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La representación, la lengua y la diferencia de género
El concepto de realidad ha sido profundamente cuestionado durante
las últimas décadas por distintas áreas del
pensamiento filosófico y científico. Este cuestionamiento
nos ha llevado al consenso de entender la realidad como una construcción
social, formada a partir del lenguaje, no sólo de la lengua,
sino de todas las formas de lenguaje que los seres humanos hemos
creado.
Puesto que la realidad no es directamente accesible, es representada
por nosotros. El concepto de representación es muy importante
porque con él hacemos presente algo que no está.
Esa representación se da a partir del lenguaje que hemos
construido; para poder existir y nombrar a la realidad, constantemente
la representamos con dibujos, gráficos, palabras, fotografías,
gestos, acciones... En ese mundo de representaciones es donde
empiezan a darse los problemas de conocimiento de la realidad,
porque esas representaciones son sólo nuestras interpretaciones
de lo que nos rodea. Ese mundo de representaciones es investigado
por las teorías de comunicación actuales para entender
qué pasa en las diferentes culturas, cómo construyen
éstas su interpretación de la realidad.
De todas las formas de representación que existen, ninguna
es más poderosa y contundente que la lengua. La palabra
nos constituye como seres humanos. El momento en que podemos decir
"yo soy", empieza a existir el sujeto. Si la lengua
nos constituye, si somos lengua, somos hombres y mujeres dentro
de un marco linguístico. Lo que la lengua nos da como herencia
es lo que somos como seres humanos. Todas las personas tenemos
que hacer "encajar" lenguajes "arcaicos",
creados milenios atrás, con realidades cambiantes y muy
distintas a las que existían cuando dichos lenguajes se
crearon.
Siglos de distancia nos separan de cada lengua que existe en el
mundo. Allí se genera un conflicto entre la lengua como
condición del ser y la comunicación y las realidades
sociales del presente. Por eso, no podemos creer que las lenguas
puedan permanecer estáticas e inmutables, fuera de los
cambios sociales.
Pero esta transformación es conflictiva desde muchos puntos
de vista. Primero, es mucho más lenta la transformación
lingüística que la transformación social. Segundo,
las lenguas tienen códigos y leyes, como las gramáticas
(que nos dicen qué está correcto y que no), y para
defender sus códigos y leyes tienen que reglamentar e,
inclusive, oponerse a estos cambios. En tercer lugar, otro obstáculo
somos los propios seres humanos que, como nacemos heredando una
lengua arcaica, muchas veces nos oponemos a que ésta se
transforme.
Todas estas circunstancias hacen que la relación entre
la lengua y la realidad, la lengua y los cambios sociales sea
muy problemática para los usuarios. Por ello se crean serios
debates en el campo de la comunicación. Entre éstos,
un debate central es el tema del género. En este sentido,
uno de los puntos importantes que se ha estudiado es cómo
la diferencia sexual entre hombres y mujeres se ha construido
y ha permeado a través de la lengua.
Hombres y mujeres somos biológicamente diferentes, es la
diferencia sexual. Antropológicamente, esta diferencia
se fue afianzando y se encarnó en una división de
los roles de trabajo, que a lo largo de la historia ha sido valorada
de manera distinta. El trabajo que se hace en la casa no tiene
el mismo valor social que el trabajo que se hace fuera. Este último
recibe reconocimiento social y recompensa económica, mientras
que el otro no. Por lo tanto, el problema en lo que se refiere
a la relación histórica de la diferencia sexual
entre hombres y mujeres radica en la jerarquía entre los
sexos y la distinta valoración de su roles asignados.
Todo esto ha creado una serie de condiciones y situaciones desiguales,
identificadas desde las teorías de género como sexismo.
La identidad de género
Otro aspecto estudiado y debatido por las teorías de género
es el tema de la identidad. Las personas no venimos al mundo libremente,
a decidir cómo queremos vivir y quiénes queremos
ser. La identidad de género viene predeterminada por una
serie de roles sociales creados históricamente, los roles
de género. Allí radica uno de los mayores problemas
de la construcción de identidades. Problema en la medida
en que no todos los seres humanos estamos en capacidad de sujetarnos
a esa visión tan rígida.
