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Este Congreso afirma que para la construcción
de paz y país no hay alternativa diferente a la solución
política negociada. La guerra no es viable ni humana, ni
económica ni políticamente. Es imperativo continuar
y concretar el proceso de negociaciones con el Ejercito de Liberación
Nacional ELN y crear las condiciones que permitan el pronto restablecimiento
de las negociaciones con las FARC. Ello exige reconstruir la confianza
entre las partes sobre la base del pleno respeto y aplicación
de los derechos humanos y el acatamiento del derecho internacional
humanitario. El gobierno debe acogerse a las recomendaciones de
las Naciones Unidades y de la Corte Interamericana sobre de derechos
humanos y cumplir con su obligación de luchar contra los
grupos paramilitares.
Atravesamos por una grave crisis social que se expresa
en el desconocimiento de los derechos económicos, sociales
y culturales de la población y en la degradación
de las condiciones de vida de los colombianos. Más del
50% de los colombianos viven en condiciones de pobreza, 20 personas
mueren o desaparecen diariamente por la violencia sociopolítica,
cada día una persona es víctima de desaparición
forzada, ocho son secuestradas y casi mil son desplazadas forzadamente.
La solución en profundidad de estos problemas y la superación
de las causas del conflicto requiere de la participación
organizada de la sociedad y la construcción de poder ciudadano
a partir del fortalecimiento de los procesos locales, regionales
y sectoriales y del respeto a la nación pluriétnica
y pluricultural; así con base en una agenda social que
sirva de fundamento a las transformaciones democráticas
de la sociedad, es preciso avanzar en la construcción de
un nuevo país.
Una paz estable y duradera, como lo expresó
la CUT en la instalación de este Congreso, sólo
será posible si se hacen transformaciones avanzadas que
le pongan freno al enriquecimiento desmedido de unos pocos y redistribuya
el ingreso, que mejoren las condiciones de vida y de trabajo y
que democraticen la vida del país posibilitando la participación
de los ciudadanos en las decisiones que los afectan, más
allá de los certámenes electorales.
La paz no debe reducirse a la finalización
de la confrontación armada, es decir, a un asunto meramente
militar. El fin del conflicto armado debe abrir nuevos caminos
a la democracia, la justicia social y la superación de
la impunidad.
La resistencia a la guerra es un proyecto de esperanza
para la sociedad colombiana que contribuye desde lo local a la
construcción de la paz y a la defensa de los derechos de
todos y todas. La insurgencia, el paramilitarismo y el Estado
y sus Fuerzas Armadas deben respetar la decisión de las
comunidades indígenas, negras, gitanos y raizales de mantenerse
al margen de la confrontación, respetar su autonomía,
territorios y autoridades. Esta resistencia a la guerra se ha
extendido a sectores del campesinado, pobladores urbanos, movimientos
de jóvenes y de mujeres, lo que expresa la voluntad colectiva
contra la guerra y a favor de la paz.
La paz mediante el diálogo y la negociación
es posible
El diálogo en medio de la guerra y la guerra sin diálogo
deben ser superados por un nuevo proceso que desde este Congreso
exigimos a las partes a partir de nuestra condición de
expresiones sociales que nos resistimos a aceptar pasivamente
la guerra y que estamos convencidos de que este conflicto sólo
puede terminar en una mesa de negociación. La sociedad
demanda a la insurgencia jugar en un nuevo ordenamiento político
democrático y al establecimiento ceder en privilegios y
entrar por la vía de las transformaciones políticas
y sociales. Pero un nuevo proceso de paz entre el gobierno y las
FARC y la consolidación de un proceso con el ELN deben
tener en cuenta algunos criterios para reconstruir confianzas
entre las partes contendientes, el país y la comunidad
internacional con miras a emprender nuevos caminos de diálogo.
Entre tales criterios están:
1. Manifestaciones inmediatas y unilaterales de acatamiento del
derecho internacional humanitario por parte de la Fuerza Pública
y la insurgencia, expresamente en lo que se refiere a la exclusión
de la población civil del conflicto, la suspensión
inmediata del uso de armas de efectos indiscriminados (artesanales
o de alta tecnología), el cumplimiento por parte del gobierno
de Colombia de las recomendaciones de Naciones Unidas en el tema
de los derechos humanos, la impunidad y el paramilitarismo y la
libertad de todos los secuestrados y secuestradas en el país.
