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El referendo y las Elecciones departamentales
y municipales
El sábado 25 de octubre se realizó un Referendo
por iniciativa gubernamental, con 15 puntos que obedecían
a modificaciones constitucionales en materia política y
a propuestas en materia económica, para cumplir con algunos
de los compromisos con el Fondo Monetario Internacional. El domingo
26 las elecciones fueron para Gobernadores de Departamento (Estado),
Alcaldes y Concejales.
En los últimos años se ha venido dando una renovación
generacional de la política, con figuras como Álvaro
Uribe y otras que, si bien representan al "establecimiento"
colombiano, evidencian prácticas más eficientes
y quizás tecnocráticas, de recuperación de
la autoridad en el país y la aplicación de la gerencia
política, alejadas del mundo de la corrupción y
la politiquería tradicional. Esa generación tuvo
un serio revés: la derrota del Referendo Uribista y el
triunfo de Lucho Garzón, del Polo Democrático (izquierda
democrática) en Bogotá marcan, para muchos analistas,
hitos en la historia política contemporánea.
El referendo
El esfuerzo del Presidente Uribe por sacar adelante el referendo
se podría calificar de sobrehumano. Su carisma como líder
y comunicador estuvo en su mejor momento, con un gran apoyo financiero
del erario público y de los empresarios. Aún así,
cuatro días después y escrutado el 99% del total
de votación, con un 75,5% de abstención, el Referendo
fracasó.
La presentación que se le dio al referendo por parte de
los promotores del Sí no fue conveniente, no sólo
porque era incomprensible y extenso para la mayoría de
los electores, sino porque iba acompañado de un maniqueísmo
en el cual el que no estaba a favor del Referendo era enemigo
del Presidente o "cómplice de los terroristas".
La reacción del gobierno y los promotores del Sí
ha sido de estupor por los resultados no esperados, de rechazo
con argumentos como "hay que revisar el censo, porque no
estaba bien definido el umbral", "los tarjetones en
blanco deben ser contados para determinar el umbral" -a pesar
de que la Corte Constitucional había reconocido que los
tarjetones en blanco serían considerados como "abstención
activa", una forma novedosa de participación. Los
promotores de la abstención (la "Gran Coalición
Democrática") se declararon en alerta por un posible
fraude.
Las elecciones
Lo novedoso del proceso electoral es el triunfo en la Alcaldía
de Bogota -el segundo cargo en importancia después de la
Presidencia- de Lucho Garzón, ex presidente de la CUT -Central
Unitaria de Trabajadores, la central de sindicatos más
grande del país-, miembro de la Comisión Facilitadora
de Paz, de origen humilde y un hombre pragmático y centrado.
En términos generales, en otras regiones del país
también los políticos del "establecimiento"
recibieron duros golpes (Angelino Garzón, de la Comisión
de Conciliación Nacional, obtuvo la gobernación
del Departamento del Valle), no por las maquinarias políticas
que siempre ganaban en el pasado, sino principalmente por unas
nuevas fuerzas de centro-izquierda que han emergido en el panorama
nacional.
Comentarios
Lo anterior tiene múltiples explicaciones: para algunos,
la primera es el giro hacia el centro izquierda que se está
dando en el continente. Sin embargo, es más útil
buscar en Colombia las razones de lo que sucedió, y no
se puede minimizar que en el trasfondo de todo hay algo de lucha
de clases. A pesar de la popularidad del 70% que despierta Uribe
por su propuesta autoritaria de terminar "en un año"
por la fuerza con la guerrilla, él y los demás líderes
que lo apoyan son percibidos como parte de la casta política
excluyente que ha sumido en la pobreza, el desempleo y la marginalidad
a más del 50% de colombianos/as con sus políticas,
privilegios y altos índices de corrupción.
El triunfo del centro izquierda es positivo para la democracia,
en una sociedad donde históricamente se justifica que los
sectores excluidos sólo podrán llegar al poder por
la vía de las armas. Las declaraciones estigmatizadoras
de los grandes medios antes de las elecciones mostraban que Bogotá
sería un caos y tendría un retroceso si no ganaba
el candidato de la derecha.
También había una clara intención del electorado
de "meter en cintura a sus dirigentes". Muchos sectores
de la población admiran la personalidad del Presidente
Uribe y su estilo humilde, modesto y sencillo; pero este sentimiento
no implica girarle un cheque en blanco para pasar por encima del
sistema institucional del país (la mayoría de los
puntos del Referendo podrían haber sido tramitados por
el Congreso, pero había la pretensión gubernamental
de contar con una especie de plebiscito a su favor, para justificar
medidas mucho más fuertes en términos económicos,
políticos y sociales).
¿Y qué pasará en Bogotá con un alcalde
contradictor del Presidente? Como lo señaló el propio
Lucho Garzón, existen varios ejemplos del fenómeno
de "cohabitación" en países como Francia,
Chile y México. Dada las personalidades abiertas de Uribe
y de Garzón, es posible que acaben desarrollando una estrecha
pero independiente relación, que ojalá sirva a Bogotá
y al país a través de un trabajo conjunto en un
eventual proceso de paz.
En donde el panorama es bastante tenso es en las relaciones del
Presidente con el Congreso. Su compromiso de sostener el mismo
gabinete durante todo el cuatrienio puede ser la primera víctima
del descalabro electoral. De hecho, el gabinete en pleno presentó
renuncia protocolaria para dejar a Uribe en libertad de proceder,
luego del descalabro electoral. Hundidos los puntos clave del
Referendo, se requerirán mayorías en el Congreso
para aprobar la abultada agenda de medidas necesarias para compensar
lo que no logró el sábado pasado. Esto exige un
reordenamiento de las fuerzas políticas en el gabinete
y el cambio de Ministro de Defensa y del Interior, son prueba
de ello.
El tercer revés lo sufrió el gobierno, con la derrota
del Proyecto de Ley que promovía la reelección presidencial
inmediata, proyecto en el que el Presidente Uribe y su equipo
estaban especialmente interesados.
