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Al oeste del estado de Nueva York, área que en esta época
se tiñe de tonos rojos y anaranjados, existe una población
de mujeres casi invisibles, trabajadoras agrícolas en su
mayoría. (1) El 80% de estos cientos de miles de trabajadoras
en Estados Unidos son inmigrantes. En el nuevo contexto del "sueño
globalizador americano" estas mujeres trabajan un promedio
de 12 horas al día , en condiciones peligrosas y obligadas
a confrontar sólidas barreras que impiden su acceso a una
alimentación nutritiva, a servicios de salud, a educación
y a viviendas adecuadas para ellas y sus familias. ¿Quiénes
son estas mujeres y en qué condiciones desempeñan
su trabajo? ¿qué patrón migratorio siguen?
¿qué nos dicen ellas en sus testimonios acerca de
su situación como residentes sin servicios y personajes
migratorios? Y, finalmente, ¿qué papel pueden jugar
organizaciones como el Instituto de la Trabajadora Agrícola
para facilitar la incorporación de estas campesinas en
sus nuevas comunidades e inclusive apoyarlas en su resistencia
al papel que se les ha impuesto como personajes movibles dentro
de la nueva economía global.
1. Perfil de la trabajadora agrícola
Estadísticas nacionales en Estados Unidos señalan
que de los 47,000 trabajadores agrícolas migratorios, 10,000
de ellos son mujeres y 7,000 niñas. (2) Por lo menos 14,000
niños llegan año tras año al estado de Nueva
York. Se calcula que del millón a los tres millones de
trabajadores agrícolas en el país, 20% de ellos
son mujeres. Cuatro de cada cinco trabajadoras agrícolas
emigran de otro país. En el estado de Nueva York la mayoría
de ellas son mexicanas, pero hay también mujeres originarias
de Jamaica, Haití, Guatemala, Honduras, la República
Dominicana y Puerto Rico. A nivel nacional, el 77% de todos los
trabajadores agrícolas son originarios de México
y el idioma del 84% de esta población es el español.
Sin importar su origen o idioma, la gran mayoría de las
mujeres trabajadoras agrícolas se encuentran separadas
de servicios sumamente necesarios para la salud de ellas y de
sus hijos; esta separación se debe primordialmente a barreras
lingüísticas y culturales, además de la actitud
anti-inmigrante dentro de las comunidades a las que intentan incorporarse.
A pesar de su aislamiento vis-à-vis la nueva comunidad,
estas trabajadoras generalmente optan por mantener a sus familias
unidas, a pesar de las provisiones de visados que las excluyen
tanto a ellas como a sus hijos. Por eso mismo, aunque el 52% de
los trabajadores agrícolas son indocumentados, se cree
que el porcentaje de mujeres con problemas de documentación
es aún más alto. Como resultado, las mujeres (y
por ende sus hijos) quedan excluidos del sistema de salud pública.
El aislamiento de las trabajadoras agrícolas y sus familias
es severo: entre las barreras que impiden un acceso directo a
servicios y miembros de la nueva comunidad se encuentran la falta
de conocimiento del inglés, las oportunidades irregulares
de su trabajo, la falta de acceso a permisos de conducir y la
separación de sus familias extendidas.
2. Condiciones laborales y el efecto de la falta de servicios
En lo que respecta a la salud, las trabajadoras agrícolas
tienen una salud física más vulnerable que la salud
de la población en general. Su promedio de vida es de 49
años y un 40% de ellas son abusadas físicamente
en el hogar y también muestran una tendencia a una frágil
salud mental. Debido a la falta de acceso a un plan de seguro
médico, la mayoría de ellas recurren a las salas
de emergencia para tratamiento médico.
Las consecuencias trágicas de un aislamiento geográfico,
lingüístico y sobre todo cultural conllevan a la falta
de acceso a servicios de protección ante abuso físico
y psicológico e inclusive la posible pérdida de
los hijos, como lo demuestra el testimonio de Rosa, una joven
trabajadora agrícola del condado de Wayne. (3)
Mi nombre es Rosa. Yo tenía dos años cuando
mi papá murió. Cuando yo tenía nueve años,
el novio de mi mamá abusó sexualmente de mí.
Soy la madre de dos niños. Vivo con el papá de
mi hija, la segunda. Yo trabajo en la manzana en el condado
de Wayne. Yo siempre me sentí muy aislada aquí.
Mi familia vive muy lejos en la Florida y sin teléfono,
paso sin hablarles mucho tiempo. Mi novio me pegaba y me amenazaba
con que iba a matar a mi hijo, lo que hacía más
fuerte mi aislamiento. Una vez la situación se puso tan
terrible que me fui a un resguardo, pero cuando me dijeron que
tenía que ir a la oficina de servicios sociales, regresé
a la casa de mi novio. ¿A dónde más podía
ir?