El tema de las identidades de género crea conflictos en
muchas culturas. Los seres humanos somos mucho más diversos
y más amplios de lo que esas identidades prefijadas nos
asignan. Ahora bien, en la medida en que ésta es una construcción
cultural, se puede cambiar. Es más, en ciertas culturas
nórdico-europeas los roles de hombre y mujer se están
resignificando. Por ejemplo, la relación del hombre con
la familia y el cuidado de los hijos ha cambiado radicalmente
en esas sociedades.
La historia nos ha enseñado que los roles de género
no son roles estáticos. Lo que ocurre es que en las diferentes
culturas esos ajustes se producen a distintas velocidades. Uno
de los factores que condicionan estos cambios es el mundo de las
representaciones de género. Y es aquí donde intervienen
los medios de comunicación, los mayores difusores y propagadores
de las representaciones que una sociedad hace de sí misma.
Los medios de comunicación
Es crucial para las teorías de género entender
cómo los medios están trabajando las representaciones
de lo masculino y lo femenino, entender qué rol juegan
los medios en nuestra vida, cómo nos condicionan, cuáles
son las relaciones que se establecen entre ellos y nosotros. Esta
pregunta es clave en la investigación sobre comunicación.
A lo largo de la historia, esta pregunta ha sido formulada de
distintas maneras. En el período de entreguerras mundiales,
cuando los medios comenzaron a cobrar cada vez más poder,
la pregunta era: qué efectos tienen sobre nosotros. Se
percibía entonces a los medios como un reflejo de la realidad
y de los intereses dominantes. Los receptores eran vistos como
una masa pasiva y homogénea, totalmente permeable a la
influencia mediática.
Después fueron surgiendo otras hipótesis. Ya no
se veía a los receptores como sujetos que enfrentan a los
todopoderosos medios de manera pasiva. Se empezó a hablar
de los medios como agentes socializadores. La familia es el principal
agente socializador y los medios, en esta nueva visión,
pasan a competir con la familia y con la escuela en el proceso
de socialización del ser humano, en el proceso de enseñarnos
a pensar, a convivir y todo lo que significa vivir en sociedad.
En esta segunda etapa, los medios fueron duramente cuestionados
porque se descubrió el papel crucial que juegan en nuestras
vidas, nos estaban formando no sólo en cuanto a conocimientos
sino también respecto de la subjetividad. Nos daban modelos
de cómo convivir, de cómo imaginar, de cómo
sentir.
Ahora, en una tercera etapa, se concibe a los medios no sólo
como los agentes socializadores sino como los que construyen la
representación de la realidad. Son los medios los que ordenan
los eventos y sucesos que ocurren en la sociedad, al sistematizarlos
separan cuáles son los importantes y cuáles no.
Funcionan a partir de paradigmas existentes sobre el ordenamiento
de eventos históricos. En esa medida, los medios nos están
interpretando la realidad en que vivimos, nos están construyendo
gran parte de esa realidad Decir que los medios construyen la
realidad tiene serias consecuencias epistemológicas, culturales
y políticas.
Si aceptamos que los medios ordenan cuáles son los eventos
importantes y cuáles no, aceptamos también que,
en la medida en que la mujer ha sido "invisibilizada"
a lo largo de la historia, así también lo ha sido
en la agenda mediática. Es decir, han sido ignoradas cuando
se recuentan o analizan los eventos históricos.
Por otro lado, puesto que los medios se alimentan de paradigmas
y estereotipos, la realidad "mediatizada" que construimos
a través de ellos es estereotipada, en cuanto a las clases
sociales, las culturas, las razas y, por supuesto, los géneros.
Así, por ejemplo, se mantiene el paradigma de que los roles
de género son "naturales". Y este paradigma subsiste
a pesar de las transformaciones ideológicas y tecnológicas
que se han dado en las últimas décadas.
