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Lo que sigue no es una ponencia propiamente dicha,
sino una serie de párrafos sobre la globalización
neoliberal y el movimiento feminista que he discutido con Paca
a lo largo de varios meses. El propósito de los mismos
es provocar una discusión en la esperanza de que el movimiento
feminista caribeño y latinoamericano se revitalice y se
enrumbe hacia nuevos caminos.
La globalización que conocemos
He oído muy frecuentemente decir, hasta a algunas feministas,
que la globalización está aquí para quedarse,
o que la globalización también nos ha traído
cosas buenas, como el internet y el acceso a las comunicaciones.
Pienso que antes de hacer tales afirmaciones, tenemos que ponernos
de acuerdo sobre qué cosa es la globalización.
El poder de nombrar y definir las cosas es un poder inmenso.
Por eso los neoliberales se apropiaron del término "globalización"
para nombrar a un proceso que realmente no lo es. Lógicamente,
el término debería significar "el proceso por
el cual el planeta tierra en que vivimos se hace más pequeño
y conocible a través de un uso adecuado de la tecnología
y la libre circulación de todo y de todas/os". O podría
significar "el proceso por el cual los derechos humanos,
la justicia, el desarrollo sostenible, la felicidad, etc. se hacen
universales, es decir, se encuentran en todo el planeta."
Es más, debería significar que todos los seres que
habitamos este globo terráqueo somos más interdependientes.
Debería ser así porque "globalización"
se relaciona con globo, o Tierra; con "global", que
quiere decir "en conjunto"; por lo tanto, globalización
sería sinónimo de mundialización. Y ésta
sí que es el proceso por el cual el mundo se nos hace asequible
y donde lo local estaría conectado con lo nacional, regional
e internacional y viceversa.
Pero la globalización no ha significado ninguna de estas
cosas. Y entonces, ¿por qué tanta confusión?
Porque el término globalización significa todo y
nada a la vez. En realidad, la globalización, que podría
ser todo lo anterior, se ha reducido a un proceso desarrollado
casi exclusivamente en el mundo de las finanzas y, su resultado
ha sido la imposición de la cultura estadounidense por
todo el mundo. En otras épocas esto se habría llamado
imperialismo puro y simple, pero los poderosos neoliberales fueron
astutos estrategas: llamaron globalización a su predominio
y nos hicieron creer que gracias a él, tenemos la posibilidad
del internet, de hablar a cualquier hora con cualquier lugar del
mundo y tantas otras posibilidades tecnológicas más.
Pero eso no es la globalización. Y tampoco es cierto que
los neoliberales inventaron la tecnología que hoy nos permitiría
comunicarnos libremente por todo el planeta. Al contrario, ellos
se apropiaron de una tecnología que tenía grandes
posibilidades democratizantes y la utilizan para su beneficio,
en detrimento de las grandes mayorías. Por eso es absurdo
decir que gracias a la globalización tenemos el internet.
Eso es tan absurdo como decir que gracias al capitalismo tenemos
trabajo o que gracias a la contaminación mundial tenemos
un movimiento ecologista internacional.
Tampoco la idea de la universalidad de los derechos humanos es
una idea neoliberal; al contrario, los neoliberales llaman derechos
a los privilegios que detentan unos cuantos hombres ricos y que
afectan negativamente la calidad de vida de la mayoría.
Es absurdo decir que gracias a la globalización hay un
movimiento internacional por los derechos humanos. Siglos antes
de la globalización de la economía existía
el sueño de la universalidad de los derechos humanos y
la internacional socialista aparece en el mundo mucho antes de
la globalización neoliberal.
Por eso no podemos caer en su trampa, creyendo que su globalización
está aquí para quedarse, o que nos ha traído
el beneficio de las comunicaciones. Su globalización no
es la que queremos las feministas, ni los y las activistas de
derechos humanos, ni las ecologistas, ni los pacifistas, ni ninguna
persona que desee la felicidad GLOBAL.
La globalización que conocemos, la que se ha podido desarrollar
a finales del siglo XX y principios del XXI es la globalización
neoliberal. Lo que realmente está mundializado es el mercado.
Lo único que circula libremente es el capital. Es decir,
la globalización financiera imperialista es la única
que es total, mientras la globalización de las mercancías,
productos o servicios es parcial y la de las personas es casi
inexistente.
