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Voy a hablar del Brasil y de América Latina,
abordando una aproximación a su realidad desde la perspectiva
de los derechos humanos como instrumento de desarrollo y de expresión
de las potencialidades colectivas, sociales, nacionales de cambio
de una América Latina que aparece delante del mundo como
un continente pasivo aplicador ortodoxo de las medidas neoliberales,
por la América Latina de los obreros, de los campesinos,
del continente rebelde, creativo, de pueblos que resisten, la
América de la unidad imaginada.
Hablando de Brasil, un ex Ministro de Cultura decía que
"nosotros somos la América errada". Vengo para
contrarrestar esa idea y decir que somos, junto con el resto de
países de la región, una posibilidad de América
cierta. En el contexto de la globalización somos uno de
los pueblos más abiertos a las hibridaciones, las mezclas,
los mestizajes, las combinaciones de decisiones sociales y territoriales
en su enorme desigualdad. Tenemos un papel y una posibilidad -distinta
de los pueblos de Asia y de África y también de
Europa y de los mismos Estados Unidos- de pensarnos como el espacio
positivo de la experimentación de la globalización
que teje redes para la esperanza.
Deconstruir el mundo
Creo que es posible pensar en la deconstrucción del Estado
y en la deconstrucción de la hegemonía imperial
en el mundo. Con esto quiero decir que la posibilidad de alternativas
de derecho al desarrollo necesita pensar el mundo no sólo
desde el punto de vista del unilateralismo, o desde el punto de
vista del imperio, sino más bien desde la posibilidad de
los pueblos diversos para la creación de proyectos distintos.
Y ahí está América Latina como la metáfora
de una combinatoria de trayectorias que desde los fragmentos territoriales
impusieron condiciones a experimentos históricos mediante
los grandes movimientos sociales, indígenas, revoluciones
sociales y procesos democráticos de participación
como el Brasil de Lula da Silva.
Algunas ideas para esta hipótesis de si es posible pensar
en formas de reafirmación abriendo la trayectoria de los
proyectos nacionales cerrados, del desarrollismo nacional o del
repliegue de los estados, podrían asentarse en la noción
de los derechos humanos ubicados en la relación internacional
y en la universalización.
La metáfora de la integración
Estamos en un momento de flaqueza de los estados nacionales para
construir sistemas de protección y tenemos muchas contradicciones
también con las construcciones de las historias nacionales
de los estados y mismo con la ideología de los derechos
que viene de una matriz eurocéntrica. Es necesaria una
crítica a la limitación y la concepción democrática
anglosajona, europea, eurocéntrica, pensando desde el ayllu,
desde la experiencia comunitaria indígena, desde la diversidad
que hace reconocer que las tradiciones comunitarias quechuas o
las corporativas de la Central Obrera de Bolivia, no son las mismas
de la selva o de la Central de Trabajadores del Brasil. Necesitamos
pensarnos desde experiencias históricas que son muy variadas.
Entonces el multiculturalismo y la dimensión multinacional
están en la raíz de nuestro experimento histórico
de pueblos que tienen que convivir en el mismo territorio.
En su momento todos hablaron de transición y crisis; se
habla en términos internacionales del concepto de imperio
como la actualización unilateral de la dimensión
global del mercado; de crisis paradigmática, de crisis
de referencias, de proyectos, de construcción histórica
en la humanidad; de crisis en las referencias liberales socialistas,
de las ideas de la construcción de la modernidad. Se habla
también de época de transición paradigmática
en el campo del conocimiento, pero época de transición
también en términos del proceso de acumulación
de la estructura de la economía - mundo; por tanto se habla
de crisis sistémica de acumulación, la crisis sistémica
del padrón del eje de acumulación central en Estados
Unidos.
Pero nosotros sabemos que todas esas lecturas que tienen su base
en la materialidad de la economía mundo capitalista, se
acopla a la problemática de la geopolítica que para
nosotros no es novedad. La política de control sobre los
territorios en las fronteras de las Américas no es nueva
dentro de los experimentos democráticos de todos nuestros
pueblos que han sufrido intervenciones o procesos de control.
