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La historia colombiana ha estado caracterizada por violentos
procesos de despojo y de expulsión de población
indígena, negra y campesina. Este pareciera ser el mecanismo
de adecuación a las necesidades de producción y
acumulación que el capitalismo impone y la estrategia de
dominación de los diversos sectores que disputan el poder.
Lejos de obedecer a un modelo de desarrollo pensado en función
de los intereses de la nación colombiana, los movimientos
migratorios, la mayoría de ellos involuntarios y violentos,
obedecen a las necesidades e intereses de quienes han detentado
el poder sobre la tierra, el poder político y a los intereses
de capitales nacionales y transnacionales.
De esta situación da clara muestra la llamada época
de la violencia entre los años 1946 - 1958, la cual significó
el despojo y la expulsión de cerca de dos millones de colombianos,
quienes debieron dar paso a las necesidades de tierra para el
modelo agroindustrial que empezaba a gestarse y fueron objeto
de las persecuciones, odios y violencias de los grupos armados
"legales" e ilegales que actuaban en nombre de los partidos
conservador y liberal en la época.
Las décadas de los ochenta y noventa representan otro
hito histórico en los procesos de despojo y expulsión,
pues se caracterizan por una nueva agudización de la violencia,
que en ocasiones no es más que la manifestación
o continuidad de viejos conflictos y problemas no resueltos. El
desplazamiento forzado (1), como empieza a nominarse, es en esta
época la manifestación mas clara de la permanencia
histórica y la consolidación de un modelo de desarrollo
excluyente caracterizado, además, por relaciones clientelares,
corruptas, de patronaje y de fuerza. Relaciones que configuran
el telón de fondo del conflicto armado interno.
En las dos últimas décadas en Colombia, al igual
que en otros países latinoamericanos, se consolida el modelo
neoliberal y se acentúan los llamados procesos de modernización
del Estado, los cuales para el caso particular de este análisis,
implican la redefinición del territorio y sus relaciones
de acuerdo a las necesidades de producción y comercialización
que el modelo demanda (2), sin reparar en los costos políticos,
sociales y culturales que significan.
De un lado, parte de la producción agrícola se
inserta al mercado y a sus requerimientos, quedando esta posibilidad
limitada a quienes acceden a los grandes capitales que suponen
esta adecuación. Al mismo tiempo, miles de pequeños
campesinos ven afectados sus ingresos por la inundación
del mercado nacional con productos importados. Al respecto, por
ejemplo, los cultivos de algodón, arroz, sorgo, entre otros,
se vieron afectados por la importación de estos productos
representando una severa crisis para el campesinado colombiano.
(3)
De otro lado, la lógica de adecuación a la dinámica
del mercado global con sus necesidades de producción y
comercialización supone también la construcción
de una serie de obras de infraestructura: troncales, puertos,
canales, obras que en la mayoría de las ocasiones atraviesan
o se realizan en territorios étnicos o en comunidades campesinas
y que se realizan al margen y /o en contra de los derechos de
sus habitantes
Una vez el capital ha reparado en una zona con algún potencial
de riqueza empieza el proceso de apropiación con la consecuente
expulsión de la población allí asentada o
la eliminación de cualquier obstáculo humano o legal.
Se ha comprobado que la violencia es más intensa en los
municipios donde hay más altas posibilidades de obtener
mejor ingreso (4) o de nuevos potenciales de acumulación
de riqueza.
A esta dinámica de adecuación a los mercados globales,
se agrega el más grande auge del mercado de cultivos de
uso ilícito y el fortalecimiento de los narcotraficantes,
quienes se insertan en la dinámica social, económica
y política del país. Esta actividad implica serias
presiones sobre los tradicionales esquemas de uso y tenencia de
la tierra debido a los requerimientos de nuevas tierras para el
cultivo de coca y amapola y para la inversión y lavado
de los abundantes capitales que se generan. (5) La realización
de estas actividades implica, de otro lado, el dominio de los
territorios en función de las necesidades que impone un
negocio ilícito, entre otras se requiere ejercer un control
total sobre la población que reside en el lugar y de su
sometimiento a las actividades de producción, circulación
y protección del negocio.
