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Los Derechos Humanos como movimiento social
Los movimientos sociales en Colombia buscan recuperar el espacio
público y en particular el de la ciudadanía, en
un contexto donde el Estado bipartidista es débil pero
a la vez excluyente, y en donde los conflictos sociales se han
desbordado y la violencia ha llegado a límites insospechados.(1)
Tomando en cuenta las categorías que definen un movimiento
social, consideramos que el de los Derechos Humanos reúne
dichas características:
"... Por movimientos sociales entendemos
aquellas acciones sociales colectivas, más o menos permanentes,
orientadas a enfrentar injusticias, desigualdades ó exclusiones,
es decir, que denotan conflictos y que tienden a ser propositivas.
Todo ello en contextos históricos...".(2)
Efectivamente, el movimiento de Derechos Humanos ha adelantado
acciones colectivas que tienen que ver con reivindicaciones de
otros y, a pesar de las dificultades, su actividad permanece,
y aunque su comportamiento ha variado en el tiempo y la forma,
mantiene ante el Estado una actitud de reclamo respecto de la
responsabilidad que a éste le corresponde, sin que esto
riña con una participación que busca ser propositiva
y de construcción de democracia; intenta hallar, junto
con otros, mecanismos alternativos para lograr que su relación
con el Estado responda a las obligaciones institucionales y legales.
Aunque el movimiento de derechos humanos no es homogéneo,
sus acciones no alcanzan una verdadera cobertura nacional y padecen
de cierto centralismo; pero su existencia ha sido definitiva para
exigir una política estatal en materia de Derechos Humanos,
y sus acciones han tenido trascendencia en el acontecer nacional,
porque su labor ha visibilizado las diferentes facetas de la violación
de los Derechos Humanos.
La acción en defensa de los Derechos Humanos representa
una posibilidad de trabajar construyendo democracia real y planteando
soluciones; es una forma de dirimir conflictos frente a los abusos
de poder del Estado. En este sentido, como los movimientos sociales,
el de Derechos Humanos está "inscrito en una dinámica
de construcción de consensos y no de imposición
por la vía armada".(3)
Si bien se habla de las organizaciones no gubernamentales como
el quinto poder,(4) con solvencia económica y capacidad
de gestión, las organizaciones no gubernamentales de derechos
humanos han enfrentado desde siempre dos obstáculos considerables:
por un lado, recortes y limitaciones presupuestales, y por otro,
los riesgos que implica para la vida de los activistas ente trabajo.
A pesar de estos obstáculos, cuyas consecuencias han sido
devastadoras, el movimiento de derechos humanos ha logrado movilizar
a la opinión pública, obtener protección,
colaborar en desarrollos legislativos importantes e incidir en
la sensibilización y denuncia de la situación de
Derechos Humanos del país.
En Colombia, como en la mayoría de los países del
mundo, este movimiento se concentró, en una primera etapa,
en los derechos civiles y políticos; desde hace unos cinco
años incluyó la preocupación por los derechos
económicos, sociales y culturales y los derechos colectivos
a la paz, al desarrollo y al medio ambiente sano.
Las características del conflicto colombiano hicieron
que el movimiento de Derechos Humanos, muy señalado por
su escaso pronunciamiento frente a las violaciones al Derecho
Internacional Humanitario, DIH, por parte de la insurgencia, incluyera
en sus análisis e informes, desde 1995, reflexiones y datos
sobre infracciones al DIH por parte de los actores armados.
El movimiento de los Derechos Humanos comporta en su accionar
los tres principios básicos de todo movimiento social:(5)
La identidad, es decir, la definición del actor
por sí mismo; la oposición, en la cual su
contradictor es el Estado y la totalidad, es decir, una
actividad reivindicativa con proyección en el ámbito
social. Según los tipos de relaciones, este movimiento
sostiene relaciones de articulación, de oposición
y de exclusión.
De articulación, en la medida en que en el transcurso
de su historia ha creado formas progresivas de coordinación,
interlocución y adhesión a otros movimientos, atrayendo
especialmente a las organizaciones sindicales, a los grupos eclesiásticos
o al movimiento popular. De oposición, porque define una
postura indeclinable de rechazo a cualquier forma de abuso contra
la vida humana, tanto frente al Estado como ante los particulares
y los grupos armados de izquierda o de derecha. De exclusión,
en cuanto a la actitud diferenciada de admisión de sus
miembros, de aceptación de alianzas y de evitar provocaciones
provenientes de sectores que pretenden silenciarlo.
