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Introducción
Relacionar de manera sinérgica las temáticas de
género y seguridad presenta dificultades tanto teóricas
como metodológicas. La primera dificultad reside en que
esa relación es todavía en buena medida terra incógnita
en el ámbito de las ciencias humanas. Si existe algún
consenso entre los autores preocupados por esta materia es precisamente
que sólo recientemente se está iniciando la producción
de conocimiento en cuanto a esta relación, al menos en
términos estrictos y actuales.
Puede afirmarse que la responsabilidad acerca de esta laguna
cognitiva procede tanto de los estudios sobre paz y seguridad
como de los estudios de género. Desde los estudios sobre
paz y seguridad hay coincidencia en cuanto a que ha existido una
persistente ceguera a la dimensión de género de
ese aspecto de la realidad social. Un reciente esfuerzo de reflexión
sobre género y seguridad, partiendo de esa constatación
de ceguera, "una ceguera tan obtusa que a veces parece como
si fuera deliberada", sostiene que: "Desde la mitad
de los años ochenta, no obstante, ha habido exploración
del papel jugado por el género en materias que caen dentro
del ámbito de las Relaciones Internacionales", así
como "algunos autores le dieron importancia a la tarea de
introducir aspectos de género en los estudios de paz, conflicto
y política internacional" (Skjelsbaek y Smith, 2001,
p.1-2). Ciertamente, se trata de un proceso incipiente, con un
desarrollo muy desigual en sus diferentes núcleos temáticos.
Desde los estudios de género,. la responsabilidad en cuanto
al vacío de la relación entre género y seguridad
es de menor grado si se toma en consideración la reflexión
sobre género de una manera amplia. En efecto, si se considera
como parte de los estudios de género la reflexión
feminista moderna (Gomáriz, 1992), entonces se hace necesario
recordar que hace más de 100 años la teoría
feminista ha trabajado sobre el binomio paz y conflicto. Ciertamente
no se trata de una línea de investigación constante
y acumulativa, pero es necesario no olvidar el legado del feminismo
pacifista que se desarrollo en Europa desde fines del siglo XIX
hasta mediados del siglo XX (Carroll, 1987).
Estos amplios antecedentes no impiden sin embargo la constatación
de una ausencia en términos más precisos. Cuando
tiene lugar el fenómeno del surgimiento de lo que en sentido
estricto denominamos Estudios de Género, es decir, desde
los años setenta del siglo XX, hay una fuerte descompensación
entre el rápido crecimiento de la producción cognitiva
que se produce en esta materia (principalmente respecto de las
mujeres) y el segmento que se ocupa de la relación entre
ésta y los estudios de paz y seguridad. Incluso puede afirmarse
que la fuerte relación que se da en el plano sociopolítico
entre los movimientos feminista y pacifista del Hemisferio Norte,
no produjo de inmediato un conocimiento abundante, si bien fue
parte de las motivaciones que impulsaron a los autores que comenzaron
a preocuparse por género y seguridad desde mediados de
los años ochenta.
Ahora bien, esta producción más reciente sobre
la relación entre género y seguridad no está
exenta de problemas teórico-metodológicos. Dos de
estos problemas nos parecen los más importantes: a) la
tendencia a introducir la temática de género como
un apéndice de los estudios sobre paz y seguridad, sin
lograr un verdadero cruce temático entre ambas áreas
del conocimiento; y b) la dificultad por integrar los cambios
paradigmáticos que se han producido tanto en el ámbito
de la seguridad como en el de los estudios de género, lo
que implica, con frecuencia, una asimetría en la actualización
de enfoques (enfoques actualizados sobre seguridad con planteamientos
de género sin actualizar, o viceversa).
El trabajo que se presenta es un avance delimitado procedente
del esfuerzo que realiza la Fundación Género y Sociedad
(GESO) para hacer un estado del arte sobre la relación
entre género y seguridad, que tome en consideración
la necesidad de evitar esos dos problemas mencionados (ausencia
de verdadero cruce y desactualización en el debate paradigmático).
En tal sentido, esta presentación muestra los obstáculos
y los avances que se dan en dos ámbitos del proceso cognitivo:
a) la creación de un nuevo marco conceptual y b) el avance
hacia un nuevo programa de investigación.
Nuevo marco conceptual
En este apartado se plantea el reconocimiento de las nuevas tesis
que aparecen tanto en el campo de los estudios de seguridad, como
en los estudios de género. De esta forma, en el ámbito
de los estudios de seguridad se examina el nuevo enfoque de la
Seguridad Democrática, mientras en el ámbito de
los estudios de género se alude a la encrucijada reciente,
de pasar de los estudios de género referidos casi exclusivamente
a la población femenina, a los estudios de género
de naturaleza inclusiva, que examina la condición de género
de las mujeres y de los hombres, así como las relaciones
(de poder, cooperación, negociación, intercambio,
o cualquier otra naturaleza) entre los géneros.