El proceso de negociación con los paramilitares (1)
Breve Contexto Histórico
En principio los grupos paramilitares surgen por la debilidad
del Estado para garantizar la seguridad y ejercer la soberanía
en el territorio nacional. Su origen más reciente fueron
los grupos paramilitares llamados los pájaros, al servicio
del régimen conservador y que tenían como objetivo
atacar a la población liberal campesina, para redefinir
el mapa electoral de la época y garantizar la precaria
mayoría que había ganado el Partido Conservador.
Estos grupos eran agenciados por el gobierno.
El conflicto fue evolucionando; con algunos de los grupos guerrilleros
se firmó una amnistía; a partir de allí ser
formaron dos grandes corrientes, una que no firmó y se
bandolerizó, y otra, integrada por varios grupos que derivaron
formaciones políticas: las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia -FARC y de manera indirecta el Ejército de
Liberación Nacional - ELN.
En los años 80 reaparecieron en la región del Magdalena
Medio, para ese tiempo era legal la formación y promoción
de estos grupos de autodefensa y ejército e algunas regiones
del país, auspiciadas por ganaderos y terratenientes. En
el gobierno del Presidente Virgilio Barco Vargas (1.986-1990)
fueron declarados legales.
Los paramilitares resurgieron como bandas al servicio de los
narcotraficantes y la defensa territorial; para seguridad personal
de los propios barones de la mafia, en muchas zonas del país,
Antioquia, Valle, la Costa. A comienzo de los 90 el conflicto
da un salto cualitativo con la desmovilización de una gran
cantidad de grupos guerrilleros. También lo hicieron algunos
grupos paramilitares, durante la presidencia de César Gaviria
Trujillo (1.990-1994).
El conflicto continuó y las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia -FARC, dan un salto cualitativo en la confrontación:
dejan la estrategia de guerra de guerrillas y adquieren una modalidad
de guerra de movimientos: asaltos a cuarteles, ataques a poblaciones;
lo anterior coincide con el escándalo de la financiación
de la campaña del presidente Ernesto Samper Pizano (1.994
- 1998), con recursos del narcotráfico, hecho que polariza
al país y afecta la misma cabeza del Estado; genera, entre
otros, una división interna en los militares; la guerrilla
aprovecha y le propina una serie de derrotas a los militares (Patascoy,
las Delicias). Entre diversos sectores de la Sociedad Civil genera
reacción; se empieza a percibir que el Estado es impotente
para garantizar la seguridad; las fuerzas militares fueron rebasadas;
rondaba el temor de que podría darse la rendición
eventual de una base militar.
Estos hechos llevaron a los paramilitares a pensar en reunificarse
y desarrollar una estrategia de dominio territorial, con el liderazgo
en Carlos Castaño, quien en el año 95 hizo un balance
de las debilidades del ejército nacional y cuáles
debían ser los estrategias para enfrentar esas debilidades,
que se propuso contrarrestar.
Los paramilitares: una respuesta frente a la incapacidad de
respuesta del Estado
Los paramilitares desarrollan una fuerte ofensiva; se genera
una creciente guerra sucia, se suceden las peores masacres: numerosas
desapariciones, torturas y desplazamiento. La relación
de los militares se da cada vez más frecuente; con ella
el inicio de la legitimidad de los paramilitares. Se genera una
creciente crisis humanitaria y empieza a ser mucho más
notorio el fenómeno del desplazamiento forzado de personas
como resultado de la disputa entre guerrilla y grupos paramilitares,
por el control territorial en muchas zonas del país.
Los paramilitares luchan al lado del Estado; sólo últimamente
el Estado los combate por la presión internacional. Aquí
caben varias preguntas: ¿Son dos enemigos haciendo la paz?
¿Cuál es el grado de corresponsabilidad estatal?
Seguramente no es total, pero hay un grado de corresponsabilidad
estatal que es necesario establecer. No ha habido una política
de desmantelamiento del paramilitarismo. Todos sabemos que el
proyecto ha sido de enriquecimiento económico a través
del narcotráfico. Es necesario estar claros que una cosa
es la desmovilización y otra el desmonte del paramilitarismo.
Uribe, como ningún otro mandatario, tiene la posibilidad
y las condiciones para hacerlo. Se puede perder una oportunidad
única.
A la crisis política se suma la crisis militar y a ésta
la crisis humanitaria. En este momento la relación entre
la fuerza pública y los paramilitares se estrecha en muchas
zonas y se hace aún más evidente la impotencia de
las fuerzas militares para contener a la guerrilla. Se dan unos
acuerdos programáticos, utilitarios entre los paras y muchas
de las unidades militares del país y empieza a generarse
un problema de legitimidad de Estado colombiano ante la opinión
pública nacional e internacional, quienes ven esta relación
como inaceptable.
Durante el gobierno de Ernesto Samper, las conversaciones no
avanzaron; solo se dio una pequeña tregua. Terminado el
gobierno, hubo una movilización civil liderada por muchas
Organizaciones No Gubernamentales en el país, con el fin
de buscar una salida pacífica al conflicto. La opinión
pública reclamó el inicio de las conversaciones,
que se habían suspendido en el gobierno Samper, y dio el
voto de confianza al presidente entrante, Andrés Pastrana
Arango (1998-2.002).
Se reiniciaron los diálogos de paz con las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia -FARC; las conversaciones, como es
conocido por el país, estuvieron permanentemente interferidas
por los Paramilitares y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia -FARC, a su vez culparon a estos de las interrupciones
que se dieron en las conversaciones y de tener relaciones con
las fuerzas militares. Para entonces, los paramilitares estaban
ganando en capacidad de confrontación militar con los grupos
guerrilleros: también ganaban en movilidad, en una especie
de grupos de choque y abrieron paso a grupos locales que se adhirieron,
como en los Llanos, el Casanare, Putumayo, Vichada... con grupos
traídos del Nudo del Paramillo.
Los paramilitares empiezan en ese momento a lograr reconocimiento,
cierto status del Estado: las mismas Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia -FARC, pusieron en la agenda de discusión el
tema paramilitar con el presidente Pastrana. A partir de ahí
muchos sectores del país empiezan a considerar que sin
resolver el problema paramilitar no podría llegarse a una
solución definitiva a la violencia política en el
país.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC comenzaron
a condicionar de manera formal y explícita cualquier acuerdo
o avance en el proceso de paz a los resultados que el gobierno
lograra en contra de los grupos paramilitares: éstos a
su vez, condicionaron la desmovilización de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC, generándose
un círculo vicioso.
