|
¿Cómo responsabilizarnos entonces
de nuestros errores y nuestros fracasos si no compartimos el discurso
en que podríamos nombrarlos? ¿Cómo compartir
duelos si ni siquiera podemos llorar juntos? Que es aquel mínimo
sin el cual no hay comunidad que subsista.
Ahí radica la gravedad última de una situación
en la que hasta la lectura que de ella hace la clase pensante,
los intelectuales y las ciencias sociales, en lugar de contribuir
a tejer convergencias tiende aún a fragmentar y polarizar
la sociedad, ya que no hemos logrado poner en común una
lectura en la que sea posible dirimir hasta donde llega lo tolerable
y comienza lo intolerable.
Los intelectuales no estamos proporcionando a este país
una lectura de la situación -no confundir con coyuntura-
que ayude a la gente a ubicar su cotidiana experiencia de dolor
tanto como los retazos de sentido que alientan nuestra esperanza.
Jesús Martín-Barbero
La historia no se teje más sobre un amontonamiento
de acontecimientos, sino sobre la capa de huellas e impresiones
que van dejando los medios de comunicación colectiva en
su regular comentario de esos acontecimientos básicos.
Los hechos de público interés se arquitecturan como
noticias. La pretendida manipulación de los medios masivos
no es tanto sobre la opinión que tienen las gentes de los
sucesos contemporáneos, sino sobre la previa percepción
seleccionada de esos sucesos(
) Esta es la función
verdaderamente mediadora que caracteriza tanto a los intelectuales
como a los massmedia.
Amando De Miguel
El momento no puede ser más propicio, pero a la vez más
confuso u oscuro, para hablar sobre los medios, los periodistas,
el gobierno y sus responsabilidades. Porque se trata de responsabilidades
compartidas en la situación que nos ha tocado vivir y que
todavía nos toca vivir. Es posible, ¡ni Dios lo sabe!,
que para cuando este texto esté en la red ya todo haya
cambiado o esté a punto de estallar. ¿Hacia qué
signo, o hacia qué esquina
? No lo podemos saber en
este preciso momento porque, como dice el periodista, "los
acontecimientos están en pleno desarrollo". Lo único
evidente que tenemos en nuestras manos y en nuestro sentir es
que "estamos viviendo una experiencia-límite"
no sólo de orden político, sino también de
profundas raíces culturales.
Esta reflexión que hemos titulado El dilema de los medios
y los comunicadores, aún a pesar de que pase lo que
pase en el país, intenta ejercitar un arriesgado pensar
sobre el papel de los medios en el momento presente, acerca del
juego de los periodistas en el acontecer inmediato y de inmediatez,
sobre la responsabilidad del gobierno en todo este barullo y sobre
nuestras propias experiencias. Como expresaba recientemente el
sociólogo Néstor García Canclini, requerimos
pensar en medio de la tormenta
este es el intento que
hacemos desde estas páginas, a pesar de lo que pase o vaya
a pasar.
I. El dominio de lo massmediático
1- Frente al tema de los medios de comunicación
se suelen levantar voces muy airadas, tanto de un lado como del
otro, tanto a favor como en contra. Se dan posiciones extremas:
apologistas y detractores. No hay lugar para el punto centro.
En ambas situaciones aparece el determinismo, aunque de signo
contrario, pero determinismo al fin y al cabo. El asunto es complejo
y hay que verlo con la suficiente serenidad y reposo intelectual,
siempre alejado de las posiciones ideológicas-políticas
asumidas ya de antemano y que terminan por oscurecer el panorama.
¿Difícil? ¡Por supuesto! Pero no hay más
remedio que intentarlo, porque de lo contrario el salto a los
equívocos y a las posiciones no razonables y supuestamente
verdaderas no hay más que un trecho.
Con esta premisa de arranque, digamos a continuación que
hoy los medios constituyen el núcleo de la sociedad que
estamos presenciando. Somos testigos, menos actores, de una sociedad
en donde la información se ha convertido en un "bien
estratégico", en un "valor de uso" para
la producción, reproducción y perpetuación
de la misma sociedad. La comunicación, en su sentido más
amplio y como dicen ya muchos estudiosos del tema, ha pasado de
tener un estatuto meramente formal hasta convertirse en un nexo
de la integración social del presente y materia prima requerida
para cualquier actividad productiva y de la existencia humana.
¿Y los medios, dónde quedan ellos? A los medios
hay que verlos como las piezas claves de un gran sistema mundial-global
de comunicación-información que tiene su asiento
en la localidad particular de cada país (glocalización).
Los medios ocupan un lugar estratégico en la dinámica
del presente informacional, no sólo por el nivel de
confianza y de honestidad institucional que la gente todavía
deposita en ellos; en el consumo cultural que se hace y
que nos está indicando que el tiempo dedicado cotidianamente
al consumo de medios de comunicación es muy superior al
dedicado al resto de las actividades de índole cultural
y; de igual manera hay que observar el abultado equipamiento mediático
que se encuentra en los hogares de la clase alta y media venezolana,
así como latinoamericana, y que las clases populares tienden
a imitar en algunos renglones como el de la posesión de
TV por supuesto, el del equipo de música más sofisticado,
aparato de video, teléfono movil, equipo hi-fi con o sin
compact-disc, mando a distancia para TV y equipo de música,
walkman radio entre los equipos que ofrecen más atracción.
