Programa Andino
de Derechos Humanos

 

Análisis sobre Movimientos Sociales, Políticas de Seguridad y Democracia


Globalización y nueva complejidad social
De la era de la industrialización a la era de la información

Fernando Calderón *
Alicia Szmukler**

 

Contenido
Introducción
1. La globalización y la emergencia de la sociedad red
2. La nueva complejidad social y la emergencia de la sociedad red


Introducción

El mundo está atravesando una transición de una sociedad industrial, que giraba en torno del trabajo como fuerza y valor, hacia una sociedad del conocimiento, cuyo núcleo es la información y la capacidad para manejarla y producirla. Esta transformación, que tiende a darse a escala global, ha sido impulsada fundamentalmente por los cambios producidos en el plano de la tecno-economía, cuyos actores primordiales son las transnacionales y los científicos y profesionales de la información. En el plano de la política, que no alcanza a dar respuesta a estos cambios, han cumplido un rol importante los nuevos movimientos sociales, que desplazaron la centralidad de los partidos políticos y de los movimientos sociales clásicos, como los sindicatos.

La emergencia de la sociedad del conocimiento supone una reestructuración de las relaciones entre empresas, Estado y movimientos sociales. Ella implicó una reconversión industrial y dio un nuevo dinamismo a las comunicaciones a través de las nuevas tecnologías, así como a un cambio en el tipo de gestión administrativa y económica. Las transnacionales, el mercado y la inteligencia científico-técnica ocupan hoy un lugar clave, dando forma a un nuevo patrón de desarrollo que se fundamenta en el conocimiento, en el que el Estado, los sindicatos y los partidos políticos, cuyo proceso de adaptación a la nueva sociedad es demasiado lento con respecto a la velocidad de los cambios que promueve, se ven desplazados del lugar central que ocupaban. El nuevo pacto entre el Estado, las empresas transnacionales, los productores de conocimiento y los partidos políticos, tiene una orientación mercantilista y tecno-económica. Frente a él surgieron nuevos movimientos sociales que plantean una oposición a la creciente concentración económica y dejan en evidencia la crisis de la política, que no pudo aún, a través de los mecanismos institucionales reconocidos, dar opciones alternativas a los efectos de desestructuración de la globalización tecno-económica.

Esta transformación histórica tiende a complejizar, diferenciar y desestructurar a las sociedades, tanto a su interior como a las relaciones entre sociedades desarrolladas y sociedades en vías de desarrollo. En este marco, el Estado pierde soberanía, frente a la constitución de actores supra-nacionales, y capacidad política, en favor de un mercado abierto, sobre el cual escasamente ejerce poder de regulación, mercado que es incapaz, por su propia naturaleza, de asegurar equidad e integración. Sin embargo, luego de la guerra desatada después del 11 de septiembre, la situación se complejiza, pues resulta evidente la debilidad de la economía para regular los conflictos transnacionales. Parece que nuevamente el Estado, bajo la forma de un Estado red, vuelve a colocar a la política en el centro del escenario. El problema es cómo.

En tal sentido, un tema fundamental es cómo las sociedades nacionales y sus Estados se vinculan con estos procesos de cambio y globalización, en relación con lo cual parecen existir dos alternativas: o tienen un rol pasivo, con una tendencia a la desestructuración, o intentan tener un rol proactivo, desarrollando la capacidad de incidencia en estos procesos a partir de las particularidades históricas de sus procesos de modernización. Es decir, mientras mayor sea la capacidad de manejo de los códigos modernos, mejor la calidad de la matriz socioeconómica interna y más sólidas las instituciones democráticas, mejores condiciones tendrán las sociedades y sus ciudadanos de enfrentar positivamente estos procesos de cambio. Este fenómeno implica nuevos problemas y nuevas opciones.

América latina, como la mayoría de los regiones del mundo, vive también esta transición. La pregunta es con qué bagaje cuenta para tener un rol activo en ella. A nuestro juicio, este rol activo dependerá de la capacidad de la sociedad y del Estado de enfrentar un conjunto de desafíos que plantea hoy la globalización. Por tanto, resulta fundamental para la sociedad caracterizar los procesos de cambio, la globalización y la nueva sociedad red, y comprender sus posibilidades de inserción en ella y las características de su dinamismo.

I. La globalización y la emergencia de la sociedad red

1. ¿Qué es la globalización?

Para empezar, vivimos en un mundo globalizado donde han aumentado las interdependencias entre países, regiones y ciudades y a cuyos beneficios se accede de manera desigual, de acuerdo con los intereses del capital y con los recursos tecnológicos, científicos, comunicacionales, políticos, que se posea para intervenir en él. La calidad del acceso a este mundo globalizado depende cada vez más tanto del desarrollo de conocimientos en ciencia y tecnología y de la capacidad de obtener y procesar información, como de las probabilidades de autoridad que tengan los Estados nacionales, los que, sin embargo, merced a los procesos de globalización y frente al poder cada vez mayor de actores supranacionales, han ido perdiendo capacidad de ejercer soberanía nacional, pero no campo de acción. (1)

Pero, ¿de qué se habla cuando se menciona el término "globalización"? La globalización es un proceso que se da fundamentalmente a partir la tecno-economía (aunque por supuesto también en los ámbitos cultural, político, jurídico), que implica una interconexión entre diferentes sectores considerados económicamente valiosos de distintos países y regiones simultáneamente; esto es posible gracias a las nuevas tecnologías de información que permiten concebir al espacio sin límites y al tiempo como único para todos los habitantes del planeta (2). Así, en primer lugar se esbozarán las características centrales de este proceso en el ámbito de la tecno-economía, ya que es su principal impulsor, para luego abordar sus manifestaciones en la cultura y la política.

Distintos autores sostienen que en realidad la globalización es la ideología del capitalismo, utilizándose este término para vincular fenómenos que son autónomos, aunque puedan relacionarse (3). Para Touraine, por ejemplo, la globalización expresa sobre todo la distancia creciente entre el mundo de la racionalidad técnica o instrumental y el mundo de la racionalidad sustantiva, de la subjetividad o de las identidades, problema central de la crisis de la modernidad, y que era resuelto hasta no hace mucho tiempo por la política, que ahora es incapaz de dar respuestas de carácter universal que vinculen lo económico con lo cultural (4).

