Programa Andino
de Derechos Humanos

 

Análisis sobre Derecho a la Comunicación


Valores, nuevas sensibilidades y biopolítica juvenil

Mauro Cerbino*

En los tiempos que corren, ya no podemos seguir hablando de valores "duros" y duraderos, sino de valoraciones "suaves", mutables, nómadas e híbridas, relacionadas con la cotidianidad e inscritos en "nuevos" ámbitos de interés, de participación y reconocimiento, como la cuestión ecológica o la estética..

Contenido
Una visión adulta de los jóvenes
Mercancías para el mercado moral
El cuerpo, lugar de enunciación de una nueva politicidad


Una visión adulta de los jóvenes

Desde varios ámbitos se habla de crisis. De una en particular, que es considerada la más preocupante: la crisis de valores. Los que la afirman, en buena medida, tienden a endosarla a un sujeto social, a la juventud. En resumidas cuentas, lo que se dice es que son los jóvenes que han roto con lo sano de la tradición, que viven sin rumbo, que están inmersos en prácticas fútiles, a veces incluso violentas y que se caracterizan por el desempeño y por el fácil hedonismo.

Se trata, evidentemente, de una visión adulta sobre los jóvenes que de forma reiterada desconoce, muchas veces por incomprensión, otras por prejuicio, los mundos simbólicos y expresivos de buena parte de la juventud actual. Junto con incomprensiones y prejuicios es observable en el mundo adulto, entre las instituciones que trabajan con jóvenes, autoridades públicas e incluso universidades y centros de investigación, una cierta tozudez en desconocer y resistirse a asumir los cambios que se están dando en la cultura contemporánea.

Muchos son los ejemplos de esta actitud. La insistencia en pensar la juventud desde los ámbitos tradicionales de la educación formal y de ésta la obstinación en torno a las virtudes del libro y el rechazo de otras formas de educar a través de audiovisuales y del uso apropiado de las nuevas tecnologías de la comunicación. La reiterada cantaleta sobre el entorno familiar como responsable de la buena conducta juvenil, sin plantearse el mínimo interrogante sobre el estado de salud de la familia y sobre todo de qué familia se habla cuando asistimos a cambios radicales en su conformación y sus prácticas.

Mercancías para el mercado moral

La preocupación por la supuesta crisis de valores se produce desde una opinión que esgrime sus argumentos basándose en la convicción de que los valores son como substancias, esencias e ideales que se adquieren en el mercado abierto de una bolsa moral. Me parece que se da aquí una posición mas ideológica que axiológica: es decir una posición que establece lo que esta bien o mal a partir del desconocimiento de otros mundos y formas morales o éticas.

Se dice si no son "estos" valores, los de la tradición o del pasado que se defienden a ultranza, siendo que cualquier nuevo es una degradación de los de antaño, entonces si no son estos, hay crisis de valores. La insistencia y el empecinamiento en el apego de valores abstractos es una actitud hipócrita, precisamente porque no se sustenta en una conducta o práctica. Y es que las normas morales se introducen con las costumbres y las prácticas y no al revés. (Norbert Bilbeny)

Por el contrario, las valoraciones (término preferible a valores por su carácter dinámico) son apropiaciones subjetivas que se dan a consecuencia de la sociabilidad. Están íntimamente ligadas a la experiencia que todos hacemos de la relación con el otro y con la interrogación por los encuentros o desencuentros con los enigmas de la vida.

Existe una pregunta central ineludible: ¿Por qué un sujeto debería asumir algo abstracto que le habla del bien común? Por ejemplo, ¿por qué un sujeto debería ser tolerante con la diferencia? Una respuesta posible es decir que cuando la presencia del otro diferente es conveniente (ojo con este término) para uno, cuando por ejemplo es considerado como parte de un juego en el que representa, como jugador, el competidor, elemento básico para que haya juego.

El cuerpo, lugar de enunciación de una nueva politicidad

Lo que hay que entender es que, en los tiempos que corren, ya no podemos seguir hablando de valores "duros" y duraderos, fortalezas de las que serían portadores los espíritus virtuosos, sino de valoraciones "suaves", mutables, nómadas e híbridas, relacionadas con la cotidianidad e inscritos en "nuevos" ámbitos de interés, de participación y reconocimiento, como son la cuestión ecológica o el mundo de la estética.

En particular éste último, que una investigadora mexicana, Rossana Reguillo ha sugerido definir como socioestética, es la dimensión más relevante en la que se inscribe la acción juvenil. La cual se sustenta en un fondo de nuevas significaciones culturales organizadas en torno a expresiones ligadas a lo más valioso que los jóvenes tienen, el cuerpo. Con el cuerpo, las culturas juveniles habitan la ciudad, se hacen visibles y reconocibles bajo las múltiples formas de expresión y de consumo simbólico. El cuerpo es elemento mediador y lugar de enunciación de una nueva politicidad, de un modo de ocupar y dar sentido al espacio público y de construir una ciudadanía cultural más allá de la de derecho.

La ropa, los tatuajes, el pearcing, los bailes, las "figuras acrobáticas", las patinetas y el walkman, como elementos incorporados (a manera de prótesis), nos remiten a un uso del cuerpo que podría estar dibujando un escenario de biopolítica, es decir de un quehacer político que ya no se articula en la formulación de un proyecto ideológico tradicional, sino de una politicidad que proviene de la vida, de la vida cotidiana, que se hace carne en el andar por la calle, mostrando una estética corporal que "devuelve" a veces trasformados y neutralizados, los signos de la violencia y del estigma, de la exclusión y del dominio.

En la generación de nuevas sensibilidades, modas y estilos de vida, valoraciones y conflictos, hoy los jóvenes operan y actúan con complejos ámbitos imaginarios, sostenidos a partir de la apropiación de bienes simbólicos, signos, sueños y mercancías visuales que circulan sobre todo en los medios de comunicación y que son la materia prima para las adscripciones identitarias, la afirmación y la diferenciación social. Es posible además, que la incorporación de fragmentos generados por las industrias culturales sean disueltos y neutralizados en su poder de manipulación, a través de la capacidad de descontextualizarlos; porque duplicar o serializar ciertos iconos mediáticos puede significar la "rendición" de estos iconos.(1)

Finalmente, si bien se dice que las apariencias engañan, en el caso de las culturas juveniles las apariencias enseñan. Habrá que tratar de leerlas más allá de los prejuicios si queremos entender nuestros tiempos.

NOTA
1. Creo que un ejemplo de esta operación se da para aquellos jóvenes que se tatúan el código de barras en alguna parte de su cuerpo: ahí el cuerpo juega a hacerse mercadería para disolver su originario poder fetichista.

* Mauro Cerbino. Antropólogo, coordinador del Programa de Comunicación de FLACSO, sede Ecuador. Se ha ocupado de culturas juveniles y jóvenes y violencias. E-mail: mcerbino@flacso.org.ec
Este artículo fue publicado originalmente en la Revista ARCA, Casa de la Cultura de Cuenca, N° 1, septiembre 2002, Cuenca-Ecuador.

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