En definitiva, podemos apuntar que en las sociedades de ahora
el espacio privilegiado para el uso y consumo de una forma cultural
es el constituido en torno a los medios de comunicación,
convirtiéndose estos en identidades culturales que
se construyen y se modelan a partir de los mismos medios. Así
pues, tal como señala el investigador español Manuel
Martín Serrano(1), las principales transformaciones sociales
que han irrumpido por la aparición de una massmediación
vinculada a la era de los medios son:
a) Han afectado a la distribución y el uso del tiempo
existencial de las personas.
b) Además de la transferencia de tiempo, los medios de
comunicación han recibido una transferencia de funciones
comunicativas que antes se satisfacían por el contacto
directo y la comunicación cara a cara.
c) Han afectado al empleo y disfrute de los espacios privados,
y a su significado afectivo. Igualmente, el uso de los espacios
públicos se ha visto alterado.
d) Han hecho posible el predominio de valores particularistas
y etnocéntricos.
e) Han establecido nuevas dialécticas entre las comunicaciones
personales y las comunicaciones mediadas.
f) Han derivado en una vinculación de dos actividades que
estaban separadas: el informar sobre lo que acontece, y
el intervenir en lo que acontece.
g) No han modificado en nada los factores que determinan la marginación
comunicativa.
h) Han creado las condiciones tecnológicas y económicas
para un reencuentro de las prácticas comunicativas audiovisuales
y textuales. El semiólogo Paolo Fabri decía recientemente
que "vivimos sumergidos en una cultura de imágenes,
pero la analfabetización a la hora de leer esas imágenes
es general". Y sostenía "que es más importante
la alfabetización visual que las campañas de promoción
de la lectura. La televisión, por sí sola, enseña
a la gente cómo entender sus imágenes, pero esa
es una lectura implícita, hay que explicitar la gramática
de la imagen. La gente ve y entiende, pero no sabe por qué"(2).
i) Han culminado el proceso socioeconómico, que vincula
la información para la comunicación, con todos los
otros usos no comunicativos de la información.
Como vemos, y en esto no podemos caer en integrismos filosóficos
como los que sostuvo Adorno y Horkheimer, a quienes les debemos
el término de Industrias Culturales como el vasto
complejo de medios de comunicación asumidos desde una racionalidad
instrumental y mercantil, sino que debemos aceptar por la evidencia
de los hechos que nuestro mundo es un mundo de medios de comunicación
que va más allá de los propios contenidos y de la
publicidad. De alguna manera la comunicación de los medios
es vista como el escenario del reconocimiento social y de la constitución
y expresión de nuestros imaginarios y tal como apunta Jesús
Martín Barbero: "Los medios han entrado así
a hacer parte de la experiencia social, de los nuevos modos de
percibirnos. Lo que significa que en ellos no sólo se reproduce
la ideología, también se hace y rehace la cultura
de las mayorías, no sólo se comercializan unos formatos
sino que se recrean las narrativas en las que se entrelazan el
imaginario mercantil con la memoria colectiva"(3).
2- Ahora la política es cuestión de comunicaciones
masivas. Los medios han pasado a ser actores, ya no sólo
testigos que informaban, que intervienen en la política.
El tema de la opinión pública es tan viejo como
la política, sin embargo los medios introducen un cambio
sustancial en la comunicación política porque es
a través de ellos como se forma la opinión pública
moderna. Pero los medios también, y este hecho pudiera
verse como una distorsión de su papel, han pasado a ser
un escenario fundamental de la vida pública en donde se
dirimen los problemas y las virtudes del gobernante y de los partidos.
Es más, habría que decir que son los medios el escenario
que buscan los políticos y los gobernantes para escenificarse
de forma comunicacional bajo los géneros y las reglas impuestas
por la comunicación masiva.
El tema de los sondeos, como la forma de participación
que nos hemos inventado en la comunicación política
de hoy ,a través de las encuestas, han sido intervenidos
por la escena mediática. ¿Por qué? Porque
el sondeo en sí y sus resultados son puestos en el escenario
público por los medios y los medios interpretan el dato,
el resultado desde la lógica mediática, que no es
otra que la de devenir la opinión pública y la política
en mercado.
Ante la crisis de representación de los políticos
tradicionales y de la política, el ciudadano acude a los
medios para buscar y encontrar, de forma mediada y manipulada,
la razón de su desasosiego como ciudadano. ¡Y vaya
que la encuentra! Pero la encuentra convertida en reality show
o follletón televisivo en donde se descubre a sí
mismo como parte de una trama real en donde no se distingue ya
la opinión pública-política de aquellos hechos
de simple entretenimiento y ocio. Así, el medio se convierte
en mensaje de un proyecto de sociedad más cercano al mensaje
publicitario que al interés de conformar un ciudadano corresponsable
de la acción pública, de un ciudadano convertido
en tal y no en un simple público-consumidor de expresiones
y cada vez menos de argumentaciones. En ese sentido, "la
unidad de comunicación -como nos apunta Alain Touraine-
entre el emisor y el receptor se va quebrando. Cada vez menos
tratamos con comunicadores y cada vez más con actores,
de modo que éstos dan una creciente importancia a la pragmática
de las formas de expresión verbales y no verbales por las
cuales se manifiesta lo que no es comunicable, lo que no requiere
respuesta, pero que es expresión unilateral, manifestación
de una intención o de un sentimiento"(4).
Es la ausencia, ni más ni menos, del juego político
en el sentido originario del término y de una sociedad
política y de un discurso político, y sobre todo
de un ciudadano educado políticamente que le pueda exigir
a los gobernantes, a los políticos de oposición
y a los medios un papel de mediadores sociales: que consiste en
hacer explícito el proyecto del país que queremos
y que la gente desea: en hacer de la gente un sujeto social-ciudadano
que le exija a sus políticos el papel que deben cumplir
como intermediarios entre demandas y demandantes; y que los medios
legitimen su papel con la información y la comunicación
de los temas que son de interés político para la
sociedad en el doble sentido: desde el poder político a
la sociedad y desde la sociedad a los políticos.
