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Una mirada inicial al contexto colombiano
El Estado y la sociedad colombiana enfrentan una profunda crisis
que no sólo atenta contra su supervivencia e integridad,
sino también su progresivo marginamiento de la comunidad
internacional. Colombia sufre un ciclo de inestabilidad y recesión
sin antecedentes con tasas negativas de crecimiento, 20% de desempleo
y déficit fiscal del orden del 5% para 1999 (Garay:1999:18).
En Colombia, la relación entre el 25% más rico
de la población y el 25% más pobre es de treinta
veces (Bernal: 1996; 11), el grado de incidencia de la pobreza
por ingresos afecta al 69.5% y la mortalidad materna (tasa por
cien mil habitantes) es de 130, cuando el promedio en un país
como Chile es de 559 (Sarmiento Anzola: 1996; 278). En este país
se registra en forma ininterrumpida desde 1984, alrededor de 26.000
homicidios por año, es decir, 70 por cada 100.000 habitantes.
Ello ubica a Colombia entre los países más violentos
del mundo, con una tasa de homicidios cuatro veces el promedio
Latinoamericano, diez y seis veces el de Europa y sesenta veces
el de Asia (Cubides: 1998; 21). Es además un país
que lleva décadas padeciendo un nivel de violencia difícil
de superar.(1) En los noventa, el conflicto provocó más
de 300.000 muertes violentas, 8.000 secuestros, 1.280 víctimas
de desapariciones, más de un millón de desplazados
y 708 masacres (Ver gráfico 1).
Algunos de los movimientos guerrilleros creados en los años
sesenta y setenta- Farc, Eln, Epl, entre otros-, controlan la
tercera parte del país, con cerca de veinte mil combatientes.(2)
De igual modo, las autodefensas Unidas de Urabá y Córdoba
(AUC), con diez mil hombres, constituyen una fuerza paramilitar
de contrapeso que ciertos sectores en Colombia han fomentado para
cerrarle el paso a las guerrillas de las Farc y el Eln
La violencia ha contribuido a incrementar los costos de transacción
de la economía y disminuido la productividad, representando
un obstáculo del crecimiento económico. En la actualidad
se puede afirmar que la economía en términos del
PIB deja de crecer anualmente entre 1% y 1,5% como consecuencia
del conflicto armado. (Trujillo y Badel: 1997; 33). Por otra parte,
la guerra influye sobre las condiciones ambientales e incide en
el ordenamiento ambiental del territorio y el uso de los recursos
naturales. La voladura de oleoductos atenta contra los ecosistemas,
la calidad de vida de los pobladores y la economía del
país, afectando 6.000 hectáreas con potencial agrícola
y pecuario, 2.600 kilómetros de ríos y 1.600 hectáreas
de ciénagas (Trujillo y Badel: op. cit; 11). El exceso
de gasto militar en Colombia se ha ido incrementando de un 1%
del PIB en 1991 a un 1.6% en 1997. De continuarse con esta tendencia,
en el año 2004 podría estar dedicando un 5.6% del
PIB para el financiamiento del sector de defensa.(3)
La violencia en Colombia es producto de una larga y variada gama
de factores que en muchos casos están ligados a problemas
estructurales en la base económica, política y social
del país. Ejemplo de ello lo constituye la situación
de exclusión de terceras fuerzas políticas en el
escenario político colombiano y la ausencia del monopolio
legítimo de la fuerza por parte del Estado. Otros factores
generadores de violencia se ubican en la lucha por la tenencia
de la tierra, la injusticia social, el descontento con la clase
política, la pobreza y la marginalidad de ciertos sectores
sociales. Sin embargo, la reflexión acerca de estos factores
escapa a las posibilidades del presente estudio.

