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Introducción
El mundo está atravesando una transición de una
sociedad industrial, que giraba en torno del trabajo como fuerza
y valor, hacia una sociedad del conocimiento, cuyo núcleo
es la información y la capacidad para manejarla y producirla.
Esta transformación, que tiende a darse a escala global,
ha sido impulsada fundamentalmente por los cambios producidos
en el plano de la tecno-economía, cuyos actores primordiales
son las transnacionales y los científicos y profesionales
de la información. En el plano de la política, que
no alcanza a dar respuesta a estos cambios, han cumplido un rol
importante los nuevos movimientos sociales, que desplazaron la
centralidad de los partidos políticos y de los movimientos
sociales clásicos, como los sindicatos.
La emergencia de la sociedad del conocimiento supone una reestructuración
de las relaciones entre empresas, Estado y movimientos sociales.
Ella implicó una reconversión industrial y dio un
nuevo dinamismo a las comunicaciones a través de las nuevas
tecnologías, así como a un cambio en el tipo de
gestión administrativa y económica. Las transnacionales,
el mercado y la inteligencia científico-técnica
ocupan hoy un lugar clave, dando forma a un nuevo patrón
de desarrollo que se fundamenta en el conocimiento, en el que
el Estado, los sindicatos y los partidos políticos, cuyo
proceso de adaptación a la nueva sociedad es demasiado
lento con respecto a la velocidad de los cambios que promueve,
se ven desplazados del lugar central que ocupaban. El nuevo pacto
entre el Estado, las empresas transnacionales, los productores
de conocimiento y los partidos políticos, tiene una orientación
mercantilista y tecno-económica. Frente a él surgieron
nuevos movimientos sociales que plantean una oposición
a la creciente concentración económica y dejan en
evidencia la crisis de la política, que no pudo aún,
a través de los mecanismos institucionales reconocidos,
dar opciones alternativas a los efectos de desestructuración
de la globalización tecno-económica.
Esta transformación histórica tiende a complejizar,
diferenciar y desestructurar a las sociedades, tanto a su interior
como a las relaciones entre sociedades desarrolladas y sociedades
en vías de desarrollo. En este marco, el Estado pierde
soberanía, frente a la constitución de actores supra-nacionales,
y capacidad política, en favor de un mercado abierto, sobre
el cual escasamente ejerce poder de regulación, mercado
que es incapaz, por su propia naturaleza, de asegurar equidad
e integración. Sin embargo, luego de la guerra desatada
después del 11 de septiembre, la situación se complejiza,
pues resulta evidente la debilidad de la economía para
regular los conflictos transnacionales. Parece que nuevamente
el Estado, bajo la forma de un Estado red, vuelve a colocar a
la política en el centro del escenario. El problema es
cómo.
En tal sentido, un tema fundamental es cómo las sociedades
nacionales y sus Estados se vinculan con estos procesos de cambio
y globalización, en relación con lo cual parecen
existir dos alternativas: o tienen un rol pasivo, con una tendencia
a la desestructuración, o intentan tener un rol proactivo,
desarrollando la capacidad de incidencia en estos procesos a partir
de las particularidades históricas de sus procesos de modernización.
Es decir, mientras mayor sea la capacidad de manejo de los códigos
modernos, mejor la calidad de la matriz socioeconómica
interna y más sólidas las instituciones democráticas,
mejores condiciones tendrán las sociedades y sus ciudadanos
de enfrentar positivamente estos procesos de cambio. Este fenómeno
implica nuevos problemas y nuevas opciones.
América latina, como la mayoría de los regiones
del mundo, vive también esta transición. La pregunta
es con qué bagaje cuenta para tener un rol activo en ella.
A nuestro juicio, este rol activo dependerá de la capacidad
de la sociedad y del Estado de enfrentar un conjunto de desafíos
que plantea hoy la globalización. Por tanto, resulta fundamental
para la sociedad caracterizar los procesos de cambio, la globalización
y la nueva sociedad red, y comprender sus posibilidades de inserción
en ella y las características de su dinamismo.
I. La globalización y la emergencia de la sociedad
red
1. ¿Qué es la globalización?
Para empezar, vivimos en un mundo globalizado donde han aumentado
las interdependencias entre países, regiones y ciudades
y a cuyos beneficios se accede de manera desigual, de acuerdo
con los intereses del capital y con los recursos tecnológicos,
científicos, comunicacionales, políticos, que se
posea para intervenir en él. La calidad del acceso a este
mundo globalizado depende cada vez más tanto del desarrollo
de conocimientos en ciencia y tecnología y de la capacidad
de obtener y procesar información, como de las probabilidades
de autoridad que tengan los Estados nacionales, los que, sin embargo,
merced a los procesos de globalización y frente al poder
cada vez mayor de actores supranacionales, han ido perdiendo capacidad
de ejercer soberanía nacional, pero no campo de acción.
(1)
Pero, ¿de qué se habla cuando se menciona el término
"globalización"? La globalización es un
proceso que se da fundamentalmente a partir la tecno-economía
(aunque por supuesto también en los ámbitos cultural,
político, jurídico), que implica una interconexión
entre diferentes sectores considerados económicamente valiosos
de distintos países y regiones simultáneamente;
esto es posible gracias a las nuevas tecnologías de información
que permiten concebir al espacio sin límites y al tiempo
como único para todos los habitantes del planeta (2). Así,
en primer lugar se esbozarán las características
centrales de este proceso en el ámbito de la tecno-economía,
ya que es su principal impulsor, para luego abordar sus manifestaciones
en la cultura y la política.
Distintos autores sostienen que en realidad la globalización
es la ideología del capitalismo, utilizándose este
término para vincular fenómenos que son autónomos,
aunque puedan relacionarse (3). Para Touraine, por ejemplo, la
globalización expresa sobre todo la distancia creciente
entre el mundo de la racionalidad técnica o instrumental
y el mundo de la racionalidad sustantiva, de la subjetividad o
de las identidades, problema central de la crisis de la modernidad,
y que era resuelto hasta no hace mucho tiempo por la política,
que ahora es incapaz de dar respuestas de carácter universal
que vinculen lo económico con lo cultural (4).
Ahora bien, cuando se habla de globalización tecno-económica
se hace referencia a la transnacionalización del mercado
de bienes y servicios, a una nueva división social del
trabajo de carácter global (esto significa que las empresas
transnacionales contratan mano de obra en los países o
regiones donde ésta se ofrezca a menor costo de acuerdo
a sus objetivos) y sobre todo a la mundialización financiera,
que implica que los capitales se mueven en el espacio y el tiempo
instantánea e ilimitadamente, afectando los movimientos
financieros de empresas privadas, Estados y organizaciones también
de carácter transnacional que pueden dedicarse a actividades
nobles o delictivas (5).
