Programa Andino
de Derechos Humanos

 

Análisis sobre Movimientos Sociales, Políticas de Seguridad y Democracia


Cosmopolitismo
Movimientos sociales frente a la globalización

Leopoldo Múnera Ruiz*

Contenido
1. Breve cronología
2. El movimiento, los actores y su articulación
3. El sentido, la racionalidad instrumental y los símbolos de las acciones colectivas
4. Peligros y desafíos


A finales del Siglo XX la globalización desde abajo, el cosmopolitismo, empezó a moverse en diferentes partes del mundo. Desde la Primera Internacional no se daba una confluencia de grupos, organizaciones, intelectuales, movimientos y partidos tan heterogéneos alrededor de una misma causa. Por las redes virtuales y reales se fueron trenzando acciones colectivas destinadas a enfrentar el tipo de globalización dominante, con manifestaciones, foros, coloquios, artículos, libros, actos simbólicos o protestas multitudinarias. Ante la sorpresa de los promotores del pensamiento único y del fin de la historia, un movimiento social con proyecciones globales empezó a cuestionar a las instituciones económicas y políticas transnacionales. En el imperio del mercado y el capital surgieron voces para reclamar mayor justicia social, la democratización de las relaciones de poder o la redistribución de la riqueza, dentro y fuera de las fronteras nacionales. De la reflexión inicial se pasó a la resistencia activa y a la construcción de propuestas para construir otro mundo posible. El sentido común impuesto por los globalofílicos fue perdiendo consistencia y el bloque homogéneo que lo defendía se fue fragmentando. En el presente artículo se realiza un análisis descriptivo de esos nuevos topos que intentan socavar los fundamentos de un mundo cada vez más ancho y ajeno, para la mayor parte de la población que lo habita.

1. Breve cronología

A mediados de 1995, en un seminario sobre el nuevo orden global, organizado en Bogotá por la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad Católica de Lovaina, comenzaba de la siguiente manera una ponencia sobre la globalización y los movimientos sociales:

"El primero de enero de 1994 el mundo amaneció en la selva Lacandona

"En los primeros años de esta última década del Siglo XX, la globalización surgió como un sino inevitable para los habitantes del mundo. Sus promotores la presentaron bajo la forma de una lógica societal destinada a extenderse por todo el planeta, sin encontrar más resistencia que la opuesta por actores sociales dispersos, aferrados al pasado y a la tradición comunitaria. En menos de un lustro pasó a ser un sinónimo de desarrollo económico y de modernidad o de post-modernidad, que para el caso era lo mismo, y representó el viejo anhelo liberal de romper las barreras impuestas por los Estados Nacionales. El Capital parecía haber alcanzado la meta del internacionalismo proletario, pero en la dirección opuesta: la competencia despiadada que reinaba en los mercados financieros había triunfado donde la solidaridad socialista había fracasado. La tierra era presentada como una inmensa red de circulación de mercancías, saberes tecnológicos y capitales que ignoraban las fronteras y las distancias que antes nos separaban. Sin embargo, la globalización no sólo reflejaba una realidad económica; las comunicaciones inmediatas entre los diversos continentes, el medio ambiente planetario, la tendencia hacia un gobierno mundial y el culto por valores proclamados como universales eran las manifestaciones más visibles de un proceso destinado a transformar nuestra percepción del tiempo y del espacio. Desde la perspectiva de nuestra relación con la naturaleza y con los otros seres humanos daba la impresión de que el mundo estuviera pasando de la fragmentación a la unidad espacio-temporal y que una cultura global enmarcada por el Capital estuviera invadiendo el planeta sin encontrar mayores obstáculos. En este horizonte los movimientos sociales no parecían tener cabida. A pesar de ello, los conflictos sociales seguían animando la vida política nacional y la resistencia a los poderes globales era tejida en los ambientes donde discurría la vida cotidiana.
"El año nuevo de 1994 fue recibido con la noticia sobre las acciones armadas de un nuevo grupo político en Chiapas, estado de México. Las informaciones iniciales hicieron pensar en el nacimiento a destiempo de una guerrilla sin futuro. No obstante, poco a poco el Ejercito Zapatista se dio a conocer por sus comunicados que circulaban por los correos electrónicos del mundo y se perfiló como el arquetipo de los movimientos sociales que podían inaugurar una nueva era de la acción colectiva popular. De pronto, el análisis de lo que pasaba en Chiapas resultó indispensable para entender lo que pasaba en el resto del planeta, sobre todo cuando el dólar empezó a caer en los mercados internacionales." (1)

Los zapatistas fueron analizados entonces como un arquetipo de los movimientos sociales que empezaban a surgir frente a la globalización. En ese mismo sentido, Manuel Castells los consideraría unos años más tarde la primera guerrilla informacional (2), e Ignacio Ramonet interpretaría su praxis colectiva como el comienzo simbólico de la segunda fase del movimiento frente a la globalización, la de protesta e insurrección, precedida por la de reflexión y comprensión y continuada por la proactiva o propositiva (3).
Vistos con la perspectiva que da el tiempo, el discurso y las acciones de EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) reflejaban un movimiento articulado alrededor de tres espacios, en círculos sucesivos y ascendentes que se intersecaban entre ellos: partía de lo local (Chiapas), pasaba por lo nacional (México) y llegaba a lo global (el capital entendido como imperio). En palabras del Subcomandante Marcos:

