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Introducción
Los desafíos por armonizar la democracia política,
el desarrollo económico y la equidad social en Bolivia
parten del reconocimiento que la "pobreza, la inequidad y
la exclusión son los problemas más severos que afectan
a la democracia y gobernabilidad, consecuentemente, la preservación
de la democracia exige atender prioritariamente esos retos".
En efecto, existe consenso de que el actual modelo ha producido
estabilidad sin crecimiento y que la democracia se ha mostrado
ineficaz en la resolución de los principales problemas
que aquejan a la población (1).
En 2002 Bolivia cumplió dos décadas de funcionamiento
democrático ininterrumpido. Las elecciones de ese año
estuvieron marcadas por las demandas emergentes de las movilizaciones
sociales y políticas de 2000 y 2001. Estas demandas fueron
inicialmente intermediadas por movimientos sociales que se convirtieron
en movimientos políticos "asistémicos"y
que referían fundamentalmente a demandas de cambios en
el modelo de desarrollo, lucha contra la corrupción, nueva
funcionalidad del Estado para la generación de empleo y
en la prestación de servicios y los destinos del excedente
generado por la exportación de gas.
El sistema de partidos
La oferta electoral del entonces principal partido de oposición,
el Movimiento Nacionalista Revolucionario, MNR, se centró
en la lucha contra la exclusión social, la corrupción
y la generación de fuentes de trabajo; el Movimiento de
la Izquierda Revolucionaria, MIR, partido de la entonces vigente
coalición de gobierno, focalizó su debate electoral
en una lucha frontal con el candidato del MNR, al que calificaba
de "vende patria", en alusión al proceso de "capitalización"
(2) realizado en el período 93-97; el Movimiento al Socialismo,
MAS, que agregó al sector campesino, indígena y
a la izquierda, enfiló su discurso contra la política
antidroga, impulsada por el ex embajador norteamericano y en la
revisión del modelo de desarrollo; la Nueva Fuerza Republicana,
NFR, antiguo aliado de Acción Democrática Nacionalista,
ADN, en la practica no presentó programa y evadió
todo tipo de confrontación.
En el debate electoral los candidatos "asistémicos"
centraron su campaña contra la "democracia pactada",
el régimen de partidos políticos a quienes identificaron
con la corrupción, y por la necesidad de convocar a una
Asamblea Constituyente, mecanismo de consulta no previsto en el
orden legal. El sistema electoral boliviano puede ser calificado
como de "representación proporcional personalizada"
con candidatos en distritos uninominales y listas cerradas bloqueadas"
(Varios, La política importa, pp. 108) (3). Los resultados
en la elección presidencial fueron: MNR, 22.46%; MAS, 20.94%;
NFR, 20.91%; MIR, 16.31%; y los partidos restantes(7), 19.38%.
La primera característica del resultado fue la insignificancia
de la votación de la ADN, derecha modernizada, uno de los
tres partidos que estructuraron la lógica de pactos. Se
derrumbó el funcionamiento de acuerdos sobre la base del
"tercero excluido". La segunda característica
consistió en que el MIR, liderado por el exPresidente Jaime
Paz, cogobernante en casi todos los regímenes de estas
décadas de democracia, se integró, también
esta vez, al acuerdo de gobierno, sustentado en una débil
fracción electoral y haciendo pesar la capacidad de bloquear
la gestión desde su cuota parlamentaria. La tercera característica,
con mayor significación estructural en el sistema político,
fue la conformación de un polo, para unos llamado "neopopulista",
que en todo caso, fue un liderazgo regional que recogió,
principalmente, a la votación inclinada hacia la derecha
y que había sido sustento del régimen tanto como
votación originada en la informalidad económica
y política.
La característica más importante del resultado
electoral fue el surgimiento de un actor cuya presencia se insinuó,
desde entonces, como decisiva para el sistema político.
El MAS, a cuya representatividad nos hemos referido antes, comenzó
a presionar por la recomposición del sistema partidario.
La oposición política se puso a la cabeza de un
"frente de masas" -también conformado por los
campesinos, CSUTCB, y los obreros, COB,-, mostrando a la opinión
pública que tenía en sus manos la llave de algunas
políticas públicas, que debían atravesar
por las decisiones parlamentarias. El eje de la oposición
quedó oscilante entre la acción parlamentaria y
las calles y las regiones. La dinámica reivindicativa combinaba
temas clasista y étnicos, con una forma ligada al sindicalismo
tradicional.
Hasta los incidentes de febrero 2003 -que enfrenaron a la Policía
con el Ejército y dieron lugar a actos de vandalismo-,
el país vivió una "democracia pactada",
consistente en un acuerdo de gobernabilidad entre los principales
partidos con representación parlamentaria tanto para el
ejercicio del gobierno como para la oposición (4). Los
partidos convirtieron al acuerdo político en una forma
de manejo clientelista y prebendal de las cuotas de poder y administrativas
conseguidas. La debilidad de los acuerdos políticos consistió
en que no tuvieron sustento en acuerdos sociales.
Hasta 2002, la cuestión pendiente consistía en
el restablecimiento de las prácticas históricas
de desborde de la sociedad civil sobre el orden estatal y político
o el establecimiento de nuevos/modernos/convencionales canales
institucionales de procesamiento de las diferencias. El sistema
político formal apostaba firmemente a que el país
había pasado desde una dinámica política
de enfrentamiento entre el sindicalismo (especialmente minero)
y la Fuerzas Armadas, en el contexto de un modelo estatal de intervención
en el desarrollo social y económico orientada al interior,
hacia un procesamiento político-electoral de la legitimidad,
en general aceptado por los actores, en el contexto de crisis
de aquel modelo estatal y de emergencia de una forma radicalmente
liberal y abierta hacia la globalización.
Una digresión necesaria. Bolivia es una muestra de unas
fuerzas armadas que fueron "derrotadas" en la transición
a la democracia, sin embargo, de lo cual conservaron autonomía
para su reorganización institucional. A su vez, la democracia
fue la oportunidad para la policía de retomar capacidades
autónomas de reordenamiento, especialmente, en relación
con las fuerzas armadas. Es una historia de definición
de la identidad institucional de la policía por oposición
a las fuerzas armadas, las que a su vez las subordinan ante la
sociedad y el Estado. A su vez, el conflicto institucional es
mutuamente manipulado para determinar una agenda que incluye presupuesto
y reacomodos institucionales. Quintana (2002) denomina "Pacto
de coexistencia y subordinación pragmática"
(5) a la actual dinámica entre las instituciones, que se
produce en un contexto de asimetría en los tiempos y formas
de democratización y aproximación a la sociedad.
Asimismo en la comprensión de su respectiva profesionalización.