3- Pero hay desajustes e incomprensiones que se manifiestan
de diversas maneras y dependiendo del contexto. El sistema social
venezolano está en cambio, en transformación. No
sabemos hacia dónde se dirige. ¿Y qué papel
juegan los medios en ese desajuste estructural que vive el país?
En mi opinión, estamos en presencia de una profunda asincronía
entre lo que es el desenvolvimiento político del país
-incluyendo al gobierno y a la poca oposición existente-
y su tiempo y el tiempo que establecen los massmedia.
Se ha creado una distorsión del papel mediático
ante la ausencia de líneas claras por parte del poder político,
incluso del mismo "poder ciudadano" si es que éste
está presente en mayor o menor grado. También ante
la ausencia de líderes capaces de llevar al país
hacia un proyecto coherente y racional. Frente a esas ausencias
los medios intervienen, consciente o inconscientemente,
jugando unos roles que no le pertenecen. Los ejemplos son múltiples:
no crean una verdadera opinión pública al no hacer
ver a los ciudadanos, y al gobernante de turno, acerca de los
problemas que los afectan verdaderamente y de las soluciones que
es preciso darles; asumen posiciones críticas desde un
solo ángulo social excluyendo a un gran sector de la sociedad;
fijan la la agenda o temario de la información (también
los temas de la opinión), pero no el conocimiento de esos
temas y; por último la incapacidad de ayudar a formar verdaderos
sujetos sociales que sean capaces de convocar e interpelar al
poder político.
Pero la verdadera ausencia es la no existencia de una sociedad
civil coherente y fuerte, sino más bien débil, que
se hace presa fácil de los dispositivos de la massmediación
ya sean estos utilizados por los propios medios o por el gobierno.
Desde América Latina, y hoy nuestro país es un buen
y claro ejemplo, el espacio de lo público estuvo confundido
o si se quiere subsumido al Estado-gobierno, pero los estados
se consumieron sobre sí mismos ante la corrupción
política y la confusión de la moral pública
creando conductas y comportamientos alejados de lo público
y desinteresando a los ciudadanos por el quehacer de lo público.
En esa situación irrumpen los medios y los comunicadores
denunciando, pero desubicados de su papel de mediación
social y cultural. Entonces, nos dirá Jesús M. Barbero,
"acomodados a la nueva situación, que los dota de
poder, los comunicadores asumen un protagonismo que distorsiona
radicalmente su oficio de mediadores y los configura como el más
fuerte 'grupo de opinión', pasando así a sustituir
a la opinión pública. Y ello a partir del empate
entre los intereses que sostienen su poder y una pseudocultura
del gremio, hecha de sondeos informales y tendenciosos, de manipulaciones
de la primicia informativa, y en la que no cabe más país
que el de la política tal como entre ellos se entienden.
Es decir, una política en la que caben los avatares de
los ministros y los congresistas, pero de la que se halla ausente
el mundo del ciudadano"(5).
II. Medios, comunicadores y responsabilidades
1- ¿Qué nos dicen estos datos de la realidad?
Las más variadas investigaciones sobre las audiencias y
su matriz de opinión nos están indicando que la
población hoy día tiene una visión de la
realidad a través de los distintos Medios, en donde
el 72% afirma que se entera a través de la TV, el 36% por
intermedio de la prensa y el 30% usando la radio. Y si observamos
las evidencias acerca de qué Medios se prefieren
para qué tipo de hecho veremos que la TV es usada, como
canal de información, para hechos coyunturales en desarrollo
y la prensa es empleada para la profundización al detalle
y de revelaciones de informaciones permanentes y los propios perceptores
consideran que la TV ofrece mejor información sobre noticias
coyunturales. Y en el caso de la TV, que es el medio que ocupa
el mayor espacio de nuestro tiempo libre, los contenidos periodísticos
hace ya un buen rato pasaron a ocupar el primer lugar de los hábitos
de consumo programático del medio con un 68% para los noticieros
y 20% para los programas de opinión, es decir un 88% para
el género de información-opinión, y las telenovelas
-programación que siempre se llevó el primer lugar
de preferencia- con un 43% de consumo durante todos los días.
Y después de lo que pasó el 11 de abril y los días
subsiguientes, la gente todavía sigue creyendo en los medios:
si bien es cierto que estos descendieron en su nivel de credibilidad
dando paso a instituciones como la Iglesia, o la Fuerza Armada
Nacional, e inclusive a la Sociedad Civil en la calle, los medios
de comunicación bajaron cuatro puntos porcentuales y llegaron
a 58% de confianza; pero en relación a los comunicadores
profesionales estos alcanzaron 80% de solidaridad por su trabajo
y apenas 12% de reproche por su actuación.
¿Qué nos quieren decir esos datos? Nos están
hablando de la tremenda responsabilidad que hoy día tienen
los medios de comunicación y sus profesionales ante la
realidad de los hechos y la construcción-presentación
de esa realidad. Nuestra visión de las cosas, de las que
tenemos próximas y de las que están lejos, nos viene
dada por la massmediación que imponen los medios
y la mediación subjetiva que le impregna el profesional.
No nos caigamos a embustes, porque todo lo que se nos diga acerca
de la objetividad en la reposición de los acontecimientos
no son del todo ciertas y no concuerdan con la forma como se está
desarrollando el papel de los medios en una sociedad y especialmente
en momentos de conflicto político. Porque los medios no
son sólo narradores o comentaristas del conflicto, son
también participantes del mismo conflicto político.
