Programa Andino
de Derechos Humanos

 

Análisis sobre Movimientos Sociales, Políticas de Seguridad y Democracia


Movimientos sociales y hegemonía


Ricardo Carrillo*

Contenido
Antecedentes
Movimientos sociales como poder alternativo

Conclusiones



Los movimientos sociales en el Ecuador, buscan constituirse en un espacio confrontativo al sistema hegemónico dominante, y alternativo en la construcción de una nueva propuesta política que democratice la sociedad y les permita participar de manera real.

La sociedad ecuatoriana en los últimos veinte años, ha sido prisionera de las luchas y conflictos de poderes entre los sectores de la oligarquía del Ecuador por el reparto de las empresas estatales de mayor rentabilidad. Estos conflictos han abonado para que las instituciones del estado y la aparente democracia se deteriore, y sean los movimientos sociales los que realicen propuestas de reformas institucionales que permitan revitalizar la democracia y buscar una participación adecuada del conjunto de la sociedad, es decir, a través de sus propuestas políticas se encuentran en un proceso de edificar una Hegemonía política que permita la participación, y consolide la propuesta política de interculturalidad y revitalización identitaria.


Antecedentes
La historia ecuatoriana y el establecimiento de la democracia formal a finales de la década de los setenta, permite ubicar que la sociedad es pensada desde la lógica de la democracia formal, es decir, de una democracia que no permite una participación del conjunto de la sociedad y responde a una lógica de poder que busca someter al conjunto de la sociedad al proyecto modernizante.

Este proceso democrático sienta las bases pantanosas y conflictivas que ubicamos en las últimas décadas. Pero es esta conflictiva la que ha permitido el surgimiento de actores políticos que han cuestionado el orden establecido y a su vez ha realizado propuestas de reforma al sistema.

Este ensayo realiza un recorrido de las décadas de los setenta, ochenta donde los sindicatos son los principales actores políticos y confrontativos de la sociedad, pero el proceso de desindustrialización, la flexibilización laboral y políticas de ajuste neoliberal, deterioran el accionar político de estas organizaciones y permiten la insurgencia, en los años noventa de nuevos actores sociales en especial del Movimiento Indígena, representado en la CONAIE.

En la década de los ochenta, el gobierno ecuatoriano adopta como parte importante su gestión, las políticas neoliberales que inundaron el Continente con fuerza en estos años, ocasionando crisis económicas y el deterioro del nivel de vida. La presencia del neoliberalismo, debilitó los movimientos sindicales desestabilizando los lenguajes de protesta, dejando a estos movimientos a merced de otros agentes en especial de los partidos políticos socialdemócratas y populistas.

El boom petrolero que hizo posible una aparente transformación social en el país, permitió que la economía en este período se produzca cambios en toda la estructura de la sociedad y sobre todo en las instituciones del Estado. Esta situación que repercute en la sociedad civil da lugar a que las ciudades pasen a ser el escenario de acción de los nuevos actores sociales afianzados en los sindicatos, pero a su vez la riqueza del país y la falta de políticas coherentes con el desarrollo no permitió que se elimine la pobreza. El boom petrolero y el despilfarro de sus recursos por parte del aparato estatal llegan a sus límites cuando cambian las condiciones económicas mundiales y los precios de éste producto se deterioran.

De todas manera el petróleo permitió el desarrollo de algunos sectores de la industria que amparados en el modelo de sustitución de importaciones tuvieron pocos años de auge. El regreso a la democracia se vio enfrentado con la llamada crisis de la caída de los precios del petróleo y a las presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) que exigían el pago de la deuda externa.

El ajuste económico obligó a que se detenga el proceso industrial que tenía al Estado como su garante principal en la inyección de recursos. Según Barrera a partir de la década los ochenta, se hace evidente el desfase del régimen político heredado por el intento desarrollista y las nuevas exigencias para insertarse en el mercado mundial, es decir, no se logra construir una sinergia entre las necesidades de nuevas políticas y la inserción al modelo neoliberal.

Para Pablo Andrade, el regreso a la democracia marca una nueva forma de sociedad y un rompimiento con el antiguo régimen oligárquico. El discurso de la sociedad democrática busca institucionalizar el imaginario de sociedad ideal, ante esta situación las organizaciones sociales buscan construir una estructura política acorde a dicha época. El papel del Estado en la constitución de una cultura política, es el de organizar a la sociedad de manera adecuada.