Es preciso entonces, cuestionar la realidad construida por los
medios y reformularla desde muchas perspectivas, entre ellas,
la perspectiva de género.
Perspectiva de género en la lengua
Una propuesta de género implica una nueva aproximación
a la lengua y esta es quizá la más difícil
de todas las propuestas, porque la lengua la heredamos, las estructuras
lingüísticas las tomamos y usamos, y porque cada lengua
tiene su propia historia. Según los últimos estudios,
el árabe y el español serían los idiomas
más machistas del mundo, y el finlandés el menos
machista de todos.
En el caso del español, uno de los mayores problemas es
la invisibilización de las mujeres por el uso del masculino
plural como genérico de un colectivo (los hombres, los
niños, los maestros). Si leemos en una noticia "médicos
ecuatorianos estuvieron en una convención en New York"
nunca sabremos cuántos de esos médicos eran mujeres
y en nuestra representación mental los asumiremos como
hombres.
Las consecuencias sociales de esta "masculinización"
lingüística son amplias y complejas. Por ejemplo,
se ha descubierto que en los países de habla hispana tendemos
a confiar más en profesionales hombres que en mujeres.
Hay mucha gente que dice que prefiere que le atienda un médico
hombre o un dentista hombre y no una mujer.
La propuesta de cambiar el uso de la lengua sería de no
invisibilizar a las mujeres en este genérico masculino
plural. No hablar del hombre como genérico de humanidad,
de los niños como genérico de niños y niñas,
no hablar del ciudadano como genérico de ciudadanos y ciudadanas.
Tratar con un esfuerzo conciente de cambiar este esquema.
A pesar de que los cambios son lentos y no globales, algunas cosas
han cambiando en las lenguas en lo que respecta al género.
Hay muchos ejemplos de lo que está sucediendo con el idioma
español. Hace veinte años no existía la palabra
ministra, ingeniera, médica, jueza, embajadora. Con la
palabra embajadora se designaba a la esposa del embajador, nadie
concebía que pudiese ser una mujer que desempeñase
esta función. La UNESCO tuvo que hacer una propuesta para
que el español incluyese estos términos y, básicamente,
la idea es feminizar las profesiones. Y fue una respuesta a la
llegada de las mujeres a estos puestos profesionales.
En último lugar, este cambio en la perspectiva de la lengua
implica desnaturalizar los roles. Para poder hablar de hombres
y mujeres debemos dejar de concebir a la mujer dentro de roles
estereotipados. Para esto, se propone una estrategia mental muy
sencilla: la ley de inversión. Cuando veamos una noticia,
un reportaje sobre una mujer, imaginemos que esa mujer es un hombre
y comprobemos si todo lo que se dice ahí se lo diría
también de un hombre. Si eso no funciona es porque hay
una inclusión del rol prefijado de lo "femenino",
una filtración del estereotipo en esa noticia, en esa cobertura
o en esa imagen. Eso funciona.
Hice esa prueba con una noticia de prensa sobre una esmeraldeña
joven que ganó hace poco una competencia de ciclismo y
encontré que la nota estaba plagada de estereotipos. Decían
que con su esfuerzo había logrado este triunfo y que su
papá le había ayudado. Decían que también
era buena hermana, buena hija, que cuidaba a sus hermanitos. Y
eso está bien. Pero, al comparar esta nota con otra, del
mismo diario, sobre un chico que había ganado una carrera
de atletismo ¿por qué de él no dicen que
es buen hermano ni buen hijo? Sobre él sólo hablaban
de sus capacidades físicas y habilidades atléticas.
Para concluir, les voy a contar de otra investigación que
se hizo en el Programa de Género de la Universidad de Sevilla.
Se hizo un monitoreo de los programas informativos de televisión
durante cinco años, de 1991 a 1996, para analizar los adjetivos
con que se valoraba a la mujer. Los resultados son impresionantes
y confirman lo que se ha dicho durante esta charla.
