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Itinerario de una desconocida y dolorosa tragedia
En 1991, cerca de 200 indígenas Wounáan de la comunidad
de Curiche en la Costa Pacífica norte se desplazan hacia
Juradó, presos del terror por las agresiones propinadas
y las amenazas de los narcotraficantes. Estas mismas comunidades
en diciembre de 2000 (frente a un ataque de las FARC a Juradó),
salen hacia Panamá; cuatro meses más tarde retornan
a Colombia. Sin embargo los Embera de Aguas Calientes y Guayabal
(comunidades cercanas), víctimas del terror producido por
una masacre paramilitar, se desplazan a Juradó y allí,
a pesar de la muerte de su principal dirigente Armando Áchito
por parte de las FARC, asumen el retorno, reconfigurando un nuevo
poblamiento y una nueva estrategia de resistencia desde lo organizativo.
En 1994, el pueblo Zenú, ubicado en Antioquia (1),
en vigorosa reconstrucción cultural y apropiación
territorial, sale desde Necoclí hasta Arboletes. Todas
las comunidades se desplazan, luego de determinar de manera organizada
su respuesta ante el terror causado por la muerte de su máximo
dirigente a manos del EPL y de la devastación paramilitar
en el norte de Urabá. Meses después, en un esfuerzo
ejemplar, retornan conjuntamente con otra población similar
o mayor de campesinos, a sus pequeños resguardos y logran
recomponer y afianzar con elevado éxito la apropiación
cultural y territorial que habían suspendido por el desplazamiento.
En 1997, luego del asesinato por un grupo de las FARC del gobernador
indígena Mario Domicó -quien emprendió la
constitución de resguardos y cabildos que dieron empuje
y origen a la actual Organización Indígena de Antioquia,
OIA, y principalmente ante los combates realizados en sus territorios,
las comunidades Embera Katío de la Serranía de Abibe
y de la fértil región del Río Sucio, salen
desplazados en masa hacia el municipio de Mutatá y se instalan
largo tiempo en el resguardo-"albergue" de Jaikerazabi
en el sitio de Bedó Piñal. Allí, ante una
"oleada" de Atención Humanitaria que olvida que
la tarea principal es el retorno y el restablecimiento, comienzan
a sufrir impactos muy serios en su vida comunitaria, pues la ruptura
territorial, económica, cultural y política, producida
por el desplazamiento se prolongó y mantuvo en detrimento
las formas de cohesión. Las comunidades que marcaron con
nombre y cultura Embera toda la estratégica Serranía
de Abibe en Urabá, sufrían en este largo desplazamiento
la humillación de ser conejitos de indias de múltiples
experimentos institucionales y las presiones armadas que siguieron
operando allí.
Entre los años 1999 y 2000, alrededor de 300 familias
del pueblo Kankuamo de la Sierra Nevada de Santa Marta fueron
amenazadas por los paramilitares (muchas de ellas por apostarle
a la reconstrucción étnica y territorial, y por
llevar el apellido Arias, corriente entre los indígenas
Kankuamos), por lo cual se desplazan desdes Atánquez, La
Mina, Chemesquemena y Guatapurí hacia Valledupar, María
Angola, Villa Germania, Bogotá, Venezuela y a la zona alta
de la misma Sierra Nevada, su ámbito territorial. Una a
una, sin posibilidad de desplazarse en conjunto y aterrorizadas
de ver asesinar a cerca de un centenar de personas, estas familias
dejan atrás su proyecto de reconstrucción cultural
y su intención de integrarse como pueblo de la Línea
Negra. (2)
En la Serranía de Perijá otro pueblo es encerrado
en su propio territorio y es asesinado por el hambre ante el cerco
que imponen los paramilitares de la zona. En 1999, del resguardo
de Iroka, 95 Indígenas Yukpa se desplazan a Casacará-Cesar,
presionados por la falta de tierras. Luego de ser engañados
aceptan trasladarse a Codazzi, donde mueren de hambre 7 niños
y un anciano. El desplazamiento se mantiene.
La comunidad Embera Katío de Choromandó, en el
año 2000 y ante parecidas condiciones a las que se presenta
en Mutatá, determina un desplazamiento organizado y medido
en el tiempo hacia la cabecera de Dabeiba; esta acción
adoptada colectivamente representa un costo menor en su integridad
como pueblo.
En los años 2000-2001, 400 Indígenas Embera Katío
de las comunidades de Kanyidó, Koredó, Nagua, Widó,
Cañafina y Vuelta Rabera se desplazan a Tierralta; los
provenientes de Nagua, Vuelta Rabera, Cañafina, como resultado
de la inundación producida por la hidroeléctrica
Urrá en el territorio (donde contaban con sitios de cultivos,
sitios sagrados, cementerios y lugares de vivienda); otros, como
los de Widó, se desplazan por la incursión paramilitar
ocurrida en septiembre de 2000 al río Esmeralda y por las
presiones de las FARC. Un grueso número de Embera Katíos
son atraídos al casco urbano de Tierralta como resultado
del pago de una indemnización en dinero, que durante 20
años efectuará Urrá a cada indígena
y que ya afecta de manera grave el modelo productivo interno y
la cohesión social.
En el año 2001, luego de una dantesca masacre de los paramilitares,
anunciada como nunca y desentendida y coronada de impunidad como
siempre, alrededor de 250 familias del pueblo Nasa salen desplazadas
masivamente del Alto Naya; esta masacre motiva igualmente que
60.000 personas se desplacen del departamento del Cauca hasta
la ciudad de Cali para rechazar la barbarie paramilitar. Un año
después las familias hacinadas en la Plaza de Toros de
Santander de Quilachao, reproducen día a día el
terror que no les ha permitido regresar a un territorio que históricamente
ha sido suyo pero legalmente no les pertenece, y siguen esperando
los plásticos y los pedazos de tela para remendar las colchonetas
que les fueron dadas para 3 meses.
Entre el 2001 y 2002, en el escenario de guerra más candente
del hemisferio occidental, el departamento del Putumayo, un 10%
de una población indígena estimada en más
de 24.000 personas, pertenecientes a 12 pueblos , son desplazamiento
en medio de la ley de la invisibilización, la no denuncia
y el interés voraz de cocaleros, contratistas y mercenarios
de guerra y petroleras, que les obligan a cruzar al Ecuador, mimetizarse
selva adentro o aventarse a raspar coca. Saben muy claramente
que pasado el Plan Colombia, los que seguirán allí
serán los sobrevivientes indígenas; los demás
se irán para otro territorio -probablemente indígena-
a destruir la naturaleza y ganar algunas monedas para malvivir.
Tabla No. 1
Desplazamiento indígena en Colombia: 6 zonas
(Para ver la tabla por favor
haga click aquí)
Impacto del desplazamiento forzado en los pueblos
indígenas
El desplazamiento forzado en los pueblos indígenas
objeto de la presente caracterización (Sierra Nevada de
Santa Marta y Serranía del Perijá, Región
del Urabá antioqueño y del Alto Sinú en Córdova,
Juradó y Riosucio en Chocó, Cauca y Putumayo) (3)
provoca impactos complejos y profundos que transciende a las clasificaciones
y a la caracterización actual que se ha venido haciendo
y que muestran, de manera clara, elementos que potencian la desestructuración
de comunidades enteras y el riesgo a desaparecer como pueblos
distintos y diferentes. La sucesión de impactos presenta
en términos generales las siguientes características:
1. La afectación permanente al pueblo indígena
como sujeto colectivo. Por la realidad demográfica
de los pueblos, por su condición de subordinación
política ante la cultura mayoritaria, la percepción
y experiencia interna del desplazamiento afecta directamente todo
el pueblo, todas sus estructuras socio-políticas; de hecho
los impactos son recibidos no solo por las comunidades desplazadas,
sino por las receptoras y el resto de las comunidades que sienten
de manera indirecta también las agresiones y vulneraciones;
este impacto se intensifica en los pueblos indígenas por
el sustrato de parentesco que soporta todas las alianzas e instituciones
comunitarias. El hecho de que el desplazamiento afecta a dirigentes,
líderes, médicos tradicionales y gobernantes, es
decir, a personas que representan la unidad como pueblos, resiente
la totalidad del tejido social.
2. La acumulación y permanencia de impactos en una duración
prolongada de tiempo que marcan fuertemente la vida de las
comunidades a pesar de que puedan restablecerse condiciones de
convivencia y territorialidad. El desplazamiento forzado a menudo
implica cambios bruscos en las formas de gobierno y representación
política interna debido a la imposibilidad de retorno de
éstas figuras centrales, al ser las personas más
amenazadas o en riesgo; así mismo, cuando los desplazamientos
se hacen a cabeceras urbanas, la autoridad indígena queda
subordinada a autoridades municipales o militares, afectado la
autonomía del gobierno propio; similar acumulación
de impactos se verifica con el debilitamiento de la medicina tradicional
(la cual en la mayoría de los casos no puede ejercerse
sino en los propios territorios sagrados, con materiales y medicinas
que se producen en la zona de origen, etc.); y muy claramente
se expresa en la renuncia o postergación de la consolidación
de la territorialidad.
