resultó escandaloso por
sus características es el de un noticiero que, mostrando
imágenes del presidente de un país africano, un
hombre negro, alternaron sonidos de animales para, a continuación,
transmitir un minuto de carcajadas que, naturalmente resultaron
ofensivas y fueron motivo de una queja oficial por parte de diplomáticos
de ese país en Venezuela. Pero no todos los casos son tan
llamativos, la mayoría de las veces pasan sin que nadie,
sorprendentemente, repare en su contenido discriminatorio; por
ejemplo, las manifestaciones que hacen los simpatizantes del gobierno
del presidente Chávez, la mayoría gente de color,
suelen ser denominadas manifestaciones de hordas; los Círculos
Bolivarianos, organizaciones populares también simpatizantes
del gobierno nacional han sido estigmatizadas como Círculos
Terroristas.
Otra manera de reproducir las tendencias discriminatorias entre
la población, especialmente entre el sector infantil y
adolescente, se realiza mediante la tergiversación o ridiculización
las culturas de no-occidentales con programas aparentemente inocentes.
Sólo por mencionar un ejemplo puedo referirme al caso de
una historieta de dibujos animados para el público infantil
que narra las aventuras de un científico explorador en
una selva tropical y tiene que enfrentarse a supuestas tribus
salvajes de antropófagos. El científico se vale
de la tecnología para engañar a los salvajes
haciéndoles creer que es uno de sus dioses y gracias a
ello logra escapar y continuar con sus investigaciones científicas.
El lenguaje
Algunas expresiones de uso corriente en Venezuela reflejan un
contenido altamente racista. Voy a referirme sólo a algunas
con el objeto de ejemplificar la manera en que se manifiesta este
fenómeno en el lenguaje:
"Llevar el rancho en la cabeza".- se utiliza para referirse
a una persona que, a pesar de ocupar un sitio más o menos
alto del estrato social, refleja actitudes propias de alguien
de un sector marginal o que no se adapta al estilo de vida esperado
de alguien de su clase.
"Un salto adelante (atrás)".- si la descendencia
de una persona resulta de piel más clara que la de la madre
se considera "un salto adelante"; si ocurre lo contrario,
será "un salto atrás".
"Estar más contento que negra preñada de musiú".-
el "musiú" es el extranjero de raza blanca, de
manera que se considera que una negra deba estar contenta por
el hecho de que tendrá descendencia con un hombre de estas
características.
"Ser indígena".- entre los jóvenes suele
usarse esta expresión para calificar a una persona por
no adaptarse a los avances tecnológicos, la moda o desconocer
datos de la forma de vida de la élite social.
Otra manifestación del exclusión cultural en el
lenguaje es la proliferación de anglicismos y la adopción
de expresiones en otros idiomas. En algunos sectores utilizar
expresiones en inglés son consideradas reflejo de una clase
de superioridad o mayor preparación; por ejemplo, en el
ámbito académico, una persona no escribe artículos
sino papers y el intercambio opiniones con sus colegas
es un feedback; los abogados hacen uso de expresiones en
latín para demostrar la profundidad de sus conocimientos
y un economista será mejor considerado según maneje
con mayor o menor habilidad el lenguaje y términos económicos
que se establecen desde las universidades de mayor prestigio en
Estados Unidos.
La apariencia física
Es bastante conocido el culto a la belleza en la sociedad venezolana.
Gracias a él la industria de los productos light, las dietas
y las cirugías estéticas son de las más prósperas.
Como se ha dicho anteriormente, a través de los medios
masivos de comunicación se imponen criterios de belleza
según un sector social, así el ideal creado tanto
para el sector femenino como para el masculino es joven, rubio,
alto y de complexión delgada. Las mujeres, a pesar de la
esbeltez, deben tener caderas y busto promitentes. En contrapartida,
las huellas del paso del tiempo, el cabello rizado, la piel morena
y cualquier talla que no sea la de una persona delgada, son considerados
antiestéticos.
Para no ser excluidos por su apariencia física en el trabajo,
la escuela, el sexo opuesto y hasta en la familia, mujeres y hombres
desde la adolescencia y hasta bien avanzada edad, acuden a teñirse
el cabello de amarillo y alisarlo, se someten a cirugías
para ocultar las arrugas, eliminar la grasa o hacerse implantes
y se someten a rigurosas dietas para adelgazar.