La competitividad en esta economía globalizada se centra
en la concentración de la producción de conocimientos,
el incremento de la flexibilidad de los sistemas y la gestión
del trabajo, la inversión en tecnología de información,
el paso de grandes empresas centralizadas a redes empresariales
descentralizadas cuyos nodos están compuestos por diversas
formas organizativas, que hoy también son flexibles según
qué y cómo produzcan. Esto ha llevado a una pérdida
de poder y de peso del trabajo, sector que hoy tiene menos capacidad
para incidir en las negociaciones laborales (6).
Si bien la economía ha funcionado de manera interdependiente
por siglos, la característica central de la globalización
es que ha creado nuevos mercados comerciales de bienes y servicios
y financieros (que funcionan las 24 horas del día y están
conectados a escala mundial), instrumentos nuevos (la nueva tecnología
que permite este tipo de funcionamiento en redes, básicamente
Internet, teléfonos celulares, fax y transporte más
veloz), actores nuevos con carácter transnacional (desde
empresas multinacionales hasta organismos internacionales, ONGs
de carácter global y bloques comerciales regionales) y
nuevas normas también con rasgos internacionalizados que
rigen los nuevos mercados (una política económica
expandida en el mundo basada en la privatización y liberalización,
regulación sobre derechos humanos básicos, convenios
mundiales sobre medioambiente, etc.) (7).
Así, se construye un nuevo tipo de sociedad, que Castells
denomina sociedad red o informacional, gracias a los avances en
la tecnología de la información, aunque no sea una
consecuencia directa de ellos, pues los usos que se hace de la
tecnología dependen en gran medida de decisiones políticas.
Ellos han implicado una flexibilización de la gestión
del capital, una descentralización e interconexión
de las empresas, el aumento del poder del capital con respecto
al poder del trabajo, un cambio profundo en las relaciones laborales
y en la regulación de los mercados de trabajo, la desregulación
de los mercados en general con, ahora, una intervención
mínima, cuando no inexistente, de los Estados, una intensificación
de la competencia económica global en un contexto de diferenciación
cultural, la globalización del sistema financiero y la
creación de nuevos bloques económicos. Asimismo,
la globalización, que incluye únicamente a los sectores
que se considera valiosos económicamente de los distintos
países, regiones o ciudades, ha producido una gran desigualdad,
conviviendo en un mismo país o región zonas incorporadas
a ella y otras que viven en la miseria y la exclusión (8).
En este último sentido, aunque la globalización
abre una serie de nuevas oportunidades a países y regiones,
también conlleva el problema del aumento de las desigualdades,
pues la apertura de los mercados depende de las capacidades que
tengan los países, las empresas y el capital humano. Si
bien desde la óptica neoliberal el acceso a los mercados
es libre y las normas que rigen la competencia no existen o son
muy laxas, los países desarrollados de hecho limitan la
entrada de bienes y servicios a sus mercados según su conveniencia,
lo que no pueden negociar los países en vía de desarrollo,
dejando en evidencia que las reglas de la globalización
no son iguales para todos. Lo mismo ocurre en relación
con el mercado cultural, liderado por empresas de comunicación
transnacionales dirigidas por los países ricos, especialmente
Estados Unidos, que tienen un alcance global y determinan lo que
se consume culturalmente.
Los mercados globalizados pueden ser eficientes pero son inequitativos,
lo que implica un aumento de la desigualdad entre países
y al interior de los mismos. Por ejemplo, "la diferencia
de ingreso entre el quinto de la población mundial que
vive en los países más ricos y el quinto que vive
en los países más pobres era de 74 a 1 en 1997,
superior a la relación de 60 a 1 de 1990 y a la de 30 a
1 de 1960" (9). La participación de los países
en la globalización es desigual de acuerdo con las posibilidades
de cada uno de acceder a la tecnología, a los mercados
económicos y financieros, a la difusión cultural.
Asimismo, hoy los países no compiten únicamente
entre sí, sino también con empresas transnacionales
cuyos beneficios y ganancias superan en diversos casos el PIB
de muchos países (10).
Por otra parte, la globalización tecno-económica
no ha generado mayor nivel de empleo ni la expansión de
trabajos más calificados y, por el contrario, ha intensificado
una flexibilización de los mercados laborales con efectos
negativos para los trabajadores en cuanto a estabilidad y seguridad
laboral. Esto aumenta la inequidad pues, además, la velocidad
de los avances tecnológicos es mucho mayor que la de la
capacitación de la fuerza laboral, con lo cual los trabajadores
que no pueden seguir ese ritmo se van descalificando de manera
inversa al aumento de la tecnología. En cuanto a los movimientos
migratorios, si bien las fronteras se han abierto en el sentido
comercial principalmente, no lo han hecho para los habitantes
que, en su mayoría por cuestiones económicas de
falta de empleo o políticas, se ven expulsados de sus lugares
de origen.
Estos aspectos inequitativos de la globalización producen
una gran exclusión social y económica, es decir,
mayor pobreza y menores niveles de participación social
y política, y por tanto un debilitamiento de la ciudadanía
y del mismo régimen democrático, que pierde legitimidad
en la medida que es incapaz de dar respuestas eficaces frente
a los procesos mencionados. Las acciones emprendidas por los gobiernos
nacionales en los países en vías de desarrollo para
insertarse en la economía global implicaron en general
duros golpes para la gran mayoría de la población,
afectando sus niveles de seguridad social al reestructurarse la
economía y la sociedad a través de la privatización
de empresas antes nacionales y de la liberalización de
mercados con la consecuente flexibilización laboral(11).
El Estado dejó de ser el asegurador del bienestar social,
abandonando su carácter intervensionista y las responsabilidades
vinculadas a sectores como educación y salud.
Desde posiciones críticas se sostiene que las inequidades
son parte de la lógica de la globalización, que
sería "la conquista final del capital del resto del
mundo", lo que implica dominación política
y explotación económica (12). La globalización
tendría una lógica fundamentalmente mercantilista
que precisa, por un lado, extender la venta de los productos y
servicios con un alto valor agregado de conocimiento y, por el
otro, explotar la mano de obra calificada y no calificada y obtener
las materias primas más baratas. Esto se produce sobre
todo desde las empresas multinacionales que tienen tecnología
de punta y distribuyen sus productos y servicios no en relación
con las necesidades de la población, sino según
sus intereses económicos. Si a esto se le suma el alejamiento
estatal de sectores que aseguraban en gran medida el bienestar
de gran parte de la población, la inequidad producida por
estos procesos de globalización aumenta.