3. Alteración de las relaciones que van más allá
del propio pueblo indígena y que tienen que ver con una
pérdida real de vecinos y relaciones intercomunales.
Esta situación se expresa en la ruptura de esquemas históricos
de ordenamiento territorial de áreas comunes (acuerdos
de uso) con campesinos y afrodescendientes, aborto a la consolidación
de formas de economía solidaria y de complementariedad
de las mismas, y quiebre de otras redes de intercambio material
y simbólico.
4. Deterioro del proyecto político de autonomía
territorial, elemento común de las movilizaciones y
de los derechos ganados por los pueblos indígenas en Colombia.
Cada desplazamiento forzado, sobre todo en los casos de desplazamiento
masivo, implica en general una sustancial reducción del
poder de control social y territorial por parte de las autoridades
indígenas; el desplazamiento implica de forma automática
el reemplazo de los actores de control social y territorial, y
ante la ausencia obligada de los responsables de estas funciones
del gobierno indígena se impone la presencia permanente,
efectiva y eficaz de los actores armados en los territorios, lo
que invisibiliza la autoridad indígena ante quienes han
optado por permanecer, la suplanta o la desconoce.
5. Deterioro generalizado de las condiciones de vida, con
especial incidencia en las mujeres, niños y ancianos. La
desnutrición, las enfermedades asociadas a las carencias
alimenticias, la suspensión de currículo s e iniciativas
propias de educación, la alteración de los patrones
de vivienda y configuración espacial de los asentamientos,
la permanencia de situaciones de terror y miedo, la separación
brusca del hábitat, entre muchos otras situaciones, contribuyen
enormemente al detrimento en la calidad de vida de todos los pueblos
afectados por el desplazamiento forzado. Este fenómeno,
que se presenta en todos los casos de desplazamiento, tiene mayor
relevancia en comunidades cuyos dispositivos sociales y culturales
se han especializado siguiendo concepciones propias de sus cosmovisiones,
lo que implica rápidos procesos de descalificación
de sus elementos tecnológicos, médicos, sociales,
ante realidades urbanas y tecnológicas occidentales.
6. Alteración permanente de la identidad e integridad
cultural, expresada en la pérdida acelerada y no voluntaria
de elementos y rasgos culturales comunitarios y basados en la
espiritualidad, y en la intrusión de concepciones, imaginarios
y valores asociados a la individualidad y el consumismo. Estas
transformaciones se presentan bien sea por reacomodo a unas nuevas
condiciones no previstas y por la separación y ruptura
abrupta de elementos de la expresión cultural de los pueblos
indígenas; esencialmente las comunidades resienten la ausencia
de recursos materiales y espirituales que garantizan de forma
autónoma la reproducción socio-cultural, los cuales
están es sus territorios de origen.
7. Introducción paulatina de formas ajenas a la economía
propia, que marcan una dependencia en casi todos los ámbitos
sociales (alimentaria, tecnológica, médica, etc.)
una erosión de los recursos genéticos de las comunidades,
una alteración de la reciprocidad y el intercambio, entre
otros elementos. La ausencia de los recursos que garantizan la
reproducción socio-cultural autónoma implica un
desplazamiento brusco hacia la oferta cultural y material de las
comunidades receptoras, que en caso de ser comunidades urbanas
y no indígenas presiona patrones de consumo mercantiles
o mediados por las formas burocráticas de la ayuda humanitaria;
este fenómeno es mucho más marcado en los jóvenes
y niños y niñas, cuya incorporación en los
sistemas de intercambio y complementariedad comunitaria es incipiente,
y presenta resistencias más marcadas en los mayores, pero
por lo mismo implican fracturas en la legitimidad del proyecto
de autonomía cultural.
8. Establecimiento de una fractura interna entre los desplazados
y quienes permanecen en el territorio. Esta situación
tiende a la disolución de la unidad comunitaria y al señalamiento
entre los diferentes grupos de la comunidad por las presiones
que mantienen los grupos armados; los que salen tienden a ser
señalados como cobardes o implicados, los que permanecen
como cómplices de los agresores.
Estos ocho elementos comunes implican un obvio atraso en el impulso
de los planes de vida y pueden verse más detalladamente
desde la perspectiva del análisis de redes; los resultados
son reveladores al mirar las situaciones de desplazamiento en
relación con los principios que han orientado las movilizaciones
indígenas: la territorialidad, la cultura, la autonomía
y la unidad. Sin embargo, es obvio que siendo la territorialidad
indígena la principal reivindicación de los pueblos,
es donde se recibe la mayor afectación.
El desplazamiento indígena forzado como desterritorialización
El territorio. espacio vital para la integridad de los pueblos
indígenas, ha sido elemento fundamental que explica de
manera central la compleja situación que han sufrido los
pueblos indígenas en los últimos años en
relación al desplazamiento forzado. Es conocido que a partir
de la promulgación de la Constitución Política
en 1991 se plantean con mayor claridad y amplitud los conceptos
de lo que constituye la territorialidad para los pueblos indígenas.
El concepto de Territorio parte de una noción integral.
pues hace referencia a la base geográfica de los Estados
sobre la que ejercen soberanía, conformada por el suelo,
el subsuelo y el espacio aéreo y se asume de manera integral
en la perspectiva del dominio político y del derecho de
autodeterminación. Esta concepción ha sido desarrollada
y adecuada por los pueblos indígenas en una demanda permanente
de Autonomía Territorial; se trata de una concepción
intermedia entre las de soberanía y ciudadanía,
que surge del reconocimiento por parte de los Estados de una soberanía
limitada sobre los pueblos indígenas y sus territorios
en tanto existe un derecho de prelación originado por la
resistencia indígena a la desaparición y la integración
étnica y en la deuda histórica de siglos de agresión,
que han interpuesto entre el ciudadano y el Estado una instancia
de mediación política; y del mismo modo, esta concepción
de autonomía territorial implica para los pueblos indígenas
un aplazamiento de sus reivindicaciones de independencia absoluta
y la apuesta por formas intermedias como el Estado multinacional
o multiétnico. Sin duda significa un estado inestable de
unidad y relación política, que encuentra en las
concepciones multiculturalistas y multiétnicas posibles
soluciones a los problemas de diversidad cultural, coexistencia
de gobiernos y pugna por derechos territoriales. Esta concepción
de autonomía territorial permite entender cómo se
lee desde las propias comunidades las constantes situaciones de
desplazamiento forzado y de atropello a su integridad como pueblos.
Es un concepto que supera ampliamente al concepto de "tierras"
que anteriormente se utilizaba (4), pues involucra
un componente político relativo al gobierno de la población
y, en el caso de los pueblos indígenas, al espacio geográfico
sobre el que determinado pueblo ejerce su derecho a la autonomía.
Este concepto ha sido definido desde el Decreto 2001 de 1988,
sobre titulación de resguardos, que establece la primera
definición de Territorio Indígena como las áreas
poseídas por una comunidades o parcialidad y aquellas que
constituyen el ámbito tradicional de sus actividades económicas
y culturales. Así mismo, el Convenio 169 de la OIT, en
su artículo 13 establece que la utilización del
término "tierras", deberá incluir el concepto
de territorios, "lo que cubre la totalidad del hábitat
de las regiones que los pueblos interesados ocupan o utilizan
de alguna otra manera ".
A partir de un forcejeo con el Instituto Colombiano para la Reforma
Agraria -INCORA- en el que se miró con prevención
las aspiraciones de dominio de los pueblos indígenas sobre
sus territorios, la Ley 160 de 1993 aceptó retomar la definición
de Territorio Indígena como "las áreas poseídas
en forma regular y permanente por una comunidad, parcialidad o
grupo indígena y aquellas que, aunque no se encuentren
poseídas en esa forma, constituyen el ámbito tradicional
de sus actividades sociales, económicas y culturales".
En el debate actual, el Estado colombiano presiona fuertemente
esta definición, buscándola reducir a las áreas
que ocupan físicamente las comunidades y han sido legalmente
delimitadas. Esto es, en la práctica, sólo los resguardos
y reservas indígenas.
En este contexto, la investigación realizada muestra de
manera palpable que el desplazamiento forzado de poblaciones indígenas
expresa por una parte procesos inconclusos de resolución
a demandas territoriales, y por otra acentúa los debilitados
lazos territoriales que se han mantenido a pesar del conflicto
armado.