"Suponga que usted gira a la izquierda y toma el camino de Chiapas. Kilómetros más adelante dejará usted Oaxaca y encontrará un letrero que reza: 'Bienvenido a Chiapas'. ¿Lo encontró? Bien, suponga que sí. Usted entró por una de las tres carreteras que hay para llegar al estado, por la costa del Pacífico y por esta carretera que usted supone haber tomado, se llega a este rincón del sureste desde el resto del país. Y la riqueza sale de estas tierras no sólo por las tres carreteras. Por miles de caminos se desangra Chiapas: por oleoductos y gasoductos, por tendidos eléctricos, por vagones de ferrocarril, por cuentas bancarias, por barcos y aviones, por veredas clandestinas, caminos de terracería, brechas y picadas: esta tierra sigue pagando tributos a los imperios: petróleo, energía, ganado, dinero, café, plátano, miel, maíz, cacao, tabaco, azúcar, soya, sorgo, melda, mango, tamarindo, aguacate, y sangre chiapaneca fluye por mil y un colmillos del saqueo clavados en la garganta del sureste mexicano. Materias primas, miles de millones de toneladas que fluyen a los puertos mexicanos, a las centrales ferroviarias, aéreas y camioneras, con caminos diversos: Estados Unidos, Canadá, Holanda, Alemania, Italia, Japón, pero con todos el mismo destino: el imperio. La cuota que impone el capitalismo al sureste de este país rezuma, como desde su nacimiento, sangre y lodo". (4)

En el lustro siguiente se fue formando un movimiento que, por el contrario, empezó a articularse desde lo global e intentó proyectarse hacia lo regional, lo nacional y lo local. Un rápida cronología de las expresiones de este movimiento entre 1999 y comienzos del año 2002, nos permite observar su vitalidad, si tomamos como referencia algunas manifestaciones o foros a los que asistieron más de cinco mil personas: Seattle (Noviembre-Diciembre de 1999, más de 40.000 manifestantes contra la OMC ?Organización Mundial del Comercio-); Washington (Abril de 2000, contra el Comité Monetario y Financiero del FMI -Fondo Monetario Internacional?); Buenos Aires (Mayo de 2000, contra la delegación del FMI que visitaba Argentina); Praga (Septiembre de 2000, contra la reunión del FMI y del BM -Banco Mundial?); Porto Alegre (Enero del 2001, Foro Social Mundial frente a la reunión en Davos del Foro Económico Mundial, más de 10.000 participantes); Nápoles (Marzo del 2001, más de 15.000 manifestantes contra el Foro Global de Información); Gotemburgo (Junio de 2001, contra la reunión del grupo de los quince); Génova (Julio de 2001, 150.000 manifestantes contra la cumbre del G-8); Porto Alegre (Enero-Febrero de 2002, Segundo Foro Social Mundial, más de 50.000 asistentes de todos los continentes); Barcelona (Marzo de 2002, 200.000 manifestantes con ocasión de la Cumbre de la Unión Europea marcharon bajo la consigna: "Contra la Europa del Capital y la Guerra, otro mundo es posible"). Sin mencionar las manifestaciones en Melbourne, Niza o Quebec durante esos años.

Aunque las razones de la protesta saltan a la vista y son ampliamente difundidas por los diferentes actores que conforman el movimiento, los denominados globalofílicos siguen sin comprender las causas de un movimiento que a veces toma características violentas, como en Gotemburgo y Génova, con frecuencia alimentadas por provocadores de la policía, y lo tachan de marginal, poco representativo o fascista. A modo de ejemplo, en marzo de 2001, Eduardo Aninat, exministro socialista chileno y subdirector general del FMI, durante una Asamblea del BID ?Banco Interamericano de Desarrollo? en Santiago de Chile se preguntaba "¿Cuál es la representatividad de quienes protestan?, Qué mandato traen?" (5) como si la acción directa se rigiera por la leyes de la representación); o ante los abusos de la policía italiana contra los manifestantes en Génova, el Secretario español de Estado para la Unión Europea, Ramón de Miguel, en lo que El País calificó de una "extravagante inversión de los términos", equiparó a los movimientos frente a la globalización con un "triste espectáculo de fascismo". (6).

Es evidente, como lo sostienen los defensores de la globalización inspirada en prácticas y principios neoliberales, que ésta ha incrementado la competencia entre empresas a nivel mundial, sobre todo entre oligopolios, y la tasa de ganancia del capital; ha permitido flexibilizar el mercado de la fuerza de trabajo en el norte y en el sur; ha fomentado la desregulación de la actividad económica, siguiendo el sueño del grupo de Mont-Pelerin, y el flujo de capitales, particularmente los especulativos; ha incentivado el crecimiento económico en los países más ricos del globo y ampliado los mercados para todos los que puedan llegar a ellos.

