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A más de cuatro meses de las jornadas en
las que se recogieron firmas para solicitar referendos revocatorios
del presidente Hugo Chávez, y de decenas de diputados tanto
oficialistas como de oposición, un gran signo de interrogación
sigue siendo la característica de la coyuntura en Venezuela,
en una situación que afecta el derecho al ejercicio de
la participación política de los ciudadanos.
Este 12 de abril se reeditó una batalla política,
revestida de un discurso jurídico, en el Tribunal Supremo
de Justicia, en cuyo seno las Salas Electoral y Constitucional
están enfrentadas abiertamente desde hace más de
un mes en torno al cómo debe dilucidarse la validez de
las firmas, especialmente centradas en la figura del presidente
Chávez. Un conflicto de competencia entre los magistrados,
desde marzo pasado, ha representado un nuevo capítulo en
la postergación del proceso.
De acuerdo con el dictamen, en votación dividida del Consejo
Nacional Electoral (CNE), deben someterse a reparo casi un millón
de firmas de las recogidas a fines de noviembre. La cuestión
central es que para el órgano electoral deben acudir nuevamente
a ratificar su firma quienes están a favor del referendo
contra Chávez y están en ese grupo de firmas, la
mayoría descalificadas por tratarse de una caligrafía
similar en el llenado de los datos. Para la Sala Electoral del
TSJ, que actuó en respuesta de demandas opositoras, deben
acudir a reparos aquellos ciudadanos cuyas firmas hayan sido colocadas
indebidamente en los formularios, en contra de su voluntad o de
forma fraudulenta.
La decisión del CNE, de someter a reparo tal cantidad
de firmas, fue recibida con beneplácito por el gobierno
de Chávez y sus seguidores, pues representa un obstáculo
claro en el proceso de realización de este referendo, que
tiene una carrera contra reloj. Si se celebra posteriormente al
19 de agosto, de acuerdo con las disposiciones constitucionales,
y Chávez es derrotado no se celebran nuevas elecciones
sino que culmina el mandato su vicepresidente ejecutivo, el periodista
José Vicente Rangel, estratégico aliado del mandatario.
Así las cosas, el gobierno ha venido jugando políticamente
a retrasar el proceso, pese a que el discurso presidencial insiste
en que está a favor de este tipo de consultas.
El CNE, por su parte, al colocar una serie de requisitos que
han terminado por retrasar el proceso, parece colocarse en una
posición obstaculizadora del ejercicio del derecho ciudadano
a la participación política, a través de
este novedoso mecanismo de un referéndum revocatorio del
mandato presidencial, introducido por el propio Chávez
en la Constitución de 1999.
Mientras tanto, mediadores internacionales como el Centro Carter
y la Organización de Estados Americanos han venido actuando
a favor de una negociación entre los actores políticos,
que por un lado quite trabas definitivamente al proceso que ha
estado en marcha, y por el otro lo devuelva al ámbito político,
tras el enfrentamiento entre las salas del Tribunal Supremo, que
ha terminado por retrasar los tiempos de una eventual convocatoria
a la inédita consulta.
En el terreno de la negociación política, en el
seno de la opositora Coordinadora Democrática se han evidenciado
distintas tendencias, algunas de las cuales de forma abierta cuestionan
la posibilidad de llegar a acuerdos políticos, porque éstos
terminarían "legitimando a un régimen totalitario".
De parte del gobierno y las fuerzas que le apoyan se mantiene
la postura de participar en las conversaciones, pero dando poco
margen a la negociación.
Con estos elementos, el tiempo corre en Venezuela y la incertidumbre
sigue siendo el signo predominante. Se continua desconociendo
la validez o no de las firmas recogidas a hace más de cuatro
meses, y tampoco se sabe si habrá o no el referendo.
*Andrés Cañizales.
Licenciado en Comunicación Social y Magíster en
Ciencias Políticas. Profesor de la Escuela de Comunicación
Social de la Universidad Central de Venezuela (UCV), es también
director de la revista Comunicación que edita el Centro
Gumilla. Investigador asociado del Centro de Derechos Humanos
de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) en
la temática del derecho a la libertad de expresión
e información.
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