La globalización del dinero es la que le conviene a los
neoliberales que creen en el dios todopoderoso del mercado de
valores. Pero ni siquiera el mercado es tan libre como quisieran
ellos hacernos creer. Tiene reglas bien definidas, que establecen
aquellos que se benefician de él. Y vela por su cumplimiento
una mafia legalizada y global.
Algunas dicen que no hay que preocuparse tanto ante el proceso
globalizador porque este no es el primero ni será el último.
Y yo digo que realmente no importa si ésta es la primera
o la enésima globalización que experimentamos las
humanas. Lo que importa es que ésta es muy diferente a
las anteriores en el sentido de que se asienta en una tecnología
sin precedentes, que está en manos de un solo imperio,
económica, política y militarmente sin igual.
Además, la globalización es un proceso que no hemos
decidido las personas. Por eso, en él las políticas
nacionales tienen cada vez menor importancia, porque el mercado
está fuera del alcance de la política. Por ejemplo,
los estatutos del banco central europeo dicen que no puede "solicitar
ni aceptar instrucciones de las instituciones o de los organismos
comunitarios, ni de los gobiernos de los estados miembros"!!!
Es por ello que al respecto dijo Felipe González: "un
país como España tiene 60,000 millones de dólares
de reservas de divisas para defender su moneda frente a algún
movimiento especulativo. Si la cola de ese huracán que
circula cada día por los mercados de cambio, veinticuatro
horas al día, pasase por mi país, sólo rozarlo
significaría la liquidación de nuestras reservas
de divisas en media hora de entretenimiento".
Y si un país como España puede ser liquidado financieramente
en media hora, uno de los nuestros se derrumbaría en instantes.
Lo espiritual es transgresor
Yo estoy convencida de que la globalización neoliberal
no está aquí para quedarse y de que no nos ha traído
nada bueno. Pero es que yo estoy hablando de la globalización
financiera neoliberal y no de un intento de mundialización,
como pueden ser los derechos humanos, la justicia, la paz, etc.
Para mí, la globalización no está trayendo
mayor felicidad a la humanidad. Al contrario, está creando
personas que necesitamos consumir y acumular para llenar el vacío
de nuestras vidas. Nos ha convertido en personas que nos sentimos
tan alienadas, fragmentadas y aisladas de nuestro ser interior,
que buscamos, en la acumulación de objetos, conocimiento
y poder, llenar ese vacío que sentimos. Por eso pienso
que lo espiritual es tan político en esta era. Lo espiritual
es transgresor a los mandatos del mercado porque tiene que ver
con la plenitud interior, con el diálogo que establezcamos
con nosotras mismas. Lo espiritual tiene que ver con un estado
de ultra conciencia que nos permite ver y entender quiénes
somos realmente.
Cuando hablo de que necesitamos una espiritualidad feminista,
NO estoy hablando de una religión en "a". Definitivamente
NO necesitamos crear autoridades religiosas femeninas, ni rezar
a la diosa en vez de a un dios. Por supuesto que quien quiera
hacerlo está en su derecho, pero esa no es la espiritualidad
de que hablo cuando digo que lo espiritual es político.
La espiritualidad política es la que nos permite re/crearnos
como seres interdependientes e infinitos, capaces de enfrentar
cualquier imposición de afuera con una valentía
creativa. Como dije antes, la espiritualidad tiene que ver con
un estado de ultra conciencia feminista que nos permite ver a
la mujer que somos.
Necesitamos encontrar ese estado de ultra conciencia que nos
permita tanto amar con la razón, como entender con el corazón,
para deshacer las falsas dicotomías en que nos ha dividido
la ideología patriarcal. Con esta conciencia nueva, podremos
sentir y pensar el mundo de maneras nuevas. Esto a su vez, nos
llevará a imaginar, soñar y crear otras actitudes
hacia todo lo que nos rodea.
Porque definitivamente necesitamos otras actitudes y otros valores.
No podemos seguir entre la disyuntiva de asumir lo masculino como
nuestro o presumir de lo femenino como superior. Tenemos que acabar
con la dicotomía masculino/ femenino con actitudes y valores
realmente inclusivos.
Pero también tenemos que recordar que no sólo somos
personas dentro del patriarcado globalizado, sino mujeres a las
que la globalización está empobreciendo, violentando
y fragmentando aún más. No podemos unirnos a la
lucha contra la globalización neoliberal así no
más. Tenemos que crear un movimiento feminista fuerte,
que tenga algo que aportar en la lucha contra la globalización
neoliberal.