La estrategia negociadora de Uribe
En medio de este círculo llega el presidente Uribe a un
proceso que terminó desprestigiado y sin opción
de negociación política; se evidenció el
aprovechamiento del Caguán por parte de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia -FARC: cultivos de coca en ascenso,
ataques a poblaciones vecinas, etc.
El presidente Uribe abre una nueva etapa de la negociación,
cierre de puertas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
-FARC y audazmente apertura de la negociación con los paramilitares.
La negociación no es con un contrario, sino es con quienes
están detrás del proyecto: terratenientes, ganaderos,
industriales. Si no es así, el proceso no es necesario,
porque va a ser de mayor desestructuración de la violencia
en las regiones; se va a repetir lo del Ejército Popular
de Liberación - EPL-. Por otra parte, como se ha dicho,
habría impunidad, legalización de bienes a terceros,
con entrega de escrituras.
Se habla ya de unas 38 reuniones que culminaron con el acuerdo
de San José de Ralito. La pregunta es ¿por qué
los paramilitares deciden iniciar conversaciones con el gobierno?
Habría que establecer varias hipótesis. Esto parte
de los siguientes supuestos:
1. No tienen problemas de financiamiento.
2. No están siendo aplastados ni derrotados militarmente
por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC, aunque
en las confrontaciones militares les ha ido muy mal en algunas
regiones del país.
3. Su capacidad de violencia está prácticamente
intacta.
Entonces, ¿qué es lo que los lleva a querer iniciar
la desmovilización y negociaciones con el gobierno? El
gobierno negocia porque la magnitud del problema es tal que incluso
ha permeado la institucionalidad. En algunas regiones imparten
justicia y ponen en peligro la legitimidad del Estado.
En primer lugar hay razones políticas y hay razones que
tienen consecuencias políticas, pero que responden a consideraciones
de orden personal, de jefes paramilitares:
1. El solo hecho de sentarse con el gobierno les asigna status
político, hay una ganancia, aunque no haya un reconocimiento
expreso; ya no son simples bandas delincuenciales, se convierten
en contraparte válida para realizar una negociación
como actor, que es un propósito de esos grupos, independientemente
del contenido.
2. Hay una especie de fatiga de guerra entre algunos jefes paramilitares
(Castaño, Mancuso), están convencidos de concretar
un proyecto político-militar, a nivel nacional con las
autodefensas. Estos grupos pasaron en los dos últimos años
por una serie de crisis internas muy graves que llevaron a la
renuncia de la comandancia militar de Castaño, que pasó
a ser un simple vocero político; hay una dispersión
entre los jefes. Las Autodefensas Unidas de Colombia se desarticularon
confirmando la tendencia histórica de que estos grupos
son más locales, con la casi imposibilidad de articularse
a nivel nacional, son grupos ligados a poderes económicos
terratenientes, de narcotraficantes, ganaderos, depende de la
zona. Las autodefensas nunca han existido como proyecto político
a pesar de algunas formalidades.
Otro elemento que influye es la gran diversidad de clase, pequeños
campesinos, comerciantes, mineros, etc. Definitivamente, el único
elemento de identidad es su actitud contrainsurgente, impedir
la expansión territorial de la guerrilla y expulsarla de
algunas zonas, eso es todo; no hay visión de Estado, ni
un proyecto político colectivo.
A la fatiga de la guerra se suma la desilusión por la
imposibilidad de desarrollar este proyecto, y se agrega un cálculo
acerca de la oportunidad para realizar un acercamiento y luego
llegar a un acuerdo que les podría ocasionar la solución
de su problema jurídico interno e internacional, dado que
este proyecto político militar no fue exitoso. Todo esto
está basado en la política de seguridad democrática
y el ajuste legislativo sobre orden público: fortalecimiento
de las Fuerzas Militares, incremento del presupuesto militar para
defensa y seguridad, más pie de fuerza, promoción
con la ciudadanía, lo que permite al Estado tener mayores
posibilidades de recuperar el control del territorio, que siendo
así, los grupos de autodefensas terminarían sobrando.
Las dudas
Los grupos disidentes de las Autodefensas, como el Bloque Metro,
tienen una visión estratégica distinta, creen que
es un error pensar en la desmovilización de los grupos
paramilitares en este momento; el jefe Doble Cero no confía
en las posibilidades del gobierno nacional para lograr doblegar
a la guerrilla. La ex Ministra de Defensa expresó que máximo
en dos años se doblegaría a la guerrilla y habría
control absoluto del territorio, así como desaparición
total del narcotráfico. El dicho jefe del Bloque Metro
cree que es prematuro y que la desmovilización le abriría
el paso a los grupos guerrilleros en muchas zonas.
Se podría decir que la parte más significativa
de los grupos paramilitares han firmado el acuerdo de intención
y se han establecido ya unos plazos para iniciara formalmente
las negociaciones; se da un plazo hasta finales del 2.005 para
llegar a un acuerdo de desmovilización.
Aun es un acuerdo muy genérico que tiene que empezar a
concretarse en cuanto a:
l Mecanismos de concentración
lMecanismos de verificación,
punto sensible, debe tener credibilidad
lFormalmente hay una tregua
desde meses anteriores para ganar aceptación del gobierno.
Al entrar en un proceso de paz, tiene que haber una verificación
que efectivamente los grupos se concentran en unos sitios y que
se mantienen en ellos, como garantía de la tregua.
lSe necesita un tercero
para la verificación, de orden internacional, cascos azules,
países amigos, como Canadá, España, etc.
Este punto es muy importante para que el proceso se vea con credibilidad.
lEs conveniente conocer
el contenido de la agenda de negociación.
l El gobierno ha expresado
en todos los documentos que las conversaciones con los grupos
irregulares en general, solo tiene como propósito acordar
unas condiciones para su desmovilización, de seguridad,
económicas y sociales. Este sería el marco de la
agenda.
lLa Iglesia Católica
ha empezado a jugar un papel significativo y quiere seguir acompañando
el proceso, siempre y cuando vea reales intenciones.