Cambios paradigmáticos en el enfoque de género
En efecto, en el ámbito de los estudios de género,
se desarrolla desde los años noventa una percepción,
cada vez más clara, de que se establece una situación
de encrucijada con la llegada del nuevo siglo. Como afirman diversas
autoras (Astelarra, Bareiro, Meentzen, colectivo Sottosopra, etc.)
esta encrucijada guarda relación con el cambio civilizatorio
que experimenta la sociedad-humana y sus primeros efectos. Un
aspecto de este cambio civilizatorio ha consistido en la crisis
de paradigmas cognitivos que adquirió toda su expresión
desde fines de los años setenta. El fenómeno de
la fragmentación paradigmática y su correlato en
términos de corrientes teóricas, puede apreciarse
también al interior de los estudios de género. Durante
los años ochenta, el primer síntoma es el aparecimiento
del feminismo de la diferencia, que provocará durante los
años noventa un fuerte debate, aún inacabado. Pero
a fines del pasado siglo, ese debate se da cruzado por nuevas
perspectivas relacionadas con corrientes teóricas más
generales: el feminismo postestructuralista, el feminismo postmoderno,
el feminismo deconstructivista (en la perspectiva de Derrida,
Kristeva, etc.).
El otro elemento de este cambio paradigmático procede
del hecho de que esta situación de encrucijada se refleja
fuertemente en la práctica social. Los estudios de género
han comenzado a hacerse cargo del hecho de que las acciones a
favor de la equidad de género y el propio avance social
en esa dirección, han comenzado a presentar escenarios
acentuadamente desiguales, en donde el aspecto más destacable
es la apreciación de estancamiento que tiene lugar en distintos
países, muchos de ellos -principalmente en Europa- caracterizados
por haber sido los más avanzados en esta materia. Por decirlo
en breve: "En el contexto de la crisis civilizatoria que
caracteriza el presente cambio de siglo, se extiende cada vez
más la percepción de que se está produciendo
un cambio de escenario en materia de relaciones de género,
que obliga a repensar estrategias y vías, para continuar
avanzando sustantivamente en términos de equidad de género"
(Gomáriz y Meentzen, 2000).
Quizás el rasgo más notable de esta situación
de encrucijada procede del agotamiento de la idea que movió
la acción para la equidad de género durante los
últimos treinta años: la promoción de las
mujeres, al producir cambios en la población femenina,
iba a suponer de manera directa cambios concomitantes en el conjunto
de la realidad social. Desde esta perspectiva optimista, diversos
personajes públicos pudieron anunciar la buena nueva de
que el siglo XXI sería el siglo de las mujeres. Sin embargo,
conforme avanzan los primeros años del nuevo siglo, la
realidad social vuelve a dar síntomas de terquedad y el
panorama futuro aparece mucho más complejo.
Una tesis mucho más prudente para este siglo que comienza
podría formularse así: es previsible que en las
próximas décadas los cambios en curso que ya protagonizan
las mujeres adquieran toda su dimensión, y que el impacto
de esos cambios en el conjunto de la sociedad produzcan un fuerte
efecto de respuesta, entre otras razones, porque la otra mitad
de la población no ha experimentado un cambio paralelo
y, sobre todo, porque las relaciones de género no están
cambiando al mismo ritmo que suceden los cambios en la población
femenina.
Así, en este ámbito, la situación de encrucijada
podría expresarse en estos términos: los cambios
producidos por la promoción de las mujeres están
teniendo consecuencias para el conjunto de la sociedad, en la
cual se experimentan dos tendencias contrarias, a) la tendencia
reactiva hacia el estancamiento o el retroceso y b) la tendencia
a procesar y absorber el cambio del conjunto social (incluyendo
los hombres).
De hecho, existe una creciente percepción acerca de las
principales reacciones societales al cambio, tanto desde el conjunto
social como específicamente desde los varones. Desde el
conjunto social (instituciones, población femenina y masculina,
etc.) se destacan las reacciones siguientes:
- Rechazo del compromiso feminista (por innecesario, superado,
etc.
- Tendencias retrógradas en la división del trabajo
- Acciones institucionales y organizativas (religiosas, Promise
Keepers, etc.)
- Construcción de discursos alternativos (familismo,
fundamentalismo de los derechos infantiles, etc.)
Entre las principales reacciones específicas de los varones
destacan las siguientes:
- Desconocimiento y desvalorización de la temática
de género
- Organizaciones de recuperación del androcentrismo (Men's
Rights, Promise
Keepers)
- Evidencia (¿aumento?) de violencia doméstica
Ante esta situación de encrucijada, desde el ámbito
de los estudios de género, así como de la práctica
para la equidad de género, se están produciendo
diferentes orientaciones. La literatura de los últimos
cinco años, refleja las siguientes:
a) La tendencia al abandono del enfoque de género
b) La respuesta de la radicalidad: potenciación del conflicto
de sexos
c) El mantenimiento del enfoque de género/mujer
d)La propuesta género-inclusiva (Democracia de Género)
a) La tendencia al abandono del enfoque de género
está propuesta por sectores liberarles, también
del movimiento de mujeres (Betty Friedan y su bestseller "Beyond
Gender") y por organizaciones masculinas de recuperación
del androcentrismo. Busca la superación del conflicto entre
sexos, la reactivación de la familia y la defensa fundamentalista
de los derechos de los niños. Sus medios son los espacios
mixtos y la organización de los hombres para evitar disfunciones
masculinas.