Según sus críticos y los promotores de movimiento, debido a esos logros el tipo de globalización dominante continua agrandando las diferencias sociales: "La fortuna de los 358 individuos millonarios en dólares que hay en el planeta es superior a las entradas anuales sumadas del 45% de los habitantes más pobres del planeta" (7), 45% que corresponde aproximadamente a 2.700 millones de personas, y "la fortuna de las 15 personas más ricas es superior al PIB total del conjunto de África Subsahariana" (8); incrementando la pobreza: "Entre 1970 y 1985, el PNB mundial ciertamente aumento en un 40%, pero el número de pobres se acrecentó en un 17%. Unos 200 millones de personas vieron entonces disminuir sus entradas entre 1965 y 1980. Entre 1980 y 1993 la caída afectó a más de mil millones de individuos" (9) y "entre 1987 y 1993 el número de personas que disponía de una entrada inferior a un dólar aumentó en más de 100 millones" (10); fomentando la concentración de la riqueza: "Mientras en 1960, el 20% de la población mundial, que vivía en los países más ricos, tenía un ingreso 30 veces superior al 20% de los países más pobres, en 1995 ese ingreso era 82 veces superior" (11); alimentando el desempleo: los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico "tenían oficialmente en 1996 treinta y siete millones de desempleados, es decir, tres veces más que al principio de los años sesenta, para una población total de crecimiento casi nulo" (12); favoreciendo a unos pocos: "Si nos atenemos a los indicadores de comercio e inversiones, este conjunto de países (los más desarrollados) realiza el 70% del comercio mundial y dispone de más del 90% del stock de inversión directa extranjera. Sin embargo, en términos poblacionales estos países representan poco más del 15% del total de habitantes del planeta. En estas condiciones , ¿Cómo se vive y percibe la globalización en el 85% restante? ¿Cuáles son los parámetros de la globalización para la mayor parte de la población mundial?" (13); o empeñando la hacienda pública a los mercados financieros: "La deuda total del Tercer Mundo (sin incluir los países del Este) se eleva alrededor de 1 billón 950.000 millones de dólares en 1997. El Tercer Mundo reembolsa cada año más de 200.000 millones de dólares. El conjunto de todas las ayudas públicas al desarrollo (incluidos los prestamos reembolsables a una tasa inferior a la del mercado) no supera los 45.000 millones anuales en estos últimos años. El África Subsahariana gasta cuatro veces más para reembolsar su deuda que todo lo que gasta en salud y educación juntos." (14) La conclusión del informe del PNUD para 1997 parece lapidaria: "El crecimiento es un fracaso para la mayor parte de la humanidad". (15)

2. El movimiento, los actores y su articulación.

"La articulación de acciones y actores, colectivos e individuales, constituye el elemento que caracteriza a los movimientos sociales y los diferencia de otras formas de acción colectiva. En virtud de ella, los componentes de un movimiento pueden integrarse entre sí, separarse temporal y parcialmente, o reintegrase en una dinámica que coloca las acciones colectivas en un devenir y una transformación constante, debido a las relaciones internas entre los diferentes actores. Por consiguiente, dicha articulación debe ser comprendida como un proceso social y no como un simple hecho institucional. La permanencia en el tiempo de los movimientos sociales depende de la integración cambiante de actores con intereses, símbolos y orientaciones de sentido heterogéneos. Obedece a la constante puesta en común de objetivos entre una pluralidad de actores y no a la realización continua de un objetivo predeterminado, como sucede en las organizaciones sociales. Las movilizaciones colectivas, la simbiosis entre diferentes organizaciones o movimientos, o la construcción de estructuras organizativas unificadas, son sólo un aspecto de este permanente discurrir. Con frecuencia, los actores y las acciones siguen diversas trayectorias que no siempre desembocan en una misma forma organizativa, en un mismo acto o en las mismas reivindicaciones, pues la permanencia de los movimientos sociales viene dada por la continuidad de la dinámica de integración que define su articulación y no por la organización ininterrumpida de una acción colectiva común a todos sus miembros. En tal sentido, los movimientos sociales no representan el encuentro constante de actores colectivos e individuales, sino los diferentes cauces comunes seguidos por dichos actores. Estos cauces a veces confluyen en uno sólo y a veces siguen rutas divergentes para juntarse en ciertas coyunturas y volverse a separar. La dinámica de integración define también la espacialidad de la articulación." (16)

Con respecto a los actores, como sucede en la mayoría de los movimientos sociales, el que se ha ido estructurando frente a la globalización es muy heterogéneo. Más aún, si tenemos en consideración que el elemento que permite su articulación es el sentido de las acciones colectivas y no la posición estructural (de clase, etnia o género) de los actores, como sucede en movimientos como el sindical, el campesino, el indígena o el feminista. El análisis de las diferentes manifestaciones y expresiones colectivas que mencionamos en el punto anterior, permite entender que el movimiento frente a la globalización está conformado en primer lugar por un núcleo de enlace, de generación e intercambio de información, de reflexión y de circulación de propuestas que funciona como una red virtual construida en INTERNET (17) y reforzada por redes más tradicionales de organizaciones, movimientos y partidos. Así, por ejemplo, existen redes permanentes como la ATTAC (Asociación por la tasa Tobin -gravamen a las transacciones financieras especulativas con destinación específica- de ayuda a los ciudadanos), creada en Francia y con capítulos en diferentes países, o la AGP (Asociación Global de los Pueblos) creada en Ginebra en 1998 para contrarrestar los efectos sociales de las políticas de la OMC y del libre comercio. Entre las organizaciones se destacan ONGs como Intermón-OXFAM, Greenpeace, Amnistía Internacional o Médicos Sin Frontera (18). Entre los movimientos podemos mencionar a Vía Campesina, Marcha Mundial de la Mujeres, o la Cumbre de las Américas. Entre los partidos se destacan los de la izquierda tradicional, como Refundación Comunista en Italia, los de la nueva izquierda, como el PT en Brasil, los radicales y los ecologistas. Las redes son apoyadas por intelectuales y activistas reconocidos internacionalmente como Susan George, Samir Amin, Noam Chomsky, François Houtart, Vandana Shiva, Bernard Cassen, Ricardo Petrella o Ignacio Ramonet.