En el ámbito cultural, la globalización abarca
tanto los sistemas de conocimiento, sobre todo tecnológicos,
que permiten la profundización de esta interconexión
simultánea, como la expansión de una cultura del
consumo. La globalización cultural también ha dado
cabida a la manifestación de las diferencias, aunque, sobre
todo desde los medios masivos de comunicación de propiedad
de empresas transnacionales, el acceso y las posibilidades de
manifestar las diferencias dependen de la ideología (generalmente
consumista y neoliberal) de esos medios(13). La posibilidad de
convivencia y tolerancia de las distintas culturas es uno de los
desafíos que plantea la globalización en este ámbito.
La industria cultural tiene efectos homogeneizadores en un público
amplio al fomentar los mismos gustos musicales, cinematográficos,
televisivos, gastronómicos, etc., y no dar demasiado espacio
a opciones alternativas. Sin embargo, esta idea de la homogenización
cultural ha sido sumamente cuestionada y más bien conviene
entender estos procesos en el contexto de una tensión entre
dicha tendencia y la reafirmación de identidades locales
con sus propios gustos, aspiraciones, imágenes de sí
y construcciones culturales: que se acepte la misma música
en muchos lugares no significa que se deje de tocar la música
autóctona o que incluso se generen nuevos tipos de música
que combinan raíces locales con gustos globales. Además,
la globalización requiere de la localización, pues
aunque la producción sea global o des-localizada, el consumo
es local, por tanto las empresas multinacionales, por ejemplo,
deben tomar en cuenta los rasgos culturales y territoriales específicos
para tener éxito. Así, lo global no se opone a lo
local, sino que lo precisa y a la vez le da nuevos significados
(14).
Otro aspecto importante de la globalización cultural son
las migraciones, ya que los migrantes llevan consigo sus propias
culturas, las que son transformadas en el contacto con las nuevas
sociedades a las que llegan y éstas últimas también
sufren un impacto al interactuar con otros culturalmente distintos.
Asimismo, el aumento de la conciencia ecológica, el cuestionamiento
a la discriminación de la mujer (junto con la crisis del
patriarcado), el surgimiento de un patrón individualista
(en gran medida alentado por la competencia feroz que implica
el acceso al mercado laboral) y un retraimiento hacia identidades
primarias fuertes, serían también consecuencias
que se expresan en el ámbito cultural, y no sólo
económico o político, de los procesos de globalización
mencionados.
En el ámbito político, la globalización
ha puesto en evidencia la crisis de la política, que no
es capaz de adaptarse y orientar estos nuevos procesos. Un rasgo
de ello es que hoy la política actúa en un espacio
regional-global, y no sólo local, y que las distancias
en relación con el núcleo duro de la globalización
se achican para algunos pocos sectores privilegiados, al tiempo
que crecen las distancias sociales internas, fenómenos
frente a los cuales la política no acaba de reacomodarse
para poder dar respuestas representativas de las aspiraciones
de la gente. La noción del tiempo también se ha
modificado y ha repercutido en este ámbito: las experiencias
pasadas no resultan útiles para afrontar los tiempos que
corren y la visión de futuro se ha desvanecido con la crisis
de los grandes relatos histórico-políticos; el futuro,
entonces, que era la apuesta de la política, aparece difuso.
Ello hace que la política se centre sólo en el presente
y pierda perspectiva de largo plazo, afectando la toma de decisiones
y la misma gobernabilidad. (15)
Un fenómeno que evidencia la incapacidad de los actores
clásicos de dar respuesta a la nueva situación es
el surgimiento, durante los años 80, de nuevos movimientos
sociales que de manera puntual plantearon críticas al nuevo
patrón económico, constatando la debilidad de los
clásicos movimientos sociales como los sindicatos que,
en la reestructuración, perdieron poder. Esos movimientos
se vinculan más a la vida cotidiana, a las discriminaciones
de género, al daño ecológico, al rescate
de identidades comunitarias que refuercen más el lazo social,
que a la política. Sin embargo, tampoco han sido una respuesta
efectiva a la crisis de la política, en tanto su desarticulación
y su carácter puntual los debilita y no los capacita para
dar una visión más global y completa del mundo y
de la profundidad de los cambios. Con todo, está en ciernes
un movimiento anti-globalización, como se verá más
adelante.
Parte de este proceso de globalización es también
la creación o fortalecimiento de organismos internacionales,
como Naciones Unidas, que intentan generar regulaciones en distintos
campos (salud, medioambiente, etc.) con alcance mundial pero que
carecen de poder suficiente para obligar a todos los gobiernos
que sean ejercidas eficazmente. Esto se vincula con la globalización
en el ámbito del derecho, mediante normas que rigen a los
organismos internacionales o que condicionan la ingerencia en
asuntos nacionales vinculados a la violación de derechos
humanos fundamentales (16). La globalización política
también se manifiesta en la mayor dependencia ideológica
de los países en vías de desarrollo de los centros
de decisión mundiales, producto asimismo del supuesto fin
de las ideologías.
En esta línea centrada en la política es interesante
la idea de que el poder se ha vuelto policéntrico, es decir,
la pérdida relativa de soberanía de los Estados
nacionales se ha dado conjuntamente con un nuevo reparto de poder
entre actores transnacionales emergentes en los últimos
30 años, generando relaciones de conflicto o cooperación,
según el caso, entre esos organismos y los Estados nacionales.
Existirían dos ámbitos específicos que marcan
la política en la globalización: uno, el de los
Estados nacionales que, aunque han perdido soberanía tienen
aún cierto poder hacia adentro de sus países y en
su relación con los otros Estados; dos, el de las organizaciones
transnacionales (empresas multinacionales, organismos internacionales,
etc.), que cada vez intervienen más incluso en decisiones
políticas, jurídicas y económicas nacionales,
aumentando la pérdida de poder de los Estados nacionales,
que se expresa en "... la internacionalización de
los procesos de decisión política, las crecientes
dependencias en políticas de seguridad, el tráfico
de mercancías y la división del trabajo a nivel
internacional" (17). Asimismo, hoy un punto central de la
globalización en el campo de la política es el del
terrorismo y la guerra, que además se vinculan con la modernización
tecnológica, la industria de la comunicación a escala
global y las frustraciones frente a una globalización económica
excluyente, tema que se retomará más adelante.
Finalmente, cabe destacar que no sólo la tecno-economía,
la cultura, la política o el derecho se están globalizando,
sino muy especialmente los riesgos ecológicos. Esto significa,
desde la perspectiva de Beck, que la misma sociedad, gracias a
la actividad y decisión humanas orientadas a ejercer el
mayor control y a sacar el mayor provecho posible de la naturaleza,
ha puesto en peligro su propia supervivencia. El carácter
global de los peligros fundamenta la idea de una sociedad global.