b) La respuesta de la radicalidad que, tendencialmente
potencia el conflicto entre los sexos, es propuesta, por separado,
por el feminismo radical que hace explícita o tácitamente
del hombre el enemigo y por los reductos machistas de regreso
al pasado. Su objetivo es la búsqueda de la derrota valórica
y política del otro sexo. Privilegia los espacios de conflicto:
centralidad exclusiva de la lucha contra la violencia doméstica
(en organizaciones del feminismo radical) y justificación
y práctica de la violencia (sectores machistas).
c) El mantenimiento del enfoque de género/mujeres
es propuesto por la mayoría del movimiento de mujeres y
organizaciones de hombres profeministas. Busca la promoción
de la mujer hasta alcanzar un equilibrio con el hombre. Utiliza
el enfoque de género pero lo lleva a la práctica
fundamentalmente con la población femenina.
d) La propuesta género-inclusiva (Democracia de
Género / engendered society) es propuesta por minorías
feministas, hombres y mujeres en espacios mixtos y el masculinismo
autónomo. Busca superar el conflicto y/o el estancamiento,
para reimpulsar el avance hacia la equidad de género. Utiliza
el enfoque de género para mujeres y hombres, haciendo compatible
la promoción de la mujer con la inclusión de los
hombres.
Cabe ahora preguntarse acerca de cual de estas orientaciones
permite mejor el cruce entre las temáticas de género
y seguridad. Como se verá más adelante, al hablar
del nuevo programa de investigación, resulta una evidencia
que la mayoría de los trabajos realizados hasta el momento
sobre género y seguridad son en realidad una te matización
de mujeres y seguridad, hechas desde el enfoque de género.
El problema es que ello deja por fuera cuestiones fundamentales
referidas, por ejemplo, a la relación de lo militar y la
construcción de la identidad masculina, o la identificación
de las causas de la inseguridad ciudadana como algo protagonizado
casi exclusivamente por hombres, y sobre todo, la relación
entre actitudes de género de mujeres y hombres y sus preferencias
por la forma de resolver conflictos. Dicho en breve, todo parece
indicar que es la perspectiva género-inclusiva, lo que
mejor permite el tratamiento del universo de distintos núcleos
temáticos sobre paz y seguridad.
Como sostiene Dorota Gierycz en su trabajo sobre Mujeres, Paz
y Naciones Unidas (2001), "El análisis de género
no puede ser equiparado a una temática de mujer o limitado
solamente a la perspectiva de las mujeres. La perspectiva de los
hombres debe recibir la misma atención y ambas perspectivas
deben ser observadas en conjunto. (...) La perspectiva de género
no puede verse como algo estático, sino cambiante. Considerando
el presente cambio de época y el impacto de las tecnologías
modernas, la comunicación masiva y la globalización,
es necesario examinar sistemáticamente el cambio en la
perspectiva de género antes establecida" (p. 29).
Es por esa razón que tiene sentido abundar algo más
en esta propuesta. Esta perspectiva, aparece en sectores del feminismo
preocupados por acceder a una nueva fase, donde "el gran
desafío es proponer los cambios para el conjunto de las
sociedades y para la construcción de una nueva institucionalidad
política" (Bareiro 1999). Los sectores que se plantean
ese gran desafío enfatizan que este planteamiento no seria
posible sin haber atravesado antes esa primera fase de constitución
de una plataforma de cambios desde las mujeres, por las mujeres
y para las mujeres. La constitución de esta plataforma
no ha significado la conclusión de la discriminación
histórica de las mujeres: "No, pero si creo que se
puede afirmar que hoy las mujeres están en situación
de poder proponerse que milenios de patriarcado comienzan su derrumbe"
(Astelarra).
Ahora bien, la nueva mirada hacia el conjunto de la sociedad
y su cambio en términos de género no puede plantearse
sin tomar en consideración la otra mitad de la humanidad.
"El problema principal hoyes que esto (el derrumbe del patriarcado)
no se producirá si los hombres no cambian también"
(Astelarra).
Estos nuevos planteamientos se han manifestado también
en las últimas conferencias internacionales sobre la materia.
Dos temáticas emergentes han sido subrayadas en la Resolución
de la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones
Unidas, denominada Beijing + 5. Por un lado, el énfasis
que contiene el documento acerca de los efectos contradictorios
de la globalización y los más nocivos del ajuste
estructural económico en los países en vías
de desarrollo. Por el otro, la atención que hay que prestar
a la integración de los hombres en el cambio de las relaciones
de género.
Este último aspecto se subraya en varios apartados de
la resolución. En el tercer epígrafe sobre desafíos
actuales que afectan la implementación completa de la Declaración
de Beijing y la Plataforma de Beijing se afirma: "El contexto
cambiante de las relaciones de género así como la
discusión sobre equidad de género han conducido
a una creciente reevaluación de los roles de género.
Esto ha impulsado una discusión más profunda sobre
los roles y responsabilidades de mujeres y hombres trabajando
juntos hacia la equidad de género..." (prfo. 41).