(6)
Las drogas en la política
La democracia boliviana está sobredeterminada, desde la
transición a la democracia hasta la actualidad, por la
definición de seguridad de los Estados Unidos, surgidas
de su concepción de la "Guerra contra las drogas",
siendo que el país no ha desarrollado un pensamiento/posición
autónomos en el tema. Hasta la reciente focalización
del problema de las drogas en Colombia, Bolivia fue concebida
- especialmente por Estados Unidos y algunos organismos multilaterales
- como el caso paradigmático del área andina.
En Bolivia, en la dimensión formal se verificó
una transacción entre los programas de erradicación
de cocales e interdicción, la cooperación para el
desarrollo alternativo (financiamiento para alternativas de producción
campesina) y el amparo internacional ante la banca multilateral
para sustentar el modelo de liberalización económica.
En la dimensión real, esta transacción consistía
en que Estados Unidos asumía parcialmente un subsidio temporal
a la erradicación de la hoja de coca y la sustitución
de cultivos, el Estado boliviano adoptaba los costos políticos
en el plano de la gobernabilidad y los productores cocaleros soportaban
los costos sociales de la transición.
Por su parte, los diversos gobiernos de la democracia boliviana,
presentaron matices que oscilaron entre la sustitución
gradual y la erradicación forzosa. (7) Esta ultima modalidad,
que cristalizo en el referido Plan Dignidad cuyo objetivo fue
el logro de "coca cero", potenció un movimiento
social/regional basado en los productores de hoja de coca de la
región del Chapare, que posteriormente se asoció
a las demandas étnicas que habían surgido en otros
sectores sociales y regionales. Esta coalición, como hemos
anotado, ha logrado significativas posiciones electorales, locales
y parlamentarias a través del MAS, al tiempo que hasta
los hechos de octubre de 2003 mantuvo una estrategia dual consistente
en negociación con el gobierno central mientras abría
condiciones de enfrentamiento urbano y rural. Esta oscilación
fue rota por la reciente movilización espontánea
de masas.
En suma, la referida "transacción" (8) tuvo
efectos serios en el esquema de gobernabilidad boliviano. La agenda
boliviana de seguridad está conformada por tres problemas
-drogas, seguridad publica y relaciones cívico-militares
-, y tres problemas conexos -desarrollo institucional, modelo
económico y tierras - (Gamarra y Barrios, 2003). En el
plano de los esquemas de integración, Bolivia esta cada
vez mas lejos del área andina (9), pero políticamente
está dentro de su inestabilidad general.
La explosión
¿Cuál es la especificidad de la presente coyuntura
y de la fase del ciclo reivindicativo popular? Octubre de 2003
fue la primera muestra de abierta de fuerza de los actores populares
luego de los hechos de Febrero de 2003. Febrero mostró
una enorme debilidad -casi descomposición- en el aparato
estatal; una disputa que potenció al conflicto social y
evidenció las debilidades de la gobernabilidad.
Un Estado débil como política pública, "desorientado"
como gestión, falto de instrumentos de gobernabilidad y
sediento de control como afirmación frente a su miedo,
produjo la "peor" combinación política.
Febrero instaló a las Fuerzas Armadas como único
bastión firme del Estado. La gestión política
gubernamental, escudada tras las Fuerzas Armadas, fue ineficiente
en términos democráticos. Las legitimidades del
sistema político se diluyeron. La situación política
se tornó en letal en la medida en que no se consiguieron
los objetivos de estabilización.
En sus inicios, en septiembre de 2003, la oleada reivindicativa
tuvo tintes tradicionales, casi rituales para esos meses en todos
los años. Sin embargo, la opinión pública
desprendía un temor a que se produjera un nuevo estallido
social, impredecible como el anterior. En el sistema político
no existió actor o institución capaz de detectar
la acumulación de descontento, que pueda expresarse mediante
acciones que superen los controles sociales y estatales.
En sus inicios, el enfrentamiento se desató y se focalizó
social y regionalmente: campesinos, indígenas, sindicalismo
tradicional, excluidos de todo tipo en el Departamento de La Paz,
cuya depresión económica también fue un factor
catalizador. Posteriormente, la ola alcanzó a todo el altiplano,
con los Departamentos de Oruro y Potosí, y al valle, en
el Departamento de Cochabamba. La punta más alta fue la
ciudad de El Alto (10), base del asedio a la ciudad de La Paz,
sede de gobierno. Los Departamentos orientales, de tierras bajas,
nucleados a través del Departamento de Santa Cruz, eje
del desarrollo agrario boliviano, no se plegaron y al contrario
montaron barreras políticas y sociales. (11)
La correlación de fuerzas que se exhibió en la
escena fue fundamentalmente social -por la pluralidad de agendas-
pero con efectos políticos decisivos. La multiplicidad
de orientaciones de la movilización que se opusieron a
muchas formas del "establecimiento" fueron, paradojalmente,
la garantía de su procesamiento institucional o, al menos
dentro de niveles menores de violencia. Fundamentalmente, ya que
no se fundieron en una unidad de orientación, ni consiguieron
una dirección política con objetivos claros. (12)
Más aun, la agitación social, en un principio,
no persiguió un propósito decidido de derribar al
gobierno (13). El movimiento surgió en el campesinado del
altiplano, que inició un "cerco" -casi convencional
en sus prácticas- a la ciudad de La Paz bloqueando algunas
carreteras importantes y exhibiendo un pliego reivindicativo tradicional
y disperso (14). El detonante que permitió el ascenso cualitativo
del movimiento fue un operativo militar del gobierno para desbloquear
el acceso a una población mestiza rodeada de población
indígena -Sorata- y que atraviesa por otra población,
de tradición reivindicativa y de alta significación
para el nacionalismo revolucionario (15) -Warisata-.
Los acontecimientos de Sorata y Warisata se inscriben en una
marcada organicidad con propósitos políticos del
gobierno y de una marcada ocasionalidad ligada a las debilidades
institucionales nacionales. Por un lado, en la voluntad de los
conductores políticos del gobierno ahora defenestrado se
trataba de hacer un "efecto demostración" (16)
a los "sediciosos" mediante la exhibición de
fuerzas, para lo cual se apeló a las Fuerzas Armadas en
apoyo a la Policía. Por otro lado, la falta de preparación
para afrontar las situaciones de explosión social por parte
de las Fuerzas Armadas (17) produjo una exacerbada represión.
Lejos de atemorizar a la masa, el desborde represivo la despertó.
Despertó características represadas de respuesta
violenta a la descontrolada violencia estatal en manos de las
Fuerzas Armadas. Este emparejamiento de descontroles está
relacionado con la incapacidad hegemónica del Estado boliviano,
entendido como conducción de comportamientos sociales a
través de aparatos residentes en la sociedad, y está
relacionado con una crónica opresión sobre la sociedad,
a la que se le ha impedido su maduración ciudadana y su
participación en las instituciones. De este modo, se configuró
propiamente una explosión social, entendida como ocupación
a-normativa y disruptiva de todos los espacios de expresión
de reivindicaciones a su disposición, en especial, la calle.