Nosotros somos una frontera que geopolíticamente ya experimentó
y continúa experimentando con el plan Colombia y en otras
situaciones, experimentos de recolonización.
Desde América Central, el Caribe, hasta América
del Sur, todos hemos sufrido en forma directa e indirecta la intervención
o control imperial. En ese sentido, por paradojal que parezca,
la desterritorialización es increíble: los desplazados,
los migrantes, los nómadas, la circulación de los
indígenas, la urbanización acelerada, la desindustrialización,
el desplazamiento y todos los procesos de esta dialéctica
de territorialización - desterritorialización que
es planetaria. Estos experimentos de transplante industrial, experimentos
de grandes proyectos energéticos, de grandes proyectos
industriales, agroindustriales nosotros los vivimos como problemática
de control bio-político, como problemática del orden
social, como problemática de seguridad, como problemática
de las ciudades, de la región metropolitana y por tanto
cuanto más desterritorializados somos, el territorio cobra
el precio del problema de la organización, del control,
de la participación, de todos los procesos y de ahí
hay toda la problemática del comprensión de los
fenómenos en curso. Pero desde esta idea tenemos posibilidad
de pensar en América Latina ahora, que es pensar en una
subjetividad colectiva desterritorializada, desde nuestro ser
diverso, distinto a pensar desde un punto de vista unilateral
abstracto. Desde esta perspectiva, pensamos el MERCOSUR y el Pacto
Andino como metáforas de nuevos territorios de integración,
como nuevas posibilidades transfronteras. Sin embargo, como en
el continente no tenemos una proyección política
suficiente de esos procesos que se miden en la materialidad, la
infraestructura, la relación productiva real, la integración
de las economías y también de las culturas, estamos
todavía en diálogos muy pequeños frente a
las cuestiones y las necesidades que nos imponen los procesos
de desterritorialización en la globalización.
La metáfora de la guerra
Vivimos en sociedades de redes. Y en este contexto, otra metáfora
problemática que tenemos que deconstruir, es la metáfora
de la guerra, la metáfora de la guerra contra el terror,
la metáfora de la guerra contra el narcotráfico,
la de la guerra social, la metáfora de la guerra urbana.
Es difícil pensarnos fuera de estas metáforas de
guerra como ordenamiento del embate social para pensar la seguridad
desde un punto de vista de los derechos y no solo desde los sistemas
policiales o las políticas de seguridad; para pensar las
relaciones sociales en los territorios urbanos como Río
de Janeiro o Medellín más allá de las metáforas
de militarización del espacio.
Tenemos además que ubicarnos en el contexto de la relación
ambivalente entre la problemática de la transición
democrática con la representación de la sociedad
civil y los condicionamientos del mercado global. En el neoliberalismo
tenemos sociedades de masas multitudinales, sociedades urbanas
metropolitanas masivas, grandes ciudades donde la magnitud del
contencioso juvenil popular, indígena, negro, no tiene
objetivos de inclusión ni en las sociedades tradicionales,
ni en la idea de la centralidad del trabajo que era la forma regulatoria
de los derechos de contratación social o derechos laborales
que si no se aplican no se logra una relación de equilibrio
más favorable entre la economía formal y la informal;
y por eso, por el predominio de lo informal la producción
difusa de sujetos dispersos en el territorio urbano, que no tiene
la forma organizada contractual. La problemática laboral
se convierte en la problemática del derecho al trabajo
y no solo del derecho trabajista del derecho laboral.
