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Los movimientos sociales en el Ecuador,
buscan constituirse en un espacio confrontativo al sistema hegemónico
dominante, y alternativo en la construcción de una nueva
propuesta política que democratice la sociedad y les permita
participar de manera real.
La sociedad ecuatoriana en los últimos
veinte años, ha sido prisionera de las luchas y conflictos
de poderes entre los sectores de la oligarquía del Ecuador
por el reparto de las empresas estatales de mayor rentabilidad.
Estos conflictos han abonado para que las instituciones del estado
y la aparente democracia se deteriore, y sean los movimientos
sociales los que realicen propuestas de reformas institucionales
que permitan revitalizar la democracia y buscar una participación
adecuada del conjunto de la sociedad, es decir, a través
de sus propuestas políticas se encuentran en un proceso
de edificar una Hegemonía política que permita la
participación, y consolide la propuesta política
de interculturalidad y revitalización identitaria.
Antecedentes
La historia ecuatoriana y el establecimiento de la democracia
formal a finales de la década de los setenta, permite ubicar
que la sociedad es pensada desde la lógica de la democracia
formal, es decir, de una democracia que no permite una participación
del conjunto de la sociedad y responde a una lógica de
poder que busca someter al conjunto de la sociedad al proyecto
modernizante.
Este proceso democrático sienta las bases pantanosas y
conflictivas que ubicamos en las últimas décadas.
Pero es esta conflictiva la que ha permitido el surgimiento de
actores políticos que han cuestionado el orden establecido
y a su vez ha realizado propuestas de reforma al sistema.
Este ensayo realiza un recorrido de las décadas de los
setenta, ochenta donde los sindicatos son los principales actores
políticos y confrontativos de la sociedad, pero el proceso
de desindustrialización, la flexibilización laboral
y políticas de ajuste neoliberal, deterioran el accionar
político de estas organizaciones y permiten la insurgencia,
en los años noventa de nuevos actores sociales en especial
del Movimiento Indígena, representado en la CONAIE.
En la década de los ochenta, el gobierno ecuatoriano adopta
como parte importante su gestión, las políticas
neoliberales que inundaron el Continente con fuerza en estos años,
ocasionando crisis económicas y el deterioro del nivel
de vida. La presencia del neoliberalismo, debilitó los
movimientos sindicales desestabilizando los lenguajes de protesta,
dejando a estos movimientos a merced de otros agentes en especial
de los partidos políticos socialdemócratas y populistas.
El boom petrolero que hizo posible una aparente transformación
social en el país, permitió que la economía
en este período se produzca cambios en toda la estructura
de la sociedad y sobre todo en las instituciones del Estado. Esta
situación que repercute en la sociedad civil da lugar a
que las ciudades pasen a ser el escenario de acción de
los nuevos actores sociales afianzados en los sindicatos, pero
a su vez la riqueza del país y la falta de políticas
coherentes con el desarrollo no permitió que se elimine
la pobreza. El boom petrolero y el despilfarro de sus recursos
por parte del aparato estatal llegan a sus límites cuando
cambian las condiciones económicas mundiales y los precios
de éste producto se deterioran.
De todas manera el petróleo permitió el desarrollo
de algunos sectores de la industria que amparados en el modelo
de sustitución de importaciones tuvieron pocos años
de auge. El regreso a la democracia se vio enfrentado con la llamada
crisis de la caída de los precios del petróleo y
a las presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) que exigían
el pago de la deuda externa.
El ajuste económico obligó a que se detenga el
proceso industrial que tenía al Estado como su garante
principal en la inyección de recursos. Según Barrera
a partir de la década los ochenta, se hace evidente el
desfase del régimen político heredado por el intento
desarrollista y las nuevas exigencias para insertarse en el mercado
mundial, es decir, no se logra construir una sinergia entre las
necesidades de nuevas políticas y la inserción al
modelo neoliberal.
Para Pablo Andrade, el regreso a la democracia marca una nueva
forma de sociedad y un rompimiento con el antiguo régimen
oligárquico. El discurso de la sociedad democrática
busca institucionalizar el imaginario de sociedad ideal, ante
esta situación las organizaciones sociales buscan construir
una estructura política acorde a dicha época. El
papel del Estado en la constitución de una cultura política,
es el de organizar a la sociedad de manera adecuada.