Fuente: Revista Criminalidad, 1959 - 1997. Escala: Cifras 0 -
300.000; Tasas: 0- 90
El Cauca no tiene quien lo vea: Contexto socioeconómico
y cultural de la región
A diferencia de la tendencia demográfica registrada en
el resto del territorio nacional, en el departamento del Cauca
(suroccidente colombiano), predomina lo rural sobre lo urbano
(para 1993 el 56% de su población es rural y el 44% es
urbano). Siguiendo los datos de un informe elaborado por los profesores
de la Universidad del Cauca Irma Piedad Arango y Luis Evelio Alvarez,
el departamento está conformado por 39 municipios de los
cuales sólo 29 tienen entre 1000 y 5000 habitantes y sólo
3 municipios presentan poblaciones de más de 20.000 habitantes,
como es el caso de Popayán, Puerto Tejada y Santander de
Quilichao. Se infiere que es un departamento con pequeñas
características semi-urbanas, alejadas de una eficiente
organización de servicio en donde se realizan algunas funciones
administrativas (Arango, Irma y Alvarez, Luis; 1999: 6)
Desde el punto de vista vial, el departamento del Cauca se encuentra
prácticamente incomunicado, pues por cada kilómetro
cuadrado sólo se han trazado 145 metros de carretera. De
esos kilómetros totales, sólo el 9% de las vías
están pavimentadas. De la longitud pavimentada, el 72%
corresponde a la vía Panamericana que se ha constituido
en la columna vertebral de la infraestructura vial del departamento,
recorriéndolo de sur a norte concentrando el desarrollo
en la zona andina, quedando relegadas a un segundo plano, las
regiones alejadas de esta troncal como la Bota caucana y la Costa
Pacífica, cuya infraestructura vial es prácticamente
nula. (Arango, Irma y Alvarez, Luis; ídem).
A las características esbozadas anteriormente, se le debe
agregar el hecho de que el departamento del Cauca es el cuarto
más pobre de Colombia, el quinto con el índice de
necesidades básicas insatisfechas más alto y cuyo
ingreso promedio es la mitad del ingreso de los colombianos. Mientras
en Colombia en 1993 el 32,2% de la población se encontraba
sin satisfacer sus carencias básicas como salud, educación,
vivienda, acueducto y alcantarillado, en el Cauca esa cifra ascendió
al 56.2%. De ahí que es importante señalar que la
población caucana es dos veces más pobre que la
del promedio nacional, el índice de analfabetismo nacional
es de 13.1% y en el departamento es de 21.3%.evidenciando así
un complejo escenario social (ídem)
El escenario caucano expresa en toda su complejidad el problema
agrario y la resistencia del campesinado a la expulsión
hacia los centros urbanos, determinada por la evolución
de la gran propiedad territorial. Se mantiene latente el problema
de los campesinos sin tierra y persisten reductos de alzados en
armas. De igual modo, coexisten sectores y movimientos sociales
y políticos diversos, como es el caso del Movimiento campesino
del Macizo Colombiano y las organizaciones indígenas, los
cuales reflejan las luchas realizadas y las conquistas y reivindicaciones
obtenidas en los dos últimos siglos.
En un estudio exploratorio realizado por la Comisión Vida,
Justicia y paz de la Arquidiócesis de Cali con el concurso
de Codhes en 1996, titulado "Desplazados en Cali: entre el
miedo y la pobreza", se recogen las respuestas de 521 jefes
de hogares desplazados, a partir de los resultados de un estudio
etnográfico en las zonas más afectadas, estima la
población desplazada por razonas de violencia en Cali en
53.500 personas que integran 10.700 hogares, en su mayoría
mujeres y menores de edad, provenientes de regiones agrarias o
expulsadas de zonas urbanas de la misma ciudad.(4) Los desplazados
provienen del departamento del Valle del Cauca (37%), seguido
por Cauca (23%), el cual ofrece particulares condiciones de violencia,
conflictos por la tierra y pobreza, que generan una migración
constante hacia la ciudad de Cali. También es significativa
la cifra de desplazados provenientes de los departamentos de Nariño
y Putumayo (22%), zonas de conflictos relacionados con cultivos
ilícitos, así como enfrentamientos armados entre
guerrilla y fuerza pública (Codhes: 1996; 12).
A partir de marzo de 2001 se produjo el desembolso de 1.300 millones
de dólares en ayuda militar y económica a Colombia,
en el marco del proyecto denominado Plan Colombia, el cual demandará
a lo largo de varios años una inversión de 7.000
millones en total. Casi el ochenta por ciento del aporte de dicho
plan está destinado a fortalecer el papel de las fuerzas
armadas colombianas: entrenamiento de soldados, equipos para el
Ejército y la Policía, el envío de 60 helicópteros
y de 2.000 asesores militares. (FCSPP y NIZKOR; 2001: 10))
El 80% de la cocaína y el 75% de la heroína que
se consume en Estados Unidos procede de Colombia, según
el Departamento de Estado. La opción militar ha sido la
escogida, desde mediados de la década de los años
ochenta, para dar tratamiento al problema de los cultivos ilegales
y el narcotráfico.(5)
Las guerrillas y las autodefensas Unidas de Urabá y Córdoba
(AUC) se disputan un corredor geográfico en este departamento
del sur de Colombia que permite la salida al océano Pacífico
y comunicación con el centro del país. En el Cauca
se han presentado 13 masacres en lo que va corrido del presente
año, en las que han muerto 300 personas. Desde septiembre
de 2000 han sido asesinadas 500 personas, la mayoría campesinos
e indígenas. (El Tiempo; febrero 2001: 11)
El departamento del Cauca asiste a la irrupción de liderazgos,
de conocimientos y de minorías diversas. Es además
el primer departamento de Colombia gobernado por un indígena,
el guambiano Floro Tunubalá, representando a la Alianza
Social Indígena y al Bloque Social alternativo. En medio
de la incertidumbre de la región, el gobernador indígena
y tres de sus funcionarios más allegados,(6) han sido amenazados
de muerte por el propio jefe paramilitar Carlos Castaño
(El Tiempo; febrero 2001: 11).