De igual forma, en el siguiente acápite sobre acciones
e iniciativas para superar los obstáculos y alcanzar la
pronta y completa implementación de la Plataforma de Acción
de Beijing, se sostiene: "La equidad de género implica
que las necesidades, los intereses, las preocupaciones, experiencias
y prioridades tanto de mujeres como de hombres sean una dimensión
integral del diseño, implementación, monitoreo a
nivel nacional. e internacional, así como seguimiento y
evaluación, de todas las acciones en todas las áreas"
(prfo. 44). Y desde esta perspectiva se hace un llamamiento a
la actuación conjunta de mujeres y hombres, enfatizando
la necesidad de que estos participen: "Los procesos de formulación
de políticas (para la equidad de género) requieren
de la cooperación de mujeres y hombres en todos los niveles.
Hombres y niños deben ser involucrados activamente y alentados
a participar en todos los esfuerzos para lograr las metas de la
Plataforma de Acción y su implementación" (prfo.
49).
Cambios paradigmáticos en materia de paz y seguridad
En el ámbito de la seguridad, el cambio paradigmático
también ha sido profundo en los últimos veinte años.
Puede afirmarse que en estas dos décadas se recorre el
camino que va desde la doctrina de la Seguridad Nacional a la
doctrina de la Seguridad Democrática. Diferentes factores
han intervenido en ese cambio: desde las transformaciones en la
estructura del poder mundial (la desaparición del mundo
bipolar), hasta los procesos desiguales que han tenido los espacios
regionales como principal escenario. En el caso del istmo centroamericano,
ese cambio paradigmático ha sido impulsado por la superación
de la crisis de los años ochenta y la búsqueda insistente
de los actores regionales de la estabilización de sistemas
democráticos en el área.
De forma esquemática, puede mostrarse comparada mente
las bases de las doctrinas de la Seguridad Nacional y de la Seguridad
Democrática. Como se sabe, ambas doctrinas actúan
tanto en el ámbito interno como en el externo y regional.
La doctrina de la Seguridad Nacional actúa en el ámbito
interno persiguiendo la destrucción del enemigo interior,
a costa del Estado de Derecho y, al mismo tiempo, en el ámbito
internacional, se basa en la idea de la disuasión militar.
Por el contrario, la doctrina de la Seguridad Democrática
persigue en el ámbito interno la seguridad de la ciudadanía
de un Estado de Derecho, y en el ámbito internacional se
basa en la seguridad compartida y regional.
Si se observa ese cambio desde el corte espacial de los ámbitos
interno e internacional, pueden puntualizarse más esas
diferencias. Quizás no sea necesario abundar mucho en el
significado que tenía en la doctrina de la Seguridad Nacional
el enemigo interno y cómo su eliminación conllevaba,
intencionalmente o no, la destrucción del Estado de Derecho.
Por el contrario, resulta más necesario profundizar en
la determinación interna de la Seguridad Democrática,
como seguridad de la ciudadanía de un Estado de Derecho.
Como se sabe, esta nueva visión de la Seguridad arranca
en Centroamérica con los Acuerdos de Paz de Esquipulas
II y se abre paso, no sin superar diversos obstáculos,
hasta formularse en 1995 como el Tratado Marco de Seguridad Democrática
en Centroamérica. El Tratado tiene su antecedente más
inmediato en la Conferencia Internacional de Paz y Desarrollo
de Centroamérica, de octubre de 1994, en la que se propone
la reactivación de la Comisión de Seguridad Centroamericana
creada por Esquipulas II. Dicha Comisión es la que asume
la tarea de definir un nuevo modelo de Seguridad, que se concreta,
finalmente, en el Tratado Marco, suscrito en San Pedro Sula el
15 de diciembre de 1995. En dicho Tratado Marco, el ámbito
interno refiere tanto a las estructuras del Estado de Derecho
como a la seguridad de las personas y sus bienes, pero sus factores
fundamentales pueden ser descritos así:
- aumento de la ciudadanía sustantiva,
- fortalecimiento de las instituciones del Estado de Derecho,
- condiciones de buen procesamiento del conflicto social primario.
Como se aprecia, los dos primeros factores tienen que ver con
la búsqueda proactiva del ejercicio de la ciudadanía
y el fortalecimiento del Estado de Derecho, mientras que las condiciones
del buen procesamiento del conflicto social primario, parten de
la idea de que no es tanto la eliminación de ese conflicto
lo que se pretende de inmediato, sino mejorar las condiciones
institucionales, materiales y simbólicas en que se procesa
dicho conflicto. Desde luego, para que ello sea posible, es necesario
partir de un sistema político-jurídico con un mínimo
de legitimidad, un buen funcionamiento técnico de las instituciones
y su articulación (instituciones políticas, legislativas
y penales) y algo que parece muy específico pero que tiene
una importancia creciente: el control de la corrupción.
En el ámbito internacional y regional, puede ampliarse
la comparación entre la doctrina de la Disuasión
como base de la Seguridad Nacional y la doctrina de la Seguridad
Compartida como base de la Seguridad Democrática. Como
se sabe, la doctrina de la Disuasión se sustenta en la
idea de que la seguridad de un país aumenta con su mayor
capacidad de producir inseguridad en los demás. Su implementación
práctica es, por tanto, el incremento de las fuerzas militares,
es decir, de su capacidad de amenaza armada.
