Programa Andino
de Derechos Humanos

 

En defensa del Derecho al Desarrollo


Awas Tingni:
Memoria y derecho de un pueblo

Melba McLean

Historia del alegato presentado por la comunidad indígena Awas Tingni ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el órgano de la OEA, en defensa de sus tierras ancestrales, contra el Estado de Nicaragua.

Contenido
I. Los argumentos de Ilustre Estado de Nicaragua
II. La memoria de Don Lencho
III. El testimonio de Charles McLean


I. Los argumentos de Ilustre Estado de Nicaragua

"Honorable Sr. Presidente, Honorable Corte, Honorables Delegados de la Comisión...La Demanda presentada por la Comisión Interamericana debe ser rechazada por la Corte por cuanto la comunidad indígena de Awas Tingni no es poseedora de tierras ancestrales... La única prueba presentada por la comunidad de Awas Tingni para sustentar una supuesta ocupación ancestral de las tierras que reclama, es un documento construido únicamente sobre los testimonios orales de la parte interesada". Estamos en San José de Costa Rica, en la Sede de la Corte Interamerica de Derechos Humanos. Habla el representante del "Ilustre" Estado de Nicaragua. Es el 18 de noviembre de 2000, el último día de la audiencia sobre el fondo del Caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni vs. Nicaragua.

Para comprender el asunto de que se trata tenemos que volver unos años atrás. El 13 de marzo de 1996, el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (MARENA) otorgó una concesión por 30 años a una empresa multinacional para el aprovechamiento forestal en un área de 62.000 hectáreas, "en la zona del Río Wawa y Cerro Wakambay", perteneciente al territorio de la Comunidad Awas Tingni. Según las autoridades del Estado, el área en cuestión formaba parte de un "corredor" o "zona de tierras nacionales" existentes entre las tierras comunales indígenas de la Costa Atlántica. Era tierra "ociosa", desocupada, de nadie.

La Comunidad llevó el caso ante las distintas instancias judiciales nicaragüenses. Fue en vano. Agotados todos los recursos judiciales, el caso fue llevado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el órgano de la OEA encargado de la defensa y promoción de los derechos humanos en el continente americano. Lo que ocurrió después fue algo sin precedentes. Después de una serie de negociaciones infructuosas entre el Estado y la Comunidad, la Comisión elevó el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Era la primera vez que una comunidad indígena llevaba la defensa de sus derechos territoriales ante una jurisdicción internacional.

Los argumentos del "Ilustre" Estado de Nicaragua fueron infructuosos. El 31 de agosto de 2001 la Corte Interamericana se pronunció finalmente sobre el caso. La Corte concluía que Nicaragua había violado el derecho de propiedad de la Comunidad Awas Tingni, y, como resultado de esta violación, le imponía al Estado el deber de titular el territorio de la Comunidad. Y sentaba jurisprudencia. El fundamento de la propiedad de Awas Tingni sobre el territorio es su propia costumbre. Es su posesión de hecho. Es su conocimiento profundo del territorio, que hunde sus raíces en tiempos inmemoriales. Es el poder de nombrar los ríos, los caños, los bosques, las colinas sagradas, los pueblos donde habitaron los antepasados. Es el vínculo que existe entre el territorio y la propia identidad de la Comunidad, y que dota a ambos de sentido. La memoria de un pueblo, transmitida de generación en generación y encarnada en cada una y cada uno de los miembros de la Comunidad, es la fuente de su derecho.

II. La memoria de Don Lencho

Don Lencho no ha leído la Sentencia de la Corte Interamericana. Nunca aprendió a leer, y apenas puede expresarse en español, una lengua muy distinta al mayangna, la lengua que aprendió de sus padres. Sin embargo, sabe perfectamente por qué el territorio pertenece a la Comunidad. Es uno de los pocos ancianos todavía vivos que conoció, cuando todavía era un niño, el traslado de la Comunidad desde Tuburús hasta su asentamiento actual. Es parte de la memoria viva del pueblo mayangna.

Los actuales miembros de la Comunidad Awas Tingni son descendientes directos de los habitantes de Tuburús, sobre el río Wawa, un área tributaria de la región macro-mayangna de los grandes ríos y raudales situados en las estribaciones montañosas de la cordillera Isabelia, en los ejes de los ríos Waspuk, Pis-Pis y Lakus. Cerca de aquí, donde se cruzan el río Wanki (Coco) y el río Batuk, en una roca con símbolos de cordones umbilicales, se sitúa el origen mitológico de los pueblos mayangna y miskito, fruto de la unión de un padre y una madre comunes, Maisah Yakna ("el hombre que nos dividió") y Huana ("la mujer"). Primero nacieron los miskitos, pero desobedecieron a sus padres y huyeron hacia la Costa. Después nacieron los mayangnas, que permanecieron a la orilla de los grandes ríos.