La masacre de 55 campesinos- indígenas, afrocolombianos
y colonos, el pasado 11 de Abril de 2001, realizada por paramilitares
en las veredas Patio Bonito, El Ceral, La Silvia, La Mina, El
Playón, Alto Seco, Palo Grande y Río Mina, ubicadas
sobre el Camino Real que conduce del Resguardo de la Paila al
Alto Naya, generó un masivo desplazamiento masivo de la
población.(7) Esta movilización humana traerá
graves consecuencias en el occidente del Cauca y Valle del Cauca,
puesto que más de 2000 familiar se dirigirán inevitablemente
por los desfiladeros que conducen a los sitios de La Concha y
Puerto Merizalde, para intentar buscar refugio en Buenaventura.
(El Tiempo: 17 de abril 2001; 24).
La violencia de los ochenta y noventa en el departamento del
Cauca está relacionada con las formas que asumió
la descomposición y desarraigo forzado del campesinado,
que lo llevaron al alzamiento armado, a la emigración hacia
las ciudades o hacia otras áreas como las regiones selváticas.
Una de las formas de violencia producidas por las élites
ha sido una contrarreforma agraria, mediante la cual se quitó
la tierra a muchos campesinos y se expandió el latifundio.
El fenómeno de la guerrilla Quintín Lame en los
setenta es inseparable del problema de las luchas agrarias, así
como una respuesta defensiva al terror masivo y los métodos
de intimidación.
Lo que se pone en cuestión con las protestas, insurgencias
e insubordinaciones producidas en las dos últimas décadas,
son las formas de ejercicio de los poderes sociales tanto públicos
como privados. Formas de la descomposición y desarraigo
violentas del campesinado, que lo llevaron al alzamiento armado
o a la emigración masiva hacia las ciudades. No es posible
borrar la historia, ni olvidar que el Cauca ha vivido gobiernos
locales autoritarios y excluyentes, injusticias sociales y condiciones
de marginalidad.
La dirigencia y la élite caucana ha tenido serias dificultades
para definir la apropiación de lo público. Una de
las manifestaciones más notorias de este fenómeno
es que el Estado y los gobiernos locales, por acción o
por omisión, han tenido altas cuotas de responsabilidad
en el desarrollo de la violencia; su capacidad reguladora es muy
débil y ello contribuye a profundizar las tensiones con
la sociedad. La deslegitimidad del Estado, los sectores privados
y las élites van de la mano con las prácticas clientelistas
y la apropiación de los derechos económicos y sociales.
Por todo esto, ha contribuido a fomentar privilegios y desigualdades
sociales.
En suma, la extensión de múltiples violencias estructurales,
cuya expresión más notoria es la desigualdad y la
concentración de la riqueza, ha generado fenómenos
de enorme impunidad, los cuales junto al desempleo, el abandono
del campo y la lucha por el control de la tierra, contribuyen
a percibir al departamento del Cauca no sólo como un laboratorio
social, sino como una bomba social. Es el resultado de una cultura
política donde los espacios de mediación y de reconocimiento
del otro se encuentran ausentes, entendiendo por el "otro"
tanto al indígena, como al campesino, al homosexual, al
indigente, al afrocolombiano o al drogadicto, visto por gran parte
de la sociedad mayor y por sectores conservadores como obstáculos
al desarrollo y a sociedades "armónicas" y "normales".
Esto ha dado vía libre a la eliminación del otro
como la más dramática salida a la solución
a los conflictos o a la anulación de las diferencias étnicas,
sociales, religiosas y sexuales.