Por el contrario, la Seguridad Compartida, cuyos orígenes
se remontan a la propuesta de Olof Palme, parte del supuesto de
que la seguridad de un país aumenta con el incremento de
la seguridad de los demás. La base principal de su implementación
práctica es la constitución de un sistema de medidas
de confianza mutua. Es importante subrayar que la profundización
de la Seguridad Compartida no se detiene en un clima de distensión,
algo que en el istmo podría entenderse como el establecido
a partir del Tratado Marco, y mucho menos la idea de que la distensión
trae implícita un proceso de desarme. Puede afirmarse que
el avance de la Seguridad Compartida supone las dos cosas: distensión
y desarme.
Estos cambios conceptuales en materia de seguridad, que tienen
tanta vigencia en el istmo centroamericano, son abarcados de una
manera más integral desde la perspectiva género-inclusiva.
Todo indica que articulando ambos avances podría evitarse
el riesgo de asimetría doctrinal al tratar de realizar
el cruce entre los estudios de género y los estudios de
paz y seguridad.
Nuevo programa de investigación
Este cruce de perspectivas conceptuales tiene consecuencias inmediatas
en cuanto a la formulación de un nuevo programa de investigación.
Sobre todo en términos cuantitativos, está claro
que existe una correspondencia entre el mantenimiento del enfoque
de género dirigido principalmente a la población
femenina y el hecho de que la mayoría de los estudios sobre
género y seguridad realizada hasta el momento se refieren,
fundamentalmente, a la situación de las mujeres en los
ámbitos de paz y conflicto. Una primera revisión
sobre los núcleos temáticos desarrollados en esta
materia, indica los siguientes:
Principales núcleos temáticos
sobre género y seguridad
desde la perspectiva de género/mujer
| Participación
de mujeres en Fuerzas Armadas y Polícia |
|
Mujeres y conflictos armados (actoras y víctimas)
|
| Mujeres y procesos
de paz |
| Mujeres y violencia
doméstica |
| Mujeres e inseguridad
ciudadana |
|
Mujeres en los espacios de toma de decisión (Seguridad,
RE)
A) Defensa
B) Sistemas de paz y seguridad
C) Seguridad interna y policía
|
Fuente: GESO/ IOCR. Proyecto sobre
Género, Seguridad y Consolidación de la Paz.
Existe ya alguna producción cognitiva sobre la participación
de las mujeres en las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Esta producción
procede tanto de la sociología militar como de los estudios
de género. Desde la sociología militar, la principal
preocupación se ha referido a la utilidad y el impacto
que puede tener la incorporación de las mujeres en los
aparatos militares. Desde los estudios de género, se ha
privilegiado el estudio de las condiciones de vida de las mujeres
en las Fuerzas Armadas así como se ha discutido acerca
de la conveniencia o no de su participación. Existe al
respecto un debate inacabado sobre si tiene algún efecto
sobre la cultura militar la presencia de las mujeres o bien, si
dicha presencia lo único que consigue es militarizar la
vida de unas mujeres que se integran en el ámbito militar,
bien por vocación o bien por necesidad.
En todo caso, como afirman Skielsbaek y Smith, es todavía
pronto para pensar en los efectos, dado que las mujeres sólo
representan todavía una proporción muy reducida
del personal militar. Como puede observarse en la tabla que sigue,
más de 580.000 mujeres integran las Fuerzas Armadas en
25 Estados. Tres Estados (China, Rusia y los Estados Unidos) emplean
casi el 85% de las mujeres en las Fuerzas Armadas de todo el mundo,
quienes conforman un poco más del 2.5% del total del personal
militar mundial. En la mayoría de los países, las
mujeres en el ejército son una minoría muy pequeña.
Sólo en siete países -Australia, Canadá,
China, Nueva Zelandia, Rusia, África del Sur y los Estados
Unidos- los datos demuestran que las mujeres conforman más
del 10% del personal militar regular, aunque es muy probable que
Israel, que no ofrece datos al respecto, tendría que ser
agregado a este grupo.
En los Estados que componen el istmo Centroamericano, la proporción
de mujeres del total de las Fuerzas Armadas también los
situaría entre el grupo en donde éstas son minoría
reducida. Una proporción más elevada podría
observarse en cuanto a la participación de las mujeres
en las fuerzas de seguridad, algo que ya es materia común
en Centroamérica. Sin embargo, en este contexto merece
destacar la situación de Nicaragua, donde las mujeres tienen
mayor auto percepción de su presencia y sus funciones y
donde ha comenzado a producirse análisis sobre dicha presencia.
Mujeres en las Fuerzas Armadas, 1998
|
Países
|
Mujeres en FF. AA.
|
Mujeres como % del total
|
|
Alemania |
1.440
|
0.4
|
| Australia
|
7.400
|
13.4
|
| Bielorusia |
2.100
|
2.5
|
| Bélgica |
2.570
|
6.2
|
| Canadá |
6.100
|
10.0
|
| China |
136.000445
|
5.5
|
| Chipre |
445
|
4.5
|
| Dinamarca |
1.020
|
4.2
|
| España |
3.800
|
2.0
|
| Estadps
Unidos |
199.900
|
14.5
|
| Finlandia |
500
|
1.6
|
| Francia |
22.790
|
7.2
|
| Grecia |
5.520
|
3.3
|
| Holanda |
1.920
|
3.4
|
| India |
200
|
0.02
|
| Irlanda |
200
|
1.7
|
| Japón |
9.100
|
3.9
|
| Nueva
Zelanda |
1.370
|
14.4
|
| Noruega |
185
|
1.2
|
| Portugal |
2.300
|
4.6
|
| Reino
Unido |
15.860
|
7.5
|
| Rusia |
145.000
|
14.4
|
| Sudáfrica |
16.998
|
24.3
|
| Sri
Lanka |
1.000
|
0.9
|
Fuente: PRIO, The Military Balance,
1998/1999.