La coyuntura permitió la exacerbación de la fuerza
de la sociedad, con la que ningún actor político
tuvo ni tiene vínculos orgánicos. Esto presentó
y en la actualidad presenta riesgos extremos, cuando los imaginarios
de asociación exitosa entre liberalismo y pobreza habían
copado todas las certezas acerca del futuro. Las elites económicas
y políticas formales habían "vendido"
a la población boliviana que la única expectativa
de futuro era la organización liberal de Estado y sociedad.
Este fue el principal mensaje de las elites durante la democracia,
con el que se creía posible fundamentar la confianza política
en su conducción. La quiebra de esta estrategia permitió
al movimiento, en la cresta de su acción de enfrentamiento
contra las fuerzas armadas, eliminar los sentidos de autoridad
e institucionalidad, referencia que posteriormente pudo ser recogida
y reconducida (18) por organizaciones corporativas de los sectores
movilizados. En el desenlace de los acontecimientos, la clase
media urbana, en especial de La Paz, jugó un importante
rol para apaciguamiento de los enfrentamientos y para la búsqueda
de una salida política.
Al desperdigarse el poder en las calles y fuera de las instituciones,
la consecuencia de mediano plazo ha sido desestructurar las débiles
bases del capital social en Bolivia. La institucionalidad se diluye
en sus dificultades antes de que puedan crecer sus fortalezas.
El riesgo fundamental que en un principio fue liberar la anomia
contenida en un pasado de comportamiento plebeyo, esa "masa
en acción" que hizo la Revolución Nacional
en 1952 y que ahora ancla a Bolivia en el corporativismo. La "fiesta
de la plebe" pudo conducir a un enfrentamiento generalizado,
sin orientación, con alta capacidad destructiva de "mínimo
orden" y afectando a las precarias instituciones. Pero no
fue así. La masa se autorreguló y puso freno a los
desbordes con que intentaba proseguir la explosión social,
especialmente a través de los jóvenes.
La "medición" del "potencial disruptivo"
popular es muy difícil. Las apreciaciones que se hacen
acerca de sus límites se basan en los límites estrechos
de la capacidad de reproducción privada de los sectores
populares comprometidos. Es una expectativa muy pobre, tan pobre
como la pobreza crónica de los movilizados. Esta fue la
apuesta del gobierno defenestrado por la masa. Se asentó
en que la pobreza que genera la reivindicación, sería
la misma que garantice sus alcances y provoque la desmovilización.
Sin embargo, perdieron la apuesta: el despliegue de fuerza social
superó el "punto de equilibrio" e hizo de la
movilización social -incluyendo a sus formas anómicas-
el sentido de pertenencia a un colectivo empoderado, que modificó
los términos de la pasividad social.
Dicho con sencillez, al iniciarse la movilización, Bolivia
-a través de su sede política- estuvo más
cerca de un estallido social anómico -que pudo expresarse
solamente en violencia exacerbada, saqueos incontrolados, enfrentamientos
de "todos contra todos"- que de acciones destinadas
a producir un recambio gubernamental bajo la forma de un golpe
de Estado o una sucesión constitucional.
Los códigos que exhibió la dinámica gobierno/oposición
tuvo, en esta fase de la coyuntura, connotaciones de tragedia.
Presentaron una articulación perversa, que ineluctablemente
conducía hacia la mutua derrota. La política perdió
su lugar. Las acciones de parte y parte fueron asertivas, el gobierno
a través de la violencia militar, y la masa a través
de la toma de la calle. De allí no podía surgir
un juego libre de oportunidades políticas, que abra el
cerrojo político y peor aun de desarrollo.
El estallido social -en esa fase de la coyuntura marcada por
la extrema fragilidad de la política y del Estado- tuvo
consecuencias decisivas en el tipo de democracia. La primera,
la "castración" de los partidos tradicionales
como operadores políticos en el presente y el futuro. El
resultado es que en Bolivia se afirmó un "colapso
del sistema partidario", parecido a los que se han operado
en algunos países andinos; mientras que la forma de hacerlo
-despliegue nacionalista y poder desparramado por las calles-
es exclusivamente boliviana.
Al finalizar la fase de la movilización en esta coyuntura,
se aleja el espectro de un enfrentamiento generalizado. Sin embargo,
la consecuencia de mediano plazo es más temible: la quiebra
de la cohesión social y ausencia de conducción política
pueden iniciar a un ciclo de violencia oscilante entre lo social
y lo político. Y que la incapacidad de contención
de los actores -nacionales e internacionales- puede conducir al
Estado a que base la seguridad en la mayor coerción y no
en la mayor democracia.
Las estrategias de los actores
¿Cuáles son las estrategias de los actores subalternos
una vez cerrada la movilización?.
El movimiento étnico/campesino, fundamentalmente los campesinos
aymaras fueron los primeros en recrear un espacio de la sociedad
en la política, mostraron una perseverancia que se sobrepuso
a la pobreza y, contra los temores generalizados, lograron mantener
las reivindicaciones de nacionalidad étnicas en el límite
de las reivindicaciones nacionales bolivianas. La forma institucional
de sus demandas claramente se inscribe en la necesidad de asumir
estatalmente a los derechos colectivos de los pueblos indígenas,
que cobije a las otras etnias y situaciones campesinas incluyendo
a los temas de la tierra y el territorio, y de abrir una sana
interrelación entre las sociedades indígenas, las
sociedades regionales y la nación.
El movimiento sindical liderado por la COB ha resucitado el peso
de las entrañas corporativas de un país que espera
modernizarse. Ciertamente la COB abrió el espacio para
la expresión de una infinidad de particularidades reivindicativas,
que forman parte de las agendas irresueltas en un sistema de gestión
pública profundamente ineficaz. El choque frontal como
única estrategia no es el mejor consejo, pero en la coyuntura
se mostró justo. La devolución de la institucionalidad
arrebata por la calle tiene el costo de una definición
precisa e inteligente del marco de derechos sociales, individuales
y colectivos, precisos y difusos, que se demandan , en el marco
histórico actual. Es quizá la parte más difícil
de la adecuación de la institucionalidad: es preciso lograr
un equilibrado intercambio entre los derechos que Bolivia se compromete
a garantizar y el compromiso por dotar de voluntades y procedimientos
de gobernabilidad.
Los campesinos productores de coca, políticamente ligados
al MAS, obtuvieron un triunfo estratégico al desplazar
el tema de la coca, en que el gobierno defenestrado basaba su
lealtad a los Estados Unidos, por el tema del gas. Impusieron
el tema de la nación acudiendo a un código antiguo
y nuevo de anti-imperialismo, y lograron una amplia respuesta
de la población. El tema de la hoja de coca se ubica una
vez más en el centro de las definiciones bolivianas, por
la fuerza que adquiera este segmento de trabajadores. La oposición
al ALCA está en su agenda inmediata.