El periodista uruguayo Héctor Borrat, sistematizando a
todo un conjunto de teóricos sobre el tema, nos dice al
respecto que el conflicto es noticia, y que el medio se presenta
como actor político en las situaciones de conflicto sobre
los que debe informar, y culmina con la afirmación de la
necesidad -para el sistema de medios- del conflicto entre otros,
y de su participación en el conflicto como definidora de
su propia existencia(6).
Presencia de interrogantes: ¿Qué es la objetividad?
¿Puede ella hacerse presente en las cosas de los humanos?
¿De qué se habla entonces cuando la nombramos tan
a menudo y en boca de todos los medios? Expresemos de una vez
por todas y por favor no nos sigan teorizando al efecto: no
existe objetividad en el discurso periodístico, así
como no existe objetividad en la propia vida. ¿Y entonces,
a qué viene la afirmación de los medios y de los
mismos periodistas de que "por encima de todo y sobre todas
las cosas la objetividad de los hechos y sus múltiples
formas de presentación"? Es un problema de matices
con intereses (razón instrumental del medio) y de los asuntos
que tienen que ver con la competencia profesional, la responsabilidad
(de la ética) y nuestra posición psicológica
ante la vida y su actuación, porque "el informador
-nos comenta Manuel Martín Serrano-, como cualquier otro
sujeto humano, está incapacitado para desprenderse de sus
intereses, necesidades, prejuicios, cuando sus sentidos perciben
unos sucesos o permanecen ciegos y sordos a otros; y cuando su
reflexión interpreta de una u otra forma el acontecer que
describe(
)"(7).
La misma responsabilidad que los medios le exigen al poder político
y todo el conjunto de instituciones que lo conforman, debe ser
exigida a los medios y sus periodistas en el ejercicio de sus
funciones. No basta con que los medios y los profesionales de
la comunicación requieran de la necesaria libertad para
el ejercicio de la libertad de expresión, sino que
ellos deben ser la muestra de la responsabilidad que significa
hacer realidad tal libertad. "Cuando alguien -escribía
un columnista en El País de España en 1995- les
reprocha -a los periodistas-, la inanidad de su discurso, su automática
falta de profundidad, cuando alguien detecta falta de sudor o
de agudeza, de lecturas o de meditación, se emberrenchinan:
¡Esto no es una tesis doctoral! Y no lo es, en efecto: el
impacto colectivo de sus obras es infinitamente más importante
que una tesis doctoral"(8).
La polémica entre la responsabilidad del medio y el papel
ético que le compete, enfrentada a la coyuntura del conflicto
político y los hechos que se suceden desde él, hace
caer en la trampa de la presentación inmediata del acontecer
sin haberlo confirmado, profundizado, persuadido
Lo importante
no es dar la información por darla, sino confirmar si ella
es verdad para argumentarla, sostenerla, defenderla. La trampa,
a la que están sometidos todos los medios -especialmente
sus periodistas- por lo que ellos son en cuanto actores del sistema
social y del sistema político en particular, es caer en
el juego que impone el lucro y la influencia del
medio. La pregunta acuciante de esta trampa (la del lucro y los
intereses del medio) es si los profesionales del periodismo tienen
que servir ciegamente a esos objetivos.
Habría que decir algo sobre la ética empresarial
que debe envolver a los medios en cuanto industrias comunicativas.
Porque ante el hecho del posicionamiento abrumador de los
medios de comunicación como actores significativos en la
vida actual, y por haberse convertido el espacio mediático
en el mediador general del conjunto de interacciones sociales
que se establecen entre los países, las instituciones y
las gentes entre sí: hay que reclamarle a esos mismos medios
una conciencia preventiva frente a la realidad del mundo
vivido y un compromiso ético, que como apunta el
investigador venezolano Jesús María Aguirre, "que
demarque claramente el uso y el papel de los medios
en distintos contextos en donde predominen funciones diferenciadas
ya sean estas referenciales, estéticas o conativas. Es
decir, que la ética como compromiso y conciencia del agente
emisor debe ser deslindada en la orientación que los mensajes
se refieran a la información/opinión, al entretenimiento/disfrute
estético y a la propaganda/persuasión. A partir
de ahí, hay que circunscribir a los medios en sus funciones
como 'mediadores de la sociedad política', como 'gratificadores
de la sociedad' y 'como mediadores del mercado'"(9). Y remarca
Aguirre diciendo que para alcanzar una ética comunicativa
se requiere de algunas exigencias concretas traducidas en breves
imperativos: -diálogo de comunicación social con
todos los grupos y, -diálogo de comunicación social
a todos los niveles.
En ese sentido, los aparatos mediáticos como empresas requieren
de una ética de la economía que estaría
dentro del abanico de una ética empresarial, de
una ética de los negocios, y de una ética
de las organizaciones o ética de la dirección. Tal
como nos explícita la filósofa y estudiosa de este
tema, Adela Cortina en su texto Etica aplicada y democracia
radical, que "esa peculiar forma de vida, ese nuevo ethos
empresarial posee unos rasgos muy concretos" y que podemos
sintetizar y caracterizar así:
"1) Responsabilidad por el futuro. La necesidad de
la gestión a largo plazo obliga a reconciliar el beneficio
y el tiempo.
2) Desarrollo de la capacidad comunicativa. Toda organización
precisa una legitimación social, que se 'vende' comunicativamente.
El respeto a las normas morales es también un imperativo
de relación pública, ya que es preciso crear un
entorno afectivo.
