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Llegar a cualquier guerra es siempre un paso atrás.
Es un fracaso de la democracia, del desarrollo, del entendimiento:
una derrota para la humanidad entera. Desde siempre, y en particular
desde el 11 de septiembre de 2001, estamos en favor de la vida
y en contra de la violencia.
Pero la actitud belicista de Estados Unidos frente a Irak constituye
una amenaza a los cimientos de la convivencia mundial y el derecho
internacional. Cimientos que, después de las guerras mundiales,
empezaron a construirse bajo el liderazgo de Washington, precisamente,
para evitarlas para siempre.
A pesar de los intentos de la Organización de Naciones
Unidas (ONU) y de algunos estados para moderar las tentaciones
unilaterales de Estados Unidos -la resolución 1441 del
Consejo de Seguridad abrió de nuevo el camino a la solución
diplomática de este conflicto-, parece inevitable que,
haciendo caso omiso de los resultados de las inspecciones y de
las serias objeciones de tantas personas, instituciones y gobiernos,
decida iniciar la guerra contra Irak, que sin duda causará
más muerte, miseria y desesperación a un pueblo
ya tan oprimido y puesto a prueba.
A pesar de las campañas de desinformación promovidas,
la opinión pública mundial no ve, en su inmensa
mayoría, razón alguna para una guerra preventiva.
¿De verdad cree el gobierno de Estados Unidos que va a
contribuir a construir un mundo más pacífico, justo,
seguro, libre y democrático con campañas de desinformación
y de guerras preventivas? ¿No oye el clamor indignado que
se levanta desde tantos puntos del planeta y dentro de su propio
país?
Conscientes de su gran responsabilidad histórica y de
los inmensos recursos de toda índole de los que disponen,
devuelvan a la humanidad, como hicieron en el pasado, la confianza
en sí misma.
No den la lección amarga de que sólo los intereses
económicos, ligados en este caso al petróleo y a
la industria armamentística, mueven a los poderosos del
mundo y siembran violencia, pobreza y odio en todas partes. Respondan
a estos problemas con solidaridad, justicia, ayuda.
Esto es lo que la humanidad necesita y espera. Seguimos compartiendo
y entendiendo el dolor y el miedo del pueblo estadounidense por
los trágicos hechos del 11 de septiembre. Pero la mejor
manera de procurar que este dolor no se repita y extienda, y de
que los gérmenes del terrorismo se reduzcan hasta desaparecer
de la Tierra es justamente hacer lo contrario de lo que están
haciendo. No duden: inviertan radicalmente el camino. Construyan
paz, justicia y desarrollo en el mundo.
Firman:
Federico Mayor Zaragoza, Noam Chomsky, Mario Soares, Rigoberta
Menchú, Joseph Rotblat, Adolfo Pérez Esquivel, José
Saramago, Susan George, Cora Weiss, Ignasi Carreras, Alexander
Likhotal, Eduardo Estévez, Kailash Satyarthi, Andrew Simms,
Mohammed Fayek, Cornelio Sommaruga, Kin Chi Lau, Alain Touraine,
Kumi Naidoo, Sara Longwe, Jorge Brovetto, Lois Barber, Paul Ortega,
Abdullahi An-Na'im, Jorge Nieto, Mary-Wynne Ashford, Hazel Henderson,
Anaisabel Prera, Arcadi Oliveres, Angels Mataró, Paiboon
Wattanasiritham, Félix Martí, Warren Bell, Raimon
Ribera, Gurutz Jáuregui, Josep M. Fábregues y Josep
Xercavins.
Tomado de: La Jornada, México,
5 de febrero de 2003
http://www.jornada.unam.mx

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