¿Cuál renovación?
Los síntomas políticos parecen inequívocos.
Las dos décadas de democracia han alojado a todas las variantes
de acuerdo partidario, pero se ha mantenido la fragmentación
del sistema y no ha habido ninguna renovación. La salvedad
ha sido la desaparición de la izquierda tradicional y el
surgimiento de una oposición, que es la agregación
de una capacidad de movilización y de vectores políticos
dispersos, que hacen de vehículo para nuevos componentes
políticos como son los ingredientes étnicos, la
informalidad, el milenarismo y la memoria reivindicativa y corporativa.
Pero, ¿es una renovación?
Como hemos mencionado antes, los tres partidos que encarnan a
la formalidad política -MNR, MIR y ADN- han mostrado una
altísima capacidad de adecuación a las coyunturas
de gestión y una extraordinaria incapacidad para asentar
sus acuerdos políticos en la sociedad y en opciones de
desarrollo. En este sentido, han agotado a la eficacia del "acuerdo
político" como sustento de la gestión y, por
esa vía, de la re-estructuración del Estado y de
modernización del sistema político.
La movilización social sepultó a la forma pactada
de la democracia, en su concepción oligopólica de
acuerdos interpartidarios. Pero, fundamentalmente, ha arrastrado
a la forma "semi-parlamentaria" de régimen, que
en este momento navega en el limbo de la transición. La
cuestión central es ¿hasta donde la ilegitimidad
de los pactos interpartidarios con exclusión de la sociedad
ha contaminado a los componentes deliberativos y consensuales
de la perspectiva estratégica de la democracia?.
Para este agotamiento de la "metodología política
boliviana" no se ve un horizonte de reemplazo. En el corto
plazo existen dos factores importantes en juego. De un lado, el
rol que cumple una clase media notablemente disminuida como portavoz
de la desafección partidaria pero de aceptación
de la política como reconstitutora del orden, puede organizar
un nuevo acuerdo político, que prepare un acuerdo social
hacia delante. (19) De otro lado, la informalidad política
-los "neopopulismos" emergentes que se reemplazan como
nombres pero que se reproducen como estructuras- pueden volver
a constituirse en el "árbitro" entre el gobierno
y la oposición, especialmente por su base popular, por
representar a la parte más volátil del público
y la irresponsabilidad con la que pueden invocar temas, pero por
esta vía, la forma encubierta de reconstitución
y re-entrada de formas partidarias tradicionales e ilegítimas
de hacer política. (20)
Bolivia se encuentra ante la necesidad de dotarse de nuevas formas
de gobernabilidad. El sistema caduco estuvo basado en altos niveles
de tolerancia política entre elites, en ausencia de actores
sociales decisivos y con un apoyo internacional sólido.
El sistema representativo debe rediseñarse para evitar
que se venga al traste los significados políticos esbozados
por la calle y que ahora deben adquirir forma institucional y
constitucional.
El espejo de Bolivia es el resto de América Latina, en
que las reformas políticas apuntan a afirmar instrumentos
de gestión en torno al Ejecutivo, con notables ausencias
de rediseños de la representación y de fortalecimiento
paralelo de los legislativos. Pero también son posibles
otros instrumentos de gestión que permitan afirmar a los
componentes deliberativos de la democracia y rehacer a los acuerdos
políticos fundantes del sistema.
Los actores y sus plataformas durante el conflicto
La masa estuvo conformada básicamente por una mayoría
rural del altiplano -campesinos productores de alimentos de consumo
interno- y del valle del Chapare -campesinos productores de hojas
de coca- y por segmentos populares urbanos del sindicalismo tradicional.
Este bloque adquirió una clara connotación clasista
y estuvo dominado por la espontaneidad. Procedió como una
afirmación de las identidades clasistas con su lógica
propia, antes que en respuesta a la dirección político-partidaria.
Durante el conflicto, el MAS mostró una mirada estratégica.
Evitó el choque frontal que sólo hubiera favorecido
a una aguda represión contra el movimiento de productores
de coca, su principal base social. La represión a los cocaleros
buscaba justificar un alineamiento sin disimulo de la política
gubernamental a los términos de la seguridad norteamericana.
El gobierno defenestrado argumentaba que la oposición estaba
compuesta por narcotraficantes -en alusión a los productores
de coca- y por terroristas -en referencia a los campesinos supuestamente
afines a Sendero Luminoso -.
El gobierno defenestrado tuvo un tema estratégico en su
agenda. La definición de los términos de la exportación
del gas genera auspicios para la coyuntura de depresión
económica. Las expectativas de una venta futura recrean
a la agenda de articulación internacional de Bolivia, tema
central del desarrollo. Al margen de la bondad o torpeza en el
manejo de las negociaciones con las empresas que puedan encargarse
de la producción y comercialización, de las relaciones
de los países a través de los cuales pueda hacerse
-Chile o Perú- y de los condicionantes técnicos
para ese proceso, el tema del gas se enfrenta a una disyuntiva
perversa. Todas las salidas tienen no solamente altos costos políticos
sino nacionales.
La colectividad boliviana vive bajo el peso de ser una nación
oprimida. La Guerra del Chaco se conecta con la Revolución
Nacional, la Guerra del Pacífico se conecta con los bloqueos
al desarrollo. La reacción colectiva frente a un problema
de opresión nacional genera imaginarios improcesables con
instrumentos técnicos o con decisiones racionales. El imaginario
de la nación afectada mueve las bases conductuales de los
colectivos, por ello la lentitud de los cambios de cultura política,
en especial, en estos temas.
El gobierno defenestrado, como se mencionó, puso como
vínculo central de su relación con la oposición
al tema de la producción de las hojas de coca. La política
asumida presentó variantes formales frente al Plan Dignidad,
sin constituir una plataforma de negociación política.
Se asumieron, además, los términos de la política
norteamericana en la búsqueda inequívoca es de un
tratamiento privilegiado por Estados Unidos.
La oposición a través de la movilización
desplazó los parámetros anteriores, para lo cual
polarizó su intervención social en el tema del gas,
desde una perspectiva de "nación oprimida". Esto
es, el gas representa la solución a la problemática
del desarrollo bloqueado, es una fuente de disputa con los Estados
Unidos que aparece como beneficiario contra Bolivia, es fuente
de corrupción y posibilitaría el desarrollo industrial
nacional al procesarlo internamente. (21)
Producido el conflicto de significaciones político -coca
contra gas- la racionalidad "cartesiana" perdió
espacio frente al poder que se desparramó en las calles
y en las significaciones más difíciles de desentrañar
en el discurso popular. Los códigos políticos no
se resuelven en el plano de la explicación, sino que solamente
alteran los supuestos conductuales de la nación y del Estado.