Dice el estudio que la visión de la mujer que proyectan
estos programas tiene fuerte anclaje en los estereotipos de rasgo
y de rol que se manejan en la sociedad. Por un lado, se atribuyen
a las mujeres cualidades positivas como el tener que ser amable,
buena, solidaria, profunda, justa o femenina. Sin embargo, se
desvaloriza que se sienta deprimida, desamparada, sola, triste,
seria, orgullosa o fría.
En un reportaje donde se narraba la historia de una mujer empresaria
sólo se señalaron dos adjetivos: sola y triste.
Sin embargo, no se le adjudicaron adjetivos como fuerte, enérgica,
inteligente, ambiciosa.
Otro estereotipo reflejado en esta investigación fue la
importancia del cuerpo y la apariencia externa de las mujeres.
En concreto, se valora positivamente el ser joven, delgada, guapa
y no está bien visto que una mujer sea gorda, fea, vieja,
etc.
No es una cuestión de quejarse de que las cosas no están
bien en relación con el género y los medios. Este
es un problema serio que va mucho más allá de las
capacidades periodísticas y profesionales de los comunicadores.
Que tiene que ver con su formación personal, con otros
instrumentos tan difíciles como la lengua, que lo permea
y trastoca todo.
Derecho a la comunicación
Por tanto, la tarea de las personas que defendemos el derecho
a la comunicación es muy compleja y vasta. Además
es necesario aceptar que el derecho a la comunicación no
puede ser visto sólo desde el punto de vista de los comunicadores,
como hasta ahora se ha querido entender, sino también desde
el punto de vista de los receptores, que tenemos derecho a estar
bien representados, bien nombrados, igualitaria y justamente.
Por lo tanto el derecho de las mayorías marginadas y de
las minorías oprimidas es parte del derecho a la comunicación.
En este sentido, uno de los problemas claves radica en los intereses
del mercado, intereses que no necesariamente van por lo que sea
más justo, igualitario o mejor para las mayorías.
Por ejemplo, en relación a las identidades de género,
los mayores estereotipos nacen de los medios. La publicidad, los
programas de TV populares y el cine comercial son los espacios
donde mayores y más peligrosos estereotipos se promueven.
Hay estudios que comprueban la existencia de una relación
muy fuerte entre la construcción de la subjetividad, las
expectativas personales, la autoimagen de hombres y mujeres con
los mensajes que los medios envían constantemente. Y hay
esfuerzos por tratar de cambiar eso.
Por ejemplo, en el campo del cine, el cine independiente trata
de poner en pantalla a hombres y mujeres comunes, no los "adonis"
y las modelos perfectas del cine comercial. La idea es hacernos
ver que no todos entran en esas categorías y que nuestro
imaginario puede alimentarse con modelos muchos más cercanos
a la realidad. Los brasileños, por ejemplo, son expertos
en ese cine, que trata de promover alternativas de imagen para
hombres y mujeres.
Lamentablemente, estos esfuerzos siguen siendo muy minoritarios
en relación al mercado global y a las ganancias generadas
a partir de estos estereotipos fijados, que se sabe que gustan,
que se han hecho gustar y que dan dinero.
Alternativas propuestas por la perspectiva de género
La perspectiva de género ha permeado muchos ámbitos
del quehacer académico, comunicacional, económico
y social. Ha traspasado el ámbito de las universidades
y de los medios de comunicación para convertirse en una
herramienta de trabajo en todos los campos: en la empresa, en
la vida cotidiana y, como siempre, en las reivindicaciones sociales.
¿Qué significa estudiar el mundo o asumir un conocimiento
desde esta pespectiva? Son cuatro elementos importantes:
1. Significa identificar la distinta valoración que recibimos
hombres y mujeres en una sociedad.
2. Significa desmitificar la naturaleza de los roles prefijados,
la creencia de que los roles y modos de ser en hombres y mujeres
son naturales e inamovibles.
3. Significa analizar e investigar la cultura y sus producciones.
Esto implica estudiarlo todo desde esta nueva mirada, porque todo
lo que hacemos es cultura, desde la física y la medicina
hasta los productos políticos y sociales.
