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¿Por qué no pasó el referendo en Colombia?

María Nelcy Cucaita*


Es la pregunta que muchos nos hacemos. Se pudo haber dado por varios factores: El primeo de ellos el desconocimiento del texto que generaba dudas de si convenía o no votar.

Según la revista CAMBIO de amplia circulación en Colombia, a un mes de llevarse a cabo el referendo, se les pedía a los colombianos que calificaran su conocimiento sobre el contenido del referendo: sólo el 3.6% dijo tener uno muy completo, el 13.6% dijo que completo, 42.5% que más o menos completo, el 18.6% que poco completo y el 21.7% nada conocía del contenido.

En resumen, casi el 40% desconocía los alcances de los 15 puntos de la consulta y eso sin contar que los temas que se incluían, llevaban más de un año de debate en el congreso. Por otro lado había el mismo desconocimiento sobre el 25% del censo electoral que se necesitaba para alcanzar el umbral requerido.

Otro factor fue el papel de gobierno en cuanto a su propaganda y no la necesitada pedagogía del Estado. Y finalmente la alta abstención promovida por varios sectores de la población que convenció con su slogan "Abstención también es participación" y "La abstención también decide" y sus argumentos, o por lo menos hizo que las personas dudaran a cerca de las verdaderas intenciones de lo que se pintaba como la gran panacea.

La bandera del referendo fue la lucha contra la politiquería y la corrupción, delitos que han sido el pan nuestro de cada día y culpables, en gran parte, del gran cráter fiscal colombiano. Sin embargo, y aunque debe ser inminente y necesaria la erradicación de este mal, lo cierto es que las propuestas mo iban al fondo del problema. El poder que tienen, por ejemplo,
los congresistas de asignar contratos aparte de las partidas presupuestales, es lo que hace que se den estos abusos. Si ese poder fuera ejercido sólo por los municipios con la participación verdadera de los ciudadanos mediante asambleas populares, el vicio desaparecería. El referendo planteó la conformación de las asambleas pero como consultivas y no con la facultad para decidir, siendo así un paño de agua tibia.

En cuanto a la corrupción, las medidas respecto al voto nominal y público es algo que ya se venía haciendo con las respectivas reservas (en casos de narcotráfico y terrorismo, por ejemplo), por seguridad de los congresistas ya que ellos a cuenta de generar más identidad entre sus electores no iban a cargar con las consecuencias de su voto al aprobar leyes en contra. La muerte política por desfalco al Estado, que es una buena medida, no lo es del todo ya que al final de la pregunta decía: "salvo que asuma con cargo a su patrimonio el valor del daño" , es decir, que aunque garantiza la
devolución de esos dineros al Estado esto no es obligatorio tanto para el que tiene como para el que no tiene.

Otra posible causa del no paso del referendo pudo ser la pregunta No. 9 en tanto propone la eliminación de las contralorías y personerías departamentales, distritales y municipales, no solo por lo que implicaba el número de funcionarios desempleados, sino que éstas, aunque con errores son necesarias precisamente porque contribuyen a una mejor gestión de la administración y de los gastos. De igual manera se manifiesta que el control se ejercerá con el apoyo en fundaciones, corporaciones, universidades o
empresas privadas lo que muestra claramente la generación de gastos más prominentes porque éstas ya cuentan con la infraestructura, métodos, capacidades y personal lo que evidencia que en lugar de ahorrar se estaría frente a un gasto innecesario.

Ahora bien. El puntaje más bajo fue frente al paquete de medidas fiscales como la congelación del gasto que incluía los salarios, las pensiones y los regímenes especiales, debido a que los colombianos vienen soportando una situación de pobreza y miseria cada vez más desgastante, por la reforma laboral, tributaria y del estado, la sobre tasa a la gasolina y el IVA aplicado a los productos de la canasta familiar junto con el exagerado aumento de las tarifas de servicios públicos que se han dado en los últimos años. Sin embargo, y bajo la creencia de que solo el sacrificio trae ganancias, el pueblo colombiano aceptó estas duras reformas; pero ya se sienten ahogados y dichas medidas pusieron en evidencia una situación futura aún más crítica que no están dispuestos a tolerar porque el sacrificio no contribuyó a tapar ni el 50% del hueco fiscal, según la interventora general de la nación.