El autor subraya tres tipos de daños ecológicos
que provocan los peligros más graves: i) aquellos condicionados
por la riqueza y vinculados a procedimientos técnico-industriales,
como las consecuencias del ensanchamiento del agujero de ozono
o de la manipulación genética; ii) aquellos condicionados
por la pobreza vinculados a procedimientos técnico-industriales
obsoletos, como la deforestación, los desechos tóxicos,
las grandes tecnologías antiguas (estos últimos
son los que más encontramos en nuestra región, producto
de una modernización trunca); iii) los peligros que supone
la existencia y creación permanente de nuevas armas de
destrucción masiva vinculados a las guerras y al terrorismo
(18).
En relación con este tema, vale la pena analizar brevemente,
entre otras cosas por las consecuencias que tuvo después
con la guerra del golfo, los actos de terrorismo ocurridos el
11 de septiembre en las ciudades de Nueva York y Washington, y
la guerra consecuente que inició la alianza liderada por
Estados Unidos contra Afganistán o contra el terrorismo,
como el gobierno de ese país apunta. ¿Qué
evidenciaron estos atentados dirigidos contra gente civil inocente
a través de la destrucción completa de las Torres
Gemelas de Nueva York (centro financiero internacional) y de la
destrucción parcial del Edificio del Pentágono (centro
político y militar) en Washington? ¿En qué
medida se vinculan a los actuales procesos de globalización
y modernización
En primer lugar, ellos demostraron que existe una red terrorista
con alcance global capaz de producir atentados con enormes efectos,
sangrientos, y que incluso puede desafiar, en su propio terreno,
a la primera potencia mundial, Estados Unidos, sin el uso de armas
nucleares o químicas, es decir, sin el uso de armas de
destrucción masiva (19). Esto significa que los integrantes
de estas redes actúan sin una ubicación nacional
precisa, son muy flexibles en cuanto a sus lugares de operación
y que, como sostiene Wieviorka, no apelan a un proyecto político
con fines claros, sino que se unen en una lucha de carácter
planetario, que les da una identidad global (20).
Asimismo, que su fin era destruir símbolos manifiestos
del poder político y económico de uno de los países
más modernizados del mundo, con más alta tecnología
y nivel de desarrollo del planeta. Este país es atacado
con eficacia, evadiendo además sus servicios de inteligencia,
lo que implica que quienes hicieron los atentados se manifestaron
en contra de aquellos ideales occidentales de modernización
y globalización, paradójicamente, usando recursos
de la misma modernización y globalización (21).
Por otra parte, que los efectos de los atentados también
tienen carácter global, pues no sólo se restringen
a la muerte de miles de personas y a la destrucción de
edificios, sino que han provocado múltiples consecuencias
en diversos ámbitos, pero sobre todo a nivel económico,
por ejemplo en la merma del turismo, en la inseguridad que ahora
siente la gente de viajar en avión, en la crisis que atraviesan
por lo tanto las líneas aéreas, algunas de las cuales
han despedido a un alto porcentaje de sus trabajadores, etc. También
han impactado en el ámbito político, en el mayor
control frente a turistas o inmigrantes extranjeros, así
como en el cultural, en la creciente discriminación contra
los musulmanes como si fueran un todo homogéneo.
En segundo lugar, aunque ningún grupo terrorista se adjudicó
estos actos, se sospecha fuertemente (y para Estados Unidos es
un hecho) que se trata de un grupo islámico radical. De
ser así, se está tratando con una fuerza que lleva
una lógica comunitarista cerrada, que se enfrenta desde
ella a las imposiciones de la modernidad occidental y a una globalización
que ha sido excluyente para una gran mayoría de países
y poblaciones del mundo, y que no acepta los principios culturales
que se transmiten de manera hegemónica a través
de los medios masivos, más vinculados a la "cultura
occidental" (22); una globalización que al tiempo
que plantea "... la utopía luminosa de un mundo sin
barreras ni fronteras, [da lugar también] a la utopía
negra de un mundo uniforme sometido a lógicas invisibles
piloteadas in fine por el capital financiero", y por lo tanto
deja el espacio abierto también a la manifestación
de particularismos cerrados opuestos a estas "utopías"
(23).
¿Qué significa que sea un grupo con una lógica
comunitarista cerrada? Hay que aclarar que no se trata de un movimiento
social, sino, en términos tourenianos, de un anti-movimiento
social que se construye en torno de una identidad sobre una base
religiosa, nacional, étnica, etc., y que generalmente surge
más bien del fracaso de un movimiento social. Lo interesante
es que en el proceso de construcción de la identidad comunitarista,
no existe referencia al otro; ella no se construye en relación
con el otro como actor, sino negando al otro que es identificado
claramente como enemigo. Por lo tanto, un rasgo de este tipo de
identidad es su esencialismo, su naturalismo. Otro, es la subordinación
de los individuos o subgrupos que la integran, quienes no tienen
en absoluto autonomía de decisión y son privados
de su individualidad como sujetos, requisito para pertenecer al
grupo (24). Para Wieviorka, se trata de una lógica en la
que identidad y acción se confunden: "... el actor
es en sí mismo el sentido de su acción, él
no se distancia de la historicidad que lo orienta. Es por ello
que da a veces, en los casos extremos, la imagen de integrismo,
de la referencia obstinada, sin concesión posible, a la
tradición, a los valores, a los fundamentos que él
reclama"(25).
Ahora bien, este tipo de lógica se acelera o reconstruye
frente a situaciones de cambio, de paso de comunidades fuertemente
tradicionalistas a otras más abiertas. Por lo tanto, no
es casual que estos hechos hayan tenido lugar en el contexto de
transformaciones globales que vive el mundo. Así, aparecen
como acciones defensivas de identidades cerradas, excluidas o
con escasas posibilidades de participar en esos cambios, que apelan
a sus propias tradiciones, religiones, historias, para marcar
una diferencia, una distancia desde la exclusión, que hoy
no es posible o es muy difícil expresar desde el campo
de la política en tanto ella no ha dado respuestas frente
a estos temas vinculados a una globalización que, en principio,
beneficia principalmente a los países ricos.
En el caso que se comenta, es evidente la intención de
mostrar una ruptura con la "cultura occidental", con
sus valores de progreso económico, con la dominación
política y militar de Estados Unidos. Se trata de un terrorismo
claramente anti-occidente, pero que no deja ver (o no tiene) una
propuesta política nacional, ni pretende discutir planes
políticos, sino lograr una presión sobre el "enemigo",
generando una imagen negativa frente al público.
En tercer lugar, y en relación con esto último,
quedó en evidencia la conciencia de quienes integran estas
redes del uso y alcance de los medios masivos de comunicación.
Las imágenes de los aviones chocando contra las Torres
Gemelas y las sucesivas imágenes de su demolición
suponen un manejo sofisticado de los medios visuales y un uso
conciente de los mismos.
