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Este año, el 20 de junio, Día Mundial del Refugiado
es dedicado a los millones de jóvenes cuyos futuros se
han visto amenazados por la guerra, la persecución y el
exilio. La vida de un refugiado nunca es fácil, pero es
especialmente difícil para los jóvenes a quienes
les han robado los años que debieran ser lo más
formativos, prometedores y emocionantes de sus vidas. En un tiempo
en que debieran estar llenos de esperanza y sueños futuros,
se encuentran en cambio frente a la cruda realidad del desplazamiento
y las penurias.
Si la situación de refugio se prolonga por años
sin vislumbrarse una solución política, el enorme
potencial de generaciones enteras puede perderse en el polvo de
un campamento olvidado. Esta es una verdadera tragedia.
Esta es la razón por la cual, como Alto Comisionado de
la ONU para los Refugiados, estoy trabajando arduamente por encontrar
soluciones para los cerca de 20 millones de personas bajo la protección
del ACNUR; alrededor del 35 por ciento son jóvenes entre
los 12 y 24 años. Estas soluciones incluyen la repatriación,
la integración en el país de asilo o el reasentamiento
en un tercer país. Para lograr estas soluciones se requiere
la cooperación de toda la comunidad internacional, de ricos
y pobres, del norte y del sur, desarrollados y no desarrollados.
Y mientras trabajamos por estas soluciones a largo plazo, debemos
garantizar que los jóvenes refugiados tengan todas las
oportunidades posibles para desarrollar su potencial, a través
de un ambiente estable, libre de explotación, abuso o reclutamiento
forzado; a través de la educación y fomentando sus
capacidades para prepararlos para el futuro; a través de
cuidados adecuados de nutrición y salud; y cultivando la
unidad familiar y asegurando que aquellos que se encuentran solos
obtengan la atención y protección especiales que
ellos merecen.
Si los jóvenes refugiados no están propiamente
protegidos y se les niegan las oportunidades de aprender las habilidades
necesarias para llevar una vida productiva e independiente, es
muy probable que participen en la siguiente ronda del conflicto.
He visitado muchos campamentos de refugiados y siempre me encuentro
con la intensidad y el entusiasmo de jóvenes estudiando
en improvisados salones de clase. A pesar de las muchas dificultades,
los jóvenes estudiantes refugiados acuden a aprender y
sobresalir porque ellos saben que la educación puede ser
su única salida. Se rehusan a perder la esperanza en un
futuro que todavía alberga una promesa. No debemos negarles
esta esperanza, porque su futuro es también nuestro futuro.
Para construir esta esperanza, el ACNUR está trabajando
con varias organizaciones incluyendo la organización "Right
to Play" (El derecho a jugar) del atleta noruego Johann Koss,
así como "Roots and Shoots" (Raíces y
Retoños) de la Doctora Jane Goodall, quienes brindan actividades
que son divertidas y valiosas para los jóvenes refugiados.
Así que este Día Mundial del Refugiado, honramos
el valor y la perseverancia de los jóvenes refugiados y
reiteramos nuestro compromiso por ayudarlos a realizar su enorme
potencial. Hay esperanza allí afuera.
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