ü Es un proceso complejo, atravesado por una alta confrontación
con la guerrilla; por lo tanto, habrá un alto riesgo.
l La guerrilla ha estado
muy cautelosa y tiene un cálculo estratégico diferente
al que tuvieron en un primer momento. Para ellos es a la vez una
pérdida política y económica que se negocie
con sus enemigos; al mismo tiempo sería una ganancia porque
tendrían la oportunidad de quitarse de encima a un enemigo
fuerte y tendrían la posibilidad de recuperar algunas zonas.
Teóricamente serían tres grupos de concentración
paramilitar; es difícil en la realidad pensar que en un
solo acto estos grupos se concentren en un lugar. En la realidad,
se esperaría que una parte se va a concentrar y dejarían
una parte para vigilar. Eso hace pensar en agudas confrontaciones
con las FARC y el ELN; por lo tanto, la desmovilización
sería gradual.
Hipótesis sobre la desmovilización paramilitar
l Si son 15.000 los paramilitares,
quedarían actuando prácticamente los mismos: los
que no se desmovilicen más los que se les sumen.
l En el mejor de los casos,
se desmovilizarían 5.000.
l Lo riesgoso es que haya
más de 15.000 paramilitares, dadas las circunstancias de
desprotección.
l Se desmovilizaría
una tercera parte.
l El proceso de desmovilización
será traumático.
¿Que hay detrás de la negociación?
l El más grande
lavado de activos de los últimos años, algunos ingresaron
por la vía del paramilitarismo.
l Respecto de la tierra:
los paramilitares han sido punta de lanza de procesos para compra
de tierras.
l Dimensión jurídica.
Ley sobre libertad condicional (que también incluiría
a la guerrilla), debe asegurar que haya esclarecimiento de la
verdad, castigo y reparación. El castigo quedaría
en suspenso, mientras se porten bien.
l Parte de lo que hay que
esclarecer es el monto de los bienes; ahí hay un problema
político de grandes proporciones con los dueños
de ahora, ¿llevaría esto a una reforma agraria?
No se ve cómo se podría hacer, además en
medio de la guerra con una guerrilla intacta.
l Lo que se haga va a poner
los parámetros con las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia -FARC; pago, aplicación del mismo rasero.
l La responsabilidad del
Estado. Hay que esclarecer casos como Mapiripán, Putumayo.
Detalles de las negociaciones con los paramilitares (2)
Las negociaciones entre el gobierno y los paramilitares empiezan
a entregar resultados tras el anuncio de la desmovilización
el 25 de noviembre del Bloque Cacique Nutibara (BCN), que opera
en Medellín y en sus alrededores.
"Se trata del desmonte total y completo del Bloque Cacique
Nutibara que opera en Medellín con sus jefes y hombres
de base", dijo ayer el Alto Comisionado de Paz, Luis Carlos
Restrepo, a radio Caracol. "El 25 de noviembre entregarán
armas, pertrechos y uniformes", agregó.
El anuncio lo hizo Restrepo después de sostener reuniones
con el alcalde saliente de esa ciudad Luis Pérez y su sucesor
Sergio Fajardo, quienes han comprometido su apoyo al proceso de
paz.
Restrepo explicó que en principio 800 combatientes regresarán
a la vida civil, en el marco de las negociaciones entre la federación
paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y el
gobierno del presidente Álvaro Uribe.
Las partes se comprometieron el 15 julio, en el Acuerdo de Santa
Fe de Ralito, a crear las condiciones para concretar la desmovilización
de 13 mil paramilitares antes del 31 de diciembre de 2005.
Los portavoces de las Autodefensas Unidas de Colombia, comandantes
Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, indicaron en un comunicado
que la futura desaparición del Bloque Cacique Nutibara
"reafirma en la práctica que el espíritu y
los compromisos manifestados en el Acuerdo de Santa Fe de Ralito
para contribuir a la paz de Colombia comienzan a tener efectiva
concreción".
Restrepo explicó que los paramilitares que regresen a
la vida civil recibirán durante un año apoyo psicológico,
capacitación laboral y estudios. El gobierno acondicionó
un club social en el municipio de La Ceja, en las afueras de Medellín,
para recibir a miembros de este grupo armado de extrema derecha.
Una vez concluido el programa de reinserción, los desmovilizados
podrán regresar a sus hogares en la segunda ciudad más
grande de Colombia.
El comisionado reveló que una encuesta realizada a los
paramilitares del Bloque Cacique Nutibara -BCN- mostró
que el 87% de ellos vive en núcleos familiares estables
y un 52% son padres. Además, muchos de ellos han terminado
estudios escolares e incluso algunos son profesionales. "Van
a quedarse en Medellín, porque es su deseo", dijo
el delegado de paz.
Restrepo afirmó que todavía no es clara la situación
jurídica de los 800 desmovilizados, ya que la identificación
de los combatientes se realizará cuando dejen las armas.
"Es muy probable que la mayoría de ellos no tengan
problemas graves con la justicia, fuera del delito de haber constituido
un grupo armado ilegal", indicó.
En Colombia, el delito de la sedición, que consiste en
un alzamiento colectivo y violento contra la autoridad, el orden
público o la disciplina militar sin llegar a la gravedad
de la rebelión, puede ser objeto de un indulto. Los paramilitares
no han estado en guerra contra el Estado, ya que surgieron como
reacción ante la incapacidad del mismo para combatir a
las guerrillas. Sobre la situación jurídica de los
comandantes de la AUC, Restrepo reconoció que "es
un punto difícil que en su momento tendremos que entrar
a aclarar".
El jefe del BCN Adolfo Paz ha sido identificado por la prensa
local como un antiguo aliado del difunto capo de la droga Pablo
Escobar. Mientras Castaño y Mancuso están pedidos
en extradición por narcotráfico por Estados Unidos.
Los analistas han indicado que el principal obstáculo para
el proceso con los paramilitares es el marco jurídico.