Un hecho determinante que se identifica constantemente en las
diferentes zonas donde aparece el fenómeno del desplazamiento
es la existencia de territorios ancestrales indígenas que
no se han constituido legalmente en Resguardos y que son fundamentalmente
fincas o espacios de reciente y antigua apropiación; tales
son los casos del Alto Naya, Sorandó y Simbra en el Alto
río Verde, las comunidades en las orillas de la vía
Puerto Asís- Putumayo, el territorio Kankuamo en la Sierra
Nevada de Santa Marta, las fincas en Mutatá que no han
sido compradas por el Incora y en las que se asientan con zozobra
los Embera Eyavidá de Porroso, e igualmente los territorios
de las comunidades Mamey-Dipurdé, Urada-Guayabal y Jiguamiandó
en el Bajo Atrato (Riosucio). La lectura de la Tabla No. 2 ilustra
lo que hemos señalado. La investigación indica,
así mismo, que las situaciones de riesgo de los pueblos
indígenas están en función de dichas demandas
territoriales de las comunidades y pueblos indígenas que
permanecen sin resolverse.
En general, podemos ver que esta ausencia de resolución
es recurrente en todos los casos, y se expresa en el aplazamiento
de la constitución, el saneamiento y la ampliación
de resguardos en todas las zonas que hicieron parte de la caracterización
sobre el desplazamiento; este fenómeno fue claramente identificado
por los líderes y autoridades indígenas, que reclamaron
las dificultades en materia de trámites, presupuesto y
atención por parte de las instancias responsables; especial
mención debe hacerse del caso Kankuamo, que ha debido pasar
por todas las fases del reconocimiento (étnico, del territorio,
de sus autoridades) y aún no hay soluciones a su problemática,
antes bien, por el contrario el número de líderes
asesinados se incrementa semana a semana.
Tabla No. 2
Relación de la tenencia legal y disponibilidad territorial
y la vulnerabilidad frente al desplazamiento
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Zona
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Población afectada
|
Región específica
|
Situación legal
de tierras
|
Respuestas
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Cauca
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3200
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Alto Naya
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l
Posesión por 48 años de tierras
de la U del Cauca. No tienen resguardo, a pesar de las solicitudes
aplazadas en el INCORA |
No se ha concretado la constitución
de Resguardo, soportado en la legalidad de los títulos
de la Universidad.
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Chocó
|
1300
|
Juradó
|
l
Falta delimitar áreas con comunidades negras. |
La reubicación fue
posible debido principalmente a la compra de tierras "más
seguras" y productivas.
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|
|
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Riosucio
|
l
No se ha constituido resguardo en las comunidades de comunidades
Mamey-Dipurdú, Urabá-Guayabal y Jiguamiandó |
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|
Antioquía
|
6000
|
Urabá
|
l
Conflicto actual en la comunidad del Porroso, pues la finca
donde se encuentra reubicada la comunidad es propiedad de
los paramilitares.
l La
población indígena en Abibe, no puede avanzar
en la consolidación territorial.
|
La constitución
de nuevos resguardos está físicamente limitada
por el eje bananero, la ganadería, la explotación
forestal y el control de vías y del agua. El INCORA
no ha comprado las fincas a pesar de los compromisos existentes.
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Córdoba
|
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Alto Sinú
|
l La
comunidad de Simbra cuenta sólo con una finca de
la que salió. lSorandó
está localizada en un encierro de 56 ha afectadas
por derrumbes.
l Sorandó,
Simbra y Pechindé están por fuera del Resguardo
Embera Katío del Alto Sinú.
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Los compromisos
de compra y titulación de tierras asumidos por el gobierno
el 19 de abril de 2000, después de la ocupación
del Ministerio del Medio Ambiente no se han cumplido. |
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Sierra Nevada
|
5000
|
Región
Kankuama
|
l Gran
parte de las familias no tienen acceso a tierra suficiente
para las actividades económicas.
l No
se ha constituido el resguardo Kankuamo.
|
La respuesta
del gobierno ha sido difusa y no existe ninguna prioridad
para la constitución del Resguardo.
|
Por otra parte, queda de relieve que existen diversos impedimentos
de carácter económico para ampliar las fronteras
de los resguardos indígenas sobre los territorios tradicionales;
los intereses asociados a la construcción de vías
de comunicación (como la vía Puerto Asís-Mocoa),
el control del agua (como en el caso de Urabá y Valle del
Cauca), la explotación de maderas de manera legal e ilegal
(como en el caso de Maderas del Darién en Chocó),
la ampliación de la frontera ganadera y agro industrial
(caso del eje Mutatá - Belén de Bajirá) ,
la constitución de Parques Nacionales (como en los casos
de Munchique y Farallones de Cali en medio del alto Naya, el Parque
Tayrona en la Sierra Nevada, que se superpone con los resguardos
Katíos en el Bajo Atrato, Orquídeas en los territorios
Embera de Murrí), y la definición de zonas urbanas
en los Planes de Ordenamiento Territorial que inhiben la ampliación
de los resguardos en cercanía a ciudades (como el territorio
Kankuamo en cercanías de Valledupar).
Se trata de fenómenos objetivos que, a su vez, están
asociados a la presencia de actores armados en dichos territorios
indígenas; estos actores armados responden a intereses
políticos y económicos que lideran justamente dichos
proyectos e iniciativas económicas. En la segunda parte
de este trabajo, veremos este punto con mayor profundidad.
Por otra parte, el desplazamiento forzado indígena se asocia
de manera directa con fenómenos subjetivos. La certeza
de contar con el territorio y los procesos de apropiación
territorial, el control territorial no intervenido por actores
e intereses externos, implican respuestas colectivas y fuertes
a condiciones de presión o situaciones de riesgo; a la
inversa, lo anterior da soporte para explicar por qué comunidades
de un mismo pueblo, ante presiones similares del conflicto armado,
responden de manera dispersa, por familias o individualmente.
El tamaño, la disponibilidad de tierras para todas las
familias, la existencia de sitios sagrados que referencian el
territorio, la fertilidad adecuada del mismo y las ventajas para
establecer las redes de intercambios y reciprocidad (todas éstas,
dinámicas asociadas a la cultura) garantizan que una comunidad
indígena en un momento determinado puedan enfrentar exitosamente
el riesgo de desplazamiento o puedan hacerlo de manera que minimice
los impactos.
Pero como indicamos arriba, no solamente el desplazamiento se
produce en situaciones de demandas territoriales no resueltas,
sino que acentúa los problemas territoriales una vez se
presenta, colocando a los pueblos indígenas en situaciones
críticas y en riesgo de desaparición étnica
y física. El proceso de desterritorialización se
presenta de múltiples formas, entre las cuales podemos
destacar:
1. Sin duda el principal problema para los pueblos indígenas
es que se trata propiamente de una desterritorialización,
vale decir, salir de "su territorio" a un "territorio
ajeno" en términos jurídicos y sobre todo políticos.
Por el hecho de impulsar y concebir una territorialidad especial
-hemos señalado que la concepción de autonomía
territorial se encuentra un paso antes del de soberanía-,
los pueblos indígenas en situaciones de desplazamiento
se conciben a sí mismos en condiciones de refugio interno
pero sin que tal reconocimiento se dé por parte ni del
Estado ni de las instituciones responsables. Más allá
de si este reconocimiento se puede dar o no, lo importante es
ver la implicación que tiene salir de su espacio a otro
que, a pesar de pertenecerle como nacional colombiano, se concibe
como totalmente ajeno en tanto se encuentra organizado según
una lógica que no corresponde a la propia.
2. Mayor división territorial, simbólica y sociopolítica
interna en las organizaciones regionales, especialmente en su
expresión local, coincidentes con los escenarios de disputa
por el control militar de los territorios y poblaciones por parte
de los actores armados. Esto se expresa en el mayor distanciamiento
entre las comunidades desplazadas y las no desplazadas debido
a los señalamientos mutuos, la distancia geográfica
y política insalvable en cortos periodos de tiempo, a la
falta de recursos económicos, a la ausencia de o adecuación
de los equipos de comunicación necesarios, y en algunos
casos por la ausencia de elementos simbólicos en los nuevos
territorios.
3. Postergación o cancelación de los procesos de
constitución o consolidación jurídica de
los resguardos y la jurisdicción indígena. Se trata
de proceso en los cuales se acentúa el debilitamiento de
la gobernabilidad cultural del territorio.