En los tiempos de los antepasados, el río Wawa se encontraba habitado por muchas comunidades mayangnas, desde su nacimiento, en el Cerro Cola Blanca, hasta el cerro Kuku Ulna, el lugar donde los antepasados enterraron sus flechas. Eran los tiempos de los grandes caciques, Inahwa, Kusung, Tapuh, Wawa, Pyu, nombres que todavía resuenan en los relatos de los miembros de la Comunidad Awas Tingni. Eran los tiempos anteriores a la llegada de los primeros sacerdotes de la Iglesia Morava a este recóndito lugar de la selva, voluntariamente ajena a los vaivenes de la historia de Nicaragua hasta finales del siglo XIX. Don Lencho cuenta que Tuburús, fue fundado por el cacique Pyu. Cuenta que Pyu tuvo seis mujeres, y que dominaba a los animales del bosque. Cuenta también que un día Pyu tuvo una visión, acaso un eco de las leyendas que contaban los misioneros alemanes. Pyu murió y resucitó al tercer día. Al resucitar, trajo consigo la Biblia, y con ella comenzó a predicar el Evangelio y la monogamia, las nuevas noticias, entre sus hermanos y hermanas mayangnas del río Wawa.

Con la Biblia que trajo Pyu de sus tres días de muerte, el relato hablado de los abuelos empieza a cohabitar con los escritos de los primeros pastores moravos, todavía alemanes, aquellos con el poder de nombrar, aquellos con el poder de escribir la historia. "En eso vino del río Wawa, de Tuberus, -cuenta una crónica de un pastor moravo, datada a principios del siglo XX- otro indio sumu de nombre Píu, que ahora trabaja para los evangelistas, que se había vuelto cristiano...él había tenido una visión, y el espíritu de Dios le había dicho que él debía marcharse a Wonta Haulover, que allí vivía un siervo de Dios que le mostraría el camino hacia el Señor...que también había muerto por su causa".

A partir de la llegada de los pastores moravos, la historia de los antepasados de Awas Tingni comienza a abandonar el tono de lo que los occidentales llaman mito. El relato pasa, sin solución de continuidad, de los caciques legendarios a algunos de los personajes que perfilaron la historia de esta región de Nicaragua. A principios de los años 30 del siglo XX, la historia de Tuburús comienza a identificarse con un nombre más conocido que el de Pyu: A.C. Sandino. La crónicas moravas y los informes del cuerpo de infantería de marina de los Estados Unidos hablan del traslado de la población de Tuburús al actual asentamiento de Awas Tingni como resultado de los enfrentamientos militares entre la marina y el EDSN. Conrad Shimer, misionero moravo, narra los acontecimientos en una carta dirigida a la Sede de la Iglesia Morava en Bluefields:

La completa destrucción de nuestro asentamiento Sumu en Tuburús es un hecho. ...Los Sumus oyeron de su cercanía y huyeron con sus botes río abajo. Los bandidos no sólo quemaron cada una de las casas, incluyendo nuestra iglesia y la casa del evangelista, sino que también mataron la mayoría de los animales y despiadadamente cortaron los árboles de coco y naranjos....Esta mañana fuí a la Comandancia [de la Guardia Nacional] y a las oficinas de la "Bragman Bluff Lumber Company" y hablé con ellos sobre un nuevo asentamiento para la gente de Tuburús, que se ubicaría en algún lugar más cercano a la línea del ferrocarril. Espero que tendremos éxito en encontrar una nueva casa para esta gente aterrada y sin vivienda.

El primer traslado de Tuburús a Awas Tingni ocurrió probablemente a finales de Noviembre de 1931 como resultado de la ofensiva militar de dos columnas del EDSN al mando de Pedro Blandón y Abraham Rivera en el noreste caribeño entre marzo y abril de ese año. Awas Tingni, hasta entonces un campamento de vivienda ocasional de los mayangnas, se convertiría así en el "nuevo asentamiento para la gente de Tuburús", la "nueva casa para esta gente aterrada y sin vivienda". Esta "nueva casa" no puede ocultar sin embargo los ecos de un pasado ancestral. La palabra awas tingni, "río de pino" en miskito, procede de la confusión con la palabra mayangna â was, "agua de sangre", el río donde, en tiempos de los antepasados, tuvo lugar un enfrentamiento mortal entre bandas rivales. Un enfrentamiento provocado acaso por el rapto de una muchacha, un motivo de conflicto frecuente en los días de los grandes caciques, bajo el sonido de las flechas y los efluvios del wasak, la chicha. Esa "gente aterrada" de Tuburús comenzaba así un éxodo hacia su propio pasado.