Los cultivos de uso ilícito alimentan de forma importante
los ingresos de los grupos insurgentes y su capacidad bélica,
ampliando y degradando de manera significativa la violencia en
el país. En este sentido, el control del cultivo y del
comercio es también objeto de disputas y genera sangrientos
enfrentamientos que ocasionan de un lado el cambio de vocación
de campesinos e indígenas (de agricultores a raspachines)
y de otro el desplazamiento de miles de ellos.
De este modo, se entrelazan un tradicional modelo de exclusión
del campesinado, nuevas presiones derivadas de las imposiciones
del ordenamiento mundial, el mercado de los cultivos ilícitos
y la disputa territorial de los actores armados. Estos factores
se articulan configurando un escenario complejo que no admite,
explicaciones causales, pero que dejan un número aproximado
de dos millones setecientas mil personas desarraigadas (6).
Tal vez al intentar responder las preguntas, por quiénes
son los desplazados, de dónde se desplazan y quiénes
los desplazan, encontramos algunas claves para la comprensión
de este complejo fenómeno.
1. Quienes son los desplazados: La continuidad y consolidación
de la exclusión
Aún cuando la población desplazada es muy heterogénea
y cada vez tiende a diversificarse, los desplazados son en su
gran mayoría campesinos pobres y personas pertenecientes
a comunidades étnicas, afrocolombianas e indígenas.
Es decir, personas que históricamente han estado excluidas
de los beneficios de los modelos de acumulación, excluidas
de la participación política y culturalmente invisibilizadas.
Las víctimas del conflicto armado, son en muchos casos
comunidades ignoradas por el Estado y la sociedad, que han logrado
sobrevivir, con sus propios recursos, medios y estrategias. Son
conocidas, expuestas a la sociedad en función de la violencia,
la muerte (7) y sólo son visibles y adquieren significado,
para quienes se disputan el poder, en razón de su potencial,
como comunidad de apoyo o como territorios estratégicos.
Se podría decir, entonces, que los desplazados son aquellos
para quienes no ha existido la ciudadanía, aquellos que
no conocen la noción de Estado, por lo menos la de Estado
Social de Derecho, los excluidos, ahora reconocidos para reclamárseles,
"colaboración, militancia, apoyo, tributación".
De esta manera, "El desplazamiento forzado se suma a la
larga cadena de vulneraciones de grupos sociales como los indígenas,
los afrocolombianos, los colonos, aparceros, jornaleros y campesinos,
quienes han sido puestos al margen de los beneficios de la economía
y el "desarrollo". Sus territorios ancestrales atraen
hoy las miradas rapaces de los intereses multinacionales y nacionales,
que ven en sus tierras riquezas minerales y naturales, o ventajas
geoestratégicas; las comunidades son disputadas como bases
de apoyo y conocen al Estado no por su presencia social, sino
represiva. En otras palabras, estas comunidades permanecieron
por muchos años al margen y hoy son "incluidas"
para la explotación y el control" (8).
Mujeres, niños y niñas, indígenas y negros
constituyen el grupo más afectado por el desplazamiento
forzado, el 33% de los desplazados pertenecen a las comunidades
negras (9), es decir, 957.000 personas, la tasa de expulsión
de estas comunidades es un 20% mayor que la del resto del país,
durante el año 2002 El Chocó fue el primer departamento
expulsor. La población indígena desplazada representa
el 5% del total de desplazados, situación crítica
si se tiene en cuenta que la población indígena
corresponde al 2% de la población total del país.
El 48% de la población que se desplaza son mujeres (10),
muchas de las cuales se han convertido en jefas únicas
de hogar a causa de la muerte o reclutamiento de sus compañeros.
El 44% corresponde a menores de edad, de los cuales el 26% se
encuentra en edad escolar, es decir entre 5 y 14 años.