Los sindicatos buscan ser y son los actores que confrontan al
régimen establecido, pero no recogen las necesidades de
otros sectores de la sociedad, sus reivindicaciones se quedan
en el ámbito de lo laboral. La hegemonía y la identidad
política que buscan construir los sindicatos, no representan
a los otros sectores subalternos de la sociedad.
El fortalecimiento del proletariado se expresa más en
el sentido de alianza entre las principales centrales sindicales
del país que conforman el Frente Unitario de Trabajadores
(FUT) y pasan a ser el principal grupo social de los sectores
subalternos que son hasta 1.985 los protagonistas de las luchas
populares.
Los trabajadores o el proletariado como se les conocía
se estructuran bajo los preceptos políticos unilineales
del Marxismo, que ubican a la clase obrera como el sujeto político
que debe realizar las transformaciones sociales, es decir, no
se considera a otros actores de la sociedad que estén por
fuera de la categoría de la vanguardia proletaria. Los
indígenas entran en la categoría de campesinos proletarios,
sus elementos culturales no eran tomados en cuenta, la lucha marxista
era contra las estructuras económicas y no por los derechos
identitarios y colectivos de los otros sectores sociales.
La caída del régimen socialista profundiza la crisis
de las ya cuestionadas estructuras sindicales, que entrampadas
en una lógica gremial no permiten la real participación
de otros actores sociales. Su estructura vertical en la toma de
decisiones y las luchas, únicamente por sus reivindicaciones,
alejan a los sindicatos de los sectores populares y su presencia
política pierde credibilidad en la sociedad.
Las políticas de ajuste social no solamente hacen evidente
el interés de las de las clases dominantes ecuatorianas
en la acumulación de las riquezas, sino que además
buscan transformar el fundamento social y cultural que les permite
mantenerse en movilización política.
En este contexto surgen nuevos actores sociales (jóvenes,
mujeres, CEBs, ecologistas y organizaciones indígenas),
que sustentan su organización en elementos identitarios
sectoriales que sin alejarse de las confrontaciones por transformar
la estructura de la sociedad, establecen su ámbito de lucha
a partir de la identidad. La cultura así "es el nuevo
dispositivo que promueve la resistencia" (Castro-Gómez
740) por los derechos al reconocimiento de las identidades grupales.
Pero el reconocimiento no se queda únicamente en la aceptación
sino en la exigencia a construir espacios de participación
y a la búsqueda del reparto equitativo de la riqueza. Dentro
de estos nuevos actores el movimiento indígena se convierte
en el nuevo protagonista del proceso.
El elemento fundamental que mueve a estos actores no es la esfera
de una cultura homogénea sino la diversidad, este elemento
cultural es como dice Guerrero una dimensión política
que atraviesa a todas las instituciones económicas, políticas
y sociales. Es un conjunto de prácticas materiales que
constituyen nuevos significados, valores y subjetividades. La
cultura (1) así, es un proceso histórico es decir,
sigue siendo un espacio de ejercicio de poder que mantiene la
fuerza persistente de las diferencias culturales, a pesar de la
globalización.
La cultura como dice Escobar, es política, porque los
significados son elementos constitutivos de procesos que implícita
o explícitamente buscan dar nuevas definiciones de poder
social.
Si bien este sector en alianza con otros actores de la sociedad
le ha dado dinamismo a la política, -que como la entiende
Mouffe es el establecimiento de un orden que organiza la coexistencia
humana en condiciones que son siempre conflictivas pues están
atravesadas por lo político (dimensión del antagonismo
y de hostilidad que existe en las relaciones humanas. Antagonismos
que expresan la diversidad de las relaciones humanas (Mouffe 14))-
, y a todas las relaciones sociales del país, en su discurso
se presentan como actores hegemónicos y podríamos
decir, que son el principal grupo político de la sociedad.