El movimiento campesino del Macizo colombiano
En noviembre de 1999, cerca de treinta mil campesinos ocuparon
por vías de hecho la carretera Panamericana en el suroccidente
colombiano, en el municipio de Piendamó en el tramo Popayán-Cali,
y al sur de la capital del Cauca, en el tramo Popayán-Pasto.
Protestaban por el incumplimiento de promesas realizadas por el
gobierno en uno de los departamentos con mayor nivel de pobreza
y miseria de Colombia.
El movimiento del Macizo colombiano, tal como se le conoce, organizó
seis meses antes la ocupación de dicha vía. La puesta
en marcha de comités internos encargados de la seguridad,
alimentación, difusión en la región y negociación,
asombró a fuerzas políticas y sociales en el Cauca,
las cuales subestimaron la capacidad del movimiento campesino
más grande del sur del país. Tanto el CRIC (Consejo
regional indígena del Cauca) como movimientos sindicales
y universitarios, se solidarizaron con los manifestantes, durante
el mes y medio que "taponaron" la vía y "expresaron"
su protesta al país. Sin embargo, es preciso ubicar algunos
aspectos referidos tanto a las estrategias como a los obstáculos
comunicativos que se presentaron durante seis semanas de enorme
tensión.
El comité central del Movimiento del Macizo colombiano
creó una improvisada radiodifusora para el establecimiento
de vínculos directos con todas las familias que se encontraban
en las carpas, a lo largo de los siete kilómetros en los
que se ubicaron los manifestantes. Enorme despliegue en la preparación
de las comidas y en la vigilancia ante posibles intervenciones
de la fuerza pública, demostraron un alto nivel de organización
del colectivo manifestante.
Los medios de comunicación regionales y nacionales, ofrecieron
a la sociedad mayor colombiana una cobertura carente de
argumentos sobre los motivos de tal acción. Se relacionó
el movimiento con la presión de grupos guerrilleros en
la región, así como a los intereses electorales
del gobernador del Cauca, enfrentado con el gobierno central.
El interés de los medios se centró en ese tipo de
especulaciones, así como en los derechos de los transportadores,
turistas y habitantes de la región, que requerían
movilizarse de Cali a Pasto y al Ecuador, y viceversa. Sin embargo,
la incomprensión de las reivindicaciones del movimiento
del Macizo colombiano fue amplio, confirmando la exclusión
de una región por el otro país que sólo lo
referencia desde su capital Popayán, famosa por la celebración
de la semana Santa, cuna de expresidentes y centro de poder del
siglo XIX.
Detrás de este ejemplo en una región multicultural,
observamos la confrontación entre sistemas de representación
y modos de ver el mundo, tanto de los campesinos, como de
los habitantes de las ciudades afectadas, los periodistas, la
dirigencia política y el resto del país que permaneció
ajeno e indiferente.
Es preciso entonces referirnos a esa exclusión e invisibilidad
del otro, a partir del desconocimiento cultural. A tal efecto,
el concepto de cultura del que partimos en el presente análisis
es el que utilizó Clifford Geertz, quien redescubrió
el análisis cultural a partir de la revisión de
la obra Weberiana, asumiéndola como el sistema de significados
conocido por los miembros de un grupo, el cual lo aplica en sus
interacciones. El juego social no supone que los actores sociales
compartan los mismos valores sino éstos se "comprendan"
entre sí. Desde esa perspectiva, el análisis cultural
debe ser entendido como "...una ciencia interpretativa
en busca de significaciones. Lo que busco es la explicación,
interpretando expresiones sociales que son enigmáticas
en su superficie".(8) El análisis cultural se
dirige a "desenmascarar" las estructuras de significación
y en determinar su campo social y alcance.
Si no se entienden las manifestaciones, rituales y prácticas
de los otros, no es tanto producto de la ignorancia de cómo
opera el proceso de conocimiento, sino ausencia de un sentido
de la familiaridad con el universo imaginativo en el cual las
acciones de los otros se producen y se presentan como signos.
Podemos entender al otro, pero esto no basta para "comprenderlo".
Las significaciones tienen un carácter público,
son como un juego cuyas reglas ( en este caso códigos),
son conocidas por los miembros del colectivo social.