Ahora bien, cuando se habla de globalización tecno-económica se hace referencia a la transnacionalización del mercado de bienes y servicios, a una nueva división social del trabajo de carácter global (esto significa que las empresas transnacionales contratan mano de obra en los países o regiones donde ésta se ofrezca a menor costo de acuerdo a sus objetivos) y sobre todo a la mundialización financiera, que implica que los capitales se mueven en el espacio y el tiempo instantánea e ilimitadamente, afectando los movimientos financieros de empresas privadas, Estados y organizaciones también de carácter transnacional que pueden dedicarse a actividades nobles o delictivas (5).

La competitividad en esta economía globalizada se centra en la concentración de la producción de conocimientos, el incremento de la flexibilidad de los sistemas y la gestión del trabajo, la inversión en tecnología de información, el paso de grandes empresas centralizadas a redes empresariales descentralizadas cuyos nodos están compuestos por diversas formas organizativas, que hoy también son flexibles según qué y cómo produzcan. Esto ha llevado a una pérdida de poder y de peso del trabajo, sector que hoy tiene menos capacidad para incidir en las negociaciones laborales (6).

Si bien la economía ha funcionado de manera interdependiente por siglos, la característica central de la globalización es que ha creado nuevos mercados comerciales de bienes y servicios y financieros (que funcionan las 24 horas del día y están conectados a escala mundial), instrumentos nuevos (la nueva tecnología que permite este tipo de funcionamiento en redes, básicamente Internet, teléfonos celulares, fax y transporte más veloz), actores nuevos con carácter transnacional (desde empresas multinacionales hasta organismos internacionales, ONGs de carácter global y bloques comerciales regionales) y nuevas normas también con rasgos internacionalizados que rigen los nuevos mercados (una política económica expandida en el mundo basada en la privatización y liberalización, regulación sobre derechos humanos básicos, convenios mundiales sobre medioambiente, etc.) (7).

Así, se construye un nuevo tipo de sociedad, que Castells denomina sociedad red o informacional, gracias a los avances en la tecnología de la información, aunque no sea una consecuencia directa de ellos, pues los usos que se hace de la tecnología dependen en gran medida de decisiones políticas. Ellos han implicado una flexibilización de la gestión del capital, una descentralización e interconexión de las empresas, el aumento del poder del capital con respecto al poder del trabajo, un cambio profundo en las relaciones laborales y en la regulación de los mercados de trabajo, la desregulación de los mercados en general con, ahora, una intervención mínima, cuando no inexistente, de los Estados, una intensificación de la competencia económica global en un contexto de diferenciación cultural, la globalización del sistema financiero y la creación de nuevos bloques económicos. Asimismo, la globalización, que incluye únicamente a los sectores que se considera valiosos económicamente de los distintos países, regiones o ciudades, ha producido una gran desigualdad, conviviendo en un mismo país o región zonas incorporadas a ella y otras que viven en la miseria y la exclusión (8).

En este último sentido, aunque la globalización abre una serie de nuevas oportunidades a países y regiones, también conlleva el problema del aumento de las desigualdades, pues la apertura de los mercados depende de las capacidades que tengan los países, las empresas y el capital humano. Si bien desde la óptica neoliberal el acceso a los mercados es libre y las normas que rigen la competencia no existen o son muy laxas, los países desarrollados de hecho limitan la entrada de bienes y servicios a sus mercados según su conveniencia, lo que no pueden negociar los países en vía de desarrollo, dejando en evidencia que las reglas de la globalización no son iguales para todos. Lo mismo ocurre en relación con el mercado cultural, liderado por empresas de comunicación transnacionales dirigidas por los países ricos, especialmente Estados Unidos, que tienen un alcance global y determinan lo que se consume culturalmente.

Los mercados globalizados pueden ser eficientes pero son inequitativos, lo que implica un aumento de la desigualdad entre países y al interior de los mismos. Por ejemplo, "la diferencia de ingreso entre el quinto de la población mundial que vive en los países más ricos y el quinto que vive en los países más pobres era de 74 a 1 en 1997, superior a la relación de 60 a 1 de 1990 y a la de 30 a 1 de 1960" (9). La participación de los países en la globalización es desigual de acuerdo con las posibilidades de cada uno de acceder a la tecnología, a los mercados económicos y financieros, a la difusión cultural. Asimismo, hoy los países no compiten únicamente entre sí, sino también con empresas transnacionales cuyos beneficios y ganancias superan en diversos casos el PIB de muchos países (10).

Por otra parte, la globalización tecno-económica no ha generado mayor nivel de empleo ni la expansión de trabajos más calificados y, por el contrario, ha intensificado una flexibilización de los mercados laborales con efectos negativos para los trabajadores en cuanto a estabilidad y seguridad laboral. Esto aumenta la inequidad pues, además, la velocidad de los avances tecnológicos es mucho mayor que la de la capacitación de la fuerza laboral, con lo cual los trabajadores que no pueden seguir ese ritmo se van descalificando de manera inversa al aumento de la tecnología. En cuanto a los movimientos migratorios, si bien las fronteras se han abierto en el sentido comercial principalmente, no lo han hecho para los habitantes que, en su mayoría por cuestiones económicas de falta de empleo o políticas, se ven expulsados de sus lugares de origen.

Estos aspectos inequitativos de la globalización producen una gran exclusión social y económica, es decir, mayor pobreza y menores niveles de participación social y política, y por tanto un debilitamiento de la ciudadanía y del mismo régimen democrático, que pierde legitimidad en la medida que es incapaz de dar respuestas eficaces frente a los procesos mencionados. Las acciones emprendidas por los gobiernos nacionales en los países en vías de desarrollo para insertarse en la economía global implicaron en general duros golpes para la gran mayoría de la población, afectando sus niveles de seguridad social al reestructurarse la economía y la sociedad a través de la privatización de empresas antes nacionales y de la liberalización de mercados con la consecuente flexibilización laboral(11). El Estado dejó de ser el asegurador del bienestar social, abandonando su carácter intervensionista y las responsabilidades vinculadas a sectores como educación y salud.

Desde posiciones críticas se sostiene que las inequidades son parte de la lógica de la globalización, que sería "la conquista final del capital del resto del mundo", lo que implica dominación política y explotación económica (12). La globalización tendría una lógica fundamentalmente mercantilista que precisa, por un lado, extender la venta de los productos y servicios con un alto valor agregado de conocimiento y, por el otro, explotar la mano de obra calificada y no calificada y obtener las materias primas más baratas. Esto se produce sobre todo desde las empresas multinacionales que tienen tecnología de punta y distribuyen sus productos y servicios no en relación con las necesidades de la población, sino según sus intereses económicos. Si a esto se le suma el alejamiento estatal de sectores que aseguraban en gran medida el bienestar de gran parte de la población, la inequidad producida por estos procesos de globalización aumenta.