"En otros términos, el desplazamiento forzado es uno
de los factores, y a su vez uno de los resultados, de la profunda
exclusión social, la inequidad y la injusticia que caracteriza
a nuestro país" (11)
Tal ha sido la exclusión que hoy cuando se indaga por
los procesos de reestablecimiento para la población desplazada,
muchos coinciden en afirmar que no se trata sólo de "devolver"
o restituir los bienes y derechos perdidos o vulnerados, sino
de colocar a estas personas en condiciones para empezar a ejercer
la ciudadanía que no han tenido.
2. Los territorios de expulsión
El mapa del desplazamiento forzado en Colombia, señala
claramente que las zonas de donde más se expulsan colombianos
de manera violenta, son aquellas que revierten valor estratégico
especialmente en las que se ubican megaproyectos. Algunos de estos
megaproyectos son: (12)
- El canal seco Atlántico-Pacífico, las interconecciones
con el ferrocarril Medellín-Buenaventura y las carreteras
del Pacífico a Medellín y Pereira.
- La carretera Urabá-Maracaibo.
- La intercomunicación Río de la Plata-Amazonas-Napo-Putumayo-Tumaco
que comunicaría a Tumaco con Manaos y Belén del
Pará conectando las costas Pacífica y Atlántica.
- La hidroeléctrica de Ituango en el nudo de Paramillo.
- La troncal del Llano que se uniría con la carretera Marginal
de la Selva para comunicar por tierra las fronteras venezolana
y ecuatoriana.
- En el Magdalena Medio: troncal del Magdalena, Troncal de la
paz, zona franca industrial fluvial-tecnológica y ambiental
y un puente entre Barranca y Yondó.
También se señalan como estratégicas las
zonas valoradas como corredores (tránsito de armas, paso
de ejércitos, circulación de ilícitos, etc)
entre ellas las fronteras; zonas para el repliegue de los grupos
armados y las aledañas a los centros de decisión
política. Indudablemente aquellos territorios ricos en
recursos minerales y energéticos (oro, esmeraldas, petróleo,
carbón, etc), son escenarios que convocan diversos intereses
y que se convierten inicialmente en zonas de disputa y luego en
territorio de dominio del ejército que haya logrado imponerse.
De otro lado, dentro de las estrategias de lucha antisubversiva
de militares y paramilitares, las zonas en donde tradicionalmente
se ubicó la guerrilla con sus respectivas "bases sociales
de apoyo" (muchas de ellas zonas estratégicas por
los aspectos mencionados anteriormente), han sido objeto de enfrentamientos
armados, pero fundamentalmente de acciones bárbaras contra
la población civil (hostigamientos, masacres, quemas, etc),
señalada como simpatizante, colaboradora o "guerrilleros
vestidos de civil". En este sentido, los territorios son
despoblados y repoblados al antojo de los actores armados. Las
acciones de expulsión no cesan sin embargo, pues las guerrillas
intentan volver a ganar el control de sus antiguas zonas y continuamente
despliegan acciones en este sentido.
3. Quiénes desplazan: Los actores e intereses detrás
de los grupos armados
Es común afirmar que el desplazamiento forzado es el resultado
del conflicto armado interno y de las estrategias violatorias
del DIH por parte de los actores armados, en este sentido, las
cifras oficiales (13) se reducen a indicar como responsables de
los desplazamientos a los paramilitares (45.67%), guerrillas (12.32%),
Fuerzas Armadas del Estado (0.65%), y el 19% restante a causa
de dos o más actores armados. Esta es sin embargo una verdad
a medias, sobre la cual es necesario brindar mayor claridad, pues
detrás de los grupos paramilitares con sus diversas expresiones
de ejércitos privados y sus discursos justicieros, se esconden
y defienden los intereses de grandes ganaderos, narcotraficantes,
capitalistas nacionales y de las transnacionales. Las acciones
de los paramilitares como se mencionó anteriormente, representan
o persiguen también una lucha antisubversiva, funcional,
complementaria o sustitutiva de la acción de los organismos
de seguridad y del ejército nacional (de ahí la
omisión, complacencia y colaboración de estos últimos).