Con miras a enfrentar esos obstáculos de comprensión
y reconocimiento de los "otros" diferentes a "nosotros",
apostándole a un proyecto de país en el que todos
los grupos étnicos posean verdaderos espacios para manifestarse,
se proponen aquí tres grandes retos de la multiculturalidad
a los que se enfrentan no sólo los medios masivos de comunicación,
sino también la sociedad civil en general. Estos retos
son: 1) reconocer las prácticas de simbolización
y procesos comunicativos; 2) entender al otro implica comprenderlo,
no estigmatizarlo; finalmente, 3) vencer el conflicto superando
la incomprensión.
1. Reconocer las prácticas de simbolización
y procesos comunicativos
Los medios masivos de comunicación no pueden limitarse
a la mera descripción de hechos no familiares en escenarios
desconocidos, sino realizar un profundo ejercicio de interpretación
en el que los significados compartidos entre los miembros de un
mismo colectivo social, adquieran importancia para el periodista
(entendido este no sólo como un transmisor de información,
sino como un investigador que no puede reducir su labor a la recolección
de datos desde las lógicas y miradas de actores pertenecientes
a poblaciones urbanas que desconocen las problemáticas
del campo).
Los medios deben ubicar en la escena mediática el conjunto
de códigos inteligibles comprendidos por los miembros que
componen una determinada cultura, por el cual la sociedad mayor
, es decir, la mayoría de la población, conozca
la acción simbólica- expresada por un determinado
grupo. Por lo tanto, los medios requieren acceder al universo
simbólico en el que cotidianamente se encuentran, interactúan,
conversan y se comprenden los miembros de una comunidad. De lo
contrario, los prejucios propiciarán no sólo confusión
respecto a las reivindicaciones de dichos grupos, etnias y movimientos,
sino también el acrecentamiento de los niveles de agresión
por parte de los actores armados. Los medios deben reconocer que
las dinámicas culturales superan las fronteras de lo local
y lo universal.
Los medios masivos de comunicación parten de generalizaciones
sobre el hombre, por medio de universales culturales. Nos encontramos
entonces ante una propuesta homogeneizadora, que no permite observar
la diferencia. Una consecuencia probable es invisibilizar las
prácticas sociales y los procesos comunicativos de los
grupos minoritarios. Los medios masivos de comunicación
caen en esta trampa, y simplemente son reproductores de las "imágenes
de mundo" que esterotipan a los diferentes.(9)
2. Entender al otro implica comprenderlo, no estigmatizarlo
Es preciso entender que los espacios mediáticos, es decir,
los ofrecidos y ocupados a través de los medios masivos
de comunicación, no posibilitan el comprender las prácticas
culturales realizadas por grupos étnicos en una nación
multicultural como Colombia.
Un ejemplo de ello lo ofrece un espacio en apariencia inocente
como lo es "Televentas", en el que se realiza una amplia
y prolongada exposición de las bondades que en la vida
urbana ofrece a las mujeres el tener bustos grandes y sobre todo
erguidos. Para poner en evidencia la supuesta "fealdad"
de las mujeres con senos "caídos", "flácidos"
y por lo tanto "poco atractivos", las presentadoras
de uno de esos programas de marketing televisivo, ofrecen la imagen
de una mujer indígena. Acto seguido, la presentadora exclama
"Cree usted que a su pareja le gustaría tener al lado
a una mujer con estos senos tan flácidos y caídos?".
Significativa muestra de ignorancia y desconocimiento presenta
la televisión colombiana.
Estamos en presencia de la descripción e interpretación
de hechos no familiares en escenarios desconocidos, en el que
los significados compartidos entre los miembros de un mismo colectivo
social, son subestimados por un presentador en los medios. Los
medios masivos de comunicación requieren acceder al universo
simbólico en el que cotidianamente se encuentran, interactúan,
conversan y se comprenden los miembros de determinado grupo étnico.
Otro vacío interpretativo en el que caen repetidamente
los medios masivos de comunicación, es el de homogeneizar
a todos los ochenta y dos grupos indígenas en una tipificación
estandarizada, profundizando la ignorancia respecto a sus prácticas
cotidianas. Las generalizaciones caen nuevamente la tipificación
de universales culturales.