En el ámbito cultural, la globalización abarca tanto los sistemas de conocimiento, sobre todo tecnológicos, que permiten la profundización de esta interconexión simultánea, como la expansión de una cultura del consumo. La globalización cultural también ha dado cabida a la manifestación de las diferencias, aunque, sobre todo desde los medios masivos de comunicación de propiedad de empresas transnacionales, el acceso y las posibilidades de manifestar las diferencias dependen de la ideología (generalmente consumista y neoliberal) de esos medios(13). La posibilidad de convivencia y tolerancia de las distintas culturas es uno de los desafíos que plantea la globalización en este ámbito.

La industria cultural tiene efectos homogeneizadores en un público amplio al fomentar los mismos gustos musicales, cinematográficos, televisivos, gastronómicos, etc., y no dar demasiado espacio a opciones alternativas. Sin embargo, esta idea de la homogenización cultural ha sido sumamente cuestionada y más bien conviene entender estos procesos en el contexto de una tensión entre dicha tendencia y la reafirmación de identidades locales con sus propios gustos, aspiraciones, imágenes de sí y construcciones culturales: que se acepte la misma música en muchos lugares no significa que se deje de tocar la música autóctona o que incluso se generen nuevos tipos de música que combinan raíces locales con gustos globales. Además, la globalización requiere de la localización, pues aunque la producción sea global o des-localizada, el consumo es local, por tanto las empresas multinacionales, por ejemplo, deben tomar en cuenta los rasgos culturales y territoriales específicos para tener éxito. Así, lo global no se opone a lo local, sino que lo precisa y a la vez le da nuevos significados (14).

Otro aspecto importante de la globalización cultural son las migraciones, ya que los migrantes llevan consigo sus propias culturas, las que son transformadas en el contacto con las nuevas sociedades a las que llegan y éstas últimas también sufren un impacto al interactuar con otros culturalmente distintos. Asimismo, el aumento de la conciencia ecológica, el cuestionamiento a la discriminación de la mujer (junto con la crisis del patriarcado), el surgimiento de un patrón individualista (en gran medida alentado por la competencia feroz que implica el acceso al mercado laboral) y un retraimiento hacia identidades primarias fuertes, serían también consecuencias que se expresan en el ámbito cultural, y no sólo económico o político, de los procesos de globalización mencionados.

En el ámbito político, la globalización ha puesto en evidencia la crisis de la política, que no es capaz de adaptarse y orientar estos nuevos procesos. Un rasgo de ello es que hoy la política actúa en un espacio regional-global, y no sólo local, y que las distancias en relación con el núcleo duro de la globalización se achican para algunos pocos sectores privilegiados, al tiempo que crecen las distancias sociales internas, fenómenos frente a los cuales la política no acaba de reacomodarse para poder dar respuestas representativas de las aspiraciones de la gente. La noción del tiempo también se ha modificado y ha repercutido en este ámbito: las experiencias pasadas no resultan útiles para afrontar los tiempos que corren y la visión de futuro se ha desvanecido con la crisis de los grandes relatos histórico-políticos; el futuro, entonces, que era la apuesta de la política, aparece difuso. Ello hace que la política se centre sólo en el presente y pierda perspectiva de largo plazo, afectando la toma de decisiones y la misma gobernabilidad. (15)

Un fenómeno que evidencia la incapacidad de los actores clásicos de dar respuesta a la nueva situación es el surgimiento, durante los años 80, de nuevos movimientos sociales que de manera puntual plantearon críticas al nuevo patrón económico, constatando la debilidad de los clásicos movimientos sociales como los sindicatos que, en la reestructuración, perdieron poder. Esos movimientos se vinculan más a la vida cotidiana, a las discriminaciones de género, al daño ecológico, al rescate de identidades comunitarias que refuercen más el lazo social, que a la política. Sin embargo, tampoco han sido una respuesta efectiva a la crisis de la política, en tanto su desarticulación y su carácter puntual los debilita y no los capacita para dar una visión más global y completa del mundo y de la profundidad de los cambios. Con todo, está en ciernes un movimiento anti-globalización, como se verá más adelante.

Parte de este proceso de globalización es también la creación o fortalecimiento de organismos internacionales, como Naciones Unidas, que intentan generar regulaciones en distintos campos (salud, medioambiente, etc.) con alcance mundial pero que carecen de poder suficiente para obligar a todos los gobiernos que sean ejercidas eficazmente. Esto se vincula con la globalización en el ámbito del derecho, mediante normas que rigen a los organismos internacionales o que condicionan la ingerencia en asuntos nacionales vinculados a la violación de derechos humanos fundamentales (16). La globalización política también se manifiesta en la mayor dependencia ideológica de los países en vías de desarrollo de los centros de decisión mundiales, producto asimismo del supuesto fin de las ideologías.

En esta línea centrada en la política es interesante la idea de que el poder se ha vuelto policéntrico, es decir, la pérdida relativa de soberanía de los Estados nacionales se ha dado conjuntamente con un nuevo reparto de poder entre actores transnacionales emergentes en los últimos 30 años, generando relaciones de conflicto o cooperación, según el caso, entre esos organismos y los Estados nacionales. Existirían dos ámbitos específicos que marcan la política en la globalización: uno, el de los Estados nacionales que, aunque han perdido soberanía tienen aún cierto poder hacia adentro de sus países y en su relación con los otros Estados; dos, el de las organizaciones transnacionales (empresas multinacionales, organismos internacionales, etc.), que cada vez intervienen más incluso en decisiones políticas, jurídicas y económicas nacionales, aumentando la pérdida de poder de los Estados nacionales, que se expresa en "... la internacionalización de los procesos de decisión política, las crecientes dependencias en políticas de seguridad, el tráfico de mercancías y la división del trabajo a nivel internacional" (17). Asimismo, hoy un punto central de la globalización en el campo de la política es el del terrorismo y la guerra, que además se vinculan con la modernización tecnológica, la industria de la comunicación a escala global y las frustraciones frente a una globalización económica excluyente, tema que se retomará más adelante.