En segundo lugar, el movimiento se manifiesta en las redes específicas que impulsan acciones particulares como el FSG (Foro Social de Génova) o el Foro Social Mundial de Porto Alegre. En el primer caso uno de sus principales promotores fue Vittorio Agnoletto, dirigente de la Liga Italiana Antisida; en el segundo, el Movimiento Sin Tierra y el Partido de los Trabajadores del Brasil han sido protagonistas importantes. La diversidad de los grupos, organizaciones o movimientos que constituyen el núcleo de estas redes específicas, demuestran la imposibilidad de imponerles una organización homogénea y vertical que las desvirtúe.

En tercer lugar, en las movilizaciones propiamente dichas, la participación de grupos, asociaciones, organizaciones, movimientos, partidos políticos o individuos de origen local, nacional o internacional es totalmente diversa, en medios y fines, y muy activa. Sindicatos, organizaciones de mujeres, grupos contra la privatización, organizaciones campesinas con objetivos diversos, movimientos indígenas o étnicos, grupos juveniles, grupos que se proclaman anarquistas como el Bloque Negro, organizaciones contra los despidos masivos por causas financieras o contra la privatización, movimientos ambientales o ecologistas, grupos católicos (como los italianos y los brasileños) u hombres y mujeres que se unen a las manifestaciones. Las descripciones de la prensa, desde luego con cargas valorativas, son muy ilustrativas: En Gotemburgo "desde las ocho de la mañana unas 20.000 persona caminaron hacia las inmediaciones de la estación central, a unos quinientos metros de donde se celebraba la cumbre. Aunque el presidente estadounidense, George Bush, ya se había marchado a Polonia, los eslóganes no difirieron mucho de los de la manifestación, más tranquila, de la víspera: "Menos beneficios y más pueblo", "Salvad la tierra" e improperios contra el euro. El público tampoco era distinto. Junto a sindicalistas maduros, mujeres con niños e inmigrantes, dominaban los adolescentes de todos los estilos: punke, grunge, surfistas de pantalones caídos, vampiros engominados y unos cuantos guerrilleros urbanos con sus capuchas y antifaces negros. Fueron estos los que, sobre las once de la mañana, se enfrentaron con los agentes que cerraron el paso a la cumbre". (19) Los analistas también describen la riqueza de este tercer nivel de articulación, Barbara Epstein, por ejemplo, anota que "Para la izquierda estadounidense, la semana de manifestaciones alrededor del la cumbre de la OMC en Seattle, noviembre-diciembre de 1999, representó uno de los momentos más estimulantes después de décadas. Si la coalición que apareció en esta ocasión entre sindicatos, jóvenes radicalizados y organizaciones de defensa del medio ambiente y de los derechos humanos se consolida, la izquierda estadounidense podrá, después de un largo reflujo, afirmar su existencia dentro de un movimiento más amplio de defensa de la democracia contra los ataques de las empresas multinacionales. Pero, para que tal perspectiva se concretice, es necesario que el grupo de Seattle se amplíe a los hispanos y a los afroamericanos que fueron mantenidos al margen." (20)

La existencia de estos tres niveles de articulación de actores y acciones le han permitido al movimiento romper los límites nacionales que habían caracterizado en el pasado a los movimientos antisistémicos y pasar coyunturalmente de lo global a lo local y lo nacional (21). No obstante, sigue siendo la dimensión global la que facilita la articulación y se constituye en el núcleo de la praxis colectiva que caracteriza al movimiento frente a la globalización.

Las formas de articulación, como lo demuestra Susan George en el caso de Seattle, implican una planeación coordinada en diferentes partes del planeta; una preparación minuciosa de las acciones colectivas centrales, con la realización de actos previos como manifestaciones, seminarios, constitución de redes ad hoc, recopilación, procesamiento y distribución de la información; y finalmente, la colectivización del sentido del movimiento. Este trabajo implica altos niveles de coordinación, con responsables diversos y heterogéneos en cada sitio (22). Debido a la diversidad de los actores y a su naturaleza social irreductible a una sola categoría o grupo (clase, etnia, género o partido), el tipo de articulación que se ha ido generando es de clara raigambre libertaria; así lo entiende Carlos Taibo en El País de Madrid:

"Trazar un perfil de lo que al cabo son realidades muy dispares es tarea delicada, en la que resulta fácil confundir hechos y deseos. Aún así, y a manera de cautelosa aproximación, lo primero que se impone es subrayar que si los movimientos contra la globalización beben de alguna tradición, ésa es, sin duda, la libertaria. En ellos se aprecia una inclinación por la asamblea, la horizontalidad y la descentralización, acompañada de un rechazo expreso de los tributos que profesionales de la política, burócrata y santones han obligado a pagar a tantas organizaciones de inclinación emancipadora. Los movimientos se hallan más cerca de lo que pasa por ser lo marginal -okupas, insumisos, comunas rurales o radios alternativas, para entendernos- que de los cenáculos de la izquierda oficializada, tanto partidaria como sindical. Guardan también las distancias, por cierto, con respecto a otro mundo de gestación reciente, el de las organizaciones no gubernamentales, que a los ojos de muchos ha experimentado una general degradación y ha dilapidado parte del potencial de contestación que se le atribuía un decenio atrás. Nada de lo anterior quiere decir, sin embargo, que en los movimientos hostiles a la globalización falte esa dimensión militante que tan caduca y antiestética se antoja a algunos intelectuales biempensantes. No hay en esos movimientos desprecio alguno hacia quienes de dejan la piel en el trabajo colectivo. Despuntan en ellos eso sí, una general apuesta por la vida cotidiana -a buen seguro, algo debe a la notable presencia de las mujeres?, una dimensión lúdica claramente ausente en la conducta de las fuerzas políticas al uso y un empleo sagaz de estrategias de comunicación que aspiran a erosionar los cimientos del pensamiento único que se impone por doquier." (23)