En los siguientes meses, Bolivia vivirá la dificultad
de enfrentar códigos de mundos socio-culturales con significaciones
intraducibles cuando tocan los temas de la nación. (22)
Tampoco existen puentes ni lenguajes institucionales. En corto,
en la evolución de la coyuntura pesará decisivamente
la clase media, el único actor con capacidad para decodificar
los lenguajes y para devolver ciertos estatutos básicos
a la política.
Por ahora, se ha masificado la oposición a la exportación
de gas, cualquiera que fuere la fórmula que se le proponga.
Se ha sobrepuesto una connotación clasista de reivindicación
de los más pobres -los campesinos- y de los más
nacionales -los indios-.
La reinmersión internacional de Bolivia
El correlato fuerte de la actual coyuntura es que la inserción
internacional de Bolivia es un tema decisivo, que no puede no
tratarse. Pero ahora está acorralada en el tema del gas
versus coca.
La decisión de un puerto de exportación para el
gas, si es que se llaga a esa situación, provocará
en todo caso una reacción desfavorable del país
excluido, sea este Chile o Perú. Por un lado, en el caso
de Perú, las elites del sur peruano -afectadas por procesos
de exclusión por el centralismo de su Estado- confían
en la exportación del gas boliviano como fuente de desarrollo.
Y además como consolidación histórica de
un acuerdo geopolítico. Por otro lado, en el caso de Chile,
el grado de necesidad que tiene de gas para el desarrollo de su
territorio norte y en general del país, no es comparable
con la pesada oposición de la población y de las
Fuerzas Armadas chilenas a cualquier concesión a Bolivia
al margen de los Tratados. Una decisión contraria a Chile
aleja, de modo más radical, cualquier posición negociadora
futura.
La definición de una política estatal hacia la
coca fuera de los parámetros del Plan Dignidad entraña
la re-inclusión de Bolivia en los parámetros clásicos
de la seguridad de los Estados Unidos de Norteamérica.
Esto supone, que Bolivia se re-integra a los países que
generan riesgos decisivos a la seguridad norteamericana, más
allá de su voluntad de salir fuera del marco andino.
La cuestión del terrorismo parece no tener un asidero
cierto. Las explosiones sociales, con uso limitado de armas en
menor escala (23), no convierten a Bolivia en un espacio de guerra
civil o guerrilla significativa. Las acciones propiamente terroristas
no se han registrado. Más bien el tema es que un acorralamiento
a las reivindicaciones étnicas, en el sistema político
más fuertemente indio de América Andina, provoquen
reacciones de violencia milenarista asociadas a la demanda por
mayor democracia, de lo que existen ejemplos en el continente.
Bolivia ha sido un país que ha hecho esfuerzos para aproximarse
en términos de inserción económica externa
al MERCOSUR y separarse en términos políticos de
la CAN. Pero la paradoja es que Bolivia -el más andino
de los países de la Comunidad Andina de Naciones- se ancla
a los países andinos, adicionalmente, a través de
los vínculos más complejos: la inestabilidad democrática
y la violencia política.
La situación actual
Luego de la aceptación de la renuncia del presidente Sánchez
de Lozada, la coyuntura ha comenzado a encontrar cauces. El presidente
defenestrado aglomeraba todas las desconfianzas de la ciudadanía
y obstruía todas las salidas. El gobierno de transición
se ha definido fuera del espectro partidario (24), ha invocado
a los partidos a aprovechar la oportunidad para redefinirse, ha
dejado abierta la posibilidad de una duración menor a la
prevista en la sucesión constitucional (agosto de 2007)
y se ha propuesto como tarea la convocatoria a un referéndum
"vinculante" y a la Asamblea Constituyente.
Las situaciones "límite" llevan a las sociedades
a adoptar decisiones constructivas, que las alejan del suicidio
sociológico. Bolivia puede ser el caso, en que la espontaneidad
arrinconó a la elite política, y que encontró
en una serie de símbolos, una inédita capacidad
de autorregulación, sin la mediación de los actores
tradicionales. Queda mucho camino por recorrer, pero los síntomas
son auspiciosos.
El primero es la sucesión constitucional. Sin que haya
tenido que apelarse a la tradicional salida andina -"guardar"
a la Constitución en un cajón" por un par de
días o meses y "revivirla" al cabo- shock que
ha permitido a otros países conservar la "estética"
de la política y a la comunidad internacional la "dignidad"
de sus instrumentos. Ahora, el gobierno de transición,
que con propiedad debería ser denominado gobierno constitucional
de Bolivia, debe tener contenido y procedimientos para ser viable.
El segundo es la definición de una agenda mínima
por el gobierno. La definición como de transición
permite a los actores políticos y sociales, tradicionales
y emergentes, bajar la "adrenalina" y manejar cautelosamente
sus miedos. Los gobiernos de transición tienen antecedentes
de buen y mal manejo en América Latina, ninguno enteramente
asimilable a Bolivia. Paniagua, en Perú, y Dualde, en Argentina,
entendieron que la limitación temporal de su gobierno transitorio
les garantizaba las posibilidades políticas a las fuerzas
en ascenso, a los actores económicos les posibilitaba una
programación de actividades y a los movilizados les daba
señales de instalar los procesos de corrección que
demandan. Este tema, la indefinición temporal del gobierno
boliviano actual, puede ser un eslabón débil del
proceso en Bolivia (25).
La agenda de la transición tiene demasiadas tareas y demasiada
complejidad para ser afrontada por un sistema político
-y no sólo por el gobierno- asentado en su debilidad, obligado
por el sensación del vacío/abismo, político
y físico, a una cierta racionalidad. Examinémoslos.
Referéndum = soberanía popular
Un referéndum vinculante para tratar el tema del gas tiene
muchas limitaciones. Se llegó a la figura de la consulta
popular empujado por la dinámica de la movilización.
El cumplimiento necesario del mandato del referéndum es
obvio -si la institución está bien diseñada-,
ya que para ello se acude al mandante primario y se deja, temporalmente,
sin delegación a las autoridades a cargo de la decisión
en tiempos normales. Un "referéndum consultivo"
(26) fue una timadura ya que es sólo una encuesta, con
la ventaja que ésta, la encuesta, es menos cara, la puede
hacer una publicitaria sin el concurso de la Corte Nacional Electoral
y el público no sería manipulado.
Una consulta popular puede interrogar al pueblo acerca de criterios,
normas o decisiones. De hecho, cada una puede ser una institución
con su propia denominación. Todas tienen carácter
vinculante, siendo lo importante lo que se pregunta. Existen muchos
casos de manipulación en la formulación de preguntas,
por lo que se suele establecer, o limitaciones legales a las preguntas
o instancias de calificación de las preguntas. Una manipulación
puede ser fatal para un proceso de apertura democrático
o desencadenante de nuevas protestas.