El gobierno ha promovido la llamada Ley de Alternatividad de
Penal, que otorgaría castigos simbólicos a quienes
entreguen las armas y los obligaría a resarcir a las víctimas
de sus acciones. Pero la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), organismos humanitarios y políticos de oposición
han advertido que ese proyecto de ley apunta a la impunidad.
Tanto paramilitares como guerrilleros están acusados de
graves violaciones a los derechos humanos en un conflicto armado
de cuatro décadas.
Esta es la primera de 15 desmovilizaciones que, según
el Dr. Luis Carlos Restrepo, Comisionado de Paz, quien ha estado
al frente de este proceso, se harán hasta diciembre del
año 2005. El 7 de diciembre se desmovilizarán 150
paramilitares en el Cauca y el año entrante lo harían
el Bloque Bananero de las Autodefensas de Córdoba y Urabá,
en Nueva Antioquia y en Turbo.
Al parecer son mandos bajos, cuyas hojas de vida serán
revisadas y quienes no estén acusados de crímenes
de lesa humanidad, serán cobijados con los beneficios de
la Ley de Alternatividad Penal, que se encuentra aún en
trámite en el Congreso. Preocupaciones principales sobre
impunidad y falta de reparación a las víctimas han
expresado organismos de Derechos Humanos y las Naciones Unidas
(el gobierno rechazó posible veeduría del proceso
porque podría "perder el control" del proceso,
dijo el Comisionado de Paz). Los Estados Unidos insisten en pedir
en extradición a tres de sus líderes y rechazaron
públicamente la impunidad que podría dejar el proceso.
Castaño pidió firmar un acuerdo similar al firmado
entre Colombia y Estados Unidos, en que el gobierno colombiano
se compromete a no enviar a miembros de la cúpula paramilitar
a la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad.
No hay respuesta oficial aún a esta solicitud.
Después del Himno Nacional y de un minuto de silencio
por las víctimas de la violencia, vinieron los videos de
tres minutos enviados por los miembros del estado mayor de las
Autodefensas Unidas de Colombia -AUC- Carlos Castaño y
Salvatore Mancuso.
"Las AUC no se desmovilizan para cederle espacios a la subversión
sino para que los acojan las fuerzas del Estado", dijo Castaño.
El jefe paramilitar advirtió que en la negociación
deberán salir a relucir temas como la reparación
a las víctimas, los beneficios jurídicos, sociales
y económicos para los combatientes y las salidas jurídicas
para quienes hayan cometido crímenes proscritos por el
Derecho Internacional Humanitario.
A través de otro video, el enigmático comandante
del Bloque Cacique Nutibara e inspector nacional de las Auc, 'Adolfo
Paz' o 'Don Berna', cuya cara poco se había visto, pidió
que el Estado haga presencia de manera constante en las zonas
que hasta ayer dominaron ilegalmente sus huestes.
Luego, de cuerpo presente, el comandante 'R', vocero político
del bloque, pidió perdón por el sufrimiento y las
pérdidas que "involuntariamente" hubieran podido
causar.
A su vez, durante la ceremonia, el delegado de la Organización
de Estados Americanos (OEA), Sergio Caramagna, anunció
que la organización asignará una misión para
acompañar el actual proceso de paz en Colombia.
Los combatientes depositaron 112 fusiles y un número todavía
no inventariado de escopetas y armas cortas, así como los
aparejos de combate en una plataforma del Palacio de Exposiciones.
Posteriormente, 40 comandantes estamparon en un telón
sus manos como símbolo del compromiso de no volverlas a
ensuciar nunca con sangre.
Antes de las 10 de la mañana, los 870 ex combatientes
tomaron camino hacia La Ceja, donde se prepararán durante
tres semanas para volver a la vida civil.
Hay dos temas que deberán estar resueltos o al menos en
un estado avanzado de definición. El primero es la verificación
del proceso; esto es, el mecanismo que permita constatar que los
paramilitares desmovilizados efectivamente se desarmaron, cesaron
sus extorsiones y rompieron sus nexos con el narcotráfico.
El segundo son los incentivos, planes y proyectos para asegurar
que la decisión de dejar las armas sea perdurable.
La mayor preocupación para los analistas, e inclusive
para algunas autoridades de Medellín, la constituye la
falta de claridad sobre el seguimiento al proceso y la verificación.
"Es que todo esto se ha hecho con tanta premura -dice Alonso
Salazar, futuro secretario de Gobierno de Medellín- que
hay muchos detalles clave que están sin afinar". Para
él, lo más preocupante es cómo se va a manejar
la seguridad en las zonas donde los 'paras' desmovilizados ejercían
dominio y autoridad. "En eso dependemos del todo del Gobierno
Nacional -dice-; en el pasado, en procesos de paz con las milicias
aquí en Medellín, el Gobierno firmó acuerdos
y luego volteó la cola".
El temor en la coyuntura actual es todavía más grande
y va en dos direcciones: por un lado, que los desmovilizados efectivamente
no se desarmen del todo y sigan con su predominio en los barrios.
El problema aquí es que la verificación ha sido
dejada en manos de la Comisión de Paz de Antioquia, pero
solo para la fase inicial, la que culmina cuando salgan los 870
combatientes de su concentración en La Ceja, en tres semanas.
De ahí en adelante, que es la parte más difícil
pues vuelven todos a su vida normal, no está definido quién
la va a efectuar. "Ese seguimiento no está claro -dice
Antonio Picón, miembro de esa comisión-; podría
ser un grupo internacional quien lo haga".
El otro temor es por la vida misma de los reinsertados. "Devolverlos
desarmados al espacio en el que vivieron, que es además
donde viven sus víctimas, es casi una invitación
a la venganza", dice el investigador Teófilo Vásquez,
del Cinep, de Bogotá. En ese sentido, el recuerdo del proceso
de desarme de las milicias de la guerrilla y de otras bandas,
liderado por el gobierno de Gaviria en 1994, es un mal precedente.
"En esa oportunidad -recuerda Luis Fernando Quijano, un desmovilizado,
hoy presidente de la ONG Corpades- los ex combatientes terminaron
organizándose en una cooperativa de seguridad sin ningún
control y con más de 100 armas. A diario aparecían
entre dos y tres muertos en los barrios".