En este sentido, si bien el terrorismo no es un fenómeno
nuevo en la historia, su vínculo con, y el uso que hace
de, los medios masivos, sí lo es, pues no los utiliza como
medio para el diálogo o el debate, sino como instrumento
negador de la comunicación con otros, para dejar en evidencia
su fuerza y su capacidad de acción sin presentar un discurso
persuasivo para divulgar o convencer a los otros de sus ideas.
La visualización en vivo y en directo de estos hechos,
a través de cadenas noticiosas con alcance global, ha amplificado
la gran inseguridad que de por sí generan actos de este
tipo, ha vuelto espectáculo el sufrimiento y la impotencia,
ha demostrado la capacidad de acción de sus autores sobre
miles de vidas inocentes, ha creado fantasmas globales, pues si
hechos de este tipo pudieron producirse en Nueva York o en el
Pentágono, entonces ¿quién está libre
de este peligro? El asunto se vuelve una amenaza global y, por
tanto, el espectador deja de ser únicamente tal para ser
un amenazado (26). El miedo está en el centro de la escena
mundial.
Sin embargo, también ocurre lo contrario; es decir, en
alguna medida los medios masivos pueden ser y de hecho son utilizados
para difundir actitudes racistas y generar distancias con los
"otros" desde la "cultura occidental", haciendo
énfasis en diferencias "inaceptables", como la
vida cotidiana de las mujeres musulmanas y la discriminación
de que son objeto en su propia cultura. Esa difusión con
ingredientes racistas contribuiría a fortalecer este tipo
de identidades de manera defensiva frente a una cultura moderna
occidental donde no encuentran cabida ni aceptación (27).
La religión se constituye en un ámbito que les permite
a estos excluidos de la cultura dominante afrontar la "desestructuración
personal", al darles una pertenencia a partir de un compromiso
con creencias y valores religiosos.
Por otra parte, la respuesta de Estados Unidos, gracias al apoyo
consensuado de los países miembros de la OTAN y de muchos
otros países del mundo en vías de desarrollo, a
través de la guerra contra Afganistán (país
que alberga a los terroristas), más allá de consideraciones
éticas, genera muchas dudas en cuanto a la eficacia que
pueda lograr en la desarticulación de las redes terroristas,
al tiempo que crea más violencia y provoca también
cientos o miles de muertes inocentes. La propia victoria en Afganistán
no implica la desaparición del fenómeno del terrorismo
global.
Finalmente, coincidimos con Beck cuando sostiene que "la
irrupción del terror global ... entierra las promesas de
salvación del neoliberalismo", vinculando los atentados
con la crisis de la ideología neoliberal que pretendió
reemplazar la política y el rol del Estado por la economía
de mercado. El nuevo terrorismo sería, desde esta óptica,
producto de una globalización económica desigual
y crecientemente inequitativa y excluyente, que quitó al
Estado su responsabilidad social y profundizó la crisis
de la política. Sin embargo, dice este autor, "en
tiempos de crisis, el neoliberalismo se encuentra manifiestamente
desprovisto de toda respuesta política", y lo que
queda en evidencia es precisamente la necesidad de encontrar una
respuesta política a esta globalización económica
des-humanizada (28).
Los aspectos globalizados mencionados del mundo en que vivimos
modifican las relaciones entre Estado, sociedad y economía,
así como entre el Estado nacional y otros organismos transnacionales,
donde los Estados pierden capacidad soberana, las economías
dependen unas de las otras (y por supuesto las más débiles
están a expensas de las más fuertes) y las sociedades
generan nuevos vínculos unas con otras, abiertas a las
oportunidades que implica conocer nuevas culturas, pero en el
marco de una cultura (cuya transmisión los medios de comunicación
hacen posible) en la que convive una tensión entre una
tendencia a la homogeneización de los gustos con otra a
la segmentación de los públicos de acuerdo a su
poder adquisitivo y con otra, a su vez, hacia una participación
más plural. En este contexto, distintas religiones, así
como también ideologías fundamentalistas u otros
grupos cerrados, alzan sus voces rechazando una globalización
que en gran medida los excluye, reforzándose así
identidades primarias étnicas, territoriales o nacionales
en oposición a estos procesos de globalización general.
2. La nueva complejidad social y la emergencia de la sociedad
red
La globalización es resultado de la modernización
científica y tecnológica, originada en los países
desarrollados con la revolución industrial, la que produjo
consecuentemente procesos de diferenciación social y funcional.
Con ellos nos referimos, por un lado, a que impulsó la
fragmentación y la secularización de las sociedades,
al perder poder la tradición y la religión (que
aseguraban la cohesión social en el pasado) y ganar fuerza
una racionalidad centrada en el conocimiento técnico-científico
(29); por el otro, a que impulsó la autonomía de
la economía, la ciencia, la política y el derecho,
esferas que aparentemente funcionan con dinámicas propias,
de manera independiente, lo que afecta negativamente la construcción
de una visión global del mundo.
Así, ambos procesos de diferenciación implicaron
una creciente complejización de la sociedad con la multiplicación
de espacios sociales, relativamente autónomos entre sí,
y con la manifestación de racionalidades diversas, dejando
en evidencia la dificultad de construir una visión articulada
de la sociedad y una especie de descentramiento de la misma, debilitándose
las representaciones colectivas, los lazos sociales y el vínculo
entre sociedad y comunidad. La misma vida cotidiana ha cambiado;
expresión de ello son los nuevos movimientos sociales que
surgieron a partir de los 80, reivindicando cuestiones puntuales
como el reforzamiento de lazos comunitarios, el problema del daño
ambiental, la discriminación de género, etc. En
este contexto, la política, que hasta no hace mucho proponía
ideales en torno a los cuales los individuos daban un sentido
a su futuro y reforzaban su vínculo social, perdió
centralidad y entró en crisis, ya que no pudo dar respuesta
a los cambios duros de la globalización y la modernización
descritas.
Desde una perspectiva más teórica, y retomando
el análisis weberiano sobre la modernización social,
Habermas sostiene que ella se basa en la independencia (o diferenciación
funcional) entre Estado y economía, aunque ambos se complementen.
La racionalidad que organiza la burocracia estatal y la economía
desplaza los antiguos fundamentos religiosos. Sin embargo, esa
racionalidad instrumental deja de dar "sentido" al mundo
de vida de los seres humanos, haciendo que deban buscar individualmente
significados al mundo. Según este autor, la racionalización
de los mundos de vida no es igual a la de la economía o
la burocracia, ya que abarca aspectos centrales como la tradición
y el pasado cultural y los procesos de socialización y
de integración de los individuos a la sociedad. Los resultados
de esta racionalización son heterogéneos (porque
si bien generan una incertidumbre en cuanto a sentidos, también
brindan mayores posibilidades de libertad individual), pero serán
negativos si las lógicas administrativa y económica
se imponen en los ámbitos de la cultura, la socialización
y la integración (30).