No tenía dinero para comida ni ropa para mis hijos
y yo tenía miedo de que me obligaran a irme de este país.
Yo no tenía papeles. Un año después mi
novio me rompió la mandíbula, me dañó
los tímpanos, y me fracturó un brazo y dos costillas.
Llegó la policía y me llevaron al hospital. El
servicio de protección para los niños recogió
a mis dos hijos
ellos dijeron que como yo volví
con mi novio, yo no era capaz de cuidar a mis hijos.
Las condiciones de trabajo de la mayoría de las trabajadoras
agrícolas no son un aliciente para los problemas domésticos.
Muchas de ellas trabajan en empacadoras o en camiones procesadores
en el campo, exponiéndose así a maquinaria peligrosa
y humo tóxico. Las mujeres que trabajan en el campo están
constantemente expuestas a los efectos tóxicos de los pesticidas,
situándose así entre los 300,000 trabajadores agrícolas
que año a año reportan haber sufrido de intoxicación
por pesticida. Cabe resaltar que tanto hombres como mujeres que
trabajan en el campo no siempre tienen acceso a agua para lavarse
las manos y es por ello que, según cuenta Isabel, el efecto
de los pesticidas es aún peor. Su testimonio revela una
preocupación ante el efecto tóxico de los pesticidas,
consternación que se extiende a la comunidad con la que
trabaja y con sus propios hijos:
Cuando hace calor en el verano, el agua es el mayor problema.
Es en el verano cuando echan el pesticida-los pesticidas que
se usan para la uva son muy fuertes-no nos dan guantes ni mascarillas,
nada-nos pica la nariz, nos arden los ojos y cuando comemos
nuestras manos están llenas de pesticida. Hay días
que el pesticida es tan fuerte que uno se marea y tiene ganas
de vomitar. Yo les digo a los hombres que se tienen que lavar
las manos porque los pesticidas dan cáncer y ellos me
dicen ¿cómo? Si no tenemos agua ni jabón.
. . Yo pienso en mis hijos y no como en todo el día.
Yo no me quiero enfermar. Yo me lavo las manos y me baño
en cuanto llego a mi casa. Cuando mis hijos llegan a la casa,
yo puedo prepararles su comida, con las manos limpias.
Trabajadoras agrícolas como Isabel no solamente tienen
que aceptar condiciones laborales que amenazan su salud sino que
también, junto a todos los trabajadores agrícolas
en Estados Unidos (documentados e indocumentados), se ven forzadas
a aceptar una situación de exclusión de los beneficios
que la legislación federal otorga a todos los demás
trabajadores del país. Trabajar en el campo en los Estados
Unidos equivale a no recibir seguro por incapacitación,
un día de descanso a la semana, pago de horas extras, y
el derecho a negociar colectivamente estipulaciones de contrato
y otros acuerdos.
3. Patrones migratorios
Como se mencionó anteriormente, la mayoría de las
mujeres que emigran a los Estados Unidos y que desempeñan
trabajo agrícola y/o en plantas procesadoras de alimentos
son de origen mexicano. En su análisis de migrantes mexicanos
a Atlanta, Georgia, Martha W. Rees y Jennifer Nettles trazan los
ciclos migratorios de la población mexicana hacia los Estados
Unidos: (4)
La migración de mexicanos hacia Estados Unidos data desde
finales del siglo XIX
Después de la finalización
del programa bracero (1942-1964), la migración mexicana
a Estados Unidos continúa, pero a una tasa reducida
; es recién a principios de 1980 que aumenta y esto incluye
la migración femenina... El contexto de esta nueva oleada
de migración mexicana se debe a la crisis mundial y sus
repercusiones en México y Estados Unidos en los años
ochenta
, incluyendo el Tratado de Libre Comercio en 1992,
así como los procesos amplios de la globalización
de la economía y las unidades domésticas.
De acuerdo a Rees y Nettles, esta última oleada de migración
mexicana tiene una composición diferente: más y
más se dan casos de una mayor migración de familias
enteras y de más mujeres que emigran solas. A pesar de
la falta de estudios definitivos, uno de los factores que se cree
han ayudado a precipitar la reciente migración femenina
a los Estados Unidos es el establecimiento de redes sociales (Massey
773). (5) Rees y Nettles hacen referencia al trabajo de Katherine
Donato, quien, según las dos estudiosas, relaciona "la
migración femenina con la presencia de sus familiares en
Estados Unidos" (84). Guadalupe, una de las trabajadoras
agrícolas del condado de Yates en el estado de Nueva York,
menciona los tipos de lazos familiares y circunstancias que los
amenazan como factor precipitador de la migración de mujeres
de su pueblo en México:
Yo conozco varias señoras que tuvieron que venir
a buscar a sus esposos porque no regresaron y aquí supuestamente
tenían otra familia, pero me imagino que dejaban a la
otra señora . . . es que hay mujeres que no pueden dejar
venir solo a sus maridos porque siempre se sabe que aquí
en el Norte ellos andan con otras mujeres. Me imagino que lo
harán por la soledad que ellos sienten. Por eso yo decía
yo no yo no me quedo-- yo me voy a ver qué pasa.