Finalmente, cabe destacar que no sólo la tecno-economía, la cultura, la política o el derecho se están globalizando, sino muy especialmente los riesgos ecológicos. Esto significa, desde la perspectiva de Beck, que la misma sociedad, gracias a la actividad y decisión humanas orientadas a ejercer el mayor control y a sacar el mayor provecho posible de la naturaleza, ha puesto en peligro su propia supervivencia. El carácter global de los peligros fundamenta la idea de una sociedad global. El autor subraya tres tipos de daños ecológicos que provocan los peligros más graves: i) aquellos condicionados por la riqueza y vinculados a procedimientos técnico-industriales, como las consecuencias del ensanchamiento del agujero de ozono o de la manipulación genética; ii) aquellos condicionados por la pobreza vinculados a procedimientos técnico-industriales obsoletos, como la deforestación, los desechos tóxicos, las grandes tecnologías antiguas (estos últimos son los que más encontramos en nuestra región, producto de una modernización trunca); iii) los peligros que supone la existencia y creación permanente de nuevas armas de destrucción masiva vinculados a las guerras y al terrorismo (18).

En relación con este tema, vale la pena analizar brevemente, entre otras cosas por las consecuencias que tuvo después con la guerra del golfo, los actos de terrorismo ocurridos el 11 de septiembre en las ciudades de Nueva York y Washington, y la guerra consecuente que inició la alianza liderada por Estados Unidos contra Afganistán o contra el terrorismo, como el gobierno de ese país apunta. ¿Qué evidenciaron estos atentados dirigidos contra gente civil inocente a través de la destrucción completa de las Torres Gemelas de Nueva York (centro financiero internacional) y de la destrucción parcial del Edificio del Pentágono (centro político y militar) en Washington? ¿En qué medida se vinculan a los actuales procesos de globalización y modernización

En primer lugar, ellos demostraron que existe una red terrorista con alcance global capaz de producir atentados con enormes efectos, sangrientos, y que incluso puede desafiar, en su propio terreno, a la primera potencia mundial, Estados Unidos, sin el uso de armas nucleares o químicas, es decir, sin el uso de armas de destrucción masiva (19). Esto significa que los integrantes de estas redes actúan sin una ubicación nacional precisa, son muy flexibles en cuanto a sus lugares de operación y que, como sostiene Wieviorka, no apelan a un proyecto político con fines claros, sino que se unen en una lucha de carácter planetario, que les da una identidad global (20).

Asimismo, que su fin era destruir símbolos manifiestos del poder político y económico de uno de los países más modernizados del mundo, con más alta tecnología y nivel de desarrollo del planeta. Este país es atacado con eficacia, evadiendo además sus servicios de inteligencia, lo que implica que quienes hicieron los atentados se manifestaron en contra de aquellos ideales occidentales de modernización y globalización, paradójicamente, usando recursos de la misma modernización y globalización (21).

Por otra parte, que los efectos de los atentados también tienen carácter global, pues no sólo se restringen a la muerte de miles de personas y a la destrucción de edificios, sino que han provocado múltiples consecuencias en diversos ámbitos, pero sobre todo a nivel económico, por ejemplo en la merma del turismo, en la inseguridad que ahora siente la gente de viajar en avión, en la crisis que atraviesan por lo tanto las líneas aéreas, algunas de las cuales han despedido a un alto porcentaje de sus trabajadores, etc. También han impactado en el ámbito político, en el mayor control frente a turistas o inmigrantes extranjeros, así como en el cultural, en la creciente discriminación contra los musulmanes como si fueran un todo homogéneo.

En segundo lugar, aunque ningún grupo terrorista se adjudicó estos actos, se sospecha fuertemente (y para Estados Unidos es un hecho) que se trata de un grupo islámico radical. De ser así, se está tratando con una fuerza que lleva una lógica comunitarista cerrada, que se enfrenta desde ella a las imposiciones de la modernidad occidental y a una globalización que ha sido excluyente para una gran mayoría de países y poblaciones del mundo, y que no acepta los principios culturales que se transmiten de manera hegemónica a través de los medios masivos, más vinculados a la "cultura occidental" (22); una globalización que al tiempo que plantea "... la utopía luminosa de un mundo sin barreras ni fronteras, [da lugar también] a la utopía negra de un mundo uniforme sometido a lógicas invisibles piloteadas in fine por el capital financiero", y por lo tanto deja el espacio abierto también a la manifestación de particularismos cerrados opuestos a estas "utopías" (23).

¿Qué significa que sea un grupo con una lógica comunitarista cerrada? Hay que aclarar que no se trata de un movimiento social, sino, en términos tourenianos, de un anti-movimiento social que se construye en torno de una identidad sobre una base religiosa, nacional, étnica, etc., y que generalmente surge más bien del fracaso de un movimiento social. Lo interesante es que en el proceso de construcción de la identidad comunitarista, no existe referencia al otro; ella no se construye en relación con el otro como actor, sino negando al otro que es identificado claramente como enemigo. Por lo tanto, un rasgo de este tipo de identidad es su esencialismo, su naturalismo. Otro, es la subordinación de los individuos o subgrupos que la integran, quienes no tienen en absoluto autonomía de decisión y son privados de su individualidad como sujetos, requisito para pertenecer al grupo (24). Para Wieviorka, se trata de una lógica en la que identidad y acción se confunden: "... el actor es en sí mismo el sentido de su acción, él no se distancia de la historicidad que lo orienta. Es por ello que da a veces, en los casos extremos, la imagen de integrismo, de la referencia obstinada, sin concesión posible, a la tradición, a los valores, a los fundamentos que él reclama"(25).

Ahora bien, este tipo de lógica se acelera o reconstruye frente a situaciones de cambio, de paso de comunidades fuertemente tradicionalistas a otras más abiertas. Por lo tanto, no es casual que estos hechos hayan tenido lugar en el contexto de transformaciones globales que vive el mundo. Así, aparecen como acciones defensivas de identidades cerradas, excluidas o con escasas posibilidades de participar en esos cambios, que apelan a sus propias tradiciones, religiones, historias, para marcar una diferencia, una distancia desde la exclusión, que hoy no es posible o es muy difícil expresar desde el campo de la política en tanto ella no ha dado respuestas frente a estos temas vinculados a una globalización que, en principio, beneficia principalmente a los países ricos.

En el caso que se comenta, es evidente la intención de mostrar una ruptura con la "cultura occidental", con sus valores de progreso económico, con la dominación política y militar de Estados Unidos. Se trata de un terrorismo claramente anti-occidente, pero que no deja ver (o no tiene) una propuesta política nacional, ni pretende discutir planes políticos, sino lograr una presión sobre el "enemigo", generando una imagen negativa frente al público.

En tercer lugar, y en relación con esto último, quedó en evidencia la conciencia de quienes integran estas redes del uso y alcance de los medios masivos de comunicación. Las imágenes de los aviones chocando contra las Torres Gemelas y las sucesivas imágenes de su demolición suponen un manejo sofisticado de los medios visuales y un uso conciente de los mismos.