4. Introducción de formas ajenas a la economía propia,
que marcan una dependencia en casi todos los ámbitos sociales
(alimentaria, tecnológica, médica, etc.), una erosión
de los recursos genéticos de las comunidades, una alteración
de la reciprocidad y el intercambio, entre otros elementos. Con
ello, se presenta una disminución ostensible y progresiva
de la capacidad productiva de las poblaciones desplazadas como
de las poblaciones que permanecen en los territorios ancestrales,
el debilitamiento de los sistemas productivos y consecuentemente
de la soberanía y autonomía alimentaria de dichos
pueblos. Sin contar con las pérdidas económicas
devastadoras causadas por el abandono de las parcelas y su producción,
. con sus consecuentes costos sociales.
5. Sobreposición de formas de tenencia legal de la tierra
-resguardos- mediante la creación de parques naturales,
reservas, etc., y el incremento o aparición de cultivos
de uso ilegal.
La ruptura o muerte de los referentes culturales
Las culturas propias representan para los pueblos indígenas
los ámbitos de mayor autonomía; es en y desde la
cultura en que es posible organizar la sociedad, apropiar el territorio,
adaptar tecnologías ajenas a realidades y comprensiones
propias. Pero las culturas no son procesos que puedan reproducirse
y crecer en las mentes de quienes la comparten, sino procesos
materiales y espirituales íntimamente ligados a la organización
y transformación de la realidad. Los territorios en que
las culturas indígenas se han construido son reducidos
en términos físicos, pero tienen como correlato
una fuerte carga simbólica; los pueblos indígenas
han marcado espiritual y políticamente sus territorios,
éstos se encuentran incorporados en sus cosmovisiones y
en la mayoría de las culturas tienen el carácter
de "sujetos espirituales".
Esta forma de relacionamiento no es exclusiva de los indígenas
-tanto los campesinos como los afrodescendientes reclaman similares
formas de territorialidad-; pero más allá de esto,
sí implica un sentido de extrañamiento frente a
territorios ajenos que no han sido nombrados, sembrados, rezados,
o caminados. Los pueblos indígenas partícipes de
esta caracterización tienen rituales de apropiación
que implican cualquiera de estas modalidades. Los Embera (katíos,
chamí, eyavidá) reproducen en todos sus territorios
el mito del Origen del Agua como marcador de los ríos que
lo demarcan, y existe el ritual del ombligado (sembrar el ombligo
de los recién nacidos) como expresión de ligamiento
y pertenencia a la tierra. Los Ijka , Kankuamo, Wiwa y Koggi,
conciben la Línea Negra como ámbito de su espiritualidad;
no es posible para un miembro de estos pueblos "ser"
en otro territorio. Para los Nasa la reproducción cultural
y la legitimidad de las autoridades dependen de la realización
de rituales en las lagunas que se encuentran en sus territorios.
Salir del territorio no es solamente una pérdida de la
propiedad o un cambio de domicilio brusco o violento, sino la
pérdida de todos los referentes que permiten la reproducción
de las culturas. Para estos pueblos simplemente la cultura no
puede reproducirse en otra región del país porque
la existencia tiene una relación directa y sustancial con
sus territorios; de hecho, la definición del ser indígena
o del pertenecer a uno de los linajes, está determinada
por el lugar de nacimiento y residencia. En el caso de los Embera
específicamente su patrón de poblamiento segmentario
permiten procesos de reasentamiento, pero éstos sólo
pueden darse en procesos madurados internamente.
Las transformaciones culturales que sufren las comunidades desplazadas
se dan, por tanto, ante la ausencia de recursos materiales y espirituales
que garantizan de forma autónoma la reproducción
sociocultural, los cuales están en sus territorios de origen.
El re acomodo a unas nuevas condiciones no previstas ni incluidas
espiritual o conceptualmente en las cosmovisiones, implica la
adopción de sistemas de creencias y conocimientos no-indígenas
que cuestionan de fondo la existencia como comunidades particulares;
en territorios no apropiados ni conocidos, las explicaciones propias,
las medicinas y tecnologías propias se hacen ineficaces,
cuando no es que el contexto cultural y político de las
comunidades receptoras es abiertamente discriminador. Por otro
lado, la separación y ruptura abrupta de elementos de la
expresión cultural de los pueblos indígenas o su
descontextualización, implica un descentramiento en los
referentes estéticos y de pertenencia; el sentimiento de
pérdida o de marginalidad absoluta presiona la adopción
de marcadores, modas, estilos, de la comunidad receptora; de este
modo, la pérdida acelerada y no voluntaria de elementos
y rasgos culturales comunitarios y basados en la espiritualidad,
dan paso a concepciones, imaginarios y valores asociados a la
individualidad y el consumismo.
De manera específica, los estudios de caso indican que
se presentan efectos inmediatos en los siguientes campos:
1. Ruptura de los calendarios tradicionales en los que se enmarcan
las actividades sagradas, productivas y políticas, que
constituyen los principales espacios de socialización de
las nuevas generaciones y que favorecen la interacción
local e interregional, así como la consolidación
de procesos culturales enmarcados en los valores propios de cada
grupo étnico. Las fiestas, encuentros regionales, rituales
colectivos e interfamiliares, la recolección y siembra
de cosechas, los festivales folclóricos, los eventos familiares,
son abandonados o alterados sensiblemente.
2. Ruptura, disipación y/o parálisis de los procesos
etnoeducativos así como de los procesos de recuperación
cultural de cara al conflicto armado, que históricamente
han vivido en sus territorios. La apropiación de los territorios
luego de agudos procesos de desterritorialización por parte
de varios pueblos indígenas, consistente en el poner nombres,
realizar rituales de sanamiento y refrescamiento, etc., el volver
a llenar de contenido y forma propia los procesos educativos,
está asociado a la incorporación del territorio
como contenido y origen de procesos culturales, educativos y médicos;
y es esa apropiación la que se paraliza con el desplazamiento.
3. Desplazamiento brusco hacia la oferta cultural y material de
las comunidades receptoras (consumismo y cambio de hábitos
alimenticios), que en caso de ser comunidades urbanas y no-indígenas
presiona patrones de consumo mercantiles o mediados por las formas
burocráticas de la ayuda humanitaria; este fenómeno
es mucho más marcado en los jóvenes y niños
y niñas, cuya incorporación en los sistemas de intercambio
y complementariedad comunitaria es incipiente, y presenta resistencias
más marcadas en los mayores, pero por lo mismo implican
fracturas en la legitimidad del proyecto de autonomía cultural.
4. Ruptura con los programas y servicios de salud adecuados culturalmente
que los distintos pueblos indígenas han logrado desarrollar.
Este fenómeno, que representa la paradoja de tener más
cercanos los hospitales y centros de atención en salud,
ha implicado el aumento considerable de la desnutrición
y de las enfermedades virales y bacteriales, además de
los problemas psicosociales que genera el miedo y el terror.
La alteración de la unidad como sujeto colectivo
Como señalamos arriba, la percepción y la experiencia
interna del desplazamiento afecta directamente todo el pueblo
indígena que sufre el desplazamiento. Esto es así
en tanto todas sus estructuras socio-políticas se ven afectadas
directamente con cada evento de desplazamiento; pueblos como los
de la Sierra Nevada de Santa Marta requieren para su reproducción
cultural la existencia de equilibrios territoriales y entre los
diversos linajes; los pueblos del Putumayo igualmente se organizan
en torno de pertenencias territoriales; el desplazamiento de una
comunidad, que casi siempre corresponde con un linaje, plantea
por tanto enormes dificultades para garantizar el equilibrio espiritual
y de las relaciones de reciprocidad. El sustrato de parentesco
de todas las alianzas e instituciones comunitarias indígenas
conduce a que los impactos sean recibidos no solo por las comunidades
desplazadas, sino también por las receptoras y el resto
de las comunidades que sienten de manera indirecta también
las agresiones y vulneraciones a sus derechos.
Esta situación es generalizada en todos los pueblos ante
el hecho de que el desplazamiento afecta principalmente a dirigentes,
líderes, médicos tradicionales y gobernantes, es
decir, a personas que representan la unidad como pueblos; los
médicos tradicionales no cumplen solamente funciones de
equilibrio y restablecimiento de la armonía, sino que son
vehículos de la espiritualidad general de la comunidad
y expresan el espíritu colectivo; la ausencia de los líderes
y gobernantes, que por definición representan dicha unidad
política, tiene una implicación totalmente desestructurante
de la totalidad del tejido social, pues son -en casi todos los
pueblos indígenas incluidos en el estudio- al mismo tiempo
el gobernante y la institución, integrados en una persona.