3) Personalización e identificación de los
individuos y de las firmas. El fracaso del individualismo hace
necesaria la inserción de los individuos en grupos y el
desarrollo del sentido de pertenencia a ellos. En la competencia
entre empresas no bastan las publicidades comerciales para identificar
la personalidad de una empresa, sino que se impone el imperativo
de la personalización de las firmas. De lo que es claro
ejemplo el mecenazgo, que no se ejerce sin beneficio.
4) En una cultura de la comunicación la moral impulsa la
creatividad de los especialistas de la comunicación y funciona
como un útil de diferenciación y personalización
de la empresa. En la empresa abierta, la ética forma parte
del management de 'tercer tipo', erigiendo frente a la
complejidad de los mercados, no sólo el principio de innovación
permanente de los productos, sino la innovación 'moral'
de la comunicación.
5) Confianza. Las imágenes de eficiencia han sido
sustituidas por las de confianza entre la firma y el público,
como se muestra, por ejemplo, en la imagen de responsabilidad
social y ecológica de la firma, con la que se trata de
establecer un lazo entre la firma y el público"(10).
¿No es acaso, estableciendo las diferencias entre una
empresa de bienes y servicios y lo que es la "empresa de
medios" de comunicación, aplicable a los mismos medios
y a sus empresarios?
2- No todo es cuestión de estrategia comunicacional.
El conjunto de medios, como aparato mediático, se mueve
entre dos discursos: el que ellos exponen explícitamente
con lo que dicen ser y el que realmente nos está diciendo
lo que son. A ese segundo, difícil de descubrir pero no
imposible, es al que debemos orientar nuestros esfuerzos para
descubrirlo y dejarlo visible en el escenario del conflicto. En
ese sentido, un análisis detallado de los temarios que
publica o transmite el medio nos dará un conocimiento de
él como actor social y político. "Los periódicos
(todos los medios) -nos dice Héctor Borrat- de información
son actores políticos de primer rango por la variedad y
la potencia de los recursos de que disponen para influir y lucrar
en todos los escenarios posibles"(11).
La estrategia comunicacional de los medios no se aprecia en lo
que ellos dicen que son, en el expresarse incluso retóricamente
y hasta casi cínicamente, sino en sus formas de actuación
informativa. Al respecto, habrá que preguntarse: ¿Cómo
están conformando sus agendas los medios del país
en el momento que nos está tocando vivir? ¿Cómo
se construyen nuestras opiniones acerca de los que pasa a través
de las exposiciones a los medios? ¿De qué libertad
de elección disponemos para esa construcción? Aquí
está el núcleo de lo que nos está sucediendo
como audiencias y como ciudadanos. El meollo del asunto es conocer
cuánto de parcialidad/imparcialidad está presente
en los discursos informativos del presente, cuánto de verdad/mentira/fantasía
está impregnando las distintas emisiones e informaciones
del acontecer político de hoy
Desde esa perspectiva
es bueno recordar aquello que dijera el escritor español
Javier Marías con respecto a la constante invocación
de la libertad de expresión: "En cuanto a la libertad
de expresión, la pobre está tan sobada que su
sola mención hace torcer el gesto. Por un lado, se la invoca
continuamente para los menesteres más mezquinos, hasta
haberla hecho perder su sentido: para insultar, para difamar,
para calumniar, para acusar sin prueba, para vociferar más
y acallar al prójimo(
). Mayor cinismo y trivialidad
no pudo darse, la libertad de expresión quedó
para el arrastre"(12).
La práctica comunicacional, desde hace tres años,
no ha sido capaz de deslindarse del maniqueo pensamiento chavismo
y antichavismo y todas las formas discursivas que se derivan de
esa "clave lingüística" y "clave ideológica"
que impuso el poder Ejecutivo y sus más cercanos y a la
que los medios sucumbieron sin mayor esfuerzo porque priorizaron
la dimensión afectiva-emocional de todo acto comunicacional
por encima de la dimensión de los hechos (descripción
del acontecer) y de la dimensión ética ("objetividad",
verdad, responsabilidad, reglas-normas). "Desde esta perspectiva
-otra vez Borrat- , el periódico (los medios) comparte
con otros actores del sistema político la necesidad de
decidir y ejecutar ciertas estrategias que, superando los riesgos
de cada situación de conflicto, movilizan sus recursos
para el logro de sus objetivos permanentes y temporarios. Tiene
que asegurarse el acceso a las fuentes de la información
política que mejor le permitan conocer los conflictos
y sus actores, el sistema y sus contextos. Pero a diferencia de
otros actores, concentra todas sus actuaciones en el proceso de
producción y comunicación pública de su propio
discurso, buscando que él le asegure el logro de
sus objetivos estratégicos"(13).
3- La función del comunicador-periodista profesional.
El comunicador se debe a su espíritu y vocación
profesional, pero también al medio y sus intereses. ¿A
quién sirve? Deslinde: el profesional de los medios se
debe a su sociedad y a la ciudadanía que se mueve dentro
de ella, se debe a si mismo y a la función de ser espejo
de la realidad, pero él también es un actor político
en el complejo sistema de conflictos. ¡Difícil tarea
la del comunicador!
