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Preámbulo
En el umbral de un nuevo milenio, América puede ver su
futuro afincada en la democracia. La apertura política
ha ganado terreno. Los ciudadanos tienen mayor conciencia de sus
derechos. Elecciones periódicas, gobiernos, parlamentos,
partidos políticos, sindicatos, asociaciones y grupos sociales
de la más variada índole, reflejan más que
en ningún otro momento de nuestra historia las aspiraciones
de la población.
En el ejercicio democrático, varios logros suscitan el
optimismo, pero también aconsejan la prudencia. La crisis
de las instituciones, las desigualdades, el atraso, las frustraciones
transformadas en intransigencia, la búsqueda de recetas
fáciles, la incomprensión sobre el carácter
del proceso democrático y las presiones sectoriales, son
un peligro constante para el progreso alcanzado. Constituyen también
obstáculos potenciales para seguir avanzando.
Por todo ello, es deber de quienes vivimos en este hemisferio,
desde Alaska hasta Tierra del Fuego, consolidar la vigencia de
las libertades públicas y los derechos humanos.
La práctica democrática debe reflejarse en instituciones
modernas, representativas y respetuosas de los ciudadanos; pero
debe presidir también la vida cotidiana. La democracia
y la libertad, binomio indisoluble, solo germinarán con
fuerza y estabilidad si arraigan en los hombres y mujeres de nuestro
continente.
Sin la práctica diaria de ese binomio, los resultados
son previsibles: la vida individual y social se trunca, la interacción
de personas y grupos queda cercenada, el progreso material se
distorsiona, se detiene la posibilidad de cambio, se desvirtúa
la justicia, el desarrollo humano se convierte en mera ficción.
La libertad no debe ser coartada en función de ningún
otro fin. La libertad es una, pero a la vez múltiple en
sus manifestaciones; pertenece a los seres humanos, no al poder.
Porque compartimos esta convicción, porque creemos en
la fuerza creativa de nuestros pueblos y porque estamos convencidos
de que nuestro principio y destino deben ser la libertad y la
democracia, apoyamos abiertamente su manifestación más
directa y vigorosa, aquella sin la cual el ejercicio democrático
no puede existir ni reproducirse: la libertad de expresión
y de prensa por cualquier medio de comunicación.
Los firmantes de esta declaración representamos distintas
herencias y visiones. Nos enorgullecemos de la pluralidad y diversidad
de nuestras culturas, y nos felicitamos de que confluyan y se
unifiquen en el elemento que propicia su florecimiento y creatividad:
la libertad de expresión, motor y punto de partida de los
derechos básicos del ser humano.
Sólo mediante la libre expresión y circulación
de ideas, la búsqueda y difusión de informaciones,
la posibilidad de indagar y cuestionar, de exponer y reaccionar,
de coincidir y discrepar, de dialogar y confrontar, de publicar
y transmitir, es posible mantener una sociedad libre. Sólo
mediante la práctica de estos principios será posible
garantizar a los ciudadanos y grupos su derecho a recibir información
imparcial y oportuna. Sólo mediante la discusión
abierta y la información sin barreras será posible
buscar respuestas a los grandes problemas colectivos, crear consensos,
permitir que el desarrollo beneficie a todos los sectores, ejercer
la justicia social y avanzar en el logro de la equidad. Por esto,
rechazamos con vehemencia a quienes postulan que libertad y progreso,
libertad y orden, libertad y estabilidad, libertad y justicia,
libertad y gobernabilidad, son valores contrapuestos.
Sin libertad no puede haber verdadero orden, estabilidad y justicia.
Y sin libertad de expresión no puede haber libertad. La
libertad de expresión y de búsqueda, difusión
y recepción de informaciones sólo podrá ser
ejercida si existe libertad de prensa.
Sabemos que no toda expresión e información pueden
encontrar acogida en todos los medios de comunicación.
Sabemos que la existencia de la libertad de prensa no garantiza
automáticamente la práctica irrestricta de la libertad
de expresión. Pero también sabemos que constituye
la mejor posibilidad de alcanzarla y, con ella, disfrutar de lasdemás
libertades públicas.
Sin medios independientes, sin garantías para su funcionamiento
libre, sin autonomía en su toma de decisiones y sin seguridades
para el ejercicio pleno de ella, no será posible la práctica
de la libertad de expresión. Prensa libre es sinónimo
de expresión libre.
Allí donde los medios pueden surgir libremente, decidir
su orientación y la manera de servir al público,
allí también florecen las posibilidades de buscar
información, de difundirla sin cortapisas, de cuestionarla
sin temores y de promover el libre intercambio de ideas y opiniones.
Pero, cuando con el pretexto de cualesquiera objetivos se cercena
la libertad de prensa, desaparecen las demás libertades.