En este sentido, si bien el terrorismo no es un fenómeno nuevo en la historia, su vínculo con, y el uso que hace de, los medios masivos, sí lo es, pues no los utiliza como medio para el diálogo o el debate, sino como instrumento negador de la comunicación con otros, para dejar en evidencia su fuerza y su capacidad de acción sin presentar un discurso persuasivo para divulgar o convencer a los otros de sus ideas. La visualización en vivo y en directo de estos hechos, a través de cadenas noticiosas con alcance global, ha amplificado la gran inseguridad que de por sí generan actos de este tipo, ha vuelto espectáculo el sufrimiento y la impotencia, ha demostrado la capacidad de acción de sus autores sobre miles de vidas inocentes, ha creado fantasmas globales, pues si hechos de este tipo pudieron producirse en Nueva York o en el Pentágono, entonces ¿quién está libre de este peligro? El asunto se vuelve una amenaza global y, por tanto, el espectador deja de ser únicamente tal para ser un amenazado (26). El miedo está en el centro de la escena mundial.

Sin embargo, también ocurre lo contrario; es decir, en alguna medida los medios masivos pueden ser y de hecho son utilizados para difundir actitudes racistas y generar distancias con los "otros" desde la "cultura occidental", haciendo énfasis en diferencias "inaceptables", como la vida cotidiana de las mujeres musulmanas y la discriminación de que son objeto en su propia cultura. Esa difusión con ingredientes racistas contribuiría a fortalecer este tipo de identidades de manera defensiva frente a una cultura moderna occidental donde no encuentran cabida ni aceptación (27). La religión se constituye en un ámbito que les permite a estos excluidos de la cultura dominante afrontar la "desestructuración personal", al darles una pertenencia a partir de un compromiso con creencias y valores religiosos.

Por otra parte, la respuesta de Estados Unidos, gracias al apoyo consensuado de los países miembros de la OTAN y de muchos otros países del mundo en vías de desarrollo, a través de la guerra contra Afganistán (país que alberga a los terroristas), más allá de consideraciones éticas, genera muchas dudas en cuanto a la eficacia que pueda lograr en la desarticulación de las redes terroristas, al tiempo que crea más violencia y provoca también cientos o miles de muertes inocentes. La propia victoria en Afganistán no implica la desaparición del fenómeno del terrorismo global.

Finalmente, coincidimos con Beck cuando sostiene que "la irrupción del terror global ... entierra las promesas de salvación del neoliberalismo", vinculando los atentados con la crisis de la ideología neoliberal que pretendió reemplazar la política y el rol del Estado por la economía de mercado. El nuevo terrorismo sería, desde esta óptica, producto de una globalización económica desigual y crecientemente inequitativa y excluyente, que quitó al Estado su responsabilidad social y profundizó la crisis de la política. Sin embargo, dice este autor, "en tiempos de crisis, el neoliberalismo se encuentra manifiestamente desprovisto de toda respuesta política", y lo que queda en evidencia es precisamente la necesidad de encontrar una respuesta política a esta globalización económica des-humanizada (28).

Los aspectos globalizados mencionados del mundo en que vivimos modifican las relaciones entre Estado, sociedad y economía, así como entre el Estado nacional y otros organismos transnacionales, donde los Estados pierden capacidad soberana, las economías dependen unas de las otras (y por supuesto las más débiles están a expensas de las más fuertes) y las sociedades generan nuevos vínculos unas con otras, abiertas a las oportunidades que implica conocer nuevas culturas, pero en el marco de una cultura (cuya transmisión los medios de comunicación hacen posible) en la que convive una tensión entre una tendencia a la homogeneización de los gustos con otra a la segmentación de los públicos de acuerdo a su poder adquisitivo y con otra, a su vez, hacia una participación más plural. En este contexto, distintas religiones, así como también ideologías fundamentalistas u otros grupos cerrados, alzan sus voces rechazando una globalización que en gran medida los excluye, reforzándose así identidades primarias étnicas, territoriales o nacionales en oposición a estos procesos de globalización general.

2. La nueva complejidad social y la emergencia de la sociedad red

La globalización es resultado de la modernización científica y tecnológica, originada en los países desarrollados con la revolución industrial, la que produjo consecuentemente procesos de diferenciación social y funcional. Con ellos nos referimos, por un lado, a que impulsó la fragmentación y la secularización de las sociedades, al perder poder la tradición y la religión (que aseguraban la cohesión social en el pasado) y ganar fuerza una racionalidad centrada en el conocimiento técnico-científico (29); por el otro, a que impulsó la autonomía de la economía, la ciencia, la política y el derecho, esferas que aparentemente funcionan con dinámicas propias, de manera independiente, lo que afecta negativamente la construcción de una visión global del mundo.

Así, ambos procesos de diferenciación implicaron una creciente complejización de la sociedad con la multiplicación de espacios sociales, relativamente autónomos entre sí, y con la manifestación de racionalidades diversas, dejando en evidencia la dificultad de construir una visión articulada de la sociedad y una especie de descentramiento de la misma, debilitándose las representaciones colectivas, los lazos sociales y el vínculo entre sociedad y comunidad. La misma vida cotidiana ha cambiado; expresión de ello son los nuevos movimientos sociales que surgieron a partir de los 80, reivindicando cuestiones puntuales como el reforzamiento de lazos comunitarios, el problema del daño ambiental, la discriminación de género, etc. En este contexto, la política, que hasta no hace mucho proponía ideales en torno a los cuales los individuos daban un sentido a su futuro y reforzaban su vínculo social, perdió centralidad y entró en crisis, ya que no pudo dar respuesta a los cambios duros de la globalización y la modernización descritas.

Desde una perspectiva más teórica, y retomando el análisis weberiano sobre la modernización social, Habermas sostiene que ella se basa en la independencia (o diferenciación funcional) entre Estado y economía, aunque ambos se complementen. La racionalidad que organiza la burocracia estatal y la economía desplaza los antiguos fundamentos religiosos. Sin embargo, esa racionalidad instrumental deja de dar "sentido" al mundo de vida de los seres humanos, haciendo que deban buscar individualmente significados al mundo. Según este autor, la racionalización de los mundos de vida no es igual a la de la economía o la burocracia, ya que abarca aspectos centrales como la tradición y el pasado cultural y los procesos de socialización y de integración de los individuos a la sociedad. Los resultados de esta racionalización son heterogéneos (porque si bien generan una incertidumbre en cuanto a sentidos, también brindan mayores posibilidades de libertad individual), pero serán negativos si las lógicas administrativa y económica se imponen en los ámbitos de la cultura, la socialización y la integración (30).