La mayoría de esos ex combatientes fueron luego asesinados,
precisamente por el Bloque Cacique Nutibara que se desmovilizó
ayer.
Con todo, un punto esperanzador en cuanto a la verificación
quedó planteado sutilmente en la ceremonia de entrega de
armas, con el respaldo de la OEA al proceso, y en particular con
la presencia de Sergio Caramagna, verificador de esa organización
multilateral en la negociación de paz de Nicaragua. Cabe
destacar que en ese proceso se logró desmovilizar a 21
mil autodefensas, tal vez el doble de los paramilitares colombianos.
"Sin duda, aparte de que falta resolver el tema jurídico
con lo de la alternatividad, lo más grave de este proceso
con los 'paras' -dice Mauricio Romero, investigador de la Universidad
Nacional- es la falta de comisión de verificación.
Por eso la presencia de la OEA ayer es clave. Ellos tienen muy
buena experiencia en esto de desmovilización de paramilitares".
La cosa social
El segundo punto cuya clarificación es fundamental para
asegurar el éxito del proceso es el de la definición
de los incentivos, los planes y los proyectos para los desmovilizados.
El asunto es particularmente crítico si se tiene en cuenta
el periodo tan corto de concentración de los combatientes,
ya que en tres semanas ellos estarán de nuevo asumiendo
sus vidas, en sus barrios, pero sin ocupación. "Mirando
la encuesta que hizo el Dane con los desmovilizados de Medellín
-dice Teófilo Vásquez- se aprecia que el 79 por
ciento son menores de 29 años. Eso es revelador; lo que
hay que atacar es el desempleo juvenil y la deserción escolar.
Si no se ataca eso, habremos sacado 870 combatientes, pero en
menos de cinco años habrá otros que tomen sus lugares.
A la gente hay que darle opciones".
Esa responsabilidad asusta de alguna manera a la futura Alcaldía
de Medellín, en cabeza de Sergio Fajardo. "Hemos reiterado
-dice Alonso Salazar- que esto tiene que dirigirlo el Gobierno
y nosotros apoyar". En ese sentido, a varios de los funcionarios
les preocupa la velocidad con que fue ejecutado el proceso de
desmovilización que no da mucho tiempo para construir grandes
planes. "Todo ha ido muy rápidamente -dice Clara Inés
Restrepo, futura secretaria de Desarrollo de Medellín-.
Tres semanas para cambiar la estructura de una persona no son
nada, y menos para crear buenos proyectos. Hay que hacer un diseño
serio de este proceso. Nos la vamos a jugar toda por la educación".
Así tratarán a los 48 menores reinsertados
Los menores de edad vinculados al paramilitarismo no tendrán
la categoría de combatientes. Estarán bajo un programa
totalmente nuevo, del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar
(ICBF).Los menores, con edades entre los 10 y 17 años,
no serán concentrados como ocurre con los demás
niños y jóvenes que se desmovilizan de los grupos
armados. Ellos permanecerán en sus hogares y barrios, bajo
la observación permanente de expertos del ICBF.
"Después de estudiar estos menores nos dimos cuenta,
con la asesoría de la Oficina del Alto Comisionado para
la Paz, de que desempeñaban labores logísticas y
de transporte de instrumentos en ese grupo armado, por eso no
los vemos como combatientes ni infractores", dijo Oto Lara,
encargado del proceso por parte del ICBF en Antioquia. La reincorporación
de los niños se realizará en tres etapas y en todas
participan, además del ICBF, la Unesco, la Alcaldía
de Medellín, la Oficina del Alto Comisionado y organizaciones
no gubernamentales.
Este programa es piloto porque, a pesar de que ya han realizado
procesos individuales con niños desmovilizados, este se
hará sin alejar a los menores de su medio.
"Usualmente los menores desmovilizados son llevados a un
internado del Instituto (ICBF) donde permanecen 45 días
para que a los seis meses vuelvan a sus casas; pero estos son
de un ambiente urbano, así que estarán en su medio.
El proceso será de mucha protección porque les han
sido vulnerados sus derechos", dijo Lara.
En la primera etapa se realizó un diagnóstico inicial
con los jóvenes donde ellos explicaron sus necesidades
y expectativas. De los 48 menores, 26 han pedido estudiar y 12
de ellos ya son padres de familia. La segunda etapa consiste en
trabajar con cada uno de acuerdo con sus perfiles y mediante programas
especiales de artes, música y deporte con el objetivo de
mantenerlos motivados.
El tercer momento es un seguimiento y un semi internado donde
ellos se podrán capacitar. "En esta fase aunque no
es lo ideal, por ser menores, los vamos a ayudar a emplearse",
agregó Lara. Según Julio César Palacio, director
del ICBF regional Antioquia, todo el proceso durará entre
8 y 14 meses, de acuerdo con cada joven.
No hay ni tiempo ni ambiente para sacar adelante proyecto
de alternatividad penal en el Congreso
Así lo advirtió el presidente del Senado, Germán
Vargas Lleras. "Es difícil e imposible que este año
se pueda contar con esa ley", dijo Vargas en declaraciones
a los medios de comunicación, dos horas después
de que en Medellín se produjera la desmovilización
del primer grupo de autodefensas.
La ley de alternatividad permitiría suspender las condenas
a los autores de delitos atroces de un grupo armado ilegal que
se desmovilice. Precisamente, en el acto de desmovilización,
uno de los líderes de las autodefensas, Carlos Castaño,
dijo que este proyecto había sido consultado con su agrupación,
al tiempo que solicitó del Congreso herramientas jurídicas
que en el futuro ayuden a conseguir la paz en Colombia.
El Presidente del Senado explicó que es improbable sacar
este año esa ley porque aún no se han presentado
el informe de ponencia de este proyecto y recordó que el
ministro de Defensa, Jorge Alberto Uribe, en entrevista con el
periodista Yamid Amat, dejó entrever que el Gobierno ha
cambiado de posición con respecto a este tema.