Los sindicatos buscan ser y son los actores que confrontan al régimen establecido, pero no recogen las necesidades de otros sectores de la sociedad, sus reivindicaciones se quedan en el ámbito de lo laboral. La hegemonía y la identidad política que buscan construir los sindicatos, no representan a los otros sectores subalternos de la sociedad.

El fortalecimiento del proletariado se expresa más en el sentido de alianza entre las principales centrales sindicales del país que conforman el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) y pasan a ser el principal grupo social de los sectores subalternos que son hasta 1.985 los protagonistas de las luchas populares.

Los trabajadores o el proletariado como se les conocía se estructuran bajo los preceptos políticos unilineales del Marxismo, que ubican a la clase obrera como el sujeto político que debe realizar las transformaciones sociales, es decir, no se considera a otros actores de la sociedad que estén por fuera de la categoría de la vanguardia proletaria. Los indígenas entran en la categoría de campesinos proletarios, sus elementos culturales no eran tomados en cuenta, la lucha marxista era contra las estructuras económicas y no por los derechos identitarios y colectivos de los otros sectores sociales.

La caída del régimen socialista profundiza la crisis de las ya cuestionadas estructuras sindicales, que entrampadas en una lógica gremial no permiten la real participación de otros actores sociales. Su estructura vertical en la toma de decisiones y las luchas, únicamente por sus reivindicaciones, alejan a los sindicatos de los sectores populares y su presencia política pierde credibilidad en la sociedad.

Las políticas de ajuste social no solamente hacen evidente el interés de las de las clases dominantes ecuatorianas en la acumulación de las riquezas, sino que además buscan transformar el fundamento social y cultural que les permite mantenerse en movilización política.

En este contexto surgen nuevos actores sociales (jóvenes, mujeres, CEBs, ecologistas y organizaciones indígenas), que sustentan su organización en elementos identitarios sectoriales que sin alejarse de las confrontaciones por transformar la estructura de la sociedad, establecen su ámbito de lucha a partir de la identidad. La cultura así "es el nuevo dispositivo que promueve la resistencia" (Castro-Gómez 740) por los derechos al reconocimiento de las identidades grupales. Pero el reconocimiento no se queda únicamente en la aceptación sino en la exigencia a construir espacios de participación y a la búsqueda del reparto equitativo de la riqueza. Dentro de estos nuevos actores el movimiento indígena se convierte en el nuevo protagonista del proceso.

El elemento fundamental que mueve a estos actores no es la esfera de una cultura homogénea sino la diversidad, este elemento cultural es como dice Guerrero una dimensión política que atraviesa a todas las instituciones económicas, políticas y sociales. Es un conjunto de prácticas materiales que constituyen nuevos significados, valores y subjetividades. La cultura (1) así, es un proceso histórico es decir, sigue siendo un espacio de ejercicio de poder que mantiene la fuerza persistente de las diferencias culturales, a pesar de la globalización.

La cultura como dice Escobar, es política, porque los significados son elementos constitutivos de procesos que implícita o explícitamente buscan dar nuevas definiciones de poder social.

Si bien este sector en alianza con otros actores de la sociedad le ha dado dinamismo a la política, -que como la entiende Mouffe es el establecimiento de un orden que organiza la coexistencia humana en condiciones que son siempre conflictivas pues están atravesadas por lo político (dimensión del antagonismo y de hostilidad que existe en las relaciones humanas. Antagonismos que expresan la diversidad de las relaciones humanas (Mouffe 14))- , y a todas las relaciones sociales del país, en su discurso se presentan como actores hegemónicos y podríamos decir, que son el principal grupo político de la sociedad.

Movimientos sociales como poder alternativo

Para Foucault solo existe un sujeto social cuando busca confrontar el poder establecido, es decir busca transformarlo. Esta dinámica de acción política nos permite ver que la emergencia del movimiento indígena "no se trata únicamente del surgimiento de antiguas identidades sojuzgadas y sometidas por la modernidad, sino de la emergencia de nuevas identidades sociales" (Iturralde, 26). El movimiento indígena con la revitalización de formas organizativas ancestrales; como la comuna, pasan a ser los protagonistas políticos principales y su revitalización se enmarca en estrategias políticas culturales.

En estos sectores la cultura política es entendida como una construcción social peculiar, de aquello que cuenta como político en toda la sociedad, es decir, es el ámbito de las prácticas y las instituciones conformadas a partir de la totalidad de la realidad social que históricamente llegan a ser consideradas como apropiadamente políticas.