Precisamente esto es lo que de hecho ha sucedido en la mayoría de las sociedades actuales y de allí la crítica a la modernidad en tanto proyecto cultural por parte del postmodernismo, cuyo cuestionamiento se centra en el develamiento de que la racionalidad científica, administrativa, económica, en fin, instrumental, ni es la única existente (y con ello se abre el abanico de las diferencias) ni asegura el progreso de la humanidad (rechazándose una visión lineal de cambio social ascendente). Caídas las utopías de cambio basadas en el desarrollo de una razón científica pero también vinculada a valores (este último tipo de racionalidad basada en valores se ha visto sobrepasada por la instrumental), se pierden horizontes colectivos. Es en este contexto en el que pueden comprenderse los nuevos procesos de globalización (decimos "nuevos" porque es un dato obvio que antes de los años 70 existía interdependencia entre los países, sin embargo no con las connotaciones ya señaladas en cuanto a una nueva concepción de espacio virtual y tiempo real, simultáneo).

Como dijimos, la globalización se corresponde con la actual fase de modernización. Esto implica un redimensionamiento tanto del espacio, que socava la autonomía (política, económica, cultural, etc.) dentro de los límites nacionales, como del tiempo, que acelera los procesos internos en función del mundo globalizado; el presente se vuelve el único tiempo válido, pues el futuro (representado en las utopías políticas modernas) no tiene formas creíbles.

Hoy la modernización ya no se apoya en el Estado sino en el mercado. Somos testigos de la expansión de la economía, y sobre todo de la sociedad de mercado, a partir de una lógica en la que imperan los valores de eficiencia y rentabilidad, los criterios de intercambio, las relaciones humanas competitivas, etc.; el cálculo egoísta predomina sobre la solidaridad y sobre valores colectivos de unidad y bien común que orientaban la convivencia democrática. Se trataría del predominio de la racionalidad técnica (específica de la economía de mercado) en todas las esferas de la vida (la política, la ciencia, la cultura, etc.). Por eso se trata de una racionalidad sólo capaz de expandirse en los marcos de una economía capitalista internacionalizada y desde un enfoque de mercado, neoliberal. Por supuesto la globalización no es sólo esto, ya que por otra parte en el plano económico ella promueve un dinamismo único, pero el mercado no puede generar integración por sus características específicas excluyentes en variados aspectos.

En este contexto, la modernización ha dado lugar al surgimiento de la sociedad informacional, de flujos o red (31), cuyos rasgos básicos en relación con la globalización económica son:

. La capacidad de producir y usar tecnologías de información como instrumento fundamental para el desarrollo.

· Los flujos de información y comunicación son el núcleo de la globalización económica. El acceso que se tenga a esos flujos, y los lugares que se ocupen en estas interconexiones, son fundamentales para todas las sociedades.

· Las redes de flujos de información son selectivas, dependiendo de la productividad y competitividad el poder que se tenga en ellas. Estas redes inciden en la sociedad fundamentalmente porque:

i) determinan la posición de los actores, organizaciones e instituciones y economías; ellos se distinguen según sea su posición en la red;
ii) determinan diferencias tanto al interior de las redes como entre ellas según sea la importancia estructural de los flujos de información que las redes crean;
iii) generan fuertes diferencias según sean las distintas posiciones que se ocupa en las redes (32).

Por lo tanto, la ubicación que los actores (individuales o institucionales, nacionales o culturales) tengan en la red, lo que depende de la tecnología de información con la que cuenten y de sus capacidades para competir en el mundo globalizado, determinará su capacidad de acción en este mundo, la que, por otra parte, no está asegurada para siempre.

Al respecto, Internet adquiere un valor central pues es la tecnología de comunicación que permite sostener la interacción permanente y simultánea entre los nodos y los ejes de esta nueva sociedad de flujos de información. Un rasgo distintivo de la red es su arquitectura abierta "tanto en el aspecto tecnológico como de su organización social-institucional", por la libertad de acceso que brinda a un público muy amplio, evitando muy eficientemente censuras de los gobiernos y las empresas; su límite más importante es la gran masa de gente que no tiene las capacidades suficientes para entrar a la red y navegar en ella (33).

La difusión de Internet es muy rápida y no equitativa; ella deja en evidencia la distancia entre países desarrollados y países en desarrollo. En palabras de Castells: "... esta difusión sigue un patrón espacial que fragmenta su geografía de acuerdo a la riqueza, la tecnología y el poder: es la nueva geografía del desarrollo"; se trata de un patrón que se repite al interior de los países (34).

La emergencia de la sociedad informacional global vinculada a la modernización crea nuevas oportunidades y desafíos, y también excluye a muchos cuyas posibilidades de tener acceso a las redes globales son escasas o nulas. A esto hay que agregar que, por otra parte, tiende a descomponer los lazos sociales y comunitarios mediante los cuales los individuos y las personas aprenden a deliberar, debatir, tomar decisiones, asumir responsabilidades y construir una cultura de solidaridad comunitaria.

En el plano cultural, la modernización se vincula a la globalización de una cultura dominante cuyos valores centrales son el consumo y el individualismo, que cambia los patrones de sociabilidad en la vida cotidiana a través de:

· La expansión del mercado y la industria culturales que tiende a integrar en el plano simbólico al conjunto de las sociedades, homogeneizando gustos y segmentando mercados según las características de los procesos de diferenciación social. Así, por ejemplo, en América Latina los procesos culturales tienden a un nuevo sincretismo altamente asociado a la producción cultural de los países de economías avanzadas. La internacionalización simbólica, al definirse en estos países (sobre todo en Estados Unidos), tiende a excluir o limitar la calidad de la vida cotidiana y la capacidad de los ciudadanos de autodeterminación cultural.

· La multiplicación de identidades culturales, hasta no hace mucho tiempo subordinadas a lógicas estatales y nacionalistas. Esta expansión cultural tiende a redefinir los conflictos sociales que en la sociedad moderna se dan más en torno a los temas de la reproducción cultural y la integración social que en relación con cuestiones políticas (35).

· La importancia estratégica de la educación, el conocimiento y las redes de información para poder tener acceso al mundo moderno.