En el movimiento frente a la globalización, al contrario de lo que afirman sus detractores para estigmatizarlo, los grupos nacionalistas se articulan sólo esporádicamente y los grupos chovinistas y racistas (como los mencionados en forma desafortunada por Manuel Castells al hablar de los movimientos contra el nuevo orden global -las milicias estadounidenses que proclaman la superioridad blanca o Aum Shinkiryo en Japón que se resiste a la globalización invocando la recuperación de la espiritualidad japonesa- (24) no participan en el movimiento y su carácter segregacionista los mantiene por fuera de él. Las expresiones violentas en las manifestaciones corresponde a grupos como el Bloque Negro que aunque participa en las movilizaciones, se margina de las instancias de articulación del movimiento. Susan George resume la posición que los otros actores asumen frente a ellos, la cual adquiere más relevancia después de los hechos del 11 de septiembre:

"- Hacen inevitable el juego del adversario, incluso cuando la policía es responsable del inicio de las hostilidades; los medios de comunicación y los políticos no hablan más que de la violencia; las ideas, las razones, las propuestas quedan escondidas.
"-Cualquiera que piense que rompiendo escaparates y atacando a la policía 'amenaza al capitalismo no tiene pensamiento político. Es un necio.
"-No se puede construir un movimiento amplio y popular sobre la base de la violencia; la gente no vendrá a las manifestaciones ni seminarios de estudio.
"-No es democrático. Hay grupos que nunca están en el trabajo preparatorio, que no hacen nada en la política de cada día, pero que aparecen en la manifestaciones como flores venenosas para romper cualquier acuerdo que haya sido negociado con los demás.
"-Se insulta a los que condenan y rechazan la violencia, tratándolos de reformistas; pero no es nada revolucionario dividir el movimiento social y rechazar aliados potenciales, no es nada revolucionario generar la simpatía de la población hacia los adversarios; no es revolucionario oponerse a las medidas parciales (tasa Tobin, renta básica de ciudadanía) esperando el gran día del asalto al Palacio de Invierno." (25)


3. El sentido, la racionalidad instrumental y los símbolos de las acciones colectivas.

"Las acciones colectivas ?connaturales a los movimientos sociales? tienen tres dimensiones que (...) se manifiestan de la siguiente manera: la racionalidad instrumental permite un cálculo de costos y beneficios propio a las prácticas sociales, lo simbólico?afectivo le otorga significado a la acción por lo que ella representa para los actores y el sentido de acuerdo con valores orienta la praxis del movimiento. Las dos últimas dimensiones determinan la primera; pues el cálculo de costos y beneficios depende del universo de sentido (simbólico afectivo y de acuerdo con valores) en el que se coloquen los actores." (26) En el movimiento frente a la globalización, el sentido explícito e implícito de las acciones colectivas que lo van animando conlleva la crítica al tipo de globalización dominante en el mundo, mientras los símbolos ponen en evidencia el poder de ocultación del discurso que lo sustenta y la racionalidad instrumental parece desmentir su carácter ineluctable

3.A. El sentido explícito del movimiento frente a la globalización es señalado con claridad por los actores que participan en él:

  • Configura la lucha contra un cierto tipo de globalización: la impuesta por el neoliberalismo, como práctica y como ideología, con su carga de privatizaciones, desregulaciones, desempleo funcional, fomento de las desigualdades, deterioro del gasto social, apertura total de las economías más débiles y parcial de las más fuertes...; por los mercados financieros y la especulación que le es natural, y por el capital global; por tecnologías de la información que benefician al menos de 15% de la población mundial; y por la localización globalizada y el localismo globalizado impulsados desde diferentes centros de ejercicio del poder nacionales o transnacionales (27). Susan George dice con respecto a este tipo de globalización: "Llamemos la globalización por su nombre; es una corporación de grandes empresas e industrias cuya voluntad domina el planeta." (28) Sólo con relación a este aspecto del sentido se podría decir que el movimiento es contra, en los términos que sostiene Touraine en su conversación virtual con los lectores de El País, del 13 de julio de 2001.
  • Es un movimiento por la erradicación de la pobreza en el mundo y por una mejor distribución de la riqueza. Al respecto afirma Carlos Taibo: "Otro elemento descuella en el discurso que, en casi todos los lugares, postulan los movimientos antiglobalización: la conciencia de que es preciso buscar fórmulas que rompan la miseria general que ha cobrado cuerpo al amparo del reparto de papeles asumido por neoliberales y socialdemócratas vergonzantes. Nadie vuelve la vista, entretanto, hacia unos sistemas, los del socialismo real de otrora, que aparecen preñados de represión, jerarquías y furibundo desarrollismo, lejos del apetito de muchas gentes que, siquiera sólo sea por razones de edad, se han instalado en un universo mental distinto. En un terreno afín, los movimientos que nos ocupan iluminan una inédita síntesis entro lo que con alguna ligereza llamaremos el espíritu contestatario del mayo francés, por un lado, y la herencia más llevadera del obrerismo de antaño, por el otro." (29)
  • Constituye una crítica general al modelo de producción y consumo que lleva a la depredación de la naturaleza y a la degradación del ser humano. Dentro de este horizonte se encuentran desde quienes proponen reformas al actual sistema para llegar a un capitalismo más humano, hasta los anticapitalistas que ven necesaria una nueva revolución de tipo global. En el desarrollo de propuestas alternativas, François Houtart, por ejemplo propone desde una perspectiva socialista, que supone la transformación de la relación entre capital y trabajo asalariado, el ecodesarrollo alternativo: "Se trata de crear nuevas relaciones de producción que respondan, al mismo tiempo al callejón sin salida de la destrucción de recursos naturales no renovables, de la contaminación y de la desreglamentación ecológica." (30)
  • La reagrupación del pensamiento y la acción críticas sobre nuevas bases que eviten los errores del pasado: Según Houtart, alrededor del movimiento frente a la globalización "Un análisis crítico del pensamiento y la práctica marxista se desarrolla. Hay también una reflexión de la izquierda política. Es así que Foro de Sao Paulo, en América Latina, ha pasado de la crítica la neoliberalismo y de la autocrítica de la izquierda latinoamericana, a la formulación progresiva de alternativas y lo hizo el tema central de la reunión de Porto Alegre en 1997. En Asia también, el People's Power for the 21st Century (PP XXI) que reúne a organismos de acción social y movimientos populares de toda Asia, ha experimentado una evolución parecida. "Se asiste, un poco por todos lados, a presiones sociales para exigir la democracia, que, cada vez más, es percibida como una exigencia metodológica, mas allá del simple proceso electoral. Esta es una de las enseñanzas importantes de los zapatistas en México. Existen también intentos de globalización de las resistencias, en el terreno del pensamiento: creación del Foro Mundial de Alternativas, con sede provisional en Dakar, pero también iniciativas nuevas en el terreno de la acción: huelgas a escala europea en Renault, por ejemplo, en solidaridad con los obreros de la sede Vilvorde, en Bélgica y contra el cierre de ésta." (31)