Por eso, frente al patriarcado globalizado, necesitamos un movimiento
feminista compuesto por mujeres dispuestas a apoyarnos mutuamente
en la construcción de una "ultra conciencia feminista."
En los años sesentas y setentas nos reuníamos en
grupos de apoyo para tomar conciencia sobre nuestra situación
como mujeres en el patriarcado y para buscar lo femenino que el
patriarcado había invisibilizado y trivializado. Hoy necesitamos
un movimiento compuesto por miles de grupos de mujeres dispuestas
a soñar y construir la posibilidad de crear otro mundo,
porque como dice el movimiento más revolucionario de este
nuevo milenio: "otro mundo es posible".
Sabemos que en la prehistoria, es decir, en los tiempos pre patriarcales,
la divinidad era mujer. Entender cómo hicieron los hombres
para reemplazar a la diosa nos puede dar una pista de cómo
recuperarla y re/crearla. No para adorarla como a un dios, sino
para recuperar nuestro amor por lo femenino y todo lo asociado
con ello como el cuidar, nutrir, dar, etc. Para recuperar y recrear
lo femenino, tenemos que volver nuestros ojos al comienzo del
patriarcado. Se sabe que una de las estrategias de los patriarcas
fue arrancarle a los cuerpos femeninos, capaces de dar vida, su
sentido trascendente y espiritual. Así el cuerpo se vio
y se entiende como desprovisto de toda sacralidad, mientras que
el alma es entendida como la depositaria de lo divino, espiritual,
y superior.
Las religiones pre-patriarcales, que tenían diosas entre
sus divinidades, no hacían esta distinción. Para
ellas, el cuerpo era sagrado, porque era uno con el espíritu
o alma; y por ende, los cuerpos femeninos, capaces de dar vida
a otros seres humanos, eran considerados divinos. Y como el cuerpo
era sagrado, el placer también lo era. Pero las religiones
patriarcales no sólo nos quitaron la capacidad de trascendencia,
sino la de sentir placer sin culpa.
De nuevo necesitamos de lo espiritual para crear un movimiento
feminista que ofrezca placer a las mujeres: placer en el sexo,
en el cuerpo, en la mente y en el alma; pero también en
el trabajo y en el activismo. Necesitamos un movimiento alegre,
feliz, placentero y eficiente. No necesitamos un movimiento que
se mate trabajando, sino un movimiento que baile, ría y
goce creando coreografías contra la globalización.
La espiritualidad femenina, al contrario de la que crearon los
patriarcas, no niega el placer; más bien nos ilumina sobre
los millones de maneras de disfrutar cada segundo de la conciencia,
del trabajo, del activismo. Nos enseña la aceptación:
a ser nosotras mismas y a dejar que las demás lo sean,
sin comparaciones, sin emitir juicios ni manipular.
Es cierto que frente al patriarcado necesitamos políticas
de género que alivien la pobreza y violencia contra las
mujeres. Pero esta fase del patriarcado que nos está trayendo
la globalización militarizada, requiere además,
de estrategias diferentes, pues en realidad, la mayoría
de nuestros estados ya no tienen mucho poder ni son capaces de
solucionar ningún problema.
Por eso necesitamos un movimiento feminista que no busque el
mismo poder que los hombres han ejercido, sino uno que valore
el poder que se encuentra en el amor a la vida, en la amistad
y la sororidad. Con esa nueva conciencia feminista, podremos dejar
de hablar de estos conceptos en abstracto y darles contenido al
sentirlos y darles cabida, no sólo en nuestras relaciones
interpersonales, en el día a día, sino en nuestros
actos públicos. El contacto con nuestra espiritualidad
nos puede ayudar a tener relaciones amistosas con toda la gente
sin perdernos a nosotras mismas.
Y cuando hablo de relaciones amistosas entre todas las feministas,
estoy hablando de cambiar nuestras actitudes y de creer en nuestros
propios discursos. Estoy hablando de tratarnos como amigas en
vez de envidiarnos, mal decirnos, traicionarnos, engañarnos
y maltratarnos. Estoy hablando de creernos mutuamente. De nuevo,
con una espiritualidad feminista podríamos lograr que en
vez de partir de la desconfianza, de que algo me querés
quitar o hacer, entendamos lo que siempre dijimos: que lo que
es bueno para vos es bueno para mí.
