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El apoyo mundial a la guerra contra el terrorismo
está disminuyendo en parte porque Estados Unidos desatiende
con demasiada frecuencia las cuestiones de los derechos humanos
al librar esta batalla, según declaró hoy Human
Rights Watch con motivo de la publicación de su Informe
Anual 2003.
Los terroristas violan principios básicos de derechos
humanos al atacar a civiles, pero Estados Unidos los debilita
al pasar por alto los abusos contra los derechos humanos cometidos
por sus aliados frente al terrorismo, tales como Pakistán,
China, Arabia Saudita y los señores de la guerra afganos,
señala esta organización en su informe anual sobre
la situación de los derechos humanos en el mundo.
El Informe Anual 2003 de Human Rights Watch se ocupa en sus 558
páginas de la condición en que se encontraban los
derechos humanos en 58 países a lo largo de 2002. En él
se ponen de relieve tendencias positivas tales como el cese definitivo
de las guerras en Angola, Sudán y Sierra Leona, y las conversaciones
de paz en Sri Lanka. Pero también hubo acontecimientos
negativos como el grave estallido de violencia comunal en Gujarat,
India, y el asesinato constante de civiles en las guerras que
azotan desde Colombia a Chechenia, y desde la República
Democrática del Congo hasta el conflicto entre Israel y
Palestina. Mientras tanto, algunos gobiernos continuaron aplicando
políticas muy represivas en Burma, China, Cuba, Irán,
Irak, Liberia y Vietnam.
"Estados Unidos no es en absoluto el país que comete
más abusos contra los derechos humanos", afirmó
Kenneth Roth, Director Ejecutivo de Human Rights Watch. "Pero
Washington tiene tanto poder hoy en día que cualquier incumplimiento
suyo de estas normas tiene repercusiones mundiales".
Human Rights Watch señaló que la Administración
Bush parece reconocer ciertas conexiones entre la represión
y la lucha contra el terrorismo en su Estrategia de Seguridad
Nacional, y ha adoptado algunas medidas para promover los derechos
humanos en países directamente implicados en la misma,
tales como Egipto y Uzbekistán. Estados Unidos también
ha intentado avanzar en la causa por los derechos humanos en países
que no están involucrados en esta guerra, como Burma, Bielorrusia
y Zimbabwe. Sin embargo, el compromiso del gobierno estadounidense
con los derechos humanos se ha visto amenazado al no estar dispuesto
a entrar en conflicto con una serie de aliados fundamentales y
resistirse al deber de acatar algunas normas que recomienda a
otros.
"Para luchar contra el terrorismo, hay que apoyar a los
ciudadanos de los países en los que residen los terroristas",
dijo Roth. "Cultivar la amistad de gobiernos represivos difícilmente
es una manera de ganarse aliados."
Por ejemplo, Estados Unidos está generando un resentimiento
popular en Pakistán por apoyar incondicionalmente al General
Pervez Musharraf, que tomó el poder mediante un golpe de
Estado en 1999.
"Sigue estando de nuestro lado en la guerra contra el terrorismo,
y eso es lo que me importa", declaró el Presidente
de Estados Unidos George W. Bush con respecto a Musharraf, quien
el año pasado introdujo enmiendas constitucionales para
prorrogar cinco años su mandato y recientemente reforzó
un decreto draconiano antiterrorista.
En el caso de China, la Administración Bush le ha restado
importancia a la represión contra los musulmanes en la
provincia noroccidental de Xinjiang, justificada por el gobierno
chino como una medida antiterrorista. Arabia Saudita, con un gobierno
altamente represivo, tiene un papel importante en la región
y el gobierno estadounidense rara vez cuestiona sus condiciones
en materia de derechos humanos.
La Administración Bush está intentando reforzar
sus lazos con las fuerzas armadas indonesias, a pesar de que no
se hayan determinado las responsabilidades por sus graves abusos
contra los derechos humanos y su apoyo a las milicias que fomentan
la inestabilidad. Estados Unidos también se ha mostrado
reticente a ampliar las fuerzas internacionales de pacificación
que podrían contribuir a la estabilidad de Afganistán,
y ha recurrido en cambio a los déspotas señores
de la guerra que están impidiendo los avances en materia
de derechos humanos, posibilitados por la caída de los
talibanes.
Además, Washington ha ignorado las normas de derechos
humanos en su trato a presuntos terroristas. Se ha negado a aplicar
los Convenios de Ginebra a los prisioneros de la guerra de Afganistán
y ha definido erróneamente como "combatientes enemigos"
a presuntos delincuentes detenidos en territorio estadounidense.
La Administración Bush también ha incumplido las
leyes de inmigración negando derechos a personas sospechosas.
En 2002, el gobierno de Estados Unidos se encargó de debilitar
importantes iniciativas en materia de derechos humanos tales como
la Corte Penal Internacional, un nuevo sistema internacional de
inspecciones para prevenir la tortura y la resolución de
las Naciones Unidas que declaraba que la guerra contra el terrorismo
debía librarse de manera compatible con los derechos humanos.
La guerra contra el terrorismo ha servido de excusa a muchos
países occidentales para rebajar su apoyo a la causa de
los derechos humanos. Los líderes europeos prácticamente
abandonaron sus esfuerzos para presionar a Rusia, aliada contra
el terrorismo, para que cesara sus prácticas abusivas en
la guerra de Chechenia.
Human Rights Watch no se manifiesta sobre la posible intervención
en Irak y mantiene que su contribución más importante
para paliar el sufrimiento humano que toda guerra conlleva será
vigilar y promover el cumplimiento del derecho internacional humanitario
para todas las partes en conflicto.
Roth señaló que cuanto más hablan los funcionarios
estadounidenses de la actuación en materia de derechos
humanos de Sadam Hussein como argumento para derrocarle, más
obligación tienen de minimizar las posibles consecuencias
graves de una guerra en Irak. Estados Unidos debe adoptar todas
las medidas viables para proteger a los civiles iraquíes
de las represalias de Sadam Hussein, incluido el hipotético
uso de armas de destrucción masiva. Como mínimo,
debe quedar claro que se enjuiciará a todo el que ordene
o cometa atrocidades, no sólo a un puñado de altos
funcionarios iraquíes.
Estados Unidos debe garantizar que sus aliados en una posible
guerra contra Irak no cometan asesinatos ni tomen otro tipo de
represalias contra civiles. Asimismo, la Administración
Bush debe ejercer presión sobre los países vecinos
de Irak para que mantengan sus fronteras abiertas a la entrada
de refugiados.
Human Rights Watch es una organización internacional de
vigilancia sobre condiciones de los derechos humanos con sede
en Nueva York y oficinas en todo el mundo. No acepta fondos de
ningún gobierno
Fuente: Human Rights Watch
http://www.hrw.org/spanish/press/2003/informe_anual.html

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