"Las declaraciones del Ministro las he entendido como una
nueva postura del Gobierno, todo un viraje", añadió
Vargas Lleras. Uribe Echavarría dijo en esa entrevista
que una de las posibles fórmulas de la alternatividad sería
aplicarla al término de una negociación y no al
comienzo de la misma. "El propio Gobierno y el Ministro han
sugerido que se adopte una vez terminen las negociaciones",
dijo Vargas.
El senador Carlos Holguín también dijo que en el
momento "no hay ponencia" del proyecto, pero aseguró
que él es partidario de esta iniciativa porque hay que
buscarle salidas al conflicto armado. "Este es un conflicto
que tenemos que resolver nosotros. El proyecto ha sido estigmatizado
y satanizado porque lo presentaron como una puerta abierta a la
impunidad", dijo el parlamentario conservador.
Pese a las declaraciones de Vargas y Holguín, el presidente
de la Comisión Primera del Senado, Luis Humberto Gómez
Gallo, sostuvo que es posible que hoy se radique el informe de
ponencia para comenzar el debate de la norma. Sin embargo, esa
comisión tendrá que votar, primero, el estatuto
antiterrorista.
A su vez, el senador Mario Uribe Escobar, coordinador de ponentes,
dijo a este diario que ya estaba listo el informe de ponencia
y añadió que si el Gobierno lo sugería se
podría acudir al mensaje de urgencia para convertir la
iniciativa en ley de la República este mismo año.
El Senador Rafael Pardo reiteró que si se radica la ponencia
de Uribe Escobar, él presentará otro informe de
ponencia solicitando el archivo del proyecto, porque, según
su criterio, el Gobierno ya tiene las herramientas jurídicas
para lograr la desmovilización de los grupos armados ilegales.
Preocupaciones de organizaciones de derechos humanos respecto
de la impunidad que resultaría de la propuesta gubernamental
de perdón para crímenes de lesa humanidad (3)
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos
ha manifestado que las violaciones a los derechos humanos en Colombia
son graves, masivas y sistemáticas, y que las infracciones
al derecho humanitario son una práctica generalizada y
a gran escala[1]. La responsabilidad de grupos paramilitares,
agentes estatales y grupos guerrilleros se encuentra comprometida
en estas prácticas.
Numerosos organismos del sistema universal y regional de protección
de derechos humanos han hecho explícita la responsabilidad
estatal en la actual crisis, responsabilidad que se deriva de
varios factores, entre ellos la falta de una política seria
de derechos humanos y derecho humanitario, la tolerancia o aquiescencia
y en algunos casos colaboración activa de agentes estatales
con los grupos paramilitares, y la falta de combate a esos grupos;
así lo manifestó el Alto Comisionado de Naciones
Unidas para los Derechos Humanos en su último informe[2].
La falta de una política seria en materia de paz, que garantice
la reconciliación nacional y asegure la protección
de la población civil por parte de todos los actores en
el conflicto, ha sido y continúa siendo un elemento que
agrava la crisis.
En ese contexto, diversos organismos internacionales de derechos
humanos, entre ellos la Comisión de Derechos Humanos de
Naciones Unidas, han instado al Estado colombiano a establecer
unos diálogos que efectivamente conduzcan a la paz, enmarcados
dentro del respeto por los derechos humanos, y a través
de los cuales se garanticen verdad, justicia y reparación.
El modelo de negociación del Gobierno actual no se ajusta
a esos requerimientos. Por el contrario, las negociaciones que
se han adelantado han sido secretas, sin participación
de la sociedad civil ni de las víctimas; no hay manifestaciones
convincentes de una voluntad real de iniciar un proceso serio
de conversaciones de paz que responda a los compromisos que Colombia
ha adquirido internacionalmente en materia de derechos humanos.
En una iniciativa que ha generado serias y fundamentadas preocupaciones
tanto de las Naciones Unidas como de diversos sectores de la sociedad
colombiana, el Gobierno nacional presentó al Congreso de
Colombia el 21 de agosto de 2003 un proyecto de ley por medio
del cual busca otorgar el beneficio de suspensión condicional
de la ejecución de la pena a miembros de grupos armados
organizados al margen de la ley, cualquiera que sea el crimen
que la persona haya cometido[3].
La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas
para los Derechos Humanos expresó, el 28 de agosto de 2003,
sus preocupaciones frente a esta iniciativa. Señaló,
entre otras cosas, que el proyecto de ley "abre la puerta
a la impunidad", establece penas que "vulneran los principios
democráticos de justa retribución y proporcionalidad
de las sanciones penales", "no adopta medidas para impedir
que los victimarios se beneficien con la suspensión de
la pena sin que las víctimas hayan recibido efectiva reparación",
"no reconoce claramente la obligación del Estado en
materia de reparación cuando ésta no es satisfecha
por el responsable directo de los crímenes", y "establece
como mecanismos de reparación acciones que no retribuyen
o indemnizan adecuadamente a las víctimas"[4].
Efectivamente, este proyecto permitiría que personas que
hayan cometido violaciones a los derechos humanos e infracciones
al derecho humanitario queden en libertad muy fácilmente.
Se otorgaría libertad para autores de delitos atroces,
ejecutados en forma masiva y sistemática, tales como masacres,
secuestros, desapariciones forzadas, violaciones sexuales, desplazamientos
forzados y otras conductas de similar gravedad[5]. La única
pena para sus autores sería, entre otras de su elección,
"la prohibición de aproximarse a [sus] víctimas"[6].
Los daños causados por sus graves delitos se considerarían
reparados, por ejemplo, con la simple promesa de brindar "colaboración
activa y efectiva en la desmovilización de organizaciones
armadas al margen de la ley"[7]. Evidentemente, en relación
con tales abusos no se garantizarán la verdad, la justicia
y la reparación.
Las organizaciones de derechos humanos queremos expresar nuestro
deseo por que haya un proceso de paz que conduzca a la reconciliación
nacional, y que para ello se ajuste a la legislación internacional
de derechos humanos. La búsqueda de la paz no puede partir
de la impunidad. En el marco de un proceso de paz, las víctimas
deben tener un espacio real de participación, en el cual
puedan presentar propuestas, y lograr que se garanticen sus derechos,
entre ellos la no repetición de los actos en su contra.