Los movimientos sociales, en este sentido construyen estrategias como entiende De Certeau, organizadas por principios de poder. Las acciones del movimiento indígena y de los otros sectores sociales, buscan constituir un nuevo poder, que de cuenta de las necesidades de los sectores más excluidos. Según Foucault, el nuevo poder se constituye en la confrontación de acciones que obligan a uno de los actores a retroceder y dejar espacio al otro.

De esta manera el movimiento indígena y otros actores sociales si bien se constituyen en actores contestarios, al ser constructores de estrategias buscan establecer un nuevo poder desde la perspectiva social. El protagonismo del movimiento indígena, y su lucha en el campo del derecho(2) les convierte a partir de los 90 en actores principales que dinamizan a las otras organizaciones sociales y construyen nuevos códigos culturales, nuevas reinterpretaciones discursivas y nuevos espacios políticos.

Los movimientos sociales se constituyen también a partir de exigencias materiales y exigencias de participación política expresadas en el campo de las relaciones sociales que a su vez, redefinen estos espacios. Los movimientos sociales buscan mostrar que sus luchas están conformadas por gente pobre y marginal y su principal objetivo es la lucha por instituir un nuevo tipo de derechos con dignidad y una nueva forma de entender la ciudadanía, a partir de este proceso construyen o entretejen el nuevo sentido de lo cultural y la política.

Para los movimientos sociales la construcción de identidades nuevas y de resistencia es necesaria en la lucha política para transformar la sociedad. Los movimientos de jóvenes, organizaciones indígenas y de mujeres ponen en acción fuerzas culturales en su accionar contra los sectores dominantes. Estos actores populares se movilizan colectivamente a partir de conjuntos muy diferentes de significados e intereses pero, logran cohesionarlos en una propuesta política colectiva.

Estas acciones protagonizadas contra el modelo y las estructuras económicas predominantes, deben ser entendidas como acciones colectivas "la acción colectiva entendida como acción estratégica…, y cálculos de intereses grupales, producidas en torno a específicas relaciones de poder" (Barrera, 3).

Los actores sociales de los años 90 teniendo como elemento principal al movimiento indígena, establecen un entramado de relaciones, buscan dar salidas y construir propuestas ante los conflictos que están presentes en la sociedad. Los movimientos sociales son la expresión de las necesidades de relaciones entre los distintos actores sociales que llegan a acuerdos para confrontar el poder establecido. Sus luchas, ya no solo implican a un sector, sino al conjunto de la sociedad "el conflicto social y político no solo se remite a las -macroestructuras- sociales; atraviesa y moldea todos los niveles de la complejidad social -lo meso- y lo -micro-"(op,cit 4).

Las acciones conjuntas de esta red de actores permiten el surgimiento de interacciones estratégicas cuyo sentido no debe detenerse en la conquista de intereses específicos, sino, que entre sus objetivos deben constar la construcción de nuevos códigos culturales y simbólicos que definen la identidad colectiva de los sujetos, al interrelacionarse y crear propuestas colectivas, que implican al conjunto de la sociedad y dan el salto en la constitución de movimientos sociales o sujetos políticos que articulan el pasado con el presente.

La constitución de un sujeto político, implica "la posibilidad de constituirse en sujeto de su emancipación, es siempre una lucha respecto a la totalidad del campo histórico de un complejo institucional y de actores que conformen ese campo y lo signifiquen según sus orientaciones, pero además, es una lucha contra si mismos, en la medida que afirmándose desde la exterioridad tienen que resistir a una articulación pasiva (o puramente defensiva) en su entorno y visibilizar una articulación política amplia a través de nexos de sentido con pretensiones hegemónicas"(op,cit 6).

La noción de movimientos sociales tiene sentido si permite ubicar las acciones de otros sectores en acciones colectivas y esto sucede en el instante que estos sectores se proponen construir una hegemonía cultural y se articulen a través de procesos políticos culturales que armonicen la participación ciudadana con las luchas político - reivindicativas, lo institucional y lo extra institucional.

Siguiendo a Touraine, diremos que los actores sociales se convierten en movimientos sociales cuando cuestionan las orientaciones generales de la sociedad o de manera más clara, las orientaciones de los grupos que controlan el poder de la sociedad ya establecida "un movimiento social, es mucho más que un grupo de interés o un instrumento de presión política; pone en cuestión el modo de utilización social de recursos y los modelos culturales" (Touraine, 100).