Movimientos sociales como poder alternativo
Para Foucault solo existe un sujeto social cuando busca confrontar
el poder establecido, es decir busca transformarlo. Esta dinámica
de acción política nos permite ver que la emergencia
del movimiento indígena "no se trata únicamente
del surgimiento de antiguas identidades sojuzgadas y sometidas
por la modernidad, sino de la emergencia de nuevas identidades
sociales" (Iturralde, 26). El movimiento indígena
con la revitalización de formas organizativas ancestrales;
como la comuna, pasan a ser los protagonistas políticos
principales y su revitalización se enmarca en estrategias
políticas culturales.
En estos sectores la cultura política es entendida como
una construcción social peculiar, de aquello que cuenta
como político en toda la sociedad, es decir, es el ámbito
de las prácticas y las instituciones conformadas a partir
de la totalidad de la realidad social que históricamente
llegan a ser consideradas como apropiadamente políticas.
Los movimientos sociales, en este sentido construyen estrategias
como entiende De Certeau, organizadas por principios de poder.
Las acciones del movimiento indígena y de los otros sectores
sociales, buscan constituir un nuevo poder, que de cuenta de las
necesidades de los sectores más excluidos. Según
Foucault, el nuevo poder se constituye en la confrontación
de acciones que obligan a uno de los actores a retroceder y dejar
espacio al otro.
De esta manera el movimiento indígena y otros actores
sociales si bien se constituyen en actores contestarios, al ser
constructores de estrategias buscan establecer un nuevo poder
desde la perspectiva social. El protagonismo del movimiento indígena,
y su lucha en el campo del derecho(2) les convierte a partir de
los 90 en actores principales que dinamizan a las otras organizaciones
sociales y construyen nuevos códigos culturales, nuevas
reinterpretaciones discursivas y nuevos espacios políticos.
Los movimientos sociales se constituyen también a partir
de exigencias materiales y exigencias de participación
política expresadas en el campo de las relaciones sociales
que a su vez, redefinen estos espacios. Los movimientos sociales
buscan mostrar que sus luchas están conformadas por gente
pobre y marginal y su principal objetivo es la lucha por instituir
un nuevo tipo de derechos con dignidad y una nueva forma de entender
la ciudadanía, a partir de este proceso construyen o entretejen
el nuevo sentido de lo cultural y la política.
Para los movimientos sociales la construcción de identidades
nuevas y de resistencia es necesaria en la lucha política
para transformar la sociedad. Los movimientos de jóvenes,
organizaciones indígenas y de mujeres ponen en acción
fuerzas culturales en su accionar contra los sectores dominantes.
Estos actores populares se movilizan colectivamente a partir de
conjuntos muy diferentes de significados e intereses pero, logran
cohesionarlos en una propuesta política colectiva.
Estas acciones protagonizadas contra el modelo y las estructuras
económicas predominantes, deben ser entendidas como acciones
colectivas "la acción colectiva entendida como acción
estratégica
, y cálculos de intereses grupales,
producidas en torno a específicas relaciones de poder"
(Barrera, 3).
Los actores sociales de los años 90 teniendo como elemento
principal al movimiento indígena, establecen un entramado
de relaciones, buscan dar salidas y construir propuestas ante
los conflictos que están presentes en la sociedad. Los
movimientos sociales son la expresión de las necesidades
de relaciones entre los distintos actores sociales que llegan
a acuerdos para confrontar el poder establecido. Sus luchas, ya
no solo implican a un sector, sino al conjunto de la sociedad
"el conflicto social y político no solo se remite
a las -macroestructuras- sociales; atraviesa y moldea todos los
niveles de la complejidad social -lo meso- y lo -micro-"(op,cit
4).
Las acciones conjuntas de esta red de actores permiten el surgimiento
de interacciones estratégicas cuyo sentido no debe detenerse
en la conquista de intereses específicos, sino, que entre
sus objetivos deben constar la construcción de nuevos códigos
culturales y simbólicos que definen la identidad colectiva
de los sujetos, al interrelacionarse y crear propuestas colectivas,
que implican al conjunto de la sociedad y dan el salto en la constitución
de movimientos sociales o sujetos políticos que articulan
el pasado con el presente.
La constitución de un sujeto político, implica
"la posibilidad de constituirse en sujeto de su emancipación,
es siempre una lucha respecto a la totalidad del campo histórico
de un complejo institucional y de actores que conformen ese campo
y lo signifiquen según sus orientaciones, pero además,
es una lucha contra si mismos, en la medida que afirmándose
desde la exterioridad tienen que resistir a una articulación
pasiva (o puramente defensiva) en su entorno y visibilizar una
articulación política amplia a través de
nexos de sentido con pretensiones hegemónicas"(op,cit
6).