2. Decisiones inmediatas del gobierno y el ELN para materializar
la propuesta de tregua integral bilateral como un paso decisivo
para afianzar un proceso de paz con este grupo insurgente en la
perspectiva de realizar la Convención Nacional que se propone.
Igualmente preservar los valiosos aportes de la comunidad internacional
en este proceso
3. Recuperación de la agenda acordada entre el gobierno
y las FARC y definición de un nuevo cronograma sobre la
base de un compromiso de las partes de no levantarse de la mesa
hasta la firma de un acuerdo final de paz, aprovechando para este
propósito las Recomendaciones de la Comisión de
Personalidades que alcanzaron el carácter de preacuerdo.
4. Acuerdo para que sea posible que un país o países
sean sedes de acercamientos entre el gobierno y las FARC con facilitación
y veeduría internacional en el tema de los derechos humanos
y el derecho internacional humanitario y en el desarrollo de la
agenda y el cronograma.
5. Habilitación de espacios de diálogo e interlocución
entre las Mesas de Negociación y diversas expresiones de
la sociedad civil para que se conozcan las propuestas e iniciativas
de los sectores sociales que no participan en el conflicto armado
y si sufren sus consecuencias. Negociación bilateral y
nacional, reconocimiento e interlocución con la sociedad
civil y política.
6. Los diálogos de paz emprendidos por autoridades locales
y regionales son imprescindibles para el logro de la paz. Con
ellos se hacen posibles los acuerdos humanitarios, la gobernabilidad,
la aproximación a la superación del conflicto. Más
que oponerse a ellos el gobierno central lo que ha de hacer es
asumirlos, rodearlos de garantías y liderarlos.
7. Discusión de un modelo de tregua o cese de hostilidades
como preámbulo para que el proceso se adelante en territorio
nacional, bajo el monitoreo de la sociedad civil y la facilitación
de la comunidad internacional.
8. La paz necesita el concurso claro y decidido de las Fuerzas
Armadas en el marco de una política nacional y estatal
de paz; es preciso acordar la forma de hacer viable su participación
en el proceso de diálogo, negociación y acuerdo
nacional de paz.
9. La construcción de la paz implica la participación
de la mujer en las instancias visibles y definitorias del proceso.
10. En la preparación de las condiciones para el reencuentro
y fortalecimiento de alternativas de solución política,
es urgente buscar escenarios de diálogo y concertación
entre el gobierno y los sectores sociales para buscar salidas
a la profunda crisis social y económica que vive el país.
Crisis humanitaria
Los dolorosos acontecimientos de estos días en Bojayá,
Barbacoas, Catatumbo, Sierra Nevada y Putumayo, entre otros de
toda geografía nacional retumban en este Congreso mostrando
la magnitud de la crisis humanitaria. En Bojayá se conjugaron
la indolencia e irresponsabilidad del Estado ante las alertas
sobre graves amenazas para la población civil, la complicidad
de la fuerza publica con los operativos de los paramilitares y
la acción brutal de la guerrilla que recurrió a
armas de destrucción indiscriminada produciendo la muerte
a más de un centenar de civiles. Los bombardeos desde aviones
y los ametrallamientos desde helicópteros no identificados
contribuyeron también a la muerte de civiles. Cerca de
500 seres humanos entre combatientes y no combatientes son el
saldo monstruoso de los acontecimiento de Chocó, que muestran
la imagen exacta del camino de la guerra que ofrecen a Colombia
los promotores del desastre nacional.
A todos los grupos armados irregulares y a las fuerzas del Estado,
les decimos desde este Congreso. La garantía y realización
del los DDHH son fundamento para el logro de la paz. El Estado
no se puede excusar en la existencia del conflicto armado para
incumplir sus obligaciones en materia de DDHH y de aplicación
de las normas humanitarias. Ni los grupos insurgentes o paramilitares
se pueden escudar en la existencia de una guerra irregular o en
las acciones de barbarie de otros, para desconocer las normas
humanitarias.