Trayectoria del Movimiento de Derechos Humanos en Colombia(6)
a) Primera etapa: confrontación contestataria
El movimiento alrededor de la defensa de los derechos humanos
surge a comienzos de la década del 70,(7) en una relación
de abierto conflicto con el Estado. En esta primera etapa, la
labor de las organizaciones no gubernamentales se centra en la
denuncia, la confrontación y la educación,(8) ante
las violaciones de los Derechos Humanos cometidas por agentes
estatales. Los miembros de las primeras ONG de Derechos Humanos
provienen del movimiento popular y democrático, de activistas
populares, sindicales y de oposición; su actividad se adelantó
a través de foros nacionales e internacionales.
Su labor se desarrolla en medio del auge del movimiento social
y popular, de finales de la década del 70, cuando se registraron
huelgas obreras, tomas de tierras, protestas estudiantiles y paros
cívicos por el derecho al acceso a los servicios públicos,
la educación, la salud y la vivienda. Paralelo a ello se
constituye la insurgencia, dándose inicio al conflicto
armado interno que aún vivimos hoy.
En esta época el tema de los Derechos Humanos es extraño
al gobierno nacional. Su práctica en esta materia estaba
restringida a ciertos derechos civiles y políticos. La
firma y ratificación de los tratados internacionales no
pasaban del procedimiento formal y legitimador ante la comunidad
internacional, pero éste no correspondía a la situación
del país.
Ante las protestas sociales, la respuesta del Estado es represiva.
Es conocido que sucesivos gobiernos hicieron un casi permanente
del Estado de Sitio y, por lo tanto, se restringieron las libertades
fundamentales, se otorgaron facultades especiales al Ejecutivo,
con el fin de dar poderes extraordinarios a las Fuerzas Armadas
y de Policía para el control del orden público.
Las violaciones de los Derechos Humanos ocurren dentro de operativos
de control social; se vuelve cotidiano el juzgamiento de civiles
por parte de autoridades militares, se adelantan capturas sin
orden judicial, se aplica la sanción de arresto hasta por
180 días por alcaldes y gobernadores contra dirigentes
sociales, dando como resultado detenciones arbitrarias y masivas,
torturas, restricciones a las garantías judiciales y al
derecho al habeas corpus.
La labor de las ONG de Derechos Humanos se centra, entonces,
en la defensa de los derechos civiles y políticos. Se trabajó
en las regiones, y se adelantaron denuncias públicas exaltando
las causas justas de los sectores sociales, la exigencia por el
respeto a las libertades de asociación, expresión,
movilización, respeto a la integridad personal y al debido
proceso.
Con base en la declaratoria del Estado de sitio, el 6 de septiembre
de 1978 se adoptó el Estatuto de Seguridad, por medio del
cual se establecieron nuevas conductas delictivas, se ampliaron
penas para delitos políticos, se impusieron penas de arresto
y prisión a formas de protesta social, se estableció
el juzgamiento de civiles por parte de militares, se limitó
la libertad de prensa, y se dio vía libre para la implementación
de la "guerra sucia".
En este período se utilizó en forma arbitraria
la facultad que daba el artículo 28 de la Constitución
Nacional de 1886, que autorizaba la retención administrativa,
hasta por 10 días, de sospechosos de intervenir en actos
contra el orden público.
Se destacan en esta primera etapa actividades como la publicación
del Libro Negro de la Represión (1974), editado
por el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos,
el debate en el Congreso por la denuncia de tortura a detenidos
en operaciones militares en Santander (1975), la campaña
de acción urgente de Amnistía Internacional por
torturas y no atención médica a detenidos políticos
y la realización del 1er. Foro Nacional de Derechos Humanos
(1978), en el cual se denuncian las violaciones dentro del Estatuto
de Seguridad.
El 1er. Foro por los Derechos Humanos dio lugar, en 1979, a la
creación del Comité Permanente por la Defensa de
los Derechos Humanos.
El espacio público para la labor de las ONG era precario
en ese período, ya que no contaban con posibilidades de
interlocución con las autoridades, las cuales no aceptan
la ocurrencia de los atropellos denunciados, eludieron su deber
de promover y difundir los derechos humanos y además le
daban tratamiento de prohibido, peligroso y subversivo al tema,
calificando a los defensores como enemigos del Gobierno y apátridas.
Lo anterior condujo a que se realizaran muchos allanamientos,
detenciones arbitrarias (5.000 presos políticos por año),
se institucionalizara la tortura, y se desconociera la legislación
internacional de protección de los derechos humanos.