La noción de movimientos sociales tiene sentido si permite
ubicar las acciones de otros sectores en acciones colectivas y
esto sucede en el instante que estos sectores se proponen construir
una hegemonía cultural y se articulen a través de
procesos políticos culturales que armonicen la participación
ciudadana con las luchas político - reivindicativas, lo
institucional y lo extra institucional.
Siguiendo a Touraine, diremos que los actores sociales se convierten
en movimientos sociales cuando cuestionan las orientaciones generales
de la sociedad o de manera más clara, las orientaciones
de los grupos que controlan el poder de la sociedad ya establecida
"un movimiento social, es mucho más que un grupo de
interés o un instrumento de presión política;
pone en cuestión el modo de utilización social de
recursos y los modelos culturales" (Touraine, 100).
Los movimientos sociales se constituyen en sujetos políticos
cuando entran en conflicto con el orden establecido "por
un lado contra la lógica del mercado y por otro, contra
los poderes locales", es decir, son portadores de nuevos
proyectos sociales y culturales que no solo se preocupan por los
requerimientos económicos, sino, que deben buscar establecer
nuevas formas en los derechos en la sociedad.
El Movimiento Pachakutik, como una nueva expresión de
los movimientos sociales, se ha apropiado de lo residual -entendido
como todo aquello que no está en el Estado y en el mercado
de manera hegemónica- es decir, se ha apropiado y ha revitalizado
sus espacios ancestrales. Espacios que han permitido la producción
de significados sobre la cultura política y la democracia
cambiando las relaciones de poder minadas por el autoritarismo.
En este contexto, los movimientos sociales deben convertirse
en los gestores de la nueva democracia, que obliga a superar la
noción de -gobernabilidad- entendida como la ingeniería
institucional que busca afianzar la democracia representativa
y olvidarse de cambiar las verdaderas estructuras de poder establecidas,
que no permiten una adecuada repartición de la riqueza
y se excluye a la mayoría de la población.
Esto no quiere decir que la lucha de los movimientos sociales
sea un rechazo a todo lo institucional, sino que su lucha también
debe ser el propender cambiar estas instituciones. No deben quedarse
enquistados en las instituciones del Estado sino construir nuevas
redes que permitan intercambiar e infundir nuevos significados
a la política y al quehacer de la política.
Los movimientos sociales deben entender que la democracia es
una construcción social, y sus acciones políticas
deben ser una nueva forma de entender y construir la democracia.
Sus planteamientos han permitido evidenciar que la sociedad ecuatoriana
es una sociedad racista, pero sobre todo las estructuras sociales
y los pilares sobre los que se asienta la democracia, no permiten
la participación de la mayoría de la sociedad.
Los movimientos sociales como actores colectivos y con capacidad
de movilización se integran a una reinterpretación
simbólica y a partir de este elemento sus acciones se enmarcan
en una nueva perspectiva política. Melucci, reconoce a
los movimientos sociales cuando tienen ciertas características
"a) cuando se trata de una forma de acción colectiva
que implica la existencia de la solidaridad entre sus componentes.
b) está implicado en el conflicto y de ésta manera
está en oposición a un adversario. c) sus objetivos
rompen los límites de compatibilidad de un sistema, presionando
sobre los límites de la tolerancia y empujando al sistema
más allá del nivel de cambios que podría
aceptar sin alterar su estructura" (Melucci, 4).
Su posibilidad de convertirse en sujetos emancipatorios está
en buscar transformaciones culturales y estructurales de la sociedad,
no es posible pensar en movimientos sociales que se preocupen
en luchas parciales de un sector. La lucha es por transformar
el orden establecido. Los nuevos actores políticos del
Ecuador han provocado cambios y han ampliado la democracia. Si
bien los cambios no se ha producido en toda la estructura social,
las élites que controlan la economía, hasta la actualidad
no logran dar salidas y romper el sentido de la democracia formal.
Pero los movimientos sociales no solo deben quedarse en ampliar
la democracia, sino, repensar la democracia y la participación.