3.B. Aparte de este sentido explícito, también podemos identificar uno implícito que está comprendido en el análisis de un grupo importante de intelectuales y trasciende muchas acciones:

  • La búsqueda de otros tipos de globalización que pueden ser agrupados bajo la concepción del cosmopolitismo, es decir, del encuentro enriquecedor de las diferencias no jerarquizadas en un espacio común que sería el mundo, para procurar el bienestar del conjunto de la humanidad. Susan George habla de los "ciudadanos del mundo"; Alberto Melucci propone la transformación de la sociedad planetaria desde una perspectiva sistémica: "Sabemos ahora ?y las constantes referencias a una catástrofe que puede ocurrir en cualquier momento contribuyen a ese conocimiento? que no existe otro tiempo que no sea el interior del sistema, y que no hay una sociedad ahí afuera, esperándonos, que no sea la que nosotros seamos capaces o incapaces de construir, que no sea la que nosotros seamos capaces o incapaces de crear ahora mismo, dentro de los límites del equilibrio sistémico" (32). Toni Negri y Michael Hardt hablan de la multitud contra el imperio: "El poder imperial ya no puede resolver el conflicto de las fuerzas sociales mediante esquemas que desplacen los términos del conflicto. Los conflictos sociales que constituyen la política se confrontan entre ellos directamente, sin ningún tipo de mediación. Esta es la novedad esencial de la situación imperial. El imperio crea un potencial para la revolución mucho mayor que el de los regímenes modernos de poder, porque nos presenta, a lo largo de la máquina de comando, frente a una alternativa: el conjunto de todos los explotados y subyugados, una multitud directamente opuesta al Imperio, sin mediación entre ellos. En este punto, entonces, como dice San Agustín, nuestra tarea es discutir, con lo mejor de nuestros poderes, 'el ascenso, el desarrollo y el fin destinado de las dos ciudades...que hallamos...entretejidas...y mezcladas entre sí'" (33). Finalmente Boaventura de Sousa conceptualiza la noción de csomopolitismo: "Contra el universalismo, debemos proponer diálogos interculturales sobre preocupaciones isomórficas. Contra el relativismo, debemos desarrollar criterios procedimentales interculturales para distinguir las políticas progresistas de las reaccionarias, el apoderamiento del desapoderamiento, la emancipación de la regulación. No se debe defender ni el universalismo ni el relativismo, sino más bien el cosmopolitismo, es decir la globalización de las preocupaciones morales y políticas y las luchas contra la opresión y el sufrimiento humanos" (34) (...) "El cosmopolitismo y la herencia común de la humanidad son globalizaciones desde abajo" (35).
  • La democratización de las relaciones de poder a nivel global (sociales y políticas) o con más precisión la creación de una dimensión pública global: "La dirección del cambio debería ir en sentido opuesto a lo que plantea el neoliberal. Requerimos más democracia. Pero que quede claro, lo anterior no significa una supuesta simplificación del sistema electoral, aboliendo el sistema proporcional a favor de mecanismos mayoritarios. De la misma manera más democracia no significa conservar o renovar el presidencialismo. Una democracia más honda exige revisión en campos diversos de su práctica directa y semidirecta. Exige una democratización de los medios de comunicación porque su concentración en manos de grupos de capitalistas muy poderosos resulta incompatible con cualquier justicia electoral o con una soberanía democrática real. En otras palabras, esos tres temas se pueden traducir en un vocabulario clásico. Son las tres formas necesarias modernas de la libertad, la igualdad y, en vez de fraternidad, termino de connotación sexista, pongamos solidaridad. Para concretar esas opciones necesitamos una actitud segura, agresiva, digamos menos alegremente feroz que fue el neoliberalismo en su origen. Quizás un día aquello se llame neosocialismo" (36)