4. El Instituto de la Trabajadora Agrícola
Hace aproximadamente dos años un grupo de mujeres en Rochester,
Nueva York, se reunieron para considerar la formación de
una organización que abogaría por las trabajadoras
agrícolas del área y trabajaría con ellas
para juntas poder combatir la explotación y el aislamiento
al que estaban sometidas en su vida cotidiana. Según especifica
la misión declaratoria del instituto:
Desarrollaremos programas educativos y sociales que promuevan
la solidaridad, la acción y visibilidad social relevante
a las trabajadoras agrícolas. Nosotras estamos comprometidas
a que las trabajadoras agrícolas controlen las decisiones
tomadas para el proceso del crecimiento y desarrollo de este
Instituto.
Para cumplir con esta misión, el Instituto ha formado
un grupo base y ha generado entusiasmo mediante un retiro de todo
un día y reuniones mensuales. Con el tiempo, se han ido
definiendo áreas claves, las cuales se han convertido en
una especie de satélites en su relación al grupo
base. En algunas de las diferentes áreas (Geneva/Stanley;
Brockport; Sodus/Newark) se han establecido grupos que se reúnen
regularmente y llevan a cabo actividades como clínicas
legales, clases de inglés, clases de costura, clases de
corte de pelo, talleres de auto-estima y celebraciones culturales
en familia, tales como la celebración del Día de
Reyes, las posadas y el festejo de los Días de Muerto,
entre otras. El Instituto produce su propio boletín, el
cual circula dos o tres veces al año y también está
en el proceso de producir un libro con los testimonios de algunas
de las trabajadoras agrícolas.
A pesar de que el cometido primordial es colaborar con las trabajadoras
agrícolas, el haber establecido lazos tanto con ellas como
con la comunidad a la que intentan incorporarse ha tenido como
resultado, al menos en el área de Geneva/Stanley/Dresden,
el fortalecimiento de los lazos de la población femenina
inmigrante en general. Hemos acogido calurosamente la llegada
de mujeres sudamericanas y centroamericanas, de mujeres del área
urbana y área rural; de mujeres con documentación
legal y sin ella, etc. Este inesperado resultado subraya la necesidad
de unificar esfuerzos de cara a la globalización. El fortalecimiento
de los lazos entre mujeres inmigrantes puede verse transformado
en una necesaria resistencia a la explotación y marginalización
generadas por este nuevo sistema global.
Notas
1. El término trabajadora agrícola incluye a mujeres
que trabajan en el campo y quienes son empleadas en el procesamiento
de alimentos.
2. Estas estadísticas son aproximativas-debido a la falta
de status legal de la mayor parte de las trabajadoras agrícolas
es difícil determinar cantidades fidedignas. Las estadísticas
aquí citadas provienen de datos recopilados por el Centro
para las mujeres en el gobierno y en la sociedad civil de la Universidad
de Albany.
3. Los nombres han sido cambiados en consideración hacia
las mujeres que ofrecieron sus testimonios para este estudio.
4. "Los hogares internacionales: migrantes mexicanos a Atlanta,
Georgia." Poggio, Saray Ofelia Woo, Migración Femenina
hacia EUA. México: Edamex, 2000. 73-85.
5. Massey, Douglas S., Joaquín Arango, Graeme Hugo, Ali
Kouaouci, Adela Pellerino, J. Edward Taylor. "An Evaluation
of International Migration Theory: The North American Case."
Population and Development Review 20 (4): 699-751, 1994.
* Alejandra Molina.
Ph. D. en Literatura Colonial
Hispanoamericana por Cornell University. Master en Literatura
medieval española por la Universidad de Texas. Actualmente
es Asistente de Estudios Hispanos de Hobart & William Smith
Colleges y Co-directora del Comité ejecutivo del Instituto
de la Trabajadora Agrícola en Geneva, Nueva York.
** María Téllez.
Especialista en Derecho Penal y licenciada en Derecho por la Universidad
Autónoma de Hidalgo. Fue Jefe de la Sub Unidad de la Dirección
Jurídica de la Secretaria de Agricultura y Recursos Hídricos
de México. Actualmente es la Coordinadora del programa
Farmworker Women's Institute del Instituto de Mujeres Trabajadoras
Agrícolas en Rochester, Nueva York.
Ponencia presentada en
la Conferencia regional "Globalización, migración
y derechos humanos", organizada por el Programa Andino de
Derechos Humanos, PADH. Quito - Ecuador. Septiembre 16, 17 y 18
de 2003.
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