Así entonces, el presidente en su alocución, luego de las elecciones manifestó la propuesta de la refinanciación de la deuda externa, aumentar la base gravable con impuestos para altos patrimonios y la ayuda de los gremios económicos. Por otro lado exigirá al congreso, la aprobación de la reforma política y fiscal, pero en otras condiciones más favorables para los estratos 1, 2, y 3.

Finalmente, se montó un proyecto contradictorio en el que los propósitos no corresponden a los medios y para superar esa inconsistencia se convirtió en un plebiscito en la cabeza del presidente: Además se presagiaron toda clase de desastres y exageraciones en el caso de que le referendo no pasara, lo que ha creado un estado de incertidumbre que amenaza la estabilidad económica y la convivencia nacional. En forma innecesaria, la gestión presidencial se puso a prueba con una criatura que no tenía ni la mitad de su favorabilidad.


Elección de los Garzones

Hay una nueva cultura electoral que se está fraguando. Una cultura que ya no se ocupa tanto por el beneficio individual sino por la del país. Es un proceso lento propiciado por los duros golpes de la violencia y la bancarrota del Estado. De otro lado el surgimiento de la izquierda, en Colombia por ejemplo, con la elección de Luis Eduardo Garzón para la Alcaldía de Bogotá y Angelino Garzón para la gobernación del valle le da una responsabilidad grande a la izquierda de demostrar que el progreso está de la mano del bienestar social, y que la cultura radical de derecha no constituye quizá una solución a largo plazo y sobre todo, no en un conflicto como el colombiano.

Por muchas razones la lupa de la opinión pública va a estar implacablemente puesta sobre la gestión de los Garzón y su equipo Por su procedencia, por su adscripción política, por una que otra desconfianza desatada y exigirán que se muestre idoneidad administrativa, política y técnica.

 

Las nuevas izquierdas

Para algunos de los sectores de la derecha tradicional, acostumbrados a ver solo amenazas a su dominación tradicional, el triunfo de la izquierda significa que esta puede llegar al gobierno a través del voto popular. Para la supuesta izquierda armada significa que se puede triunfar sin el recurso a las armas, y para la población que no se ubica en ninguno de los extremos significará un aprendizaje sobre lo que constituye un verdadero ejercicio de democracia.

Sin duda la derecha autoritaria buscará dificultar la nueva gestión. La izquierda radical no cejará tampoco en su intento de traer la lucha armada a la ciudad. Tal vez, el hecho de que la izquierda esté en el poder, en Colombia, permita un acercamiento más franco entre los grupos insurgentes de izquierda y el gobierno, y a la vez el hecho de que el presidente represente a la derecha podría hacer que los grupos paramilitares y de autodefensa se interesen también en la desmovilización. Podría ser, quizá, el gobierno que necesite un país como Colombia; una cabeza radical como el señor presidente y unos brazos sociales de izquierda representados por los Garzón. Así, entonces se conozca la seguridad democrática.

Lo que se espera es que este movimiento de izquierda democrático que se está gestando apoyado en un modelo de desarrollo cuya base, entre otros, son los cabildos abiertos, sea un toque rebato para los partidos y corrientes tradicionales; que defienda lo ganado en las constituciones y lo por ganar en la guerra que nos tiene programada los Estados Unidos, los gremios, los militares, etc. Además de esperar que se respete el voto popular y que permitan que la democracia demuestre su superioridad ética y política sobre la imposición armada y violenta que la niega y busca destruirla.


 

*María Nelcy Cucaita. Licenciada en Filología e Idiomas por la Universidad Libre de Bogotá. Docente y organizadora de varios foros. Candidata a Especialista Superior en Derechos Humanos, por el Programa Andino de Derechos Humanos, PADH, de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

 

 

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