Por otra parte, el hecho de que la mayoría de los bienes
de las comunidades sean colectivos o claniles o de linajes, implica
que la pérdida de bienes de los desplazados por robo, saqueo
o abandono, significa de forma inmediata la afectación
de los bienes de todo el pueblo. Estos bienes no son solamente
materiales, sino espirituales; la ocupación de espacios
sagrados por parte de actores armados, por ejemplo, que regularmente
están bajo control de una familia o linaje pero son de
propiedad de toda la comunidad, significan heridas en el imaginario
colectivo, formas de desestructuración de los elementos
que marcan y diferencian un pueblo.
De forma específica, el desplazamiento afecta la integridad
del sujeto colectivo de diversas maneras:
1. Desintegración de las unidades familiares y parentelas
a partir de la dispersión territorial que genera el miedo
y el terror en defensa de la vida y/o la satisfacción de
las necesidades básicas; lo anterior está asociado
al incremento progresivo del miedo y el terror, especialmente
entre la población más joven. En casos como el Embera
y el Kankuamo, donde se percibe el desplazamiento y los asesinatos
como un fenómeno permanente, el temor surge de la sospecha
de estar frente a un etnocidio sistemáticamente llevado
a cabo.
2. La separación familiar tiene unas consecuencias mucho
mayores para la supervivencia sociocultural de la comunidad local
y del pueblo indígena en general, debido a que los contextos
en que son sumergidos no son producto de una continuidad cultural
e histórica compartida, es decir la ruptura violenta de
la unidad familiar provoca cambios radicales en la forma de su
organización política, que puede conducirla a su
desestructuración social y fragmentación territorial.
3. Desestructuración de las redes sociales primarias, es
decir de las redes personales, familiares y comunitarias, lo que
constituye una situación muy delicada, en la que quienes
llevan las peores consecuencias son los niños, niñas,
mujeres y ancianos, debido a la fragmentación o desmembración
de las unidades familiares.
4. Descenso de la solidaridad comunitaria y mayores niveles de
individualización, especialmente de las generaciones más
jóvenes en su articulación sociocultural con la
población urbana. Este fenómeno está asociado
al aumento de la desconfianza social, de la desconfianza en la
estructura organizativa de la comunidad y de los mecanismos internos
de resolución de conflictos, lo cual genera descenso en
la autoestima individual de las personas! así como de la
autoestima colectiva de las comunidades.
5. Debilitamiento de los saberes tradicionales, medicina, formas
de cultivo, etc. Este fenómeno comparte su dinámica
con el aumento del silencio, la inercia y la pasividad en la comunidad,
principalmente para la población más adulta, asociada
a la pérdida de memoria colectiva debido a las características
topo-cronológicas de la historia indígena, memoria
geográfica basada en el recorrido de los lugares.
6. Asociado al desplazamiento se presenta la migración
en cadena que por lo general continúa con el desplazamiento
forzado de los líderes comunitarios de las zonas de recepción,
incluso antes de la llegada de la población desplazada.
7. Aumento del confinamiento y aislamiento territorial mediante
oclusión, destrucción o proscripción permanente
de los sistemas de comunicación por parte de los actores
armados. (Sistemas tecnológicos de comunicación
que incluyen el hardware y software destinado a la puesta en escena
de los diferentes medios de difusión local, regional y
nacional, así como servicios de telefonía. Y sistemas
de comunicación social, como el rumor en tanto forma de
control social prescriptivo, que ha sido reducido a una forma
de rumor proscriptivo). El estudio muestra que el confinamiento
y el aislamiento son concomitantes con el desplazamiento, tanto
por temor como por la pérdida de estos sistemas de comunicación.
8. Es deber reseñar el aumento de la creatividad cultural
de las nuevas generaciones debido a las circunstancias del conflicto
armado que los obliga a reforzar las organizaciones sociales con
nuevas estrategias que les permiten generar nuevos aprendizajes.
Esta "apropiación forzada" de tecnologías
y saberes no representa necesariamente vulneración de la
integridad como sujeto colectivo, pero su incorporación
sin la generación de mecanismos de control e interpretación
produce nuevos sectores (los letrados, los conocedores de la cultura
occidental) que modifican sustancialmente las formas comunitarias
y crean formas fraccionadas de representación, pensamiento
y valores.
Los pueblos indígenas como sujetos colectivos se han ido
reconstruyendo en diálogo -no siempre auténtico-
con el Estado; los pueblos que habían perdido capacidad
de representación por el colonialismo debieron adoptar
nuevos sistemas y adaptar los ancestrales, para interlocutar con
instituciones, funcionarios, programas y proyectos, etc. En esencia
las formas de gobierno y representación se han adecuado
a la realidad estatal, produciéndose un resultado positivo:
la consolidación de autoridades indígenas en todos
los pueblos que tienen como proyecto su reconocimiento, fortalecimiento,
legitimidad y eficacia política.
El desplazamiento cambia esta interlocución, pues en s_
mayoría es asumida por alcaldes y funcionarios del orden
municipal que no tienen ni la sensibilidad ni el mandato frente
a las realidades y derechos indígenas. Eso es percibido
por las comunidades en situación de desplazamiento como
la ausencia progresiva de los funcionarios locales y regionales
de gobierno, lo cual se agrava con una situación en la
cual éstos se debaten entre la falta de garantías
y la falta de voluntad política, generando la progresiva
pérdida de legitimidad del Estado.
Modalidades y tipología del desplazamiento indígena
en Colombia
El desplazamiento se convierte en un hecho inminente y forzado
para las comunidades de los pueblos indígenas cuando pierden
las condiciones mínimas de permanencia, sobre todo las
condiciones político culturales y territoriales. El desplazamiento,
como en otras poblaciones, no es la primera opción frente
a la agresión de cualquiera de los actores armados; por
el contrario, las comunidades estudiadas muestran que antes del
desplazamiento se han venido descartando paulatinamente otras
opciones de permanencia. Es en condiciones de imposibilidad de
acción cultural y política propia y autónoma
cuando el desplazamiento viene a ser una "alternativa".
Como se desprende de los impactos y de cómo éstos
son sentidos por las comunidades, el desplazarse o no en pueblos
indígenas está relacionado con la fortaleza de elementos
estructurales, asociados en primer lugar a la suficiencia y disponibilidad
de tierras, una situación que permite optar además
por el desplazamiento intra-comunitario o intra-territorial, que
sin duda significa un impacto menor sobre las comunidades. El
segundo elemento estructural son los niveles de apropiación
del territorio en lo legal, económico, cultural y político,
que dicho de otra manera es la autonomía territorial, lo
cual está relacionado de forma directa con el proceso de
saneamiento de tierras, uso de los recursos, control sobre el
territorio, etc. Y por supuesto, el fortalecimiento de gobierno
propio, que depende íntimamente de los procesos de afectación
cultural causados por el colonialismo, el reconocimiento y respeto
reales hechos por parte del Estado, y la capacidad interna de
gobernar y representar los intereses colectivos por parte de los
sectores gobernantes (en ocasiones familias, clanes o linajes
específicos).
Los diversos estudios de caso indican que es la ausencia de los
espacios de reproducción socio-cultural lo que más
se resiente por las comunidades desplazadas. Las mínimas
condiciones que requieren las comunidades en riesgo para mantenerse
en sus territorios, son:
1. Mantenimiento de condiciones de intercambio cultural expresado
en festivales, encuentros deportivos; prácticas religiosas
como la asistencia a un culto común donde confluyen indígenas,
campesinos, comunidades afrodescendientes.
2. Eventos de apropiación cultural permanente del territorio,
soporta dos en la actividad de médicos y autoridades tradicionales.
3. Funcionamiento de un sistema mínimo de transporte que
articula vehículos, conductores con un gran conocimiento
de la zona, mantenimiento de vías y caminos, sitios para
reparación de automotores o descanso de mulas donde las
carreteras no existan. Se trata de condiciones mínimas
de intercambio y complementariedad.
4. Una actividad económica relativamente fluida e interrelacionada
a nivel interno entre comunidades indígenas y con comunidades
no indígenas y a nivel externo con centros de suministro
de alimentos, medicamentos y herramientas.
5. Sin lugar a dudas, la ausencia de esas mínimas condiciones
prepara un sentimiento de abandono, orfandad e indefensión
que hace que las personas no puedan enfrentar el terror y el pánico
que producen las diversas formas de la guerra. Lo que revela el
estudio es que si existen mínimas condiciones, las comunidades
prefieren mantenerse y resistir ante la presión de desplazarse
que hacen los actores armados.
Lo anterior debe ser tenido en cuenta para analizar las verdaderas
causas del desplazamiento; generalmente los registros y censos
del desplazamiento señalan el detonante del desplazamiento
(amenaza, masacre, asesinato recientemente ocurrido) como la causa
del desplazamiento, lo que impide ver en profundidad la acumulación
de las causas reales, y por tanto impide atender de forma eficiente
el problema. Esta reducción de las causas al simple detonante
del fenómeno, es una forma de reducir el problema a una
crisis humanitaria y no territorial, cultural y política.