Los movimientos sociales se constituyen en sujetos políticos cuando entran en conflicto con el orden establecido "por un lado contra la lógica del mercado y por otro, contra los poderes locales", es decir, son portadores de nuevos proyectos sociales y culturales que no solo se preocupan por los requerimientos económicos, sino, que deben buscar establecer nuevas formas en los derechos en la sociedad.

El Movimiento Pachakutik, como una nueva expresión de los movimientos sociales, se ha apropiado de lo residual -entendido como todo aquello que no está en el Estado y en el mercado de manera hegemónica- es decir, se ha apropiado y ha revitalizado sus espacios ancestrales. Espacios que han permitido la producción de significados sobre la cultura política y la democracia cambiando las relaciones de poder minadas por el autoritarismo.

En este contexto, los movimientos sociales deben convertirse en los gestores de la nueva democracia, que obliga a superar la noción de -gobernabilidad- entendida como la ingeniería institucional que busca afianzar la democracia representativa y olvidarse de cambiar las verdaderas estructuras de poder establecidas, que no permiten una adecuada repartición de la riqueza y se excluye a la mayoría de la población.

Esto no quiere decir que la lucha de los movimientos sociales sea un rechazo a todo lo institucional, sino que su lucha también debe ser el propender cambiar estas instituciones. No deben quedarse enquistados en las instituciones del Estado sino construir nuevas redes que permitan intercambiar e infundir nuevos significados a la política y al quehacer de la política.

Los movimientos sociales deben entender que la democracia es una construcción social, y sus acciones políticas deben ser una nueva forma de entender y construir la democracia. Sus planteamientos han permitido evidenciar que la sociedad ecuatoriana es una sociedad racista, pero sobre todo las estructuras sociales y los pilares sobre los que se asienta la democracia, no permiten la participación de la mayoría de la sociedad.

Los movimientos sociales como actores colectivos y con capacidad de movilización se integran a una reinterpretación simbólica y a partir de este elemento sus acciones se enmarcan en una nueva perspectiva política. Melucci, reconoce a los movimientos sociales cuando tienen ciertas características "a) cuando se trata de una forma de acción colectiva que implica la existencia de la solidaridad entre sus componentes. b) está implicado en el conflicto y de ésta manera está en oposición a un adversario. c) sus objetivos rompen los límites de compatibilidad de un sistema, presionando sobre los límites de la tolerancia y empujando al sistema más allá del nivel de cambios que podría aceptar sin alterar su estructura" (Melucci, 4).

Su posibilidad de convertirse en sujetos emancipatorios está en buscar transformaciones culturales y estructurales de la sociedad, no es posible pensar en movimientos sociales que se preocupen en luchas parciales de un sector. La lucha es por transformar el orden establecido. Los nuevos actores políticos del Ecuador han provocado cambios y han ampliado la democracia. Si bien los cambios no se ha producido en toda la estructura social, las élites que controlan la economía, hasta la actualidad no logran dar salidas y romper el sentido de la democracia formal. Pero los movimientos sociales no solo deben quedarse en ampliar la democracia, sino, repensar la democracia y la participación.

La lucha política de estos sectores debe romper el autoritarismo social, el racismo establecido y la injusta distribución de la riqueza. Su lucha es por el derecho a tener derechos, es constituir una cultura política desde la acción social, desde la participación, es pensar en una nueva forma de entender la ciudadanía, como una categoría que implique igualdad en la diversidad.

Construir un nuevo poder es pensar que "el otro es el origen de mi responsabilidad" (Derrida, 5). Así, construir un proceso hegemónico entre los sectores sociales es pensar en la relación entre lo político, la política, lo económico y la producción simbólica. Solo a partir de pensar en estos elementos podremos decir que estamos construyendo un nuevo sentido de poder.

Los movimientos sociales al construir nuevos espacios públicos, no únicamente el espacio público estatal, permiten establecer nuevos escenarios discursivos donde se producen contradiscursos con el fin de formular oposiciones de sus identidades, intereses y necesidades.

Deben plantearse la posibilidad de ampliar las redes y los cabildeos con otros actores que pueden ser aliados políticos. El sentido del cabildeo también es una forma de escarbar los intersticios del poder tradicional. Aquí, estamos construyendo la democracia, el nuevo sentido de ciudadanía, el nuevo sentido de cultural política y un movimiento político hegemónico.