4. Implica proponer formas alternativas de identidades de género,
que es la parte más compleja, difícil e hipotética
de estas acciones.
Esto es lo que una perspectiva de género implica en cualquier
área del conocimiento. En el campo de los medios de comunicación,
la perspectiva de género ha tenido mucho material para
analizar e investigar, puesto que los medios son una arena de
conflicto muy fuerte entre la lógica del mercado y la lógica
de los valores humanos. En esa tensión -fuera de los problemas
de representación, de lengua, de haber heredado paradigmas
injustos-, la lógica de mercado convierte a los medios
en un terreno muy fértil para promover estereotipos y desigualdades.
Por esta razón, muchos organismos internacionales han tratado
de cambiar la forma como los medios conciben la comunicación
respecto a hombres y mujeres. Un ejemplo son las conferencias
realizadas por las Naciones Unidas. La Cuarta Conferencia Mundial
de Naciones Unidas sobre la Mujer, (Beijing, 1995), planteó
en el documento final: "comprometer a la comunidad internacional
a tomar medidas para que los medios cambien la imagen estereotipada
de las mujeres por imágenes equilibradas de la diversidad
de las mujeres y sus construcciones, incrementando así
su participación en la toma de decisiones a todos los niveles".
En la medida en que los medios estereotipan a las mujeres, en
esa misma medida contribuyen a su desigual participación
en la sociedad. Por lo tanto hay que incidir, alterar, desmitificar,
no solamente la representación de las mujeres que hacen
los medios, sino también cómo estas mujeres, a partir
de eso, participan o no, o participan en menor medida, en las
redes de las sociedades civiles y políticas.
La alternatividad y la perspectiva de género
Este punto de vista nos lleva al concepto de alternatividad,
que surge en los sesenta en medio de los movimientos universales
de reivindicación de los derechos de las minorías,
con la idea de promover visiones del mundo distintas a las hegemónicas.
Así, a la par que surgía en el campo de las mujeres
el enfoque de género, también surgía la necesidad
de estudiar y cambiar el paradigma de la educación. En
los sesentas se dan nuevas formas de entender la educación
a partir de lo que se llamó la educación alternativa.
Una educación que no trataba de crear seres memoristas
y repetitivos, que no concebía roles jerárquicos
entre educando y educador, sino que trataba de formar un ser humano
mucho más amplio y participativo. Lo alternativo también
surge en el campo de la medicina donde, por primera vez, Occidente
pone su interés en las medicinas alternativas de Oriente
que, hasta ese momento no habían sido tomadas en cuenta
desde el punto de vista científico.
Todo esto crea movimientos fecundos para que la forma de trabajar
dentro de la comunicación cambie. En el campo de la perspectiva
de género, empiezan a surgir publicaciones de mujeres que
tratan de promover una forma alternativa de ver el mundo. Hasta
los años sesenta, temas como la sexualidad, el maltrato,
el aborto, no se tocaban en las publicaciones serias, sólo
en las amarillistas. Tuvieron que llegar grupos de mujeres para
cambiar eso, e incluir en la agenda éstos temas en la agenda
de lo "importante". Allí aparecen publicaciones
de folletos, periódicos alternativos y programas radiales
de mujeres con esta nueva óptica.
Estas nuevas "comunicadoras" buscaban promover una visión
de los problemas domésticos desde una óptica social.
Para entender que lo que ocurre en la casa tiene una relación
con la sociedad y, por ende, la misma importancia. Para abrir
un espacio de discusión a estas mujeres invisibilizadas;
y tomar en cuenta la situación de las obreras, las indígenas,
las niñas. Surge también un interés particular
en tratar sobre eventos o sucesos que tengan que ver con discriminación,
violencia contra las mujeres en el trabajo, en la calle, en la
familia, en la legislación. Estos son los temas que hasta
antes de esa época sólo la prensa amarillista podía
tocar. El maltrato conyugal, por ejemplo.