Precisamente esto es lo que de hecho ha sucedido en la mayoría
de las sociedades actuales y de allí la crítica
a la modernidad en tanto proyecto cultural por parte del postmodernismo,
cuyo cuestionamiento se centra en el develamiento de que la racionalidad
científica, administrativa, económica, en fin, instrumental,
ni es la única existente (y con ello se abre el abanico
de las diferencias) ni asegura el progreso de la humanidad (rechazándose
una visión lineal de cambio social ascendente). Caídas
las utopías de cambio basadas en el desarrollo de una razón
científica pero también vinculada a valores (este
último tipo de racionalidad basada en valores se ha visto
sobrepasada por la instrumental), se pierden horizontes colectivos.
Es en este contexto en el que pueden comprenderse los nuevos procesos
de globalización (decimos "nuevos" porque es
un dato obvio que antes de los años 70 existía interdependencia
entre los países, sin embargo no con las connotaciones
ya señaladas en cuanto a una nueva concepción de
espacio virtual y tiempo real, simultáneo).
Como dijimos, la globalización se corresponde con la actual
fase de modernización. Esto implica un redimensionamiento
tanto del espacio, que socava la autonomía (política,
económica, cultural, etc.) dentro de los límites
nacionales, como del tiempo, que acelera los procesos internos
en función del mundo globalizado; el presente se vuelve
el único tiempo válido, pues el futuro (representado
en las utopías políticas modernas) no tiene formas
creíbles.
Hoy la modernización ya no se apoya en el Estado sino
en el mercado. Somos testigos de la expansión de la economía,
y sobre todo de la sociedad de mercado, a partir de una lógica
en la que imperan los valores de eficiencia y rentabilidad, los
criterios de intercambio, las relaciones humanas competitivas,
etc.; el cálculo egoísta predomina sobre la solidaridad
y sobre valores colectivos de unidad y bien común que orientaban
la convivencia democrática. Se trataría del predominio
de la racionalidad técnica (específica de la economía
de mercado) en todas las esferas de la vida (la política,
la ciencia, la cultura, etc.). Por eso se trata de una racionalidad
sólo capaz de expandirse en los marcos de una economía
capitalista internacionalizada y desde un enfoque de mercado,
neoliberal. Por supuesto la globalización no es sólo
esto, ya que por otra parte en el plano económico ella
promueve un dinamismo único, pero el mercado no puede generar
integración por sus características específicas
excluyentes en variados aspectos.
En este contexto, la modernización ha dado lugar al surgimiento
de la sociedad informacional, de flujos o red (31), cuyos rasgos
básicos en relación con la globalización
económica son:
. La capacidad de producir y usar
tecnologías de información como instrumento fundamental
para el desarrollo.
· Los flujos de información
y comunicación son el núcleo de la globalización
económica. El acceso que se tenga a esos flujos, y los
lugares que se ocupen en estas interconexiones, son fundamentales
para todas las sociedades.
· Las redes de flujos de
información son selectivas, dependiendo de la productividad
y competitividad el poder que se tenga en ellas. Estas redes inciden
en la sociedad fundamentalmente porque:
i) determinan la posición de los actores, organizaciones
e instituciones y economías; ellos se distinguen según
sea su posición en la red;
ii) determinan diferencias tanto al interior de las redes como
entre ellas según sea la importancia estructural de los
flujos de información que las redes crean;
iii) generan fuertes diferencias según sean las distintas
posiciones que se ocupa en las redes (32).
Por lo tanto, la ubicación que los actores (individuales
o institucionales, nacionales o culturales) tengan en la red,
lo que depende de la tecnología de información con
la que cuenten y de sus capacidades para competir en el mundo
globalizado, determinará su capacidad de acción
en este mundo, la que, por otra parte, no está asegurada
para siempre.
Al respecto, Internet adquiere un valor central pues es la tecnología
de comunicación que permite sostener la interacción
permanente y simultánea entre los nodos y los ejes de esta
nueva sociedad de flujos de información. Un rasgo distintivo
de la red es su arquitectura abierta "tanto en el aspecto
tecnológico como de su organización social-institucional",
por la libertad de acceso que brinda a un público muy amplio,
evitando muy eficientemente censuras de los gobiernos y las empresas;
su límite más importante es la gran masa de gente
que no tiene las capacidades suficientes para entrar a la red
y navegar en ella (33).
La difusión de Internet es muy rápida y no equitativa;
ella deja en evidencia la distancia entre países desarrollados
y países en desarrollo. En palabras de Castells: "...
esta difusión sigue un patrón espacial que fragmenta
su geografía de acuerdo a la riqueza, la tecnología
y el poder: es la nueva geografía del desarrollo";
se trata de un patrón que se repite al interior de los
países (34).
La emergencia de la sociedad informacional global vinculada a
la modernización crea nuevas oportunidades y desafíos,
y también excluye a muchos cuyas posibilidades de tener
acceso a las redes globales son escasas o nulas. A esto hay que
agregar que, por otra parte, tiende a descomponer los lazos sociales
y comunitarios mediante los cuales los individuos y las personas
aprenden a deliberar, debatir, tomar decisiones, asumir responsabilidades
y construir una cultura de solidaridad comunitaria.
En el plano cultural, la modernización se vincula a la
globalización de una cultura dominante cuyos valores centrales
son el consumo y el individualismo, que cambia los patrones de
sociabilidad en la vida cotidiana a través de:
· La expansión del
mercado y la industria culturales que tiende a integrar en el
plano simbólico al conjunto de las sociedades, homogeneizando
gustos y segmentando mercados según las características
de los procesos de diferenciación social. Así, por
ejemplo, en América Latina los procesos culturales tienden
a un nuevo sincretismo altamente asociado a la producción
cultural de los países de economías avanzadas. La
internacionalización simbólica, al definirse en
estos países (sobre todo en Estados Unidos), tiende a excluir
o limitar la calidad de la vida cotidiana y la capacidad de los
ciudadanos de autodeterminación cultural.
· La multiplicación
de identidades culturales, hasta no hace mucho tiempo subordinadas
a lógicas estatales y nacionalistas. Esta expansión
cultural tiende a redefinir los conflictos sociales que en la
sociedad moderna se dan más en torno a los temas de la
reproducción cultural y la integración social que
en relación con cuestiones políticas (35).
· La importancia estratégica
de la educación, el conocimiento y las redes de información
para poder tener acceso al mundo moderno.
· La crisis de los modelos
de crecimiento económico y consumo basados en la explotación
indiscriminada del medioambiente. En este sentido, existe una
conciencia ecológica creciente a nivel mundial pero, al
mismo tiempo, una pérdida de capacidad de control ecológico
nacional junto con intereses particularistas muy fuertes que impiden
un cuidado más riguroso del medioambiente.