Las modalidades del desplazamiento se pueden observar en el breve
itinerario que mostramos al principio, donde de acuerdo con la
fortaleza organizativa y cultural, la resolución o no de
problemas territoriales, el tipo de presencia de los actores armados,
se determinan respuestas diversas. En las cinco regiones objeto
del presente estudio estos elementos son recurrentes. Sin embargo,
dos casos nos servirán para empezar a mirar más
en profundidad el tema.
El caso Embera Katío (comunidad de Sorandó)
Un caso que sin duda es de referencia es el desplazamiento de
la comunidad Embera Katío de Sorandó, uno de los
pueblos más afectados por el conflicto (se encuentra en
tres de las 5 zonas estudiadas) y que a la vez es donde se han
podido caracterizar mejores elementos del fenómeno. Esta
comunidad, localizada en la parte alta del río Verde (Iwagadó)
está conformada por 170 personas aproximadamente, cuentan
con un incipiente proceso organizativo pero donde las mujeres
tienen un papel clave en el control de la tierra, el jaibanismo
y en la participación en el Cabildo; la comunidad tiene
fuertes vínculos con la población de Chigorodó
y Mutatá, y no cuentan con tierra suficiente ni se encuentran
incluidos dentro del resguardo del Alto Sinú. Por otra
parte, se trata de una comunidad que participó activamente
en la última fase de la oposición de los Cabildos
Mayores de río Sinú y Verde a la Hidroeléctrica
Urrá; sus miembros estuvieron en diferentes momentos de
I preparación de la estrategia de negociación, presión
y movilización que los Embera Katío realizaron desde
1998 hasta principios de 2000 frente a la construcción
de la represa.
La comunidad de Sorandó antes del desplazamiento se integraba,
entonces, al resto de las comunidades del Resguardo Embera Katío
del Alto Sinú y con el corregimiento de Saiza (punto de
paso hacia Carepa y Tierralta desde Sorandó). El circuito
económico se desarrollaba vía fluvial por el río
Verde hacia Frasquillo y el territorio del Resguardo, y por vía
terrestre hacia Piedras Blancas y luego a Carepa. Las comunidades
de Simbra y Bechindé mantenían el poblamiento disperso
característico del pueblo Embera (Ilustración 1).
Ilustración No. 1
Sornado antes del desplazamiento

Como se muestra en la Tabla 3, el proceso de desplazamiento tuvo
un período de incubación en la vida cotidiana de
los pobladores. Según los relatos de los desplazados, la
idea del desplazamiento surge desde la época en que Saiza
fue destruida y entraron los paramilitares a controlar este corregimiento
creando una tensión interna sostenida, cuyas características
son esencialmente los controles militares en el puerto de Frasquillo
(en cercanía de la Hidroeléctrica Orrá) y
las restricciones a la movilidad en la zona por parte de los paramilitares.
Durante todo este período, la comunidad mantiene una estrategia
de reuniones organizativas, concentración en los tambos
y alerta frente a novedades; sin embargo, la decisión de
un desplazamiento no se toma ni aparece como una primera opción,
puesto que no era la primera vez que ocurrían combates
o presencia alternativa de insurgencia y paramilitares. Desde
cuando Saiza había sido destruido, empezó la población
campesina a desplazarse.
Tabla No. 3
Itinerario del desplazamiento en la comunidad de Sornadó
|
Características
generales
|
Fase 1
|
Fase 2
|
Fase 3
|
Fase 4
|
|
ANTES Tensión interna
|
DURANTE Estampida
|
EMERGENCIA Asentamiento
|
AHORA
Momento actual |
|
Manifestaciones
|
Rumores y comentarios sobre
acciones armadas en la resbalosa, San José de Apartadó.
Empiezan a desplazarse los campesinos.
|
Asesinato de Januario Domicó
y salida masiva de campesinos
|
Visibilización y restablecimiento
de redes de parentesco.
|
Las familias con tierra disponible
retornaron, las sin tierra se mantienen en la comunidad.
|
|
Duración
|
2 años, contados a
partir de la destrucción de Saiza y entrada de paramilitares.
|
1 semana
|
1 año aproximadamente
|
|
|
Actores
|
FARC
|
FARC, Paramilitares de las
AUC
|
Cabildo Polines, Comunidad
|
Las familias que se mantienen
desplazadas vienen de otros desplazamiento anteriores: Mutatá.
|
|
Escenarios
|
Alto y Medio Río Verde,
Alto Sinú. La movilización a Tierralta suspendida
por Urrá y por controles paramilitares en Frasquilo
(Puerto aguas abajo)
|
Eje económico y vial:
Camino Saiza-Piedras Blancas
|
La comunidad de Polines se
convierte en un espacio humanitario y brinda una atención
adecuada.
|
El Cabildo del Alto Sinú
descarga las gestiones en el de Polines y se da por superado
el problema.
|
|
Respuestas
|
Reuniones organizativas
|
Movilización en bloque
|
La autoridad indígena
forma instancias compartidas para las decisiones y se acepta
la autoridad de Polines.
|
Las personas que se mantienen
en Polines, retornarían una vez tengan tierra en
Río Verde (Alto Sinú).
|
En septiembre de 2000 se produce un desplazamiento
masivo de campesinos que coincide con el asesinato del promotor
de salud de la comunidad, Januario Cabrera, por parte de un grupo
de las FARC. Ése es el detonante de la estampida. La población
de Simbra y Bechindé que estaban dispersos en el alto Río
Verde se agruparon en la comunidad de Sorandó, y al salir
los campesinos la población indígena se desplaza
conjuntamente con ellos; en el Cerro que une los departamentos
de Córdoba y Antioquia son recogidos por la Diócesis
de Apartadó y las autoridades indígenas (también
Embera Katío) de Polines en Chigorodó. Debe tenerse
en cuenta que el resguardo Embera Katío del Alto Sinú
se encuentra a 45 minutos de Saiza, sin embargo la población
se desplaza hacia Antioquia atendiendo los vínculos de
parentesco existentes entre ambas comunidades. Otra característica
marcada de este desplazamiento es su carácter comunitario:
todas las familias se desplazan en bloque, incluyendo a sus jaibanás
(Ilustración No. 2).
Ilustración No. 2
Sornado al momento del desplazamiento
Posteriormente la comunidad de Sorandó inicia un proceso
de asentamiento en el Resguardo de Polines, que se convierte en
un espacio humanitario indígena, donde los lazos de parentesco
son el soporte para brindar una atención adecuada. Hay
un proceso complejo de reuniones de las autoridades indígenas
de Polines y Sorandó, dando como resultado la adopción
de instancias compartidas para las decisiones políticas
teniendo como base el reconocimiento de la autoridad de Polines
como autoridad principal. El proceso cultural que soporta esta
etapa es el restablecimiento de las redes de parentesco, que toma
aproximadamente un año.
Una vez recuperada la normalidad de la zona, retornan a Sorandó
las familias Lana y Cabrera, que tienen derechos y acceso a la
tierra de la comunidad. Otras pocas familias se integran a las
zonas que se encuentran en proceso de legalización para
la ampliación del resguardo Embera Katío del Alto
Sinú, mas no al propio resguardo. Y las demás familias
se mantienen en Polines hasta mediados del 2002, junto con familias
Embera Katío desplazadas de Mututá; aún así,
algunas familias no han retornado a la espera que se resuelvan
los problemas territoriales en río Verde. Todo este proceso
de retorno se hace en consenso entre los dos gobiernos indígenas,
y en concertación entre la Organización Indígena
de Antioquia y los Cabildos Mayores Embera Katío del río
Verde y Sinú. El retorno de las familias a Sorandó
posibilitó que empezaran a retornar campesinos a la zona.
El resultado de este desplazamiento es el debilitamiento del intercambio
con Tierralta y las comunidades del río Verde, al tiempo
que se mantienen y fortalecen lazos con Polines y el resto de
Urabá, motivados por la posibilidad de nuevos desplazamientos.
(Ilustración No. 3)
Ilustración No. 3
Sorandó en tiempos del retorno

El caso Kankuamo
A diferencia del pueblo Embera Katío, el pueblo Kankuamo
se encuentra en un momento de reconstrucción cultural y
étnica luego de casi un siglo de procesos de campesinización,
desestructuración cultural y pérdida del territorio.
Eso significa que sus autoridades, instituciones, tradiciones
y territorialidad se encuentran en un incipiente proceso de consolidación
al momento del desplazamiento.