(14)
En consecuencia ocasionan el desplazamiento guerrillas, militares,
paramilitares, ganaderos, narcotraficantes, esmeralderos, comerciantes,
empresas nacionales y transnacionales. Esta precisión permite
develar los nexos del desplazamiento forzado con los patrones
de acumulación de capital y entender la certera afirmación
de un analista colombiano en el sentido de que "
. no
hay desplazados porque hay guerra, sino que hay guerra para que
haya desplazados" (15).
4. Hacia dónde se desplazan: de desplazados a refugiados
Los desplazamientos forzados ocurren generalmente en las zonas
veredales, generándose en principio un éxodo hacia
las cabeceras municipales, de tal suerte que pequeños municipios
del país, registran crecimientos inusitados de población.
Sin embargo, el escalonamiento del conflicto obliga a que el éxodo
continúe hacía las grandes ciudades, donde son mayores
las posibilidades de anonimato.
En consecuencia, ciudades como Bogotá, Medellín,
Calí, Cartagena, Barranquilla, y en general las capitales
departamentales observan un proceso continuo de llegada de población
desplazada. Las cifras son tan alarmantes que logran incidir en
los niveles de desempleo, mendicidad y marginalización
de las ciudades.
La salida masiva o individual hacia las ciudades, no es sin embargo
la única forma de desplazamiento en Colombia, las comunidades
han generado formas de preservar la vida sin renunciar a sus territorios,
es el caso de algunas comunidades indígenas o de colonos,
los cuales huyen temporalmente internándose en la selva
o hacia las cabeceras municipales, hasta tanto disminuyan o cesen
los enfrentamientos u hostigamientos, para retornar y desplegar
estrategias de resistencia. Los procesos de resistencia, liderados
especialmente por las comunidades indígenas y negras, expresan
el significado que contiene el territorio para la existencia misma
de las comunidades y en este sentido su firme decisión
a luchar por lo que representa el derecho a la autonomía
y la vida misma.
Hay quienes han debido pasar las fronteras nacionales y convertirse
en refugiados, con grandes dificultades para adquirir este estatus,
debido a la estigmatización y discriminación de
que son objeto los colombianos, asociados por las autoridades
de los países vecinos con el narcotráfico y la subversión.
Ecuador, Venezuela, Panamá y en menor grado Perú
y Brasil se constituyen en los lugares de destino de cerca 49.545
colombianos, cifra acumulada desde el año 2000. Durante
el 2002, alrededor de 21.800 colombianos cruzaron las fronteras,
al menos 12.000 en Ecuador, 9.500 en Venezuela y 300 en Panamá.
(16)
La salida de los colombianos hacia los países vecinos,
se explica por el nuevo significado que las fronteras adquieren
en el contexto actual, "
la dinámica del conflicto
armado interno colombiano las ha convertido en sitios estratégicos
para el abastecimiento de los grupos armados al margen de la ley
y para el comercio de armas y droga. Esta situación ha
hecho que las comunidades que habitan en las cercanías
a las zonas de frontera sean fuertemente afectadas por la confrontación
armada de los diferentes grupos que buscan el control de estos
territorios". (17)
En consecuencia, son miles los colombianos que han debido huir
a los países vecinos, a muchos de ellos se les han violado
sus derechos, han sido maltratados, y algunos han sido repatriados
a la fuerza o con engaños. (18) Los testimonios de colombianos
en estos países dan cuenta de la falta de atención
de los gobiernos de los países vecinos, cuando no del maltrato
que ejercen sobre ellos las autoridades militares, desconociendo
principios y disposiciones del derecho internacional de los refugiados
y del derecho internacional de los derechos humanos.
5. El contexto de la seguridad democrática: soldados
campesinos, retornos forzados, ciudadanos informantes e impunida
Si bien la reflexión presentada da cuenta del fenómeno
en las dos últimas décadas, es claro, que las perspectivas
plantean hondas preocupaciones, pues los datos señalan
que el fenómeno crece de manera contundente, aunque todas
las cifras oficiales demuestren que la violencia disminuye (violencia
expresada en número de secuestros, atentados terroristas,
masacres e incursiones armadas).