Sin embargo, el tema central es preguntarnos ¿Toda decisión
de la gestión pública de un país puede/debe
sujetarse a un referéndum? La esencia de la delegación
en democracia es permitir la adopción de decisiones dentro
de un marco general otorgado por el mandato. Cuando ese mandato
se quiebra, es irregularmente administrado o existen normas que
lo mandan, se puede acudir a la consulta popular. Este es o puede
ser el caso de Bolivia. Pero no toda la materia de la gestión
pública entra en la posibilidad de la consulta, al menos
de la misma forma.
La gestión pública está flanqueda por la
realidad y por los límites que impone la técnica.
Así, no es posible acudir a los electores para preguntarles
acerca de irrealidades o situaciones imposibles de transformar.
Desde este punto de vista, una vez comprometido un referéndum,
la cuestión central es la pertinencia de sus preguntas,
para que contribuyan a la legitimidad pública y a la sensatez
en la conducción del país.
Refundar es una cosa seria
La Asamblea Constituyente se impuso en la agenda pública.
Ayer, obviamente, estuvo muy alejada de las primeras prioridades
del público boliviano (27). Hoy, la realidad de las estructuras
institucionales resquebrajadas o definitivamente quebradas obliga
a nuevos diseños en los que la gente ha puesto su interés.
Los cimientos de la "casa política" se han movido
y es preciso establecer hasta donde y reemplazarlos si es necesario.
Una Constituyente es una forma de establecer un nuevo acuerdo
político entre los bolivianos acerca de su Estado en el
sentido lato, esto es, la institucionalidad social y política,
las vinculaciones entre funciones del Estado, las relaciones del
Estado y la economía, y los órdenes territorial,
funcional y administrativo.
Constituyente es un apelativo muy fuerte para una Asamblea que
surge de un mandante primario. Quiere decir que lo constituye
todo, incluso a la misma institucionalidad que le da origen y
a las autoridades que rigen el cuerpo que ejerce su soberanía
para convocarla. En caso contrario, sería una Asamblea
surgida del poder constituido, por ejemplo el Congreso, con objetivos
de reforma constitucional parcial y alcances limitados.
El lenguaje político se ha encargado de darle algunas
significaciones sólidas y podríamos calificarlas
de extra-técnicas. Una es la idea de refundación
del país. Un tiempo la frase paseó por los pasillos
de los grupos de izquierda, ahora es una bandera de grupos regionales.
En los pasillos regionales, connota al logro de un nuevo acuerdo
territorial, que de inicio a una nueva forma de gestión
y de representación.
Las experiencias latinoamericanas muestran que los países
salieron de las dictaduras sin Asambleas Constituyentes, sino
mediante una recuperación acelerada de instituciones, reasumidas
sin "beneficios de inventario". Fue literalmente un
"retorno a la democracia", esto es a la institucionalidad
que pudo sobrevivir al autoritarismo. Las Constituyentes, en su
exacta concepción, no entraron en la oleada democratizadora
de hace un par de décadas.
En la actual acepción generalmente aceptada, una Constituyente
es una Asamblea especial que evalúa el desempeño
de las instituciones y tiene atribuciones de reforma de toda la
Constitución. Pero no suele abordar otros temas, como la
capacidad fiscalizadora o los términos de los mandatos.
De hecho funciona en medio de regímenes constitucionales
sin afectarlos y, más aun, paralelamente a los Congresos,
con los que llega a compartir competencias.
La agenda de la Constituyente, que es un tema sumamente delicado,
ha sido materia de controversias. ¿Es posible una Constituyente
con agenda y acuerdos previos de los actores sociales y políticos?
¿La agenda y los acuerdos afectan a la soberanía
popular?. Sí y no. Una agenda que ordene la gestión
Constituyente es sana en toda dimensión. Unos acuerdos
que limiten la gestión constituyente al margen de los mandatos
ilegitiman a la Asamblea. La soberanía popular expresada
en sus constituyentes es incuestionable y se debilitaría
si precisaría de ratificación.
Muchos son los temas de una Constituyente. Hay que tratarlos
con sumo cuidado y sobretodo con transparencia, por ejemplo, su
composición, tiempo de duración, forma de funcionamiento,
atribuciones. Las cuotas de poder de la Constituyente las darán
los electores. Pero su diseño, por su novedad y carácter
único, da muy poco espacio para el error en el diseño.
La ventaja es que otros países ya han recorrido algún
terreno en esta materia y el que va al último tiene como
ventaja el conocimiento de los errores del otro.
¿Pueden los bolivianos vivir juntos?
Vista desde la Constitución, Bolivia no tiene gobiernos
subnacionales sino solamente formas de control territorial -comprendidas
como regímenes especiales- de fuerte hedor oligárquico.
Lo primero que hay que hacer es retirarle algunos mitos a la descentralización.
El proceso de descentralización son solamente los grados
de autonomía de los gobiernos subnacionales, que permiten
afianzar a la democracia y mejorar la prestación de servicios.
Estos grados de autonomía (28) deben establecerse mediante
acuerdos políticos. Todo lleva a pensar que Bolivia está
frente a uno de esos momentos. La cuestión es ¿por
donde debe avanzar la descentralización?
Las autonomías o el nombre que los grupos regionales (29)
quieran darle son, desde otro ángulo, la necesidad de los
nuevos actores regionales de dotarse de un sistema político
regional y de participar en el nacional. Un gobierno subnacional
es sólo y sobradamente eso: una conformación de
nuevas legitimidades, que luego se traduzcan en gestión
pública para afirmar a la nación asumiendo y participando
sus reglas, entre las cuales está la redistribución
de los beneficios del desarrollo.
Un sistema de partidos infartado
La actual forma de los partidos en Bolivia colapsó. Lo
obvio es que los partidos no cumplían función alguna
en la sociedad, salvo vehiculizar apetitos particulares. La coalición
que sustentó al gobierno defenestrado -MNR, MIR, NFR- no
pudo cumplir su función de soporte social de la gestión
y de control social de esa gestión política; al
contrario, en cuanto pudo, evadió a la sociedad.
¿Puede un gobierno democrático funcionar con los
partidos en hibernación? De modo permanente no, de modo
transitorio sí. El reto plateado por el presidente Mesa
es desafiante. ¿Tendrán los partidos capacidad para
reconocer y aprovechar la oportunidad de autocriticarse y reformarse?
La historia reciente de la región nos dice que los reformadores
no se reforman, dicho en concreto, que los partidos, protagonistas
de la reforma política, lo único que no reforman
es el sistema de partidos. Pero tendrán que tomar rápidas
medidas que los relegitimen ante la población. Justamente
para ser parte legítima del proceso reformador fundamental,
la Asamblea Constituyente.