El momento de riesgo, previo al desplazamiento, se caracteriza
por el incremento de la influencia de los grupos guerrilleros
en la región y el consiguiente reclutamiento forzado de
jóvenes de la comunidad, lo que se traduce en amenazas
e intimidaciones a las comunidades por parte de las personas de
la comunidad reclutadas e implantación de las acciones
de "limpieza social". Las comunidades deben vivir recurrentes
incursiones guerrilleras en la parte baja de la Sierra y la ocurrencia
de tomas de pueblos, puestos de policía, secuestros individuales
y masivos conocidos como "pescas milagrosas", extorsiones
y vacunas a los ganaderos, comerciantes y transportadores de la
región. Así mismo son testigos de las acciones de
represalia de los grupos de autodefensas (en adelante AUC) que
actúan con el propósito de hacer frente y neutralizar
el avance de la insurgencia armada. Este clima se alimenta de
rumores en la comunidad sobre la ocurrencia de masacres, la existencia
de las llamadas "listas negras" de las personas que
serán asesinadas por las AUC, y las propias divisiones
internas y desinformación de los miembros de la misma comunidad.
También son elementos determinantes en el aumento de la
vulnerabilidad la falta de presencia y atención oportuna
por parte de los organismos del Estad, en los niveles municipal,
departamental y nacional; así mismo, la pérdida
del territorio ancestral Kankuamo, el agotamiento de tierras,
el crecimiento poblacional y la no constitución del territorio
saneado y legalizado, unido a la falta de alternativas de trabajo
causadas por la insuficiencia territorial para generar apropiación
económica por parte de la población. Estos elementos
se vienen a acentuar con el impulso a proyectos viales de alto
impacto en las comunidades indígenas de la Sierra, tales
como la "Variante de los Contenedores" que une el Urabá
antioqueño y la llanura del Caribe con Venezuela.
Los dos hechos fundamentales detonantes del desplazamiento
generalizado forzado del pueblo Kankuamo en la Sierra Nevada de
Santa Marta son, por un lado, los asesinatos y masacres en Río
Seco, La Mina, Atánquez y Murillo ocurridos en 1996 -que
generaron en su momento un desplazamiento reducido-, y los hechos
sangrientos de 1999 por la acción de los paramilitares
en la vía de Valledupar a la zona indígena (la región
de los Corazones y Badillo), cuando realizan numerosas ejecuciones
selectivas de personas acusadas de colaborar con la guerrilla,
establecen retenes móviles en la Ye de los Corazones sin
que el Ejército reaccione, y obligan a presenciar a mujeres,
niños y niñas asesinatos a sangre fría; por
la misma época se acrecientan en la región los bombardeos
y las amenazas de todos los actores, lo cual genera un fuerte
temor en la población de ser víctimas de la violencia
y el terror. El otro detonante es el bloqueo por parte del Ejército
y las AUC al paso de alimentos y medicamentos, y control de entrada
y salida de personas por parte de éstos y la insurgencia.
El desplazamiento del año 1999 en la mayoría de
los casos fue de una manera silenciosa e individual; la cercanía
de la zona Kankuama a Valledupar, facilitó la salida de
las familias de esta manera. El desplazamiento forzado indígena
de los Kankuamos es de los mayores que se han presentado en el
país, pero se caracterizó por la salida permanente
e individualizada de personas y de familias que iban llegando
en la mayoría de los casos a las residencias de los parientes
en Valledupar y luego se dirigían a otras zonas como María
Angola, Villa Germania, Santa Marta, San Juan del Cesar, Maicao
y Venezuela. El equipo regional estimó en 300 el número
de familias desplazadas de manera forzosa desde las comunidades
indígenas, una cifra que supera la cuarta parte de la población
total de los Kankuamos. La escalada del conflicto armado incrementó
de manera significativa el desplazamiento forzado de muchas familias
a partir de 1998, observándose un mayor incremento en el
año 2000, como se muestra en la Tabla No. 4 (5)
Tabla No. 4
Evolución del desplazamiento en territorio Kankuamo
|
Años
|
No. de
familias desplazadas
|
%
|
| Antes de1998 |
6
|
9.8
|
| 1999 |
12
|
19.7
|
| 2000 |
29
|
47.5
|
| 2001 |
14
|
23
|
| Total de la muestra |
61
|
100
|
La población de desplazados más significativa
(80%) proviene de las comunidades de Atánquez y La Mina
(sitios de las masacres) y el 20% restante proviene de las comunidades
de Río Seco, Chemesquemena, Pontón, Murillo, Guatapurí
y demás comunidades (Ver Tabla No. 5).
Tabla No. 5
Comunidad de procedencia de las familias kankuamas desplazadas
| Comunidad |
No. de familias |
% |
| Atánquez |
30
|
49.1
|
| La Mina |
18
|
29.5
|
| Río
Seco |
4
|
7
|
| Chemesquemena |
4
|
7
|
| Guatapurí |
1
|
1.66
|
| Pontón
|
1
|
1.66
|
| Pueblo Bello |
1
|
1.66
|
| Villa Germania
|
1
|
1.66
|
| Tierra Nueva |
1
|
1.66
|
| Total |
61
|
100
|
El caso de la población Kankuama desplazada
muestra que en la mayoría de ocasiones las personas llegan
a Valledupar donde un amigo o familiar de la persona, reproduciendo
lazos de parentesco como primera opción de albergue. Sin
embargo, este refugio es sólo en la situación de
emergencia, pues rápidamente se pasa a una nueva etapa
en la cual se considera que la "estabilización"
consiste en la disminución del riesgo que generó
el desplazamiento, momento en el cual el desplazado se muda a
otros sectores de Valledupar por lo general tuguriales, en donde
se ubica actualmente el 51.7% de las familias. El resto la población
se dispersa en diferentes barrios, por lo general alojándose
en casas de familiares que previamente habían migrado o
adquirido casa propia en el caso de docentes y otros empleados
(Ilustración 4).
Ilustración No. 4
Las rutas del desplazamiento Kankuamo

El estudio hecho por el equipo regional muestra
cómo, en un grupo de 61 familias, los jóvenes y
niños son los grupos más numerosos y comprenden
un 61.7% de la población total, y las mujeres un 52.5%
de la misma. Los mayores de 50 años representan solo un
7.5% del total (Ver Tabla 6).
Como puede apreciarse y como se verá en profundidad en
los estudios de caso que se verán en la tercera parte de
este trabajo, ante las presiones para ser desplazados los pueblos
se han visto obligados a adoptar acciones de diverso tipo para
sobrevivir y permanecer culturalmente. Algunas de ellas han resultado
adecuadas; la enorme mayoría, como es de esperar, ha afectado
profundamente la estructura social interna. Podemos señalar
como acciones más recurrentes las siguientes:
l Huir masiva y organizadamente
hacia las cabeceras municipales o hacia otros departamentos,
como lo hicieron los 1.800 indígenas de Antioquia, y la
mayoría de las comunidades del Chocó, los Embera
Katío del Alto Sinú, los Zenú, los Nasa en
el Cauca, los Eperara de San Joaquincito, cerca de Buenaventura,
en la Costa Atlántica.
l Replegarse de manera
itinerante a sitios más internos del territorjo en microdesplazamientos
permanentes, en una cantidad no determinada, como en los casos
de Urabá y occidente de Antioquia y en el río Salaquí
en Chocó.
Tabla No. 6
Distribución por grupos etáreos de la población
kankuama desplazada en Valledupar
| |
Sexo
|
|
|
| Grupo etáreo |
M
|
F
|
Total
|
%
|
| 0-5 años |
34
|
33
|
67
|
16.8
|
| 6-10 años |
28
|
27
|
55
|
14.1
|
| 11-15 años |
24
|
25
|
49
|
12.3
|
| 16-20 años |
29
|
45
|
74
|
18.5
|
| 21-30 años |
30
|
39
|
69
|
17.3
|
| 31-50 años |
26
|
28
|
54
|
13.5
|
| 51 y más
años |
18
|
12
|
30
|
7.5
|
| Total |
189
|
209
|
398
|
100
|
Fuente: Censo de familias desplazadas. OIK, Valledupar
octubre de 2001
l Encerrarse
en su propio territorio en un desplazamiento al interior de las
vidas de los individuos y de los pueblos que no implica movilización,
pero que sí desplaza los ritmos, costumbres, procesos y
relaciones con sus sitios sagrados, zonas de cultivo y de intercambio
de alimentos y bienes, en una estrategia de mimetización
como lo están viviendo los pueblos Yukpa en la Serranía
de Perijá (5.000 personas), los Embera Katío en
Frontino (unas 800 personas aproximadamente).