Estas publicaciones y programas radiales fueron generándose
no solamente en los países del norte. En América
Latina, en los setenta, empieza a haber, en todos los países
incluido el nuestro, una serie de comunicaciones alternativas
de mujeres que no eran comunicadoras y no eran periodistas, pero
que se veían en la necesidad de usar los medios de comunicación
para poder cambiar la agenda de temas y enfoques de los mismos.
Mientras en la parte académica crecían los estudios
de género, en el campo del activismo y la reivindicación
social crecían estas publicaciones. A partir de los años
ochenta, ambas corrientes se unen: por un lado, las estudiosas
y los estudiosos del género entran a producir mensajes
alternativos, y es allí cuando estas publicaciones alternativas
llegan a tener más trasfondo científico y académico;
por otra parte, en América Latina, algunos periodistas
hombres y mujeres, sensibilizados ante las problemáticas
de las mujeres, empiezan a ejercer su profesión desde esta
nueva óptica.
Hoy en día, después de esta evolución, ya
no nos llama la atención que un periódico trate
un tema como el abuso o el aborto, que lo haga una revista seria
o un informativo de televisión. Estamos en una sociedad
donde, aparentemente, todos los discursos son bienvenidos, donde
se trata de hacer cada vez más participativa una aparente
comunicación democrática. Estamos ante una situación
en la cual muchas personas dicen: pero de qué se quejan
las mujeres, si aparecen en los diarios, si están en las
listas políticas. Entonces, ¿cuál es el problema?
Discriminación en la comunicación de los medios
Ya no son las condiciones de los años 50 o 60, pero el
problema sigue existiendo, en muchos casos por las siguientes
razones:
- Por la concepción, per se, de lo que se concibe como
noticia y la jerarquización que existe dentro del campo
del periodismo, y de los medios de comunicación en general,
entre los distintos sucesos de la realidad social.
- Porque todos los sucesos que tienen que ver con lo público
(lo político, las luchas sociales, la empresa y las relaciones
internacionales) se consideran dentro de la agenda que los medios
de comunicación manejan como hard news, es decir, lo importante.
Este es un término que se lo inventaron los norteamericanos
y que está en la base de la agenda de los medios de comunicación
occidentales. Lo ocurre con las mujeres y sus esferas de lo privado,
de lo familiar, lo personal y la relación entre los miembros
de la familia, no es lo primordial, son soft news.
Hace dos años un grupo de investigadoras en cuatro países
de América Latina (Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay)
realizaron un monitoreo simultáneo de medios escritos,
radiales y televisivos con una sola pregunta: ¿qué
espacio ocupaban los temas relacionados con mujeres? Encontraron
que las notas referidas a mujeres estaban asignadas a las segundas
secciones, que tenían muy poca cobertura dentro del medio
y que esta situación era más grave en la prensa
escrita y menos grave en la radio que, desde siempre, parece ser
un medio más activo en lo concerniente a reivindicaciones
de las minorías. Por cada titular donde se refería
o vinculaba la situación a una mujer, había 29 titulares
donde las mujeres no aparecían.
Hace dos semanas, yo tomé las publicaciones de todos los
periódicos principales de Guayaquil y Quito, de lunes a
viernes, para revisar cuánto se cubría de temas
de mujeres, o relacionados con el mundo de lo privado, o de situaciones
donde las mujeres aparecían. Encontré que difícilmente
había algún artículo donde el tema político,
económico, de educación, de salud, los paros, se
enfocara desde el punto de vista de qué pasa con las mujeres.
Es decir, los medios consideran que las noticias que tienen que
ver con lo que nosotras hacemos son soft, no son importantes y
no requieren de primeras planas ni de primeras secciones.
En el estudio realizado en los cuatro países latinoamericanos
al que me referí anteriormente, también se determinó
que cuando aparecían fotografías de mujeres en los
diarios, no había una relación entre lo que la fotografía
mostraba y lo que la noticia decía; en el caso de los hombres
sí. Los artículos sobre las mujeres muchas veces
no tenían fotografías y, cuando las tenían,
por lo general recurrían a estereotipos y visiones restringidas
de las mujeres.