· La crisis de los modelos de crecimiento económico y consumo basados en la explotación indiscriminada del medioambiente. En este sentido, existe una conciencia ecológica creciente a nivel mundial pero, al mismo tiempo, una pérdida de capacidad de control ecológico nacional junto con intereses particularistas muy fuertes que impiden un cuidado más riguroso del medioambiente.

Quizás la pregunta en este sentido es ¿cómo la modernización afecta las certezas y seguridades de la gente, que se construyen a partir del lazo social en la vida cotidiana de las personas? ¿Cómo estos nuevos rasgos de la cultura global impregnan las formas de vida cotidiana entre los individuos en las distintas sociedades? ¿En qué medida estamos preparados para afrontar los desafíos que ellos imponen?

Si bien los procesos de modernización han sido diferentes según el país, hoy todos vivimos en una sociedad globalizada a la que accedemos según nuestra historia, nuestra cultura, nuestra dinámica y oportunidades económicas, según los lugares que ocupen distintos segmentos de la sociedad en las redes globales. La cuestión a debatir es cómo cada país se inserta o no en esa sociedad red globalizada, con qué bagaje, qué retos enfrenta y qué peligros.


Notas
1. Para una discusión sobre este tema, véase, entre otros, Beck, U., 1998.
2. Según el sociólogo Guy Rocher, existe una confusión de términos cuando se hace referencia a la globalización, pues ella tiende a asociarse tanto a la internacionalización como a la mundialización. El intenta separar estas tres nociones para develar los fenómenos diferentes (con racionalidades y lógicas específicas relacionadas a problemas sociales y humanos diversos) que se ocultan bajo una misma denominación; en este sentido, sostiene que: 1) la internacionalización se refiere a los intercambios (económicos, políticos y culturales) entre las naciones; 2) la mundialización se vincula con "la extensión de estas relaciones e intercambios internacionales y transnacionales por el mundo, como consecuencia de la rapidez creciente del transporte y las comunicaciones en la civilización contemporánea" (p. 19, traducción propia) y 3) la globalización supone el surgimiento de un sistema-mundo como hecho social total, como un referente en sí mismo, donde gracias a las posibilidades de interconexión instantánea, las sociedades mundiales pueden funcionar como un todo. (Rocher, G., 2001).
3. Véase Touraine, A., 1999 y Rocher, G., 2001, entre otros.
4. "Actualmente no estamos viviendo el proceso de globalización, sino la disyunción de la modernización instrumental y del mundo de las conciencias que se convierte en un mundo de identidades. ... esto quiere decir que entre ambos, el mundo de la economía y de la técnica, por una parte, y el mundo de las culturas, por otra, el mundo social y político se hunde, desaparece, se derrumba". (Touraine, A., 1999:135.)
5. Entre los análisis que se centran en la economía para explicar la globalización destaca el de Wallerstein (1979), para quien la economía capitalista, necesariamente global, es el fundamento de estos procesos; ella genera un nuevo "sistema-mundo" en el que existe una única división del trabajo a escala mundial; y aunque el sistema tiene contradicciones, los desequilibrios se vuelven funcionales. Una de las virtudes de este análisis es que explica muy bien algunos rasgos estructurales de la globalización; sin embargo, su lógica es demasiado determinista al explicar este fenómeno sólo desde la economía y la institucionalización del mercado, sin dar lugar a la intervención del poder político. (Para una crítica a este análisis, véase Busino, G., 2001).
6. Un texto fundamental para comprender estos cambios que atraviesan las sociedades es la trilogía de Manuel Castells, 1996-1997, La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Madrid: Alianza.
7. UNDP, 1999:30.
8. Castells, M., 1996.
9. UNDP, 1999:3. Asimismo, "... en 1960 el 20% de la población mundial que vivía en los países más ricos tenía 30 veces el ingreso del 20% más pobre; en 1997 era 74 veces superior". (Ibid., 1999:36.)
10. "... las empresas multinacionales ... predominan en los mercados mundiales. Sus filiales extranjeras tuvieron en 1997 ventas que se estiman en 9,5 billones de dólares. Su valor agregado fue el 7% del PIB mundial en 1997, en comparación con el 5% a mediados de los años 80. Su participación en las exportaciones mundiales aumentó también, de un cuarto a fines de los años 80 a un tercio en 1995. A las multinacionales con sede en Estados Unidos corresponde más de un cuarto del PIB de los Estados Unidos, 2 billones de 7,3 billones de dólares. Y las grandes multinacionales están creciendo todavía más a medida que proliferan las absorciones y fusiones de empresas". (UNDP, 1999:32.)
11. Este proceso no se dio de igual manera en todos los países, aunque siguió más o menos esta norma en los latinoamericanos. En el sudeste asiático el proceso de modernización e inserción en la globalización fue, contrariamente a lo dicho, liderado por Estados fuertes.
12. Tandon, Y., 1997:389. Traducción propia.
13. El alcance de estos medios también se ha globalizado, sobre todo a través de la televisión: entre 1980 y 1995 el número de televisores por cada 1.000 habitantes en todo el mundo aumentó de 121 a 235. (UNDP, 1999:33.)
14. En este sentido, es sugerente la noción de "glocalización" acuñada por Robertson (1992) asociada a la globalización cultural; según esta idea se acepta la tensión que existe entre elementos de culturas locales y de la cultura globalizada; el análisis de esta tensión permite comprender mejor la globalización cultural. En esta lógica, "la cultura global transciende la unidad sociedad-Estado y se sitúa más allá de la sociedad-nación. Ella produce procesos de integración (cultural, normativa, comunicativa, funcional) y de desintegración (de códigos, de memorias, de signos, de lenguajes y de prácticas sociales); ella valoriza las diversidades, las variedades y las riquezas específicas. Al mismo tiempo, ella suscita la resistencia al orden y a las restricciones. La multiplicación de flujos culturales engendra tensiones, pero favorece también la elaboración de culturas transnacionales, desterritorializadas, abiertas a los intercambios inmateriales y a los contactos interpersonales. Hay reencuentros y choques entre las diferentes culturas, pero ellas toman lugar al interior de un contexto global, complejo, desordenado, en sí mismo en formación, en vías de construcción". (Busino, G., 2001:171. Traducción propia.)
15. Calderón, F. y Lechner, N., 1998.
16. También el derecho pierde su carácter local en el marco de la globalización política. Al respecto, véase Rocher, G., 2001. Un ejemplo de ello ha sido el caso del dictador chileno Augusto Pinochet, detenido durante casi dos años en Londres por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante su gobierno a pedido del juez español Baltasar Garzón.