Nos complace que, tras una época en que se pretendió
legitimar la imposición de controles gubernamentales a
los flujos informativos, podamos coincidir ahora en la defensa
de la libertad. En esta tarea, muchos hombres y mujeres del mundo
estamos unidos. Sin embargo, también abundan los ataques.
Nuestro continente no es una excepción. Aún persisten
países con gobiernos despóticos que reniegan de
todas las libertades, especialmente, las que se relacionan con
la expresión. Aún los delincuentes, terroristas
y narcotraficantes amenazan, agreden y asesinan periodistas.
Pero no solo así se vulnera a la prensa y a la expresión
libres. La tentación del control y de la regulación
coaccionante ha conducido a decisiones que limitan la acción
independiente de los medios de prensa, periodistas y ciudadanos
que desean buscar y difundir informaciones y opiniones.
Políticos que proclaman su fe en la democracia son a menudo
intolerantes ante las críticas públicas. Sectores
sociales diversos adjudican a la prensa culpas inexistentes. Jueces
con poca visión exigen que los periodistas divulguen fuentes
que deben permanecer en reserva. Funcionarios celosos niegan a
los ciudadanos acceso a la información pública.
Incluso las constituciones de algunos países democráticos
contienen ciertos elementos de restricción sobre la prensa.
Al defender una prensa libre y rechazar imposiciones ajenas,
postulamos, asimismo, una prensa responsable, compenetrada y convencida
de los compromisos que supone el
ejercicio de la libertad.
Principios
Una prensa libre es condición fundamental para que las
sociedades resuelvan sus conflictos, promuevan el bienestar y
protejan su libertad. No debe existir ninguna ley o acto de poder
que coarte la libertad de expresión o de prensa, cualquiera
sea el medio de comunicación. Porque tenemos plena conciencia
de esta realidad, la sentimos con profunda convicción y
estamos firmemente comprometidos con la libertad, suscribimos
esta Declaración, con los siguientes principios:
1. No hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión
y de prensa. El ejercicio de ésta no es una concesión
de las autoridades; es un derecho inalienable del pueblo.
2. Toda persona tiene el derecho a buscar y recibir información,
expresar opiniones y divulgarlas libremente. Nadie puede restringir
o negar estos derechos.
3. Las autoridades deben estar legalmente obligadas a poner a
disposición de los ciudadanos, en forma oportuna y equitativa,
la información generada por el sector público. No
podrá obligarse a ningún periodista a revelar sus
fuentes de información.
4. El asesinato, el terrorismo, el secuestro, las presiones,
la intimidación, la prisión injusta de los periodistas,
la destrucción material de los medios de comunicación,
la violencia de cualquier tipo y la impunidad de los agresores,
coartan severamente la libertad de expresión y de prensa.
Estos actos deben ser investigados con prontitud y sancionados
con severidad.
5. La censura previa, las restricciones a la circulación
de los medios o a la divulgación de sus mensajes, la imposición
arbitraria de información, la creación de obstáculos
al libre flujo informativo y las limitaciones al libre ejercicio
y movilización de los periodistas, se oponen directamente
a la libertad de prensa.
6. Los medios de comunicación y los periodistas no deben
ser objeto de discriminaciones o favores en razón de lo
que escriban o digan.
7. Las políticas arancelarias y cambiarias, las licencias
para la importación de papel o equipo periodístico,
el otorgamiento de frecuencias de radio y televisión y
la concesión o supresión de publicidad estatal,
no deben aplicarse para premiar o castigar a medios o periodistas.
8. El carácter colegiado de periodistas, su incorporación
a asociaciones profesionales o gremiales y la afiliación
de los medios de comunicación a cámaras empresariales,
deben ser estrictamente voluntarios.
9. La credibilidad de la prensa está ligada al compromiso
con la verdad, a la búsqueda de precisión, imparcialidad
y equidad, y a la clara diferenciación entre los mensajes
periodísticos y los comerciales. El logro de estos fines
la observancia de los valores éticos y profesionales no
deben ser impuestos. Son responsabilidad exclusiva de periodistas
y medios. En una sociedad libre la opinión pública
premia o castiga.
10. Ningún medio de comunicación o periodista debe
ser sancionado por difundir la verdad o formular críticas
o denuncias contra el poder público.
La lucha por la libertad de expresión y de prensa, por
cualquier medio, no es tarea de un día; es afán
permanente. Se trata de una causa esencial para la democracia
y la civilización en nuestro hemisferio. No sólo
es baluarte y antídoto contra todo abuso de autoridad:
es el aliento cívico de una sociedad. Defenderla día
a día es honrar a nuestra historia y dominar nuestro destino.
Nos comprometemos con estos principios.
Fuente: http://palestra.pucp.edu.pe/pal_com/

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