Quizás la pregunta en este sentido es ¿cómo
la modernización afecta las certezas y seguridades de la
gente, que se construyen a partir del lazo social en la vida cotidiana
de las personas? ¿Cómo estos nuevos rasgos de la
cultura global impregnan las formas de vida cotidiana entre los
individuos en las distintas sociedades? ¿En qué
medida estamos preparados para afrontar los desafíos que
ellos imponen?
Si bien los procesos de modernización han sido diferentes
según el país, hoy todos vivimos en una sociedad
globalizada a la que accedemos según nuestra historia,
nuestra cultura, nuestra dinámica y oportunidades económicas,
según los lugares que ocupen distintos segmentos de la
sociedad en las redes globales. La cuestión a debatir es
cómo cada país se inserta o no en esa sociedad red
globalizada, con qué bagaje, qué retos enfrenta
y qué peligros.
Notas
1. Para una
discusión sobre este tema, véase, entre otros, Beck,
U., 1998.
2. Según el sociólogo Guy Rocher, existe una confusión
de términos cuando se hace referencia a la globalización,
pues ella tiende a asociarse tanto a la internacionalización
como a la mundialización. El intenta separar estas tres
nociones para develar los fenómenos diferentes (con racionalidades
y lógicas específicas relacionadas a problemas sociales
y humanos diversos) que se ocultan bajo una misma denominación;
en este sentido, sostiene que: 1) la internacionalización
se refiere a los intercambios (económicos, políticos
y culturales) entre las naciones; 2) la mundialización
se vincula con "la extensión de estas relaciones e
intercambios internacionales y transnacionales por el mundo, como
consecuencia de la rapidez creciente del transporte y las comunicaciones
en la civilización contemporánea" (p. 19, traducción
propia) y 3) la globalización supone el surgimiento de
un sistema-mundo como hecho social total, como un referente en
sí mismo, donde gracias a las posibilidades de interconexión
instantánea, las sociedades mundiales pueden funcionar
como un todo. (Rocher, G., 2001).
3. Véase Touraine, A., 1999 y Rocher, G., 2001, entre otros.
4. "Actualmente no estamos viviendo el proceso de globalización,
sino la disyunción de la modernización instrumental
y del mundo de las conciencias que se convierte en un mundo de
identidades. ... esto quiere decir que entre ambos, el mundo de
la economía y de la técnica, por una parte, y el
mundo de las culturas, por otra, el mundo social y político
se hunde, desaparece, se derrumba". (Touraine, A., 1999:135.)
5. Entre los análisis que se centran en la economía
para explicar la globalización destaca el de Wallerstein
(1979), para quien la economía capitalista, necesariamente
global, es el fundamento de estos procesos; ella genera un nuevo
"sistema-mundo" en el que existe una única división
del trabajo a escala mundial; y aunque el sistema tiene contradicciones,
los desequilibrios se vuelven funcionales. Una de las virtudes
de este análisis es que explica muy bien algunos rasgos
estructurales de la globalización; sin embargo, su lógica
es demasiado determinista al explicar este fenómeno sólo
desde la economía y la institucionalización del
mercado, sin dar lugar a la intervención del poder político.
(Para una crítica a este análisis, véase
Busino, G., 2001).
6. Un texto fundamental para comprender estos cambios que atraviesan
las sociedades es la trilogía de Manuel Castells, 1996-1997,
La era de la información. Economía, sociedad y cultura.
Madrid: Alianza.
7. UNDP, 1999:30.
8. Castells, M., 1996.
9. UNDP, 1999:3. Asimismo, "... en 1960 el 20% de la población
mundial que vivía en los países más ricos
tenía 30 veces el ingreso del 20% más pobre; en
1997 era 74 veces superior". (Ibid., 1999:36.)
10. "... las empresas multinacionales ... predominan en los
mercados mundiales. Sus filiales extranjeras tuvieron en 1997
ventas que se estiman en 9,5 billones de dólares. Su valor
agregado fue el 7% del PIB mundial en 1997, en comparación
con el 5% a mediados de los años 80. Su participación
en las exportaciones mundiales aumentó también,
de un cuarto a fines de los años 80 a un tercio en 1995.
A las multinacionales con sede en Estados Unidos corresponde más
de un cuarto del PIB de los Estados Unidos, 2 billones de 7,3
billones de dólares. Y las grandes multinacionales están
creciendo todavía más a medida que proliferan las
absorciones y fusiones de empresas". (UNDP, 1999:32.)
11. Este proceso no se dio de igual manera en todos los países,
aunque siguió más o menos esta norma en los latinoamericanos.
En el sudeste asiático el proceso de modernización
e inserción en la globalización fue, contrariamente
a lo dicho, liderado por Estados fuertes.
12. Tandon, Y., 1997:389. Traducción propia.
13. El alcance de estos medios también se ha globalizado,
sobre todo a través de la televisión: entre 1980
y 1995 el número de televisores por cada 1.000 habitantes
en todo el mundo aumentó de 121 a 235. (UNDP, 1999:33.)
14. En este sentido, es sugerente la noción de "glocalización"
acuñada por Robertson (1992) asociada a la globalización
cultural; según esta idea se acepta la tensión que
existe entre elementos de culturas locales y de la cultura globalizada;
el análisis de esta tensión permite comprender mejor
la globalización cultural. En esta lógica, "la
cultura global transciende la unidad sociedad-Estado y se sitúa
más allá de la sociedad-nación. Ella produce
procesos de integración (cultural, normativa, comunicativa,
funcional) y de desintegración (de códigos, de memorias,
de signos, de lenguajes y de prácticas sociales); ella
valoriza las diversidades, las variedades y las riquezas específicas.
Al mismo tiempo, ella suscita la resistencia al orden y a las
restricciones. La multiplicación de flujos culturales engendra
tensiones, pero favorece también la elaboración
de culturas transnacionales, desterritorializadas, abiertas a
los intercambios inmateriales y a los contactos interpersonales.
Hay reencuentros y choques entre las diferentes culturas, pero
ellas toman lugar al interior de un contexto global, complejo,
desordenado, en sí mismo en formación, en vías
de construcción". (Busino, G., 2001:171. Traducción
propia.)
15. Calderón, F. y Lechner, N., 1998.
16. También el derecho pierde su carácter local
en el marco de la globalización política. Al respecto,
véase Rocher, G., 2001. Un ejemplo de ello ha sido el caso
del dictador chileno Augusto Pinochet, detenido durante casi dos
años en Londres por las violaciones a los derechos humanos
cometidas durante su gobierno a pedido del juez español
Baltasar Garzón.