La salida inmadura de los partidos sería replegarse mientras
dure el vendaval y cuando amaine retomar la iniciativa, a la modalidad
de un "frente clasista de defensa". No tienen ninguna
fuerza histórica, pues junto con el sistema de partidos,
el "turbión" (30) social se llevó al vaso
medio vacío y medio lleno de parlamentarismo y presidencialismo.
Pero, los partidos sí tienen desde donde levantar la ofensiva:
el Parlamento. Desde allí pueden hacer una oposición
destructiva contra el gobierno, que se refugiará en la
sociedad.
Entonces comprendemos, que la política puede convertirse
en un "casino". La duración incierta del gobierno
-amenaza por medio de renuncia presidencial- es una apuesta que
puede ser funcional. Sin lugar a dudas es el eslabón débil
del gobierno, que impide estrategias estables de concertación
y de inversión.
Una conclusión obligada
En suma, el problema fundamental de Bolivia hoy es la desconexión
entre una sociedad civil que ha conformado poder en las calles,
desautorizando al sistema político, y una sociedad política
cuyos partidos no encuentran la agenda para vincularse con la
sociedad que dicen representar.
El problema urgente es asentar, en una plataforma común,
a las bases de poder real subsistente y emergente, virtual y real.
El tema no es otro que la nación, esto es, los atributos
que permiten a los bolivianos converger en un proyecto para "vivir
juntos" teniendo formas públicas comunes. Para ello,
no solo debemos conocer ¿quién gobierna a Bolivia?
sino ¿qué une a los bolivianos y qué forma
pública debe tener esa unidad?
El desmoronamiento de la coalición gubernamental presidida
por Sánchez de Lozada viabilizó una salida, pero
no garantizó la forma que adquiera el soporte del gobierno
de transición.
La principal fracción de poder, en el sentido cualitativo,
la deben tener los actores de la calle. La esencial fracción
de poder la debe tener el sentido de continuidad de la nación.
El tema es cómo darle una forma institucional a esas demandas
de la calle y reformar la inconveniente institucionalidad de arrastre.
La cuestión pendiente en la actual coyuntura es ¿se
restablecerán las prácticas de desborde de la sociedad
civil sobre el orden estatal y político o se establecerán
canales institucionales de procesamiento de las diferencias? ¿Mantendrá
Estados Unidos su interés en Bolivia una vez que el modelo
de erradicación de la hoja de coca ha llegado a su limite
tanto como la liberalización económica en un contexto
de pobreza? Bolivia enfrenta la necesidad de redefinir su ubicación
internacional -en especial frente a la cooperación internacional-,
en que difícilmente puede insistir en un presentar una
asociación - liberalidad y pobreza - con perspectivas de
éxito.
Los desafíos bolivianos permanentes también son
urgentes: armonizar la democracia política, el desarrollo
económico y la equidad social, con el objetivo de evitar
el desencuentro entre democracia y gobernabilidad. El actual modelo
ha producido estabilidad sin crecimiento y la democracia se ha
mostrado ineficaz para estimular la resolución de los principales
problemas del desarrollo. Sin embargo, la población adhiere
al sistema democrático como el mejor régimen de
convivencia social y política. En este clivaje debe actuar
la inteligencia política del país. Y de la región.
Notas
1. Durante la gestión de Banzer-Quiroga (1998-2002) se
agudizaron aun más los problemas y emergieron demandas
y movilizaciones masivas destinadas a incorporar el tema de la
pobreza en la agenda. La ineficiencia gubernamental profundizó
esta problemática señalada.
2. Forma boliviana de la privatización.
3. Desde 1997, el sistema electoral boliviano combina, como el
sistema alemán, las modalidades proporcional con la mayoritaria.
Se crearon tres tipos de circunscripciones, una nacional en la
cual se elige al Presidente y Vicepresidente de la República;
otra departamental en la cual se eligen a 3 Senadores por cada
uno y los diputados plurinominales representando esa misma circunscripción;
y, finalmente, la circunscripción uninominal, conformada
por municipios y fracciones. Se eligen 27 Senadores y 130 Diputados
(68 uninominales y 62 plurinominales). Por lo tanto, para cada
caso, la contabilidad electoral es también diferente. Desde
aquella reforma, los electores votan por dos listas. Por un lado,
para Presidente, Vicepresidente, Senadores y Diputados plurinominales
y, por otra, para el Diputado uninominal correspondiente. La elección
del Presidente y Vicepresidente se realiza en circunscripción
nacional única por mayoría absoluta de votos. Si
no se logra el 50% más un voto, la elección se realiza
en una suerte de "segunda vuelta congresal" entre las
dos fórmulas que hubieren obtenido el mayor número
de sufragios válidos. El sistema representativo boliviano,
examinado desde el origen del mandato de sus legisladores -Diputados
y Senadores- tiene un carácter dominantemente territorial.
Ningún legislador tiene origen en una elección nacional,
salvo el Presidente del Congreso, Vicepresidente de la República.
Tanto los Diputados -plurinominales y uninominales- como los Senadores,
representan al Departamento bajo tres modalidades diferentes.
En este sentido, se asemeja a los sistemas federales de organización
del Estado. Pero el Estado boliviano es unitario. En ese contexto,
la representación política presenta un déficit
de representación nacional.4. El sistema previó,
luego de algunas reformas que mantuvieron un espíritu de
protagonismo parlamentario, que esta institución escogerá
al Presidente de la República, de entre los dos candidatos
más votados. Esto implicaba una lógica "forzosa"
de acuerdos para conseguir mayoría, la que debía
ser sostenida por un acuerdo de gestión y por cuotas de
participación en la administración pública.
Este sistema, que no es "semi-parlamentario" sino de
formación de mayorías, generó, por un lado,
funcionamientos institucionales más estables, como es evidente
desde la redemocratización; pero, de otro lado, la ingeniería
institucional no fue necesariamente avalada por la población,
que ve a su mandato electoral negociado por los intermediarios
políticos.
5. "El propósito de esta lógica es establecer
mecanismos de reciprocidad política para el beneficio mutuo
entre ambos segmentos. En tanto que los civiles son tolerantes
con algún margen de autonomía castrense, principalmente
en el área del diseño presupuestal y el gasto, así
como el de la administración de justicia; los militares
aceptan una incursión partidaria en su interior, por parte
de los civiles, para la estructuración de los mandos superiores,
de modo de asegurar su lealtad como cuerpo organizado con la administración
gubernamental." (Barrios y Gamarra, 2003, p.10)
6. Se trata de un "juego complejo de competencias funcionales"
(Ibid, Barrios y Gamarra, 2003, p.8).