Los periodistas deben pensar y reflexionar sobre el impacto que
el concepto de cultura ha tenido en la historia de la humanidad,
al indagar en las dificultades del hecho de diferenciar mediante
fronteras infranqueables lo local y lo universal, lo que es constante
y lo que es cambiante. Adquiere entonces importancia los mecanismos
a partir de los cuales la acción social se amplía
y las facultades inherentes al hombre se limitan o reducen a la
especificidad de sus acciones, articuladas al concepto de cultura
y del rol de esta en la existencia del ser humano. Incidencia
del sujeto como actor social y constructor de sentido. El sentido
que se configura a partir de la acción social, estructura
el comportamiento del conjunto de los actores sociales.(10)
Comprender a los otros requiere identificar sus manifestaciones
del capital cultural simbólico. Este es definido por Bourdieu
como "una propiedad cualquiera, fuerza física,
riqueza, valor guerrero, que, percibida por unos agentes sociales
dotados de las categorías de percepción y de valoración
que permiten percibirla, conocerla y reconocerla, se vuelve simbólicamente
eficiente, como una verdadera fuerza mágica: una propiedad
que, porque responde a unas expectativas colectivas, socialmente
constituidas, a unas creencias, ejerce una especie de acción
a distancia, sin contacto físico.(11)
Los sistemas de representaciones del mundo que las culturas crean,
fomentan y reproducen, se erigen en simbolizaciones en el marco
de una cosmovisión o forma de percibir y comprender la
realidad externa. Es improbable constituir dicha cosmovisión
desde uno sólo de esos sistemas de representación.
También hay diferentes reacciones, interpretaciones y formas
de narrar (odios, iras, amores, felicidad, etc). Ante un hecho
cualquier, las percepciones y miradas no pueden ser entendidas
como objetivas ni mucho menos universales, por lo que el dato
que recogen los periodistas respecto a las reacciones de diversos
grupos étnicos frente a un hecho, no puede ser asumido
como tales.
Lo simbólico es un elemento integrador de los sistemas
de representación (cultural, social, político),
así como de los procesos por los que se conoce y se comprende
el mundo exterior (ya sea desde la naturaleza o la sociedad),
entonces llegamos necesariamente a la idea de que conocemos a
un grupo por sus dispositivos culturales.
3. Vencer el conflicto superando la incomprensión
Cuando un grupo determinado reivindica la protección de
sus prácticas, de sus espacios y de su identidad al interior
del colectivo, intenta proteger a la totalidad de sus miembros
de posibles efectos de desequilibrio producidos por los disensos
y enfrentamientos internos, a modo de intentos de rupturas y cuestionamientos
a la autoridad y a los procesos de autoridad. La resistencia de
los campesinos, indígenas y afrocolombianos a los requerimientos
de los medios masivos de comunicación se origina en la
desconfianza ante la confusa traducción que los
periodistas hacen de sus prácticas, reproduciéndolas
ante las audiencias de la sociedad mayor como producto de la ignorancia,
del inmovilismo del pasado, así como expresiones resistentes
al cambio y a la "modernización".
La interpretación se establece a partir de la concepción
sobre todo lo que se "lee" y se "dice" en
las acciones humanas. Por ejemplo, para los aymaras el conflicto
se ubica en la concepción de los dos espacios, el arriba
y el abajo, en el que se encuentran y confluyen los opuestos.
La igualación es entendida como un acercamiento entre diferentes.
La cosmovisión aymara protege sus fronteras simbólicas
y controla el accionar de las fuerzas nocturnas provenientes de
otros ámbitos, es decir, otros espacios y tiempos, de otros
mundos (en éste caso, el hombre blanco con otro modo de
ver el mundo) , así como el de conciliar en el centro,
diversos factores contrarios para conquistarlos y conciliarlos.
Es un deber de los medios masivos de comunicación reconocer
la confrontación entre culturas inmersas en la oralidad
y el derecho no estatal, y las que se encuentran bajo la lógica
del derecho estatal o positivo. Por ejemplo, el caso de los paeces
castigados con azotes por cometer diversos delitos propios de
ese grupo étnico, fue "traducido"(¿?)
en los medios como reflejo de intolerancia, ignorancia y violencia
irracional. Pero ¿acaso no existe mayor violencia que la
inequidad social reflejada en los niños de la calle en
las ciudades? ¿o la violencia del desempleo, la miseria
y el hambre que "azotan" a muchos colombianos? ¿O
la violencia observada en cárceles hacinadas donde los
presos no pueden gozar de mínimos factores de dignidad
y de reconocimiento de su humanidad?. En esa realidad supuestamente
racional y civilizada, se esconde una mayor agresión a
la dignidad del ser humano. Y los medios se han tapado los ojos
para reconocerlo.