El perdón por las violaciones a los derechos humanos y
las infracciones al derecho humanitario, para ser legítimo,
debe ser el resultado de un proceso serio de reconciliación,
y sólo las víctimas pueden otorgarlo, si los victimarios
lo solicitan, una vez se conozca la verdad, se haya impartido
justicia, y haya habido reparación. El Estado y los actores
de un conflicto armado, cuyos agentes y miembros han cometido
los delitos atroces, no son los llamados a concederse unilateral
o mutuamente perdones generales y a imponerlos al resto de la
sociedad. El perdón, insistimos, debe ser el resultado
de un proceso participativo, que no será genuino si excluye
a las víctimas.
De acuerdo con todo lo expuesto, las organizaciones de derechos
humanos llamamos a la comunidad internacional, al cuerpo diplomático,
a los organismos de protección de derechos humanos de las
Naciones Unidas y del sistema regional, a que desde la perspectiva
de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario,
se expresen públicamente y llamen al Estado colombiano
a cumplir sus obligaciones en materia de administración
de justicia, teniendo en cuenta los derechos de las víctimas
a conocer la verdad, y a la reparación integral. La comunidad
internacional debe insistir ante el Estado colombiano en que,
de acuerdo con los tratados ratificados por Colombia, los crímenes
de lesa humanidad y los crímenes de guerra en ningún
caso pueden ser objeto de amnistías u otras medidas similares
que impidan que sus responsables comparezcan ante la justicia.
Notas:
[1] Informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para
los Derechos Humanos sobre la situación de los derechos
humanos en Colombia, 24 de febrero de 2003, documento E/CN.4/2003/13,
párrafos 10 y 14 del resumen. Ver también Informe
de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Colombia,
24 de febrero de 2002, documento E/CN.4/2002/17, párrafos
72 y 73. Ver también Informe de la Alta Comisionada de
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación
en Colombia, 8 de febrero de 2001, documento E/CN.4/2001/15, párrafos
250 y 251.
[2] La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos incluyó en su informe
de 2003 el tema del paramilitarismo como uno de los puntos de
especial preocupación: "La actuación paramilitar
continuó aprovechando la omisión, la tolerancia
o la complicidad de servidores públicos en varias regiones
del país. En muchas de esas zonas los grupos paramilitares
han reemplazado al Estado en importantes ámbitos, incluyendo
el uso de la fuerza armada. (...). El paramilitarismo siguió
siendo un factor desestabilizador del Estado de derecho, en particular
por los vínculos que con él mantienen servidores
públicos y por la inconsistente respuesta estatal a este
fenómeno. El contraste entre el discurso de las autoridades
gubernamentales de combate al paramilitarismo con lo observado
por la Oficina, en el marco de su mandato, evidencia la ambigüedad
del compromiso estatal. (...). El control paramilitar es más
fuerte en los cascos urbanos, donde es mayor la presencia de la
Fuerza Pública y de las autoridades, lo que no deja de
ser un elemento significativo en las denuncias de connivencia
de servidores públicos con el paramilitarismo. Son motivos
de preocupación las declaraciones de autoridades civiles
y militares negando la existencia en sus regiones de grupos paramilitares,
cuando ésta era de conocimiento público"[2].
[3] Proyecto de ley número 087/03 -Senado-, que lleva
por título: "por el cual se dictan disposiciones en
procura de la reincorporación de miembros de grupos armados
que contribuyan de manera efectiva a la consecución de
la paz nacional". En concreto, el proyecto prevé que,
si el Presidente de la República lo solicita, "el
juez deberá conceder la suspensión de la pena impuesta
por sentencia ejecutoriada" a "personas pertenecientes
a un grupo armado organizado al margen de la ley" que hayan
cometido cualquier crimen, sin importar su gravedad (art. 2).
[4] Observaciones al Proyecto de Ley Estatutaria que trata sobre
la reincorporación de miembros de grupos armados, 28 de
agosto de 2003.
[5] Art. 7 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
[6] Arts. 11 lit. f) y 16. Las otras penas alternativas, previstas
en el proyecto, son las siguientes: inhabilitación por
diez años para el ejercicio de funciones públicas,
o inhabilitación por diez años para el acceso a
cargos de elección popular, o prohibición por diez
años del derecho a la tenencia o porte de armas, o privación
por veinte años del derecho a residir en determinados lugares
o de acudir a ellos, o expulsión del territorio nacional
para los extranjeros. Según el Gobierno, no se podrá
imponer sino una cualquiera de tales medidas como pena (véase
entrevista al Alto Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, en
"Habrá verdad, justicia y reparación",
revista Semana.com, 25/08/2003). Llama la atención, entre
otros aspectos, que la pérdida del derecho a ser elegido
no sea una sanción obligatoria para los autores de crímenes
de lesa humanidad, sino apenas una posibilidad.
[7] Art. 6, inciso 8. Las otras modalidades de reparación,
previstas en el proyecto, son las siguientes: reparación
a las víctimas "de conformidad con los mecanismos
establecidos en la ley", colaboración con instituciones
que trabajen por la recuperación de las víctimas,
aporte de bienes a esas instituciones, entrega de bienes al Estado
para la reparación de las víctimas, manifestación
pública de arrepentimiento, colaboración al esclarecimiento
de hechos del conflicto, o aporte de información que contribuya
a la desarticulación de grupos armados ilegales. Obsérvese
que el arrepentimiento no es una condición para la suspensión
de la condena, sino apenas una de las modalidades de reparación
por las cuales puede optar el perpetrador de crímenes de
lesa humanidad.
Fuentes
1. Conversatorio con el politólogo Alfredo Rangel, Convocado
por Programa Suizo para la Promoción de la Paz en Colombia
SUIPPCOL, Bogotá, agosto 13 de 2.003.
2. Tomado de el periódico El Tiempo, Bogotá, Noviembre
2003.
3. Texto preparado por el equipo operativo de la Comisión
Colombia - Europa - Estados Unidos.
*Flor Alba Romero. Coordinadora
Nacional PADH, Colombia. Antropóloga. Coordinadora del
Área de Derechos Humanos, de la Escuela Superior de Administración
Pública, ESAP.
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