3.C. En lo simbólico-afectivo el movimiento tenía un objetivo claro, hacer visible el lado oculto de la globalización dominante. Al respecto, la descripción de Ana Párraga, de la CGT española es muy elocuente: "Esto es lo que pretendemos desde nuestro movimiento de resistencia, seguimos a las grandes instituciones financieras internacionales en sus congresos para denunciar sus verdaderas intenciones, sabemos que con eso no acabamos con el sistema, pero sí que damos un primer paso, crear debate en la sociedad y que la gente empiece a preguntarse por qué cada vez las brechas sociales son más grandes, quién genera la deuda externa de los países pobres, cada vez más pobres, por qué la precariedad (en todos los terrenos de la sociedad) cada vez es mayor, quien fomenta la desregulación del mercado de trabajo y los contratos basura y la destrucción del ecosistema... Queremos que el televidente que asiste pasivamente al espectáculo de la pobreza y la precariedad, se conciencie y salga de su casa a manifestar su rechazo al sistema que potencia las desigualdades, la injusticia y la destrucción del planeta." (37)

Este efecto simbólico ha producido consecuencias prácticas importantes que han servido para menguar el poder simbólico de la globalización anotado por Hugo Fazio: la desnaturalizaron (la globalización era presentada por sus promotores como "un orden espontáneo y natural" que por consiguiente sería "ajeno a cualquier tipo de crítica, a no ser las que se sustentan en una anticuada nostalgia por el pasado" (38)); recobraron la noción de su historicidad ("las interpretaciones más usuales de la globalización se basan en un discurso que tiende a desgarrar el presente del pasado, subsumiendo los anhelos de futuro en el presente, con lo cual se desvanecen los referentes habituales de los individuos. Esto trae consigo dos consecuencias principales: de una parte, el pasado pareciera que no cuenta por cuanto todos somos o podemos convertirnos en potenciales global players de la globalización en la medida en que asumamos los retos y desafíos que nos depara el presente. De la otro, ninguna importancia tiene de donde se viene o cual es el nivel de desarrollo que tenga una determinada sociedad, por cuanto todos los actores disponen de análogas condiciones para asumir la modernidad globalizadora" (39)); han ido recuperando el valor de la esfera política como instancia reguladora frente a las leyes del mercado ("Como se asevera generalmente que la fuerza que comanda este proceso la asume el mercado, entonces se supone que ahora todas las relaciones públicas o privadas, incluidas las internacionales, se confunden con la economía o la economía internacional. Incluso los ámbitos no económicos, como la política, el tejido social y la cultural asumen un acelerado proceso de mercantilización"(40)); finalmente, rompieron el imaginario según el cual la única manera de garantizar el futuro es adaptándonos al presente de la globalización dominante (Con la globalización "se consolida la idea de que si nos apropiamos positivamente del presente, mediante la interiorización de todas las variables que permiten un acoplamiento con las tendencias globalizadoras, el futuro puede pertenecernos" (41)).

3.D. En cuanto a la racionalidad instrumental el movimiento ha sido un excelente medio para alcanzar fines concretos. Entre ellos podemos mencionar los siguiente: impidió la aprobación de proyecto AMI (Acuerdo multilateral sobre las inversiones) que alienaba cualquier tipo de soberanía en los mercados financieros; suspendió la puesta en marcha de la ronda del milenio por la OMC en Seatlle; impulsó un foro mundial alternativo como el de Porto Alegre que consolida el movimiento; obligó a los estados y a los gobiernos a ralentizar el ritmo de la integración ciega al proceso de globalización (incluso en la última reunión del Foro Económico Mundial en Davos varios gobiernos del tercer mundo reconocieron la pertinencia del movimiento y apoyaron algunas de sus reivindicaciones); rompió el bloque dogmático que le daba justificación ideológica a la globalización dominante, así esta ruptura implique un nuevo alineamiento de las posiciones, este es mucho más favorable para el movimiento (son bastantes conocidos los ataques de Joseph Stiglitz, exvicepresidente del Banco Mundial al FMI por su manejo de la crisis asiática y por las consecuencias sociales de los programas de ajuste estructural, o la de Ravi Kanbur, responsable del informe anual sobre desarrollo en el mundo del mismo B.M. que renunció después de la presión estadounidense, o las declaraciones del maganate Georges Soros en Porto Alegre)


4. Peligros y desafíos.
Después de la articulación inicial el movimiento frente a la globalización presenta los siguientes peligros y desafíos:

La heterogeneidad de los actores y del sentido de su praxis presenta serios problemas al momento de pasar de las manifestaciones contra la globalización a la construcción de un cosmopolitismo que pueda presentarse como una alternativa a nivel global.

El campo social en conflicto sigue demasiado centrado en los escenarios globalizantes y no ha logrado proyectarse a los escenarios regionales (con excepción de Europa), nacionales y locales. Por consiguiente, su proyección sigue siendo marginal y su legitimidad está muy atada al pequeño porcentaje que en el planeta tiene acceso a las redes de información virtual. Esto hace que mayorías importantes de la población en continentes como el asiático, el americano o el africano estén por fuera del movimiento y que minorías, también importantes, como los afro-americanos y los hispanos en los Estados Unidos, no logren articularse al mismo.