La historicidad del hombre americano, supera la concepción
de vaciamiento y de ausencia de sentidos que le había conferido
la ilustración. Es así como Arturo Roig entiende
los momentos de recuperación de un "nosotros"
latinoamericano, a partir del reconocimiento de la heterogeneidad
de las miradas y cosmovisiones: "La problemática
de la historicidad del hombre y más concretamente de su
cotidianidad, se desarrolla de modo inevitablemente paralelo con
el de la relación entre lo "originario" y lo
"originado", lo ontológico y lo óntico,
lo "fundante" y lo "fundado", planteados en
tales términos que acaba por desvirtuarse aquella historicidad
".(12)
La ruptura con esa perspectiva que asumía al hombre americano
como un ser ahistórico y vacío de sentido- propio
del pensamiento Hegeliano-, sólo puede ser resuelta desde
la búsqueda de pistas que den cuenta de los interrogantes
ontológicos sobre aquellos territorios que fueron conquistados
y atropellados, pero, sobre todo, incomprendidos. Surge así
una fuerte relación entre el actor y el sentido otorgado
a la acción social. Sentidos que todos requerimos comprender
y respetar para vivir en sociedad.
Finalmente, es necesario que los medios masivos de comunicación,
las facultades de comunicación social, los periodistas
y la sociedad civil en general, entienda que la cultura no se
reduce a la perspectiva o concepción del inmovilismo. Por
lo tanto, los actores de la sociedad mayor debemos superar las
dificultades para comprender los cambios que sufren las culturas
y grupos minoritarios, con el objetivo de evitar correr el riesgo
de asumir el estancamiento e inmovilismo de los modelos culturales.
De lo contrario seguiremos en la incomprensión de las manifestaciones
de los más de ochenta grupos indígenas en Colombia,
así como de los afrocolombianos y campesinos, en un país
en el que los medios masivos de comunicación tienen mucho
qué decir, pero especialmente, urgentes espacios de expresión
para abrir en el que todas esas voces excluídas sean reconocidas.
Bibliografía
ECHANDÍA. Los actores y las manifestaciones del conflicto
armado en Colombia: de las condiciones objetivas al accionar estratégico.
Ponencia presentada en el Seminario "La Paz: una oportunidad
para repensar el país". Bogotá, julio 21 y
22 de 1988.
EL TIEMPO. "Masacre en el alto del Naya". Bogotá,
abril de 2001.
GEERTZ, Clifford. La interpretación de las culturas. Gedisa.
Barcelona. 1994.
HERMET y BADIE, B. Política comparada. Fondo de cultura
económica. México. 1993.
KYMLICKA, Will. Ciudadanía multicultural. Una teoría
liberal de los derechos de las minorías. Paidós.
Barcelona. 1996.
ROIG, Arturo. Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano.
Editorial tierra firme. Buenos Aires. 1987.
SERNA, Gladys. "Aspectos sociopolíticos del fenómeno
del desplazamiento en la ciudad de Cali". Proyecto de tesis
para acceder a la maestría en estudios políticos
de la Universidad Javeriana. Cali, 1999.
NOTAS
1. Desde su nacimiento como estado nacional, Colombia ha presenciado
un cuadro social complejo, en el que las soluciones a los conflictos
se han producido principalmente mediante el aniquilamiento y la
exclusión del otro. De ahí la precariedad del tejido
social.
2. En cuanto a la evolución del conflicto armado en particular,
se observa una clara intensificación. Mientras 90 municipios
registraron presencia guerrillera de las FARC y el ELN en 1985,
esta cifra asciende a 66 frentes de las FARC y 40 del ELN, distribuidos
en siete bloques regionales en el primer caso, y cinco frentes
de guerra en el segundo, a lo largo de todo el país. En:
Echandía, (1998). Los actores y las manifestaciones del
conflicto armado en Colombia: de las condiciones objetivas al
accionar estratégico. Ponencia presentada en el Seminario
"La Paz: una oportunidad para repensar el país".
Bogotá, julio 21 y 22.
3. Cerca de 200 asesores militares estadounidenses acompañan
a la policía y al ejército en el combate al narcotráfico
y se ven involucrados en forma creciente en las confrontaciones
con la guerrilla. La intervención militar externa y el
incremento de la ayuda al ejército colombiano tienen el
pretexto de la lucha contra las drogas. Se ha creado un gigantesca
red de centros de lucha antinarcóticos, cuya unidad operativa
mayor está integrada por batallones ubicados en Caquetá,
Putumayo, Catatumbo (Norte de Santander), sur de Bolívar
y Arauca.