17. Beck, U., 1998:64.
18. Beck, U., 1998:65-71.
19. Para Beck (2001), la vulnerabilidad de Estados Unidos se vincula precisamente a su ideología neoliberal a ultranza, ya que por ella la seguridad aérea del país se encuentra privatizada, y deja de ser un asunto público, incluso sabiendo el gobierno con antelación que podían producirse atentados: "... a diferencia de Europa, Estados Unidos ha privatizado la seguridad aérea, encargándola al 'milagro del empleo' que constituyen esos trabajadores a tiempo parcial altamente flexible, cuyo salario, inferior incluso al de los empleados de los restaurantes de comida rápida, gira en torno a los seis dólares por hora. ... Así, la concepción neoliberal de que Estados Unidos tiene de sí mismo (por un lado, la tacañería del Estado; por el otro, la trinidad desregulación-liberalización-privatización) explica en parte la vulnerabilidad de estados Unidos frente al terrorismo. ... Las imágenes de horror de Nueva York son portadoras de un mensaje que aún no se ha dilucidado: un Estado, un país, se pueden neoliberalizar a muerte".
20. "... su violencia no se inscribe en un espacio político donde se pueda negociar; es meta-política, guerrera y puramente terrorista". (Wieviorka, M., 2001.)
21. Beck, U., 2001.
22. El islamismo sería la "irrupción visual de la diferencia. ... Las reivindicaciones islamistas no pueden ser consideradas como simple búsqueda de reconocimiento de derechos cívicos. El islamismo crea sus propios actores que construyen su diferencia rechazando, por un lado, las definiciones hechas de la identidad musulmana que les son impuestas y, por el otro, la asimilación de las exigencias de la modernidad mono-civilizacional [occidental]". (Göle, N., 2001:63. Traducción propia.) Asimismo, el autor sugiere que esta corriente religiosa sería una respuesta frente a la secularización moderna.
23. Hervieu-Léger, D., 2001:183. Traducción propia.
24. Ello explica de alguna manera la exposición de la propia vida al cometer estos actos. Para Wieviorka, el individuo que pertenece a estos grupos terroristas "... no produce por sí mismo su existencia, él no se define por su capacidad de creación o de elección que le permitiría construir su propia vida. El sentido de sus conductas pasa por la intervención de aquello que tiene el poder de inspirar o de orientar la acción (clérigos, profetas, líderes carismáticos)". (Wieviorka, M., 1991:190. Traducción propia.)
25. Wieviorka, M., 1991:93. En esta lógica, el otro aparece como amenazador de la existencia de esa identidad, y por tanto de la propia existencia del individuo, quien es esa identidad. Así, no hay posibilidad de negociación del conflicto, y el único camino posible para no ser destruido es la aniquilación del otro. De ahí el fanatismo, la audacia y la aceptación de dar hasta la propia vida.
26. Wieviorka, M., y Wolton., D., 1987.
27. "A través de los medios, los debates públicos y la gestión institucional, [países como] Francia y Alemania operan, de modos diferentes, una distancia de los musulmanes que viven en su seno. Ellos se sirven del Islam para redefinir una identidad fragilizada construyendo un "Otro" más imaginario que real". (Tietze, N., 2001:206. Traducción propia.)
28. Beck, U., 2001.
29. Con la modernidad todo se cuestionó, aumentando la incertidumbre. La racionalidad técnico-científica se transformó en la única fuente creíble para conocer el mundo. La Razón es el nuevo Dios moderno, pero a diferencia de los antiguos no brinda explicaciones eternas, pues los conocimientos científicos que la sustentan cambian con el tiempo por el avance del mismo conocimiento, obligando a los individuos y a las sociedades a estar preparados para las transformaciones. La lógica del cambio posible niega la antigua del destino seguro, generando mucha inseguridad, pero a la vez abre el espacio a las aspiraciones de emancipación y progreso. La modernidad aparece así como una crítica a la tradición, como una nueva lógica de conocimiento y como una propuesta abierta al futuro.
30. Habermas, J., 2000:193-194. El autor es más optimista al proponer las posibilidades de influencia de una razón comunicativa que expandiría las chances de una "modernización reflexiva". El encuentra una ambivalencia en la modernización social: "Una creciente complejidad social no provoca per se efectos alienantes. Puede también ampliar la libertad de opciones y las capacidades de aprendizaje, pero sólo si la división del trabajo entre sistema y mundo de la vida se mantiene intacta. Las patologías sociales se empiezan a dar como consecuencia de la invasión de relaciones de intercambio y reglamentaciones burocráticas en los ámbitos comunicativos centrales de las esferas privada y pública del mundo de la vida". (Ibid., 2000:195.)
31. Cada vez más, las sociedades se constituyen por flujos de información que se intercambian en redes de organizaciones e instituciones. Los flujos son secuencias de intercambios e interacciones con un objetivo; son repetitivas y programables entre posiciones físicamente separadas sostenidas por actores sociales miembros de instituciones y organismos de la sociedad. (Castells, M., 1996.)
32. Castells, M., 1996.
33. Castells, M., 1996:389 y 2001a:26.
34. Castells, M. 2001a:212. Traducción propia. En cuanto a la geografía de los usuarios, según datos de septiembre de 2000, "Norteamérica, con más de 161 millones de usuarios, era la región dominante del mundo y, junto con los 105 millones de usuarios de Europa, constituía el grueso del total de 378 millones de usuarios de Internet, en claro contraste con la distribución de la población en el planeta. Así, la región del Pacífico asiático, con más de dos tercios de la población mundial, sólo contaba con 90 millones de usuarios, cerca del 23.6% del total; Latinoamérica tenía sólo cerca de 15 millones de usuarios; el Oriente Medio 2.4 millones; y África 3.11 millones, de los cuales la mayoría estaba en Sudáfrica". (Ibid., 2001:209. Traducción propia.)
35. Según el Informe sobre desarrollo humano 1996, más del 70% de los conflictos a nivel mundial desde principios de los años 90 se producen al interior de los países y, además, estos conflictos son en su mayoría de carácter intercultural, principalmente étnicos y religiosos. (UNDP, 1996.)

 

*Fernando Calderón. Sociólogo boliviano. Asesor del Informe de Desarrollo Humano, PNUD, Bolivia.

**Alicia Szmukler. Socióloga argentina. Master en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma/ILADES, Chile.

Ponencia presentada en la Conferencia regional "Movimientos sociales, políticas de seguridad y democracia", organizada por el Programa Andino de Derechos Humanos, PADH. La Paz-Bolivia, mayo 27 y 28 de 2003.

 

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