De otro lado, las perspectivas de un proceso de negociación
del gobierno con los grupos paramilitares, para su desmovilización
y reinserción, a cambio de procesos que terminan resarciendo
a los victimarios y no a las víctimas, bajo el argumento
perverso que confunde justicia con venganza, le depara al país,
otros costos derivados de las cadenas de odios, venganzas y retaliaciones
ha que dan lugar los procesos de impunidad.
La política de seguridad democrática, luego de
un año de ejercicio presidencial, muestra el afianzamiento
de los modelos excluyentes y antidemocráticos que han estado
a la base de la violencia. La inversión militar y el fortalecimiento
de las medidas de seguridad se imponen sobre las demandas de inversión
social, agudizándose la situación de pobreza en
el país.
La retórica antiterrorista, enmarcada en la política
externa de los EE.UU, y las presiones sobre los militares para
mostrar resultados inmediatos, deviene en una persecución
arbitraria, en una cacería de brujas, de la que no están
exentos, funcionarios públicos, obispos, religiosos, maestros,
estudiantes, alcaldes y mucho menos líderes sociales y
defensores de derechos humanos. Las estrategias relacionadas con
las "zonas de rehabilitación", los soldados campesinos
y las redes de informantes, definidas como las innovaciones del
"Estado comunitario y de la seguridad democrática",
terminan por borrar los límites entre población
civil y combatiente y finalmente por obligar a la población
civil ha inmiscuirse y participar activamente de la guerra.
Asistimos por tanto, a la continuidad del desplazamiento forzado
de la población campesina y al incremento de los procesos
de expulsión por amenazas y atentados (en calidad de desplazados,
refugiados o exilados) de líderes sindicales, educadores,
funcionarios públicos, en un contexto nacional de absoluta
precariedad para la atención y protección de esta
población y un escenario internacional cada vez más
hostil para los mismos.
Al asumir el desplazamiento forzado desde esta perspectiva, se
comprende por qué para la prevención y reducción
del mismo las medidas asistenciales o militares encaminadas a
desplegar ejércitos y soldados campesinos en las zonas,
se quedan cortas. Si se pretende frenar esta tragedia, es necesario
afectar los factores mencionados, lo cual supone contemplar acciones
que van desde el control de los procesos de comercialización
de la tierra de los desplazados y de regulación de la guerra
acorde al DIH, hasta replantear y reorientar el modelo de desarrollo
del país y su inserción en la lógica de acumulación
global, sobre la base de una propuesta que privilegie el respeto
por la cultura, la identidad y la integridad de las comunidades
por encima de los intereses de terratenientes y del capital nacional
y transnacional. Se trata entonces, de un proceso complejo y no
libre de contradicciones que no surge de la voluntad política
de los gobiernos, sino de la capacidad organizativa de la población
y de la adhesión a este propósito de sectores del
país para quines cada día es más claro que
la viabilidad de nuestra nación depende de la transformación
de los modelos e incluso del desacato a las "formulas y recomendaciones"
foráneas que prometían y prometen ajustes, dolor
y sacrificio en función de un postergado bienestar que
solo se ha traducido en desarraigo, muerte y pobreza para la mayoría
de la población y que no aseguran sino desolación
para las generaciones futuras.