V. El nuevo discurso oficial en la Constitución entre el
ser y el deber ser
A partir de la trasformación política iniciada
en el período presidencial de Hugo Chávez, el discurso
oficial ha sufrido transformaciones importantes. El artículo
100 constitucional establece explícitamente el principio
de la igualdad de las culturas en Venezuela y se ha declarado
oficialmente la necesidad de refundar la república atendiendo
a su diversidad étnica y cultural. Se hacen esfuerzos por
reinterpretar la historia nacional (11) y se
evalúan nuevas formas de participación social para
sectores marginados durante mucho tiempo. No obstante, en la realidad
resultan objetivos muy lejos de ser alcanzados. La tradición
excluyente y autoexcluyente de la sociedad venezolana tiene una
inercia que no es fácil de contrarrestar. El caso de los
derechos de los pueblos indígenas reconocidos en el capítulo
VIII contenidos en el Título sobre garantías y derechos
humanos y las dificultades que se han presentado en su aplicación
es un claro ejemplo de que la exclusión, la discriminación
y el racismo no pueden ser abolidas a través de marcos
jurídicos novedosos y progresistas (12).
Es preciso que la sociedad entera transforme sus paradigmas y
para ello los medios masivos de comunicación, para empezar,
deberían revisar seriamente los contenidos de su programación.
Obviamente esto seguirá siendo sólo un deseo mientras
dichos medios sigan en poder de un solo sector social. Sería
ingenuo esperar que súbitamente los miembros de este sector
experimentaran una sensibilización tal que tomaran iniciativas
para combatir las prácticas que alimentan la exclusión
cultural que les mantiene en una posición privilegiada.
Notas
1. La hibridación cultural que produjo
el mestizaje es probablemente una de las áreas más
inexploradas en el campo de las ciencias sociales, lo único
cierto es que la mayoría de la población venezolana
es parte de ese caótico proceso.
2. El régimen esclavista para los negros
fue abolido de hecho con la independencia y se formalizó
en el año de 1854.
3. Seguramente no es casual que a la población
mestiza en Venezuela se le llame genéricamente "criolla";
ser criollo, en todo caso, resulta socialmente más conveniente
que ser mestizo en cualquiera de las categorías creadas
durante el régimen colonial: zambo, mulato, pardo, etc.
4. Ver El General López Contreras. La Transición;
Colección Cine Archivo B.F., serie biográfica Presidentes
de Venezuela; Bolívar Films 1997, 53 min.
5. Esta parece ser la constante en la construcción
de los discursos nacionalistas en Latinoamérica. Pueden
leerse interesantes argumentos en la obra de Guillermo Bonfil
(Pensar Nuestra Cultura, Alianza Editorial, 1991) o en la reciente
edición de la revista Araucaria (Núm. 9, 2003).
6. Aunque más recientemente se ha admitido
la libertad de creencias en el marco normativo, persiste la tendencia
a considerar que la religión católica ocupa un lugar
preponderante en Venezuela, esto a pesar de que no existen estadísticas
actualizadas y confiables de las preferencias religiosas de la
población. Hay indicios que apuntan a un debilitamiento
del catolicismo en Venezuela y el crecimiento de otras religiones.
7. La inmigración más reciente de
personas provenientes del continente asiático ha conducido
a admitir la convivencia del cristianismo con el islamismo y el
budismo. También se admite la incursión de cristianos
protestantes conocidos en Venezuela particularmente por su trabajo
eficaz para lograr conversiones en los sectores socialmente marginados.
8. En los deportes es mucho más frecuente
que individuos de raza negra logren alcanzar altos niveles pero
parece claro que en este caso el fenómeno se debe a las
capacidades atléticas que suelen caracterizarles.
9. El pueblo Warao habita en el delta del Orinoco
en el extremo oriental de Venezuela. Fue el Sr. Pedro Krisólogo
quien logró ser miembro de la Academia Venezolana de la
Lengua, después de haber escrito importantes trabajos en
el campo de la antropolingüística.
10. El artículo 119 de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela reconoce los derechos
de los pueblos indígenas sobre el hábitat y tierras
que ancestral y tradicionalmente ocupan y necesitan para garantizar
y desarrollar su forma de vida.
11. Así por ejemplo mediante un decreto
del año 2003 se declaró que el 12 de octubre dejaría
de conmemorarse como el Día de la Raza para empezar a ser
conmemorado como el Día de la Resistencia Indígena.
12. Sobre este particular invito a leer el trabajo
de mi autoría sobre los Warao (Derechos y Cultura Indígena:
Guayana Siglo XXI. Una exploración sobre el caso del Pueblo
Warao; Centro de Investigaciones Jurídicas, UCAB, 2003).
* Julio Avalos.
Abogado, notario y actuario por la Universidad Autónoma
de Puebla. Master en Sociología del Derecho por el Instituto
Internacional de Sociología Jurídica de Oñati,
España. Catedrático e investigador de la Universidad
Católica Andrés Católica de Guayana, Venezuela.
Es además miembro del Centro de Investigaciones Jurídicas
de la UCAB y del Consejo directivo de la Fundación Causa
Amerindia Kiwxi.
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