Para afrontar la situación de barbarie, los crímenes
de guerra que se vienen cometiendo, las graves violaciones a los
derechos de la población civil, es fundamental el levantamiento
pacifico de los ciudadanos en contra de la guerra y la violencia.
El Estado, como lo reclama el Senador Edward Kennedy e importantes
organizaciones de Derechos Humanos en el mundo, debe combatir
efectivamente a las llamadas autodefensas ilegales, romper en
forma definitiva todo tipo de vínculo con los paramilitares;
debe superarse la impunidad y someter a la justicia ordinaria
a los oficiales implicados en violación de derechos humanos.
Hechos como los de Bojayá o el Naya, no pueden quedar en
la impunidad. Tribunales ad hoc y misiones internacionales deben
contribuir con las instancias nacionales al esclarecimiento de
estos crímenes y a la vigilancia para que se establezca
la verdad y opere la justicia.
Este es un llamado a la efectiva solidaridad con las víctimas
de la barbarie y la confrontación violenta. Con los desplazados
que requieren respuestas prontas e integrales, con las comunidades
amenazadas y sitiadas que se ven sometidas al hambre, al racionamiento
arbitrario y al abandono. Con los huérfanos y huérfanas
de esta guerra inútil. Con las personas secuestradas y
desaparecidas y sus familias que reclaman vida y libertad inmediata.
Reforma política y democracia
El congreso Paz y País plantea la urgencia de una reforma
política y social incluyente, que tenga en cuenta la división
de los poderes públicos (ejecutivo, judicial y el control
público); la relación fuerza pública estado
y sociedad, el ordenamiento territorial y administrativo, el sistema
de participación política, partidos y régimen
electoral, en el camino de la construcción democrática
de nación desde nuestros propios acumulados históricos
y culturales.
Así mismo esta reforma debe reconocer las múltiples
formas de discriminación en términos de clase social,
étnica, genero, generaciones, orientación sexual
y tomar medidas concretas para superarlas.
Política social
Existe una crisis general de la política social como resultado
del modelo económico vigente. Se acentúa la crisis
en campos como el empleo, la salud y la seguridad social. Ante
la exclusión se produce una dinámica muy activa
hacia la participación de grupos que representan minorías
étnicas, sexuales o sectores como las mujeres, los jóvenes
y ancianos que buscan mayor visibilidad de reconocimiento social
para poder acceder al desarrollo social y económico.
Como estrategias principales se plantean cese inmediato a las
hostilidades sociales, cambio al modelo de desarrollo económico
por un modelo alterno democrático con equidad y justicia
social, acciones unificadas de los sectores sociales, sindicales
y organizaciones políticas y de la sociedad civil, interesados
en superar la crisis social.
Fortalecer procesos particulares existentes o que se están
gestando para elaborar entre todos una reforma con contenido social
en los modelos laboral, educativo, de salud y seguridad social,
lo cual implica cambios legales e inclusive constitucionales (Ej.
Reforma o derogatoria de la ley 30, ley 100, ley 115, ley 715,
ley 60, ley 27, entre otras).
Generar espacios, foros, eventos u otros mecanismos o acciones
a nivel local, regional y nacional que permitan a los grupos minoritarios
y a los sectores más vulnerables de la sociedad civil la
visibilización que persiguen y que democráticamente
les corresponde.
Política agraria, soberanía alimentaria y cultivos
de uso ilícito
Hay que hacer del campo, del campesino y de la soberanía
alimentaría un propósito nacional. La reconstrucción
democrática del campo choca con el proyecto de ley general
agraria del gobierno y con las fumigaciones aéreas de cultivos
proscritos. La propuesta alternativa es la reforma agraria con
nuestros campesinos, planes de vida regionales y protección
y fomento de la producción nacional.
Política antidrogas y Plan Colombia
La actual política prohibicionista antidrogas, basada
en las fumigaciones, impuesta por los Estados Unidos muestra un
estruendoso fracaso.