Ante la primera visita de Amnistía Internacional-AI- (1980),
el Presidente Julio César Turbay negó los hechos
violatorios de los derechos humanos y calificó a las ONG
como parte de una conjura internacional. Al informe de A. I. lo
calificó de vago e impreciso; Hugo Escobar Sierra, entonces
ministro de Justicia, señaló que A. I. había
violado la soberanía nacional.
Por su parte A. I. recomendó el levantamiento del Estado
de Sitio, la derogación del Estatuto de Seguridad, la publicación
de las actas del Consejo de Ministros que ordenaban la retención
de personas, por el art. 28, el traslado a la justicia ordinaria
de los procesos de civiles que estaban en la justicia penal militar,
la revisión de los procedimientos para acoger denuncias
sobre Derechos Humanos y garantizar el derecho del habeas
corpus, crear comisiones de investigación por torturas
a detenidos y garantizar la comunicación de los detenidos
con los abogados y sus familiares en las 24 horas siguientes al
arresto.
El Ejército, por su parte, ante las acusaciones recibidas,
se defendía:
"Es una campaña contra los jefes de
la institución militar, procurando su deshonra, situación
en la cual fuerzas disociadoras han mostrado acucioso interés,
con la clara estrategia de minar la cohesión que existe
dentro del estamento militar y que el país requiere como
base insustituible para su tranquilidad y progreso".(9)
b) Segunda etapa:
El acceso a organismos internacionales y la nueva actitud del
Gobierno
A finales de los setenta, las ONG decidieron acudir a organismos
y agencias de cooperación internacional, aunque dudando
de su éxito. En 1980 el país fue visitado, como
dijimos antes, por Amnistía Internacional (que tiene status
consultivo ante el Consejo Económico y Social de Naciones
Unidas) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Sus informes alertaron sobre la grave situación de Derechos
Humanos prevaleciente en Colombia.
Esta intervención propició una actitud esperanzadora
en las ONG de Derechos Humanos, que se decidieron a presentar
casos ante el Sistema Regional (de la OEA) y el Sistema Universal
de las Naciones Unidas, e influyó para que el gobierno
colombiano iniciara algunos cambios de actitud frente al tema.
El Presidente Belisario Betancur (1982-1986) reconoce la existencia
de abusos y atropellos y abre las expectativas para una negociación
con la guerrilla. En materia de derechos humanos su discurso es
distinto. Betancur atendió parcialmente las recomendaciones
del informe de Amnistía Internacional y estableció
controles a las actas del Consejo de Ministros.
Sin embargo, el tema de los derechos humanos fue perdiendo su
lugar; la Procuraduría General de la Nación, en
cabeza de Carlos Jiménez Gómez, adelantó
la investigación sobre paramilitarismo, la cual no tuvo
ninguna repercusión. "El país no toma en
serio la defensa de los derechos humanos", señaló
el Procurador.(10) Las autoridades militares, por su parte, hablaron
del "Síndrome de la Procuraduría",
señalando que su intervención limitaba la efectividad
de las acciones militares.
Este período se caracterizó por la gran contradicción
entre el discurso público, favorable al respeto de los
derechos humanos y los resultados prácticos. Paradójicamente,
se disminuyeron los allanamientos y las detenciones, pero aumentaron
las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales.
El fenómeno paramilitar se extendió y se perfeccionaron
los métodos de represión y ocultamiento de la identidad
de los victimarios, y el trabajo de protección y defensa
de los derechos humanos se hizo mucho más difícil,
por el carácter encubierto de las acciones ejecutadas.
Ante el aumento de prácticas de desaparición forzada,
las ONG se dedican a la búsqueda de pruebas materiales
y testigos para aportar a las investigaciones, buscando superar
la impunidad.
c) Tercera etapa:
La estatización del tema de los Derechos Humanos y la deliberación
con las ONG
Mediante la Resolución 035 del 9 de septiembre de 1986,
el entonces Procurador General Carlos Mauro Hoyos creó
la Comisión de Derechos Humanos de la Procuraduría
e invitó al Comité Permanente por la Defensa de
los Derechos Humanos y la Asociación de Familiares de Detenidos
Desaparecidos -ASFADDES- a hacer parte de ella. La Comisión
recibió casos e hizo seguimientos puntuales.