Ahora bien, sin lugar a duda, la mayor producción cognitiva
se ha desarrollado en torno al tema de la situación de
las mujeres en los conflictos armados, tanto en términos
de víctimas como de actoras directas. Existe una abundante
documentación acumulada por las distintas entidades de
Naciones Unidas acerca de la abundante evidencia que tienen los
conflictos armados en la población femenina. En sus distintas
modalidades (muerte, violación, desplazamiento y refugio,
etc.) las mujeres han sido víctimas de los conflictos armados
desde la antigüedad hasta nuestros días. El ejemplo
reciente de la guerra en Bosnia y Herzegowina muestra dramáticamente
hasta qué punto la muerte y la violación de mujeres
se han utilizado como herramientas bélicas.
Skjelsbaek y Smith (2000) sostienen que "en las guerras
las mujeres han jugado un papel central como víctimas,
mientras han tenido históricamente un papel marginal como
agentes" (p.5). De hecho la historia de los conflictos armados
destaca el papel de algunas mujeres o grupos de mujeres, precisamente
por su carácter de excepcionalidad. Todo lo cual es consecuente
con las cifras que se observaron de participación de las
mujeres en los frentes de combate durante el siglo veinte.
En el área centroamericana, el primer estudio amplio y
sistemático es el realizado por los autores en su trabajo
"Mujeres Centroamericanas ante la Crisis, la Guerra, y el
Proceso de Paz", publicado por FLACSO en 1989. Sobre todo
en el segundo tomo se realiza un rastreo de la participación
de las mujeres centroamericanas en el conflicto tanto en su situación
de víctimas como de actoras. Pero quizás lo más
relevante de este trabajo es que también estudia la posición
de las mujeres en el proceso de pacificación centroamericana.
La principal conclusión de este trabajo es que "las
mujeres son reducida minoría en el protagonismo del conflicto
abierto, pero mayoría en el pago de los costos y en los
esfuerzos por sobrevivir la crisis" (García y Gomáriz,
1989, Tomo 11, p. 253). Con posterioridad al conflicto, se han
producido estudios sobre el papel de la mujer en la guerra, tanto
en Nicaragua, como en El Salvador. Cabe destacar en este sentido,
el Foro Regional organizado en San Salvador sobre la participación
de las mujeres en los conflictos armados en Centroamérica
y Chiapas, cuyos resultados se publican en "Montañas
con Recuerdos de Mujer" (1996), producido por la organización
Las Dignas. Si bien se ha producido una apreciable cantidad de
artículos en el mundo anglosajón, la mayoría
de los cuales nunca fue traducido al castellano en Centroamérica.
Otro de los aspectos de vieja tradición en la literatura
feminista se refiere al papel de las mujeres en relación
con los procesos de paz. Además de la vieja relación
entre feminismo y pacifismo (Carroll, 1987), durante los años
ochenta se produjo en el hemisferio norte un esfuerzo por establecer
la relación entre mujeres y procesos de paz. Quizás
la muestra más amplia al respecto es la compilación
de Pearson "Women and Peace", publicada en Londres en
1987. En castellano cabe mencionar los textos de Celia Amorós
y otras autoras en la revista "Tiempo de Paz" de España.
En la región centroamericana, la producción en esta
materia se refiere principalmente al estudio realizado en Mujeres
Centroamericanas y los trabajos en torno al tema de la participación
de las mujeres en los espacios de toma de decisiones, que examinaremos
más adelante.
Aunque la temática de la violencia doméstica tiene
su propia autonomía, se menciona aquí por su importancia
en la relación entre género y violencia, algo que
tiene relación con la seguridad. Existe ya abundante producción
sobre mujeres y violencia de género tanto a nivel internacional
como del área centroamericana. Quizás al respecto
lo destacable sea el aparecimiento de nuevos enfoques, como el
de Caroline Moser, que buscan identificar la relación entre
violencia doméstica y violencia social, así como
los estudios que examinan la temática de la violencia doméstica
en el contexto de los conflictos y los post conflictos. Algo semejante
puede afirmarse en cuanto a la situación de las mujeres
en los contextos de inseguridad ciudadana, si bien su reconocimiento
específico es todavía más deficiente.
Otro de los aspectos que ha recibido gran atención en
los estudios sobre género y seguridad es la participación
de las mujeres en los espacios de toma de decisión. En
el ámbito internacional una serie de autoras (Dahlerup,
Mitra Chenoy, Vanaik) han realizado recientemente estudios sobre
el papel de las mujeres en los ámbitos de toma de decisiones
en distintas regiones. Durante los años noventa, este tema
adquirió una gran fuerza al interior de Naciones Unidas,
que comenzó a desarrollar una serie de investigaciones
focales en las distintas regiones de la comunidad internacional.