El movimiento ha logrado construir un espacio global para desarrollar el conflicto, pero ha dejado relegados a un segundo lugar otros espacios donde las repercusiones de la globalización se manifiesta con igual intensidad y en forma diferenciada. Las acciones globales contra las entidades multinacionales, transnacionales o nacionales son efectivas y congregan al movimiento, pero no sucede lo mismo con las que tienen una característica más local o nacional. Tal situación puede conducir a un dualismo que sea funcional al replanteamiento de los globalofílicos

En una coyuntura, que probablemente va a cubrir el próximo decenio, donde los sucesos del 11 de septiembre favorecieron el desarrollo de una política global policiva y militar en nombre del combate al terrorismo, las manifestaciones violentas y la acción de los provocadores puede llevar fácilmente al traste al movimiento.

La dependencia de las redes virtuales y la debilidad de las redes reales amenazan con convertir al movimiento en una realidad aparente que se desgaste en acciones puntuales y no logre desarrollar su horizonte de sentido. La participación de los intelectuales y los académicos en la consolidación del movimiento no ha permitido una necesaria reflexión de segundo grado y su actividad dual, como activistas y analistas, puede restarle profundidad a sus aportes teóricos y prácticos.

Sin embargo, la consigna de Ramonet, tras la senda de Marx, parece cobrar cada día más vigencia:

"Protestatarios del mundo uníos"


Textos de Referencia

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NOTAS

1. MÚNERA RUIZ Leopoldo (1996), p.79-80.
2. CASTELLS Manuel (1999), Capítulo II, pp. 91-103.
3. RAMONET Ignacio (2001).
4. Subcomandante insurgente Marcos (1994), p. 9.
5. Ver: El País, 20 de marzo de 2001.
6. Ver: El País, 29 de julio de 2001.
7. POLET François (2001), p. 8.
8. RAMONET Ignacio (2001).
9. POLET François (2001), p. 8.
10. Ibíd., p. 9.
11.Ibíd., p. 8.
12. Ibíd., p. 10.
13. FAZIO VENGOA Hugo (2002), p. 22.
14. TOUSSAINT Eric (2001), p. 67.
15. POLET François (2001), p. 9.
16. MÚNERA RUIZ Leopoldo (1998) pp. 61-62
17. Según El Mercurio de Chile del 14 de agosto de 2001, sólo en español, en ese momento se encontraban más de 300 enlaces de Internet que promovían de una u otra manera el movimiento.
18. Al primer Foro Social Mundial de Porto Alegre asistieron más de 900 ONGs de todo el mundo.
19. El País, 16 de junio de 2001.
20. EPSTEIN Barbara (2000), p. 21.
21. Ver: ARRIGHI G., HOPKINS T.K y WALLERSTEIN I. (1999).
22. GEORGE Susan (2000).
23. TAIBO Carlos (2001).
24. CASTELLS Manuel (1999), Capítulo II, pp. 104-158.
25. Ver: ESTEFANÍA Joaquín (2001).
26. MÚNERA RUIZ Leopoldo (1998) pp. 64.
27. En términos de Boaventura de Souza Santos el localismo globalizado "Es el proceso por medio del cual un fenómeno local dado se globaliza exitosamente; verbigracia la operación mundial de las corporaciones transnacionales, la transformación del inglés en una lingua franca, la globalización de la comida rápida o la música popular americana, o la adopción en todo el mundo de las leyes de derechos de autor para el software de computador"; el globalismo localizado "consiste en el impacto específico de las prácticas e imperativos transnacionales sobre las condiciones locales que por tanto son desestructuradas y reestructuradas para responder a los imperativos transnacionales. Estos globalismos locales incluyen: enclaves de libre comercio; la deforestación y la destrucción masiva de recursos naturales para pagar la deuda externa; el uso turístico de tesoros históricos, sitios y creencias religiosas, artes y artesanías y la vida natural; el dumping ecológico; la conversión de una agricultura de subsistencia en una orientada hacia la exportación como parte del 'ajuste estructural'; la etnicización del lugar de trabajo." De SOUSA SANTOS Boaventura (1998), p. 350.
28. Ver: CORTES J.M. y VLINITZKY M. (2001).
29.TAIBO Carlos (2001).
30. HOUTART François (2001), p. 83.
3 . Ibíd., p. 81.
32.MELUCCI Alberto (1998), p. 364.
33.NEGRI Toni y HARDT Michael (2001), p. 369.
34.De SOUSA SANTOS Boaventura (1998ª), p.198.
35.De SOUSA SANTOS Boaventura (1998), P. 352. Este cosmopolitismo de tipo social y cultural contrasta con el cosmopolitismo legal que, bajo la inspiración de Kant, busca un gobierno mundial. El debate al respecto puede ser ilustrado por la lectura cruzada de los libros de HELD David (1997) y ZOLO Danilo (2000).
36. ANDERSON Perry (2001), pp. 100-101.
37.Conversaciones virtuales de El País, 11 de julio de 2001.
38. FAZIO VENGOA Hugo (2002), pp. 16
39. Ibíd., p. 17.
40. Ibídem.
41. Ibídem.

 

*Leopoldo Múnera Ruiz. Profesor Asociado de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia. El presente artículo hace parte del libro Mitos y realidades de la Globalización, de próxima publicación por parte de la Universidad Nacional de Colombia.

La primera versión de este documento fue presentada en Santa Clara, Cuba, el 8 de enero de 2002, en el VIII Simposio Internacional sobre Filosofía Latinoamericana, organizado por la Universidad Central de la Villas.

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