Anexos
Tabla No 1
|
Cultivo
|
1990
|
1997
|
Crecimiento anual
|
| Arroz |
521,1 |
390 |
-4.1% |
| Papa |
161,4 |
166,8 |
0.5 |
| Maíz |
836,9 |
573,4 |
-5.4 |
| Vegetales |
87,6 |
95,8 |
1.3 |
| Algodón |
200,5 |
61,3 |
-16.9 |
| Sorgo |
273,0 |
102,6 |
-14.0 |
| Soya |
116,2 |
43,5 |
-14.0 |
| Fríjol |
164,2 |
135,3 |
-2.8 |
| Trigo |
56,7 |
23,6 |
-12.5 |
| Cebada |
54,3 |
9,6 |
-24.8 |
| Caña de azúcar |
114,8 |
168,3 |
5.5 |
| Plátano |
344,8 |
379,1 |
1.4 |
| Caña de panela |
199,6 |
209,9 |
0.7 |
| Yuca |
207,3 |
181,8 |
-1.9 |
| Banano |
32,4 |
42,0 |
3.7 |
| Cacao |
120,7 |
109,6 |
-1.4 |
Fuente Departamento Nacional de
estadísticas DANE
Áreas cultivadas (Miles de hectáreas)
Tabla No 2
Estructura de la propiedad por tamaños.
Colombia 1984-1996. Porcentajes
|
Tamaños
|
Predios 1984
|
Superficie 1984
|
Predios 1996
|
Superficie 1996
|
| Pequeña |
89.92
|
23.15
|
91.11
|
21.40
|
| Mediana |
8.68
|
30.50
|
7.81
|
24.80
|
| Grande |
1.40
|
46.35
|
1.08
|
53.80
|
| TOTAL |
100.00
|
100.00
|
100.00
|
100.00
|
Fuente: MACHADO, Absalón (2003) Tenencia
de tierras, problema agrario y conflicto. Ponencia presentada
en la cátedra "Desplazamiento forzado en Colombia".
Universidad Nacional de Colombia.
Tabla No 3.
Cifras sobre desplazamiento forzado en Colombia - contratación
de fuentes
|
Año
|
CODHES
|
S.U.R
|
| Hasta 1998 |
1.555.000
|
45.800
|
| 1999 |
288.000
|
25.216
|
| 2000 |
317.375
|
266.605
|
| 2001 |
341.925
|
322.104
|
| 2002 |
412.553
|
365.961
|
| 2003 ene- abr |
n.d
|
53.332
|
| Acumulado |
2.914.853
|
1.079.080
|
CODHES: Consultoría para los derechos humanos
y el desplazamiento.
SUR: Sistema único de registro. Desplazados inscritos en
la Red de Solidaridad Social.
Fuente: Informe del Representante del Secretario General de las
Naciones Unidas sobre Desplazamientos Internos. Resolución
1999/47 de la Comisión. "Misión de Seguimiento
enviada a Colombia". E/CN.4/2000/83/Add.11. 11 de enero de
2000.
Notas
1. Sin embargo el desplazado sólo existe como tal para
el Estado desde 1995, antes se le invisibilizaba con la política
para migraciones por razones económicas del gobierno Barco
Vargas (1986-1990) o se le asimilaba a los damnificados por desastres
naturales en el gobierno Gaviria Trujillo (1990-1994). En el ano
1997 se expide la ley 387 donde se establece que: Es desplazado
toda persona que se ha visto forzada a migrar dentro del territorio
nacional, abandonando su localidad de residencia o actividades
económicas habituales, porque su vida, su integridad física,
su seguridad o libertad personales han sido vulneradas o se encuentran
directamente amenazadas, con ocasión de cualquiera de las
siguientes situaciones: Conflicto armado interno, disturbios y
tensiones interiores, violencia generalizada, violaciones masivas
de los Derechos Humanos, infracciones al Derecho Internacional
Humanitario u otras circunstancias emanadas de las situaciones
anteriores que puedan alterar o alteren drásticamente el
orden público.
2. El modelo neoliberal exige una infraestructura que el país
apenas empieza a construir a unos costos sociales y económicos
aún no calculados: puertos y aeropuertos, vías troncales
nacionales y regionales, zonas francas, plantas eléctricas,
sistemas de comunicación y equipamientos urbanos para servicios
de punta.
3. Ver Tabla No 1
4. Departamento Nacional de Planeación, DNP. La paz: el
desafío para el desarrollo. (1998) Tercer Mundo, Bogotá.
5. Los procesos de adecuación de la tierra al capital y
a las necesidades del narcotráfico, dejan como resultado
la consolidación de los patrones de concentración
de la tierra, con profundas implicaciones sociales, económicas
y ambientales, y configurando, lo que algunos analistas denominan
como procesos de descampesinización y relatifundización.