l Salir de las fronteras
colombianas como lo hicieron los 105 Wounnan hacia Panamá
al igual que una cantidad determinada de Kofanes, Quichuas y Koreguajes
hacia Ecuador, y de los Bari y Kankuamos hacia Venezuela. Se configura
una situación de refugio.
l Salir desordenadamente
y en cantidades alarmantes hacia las ciudades, acosados por
el terror y la muerte, como salieron 250 familias Nasa del Alto
Naya y 300 de la Sierra Nevada (1.300 y 1.500 personas respectivamente).
l Disgregarse y aislarse
de la vida familiar y del cuerpo comunitario y de pueblo,
al salir de manera individual y silenciosa como lo han
hecho en los dos últimos años alrededor de más
1.000 indígenas del Putumayo y Nariño.
l Presenciar las masacres
y recibir órdenes de salir de manera inmediata y conjuntamente
como lo hicieron 158 indígenas en Juradó y 140 en
el Alto Sinú.
l Percibir la avalancha
silenciosa de indígenas Pijaos que llegan donde parientes
y amigos a los barrios marginados del Sur de Bogotá, presas
del terror y del pánico que imponen los paramilitares en
el Sur del Tolima en este momento.
l Mantenerse en resistencia
activa y desafiante, en el que el desplazamiento sirve para
mostrar que no se les teme a quienes lo fuerzan, como actual y
heroicamente lo hacen los Embera Chamí de Ríosucio,
Caldas (6). Ellos se resisten a salir de sus
resguardos y parcialidades indígenas al mismo tiempo que
no dejan de denunciar el atropello de la Smurffit Cartón
de Colombia en sus territorios.
Estas modalidades de acción, miradas desde una tipología
territorial, permiten ver los siguientes casos:
l De territorios no
constituidos en resguardos hacia comunidades "amortiguadas
territorialmente". Es un caso muy generalizado en todas
las zonas donde se estudió el desplazamiento indígena
en Colombia. La tenencia legal del territorio marca también
una mayor confianza como sitio de "refugio" y es así
como comunidades indígenas forzadas a desplazarse lo hacen
a otras que primordialmente cuenten con Resguardo. Las comunidades
del Alto Naya que se desplazaron de manera organizada lo hicieron
hacia el resguardo de Tóez en Caloto; las comunidades del
Atrato Medio chocoano se desplazaron hacia Murindó en donde
se contaba con resguardos, varios miembros del pueblo Kankuamo
se desplazaron hacia el resguardo Arhuaco y las comunidades de
Sorandó, El Silencio, Mungudó, Simbra, de los Embera
Katío de Urabá y Córdoba, lo hicieron hacia
Polines.
l De zonas de menor
concentración poblacional a zonas de mayor concentración.
Este caso es muy notorio en el pueblo Embera, pues el conflicto
armado obliga a un desplazamiento paulatino y a un reacomodo a
nuevas formas de poblamiento. Se pasa de la dinámica de
poblamiento disperso a poblamiento nucleado. Un caso que tipifica
esto es de los Embera de Riosucio, que de poblamientos dispersos
en la comunidad de Alto Guayabal se agruparon luego de manera
nucleada en Barranco.
l En el mantenimiento
y configuración de redes familiares, históricas,
económicas y culturales comunes. Las complejas redes
familiares se articulan frente a Ejes territoriales que son los
que permiten la existencia de sitios de refugio o de amortiguación
garantizando menos traumatismos para las familias. Caso de esto
dan cuenta la situación del Alto Naya, cuando de manera
organizada se desplazaron hacia el resguardo de Tóez, los
Kankuamos que se desplazaron hacia María Angola, los Embera
que se desplazan hacia Polines, los indígenas del Putumayo
que se desplazan hacia Nariño.
Desde una tipología jurídico-administrativa,
los casos identificados son:
l De territorios tradicionales
no constituidos en Resguardos a Resguardos constituidos legalmente.
Estos casos corresponden a los casos de desplazamiento ocurridos
de territorios tradicionales a zonas amortiguadas.
l De territorios tradicionales
no constituidos en Resguardos a cabeceras municipales. Esencialmente
corresponden a los casos del pueblo Kankuamo y los pueblos del
Putumayo; en este último caso el fenómeno está
asociado a imposibilidad física de los resguardos constituidos
para convertirse en refugios adecuados, teniendo en cuenta que
la mayoría son territorios pequeños, de escasa oferta
ambiental y productiva, con severos problemas de sobrepoblación.
l De Resguardo a Resguardo.
Esta situación no es tan común como se piensa, porque
el desplazamiento desde Resguardos no es un fenómeno generalizado
en el Cauca, ni en Antioquia, ni en Urabá; el caso más
notorio es el de Putumayo, donde la particularidad es una situación
territorial anormal en la cual la mayoría de los resguardos
se encuentran con solicitudes de ampliación por la evidente
carencia de territorios para las comunidades.
l De país a país.
Los casos más destacados se presentan con el pueblo Wounnan
(103 personas) de Santa Marta de Curiche que se refugia en Viroquerá,
Panamá, las familias Kankuamo en número no determinado
que se refugiaron de manera invisible en Venezuela y con las familias
de los Ouichuas y Sionas que pasaron la frontera hacia Ecuador
desde el Putumayo.
Una tipología organizativa nos permite identificar
los siguientes casos:
l Desde comunidades
con niveles de bajo desarrollo organizativo a comunidades más
organizadas. (Alto Sinú a Polines, Mungudó y
el Silencio a Chigorodocito y Polines).
l A los centros de
sede de las organizaciones indígenas.
l Desplazamientos organizados,
donde se establecen mecanismos, responsabilidades, términos
y lugares. Un caso que ilustra este tipo de desplazamiento es
el de la comunidad de Choromandó del pueblo Embera Katío
en el municipio.
l Desplazamientos no
organizados en los que normalmente las personas salen de manera
individual, no hay reporte ante las organizaciones.
Finalmente, es importante señalar que el desplazamiento
en territorios indígenas no sólo es un acumulado
de presiones y agresiones de los grupos armados y un debilitamiento
de las formas propias de la autonomía. Es también
una pérdida sustancial de lazos y acumulados colectivos
que involucra no sólo a pueblos indígenas sino también
a otros grupos humanos con quienes conviven. En casi todos los
casos de desplazamiento indígena, estos ocurren acompañados
de desplazamiento de población campesina y población
afrocolombiana, pues en todas las zonas de estudio son constantes
y muy fuertes las redes con familias y comunidades no indígenas,
que se han venido construyendo históricamente y que si
bien soportan conflictos y encuentro de intereses, muchas de las
veces potenciados por factores externos a las mismas comunidades,
también han desarrollado formas de vecindad y de manejo
de la territorialidad.
Notas
1. El pueblo Zenú tiene asiento principal
en el departamento de Córdova
2. La Línea Negra marca tradicionalmente
el ámbito territorial de los pueblos indígenas de
la Sierra Nevada.
3. En adelante, los análisis hacen referencias
a estas cinco áreas.
4. Territorio Indígena: Tierra ocupada
de manera regular y permanente por una comunidad o grupo de pueblo
indígena, así como la tierra, aunque no esté
ocupada de la manera arriba expuesta, que constituye el hábitat
natural para sus actividades sociales, económicas y culturales.
Resguardo Indígena: Es una institución legal y sociopolítica
especialmente constituida, compuesta de una o más comunidades
indígenas que poseen territorio con arreglo a una estructura
de propiedad colectiva privada y donde el manejo y vida interna
del resguardo está a cargo de una organización autónoma
de los indígenas mismos dentro de un sistema de normas
definidas colectivamente. Reserva Indígena: Es un área
de tierra baldía ocupada por una o varias comunidades indígenas
cuyos limites han sido establecidos y legalmente asignados por
el Instituto Colombiano para la Reforma Agraria -INCORA- para
uso y beneficio de las comunidades, con exclusión de foráneos.
Por definición legal, la tierra de las reservas sigue siendo
propiedad del Estado.
5. Estas cifras han sido consolidadas por la Organización
Indígena Kankuama según censos realizados con familias
Kankuamas desplazadas por la violencia que se han establecido
en Valledupar. Dicho censo fue realizado en el mes de Octubre
de 2001. Es importante anotar que las cifras aquí presentadas
corresponden a las familias que se pudieron ubicar en dicha ciudad;
sin embargo las estimaciones del desplazamiento de familias Kankuamas
son mucho mayores y ascienden a 300 familias desplazadas.
6. Las últimas familias desplazadas retornaron
en el mes de junio de 2002.
*Organización
Nacional Indígena de Colombia, ONIC. Fragmento tomado
de la publicación El desplazamiento indígena en
Colombia. Caracterización y estrategias para su atención
y prevención en áreas críticas. Realizado
por ONIC con el auspicio de ACNUR, RSS.
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