En el caso de Centroamérica, la ONU realizó un estudio
de caso sobre la participación femenina en los espacios
de toma de decisión en Costa Rica, dado su liderazgo en
el proceso de paz de Esquipulas II (García, 1990). La misma
autora realizó, para su tesis de maestría, el estudio
de caso en el país vecino Nicaragua (García, 1995).
La progresiva atención de Naciones Unidas en esta materia
fue preparando el camino para impactar el máximo organismo
del sistema: el Consejo de Seguridad de la ONU. Así, en
octubre del 2000 se aprueba la resolución 1325 en materia
de género y asuntos de seguridad. En dicha resolución,
se plantean los distintos temas: desde la protección de
los derechos humanos de las mujeres en situaciones de conflicto,
hasta la necesidad de incrementar la participación de las
mujeres en las misiones de pacificación, pasando por la
voluntad de "incorporar la perspectiva de género en
las operaciones de pacificación". El inciso 16 de
la resolución "invita al Secretario General a llevar
a cabo un estudio sobre el impacto del conflicto armado en mujeres
y niñas, el papel de las mujeres en la construcción
de paz y las dimensiones de género de procesos de paz y
resolución de conflictos, y adicionalmente lo invita a
presentar un reporte al Consejo de Seguridad con base en los resultados
de este estudio y ponerlo a disposición de todos los Estados
Miembros de las Naciones Unidas".
De una forma mucho más incipiente, se ha desarrollado
un avance relativo de la relación entre género y
seguridad, a partir de los estudios sobre masculinidad. Así,
una orientación más género-inclusiva agregaría,
en principio, los siguientes núcleos temáticos:
Principales núcleos temáticos
sobre género y seguridad
que se agregan desde la perspectiva género-inclusiva
| Cultura militar e
identidad de género masculina |
|
Masculinidad y conflictos armados (guerra y postguerra)
|
| Masculinidad y violencia
(general y de género) |
| Hombres e inseguridad
ciudadana |
| Actitudes de género
y preferencias de resolución de conflictos |
Fuente: GESO/IDCR. Proyecto sobre
Género, Seguridad y Consolidación de la Paz.
Dado que la exposición no puede ser muy prolongada, no
hacemos aquí una descripción de estos nuevos ítems.
Más bien, se realiza a continuación una primera
conclusión, muy preliminar, de la revisión que se
ha realizado hasta el momento en el esfuerzo que lleva adelante
GESO, la cual muestra el siguiente balance en términos
de desarrollo cognitivo para el conjunto de los diferentes núcleos
temáticos:
Conocimiento acumulado sobre género
y seguridad
por tema y ámbito de producción, 2001
|
Tema
|
Internacional
|
Regional (CA)
|
|
Participación de mujeres en FF. AA.
y Policía
|
D
|
I
|
| Mujeres y conflictos
amados (actoras y víctimas) |
D
|
I / D
|
| Mujeres y procesos
de paz |
D
|
I
|
| Mujeres y violencia
doméstica |
D
|
D
|
| Mujeres e inseguridad
ciudadana |
I
|
I
|
| Mujeres en los
espacios de toma de decisión (Seguridad, RE) |
D
|
I
|
| Cultura militar
e identidad de género masculina |
I
|
|
| Masculinidad y
conflictos armados (guerra y postguerra) |
I
|
|
| Masculinidad
y violencia (general y de género) |
D
|
I
|
| Hombres
e inseguridad ciudadana |
I
|
|
| Actitudes de género
y preferencias de resolución de conflictos |
I
|
|
Fuente: GESO/ IOCR. Proyecto sobre
Género, Seguridad y Consolidación de la Paz.
Nota: Casillero vacío significa ausencia, I proceso iniciándose,
D proceso desarrollado.
La primera observación que se desprende del cuadro anterior
es que, como se ha dicho, tanto en el ámbito internacional
como en el específicamente regional, el avance mayor de
los estudios de género y seguridad se refiere a la población
femenina. Ciertamente, existe una diferencia entre el desarrollo
que esta temática experimenta en el Hemisferio Norte, y
la producción habida sobre el istmo centroamericano que
todavía está iniciándose, si bien algunos
temas (violencia doméstica) ya tienen bastante desarrollo
y algunos otros, como mujeres y conflictos armados, están
en una situación intermedia.
Cuando el enfoque de género se dirige hacia los hombres
en el espacio de paz y seguridad, la situación es bastante
más precaria y la diferencia entre la producción
a nivel internacional y regional es mucho más marcada.
En efecto, aunque no pueda afirmarse que tengan ya un gran desarrollo,
existe bastante producción sobre la relación entre
la identidad de género masculina y el ámbito militar,
incluyendo el conflicto armado. Quizás sean Estados Unidos
y Alemania los países de mayor producción al respecto.
En Estados Unidos este tema ha estado referido tanto a la Guerra
Civil como a la 11 Guerra Mundial, mientras en Alemania se ha
privilegiado la relación entre masculinidad, militarismo,
las grandes guerras del siglo XX y el fenómeno del nazismo.
No obstante, el núcleo temático de mayor producción
a nivel internacional se refiere a varones y violencia, tanto
general como de género.