El problema de la criminalización de los movimientos sociales
y de la criminalidad de las capas juveniles subproletarias de
hecho existe aquí lo mismo que en los EE.UU., basta ver
la cantidad de los jóvenes negros detenidos en Washington
y la estadística de la tolerancia cero. Eso es una tendencia
de universalización del modelo americano en muchos aspectos,
que es la criminalización de los "desórdenes
sociales", que pone en crisis de las instituciones de disciplina
clásica como la escuela, la fábrica, el servicio
militar obligatorio. Entonces el control se torna difícil
y se generaliza la tendencia de una ideología internacional
de las políticas de criminalización, resultando
este recurso más viable que los procesos posibles de "disciplinización
subjetiva", a los que se acude mediante el uso dirigido de
los medios de comunicación.
Hay una justificación de modelos que tiene implicancia
en políticas masivas de control, en la ampliación
de la policía. Se aumenta la demanda por políticas
de seguridad con transferencias de recursos de lo social, este
es un aspecto estructural y una tendencia americanista perversa.
Pero los modelos van a variar desde expresiones de sistemas de
policía con su articulación de extraterritorio y
de gerenciamiento informático para la utilización
de la idea de una punición previa, hasta las contratendencias
de una policía comunitaria cuyos sistemas de información
se articulan al sistema jurídico.
La metáfora de la seguridad
Vivimos crisis del Estado y de la sociedad salarial laboral,
vivimos por tanto una crisis profunda de la problemática
típica de la constitución de la idea de bienestar
social donde los derechos económicos, sociales y culturales
están ubicados. Por tanto la idea de la seguridad pasa
a ser un valor de política social y pública, sin
que hacer política de seguridad signifique, como en los
procesos norteamericanos de tolerancia cero, aplicar modelos de
prisiones de seguridad máxima (en el Brasil se habla de
la necesidad de prisiones de seguridad máxima política
de crímenes federales). Esto serviría únicamente
para la ampliación del aparato policial, urgido en el continente
de una reforma para su readecuación e integración,
con capacidad informativa, con ubicación legitimada en
el territorio, inserto en las relaciones comunitarias y sociales,
basando su accionar en las mediaciones jurídicas bajo el
principio de justicia.
En el continente, su juventud aparece como manifestación
colectiva del problema de in-seguridad. Los jóvenes comprendidos
entre los 18 y 24 años son la masa marginal de nuestras
calles, del narcotráfico y de los conflictos sociales cotidianos.
El joven es visto como problema y no como solución.
En las poblaciones urbanas populares como las favelas, se nota
la ausencia de presencia del Estado y se expresa el esfuerzo de
formas de autoconstrucción colectiva, o formas de abaratamiento
de los costos de acumulación de la industrialización
del capital. Pero ahora, estas formas de urbanización,
aparecen como problema delante del colapso de la modernización.
América Latina es el centro del colapso de la modernización
en el plan ambiental, en el plan social, no es el centro de la
crisis del liberalismo, ni el centro de la crisis del socialismo.
Es el centro de la crisis del modelo civilizatorio de occidente
concentrado en la periferia sur. Nosotros somos la periferia por
excelencia, la buena periferia, somos un poco oriente pero somos
mas sur que oriente; oriente es el problema estratégico
geopolítico y sur es el espacio de la subordinación.
Y América Latina es el espacio sur, pero también
es el espacio del rebote de resistencia, el espacio de explosiones
multitudinarias, de juventudes que aparecen con un problema de
orden y que deben ser pensadas también en sus expectativas,
en sus esperanzas.
En países como en el mío, el crimen organizado
se asemeja con el crimen difuso, con el crimen de ese bajo capitalismo
que penetra en los territorios, en la policía y que nos
afecta a todos y que se suelen querer solucionar con el recurso
fácil de la intervención militar, que no hace sino
ampliar la metáfora de la guerra a costos elevados. Y el
ejército es también propenso a la corrupción
porque tiene fuertes problemas de financiamiento. Hay conflictos
internos en nuestros países que podrían convertirse
problemas desde el punto de vista internacional sino se pone la
seguridad interna con respeto de los derechos en la agenda de
seguridad del plan continental. Por ejemplo en el Brasil, hay
conflictos de fronteras con intensos operativos policiales y militares
en la frontera amazónica.