Ver Tabla No 2
6. A pesar de las contradicciones frente al número de personas
desplazadas en las dos fuentes más reconocidas, la de CODHES
y la Red de Solidaridad Social, nadie duda de la magnitud y tendencia
creciente del fenómeno. Ver Tabla No 3
7. Comunidades como Mapiripan (Meta), Bojayá (Choco), El
Naya (Cauca), El Chengue (Sucre), Trujillo y Segovia (Valle),
cobraron existencia para la mayoría de los colombianos
a partir de las cruentas masacres que allí han ocurrido,
sólo en estos momentos aparecieron en los medios de comunicación.
8. BELLO, Martha Y PENA, Nayibe (2000) Migración y desplazamiento
forzado: de la exclusión a la desintegración de
las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas.
Mimeo. Universidad Nacional de Colombia.
9. Consultaría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento,
CODHES, Boletín Número 44, Bogotá, 28 de
abril de 2003.
10. Balance de las políticas de atención a la población
desplazada 1998-2002. Red de Solidaridad Social.
11.SUAREZ, Harvey (2002) Aplazados y desplazados. Violencia, guera
y desplazamiento: El trasfondo cultural del destierro y la exclusión.
En "Destierros y desarraigos". CODHES, OIM,
12.Ampliar información al respecto en la revista Éxodo
número 9 (1999) y URIBE de HINCAPIE, María Teresa
(Directora de la Investigación) (2000). "Desplazamiento
forzado en Antioquia. tomo 0, aproximaciones teóricas y
metodológicas al desplazamiento de población en
Colombia". Secretariado Nacional de Pastoral Social, Conferencia
Episcopal Colombiana, Bogotá.
13 Red de Solidaridad Social. Sistema de Estimación del
Desplazamiento Forzado por Fuentes Contrastadas.
14. Durante el año 2001, la Oficina continuó observando
la consolidación y propagación del fenómeno
paramilitar en gran parte del territorio nacional y percibiendo
la limitada eficacia de los instrumentos aplicados para prevenir
su actuación, contener su avance y responder a sus agresiones,
así como el compromiso inconsistente del Estado en este
combate. Los miembros de los grupos paramilitares no sólo
siguen siendo los principales responsables del incremento de las
violaciones de los derechos humanos, sino que contribuyen poderosamente
a la degradación del conflicto con el empleo sistemático
de la violencia y el terror contra los miembros de la población
civil en las zonas bajo su control y en los lugares afectados
por sus incursiones. La tolerancia, apoyo o complicidad de servidores
públicos y el incumplimiento del deber de garantía
en varias de las actuaciones de estos grupos hace que sigan comprometiendo
la responsabilidad estatal. (Oficina del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos - OACNUDH)
15. Rojas citando a Héctor Mondragón "Relatifundización,
megaproyectos y campesinos en Colombia" en CODHES, 2000,
Seminario internacional desplazamiento, conflicto, paz y desarrollo
(Ponencias en mimeo y fotocopia).
16. Consultaría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento,
CODHES, Boletín Número 44, Bogotá, 28 de
abril de 2003.
17. Informe Defensorial conjunto sobre la devolución de
la republica de panamá de 109 personas de nacionalidad
colombiana.
18. El caso más reciente de cuenta de devolución
de 109 colombianos, que se encontraban en la localidad de Punuza
en territorio panameño, a Sapzurro, Colombia.
* Martha Bello.
Trabajadora social. Master en Ciencias Políticas. Candidata
a master en Investigación interdisciplinaria. Profesora
Asociada de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.
Autora de diversos libros sobre desplazamiento forzado desde la
perspectiva psicosocial. Ponencia
presentada en la Conferencia regional "Globalización,
migración y derechos humanos", organizada por el Programa
Andino de Derechos Humanos, PADH. Quito - Ecuador. Septiembre
16, 17 y 18 de 2003.
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