Ser periodista significa no sucumbir a los fines y objetivos del
aparato de medios (lucro e intereses), pero tampoco debe ser tentado
por las razones de grupos y organizaciones del poder político
instituido. El comunicador, como actor comunicante entre la realidad
y los públicos, participa como testigo en la elección,
organización, evaluación y constructor a través
del relato (escrito o audiovisual) de la misma realidad. El es
un mediador que debe ofrecer su producto comunicativo con la mayor
honestidad y eticidad de la que sea posible ofrecer por intermedio
de sus destreza y competencia profesional: "Ser periodista
es hoy una profesión que exige un alto nivel de responsabilidad
y conocimiento, empezando, claro está, por el conocimiento
de la propia conciencia. No se trata de educar ideologías,
sino de conseguir unos criterios cuya base fuerte ha sido la reflexión
y el análisis sobre lo que se dice, cómo se dice,
con qué objeto, con qué responsabilidad, con cuanta
libertad e independencia"(14). Esta conceptualización
hoy se complejiza mucho más cuando ahora la ciudadanía
siente, y así lo expresa, de que los periodistas están
ocupando el territorio que los políticos dejaron vacante.
El periodismo se ha vuelto un saber y una acción muy activa
en el desarrollo de los acontecimientos sociales.
Así pues, ahora habría que preguntarse cómo
se está haciendo nuestro periodismo y sus productos comunicativos
en las actuales circunstancias. Dejemos que hable una periodista
en ejercicio, antes académica, acerca de nuestra rutina
periodística. Al respecto Marta Colomina(15) expone los
errores más sobresalientes de los comunicadores venezolanos
en el día de hoy:
-Simplificar los hechos y presentarlos de una forma fragmentada,
que dificulta el debate libre y racional de los asuntos públicos.
-El protagonismo excesivo de los comunicadores, que focaliza la
atención en el periodista y no en los hechos o agentes
sociales.
-Insensibilidad de los periodistas para con la gente común,
explotada con fines sensacionalistas.
-Incapacidad para la autocrítica y para la recepción
de las correcciones por parte de los ciudadanos, que son afectados
por el efecto público de las intervenciones.
-Paso del secreto de la fuente al secretismo de las corruptelas
que mediatizan en ejercicio informativo.
-Intromisión en la vida privada de las personas.
Creo que existe una confusión entre nuestros deseos políticos,
ideológicos e impaciencia por la situación del país
y lo que día a día hacemos con el ejercicio periodístico
plasmado en los medios. El quehacer comunicacional del presente
se está moviendo más entre aquellas reservas que
siempre le hemos hecho a cierto periodismo de farándula
y al producto "amarillista" que de allí se desprende.
La verdad investigada, interpretada, profundizada y constatada
está sucumbiendo a la premura y valoraciones políticas/ideológicas,
éticas, morales y de conciencia muy discutibles. Cierto
periodismo se está moviendo y haciéndole culto a
hechos que dudosas fuentes suelen proporcionar y que no sabemos
a quién sirven realmente. No estoy pidiendo neutralidad
en las formas y contenidos comunicativos (esto nunca estará
presente, ni es deseable que lo esté), no aceptaría
comunicadores inocuos, pero sí requerimos urgentemente
honestidad en el proceso mental que va desde los datos a las conclusiones.
Como resultado de estos planteamientos, de alguien que no está
sometido a la inmediatez y a la urgencia informativa del día,
digamos que una tarea urgente del presente es discutir serenamente
y seriamente también qué tipo y forma de producto
comunicacional estamos elaborando. No se trata de vencer con todas
nuestras armas comunicacionales al "mal", se trata de
conversar ponderadamente e independientemente acerca de lo que
estamos haciendo más allá de intenciones doctrinarias
y afectivas, simplemente para que el día de mañana
no tengamos que arrepentirnos por lo que ahora estamos edificando.
Qué bien lo dijo el desaparecido catedrático Mauro
Wolf: "No se comprende por qué una sociedad cada día
más opaca, compleja y difícil de interpretar deba
ofrecer un periodismo simplificado, de griterío o espectacular.
Para quien desee divertirse existen otras profesiones y otras
formas de comunicación(
) El periodismo debe ser cada
vez más consciente de que no puede desarrollar su papel
sin pagar un precio a su sentido de la responsabilidad y sin pagar
el peaje de estar a la altura de la sociedad que pretende describir
y servir"(16).
III. Concluir con algunas nuevas interrogantes
El ecosistema social y político del presente es
un escenario del conflicto. El conflicto, como situación
a la que nos veníamos acostumbrando y nos acostumbramos
(¿hasta cuando?), se ha ido tornando ya casi natural en
nuestra manera de entender las cosas, en nuestra relación
social, en nuestra cotidianidad. Ha habido una implantación
estructural del conflicto, evidente en todo lo que ha sucedido,
en el escenario político del ahora, que abarcó hasta
los propios medios de comunicación tanto privados como
oficiales-públicos, los periodistas y ha llegado hasta
nosotros los públicos-audiencias-perceptores. Esta situación
de conflicto moldeó nuestras maneras de percibir
las cosas, las situaciones, las rutinas de producción informativa
de los medios, e incluso todas las estrategias de producción
comunicativa que se suscitó en la vida social del presente.
El tema de los medios y su massmediación se convirtió
en el lugar donde, todo el poder ejecutivo como poder del
gobierno, y la oposición y la sociedad toda, esperábamos
se resolvieran los conflictos. ¡Qué equivocados estábamos!
Una cosa es que éste sea el tiempo del posicionamiento
de los media, que los medios sirvan de reconocimiento social y
de identificación social y otra muy distinta es que desde
ellos podamos y pudiéramos encontrar salidas al conflicto.
Lo que sucedió, desde hace ya bastante tiempo, es que la
comunicación en su producto massmediático es el
espacio desde donde se piensa y se entiende la sociedad. Los medios
se convirtieron en la caja de resonancia a donde fueron a parar
los conflictos y sus consecuencias, pero no se convirtieron en
la caja de resonancia de las posibles salidas al conflicto
y mucho menos fueron capaces de mostrarnos las alternativas viables
vinieran estas de donde vinieran.