Como estrategia de seguridad, aplicada a través del Plan
Colombia y de la Iniciativa Regional Andina, viola nuestra soberanía,
incrementa la guerra y tiene altos costos humanitarios sobre todo
para los campesinos pobres e indígenas. Exigimos su suspensión
y la definición de una política antinarcóticos
de corresponsabilidad en concordancia con la construcción
de la paz.
Cooperación internacional
Entre la sociedad democrática de Colombia y la comunidad
internacional - ; gobiernos y sectores sociales de los países-
debemos confluir en la promoción de todas las formas de
cooperación internacional que contribuyan a la solución
política del conflicto colombiano a partir del principio
de soberanía nacional basada en la justicia social, la
democracia y la equidad.
Con la Señora Danielle Miterrand compartimos, para el caso
colombiano, su afirmación sobre que la lista del terrorismo
elaborada por los Estados Unidos no es aceptable: -;No debería,
dice ella, haber una lista, con la justicia es suficiente -;.
Los pronunciamientos de la comunidad internacional no deben chocar
con la necesidad de solución política y del papel
facilitador de los organismos internacionales y al mismo tiempo
éstos deben ser implacables con cualquier violación
en los derechos humanos y el DIH.
Para hacer frente a la impunidad y buscar la verdad y la reparación
en el camino de la paz es de trascendental importancia el esfuerzo
mancomunado para poner en vigencia el Tribunal Penal Internacional
y su acción efectiva en contra de los crímenes de
guerra, genocidios y delitos de lesa humanidad.
Esas voces unidas al rechazo al Plan Colombia y a la Iniciativa
Regional Andina, y la posición europea de no apoyar el
militarismo es el camino de la esperanza y de la solución
política.
Este Congreso Nacional de Paz y País reitera al Gobierno
la exigencia de que se adopte una política seria y coherente
que garantice la vigencia de los derechos y el ejercicio de las
libertades democráticas, que combata eficazmente el paramilitarismo
y acabe la impunidad, que proteja a las viudas, a los huérfanos,
a los desplazados y a todas las víctimas del conflicto.
También pedimos un cambio de rumbo en la política
económica y social. Que cesen los atentados contra los
derechos de los trabajadores y del pueblo y que se ponga en marcha
una política orientada a resolver los más apremiantes
problemas de la población, pues la miseria y la desesperanza
en nada contribuyen a la paz
Movilización ciudadanía por la paz
Desde este Congreso nos comprometemos a fortalecer los procesos
locales y regionales y regionales que avancen en la construcción
de la convivencia, la paz y la resistencia a la guerra a partir
de sus propias dinámicas e intereses en el marco de la
construcción de un nuevo país.
Llamamos a la movilización directa y efectiva de todos
los sectores y de los colombianos y colombianas en pro de la paz
y a favor de propuestas políticas y pacíficas.
El movimiento de paz acoge la afirmación de soberanía,
de poder ciudadano autónomo y el proceso constituyente
que se insinúa por todo el país y que incluye la
voluntad de reformas económicas, sociales, políticas
e institucionales a fin de hacer posibles los cambios en profundidad
que requiere la nación, la convivencia cotidiana y la solución
pacífica del conflicto social.
El movimiento de paz deja abiertas las posibilidades de articulación
y unidad a través de diversas formas de coordinación,
el impulso al parlamento ciudadano, las Redes por la Paz, las
Asamblea Por la Paz, las Mesas Ciudadanas, los Territorios y Comunidades
de Paz y expresiones de resistencia a la guerra. Así mismo
el movimiento apoya las diversas formas y dinámicas de
participación, en particular la planeación y los
presupuestos participativos y el control social de la gestión
pública.
Desde este Congreso Nacional de Paz y País, con participantes
provenientes de todas regiones y sectores, con nutrida presencia
de la comunidad internacional, llamamos a los colombianos y colombianas
a levantar las banderas de la esperanza y a decirle al mundo que
en Colombia la paz es posible porque millones nos comprometemos
con la vida, la democracia y la justicia social.
Bogotá, 11 de mayo de 2002.
Tomado de: Equipo Nizkor, http://www.derechos.org/nizkor

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