Necesitamos un movimiento feminista compuesto por mujeres comprensivas,
compasivas y sororales; leales y respetuosas, reconocedoras de
las distintas capacidades que cada mujer tiene y, por ende, concientes
de que los liderazgos son múltiples. Necesitamos un movimiento
feminista dispuesto a ser uno de los líderes del movimiento
contra la globalización neoliberal. Esto implica que tenemos
que reconocer que para ello, habrá unas mujeres más
capacitadas que otras.
Necesitamos crear una contracultura feminista
La globalización nos está imponiendo una sola cultura:
la estadounidense, que es la que vemos en televisión, comemos
en los centros comerciales y vestimos y sentimos en las calles.
Por eso es que con esa nueva conciencia necesitamos crear una
contracultura feminista. Debemos perder el miedo a que nos tilden
de auto referenciadas, de idealistas ineficientes o de anticuadas,
mujeristas, hembristas o lesbianas. Tenemos que permitirnos ser
transgresoras, sin convertirnos en desobedientes útiles
al sistema. Y esto sólo lo podemos hacer si nos convertimos
en un movimiento feminista dedicado a construir y crear fuera
de los límites que nos imponen las propuestas hacia o con
el Estado.
Crear una contra cultura feminista no implica imitar en "a"
la cultura misógina que nos impone el patriarcado globalizado.
Concebir otra cultura no significa verle la otra cara a la vieja
moneda imperial. Implica crear artes, tecnologías, ciencias,
lenguajes, símbolos, mitos, etc. desde nuestro verdadero
ser interior conectado a todos los otros seres. De nuevo, para
lograrlo necesitamos una espiritualidad que nos permita vernos
tal cual somos sin miedos, sin excusas y sobretodo, sin juzgamientos.
Una contra cultura feminista tiene que brotar de nuestro ser
interior y para ello necesitamos levantar los velos que no nos
permiten vernos con claridad. Velos de romanticismo, de tragedia
griega, de mitos patriarcales y culpas ancestrales. Velos que
nos impiden el placer y que no nos dejan sentir, oler, tocar,
ver, oír o ni siquiera soñar otro mundo sin sesgos
patriarcales.
Si la globalización neoliberal sustituye la economía
basada en producir bienes, por una basada en la especulación,
necesitamos un movimiento feminista que ponga la reproducción
humana como el tema central de todas las luchas. En otras palabras,
frente a una globalización cuyo éxito se sustenta
en el desprecio por la reproducción humana, frente a una
globalización que tan fácilmente pasó de
sobre valorar la producción de bienes tangibles, a súper
valorar los bienes virtuales, necesitamos un movimiento feminista
que haga ver a los otros grupos que luchan contra ella y a favor
del disfrute de la felicidad, de los derechos humanos, de la justicia
y el bienestar a nivel global, que es imprescindible que todos
incorporen la gama completa de los temas de la reproducción
humana, incluidos el erotismo y el placer, como parte de su lucha.
Las feministas, conocedoras de que las políticas de ajuste
estructural han empobrecido más a las mujeres que ya eran
pobres y, que son la mayoría, no podemos pretender que
el estado neoliberal pueda realmente beneficiarlas sólo
porque dan su apoyo en cuanto a la penalización de algunas
formas de violencia de género, o en cuanto a las cuotas
de poder. Si bien es cierto que hay feministas neoliberales, de
derecha, conservadoras o en partidos tradicionales, el movimiento
feminista en sí, tiene que ser de izquierda, socialista
y apostar por la eliminación de todos los privilegios.
Necesitamos un movimiento que parta de que el patriarcado es odioso,
no sólo porque se basa en la dominación masculina,
sino porque promueve la dominación y el control como fines
en sí mismos.
Cuando hablo de un movimiento de izquierda y socialista, NO estoy
hablando de La Izquierda ni de El Socialismo de los patriarcas.
Estoy hablando de la izquierda que está contra la dominación,
de cualquier dominación. Estoy hablando de un socialismo
que todavía no se ha dado en ninguna parte de este planeta.