La metáfora de la inteligencia
Habitamos un mundo de redes. El acceso a este mundo depende de
la capacidad logística de superar la brecha telemática.
Pero desde la perspectiva de la metáfora de la inteligencia
debemos hablar del entorno, del territorio, de la economía,
de las culturas en la globalización, de los espacios de
inteligencia colectiva emergente. Somos espacios de cambio subjetivo,
de cambios telemáticos, de la Internet, del acceso a una
nueva cultura que nos impone la necesidad de trabajar nuestras
formas de construir con una característica positiva la
posibilidad de la inteligencia colectiva de los servicios de la
economía de información de comunicación.
Democratizar la democracia
Estamos entre procesos de nueva dependencia global donde las
exigencias de un lenguaje nacional de instituciones nacionales
nos obliga a hablar de democracias nacionales, aunque nos pensamos
ya en términos de región, y aún no alcanzamos
a visualizar una democracia universal. Se está dando en
nuestra América un debate en torno a la radicalización
democrática, a la idea de democratizar la democracia, ir
más allá de la crisis de las instituciones en los
términos de la crisis de la América del Norte que
tiene muchos años en enseñarnos su democracia de
representación, de pluralidad de comunidad, de civilidad,
de símbolos militares de dominación de la frontera,
de unilateralismo, con dificultad de cosmopolitismo y en las representaciones
políticas participativas.
Necesitamos pensar nuestras democracias desde la posibilidad
del avance de la complejidad ciudadana. Vivimos un período
en el que el planteamiento de la inserción regional se
pone en el orden del día, pero en el que al mismo tiempo
la base material y productiva nacional es inferior a la exigencia
de articulación de nuestras fronteras. La inserción
regional nos plantea relaciones de un nuevo tipo. La construcción
de un nuevo proyecto regional es condición desde un planteamiento
político para pensar en el derecho de integración.
En Europa se habla de derecho de integración porque tiene
el experimento de la integración no solo de los mercados
sino de la constitución europea. Para forjar la integración
es necesaria una praxis material, subjetiva, cultural y de relaciones
políticas, de ahí la emergencia de un derecho a
la integración basado en relaciones de cooperación
y de solidaridad trans-frontera. Pero en nuestros países
la idea de una economía pública que ultrapase la
economía estatal corporativa y el puro mercado, todavía
no está generalizada. Todavía la idea de una economía
popular y solidaria es sólo la economía de la comunidad
indígena, tradicional, de la producción agroalimentaria
de subsistencia. Pero hay que ir más allá, al conjunto
de posibilidades, del cooperativismo de los profesionales liberales
de las empresas industriales autogestionarias de la cooperación
productiva en las empresas de inteligencia colectiva.
Desarrollo local y regional
En el continente, con toda la compresión del ajuste estructural
tenemos dinámicas y formas de resistencia que desde lo
local proyecta escenarios y soluciones nacionales e incluso internacionales.
Por tanto, lo local es una posibilidad que desde la política
puede implicar el riesgo de la fragmentación de la universalización
desde el Estado, al mismo tiempo que puede avizorarse como una
solución para la organización de nuevos territorios
productivos. Ciertamente, la producción más avanzada
del mundo son los nuevos territorios productivos basados en la
ciencia y tecnología o viejos territorios productivos que
se cambiaron en cooperación productiva.
La economía real traspasa en mucho la idea de los acuerdos
comerciales. El problema estructural está en la dominación
del modo de circulación de la economía capitalista,
o sea que la economía de circulación se sobrepone
a la economía de comercio. Entonces el multilateralismo
que no se cierra en una sola área de dominación
comercial es la mejor forma de inserción. Más allá
de la noción del fetiche del comercio y del libre comercio,
la circulación, la propiedad, los servicios públicos,
la tecnología son decisivos para nuestra inserción
competitiva en el mundo.