Colocados aquí, invitamos a diseñar imaginativamente
los medios como estructuras, los periodistas como profesionales,
los escenarios mediáticos como realidad deseable, el periodismo
como creación y ética de la responsabilidad
y todo desde el tema clave de los medios y su democratización.
Democratización en la comunicación no es sólo
pluralismo comunicacional en todas las esferas de producción
del hecho informativo y en variedad de contenidos, debe ser también
proyectada en la estructura comunicacional del régimen
de propiedad de los medios. No es posible que unos pocos, poseedores
del capital necesario y de la influencia requerida, sean los dueños
del poder simbólico que instauran los medios. Desde
ahí se impone la dictadura del lucro y los intereses en
la concepción de las escenas del presente, e incluso en
la visión estrecha de los contenidos por la búsqueda
de la maximización de las audiencias. Hay que descartar
que el laissez-faire de la economía actual no es
siempre, casi nunca lo es, garantía de una democrática
libertad de expresión.
Requerimos una redefinición de lo mediático en sus
esferas de contenido como en la de propiedad. Esta aspiración
ha sido una vieja idea-sueño y que la ha resumido muy bien
Jesús M. Barbero al decir "que sólo desde esa
redefinición podrá esclarecerse el sentido estratégico
que hoy tienen, para el fortalecimiento de una cultura democrática,
el derecho a la presencia en los medios de diferentes modos
de titularidad y propiedad que den forma a los diversos modos
de participación de las colectividades en los procesos
de comunicación en que se ven insertas, el derecho a la
expresión de la diversidad cultural tanto de aquella
que la conforma como nación como de aquella otra diversidad
que produce la heterogeneidad cultural del mundo y que hoy se
ve negada por un manejo exclusivamente comercial de la comunicación"(17).
Pero la democratización tiene que llegar también
al Estado y su relación con todos los medios y en especial
con los del propio Estado. Tendríamos que ser capaces -imposible
no es- de deslindar y de entender que el Estado tiene que sufrir
una profunda transformación en muchos ámbitos de
su actuación y de su propia estructura y acción
gerencial y en lo que a nosotros concierne como oficio, en relación
con el aparato mediático que posee. En ese aspecto debería
darse un desplazamiento de la actitud reguladora y controladora
por intereses políticos-ideológicos no muy claros,
hacia la consideración y concreción de un aparato
estatal-público de medios que sirva a los intereses del
ciudadano y no a los del grupo en el poder. No se puede seguir
confundiendo servicio público con propaganda, ni siquiera
gubernamental, de un pequeño sector en el poder.
Habrá que interrogarnos seriamente(18):
-En relación a los medios, y especialmente dirigida la
pregunta a los periodistas profesionales: ¿Cómo
fijar en ellos los límites de lo opinable? ¿Cómo
lograr que en ellos el deseo antichavez no contradiga sus
funciones de comunicadores sociales?
-En el esfuerzo que hay que hacer, en perspectiva de tolerancia,
por igual para todos los frentes: ¿Es todo opinable?
-Ser comunicador -periodista es una profesión que exige
un alto nivel de responsabilidad y de conocimiento, por supuesto
que conocimiento de la propia conciencia. ¿Cómo
hacer para que el periodista entienda que no se trata de educar
conciencias, ideologías? ¿Cómo hacer que
el periodismo que hagamos sea de reflexión, de análisis
sobre lo que se dice, cómo se dice, con qué fin,
con qué responsabilidad, con cuánta libertad e independencia?
-¿Cómo evitar en todos los frentes, al menos en
los que están confrontados, el dogmatismo político
y filosófico que no hace otra cosa que propugnar verdades
absolutas e irrebatibles?
-Cuando se proclama la libertad de expresión, como derecho
a la información, nos preguntamos ¿todo es posible?
¿Es posible que todo pueda ser posible? ¿Todo vale?
¿No hay límites
? En ese sentido no podemos
proclamar: "o se está con la libertad de expresión
o se está contra la libertad de expresión".
-¿Pueden los medios y los periodistas comportarse como
jueces de lo que interesa o no al público, pueden ellos
saber lo que siente el público?
-¿Cómo lograr que los periodistas entiendan que
antes que dar la noticia, para llegar de primeros, esta debe ser
contrastada, confirmada, objetivada?
-Sentimos que a los medios los confundió su deseo antichavista
con el papel que deben de jugar en cuanto medios de información,
entonces ¿cómo hacer que su acción profesional
sea creativa y ética, sin renunciar a un periodismo serio,
riguroso, honesto, informativo más que sensacional y antichavista?
-¿Cómo lograr que los medios del Estado sean verdaderos
canales de servicio público y no canales del gobierno de
turno, del partido de turno, que no sena sólo la voz del
Presidente y sus afectos, sino de TODOS?
-¿Cómo hacer que los medios del Estado, especialmente
la televisión, no nos ofrezcan una oferta informativa y
programática uniforme, pésima y deplorable?
-¿Los profesionales de la comunicación, al servicio
del Estado, deben ser profesionales comprometidos con TODOS o
solamente con los afectos al Gobierno?
-¿Cómo lograr que el Gobierno no siga aferrado a
un concepto de televisión pública propagandística?
-¿Cómo hacer que el Gobierno, en funciones de Estado,
tenga una política de comunicación que no esté
al servicio de estrategias político-ideológicas,
sino que esa política sea la clave de inclusión
de toda la sociedad a un proyecto de país compartido por
todos y en igualdad de condiciones?