Luego del asesinato del Procurador Hoyos, asume la dirección
de ese despacho Horacio Serpa Uribe, quien por medio de la Resolución
014 del 14 de junio de 1988 amplía la participación
de las ONG y su órbita de actuación, facultándolas
para recibir y escuchar quejas. Fueron invitados a participar
el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos,
la Corporación Colectivo de Abogados, el Comité
de Madres y Familiares de Presos Políticos y el Colectivo
por la Vida 5 de junio. La Procuraduría delegada para Derechos
Humanos ejerció la secretaria de la Comisión.
Entre las labores adelantadas por esta Comisión están
el pronunciamiento acerca de los inconvenientes por utilizar las
instalaciones militares como lugares de detención de civiles
y la presentación del primer proyecto de ley para la tipificación
del delito de desaparición forzada.
Al finalizar el período presidencial de Virgilio Barco,
el procurador Alfonso Gómez Méndez amplió
el número de participantes y creó comisiones regionales.
Este gobierno, aceptando la gravedad de la situación y
ante la presión de la comunidad internacional, creó
la Consejería Presidencial de Derechos Humanos, mediante
el Decreto 2211 del 8 de noviembre de 1987, como una instancia
asesora del presidente en el diseño de políticas
en materia de Derechos Humanos.
La Consejería tomó la iniciativa de adelantar actividades
de promoción de los derechos humanos y estuvo abierta al
debate público, cambiando de actitud y dando una real importancia
a lo que llamó la cultura de los derechos humanos.
Aunque se fortaleció la interlocución con las ONG
de Derechos Humanos, la administración Barco planteó
un discurso problemático sobre "los derechos humanos
como responsabilidad de todos", diluyendo la responsabilidad
del Estado. Ante el Informe de Amnistía Internacional,
el gobierno respondió que el contexto era de muchas violencias
por fuera del control del Estado y que, por lo tanto, había
muchos responsables.(11) Por su parte, las organizaciones no gubernamentales
de Derechos Humanos expresaron que "La situación de
Derechos Humanos es en efecto compleja, pero no confusa".
El Gobierno colombiano, que comienza a recibir fondos de las
Naciones Unidas por servicio de asesoramiento técnico en
materia de derechos humanos es requerido por instancias de la
ONU y la OEA, y sabe que debe cuidar su imagen y tener una legitimidad
internacional; por esto delega a la Consejería la atención
de demanda de información e invita al Grupo de Trabajo
sobre Desapariciones Forzadas e Involuntarias y al Relator Especial
sobre Ejecuciones Extrajudiciales de Naciones Unidas.
Delegados de estos mecanismos especiales de la Comisión
de Derechos Humanos de las Naciones Unidas visitaron a Colombia
en 1988 y 1989 y formularon importantes recomendaciones, sobre
todo ante la ausencia de políticas de protección
a los derechos humanos. La actitud de las autoridades fue positiva.
Los señalamientos contra el Estado ya no provenían
de las ONG de Derechos Humanos, sino de las Naciones Unidas y
la OEA.
Conclusiones
La labor de los defensores de derechos humanos en Colombia constituye
un esfuerzo mancomunado de muchos sectores, que indica la existencia
de un verdadero movimiento social, que ha tenido un reconocimiento
nacional e internacional; ha contribuido a la promoción
y protección de los derechos humanos, al desarrollo normativo
y a la protección de personas víctimas de la violación
de sus derechos. En el área de Educación, han desarrollado
programas que posibilitan el empoderamiento del tema por parte
de los sectores populares.
Sobre su legitimidad, hay una gran ambigüedad: mientras
los Estados reconocen el papel del movimiento de derechos humanos,
en muchos casos en que son seriamente señalados los califican
de faltas a la patria, enemigos de las instituciones o cómplices
de los actores armados.
El movimiento de los Derechos Humanos ha tenido diversos obstáculos
para ejecutar su accionar libremente. El conflicto armado interno,
el paramilitarismo, la impunidad, el desplazamiento forzado y,
en general, los problemas que aquejan al país han impedido
que puedan desarrollar su legítima labor con garantías
a su integridad y seguridad personal.
Las ONG de derechos humanos pasaron de la confrontación
contestataria a la interlocución y apoyo en los debates
sobre la materia.
Las experiencias de interlocución de las ONG con el Estado
evidencian la posibilidad de encontrar un espacio en donde dirimir
los conflictos, mediante el debate argumentado, el diálogo,
las controversias. Haciendo un balance de ellas, se puede concluir
que se lograron avances para esclarecer casos, identificar situaciones,
responsables, y plantear recomendaciones.