Si las feministas hemos tenido la paciencia de "capacitar"
a nuestros gobernantes en "género", ¿porqué
no vamos a tener la misma paciencia para convencer a las personas
de izquierda y socialistas de que la dominación basada
en el género es tan oprobiosa como la basada en la clase,
la raza o cualquier otra categoría? Es más, es la
más antigua de todas las dominaciones y talvez, la más
difícil de erradicar. Estoy convencida que lograremos mucho
más incorporando la perspectiva de género en el
socialismo que en las políticas neoliberales o en los partidos
tradicionales.
La globalización neoliberal, que tanto pregona esta era
como la de las comunicaciones, está concentrando en muy
pocas manos los medios de comunicación. Por eso necesitamos
un movimiento que haga proselitismo. Que esté dispuesto
a promover las ideas y prácticas feministas de múltiples
y nuevas maneras. Necesitamos un movimiento feminista que sea
relevante para las grandes mayorías de mujeres. Esto lo
podremos lograr apropiándonos del socialismo, reconceptualizándolo
para que responda a las necesidades e intereses de género
de todas las mujeres y no sólo de las feministas.
Así como fuimos tan exitosas en reconceptualizar los derechos
humanos, la democracia, las políticas públicas para
que incluyeran nuestros intereses y necesidades, no veo por qué
no hemos de poder reconceptualizar el socialismo para que incluya
nuestro anhelo de una sociedad sin dominación y discriminaciones.
Por otro lado, no estaría mal que nos cuestionáramos
sobre cómo es que las iglesias evangélicas y los
partidos religiosos y conservadores se están ganando a
tantas mujeres. No para venderles mentiras, como lo hacen ellos,
o para crear otra religión impositiva como tantas otras,
sino para entender qué es lo que ellos les dan que nosotras
no. Podría ser que su éxito se deba a que fabrican
la ilusión de llenar ese vacío interior que nos
deja la bolsa de valores.
La globalización neoliberal nos está fragmentando
aún más al promover la división entre nosotras,
montándose en nuestra diversidad. Por eso necesitamos un
movimiento feminista que no caiga en la trampa patriarcal de la
diversidad como identidad política. Así como las
mujeres no somos un grupo homogéneo, tampoco las negras,
las lesbianas, las indígenas o las jóvenes, etc.
etc. lo son. Dentro del grupo de las negras hay ricas y hay pobres,
hay lesbianas, hay bisexuales y hay heterosexuales. En el grupo
de las lesbianas hay chinas y hay indígenas, hay jóvenes
y hay viejas, del norte y del sur, discapacitadas y superdotadas,
etc. Al igual, no todas las jóvenes son idénticas.
Las identidades son infinitas y si nos centramos en ellas, no
podremos vencer al patriarcado, que es la raíz de nuestras
particulares opresiones. Más bien tenemos que luchar contra
la dominación, los privilegios, el control, como valores
que nos deshumanizan a todas.
NO estoy diciendo que no debemos celebrar nuestra diversidad;
o peor aún, que no tenemos que reconocer que aún
entre nosotras, se da el racismo, la homofobia, el etarismo, etc.
Pero debemos hacerlo con el hilo conductor de la lucha feminista
para tener siempre presente que lo que nos une es la lucha contra
el patriarcado en su fase capitalista.
El mal llamado movimiento antiglobalización está
contra la globalización existente, no contra una globalización
de lo mejor que ha inventado e ideado la humanidad. Por eso repiten
una y otra vez el lema "otro mundo es posible". Pienso
que ese movimiento necesita del feminismo y de las feministas
para que ese otro mundo que sí es posible también
incluya nuestros sueños de un mundo sin discriminaciones
contra las mujeres. Es más, sólo con la inclusión
de nuestros anhelos podrá ese otro mundo realmente ser
posible.
* Alda Facio. Jurista
y escritora. Maestría en Derecho Internacional y Derecho
Comparado de la Universidad de Nueva York. Directora del Programa
Mujer, Justicia y Género del Instituto Latinoamericano
de Naciones Unidas para la Prevención del Delito, ILANUD,
sede Costa Rica. Fundadora del Caucus de Mujeres por una Justicia
de Género en la CPI.
** Paquita Cruz.
Artista costarricense, feminista, socialista y activista por los
DDHH. Ha realizado varias exposiciones individuales y colectivas
de sus pinturas. En 1992, organizó el I Festival Internacional
por los Derechos humanos de las Mujeres, celebrado en San José,
Costa Rica. en el marco de las preparaciones para la Conferencia
Mundial de Derechos Humanos realizada en Viena, en 1993.

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