-¿Cómo entender el papel de los medios en una sociedad
desestructurada políticamente, en una sociedad profundamente
anómica, en una sociedad fracturada, en una sociedad de
las exclusiones y de las intolerancias?
-¿Cómo hacer en todos los frentes sociales y en
el Gobierno que la visión del país, de la política,
de lo social
no puede ser exclusivamente-solamente una visión
mediacéntrica
es posible ello en estos tiempos?
-En situaciones de conflicto como el que permanentemente estamos
viviendo ¿es posible que los medios jueguen un papel distinto
al de ser actores políticos?
-¿Qué hubiese sido de la sociedad, de todos nosotros,
ante la desestructuración política que vivimos,
sin la presencia de los medios y la forma cómo ellos actuaron
e intervinieron?
Estas preguntas se ven hoy replanteadas con más vigor
que tiempo atrás. Estamos actuando por reacción
ante los hechos, pero no importa, las situaciones que nos está
tocando sentir requieren de esas respuestas re-situadas
ante la necesidad de pensar en nación, de pensar en
sociedad. Como nos dice el mexicano Monsivais: no podemos
seguir con el dibujo alegórico, con las frases como epitafios,
con los adjetivos estremecedores, con las anotaciones desolladoras
o conmiserativas
y responde Néstor García
Canclini: "Aunque vivimos una situación de emergencia,
trataremos de hablar de lo que está antes de las soluciones"(19).
Caracas, 27 de octubre 2002
NOTAS
1. Serrano, Manuel Martín(1995). "Las transformaciones
sociales vinculadas a la era audiovisual", en Comunicación
Social 1995/Tendencias. Informes Anuales de Fundesco. Fundación
para el Desarrollo de la Función Social de las Comunicaciones
(Fundesco). España, p. 217 y ss.
2. En diario El País. "Paolo Fabri sostiene que la
semiótica aún puede servir para democratizar la
cultura". El País, 19 de marzo de 2001. España,
p.40
3. Barbero, Jesús Martín(1997).El tejido cultural
y comunicativo de la democracia. Papel de trabajo para la Fundación
Social. Colombia.
4. Touraine, Alain(1996).Los massmedia: ¿nuevo foro político
o destrucción de la opinión pública?. Editado
por la Generalitat de Catalunya. España,p.23
5. Citado por Bisbal, Marcelino(2001)."Los dominios massmediáticos:
el shock de lo evidente", en revista SIC, Año LXIV,
Nº 637, del Centro Gumilla. Venezuela, p.200
6. Borrat, Héctor(1989).El periódico, actor político.
Editorial Gustavo Gili. España.
7. Serrano, Manuel Martín(1986).La producción social
de comunicación. Alianza Universidad Textos. Alianza Editorial.
España, p.66 y ss.
8. Citado por Casals Carro, María Jesús(1994). "El
síndrome de Olenka:la dificultad de la opinión",
en la revista Estudios sobre el mensaje periodístico, Nº
2-1995. Editado por la Universidad Complutense. España,
p.65
9. Aguirre, Jesús María(1997)."Compromiso ético
de los comunicadores. Derecho a la comunicación, en la
revista SIC Nº 600, Año LX, diciembre 1997, del Centro
Gumilla. Venezuela, p.560 y ss.
10. Cortina, Adela y Martínez Navarro, Emilio(1996).Etica.
Akal ediciones. España, p.174
11. Borrat, Héctor(1989).El periódico, actor político,
op.cit., p.159
12. Citado por Casals Carro, María Jesús(1994).
"El síndrome de Olenka: la dificultad de la opinión",
op.cit., p.61 y 62
13. Borrat, Héctor(1989).El periódico, actor político,
op.cit., p.12
14. Casals Carro, María Jesús(1994). "El síndrome
de Olenka: la dificultad de la opinión", op.cit.,
p.57
15. Citado por Aguirre, Jesús María(1997)."Compromiso
ético de los comunicadores. Derecho a la comunicación,
en la revista SIC Nº 600, Año LX, diciembre 1997,
del Centro Gumilla. Venezuela, p.566
16. Citado por Casals Carro, María Jesús(1994).
"El síndrome de Olenka: la dificultad de la opinión",
op.cit., p.64
17. Martín Barbero, Jesús(1995). "Notas sobre
el tejido comunicativo de la democracia", en Cultura y Pospolítica.
El debate sobre la modernidad en América Latina. Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes. México, p.340
18. Este conjunto de preguntas fueron inspiradas en la lectura
del texto "El síndrome de Olenka: la dificultad de
la opinión", al igual que en la revisión de
otros artículos contenidos en la revista Estudios sobre
el mensaje periodístico, Nº 2. Editada por el Servicio
de Publicaciones de la Universidad Complutense. España,
1995.
19. Canclini, Néstor García(2001)."Pensar en
medio de la tormenta", en el texto colectivo Imaginarios
de nación. Colección Cuadernos de Nación.
Ministerio de la Cultura. Colombia, p.15
* Marcelino Bisbal. Profesor Titular
de la Universidad Central de Venezuela. Doctor en Ciencias Sociales,
ex Director de la revista Comunicación del Centro Gumilla,
vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores
de la Comunicación (ALAIC). Entre sus publicaciones destacan:
Nicaragua, un caso de agresión informativa; La Comunicación
Interrumpida; La Mirada Comunicacional; El Consumo Cultural del
Venezolano; Industria Cultural. De la crisis de la sensibilidad
a la seducción massmediática; Pensar la cultura
de los medios.

|