Este ejercicio ha logrado, en 20 años, darles credibilidad
a las ONG ante el Estado; por su parte, las ONG superaron el campo
de la denuncia contestataria y una actitud defensiva, para examinar
propuestas y fórmulas concretas. En general, ha habido
una buena disposición de todos; el gobierno se ha mostrado
dispuesto a tomar medidas, las cuales no siempre alcanzan a tener
correspondencia con la realidad que se vive.
A pesar del reconocimiento de las ONG por parte del Estado y
de la comunidad internacional, aún pesan persecuciones
y hostigamiento a dichas ONG; es por esta razón que muchas
aún desconfían del diálogo con el Estado.
Quedan, sin embargo, otros aspectos por desarrollar, y sin desconocer
su importante labor, las ONG de Derechos Humanos tienen el reto
de ser más argumentativas, manejar con mayor profundidad
los análisis sobre la coyuntura nacional y de derechos
humanos y DIH, y superar la debilidad propia, recuperando espacios
de interlocución.
Bibliografía
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programa de Acción. Viena, 14 a 25 de junio de 1993.
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"Contra viento y marea. Conclusiones y recomendaciones de
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en Colombia: 1980-1997". Bogotá:Tercer Mundo, 1997,
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Un producto de la relación entre Estado y sociedad civil",
en Revista Análisis Político, No.13, IEPRI, Universidad
Nacional de Colombia, Santafé de Bogotá, mayo-agosto
de 1991, pp. 7-21.
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Movimientos sociales, Derechos Humanos y nuevos paradigmas culturales".
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agosto de 1988, pp. 109-112.
Prieto M., Jaime. "La relación Estado-ONG en Colombia
y su incidencia en la situación de Derechos Humanos",
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Prieto M. Jaime. Situación de los Defensores de Derechos
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Varios autores. "En busca de la estabilidad perdida".
Bogotá: IEPRI, Universidad Nacional de Colombia, 1995.
NOTAS
1. Francisco Leal B., "Los movimientos políticos
y sociales. Un producto de la relación entre Estado y sociedad
civil", Revista Análisis Político, No.13, IEPRI,
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, mayo-agosto/1991,
pp. 7-21.
2. Véase Capítulo 7, de Mauricio Archila Neira,
en "En busca de la estabilidad perdida", Francisco Leal
(Compilador), IEPRI, Bogotá, 1995.
3. Alain Touraine, citado por Mauricio Archila, op. cit.
4. Véase Revista Semana, No. 938, 24 de abril a 1º.
de mayo, Bogotá, pp. 33-38
5. Véase Leopoldo Múnera, "Rupturas y continuidades.
Poder y movimiento popular en Colombia 1968-1988", IEPRI,
Facultad de Derecho, Universidad Nacional de Colombia, CEREC,
Bogotá, 1998.
6. Véase Jaime Prieto M., "La Relación Estado-Ong
y su incidencia en la situación de Derechos Humanos",
Trabajo de Grado para Especialización en Derechos Humanos,
ESAP, Agosto de 1999.
7. La primera organización no gubernamental de Derechos
Humanos fue el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos,
creada en 1973 por personalidades democráticas. A la cabeza
de ellas estaba el Premio Nobel de Literatura Gabriel García
Márquez, Enrique Santos Calderón, líderes
sociales como Noel Montenegro de la Asociación Nacional
de Usuarios Campesinos, la señora Carmen de Rodríguez,
del movimiento de los barrios nororientales y miembros de la academia
como Jorge Villegas, Diego Arango y Nirma Zárate.
8. Las organizaciones no gubernamentales de Derechos Humanos se
dedicaron a enseñar en los sectores populares y sindicales
las normas de protección nacional e internacional de Derechos
Humanos, instrumentos legales de defensa y forma de acceder a
ellos.
9. Carta pública suscrita el 20 de diciembre de 1977 por
el General Luis Carlos Camacho Leyva, Comandante General de las
Fuerzas Militares, luego Ministro de Defensa del gobierno de Turbay
Ayala.
10. Declaraciones del Procurador General de la Nación,
Carlos Jiménez Gómez en la Revista Semana de Octubre
de 1985.
11. Véase "Por la vigencia de los Derechos Humanos",
Tomo IX, 1ª. parte, Presidencia de la República, Virgilio
Barco, agosto de 1988, pp. 109-112.
* Flor Alba Romero.
Antropóloga, Especialista en Derechos Humanos, IEPRI, Universidad
Nacional de Colombia, Coordinadora PADH Colombia.

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