Esta situación contrasta radicalmente con la exigua producción
que el istmo centroamericano posee al respecto. Sólo la
temática acerca de la masculinidad y violencia tiene algún
desarrollo, aunque sea todavía muy incipiente. Es grave
la práctica inexistencia entre identidad de género
masculina y ámbito militar, especialmente si se tiene en
cuenta la realidad social en el istmo: una región donde
el conflicto armado está todavía tan cercano y en
la que, todavía en muchos países, la relación
con lo militar marca la vida de los jóvenes en distintos
campos, incluyendo el simbólico (como rito de iniciación).
Nos parece una evidencia que una perspectiva género inclusiva
resulta especialmente apropiada en una región como Centroamérica.
Pistas de aproximación
Ahora bien, el esfuerzo de GESO para realizar este estado del
arte apunta a un objetivo posterior: tratar de establecer un verdadero
enfoque articulador entre género y seguridad, que no sea
producto de dos vías paralelas (mujeres y seguridad - hombres
y seguridad), sino un enfoque género-inclusivo que permita
un auténtico cruce temático entre ambos conceptos.
Dicho de otra forma, se trata de tener un enfoque de género
en relación con los ámbitos de seguridad que abarque
tanto a la población femenina como a la masculina, identificando
-cuando sea necesario- por qué una determinada temática
tiene un mayor protagonismo de uno u otro sexo. Pueden ponerse
al respecto algunos ejemplos que ilustren esta perspectiva.
En cuanto a la dimensión de género del conflicto
primario, puede hablarse de dos aspectos principales: la cultura
y práctica de la violencia, así como la problemática
de la inseguridad ciudadana. Es un hecho estadístico y
no estadístico que los hombres protagonizan abrumadoramente
este espacio; por ello, lo apropiado sería, por ejemplo,
relacionar el protagonismo masculino en la delincuencia y la inseguridad
ciudadana, con el ejercicio de la masculinidad predominante y
su crisis actual. Al analizar cómo .sufre la población
esta inseguridad ciudadana, habría que tener una mirada
que enfocara hacia ambos sexos.
Una mirada de género hacia mujeres y hombres en relación
con los conflictos armados permite identificar la relación
entre actitudes de género y preferencias de resolución
de conflictos, sin caer en esencialismos improductivos. Existe
al respecto una discusión inacabada en torno a la idea
de que las mujeres por naturaleza eligen la resolución
pacífica de los conflictos, mientras los hombres eligen
el camino contrario. Esa asunción se ha basado en la evidencia
empírica de que históricamente han sido los hombres
lo que han protagonizado las guerras. Los editores de una compilación
reciente sobre género, paz y conflictos, Skjelsbaek y Smith,
dirigen sus contribuciones a cuestionar esta perspectiva esencialista.
Especialmente la autora Inger Skjelsbaek refiere a distintos análisis
realizados sobre la guerra en la antigua Yugoslavia, donde se
muestra que el racismo y la preferencia por la solución
violenta del conflicto no es menor en mujeres que en hombres.
De hecho, en distintos conflictos ha podido observarse "que
las madres frecuentemente impulsan a sus hijos y esposos a participar
en la guerra y, de hecho, muchas mujeres se decepcionan e incluso
se avergüenzan cuando sus hombres no pelean" (p.62).
Skjelsbaek cita la tesis de Sara Ruddick en su trabajo sobre maternidad
y conflicto que sostiene que "en cualquier lugar que los
hombres luchen, las madres los apoyan" (Ruddick, 1989).
Es decir, un análisis de género de las preferencias
concretas de mujeres y hombres por un determinado tipo de resolución
de conflictos (especialmente en una situación de conflicto),
permitiría distinguir esas preferencias del protagonismo
que luego tienen los hombres en el conflicto mismo. Más
aún, permitiría identificar qué actitudes
de género, tanto en mujeres como en hombres, son potencialmente
favorables a la resolución pacífica de los conflictos.
La conveniencia de avanzar en la conformación de nuevo
marco conceptual y en el desarrollo de un nuevo programa de investigación,
son elementos que informan el esfuerzo de GESO en su tratamiento
actual del cruce temático entre género y seguridad.
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* Enrique Gomáriz
Moragas. Sociólogo y
psicólogo, consultor internacional especialista en género
y políticas públicas. Es autor de diversas investigaciones
y publicaciones, dentro de las que se destacan: Mujeres Latinoamericanas
en Cifras, La Planificación con Perspectiva de Género,
Introducción a los Estudios sobre la Masculinidad, "Los
Estudios de Género y sus Fuentes Epistemológicas:
Periodización y Perspectivas", Género y Desastres,
Democracia de Género: una Propuesta para mujeres y hombres
del siglo XXI.
** Ana Isabel García
Quesada. Periodista y socióloga,
consultora internacional especialista en género, ha sido
coordinadora de varios proyectos de investigación sobre
la situación de género de las mujeres en Centroamérica
y El Caribe; ocupó la Dirección de la Oficina Gubernamental
de la Mujer de Costa Rica y la Coordinación General de
la Red de Oficinas homólogas de América Latina y
El Caribe; actualmente es la Directora Ejecutiva de la Fundación
Género y Sociedad (GESO).
Ponencia presentada en
la Conferencia Centroamericana y del Caribe "Reproducción
de la Pobreza, Gobernabilidad Democrática y Equidad de
Género". Managua, Nicaragua. Noviembre, 28-30 de 2002.
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