4. Se trata de los resultados del proyecto de tesis titulado "Aspectos
sociopolíticos del fenómeno del desplazamiento en
la ciudad de Cali", realizado por Gladys Serna para acceder
a la maestría en estudios políticos de la Universidad
Javeriana de la ciudad de Santiago de Cali.
5. El Plan Colombia puede constituir en lo sucesivo un pesado
legado histórico. En primer término, por tratarse
del inicio de la presencia militar extranjera en los Andes latinoamericanos,
con el consiguiente efecto desestabilizador para sus frágiles
democracias. Luego, por reinstalar ciertos principios de la Doctrina
de la Seguridad Nacional que sirvieron, décadas atrás,
para militarizar las sociedades civiles. La opción militar
escogida supondrá una intensificación de los combates
en función del mayor grado de preparación y de disposición
de recursos bélicos por parte de las fuerzas armadas de
Colombia. ¿El Plan Colombia está destinado a impactar
al narcotráfico, o encubre la intención de reducir
el poderío militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia?. Sin embargo, el primer batallón aleccionado
ha comenzado a operar en el sur de Colombia, a apenas 45 kilómetros
de la zona de distensión en la que el gobierno y las FARC
negocian la paz desde hace 22 meses. La Unión Europea ha
rechazado la naturaleza militar del Plan, considerando que obstaculiza
las negociaciones de paz entre el gobierno y las guerrillas. Ver:
En: Echandía, (1998). Op. Cit
6. Asesores del gobernador indígena Floro Tunubalá,
como es el caso del profesor de la Universidad del Cauca, Diego
Jaramillo, así como dos funcionarios- el secretario de
Gobierno y el gerente de la Lotería del Cauca, han recibido
serias amenazas de muerte por los paramilitares. Estos dos últimos
funcionarios son reinsertados de la guerrilla indigenista Quintín
Lame, que dejó sus armas hace una década.
7. La masacre ocurrió en los municipios de Buenos Aires
y Miravalle, dentro de una región que se conoce como Alto
de Naya. Tras la brutal arremetida paramilitar, más de
500 campesinos e indígenas abandonaron sus parcelas y se
refugiaron en los vecinos municipios de Timba, Santander de Quilichao
y Jamundí, según señaló la Defensoría
del Pueblo en un comunicado (El Tiempo, abril de 2001).
8. GEERTZ, Clifford. La interpretación de las culturas.
Gedisa. p. 20
9. Los pueblos indígenas son vistos en la pantalla chica
como grupos "exóticos", ïncivilizados",
y "culpables del subdesarrollo" (por ende, enemigos
del desarrollo económico). Los pueblos afordescendientes
o afrocolombianos, son expuestos como bullangeros, escandalosos
y dependientes del Estado. Los campesinos colombianos son reducidos
tanto a expresiones folclorizadas como benefactoras. Pero ¿Qué
espacios cuentan para exponer sus prácticas y dinámicas
sociales, étnicas y culturales? ¿Donde caben sus
voces?.
10. Tanto Bertrand Badie como Guy Hermet, entienden que la posición
de Geertz otorga al individuo-actor un rol de organizador del
juego social. BADIE, Bertrand y HERMET, Guy. Política comparada.
Fondo de cultura económica. Barcelona. 1994. p. 38.
11. Idem.
12. ROIG, Arturo. Teoría y crítica del pensamiento
latinoamericano. Editorial tierra firme. Buenos Aires. 1987. P.
136.
*Guillermo Alejandro
D'abbraccio Kreutzer,1969. Maestría
en comunicación (2000). Especialista en antropología
Jurídica (1999 Universidad del Cauca). Politólogo
(1993). Comunicador social (1994). Universidad Nacional de Buenos
Aires, República Argentina. Profesor de la especialización
en educación multicultural y miembro del comité
curricular de la Maestría en Problemas Políticos
Latinoamericanos en la Universidad del Cauca, Colombia. Profesor
visitante de la Especialización en Administración
Pública Contemporánea de la ESAP (Colombia) y de
la Maestría en Estudios de Familia de la Universidad de
Caldas. Entre 1998 y 2001 fue profesor en los programas de comunicación
social y de ciencia política de la Universidad del Cauca,
Colombia. Investigador en Ongs en el suroccidente colombiano.
También desarrolló actividades como periodista en
radios comunitarias en la provincia de Buenos Aires, Argentina
entre 1988 y 1993. Autor de más de treinta artículos
publicados en revistas especializadas en Colombia y en América
Latina. Actualmente es profesor del programa de Gestión
Cultural y comunicativa y director del centro de estudios culturales
de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

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