La metáfora de los derechos humanos
En nuestros tiempos los derechos humanos son las guías
para acción, son la posibilidad de un lenguaje universal.
Hablamos de derechos como la dirección de un guión
de nación, de las posibilidades de negociaciones interculturales,
de la posibilidad de creación de indicadores de vida y
resistencia, de justicia para todos. Cuando se habla de los defensores
de los derechos humanos, es común la afirmación
de que "defender los derechos humanos es defender a los criminales",
esto debido a las prioridades en las prácticas de los defensores,
cuando es necesario dejar sentado que los derechos son para todos,
también los trabajadores de la policía necesitan
de los derechos económicos, sociales y culturales, necesitan
ejercer el derecho a la expresión, tienen como todos derecho
a educación y a la ciudadanía.
Los derechos humanos como lenguaje universal son la posibilidad
de diálogo en la sociedad a partir de principios para la
transformación con equidad. Tenemos problemáticas
y conflictos comunes, empecemos a construir la agenda de la democratización,
la agenda de la superación de la pobreza, la agenda de
la desigualdad. En la base de estos acuerdos está el ejercicio
y respeto de los derechos humanos.
Estamos en un escenario de crisis de paradigmas y en él,
los derechos humanos se convierten en una alternativa de reconstrucción
de los discursos, también desde el derecho internacional
que cambie por ejemplo los principios de la desterritorialización
sin responsabilidad pública, o de la distribución
financiera sin equidades. El lenguaje de los derechos humanos
cuestiona y propone, por ejemplo en el terreno de las políticas
financieras debemos criticar el hegemonismo para tener una conciencia
más profunda sobre la economía de la circulación
que disminuyó la capacidad de control del flujo de capital;
esto mismo ofrece una bandera, que es la acumulación crítica
de efectos desastrosos causados por la especulación en
la movilidad del capital.
La metáfora de una globalización alternativa
Necesitamos agendas para un cambio en la política, para
la construcción de una nueva base material y subjetiva,
para una nueva economía, un nuevo orden económico.
América Latina - con su desarrollo desigual- pareciera
condenada al enfrentamiento crítico de la modernización
occidental, de la cobranza de la incoherencia de su proyecto de
expansión civilizatoria en una América Latina con
identidad comunitarista. Entonces, con esta dualidad, América
Latina puede ser la metáfora de una nueva globalización
alternativa con una nueva visión que toma en cuenta lo
multitudinario, lo diverso, los territorios, los estados difusos,
la inteligencia intelectual en red, y la posibilidad de que los
viejos sujetos colectivos se articulen con los nuevos, por ejemplo
la clase obrera con el mayoritario mundo de las economías
de la precariedad o la informalidad. Tantas divisiones de género,
de clase y étnicas es necesario pensar en un cambio de
cultura. La metáfora latinoamericana de una globalización
alternativa tendría que proponer esta construcción
incidiendo en el Norte de corazón mestizo.
Pensarnos en un contexto geopolítico integrador supone
superar la dialéctica de la regulación imposible,
es decir de los escenarios de guerra, de libre mercado, de exclusiones.
Requerimos por el contrario una dialéctica que oponga los
escenarios de resistencia, de construcción, de superación
de los conflictos y contradicciones, de los movimientos sociales
como parte del reclamo y del problema pero también de las
soluciones productivas y culturales, de las producciones materiales
e inmateriales para la integración regional. Los movimientos
sociales son de tan diversos tipos, que es importante hablar de
los movimientos de los movimientos, como es por ejemplo la experiencia
del Foro Social Mundial, una expresión simbólica
y material de que otro mundo es posible.
*Pedro Cunha Bocayuva.
Doctor en Ciencias Políticas. Director General de FASE,
Río de Janeiro, Brasil. Ponencia presentada en la Conferencia
regional "Movimientos sociales, políticas de seguridad
y democracia", organizada por el Programa Andino de Derechos
Humanos, PADH. La Paz-Bolivia, mayo 27 y 28 de 2003.
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