No todos marcharon, sin embargo. A pesar de la quema de los cocotales, a pesar de la matanza de los animales, algunos quedaron, como Don Lencho, o como Lotty Charles Demetrio, que entonces apenas era unas niña. Pero vendría una embestida más dura que la de Sandino y sus "bandidos". Una epidemia de sarampión sacudió a Tuburús, diezmando su población. Una enfermedad extranjera, traida por los colonizadores, contra la que poco pudieron hacer la carne y el wabul caliente que recetaban los ditalyang. Los ancianos de la Comunidad todavía recuerdan la fecha de la salida definitiva: el 19 de marzo de 1947. Recuerdan también a la perfección los nombres de los catorce jefes fundadores de esta "nueva casa". De ellos, y de las mujeres que permanecen en el olvido de la memoria, desciende hoy la Comunidad mayagna de Awas Tingni.

III. El testimonio de Charles McLean

Estamos de nuevo en la Sede de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la audiencia sobre el fondo del caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni vs. Nicaragua. Habla el Sr. Charles Webster McLean Cornelio, testigo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y miembro de la Comunidad Awas Tingni. Se expresa en español, una lengua que no es su lengua materna. Presenta ante la Corte un mapa del territorio de la Comunidad: "El área total es nuestra propiedad, nosotros siempre mantenemos ahí, siempre vivimos ahí de este bosque y siempre mantenemos como cualquier necesidad, por ejemplo, queremos cazar chancho de monte, ahí andamos toda esa área y luego caza y pesca y ahí también nosotros vamos, después otros medios de conseguir pipante...". El delegado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le pregunta ahora por el significado de algunos lugares sagrados que aparecen en el mapa:

Cerro Uruasán [Urus Asang] es un cerro sagrado desde nuestros ancestros porque allí tenemos enterrados a nuestros abuelos y por eso llamamos sagrado. Luego Quiamac [Ki Amak] es también...un cerro sagrado porque allí...tiene almacenado y cerrado las flehas de nuestros abuelos. Luego viene Caño Curuás [Kuru Was], es un pueblo viejo. Todo nombre que hemos mencionado...todo es sagrado.

Los jueces de la Corte Interamericana, siete hombres de avanzada edad, sentados en un estrado y vestidos con togas de color rojo y negro, parecen despertar de su sopor. Comienzan a interrogar al testigo. El Presidente de la Corte, el brasileño Cançado Trindade, le pregunta por el significado de los cerros sagrados. "¿Conoce Asampasmuigen [asangpas muihni]?", le contesta Charles McLean. "No, ¿puede explicar? Estoy muy interesado en saber", replica a su vez el Juez. "[E]s el espíritu del monte, es igual forma que un ser humano, pero es un espíritu [que] siempre vive debajo de los cerros. Y tiene relación, si basamos en la historia, tenemos que hablar muchas cosas ahí".

Es el espíritu del monte, son las fechas enterradas en Ki Amak, son esas "muchas cosas" que quedan por hablar, las que inclinaron la balanza a favor de los derechos de la Comunidad sobre su territorio, en contra de un gobierno sordo a los relatos de los abuelos. La Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sentó un precedente que marcará un antes y un después en la historia de la defensa de los derechos de los pueblos indígenas en Nicaragua y en todo el continente americano. Pero sobre todo, la Corte reconoció algo que Don Lencho y Charles McLean aprendieron cuando eran niños: el territorio pertenece a la Comunidad porque la Comunidad lo recibió de sus ancestros, en forma de un relato sin origen y sin final que narra los nombres de los caciques que dominaban el río Wawa, los nombres de los ríos y los caños, los nombres de los árboles y los peces, los nombres de los pueblos donde habitaron y reposan hoy los mayangnas que vivieron antes, la forma de pedir permiso a los asangpas muihni cada vez que se va a matar un animal del bosque.

La memoria viva de la Comunidad Awas Tingni nos habla de una continuidad cultural, fabricada de los retazos de una historia ancestral y de experiencias plenamente contemporáneas. Es este relato, reproducido y recreado de generación en generación, el que construye la identidad y la vincula a un territorio, y el que fundamenta los derechos de Awas Tingni y los derechos de todos los pueblos indígenas que todavía hoy siguen narrando las historias de sus ancestros. A comienzos de un nuevo milenio, son todavía muchos los que no están dispuestos a escuchar.

Nicaragua, mayo 2002

*Fuente: http://www.redindigena.org/

Unión Europea
Programa Andino de Derechos Humanos y Democracia
2002-2005
 
Derechos reservados PADH-UASB