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El mes de octubre en Venezuela, desde una lectura
de los derechos humanos, estuvo marcado por las constantes críticas
del presidente Hugo Chávez al Sistema Interamericano de
Derecho Humanos, así como de decisiones judiciales y legislativas
que minan la independencia del poder judicial y el allanamiento
del camino electoral para la realización de un referendo
que podría revocarle el mandato al jefe de Estado venezolano.
Diversas organizaciones de derechos humanos del país han
expresado su preocupación por la cadena de señalamientos
públicos del presidente Chávez, especialmente contra
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH),
incluso con palabras insultantes contra algunos de sus miembros.
Este discurso desde la posición de poder se une a la falta
de cumplimiento del Estado venezolano de las decisiones de los
órganos del Sistema Interamericano. Todo ello podría
encontrar "respaldo jurídico" en la sentencia
1942 del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), emitida el 15 de
julio de este año, y en la cual además de cuestionar
las medidas cautelares de la CIDH y las medidas provisionales
de la Corte IDH, se establece que el Estado no esta obligado a
cumplir las recomendaciones de la CIDH y que las sentencias de
la Corte IDH no surten efectos en Venezuela en caso de que las
mismas no sean conformes al derecho interno. Todo esto, sin duda
alguna, contraviene los compromisos adquiridos por el Estado venezolano
en materia de derechos humanos, los cuales adicionalmente fueron
refrendados explícitamente en la Constitución Bolivariana
de 1999, que el propio presidente Chávez impulsó.
Del mismo modo, están en marcha decisiones que constituyen
una seria amenaza para la independencia del poder judicial. La
Inspectoría General de Tribunales y la Comisión
de Funcionamiento y Reestructuración del Sistema Judicial
decidieron la destitución de cuatro magistrados de la Corte
Primera de lo Contencioso Administrativo, mientras que el quinto
se jubiló, lo cual allanó el caminó para
una decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para
la eliminación de ese tribunal y la creación de
dos cortes. El nombramiento o destitución de estos magistrados
era exclusiva competencia del TSJ. La corte suprimida constituía
el segundo tribunal en importancia del país, después
del TSJ, y ya el 18 de septiembre pasado se vivió un hecho
inédito con su allanamiento por instrucciones de dos fiscales
del Ministerio Público, en relación con el presunto
traslado irregular de un expediente, en un caso que posteriormente
el TSJ indicó que no existía ilícito. Medios
de prensa en Venezuela han recordado que la Corte Primera, que
se encargaba de controlar la legalidad de los actos administrativos
del Estado sin rango ministerial, en los últimos meses
había revertido judicialmente decisiones tomadas por funcionarios
gubernamentales en diversas materias, que estaban en el centro
del polarizado debate político.
Del mismo modo, la fracción legislativa de partidarios
del presidente Chávez, con mayoría simple en la
unicameral Asamblea Nacional, insiste en la aprobación
de una nueva ley para el TSJ. Este nuevo instrumento legal aumentaría
de 20 a 32 los magistrados del máximo tribunal venezolano,
en una decisión que tiene básicamente matices políticos.
Por otro lado, el nombramiento y remoción de los magistrados
dejaría de requerir una mayoría calificada de tres
cuartas partes, para ser por mayoría simple. De aprobarse
una ley de esta naturaleza se colocaría en una situación
frágil a los máximos jueces del país, lo
cual repercutiría en su independencia.
Finalmente, el mes de octubre resultó decisivo en un allanamiento
de la ruta electoral en Venezuela. Por un lado se fijaron las
fechas para la recolección de firmas, tanto a gobierno
como oposición, que servirán para respaldar la solicitud
de referendos revocatorios. En el centro de todo este proceso
está la posibilidad que una vez sean recolectadas las firmas
en la última semana de noviembre, a fines de marzo -si
se cumplen los lapsos- se realice un referéndum que podría
revocarle el mandato al presidente Chávez, una situación
inédita en el sistema político venezolano. El Consejo
Nacional Electoral, por otro lado, dejó sin efecto decenas
de solicitudes de consultas contra gobernadores y alcaldes, debido
a que a mediados del año entrante se efectuarán
elecciones para esos cargos. Además del referendo en torno
al jefe de Estado, también están previstas consultas
sobre la permanencia de diputados nacionales. Algunos analistas
políticos vienen insistiendo en la necesidad, dada la persistente
polarización política en Venezuela, de que se alcance
un acuerdo político para darle un piso de gobernabilidad
al país, cualquiera sea el resultado de la consulta presidencial.
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