También encontraron que cuando las mujeres eran tomadas
en cuenta, la mayoría de las veces era en relación
a lo que hacían respecto a los hombres. Ellas no eran protagonistas
sino acompañantes. Por tanto se repetían los estereotipos
de las madres y las esposas.
En último término también se repetía
el estereotipo de las mujeres vinculadas al espectáculo,
la moda, los romances dentro de los parámetros, de los
roles de género y estas construcciones artificiales que
hemos tratado anteriormente.
Por lo tanto, en la arena de los medios la situación de
las mujeres se sigue dando de manera conflictiva. Muchas cosas
habría que cambiar.
Propuestas para una comunicación alternativa
El consenso, dentro de la perspectiva de género, de lo
que se propone como una comunicación alternativa implica
lo siguiente:
1. Hay que reconocer el terreno. Hacer lo que las investigadoras
del género están haciendo y han hecho en las últimas
décadas: realizar un monitoreo de todos los medios posibles
para determinar cómo se trata el tema de las mujeres, qué
lugar ocupa, qué perspectivas enfocan estos temas en estos
medios. Si no conocemos qué terreno pisamos no podemos
proponer cambios a ese terreno. Hay que investigar.
2. Hay que re-educarse en el uso de la lengua, no sólo
para tomar conciencia de las estructuras y elementos sexistas
presentes en la misma, sino también para, sistemáticamente,
corregir esas estructuras en nuestro uso cotidiano y en nuestro
quehacer público y profesional.
3. Cambiar los paradigmas periodísticos a partir de los
cuales se construye la noticia. Esto significa cambiar el concepto
de noticia. El que hemos heredado es un concepto nefasto y cuestionable.
Los paradigmas de qué es noticia, usados en el mundo entero,
se centran en: eventos del mundo público y político,
sucesos con carácter de tragedia o que transgreden el orden
establecido. Solo eso es noticia, si el suceso pertenece al mundo
de lo privado pero no involucra una transgresión o violencia,
ya no es noticia. Si continuamos trabajando con ese concepto de
noticia, éste va a mantener la discriminación de
la realidad de las mujeres y va a perpetuar la situación
que vivimos. Debemos cambiar el concepto de noticia e incluir
allí el mundo de lo privado, el espacio de lo familiar.
4. Debe cambiarse la estructura de los medios como tales, eliminar
la diferencia entre hard news y soft news. Crear otra forma de
jerarquizar los sucesos y, por tanto, cambiar el diseño
de los periódicos, de los programas de televisión,
de los noticieros. Ya no estarían en primera sección
solo los hechos que hoy vemos y en segunda sección los
otros.
5. La comunicación alternativa de género nos propone
una nueva visión de la realidad, una nueva mirada. Esto
significa ver desde otro ángulo las cosas, empezar a entender
que los temas de la violencia, de la salud, de la familia, merecen
un tratamiento más profundo, más vinculado con lo
social y lo político de lo que hasta ahora se ha visto.
Significa también, y éste es quizás el aspecto
más revolucionario y difícil de alcanzar, des-naturalizar
los roles de género, no asumir como propio y exclusivo
de las mujeres el cuidado del hogar y de los hijos, entender que
las identidades de género pueden ser muy variadas y flexibles
y no deben limitarse, por tanto, a lo masculino y lo femenino
concebidos como estereotipos. Significa entonces asumir una nueva
concepción de "hombre y mujer". Enorme reto histórico.
Uno de los mayores retos históricos que tenemos como tarea.
Guayaquil, agosto 21 de 2002
* Jeanine Zambrano. Profesora de
la Universidad Casa Grande; máster en artes aplicadas,
producción de cine; máster en arte, lenguas modernas;
especializaciones: estudios de género, estudios de cine,
semiótica. Conferencia dictada en el Curso abierto Derecho
a la Comunicación, realizado en Guayaquil del 19 al 23
de agosto de 2002, organizado por el Programa Andino de Derechos
Humanos, Fundación el Universo y Universidad Católica
de Santiago de Guayaquil.

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