Conclusiones

Esta falta de construcción de un sentido real de hegemonía ha permitido que prevalezcan las contradicciones entre los actores sociales y que se principalicen las luchas reivindicativas de cada uno de los sectores.

Al Movimiento Pachakutik le quedan retos de trascender de un simple actor político que actúa en el ámbito institucional estatal tradicional, y estructurar nuevas redes de democracia participativa.

Por otra parte debe trascender y diferenciar lo que es la lucha política institucional y la lucha política reivindicativa, es decir repensar la relación entre lo social y lo político.

La democracia y la participación, si bien son los pilares del movimiento Pachakutik, deben encarnar en una acción colectiva, es decir no quedarse4 en el discurso, se debe dar el salto del discurso a la práctica política. Es un reto pasar del discurso a la construcción de derechos de equidad en la economía.

La democracia que piense en la sociedad de manera colectiva y participativa, nos permitirá mirar que la seguridad, no es un problema violencia e incremento policial y castigo, sino, es un problema de pobreza, y que se debe pensar en permitir la seguridad a la vida, la participación y la seguridad alimentaría.

Es necesario que entendamos que la política es el arte de armonizar los conflictos y debemos pensar en el otro, no en el sentido de la eliminación, sino en el sentido de la participación y de las relaciones interculturales que deben ser construidas en la sociedad.

La interculturalidad es una propuesta política que nos permite mirar al otro y conjuntamente con los otros construir una democracia equitativa, es pensar en edificar nuevos significados, es pensar el poder y el cambio social desde una nueva cultura política.

Bibliografía

1. ANDRADE, Pablo. El Imaginario Democrático en el Ecuador. Revista Ecuador Debate. Pags. 249, 250
2. BARRERA, Augusto. Acción Colectiva y Crisis Política. Editorial Abya Yala. 2001.
3. BARRERA, Augusto. Movimiento Indígena Ecuatoriano entre los Actores Sociales y el Sistema Político. Revista Nueva Sociedad. 2002.
4. CASTRO-GOMEZ, Santiago; ALTHUSSER. Los Estudios Culturales y el Concepto de Ideología.
5. DERRIDA , Jaques. Notas sobre Deconstrucción y Pragmatismo. Paidos. 1998.
6. DE CERTEAU, Michel. La Invención de lo Cotidiano. Universidad Iberoamericana. Méjico. 1996.
7. ESCOBAR, Arturo. Política Cultural y Cultura Política. Editorial Taurus. 2001.
8. FRESER, Nancy. Repensando la Esfera Pública: Una Contribución a la Crítica de la Democracia Actualmente Existente. Revista Ecuador Debate No. 46.
9. ITURRALDE, Diego. Lucha Indígena y Reforma Neoliberal. Revista Iconos. FLACSO. Ecuador .
10. LACLAU E Y MOUFFE CH. Hegemonía y Estrategia Socialista.
11. MOUFFE, Chantal. Repensando la Política. Editorial Planeta. 2002
12. RAMIREZ, Franklin. Conflicto, Democracia y Culturas Políticas. Revista Iconos. FLACSO No. 15
13. TOURAINE, Alain. Podremos Vivir Juntos?, El Destino del Hombre en la Aldea Global. Méjico.
14. TOURAINE, Alain. De la Mañana de los Regímenes Nacionales Populares a la Víspera de los Movimientos Sociales.

http//lasa.international.pitt.edu/touraine.htm

Notas
1. La cultura es entendida como el proceso colectivo, permanente de producción de significados que moldea la experiencia social y configura las nuevas relaciones sociales.
2. "a) Reconocimiento constitucional de la existencia de los pueblos indígenas como sujetos de la nación. b) Establecimiento del derecho para disponer de medios materiales y culturales para su reproducción. c) Derecho al desarrollo autogestionado de los pueblos y una mayor participación en el desarrollo nacional. d) Establecimiento de formas jurídicas y políticas que permitan los derechos antes señalados" Iturralde, 24.

 

*Ricardo Carrillo. Antropólogo ecuatoriano. Master en Estudios Latinoamericanos. Activista político ligado al Movimiento Pachakutik. Docente de la Escuela de Antropología Aplicada de la Universidad Politécnica Salesiana. Ponencia presentada en la Conferencia regional "Movimientos sociales, políticas de seguridad y democracia", organizada por el Programa Andino de Derechos Humanos, PADH. La Paz-Bolivia, mayo 27 y 28 de 2003.

 

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