7. A su vez, estos gobiernos "utilizaron" su posición
frente a la producción de coca para intentar "negociar"
- con mayor o menor intensidad, éxito y autonomía
- otros temas de la Política Exterior boliviana, especialmente,
los relativos a la reinserción económica externa
y a la histórica demanda de acceso al mar.
8. Aun no ha sido evaluado a profundidad, en el sentido cualitativo
y cuantitativo, por el sistema político boliviano los costos
y beneficios económicos y políticos de la propuesta
"coca cero".
9. Salvo la exportación de soya en condiciones preferenciales
a Colombia y Venezuela.
10. En la ciudad de El Alto, de reciente creación como
separación administrativa de La Paz, dormitorio de sus
trabajadores y sede de las principales industrias, tiene una gama
de problemas urbanos de muy difícil solución, siendo
la ciudad más pobre del país, dentro de su primer
estrato. Además de estas connotaciones, la población
de El Alto es básicamente aymara, por lo que se sobrepone
a la segregación urbana una marcada segregación
étnica, que tiene forma administrativa.
11. Esta marcada regionalización del conflicto, que en
primera instancia muestra lo que el periodismo llamó las
"dos Bolivias", en alusión a dos formas de desarrollo
y actitudes frente a la dinámica social y estatal, muestra
el grado en que se ha quebrado el pacto territorial dentro del
sistema político boliviano, su expresión como déficit
de representatividad de las regiones emergentes en el sistema
formal y la escasa interacción y compromiso tanto como
la alta desconfianza mutua entre elites regionales. 12. A diferencia
de la otra movilización paradigmática de Bolivia,
la Revolución Nacional de 1952, en octubre de 2003 no existió
un partido político a la cabeza de los acontecimientos
que además produjese una convergencia interclasista, ni
la movilización fue precedida de un movimiento nacional
que generó organización militar y social en la población,
como fue la Guerra del Chaco.
13. Aunque, cabe reconocer que la(s) oposición(es) boliviana(s)
no conoce(n) de otro modo de gestión de la política,
que la desestabilización y el debilitamiento.
14. Los pliegos reivindicativos de este segmento del movimiento
popular suelen ser una combinación abigarrada de demandas
puntuales de los productores -muchas veces operadas mediante mecanismos
clientelares-, un radical discurso indigenista -sin muestras de
vías de transacción posible- y una fachada político-militar
como sustento de propuestas milenaristas. En este sentido, operan
como una forma de interpelación étnico-clasista
a la democracia y a la modernización, pero también
la interpelación se realiza desde una óptica de
cuestionamiento a la no-inclusión.
15. En esa población tiene asiento la primera Normal indígena
que se instaló luego de la Revolución Nacional.
Más allá de esta significación ciudadana,
ha sido reproductora de ideologías polacas indigenistas
y ha sido acusada por el gobierno defenestrado como sede de formas
de terrorismo.
16. Las intervenciones posteriores de las Fuerzas Armadas dejaron
de ser "efectos demostración" y pasaron al plano
del "escarmiento".
17. Lo que se ha denominado en otras órbitas como conmoción
interna.
18. Durante una semana los pobladores de El Alto tomaron en acciones
de virtual doble poder el control territorial de la ciudad y se
enfrentaron en desigualdad de condiciones a las Fuerzas Armadas.
Posteriormente fueron el principal ingrediente de las movilizaciones
en la ciudad de La Paz, a las que pudieron acudir también
los mineros.
19. Sin mayor justificación planteamos que al gobierno
de transición boliviano presidido por Carlos Mesa le competen
tareas políticas de reconstrucción institucional
afectadas por la marea social; mientras que las tareas de desarrollo,
especialmente de un nuevo pacto que tenga como centro a la lucha
contra la pobreza, deberán hacerse desde nuevos cimientos
institucionales. El futuro político de la transición
depende de la capacidad que tenga para reconocer la prioridad
de las tareas que enfrenta.
20. De algún modo ya cumplieron esa función al precipitar
la caída del gobierno de Sánchez de Lozada, al retirarse
de la coalición del gobierno pasado.
21. Al entrar por este ducto, la política boliviana puede
cerrar soluciones de desarrollo que le son imprescindibles, como
una adecuada y justa distribución de los excedentes de
la exportación de gas.
22. Este puede ser la compleja significación del referéndum
que se ha comprometido a convocar el gobierno de transición
acerca de la exportación de gas.
23.Este fue un tema de imágenes mediáticas. En momentos
de explosión social o de reivindicaciones defensivas, los
campesinos exhiben armas de la Guerra del Chaco, sin ningún
valor militar. El simbolismo, sin embargo, afecta a la forma pacífica
y no interrumpida que debe estar asociada a la democracia y crea
temores internacionales de re-edición de movimientos insurgentes
armados, que no se han presentado en la coyuntura, que pudo ser
el ambiente propicio para su aparición.
24. El gabinete del gobierno de transición está
formado por independientes de extracción de clase media
y, en algunos casos, de las nacionalidades indígenas.
25. Esta indefinición baja las capacidades de programación
económica y política, sujeta la duración
del gobierno a la correlación de fuerzas de la Asamblea
Constituyente y puede ser una importante fuente de presión
para la oposición que se forme como una forma de presión
política a la sociedad, que inconvenientemente manejada
puede convertirse en un chantaje.
26. Entre las numerosas maniobras y ofrecimientos de último
momento del gobierno defenestrado estuvo la realización
de un "referéndum consultivo" acerca del tema
del gas, dejando entrever, que sus resultados podían o
no ser observados por el gobierno. Esta propuesta contraría
a todo principio constitucional y pudo hacerse en la medida en
que Bolivia no dispone, hasta ahora, de una institución
de consulta popular.
27. Las encuestas localizaban a la Asamblea Constituyente como
una demanda secundaria detrás de otras de naturaleza socio-económica
como empleo e ingresos.
28. Cabe recordar que no existe un modelo de descentralización
y que cada sociedad nacional tiene que re-diseñarla a partir
de las condiciones políticas y de desarrollo que desatan
o reabren el proceso.
29. La descentralización boliviana tiene numerosos actores,
siendo los más activos en los departamentos que no participaron
de las movilizaciones, los Comités Cívicos. Estos
Comités son agrupamientos de "fuerzas vivas"
que fueron creados y aupados durante el autoritarismo, pero que
en la actualidad portan demandas regionales de las instituciones
locales y los grupos empresariales. Su propuesta central en el
actual momento es una indefinida autonomización de los
departamentos, que les permita escapar del bloqueo del desarrollo
del altiplano, retener internamente una fracción importante
de las rentas que producen y lograr que se faculte a las regiones
a decidir el destino de los recursos del subsuelo, en especial,
del gas, que sienten amenazado por el referéndum negociado
luego de la movilización.
30.Turbión es el nombre local de la mazmorra o flujo de
lodo posterior a las lluvias.
*Luis Verdesoto. Sociólogo
ecuatoriano.
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