17. Beck, U., 1998:64.
18. Beck, U., 1998:65-71.
19. Para Beck (2001), la vulnerabilidad de Estados Unidos se vincula
precisamente a su ideología neoliberal a ultranza, ya que
por ella la seguridad aérea del país se encuentra
privatizada, y deja de ser un asunto público, incluso sabiendo
el gobierno con antelación que podían producirse
atentados: "... a diferencia de Europa, Estados Unidos ha
privatizado la seguridad aérea, encargándola al
'milagro del empleo' que constituyen esos trabajadores a tiempo
parcial altamente flexible, cuyo salario, inferior incluso al
de los empleados de los restaurantes de comida rápida,
gira en torno a los seis dólares por hora. ... Así,
la concepción neoliberal de que Estados Unidos tiene de
sí mismo (por un lado, la tacañería del Estado;
por el otro, la trinidad desregulación-liberalización-privatización)
explica en parte la vulnerabilidad de estados Unidos frente al
terrorismo. ... Las imágenes de horror de Nueva York son
portadoras de un mensaje que aún no se ha dilucidado: un
Estado, un país, se pueden neoliberalizar a muerte".
20. "... su violencia no se inscribe en un espacio político
donde se pueda negociar; es meta-política, guerrera y puramente
terrorista". (Wieviorka, M., 2001.)
21. Beck, U., 2001.
22. El islamismo sería la "irrupción visual
de la diferencia. ... Las reivindicaciones islamistas no pueden
ser consideradas como simple búsqueda de reconocimiento
de derechos cívicos. El islamismo crea sus propios actores
que construyen su diferencia rechazando, por un lado, las definiciones
hechas de la identidad musulmana que les son impuestas y, por
el otro, la asimilación de las exigencias de la modernidad
mono-civilizacional [occidental]". (Göle, N., 2001:63.
Traducción propia.) Asimismo, el autor sugiere que esta
corriente religiosa sería una respuesta frente a la secularización
moderna.
23. Hervieu-Léger, D., 2001:183. Traducción propia.
24. Ello explica de alguna manera la exposición de la propia
vida al cometer estos actos. Para Wieviorka, el individuo que
pertenece a estos grupos terroristas "... no produce por
sí mismo su existencia, él no se define por su capacidad
de creación o de elección que le permitiría
construir su propia vida. El sentido de sus conductas pasa por
la intervención de aquello que tiene el poder de inspirar
o de orientar la acción (clérigos, profetas, líderes
carismáticos)". (Wieviorka, M., 1991:190. Traducción
propia.)
25. Wieviorka, M., 1991:93. En esta lógica, el otro aparece
como amenazador de la existencia de esa identidad, y por tanto
de la propia existencia del individuo, quien es esa identidad.
Así, no hay posibilidad de negociación del conflicto,
y el único camino posible para no ser destruido es la aniquilación
del otro. De ahí el fanatismo, la audacia y la aceptación
de dar hasta la propia vida.
26. Wieviorka, M., y Wolton., D., 1987.
27. "A través de los medios, los debates públicos
y la gestión institucional, [países como] Francia
y Alemania operan, de modos diferentes, una distancia de los musulmanes
que viven en su seno. Ellos se sirven del Islam para redefinir
una identidad fragilizada construyendo un "Otro" más
imaginario que real". (Tietze, N., 2001:206. Traducción
propia.)
28. Beck, U., 2001.
29. Con la modernidad todo se cuestionó, aumentando la
incertidumbre. La racionalidad técnico-científica
se transformó en la única fuente creíble
para conocer el mundo. La Razón es el nuevo Dios moderno,
pero a diferencia de los antiguos no brinda explicaciones eternas,
pues los conocimientos científicos que la sustentan cambian
con el tiempo por el avance del mismo conocimiento, obligando
a los individuos y a las sociedades a estar preparados para las
transformaciones. La lógica del cambio posible niega la
antigua del destino seguro, generando mucha inseguridad, pero
a la vez abre el espacio a las aspiraciones de emancipación
y progreso. La modernidad aparece así como una crítica
a la tradición, como una nueva lógica de conocimiento
y como una propuesta abierta al futuro.
30. Habermas, J., 2000:193-194. El autor es más optimista
al proponer las posibilidades de influencia de una razón
comunicativa que expandiría las chances de una "modernización
reflexiva". El encuentra una ambivalencia en la modernización
social: "Una creciente complejidad social no provoca per
se efectos alienantes. Puede también ampliar la libertad
de opciones y las capacidades de aprendizaje, pero sólo
si la división del trabajo entre sistema y mundo de la
vida se mantiene intacta. Las patologías sociales se empiezan
a dar como consecuencia de la invasión de relaciones de
intercambio y reglamentaciones burocráticas en los ámbitos
comunicativos centrales de las esferas privada y pública
del mundo de la vida". (Ibid., 2000:195.)
31. Cada vez más, las sociedades se constituyen por flujos
de información que se intercambian en redes de organizaciones
e instituciones. Los flujos son secuencias de intercambios e interacciones
con un objetivo; son repetitivas y programables entre posiciones
físicamente separadas sostenidas por actores sociales miembros
de instituciones y organismos de la sociedad. (Castells, M., 1996.)
32. Castells, M., 1996.
33. Castells, M., 1996:389 y 2001a:26.
34. Castells, M. 2001a:212. Traducción propia. En cuanto
a la geografía de los usuarios, según datos de septiembre
de 2000, "Norteamérica, con más de 161 millones
de usuarios, era la región dominante del mundo y, junto
con los 105 millones de usuarios de Europa, constituía
el grueso del total de 378 millones de usuarios de Internet, en
claro contraste con la distribución de la población
en el planeta. Así, la región del Pacífico
asiático, con más de dos tercios de la población
mundial, sólo contaba con 90 millones de usuarios, cerca
del 23.6% del total; Latinoamérica tenía sólo
cerca de 15 millones de usuarios; el Oriente Medio 2.4 millones;
y África 3.11 millones, de los cuales la mayoría
estaba en Sudáfrica". (Ibid., 2001:209. Traducción
propia.)
35. Según el Informe sobre desarrollo humano 1996, más
del 70% de los conflictos a nivel mundial desde principios de
los años 90 se producen al interior de los países
y, además, estos conflictos son en su mayoría de
carácter intercultural, principalmente étnicos y
religiosos. (UNDP, 1996.)
*Fernando
Calderón. Sociólogo
boliviano. Asesor del Informe de Desarrollo Humano, PNUD, Bolivia.
**Alicia
Szmukler. Socióloga argentina. Master en Ciencias
Sociales por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma/ILADES,
Chile.
Ponencia presentada en la Conferencia regional "Movimientos
sociales, políticas de seguridad y democracia", organizada
por el Programa Andino de Derechos Humanos, PADH. La Paz-Bolivia,
mayo 27 y 28 de 2003.
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