La lucha política de estos sectores debe romper el autoritarismo
social, el racismo establecido y la injusta distribución
de la riqueza. Su lucha es por el derecho a tener derechos, es
constituir una cultura política desde la acción
social, desde la participación, es pensar en una nueva
forma de entender la ciudadanía, como una categoría
que implique igualdad en la diversidad.
Construir un nuevo poder es pensar que "el otro es el origen
de mi responsabilidad" (Derrida, 5). Así, construir
un proceso hegemónico entre los sectores sociales es pensar
en la relación entre lo político, la política,
lo económico y la producción simbólica. Solo
a partir de pensar en estos elementos podremos decir que estamos
construyendo un nuevo sentido de poder.
Los movimientos sociales al construir nuevos espacios públicos,
no únicamente el espacio público estatal, permiten
establecer nuevos escenarios discursivos donde se producen contradiscursos
con el fin de formular oposiciones de sus identidades, intereses
y necesidades.
Deben plantearse la posibilidad de ampliar las redes y los cabildeos
con otros actores que pueden ser aliados políticos. El
sentido del cabildeo también es una forma de escarbar los
intersticios del poder tradicional. Aquí, estamos construyendo
la democracia, el nuevo sentido de ciudadanía, el nuevo
sentido de cultural política y un movimiento político
hegemónico.
Conclusiones
Esta falta de construcción de un sentido real de hegemonía
ha permitido que prevalezcan las contradicciones entre los actores
sociales y que se principalicen las luchas reivindicativas de
cada uno de los sectores.
Al Movimiento Pachakutik le quedan retos de trascender de un
simple actor político que actúa en el ámbito
institucional estatal tradicional, y estructurar nuevas redes
de democracia participativa.
Por otra parte debe trascender y diferenciar lo que es la lucha
política institucional y la lucha política reivindicativa,
es decir repensar la relación entre lo social y lo político.
La democracia y la participación, si bien son los pilares
del movimiento Pachakutik, deben encarnar en una acción
colectiva, es decir no quedarse4 en el discurso, se debe dar el
salto del discurso a la práctica política. Es un
reto pasar del discurso a la construcción de derechos de
equidad en la economía.
La democracia que piense en la sociedad de manera colectiva y
participativa, nos permitirá mirar que la seguridad, no
es un problema violencia e incremento policial y castigo, sino,
es un problema de pobreza, y que se debe pensar en permitir la
seguridad a la vida, la participación y la seguridad alimentaría.
Es necesario que entendamos que la política es el arte
de armonizar los conflictos y debemos pensar en el otro, no en
el sentido de la eliminación, sino en el sentido de la
participación y de las relaciones interculturales que deben
ser construidas en la sociedad.
La interculturalidad es una propuesta política que nos
permite mirar al otro y conjuntamente con los otros construir
una democracia equitativa, es pensar en edificar nuevos significados,
es pensar el poder y el cambio social desde una nueva cultura
política.
Bibliografía
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14. TOURAINE, Alain. De la Mañana de los Regímenes
Nacionales Populares a la Víspera de los Movimientos Sociales.
http//lasa.international.pitt.edu/touraine.htm
Notas
1. La cultura es entendida como el proceso colectivo, permanente
de producción de significados que moldea la experiencia
social y configura las nuevas relaciones sociales.
2. "a) Reconocimiento constitucional de la existencia de
los pueblos indígenas como sujetos de la nación.
b) Establecimiento del derecho para disponer de medios materiales
y culturales para su reproducción. c) Derecho al desarrollo
autogestionado de los pueblos y una mayor participación
en el desarrollo nacional. d) Establecimiento de formas jurídicas
y políticas que permitan los derechos antes señalados"
Iturralde, 24.
*Ricardo Carrillo.
Antropólogo ecuatoriano. Master en Estudios Latinoamericanos.
Activista político ligado al Movimiento Pachakutik. Docente
de la Escuela de Antropología Aplicada de la Universidad
Politécnica Salesiana. Ponencia presentada en la Conferencia
regional "Movimientos sociales, políticas de seguridad
y democracia", organizada por el Programa Andino de Derechos
Humanos, PADH. La Paz-Bolivia, mayo 27 y 28 de 2003.
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